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Bob Weir, nos deja el hombre en la sombra de Grateful Dead


Por: Àlex Guimerà. 

De nuevo tenemos que lamentar la pérdida de un tótem de la música, pues el pasado día 10 nos dejaba el guitarrista californiano Bob Weir, tras perder su lucha contra el cáncer y los problemas respiratorios que arrastraba los últimos tiempos. Compañero del icónico Jerry Garcia al mando de los legendarios Grateful Dead, su modo de tocar la guitarra, a medio camino entre el rock y el jazz, definió el sonido único de su banda.

Nacido el 16 de octubre de 1947 en San Francisco, sus orígenes familiares se remontan a su adopción por parte de una fría familia acomodada de la ciudad y a su paso por distintas escuelas e internados. Aunque fue el encuentro con la guitarra lo que le cambió su vida, un instrumento que aprendió a dominar hasta que, a finales de 1963, con tan solo 16 años, conoció en Palo Alto a un joven y ya popular Jerry Garcia (famoso por su dominio del banjo), con quien empezó a tocar y formó The Warlocks. La banda más tarde cambiaría su nombre a Grateful Dead. El resto es historia.

Conocido como The Kid por su diferencia de edad con el resto de sus compañeros en los Dead, la pasión por tocar le llevó a abandonar su camino como estudiante y adentrarse en una juventud precoz marcada por el descubrimiento de las drogas y el sexo. En los sesenta entró en contacto con el colorido autobús de Ken Kesey y sus Merry Pranksters, quienes viajaban con el ácido a cuestas. Las fiestas, los primeros conciertos y la música psicodélica estuvieron definidos por los viajes lisérgicos. La vida en común en la casa de San Francisco, donde compartía habitación con el conductor del bus, el estrambótico Neal Cassady —figura que le influenció profundamente—, terminó de moldear su personalidad artística.

A finales de la década, con el auge de la escena californiana flower-power, llegó la grabación de sus primeros discos, como el homónimo debut "Grateful Dead" (1967), "Anthem of the Sun" (1968) o "Aoxomoxoa" (1969), perfilando un sonido enormemente influenciado por el jazz, con desarrollos instrumentales de los que la guitarra de Weir tenía gran parte de la culpa.

La relación con Jerry Garcia, a quien el protagonista veía como un hermano mayor, y con el resto de la banda (especialmente Bill Kreutzmann, Ron McKernan y Phil Lesh), a la que consideraba su auténtica familia, explica el por qué los Grateful Dead sean considerados una de las formaciones más longevas de la historia del rock, al mantener su formación original durante más de 30 años. El auténtico éxito, sin embargo, había llegado con la dupla de discos de 1970: "Workingman’s Dead" y "American Beauty", con los que la banda adoptó texturas folk, rock, blues y country. De esta etapa surgió un éxito impepinable como “Truckin’”, auténtico himno para los fans, escrito por el propio Weir.

El cambio de vida y la aceptación de la fama del joven Bob, así como su facilidad con las chicas —siendo el mayor reclamo de la banda para las groupies; sus compañeros se referían a él como “el guapo de la banda”— contrastaban con la situación de Jerry, quien nunca supo llevar bien la popularidad. Esto, unido al abuso de las drogas, le condujo a una vida cada vez más complicada. No obstante, la banda no detuvo ni la publicación de discos ni el incesante ritmo de conciertos (se calculan hasta 6.000), incluyendo uno al pie de las Pirámides de Egipto.

En 1987, con la publicación del disco "In the Dark" y del vídeo-single “Touch of Grey”, la situación se desbordó definitivamente. Durante los años posteriores, Grateful Dead se convirtieron en una de las bandas más famosas del rock, especialmente en Estados Unidos, llenando estadios y mitificando la figura de Jerry Garcia hasta equipararla a la de un dios en la Tierra, algo que el propio músico no supo gestionar. La relación de Weir con estos acontecimientos, así como la autodestrucción y posterior fallecimiento de su "hermano" y compañero, le llevaron a un profundo vacío existencial.

Afortunadamente, Bob formó una familia en 1999 junto a Natascha Münter, con quien tuvo dos hijas, y se reencontró con su padre biológico, lo que le aportaron una estabilidad que se ha reflejado en sus últimos años, en los que no ha dejado de ofrecer conciertos con bandas como The Dead y Dead & Company para preservar el legado de su mítica formación. Sin embargo también ha formado parte de otras agrupaciones musicales como Kingfish, RatDog y Bobby & The Midnights publicando discos con ellos y en solitario, destacando "Blue Mountain" de 2016 de claro corte country-folk. Por si fuera poco, no olvidemos que giró y grabó un disco junto al mismísimo Bob Dylan en 1989 (Dylan and the Dead), y que en 1994 entró en el Rock and Roll Hall of Fame en una emotiva gala de introducción.

Para profundizar en su vida, no os perdáis el documental titulado como la canción de 1968 escrita por el propio Weir, "The Other One" (el título completo del film es "The Other One: The Long Strange Trip of Bob Weir"), de 2014 y dirigido por Mike Fleiss. Un documental que repasa la vida de un tipo genial que escribió parte de la historia de una de las bandas de rock más interesantes que jamás hayan existido.