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Ilegales: Si no tienes problemas preocúpate porque estás muerto


Sala La Riviera, Madrid. Sábado, 7 de mayo del 2022

Texto y fotografías: Skar P.D.

El concierto estaba en sus instantes finales y era el momento de presentar a la banda. Cuando le tocó el turno al propio  Jorge Martínez nos contó una bonita historia: "Era 1968 y yo era un niño hechizado por una guitarra". El tipo hechizado por una guitarra, el tipo con cara de conejo y sus secuaces: Mike Vergara (guitarra, teclados), Jaime Beláustegui (batería) y Willy Vijande (bajo), habían puesto el cartel de no hay entradas y tenían a la audiencia de la abarrotada sala en estado de absoluta ebullición, tanta, que hacía ya un buen rato que las emociones se habían desbordado absolutamente. ¿Qué había pasado para que esto ocurriera? 

Ilegales llegaban a Madrid inmersos en su gira homónima, respecto a su reciente disco, "La Lucha Por La Vida", un trabajo con un enfoque distinto al de su anterior discografía pero que seguía fiel a su esencia hasta en aproximaciones respetuosas con otros estilos. Un álbum cuyo formato, basado en colaboraciones con otros músicos, había resultado un tanto controvertido, sobre todo en aquellos sectores donde se reparte el carné de autenticidad roquera. Pero además, "La Lucha Por La Vida", es la gira del cuarenta aniversario de Ilegales, siendo éste el componente definitivo en la concepción del concierto. Cuarenta años, ahí es nada, para una de las bandas que permanecen en el subconsciente emocional de toda una generación, y de algunos añadidos de generaciones posteriores, que si bien no mayoritarias, sí eran fácilmente visibles entre la multitud asistente. 

Obviamente "La Lucha Por La Vida" también iba a tener su protagonismo, desde el principio, porque Ilegales arrancaron directamente con "Tantas veces me he jugado el corazón que lo he perdido" y la recuperada 'Si no luchas te matas", o sea, con la suficiente dosis de actitud y mala leche ya desde el principio. Dos de los principales activos de Ilegales, como cierta chulería con la que ponerse tangueros en "Mi copa y yo" para volver por sus fueros con "Voy al bar". A todo esto el peculiar sonido de La Riviera parecía irse domando poco a poco, que no es que empezara sonando mal, pero sí sin la suficiente claridad instrumental, que no así la voz. 

Ya había habido un primer recordatorio a los principios con "Ella saltó por la ventana", pero el primer chispazo emocional como tal apareció con "El norte está lleno de frio", que es una canción inter espacial porque no importa las veces que la escuches y dónde estés para sentir porqué en el norte siempre llueve en domingo. 

Otro de los activos de Ilegales es su capacidad de envolver en aparente ternura historias con un trasfondo eminentemente duro y a veces con carácter hasta profético, bueno, visionario le cuadra más a Jorge Martínez: "Es una canción que escribí en 1978 y que lleva una frase que dice: un hombre grita no dispares y cae muerto. Hace unos días en el periódico se leía: no dispares soy un civil y suenan cinco disparos. La especie humana no decepciona nunca". Jorge Martínez en estado puro y el "Ángel exterminador" volvió a poner en un puño el corazón de los asistentes. Si después continúas con "Agotados de esperar el fin", que hay que ver la de agotados que había, porque allí se cantó a voz en grito toda la canción, dejas claras tus intenciones. A partir de aquí era evidente que el concierto había alcanzado el punto de no retorno y se fueron alternando canciones de toda su discografía, la más reciente con la más reconocida. Un poco de tecno pop "sui generis" con "Juventud egolatría" y un sentido "con todo mi cariño para los ofendidos" en 'Eres una puta'.  Incluso canciones menores raspando el rock urbano como "Punki raro" tenían su espacio, que se diría estaba orientado a generar pausas respiratorias y preparatorias para lo que vendría después, como la más bailona "Estrella venenosa", recuperada para este último disco a partir de aquella incursión a banda festiva de baile firmada como Jorge Ilegal y Los Magníficos.

Y entonces llegó "'Destruye" para acelerar en la recta final y romper el espejo de un puñetazo con "Soy un macarra"; para fantasear con haber insultado al matón ("Bestia bestia"); aspirar a ser una estatua en el parque ("Todos lo que digáis que somos") y acabar reivindicando el regreso al punk en "Dextroanfetamina", dejando al respetable en un estado de excitación activa que tuvo su corolario absolutamente justificado en la algarabía que se formó para reclamar la vuelta de Ilegales al escenario.

En su vuelta al escenario había cambiado la imagen que servía de fondo al mismo, ya no ponía Ilegales, se había sustituido por la icónica foto de Ouka Lele que sirvió de portada a su primer disco y una declaración de intenciones: "Todas las canciones que vamos a tocar son de 1982 y es como un jodido puñetazo en el estómago". No se puede ser más descriptivo. Y dicho y hecho, y allí cantó todo el mundo y se cantaron todas las canciones comenzando por la desazonadora "Yo soy quien espía los juegos de los niños", con mención especial al aullido coreando lo de "nuevos cantantes hacen el ridículo en viejos festivales como Eurovisión", siguiendo por la profética "Europa ha muerto" y la muy punk, pero punk reivindicativo del de verdad, "Tiempos nuevos, tiempos salvajes".  El trio final con "Hola mamoncete", "Caramelos podridos" y "Problema sexual", que hay que ver cómo inexplicablemente el sonido tribal de "Ah uh ah", coreado una vez más a voz en grito, sonaba hasta armónico por encima de la guitarra de Jorge Martínez, acabaron por poner a todo el mundo del revés.

Y se fueron del escenario con los sones de la épica "Canción obscena" sonando por el equipo de sonido de la sala y que sirvieron para que el ilegal, más ilegal, de todos los músicos que en este país han sido y probablemente serán, se quedara un rato más y brindara con el enfervorizado público. Si, ese tipo con cara de conejo, que en 1968 se enamoró de una guitarra a la que miraba detrás del cristal de un escaparate y al que es posible, casi diría que seguro, que un buen día la guitarra le mirara a él.