Hablar de Morrissey en términos estrictamente musicales se ha convertido de un tiempo a esta parte en completa anomalía. Todo aquel que tenga en el radar al genio de Mánchester sabrá de su azarosa trayectoria en los últimos años, donde a las ya más que habituales cancelaciones de conciertos, constante habitualmente repetida a lo largo de su carrera, se han añadido varios oscuros capítulos dedicados a rupturas de contratos discográficos, declaraciones fuera de lugar, otro clásico en la singladura de Mozzer, y repetidos intentos fallidos de publicar álbumes que nunca vieron la luz como “Bonfires of teenagers”. Hechos todos ellos que le situaban como centro de la diana de una industria que por otra parte jamás le ha tenido como hijo predilecto, dejando tras de sí un cúmulo de situaciones casi constantes que invitaban más a la sátira y burla que a cualquier análisis serio que se preciara, algo especialmente doloroso cuando se trata de un mito capital de la cultura europea de los últimos cincuenta años, tal y como atestiguan las más de 25 millones de reproducciones mensuales de su música en plataformas de streaming, cifra demasiado seria como para tomarnos el legado eterno de Morrissey a la ligera.
Por suerte, el británico ha encontrado cierta calma entre tanta batalla ineficaz para por fin legarnos una nueva colección de canciones que finalmente lleva por título “Make-up is a lie”, bajo el paraguas de la mítica disquera Sire Records, donde vuelve a mostrar su particular visión del mundo actual, a mitad de camino entre la conspiración internacional y el escepticismo vital ante una realidad demasiado turbia, acompañadas por las más que habituales dosis de nostalgia y melancolía autorreferenciales que por momentos representan las cotas más altas de un trabajo que debemos calificar desgraciadamente como bastante irregular.
Sí, es capaz de funcionar a tirones, como decimos, básicamente porque esconde algún que otro fogonazo de brillante luz personificados en determinadas canciones y en la producción de Joe Chiccarelli, quien es capaz de sacar lo mejor de la faceta interpretativa de Morissey, quien probablemente cante aquí mejor que nunca. Ráfagas que sin embargo no son suficientes para que evitemos pensar que entre una más que probable ingente cantidad de material para grabar, recordemos que son seis los años que han pasado desde que viera la luz “I am not a dog on a chain”, deberían existir al menos cinco/seis canciones más potentes con las que haber redondeado una gloriosa vuelta, sobre todo cuando se piensa en composiciones ya de sobra conocidas como “Rebels without applause”, sencillo que vio la luz hace ya la friolera de cuatro años de forma un tanto absurdamente descontextualizada, referencia que sin ir más lejos hubiera elevado la categoría de esta nueva entrega por su regusto a pop amable de alta escuela dotado de una crítica saludable.
El disco se abre una forma más que sugerente con “You´re right, it´s time”, un elegante corte que no desentona en su trayectoria con el que parece encerrar una reflexión personal, invitando a dejar atrás una etapa marcada por el ruido mediático y mirar al frente, tras ella hay un cierto deje de oscuridad en “Make-up is a lie”, donde ataca la superficialidad de los tiempos modernos, entre una amalgama de sonoridades que juegan de forma saltarina a muchas cosas sin llegar a ser ninguna en concreto, algo similar ocurre, en esta ocasión para bien, con la polémica y sintetizada “Notre-Dame”, con cambio en la letra sobre la versión inicial del tema, en la que Mozzer deja claro su parecer sobre un supuesto plan siniestro tras el incendio que casi acaba con la joya de la corona del Gótico francés, una composición que a buen seguro polarizará las opiniones entre los que declaren al cantante como un peligroso vendedor de “bulos” y otros que observando cómo funcionan las élites que nos gobiernan apostarán por buscar respuestas alternativas a la versión oficial, a la que sigue una omisible revisión de “Amazona”, el trallazo glam de los siempre reivindicables Roxy Music que en su día fuera escrito por el bueno de Phil Manzanera, pero que aquí tampoco acaba de funcionar.
Deja claro su talento en la reivindicable “Headhache”, un medio tiempo juguetón, repleto de matices, que llega a romper como la gran canción que opositaba a ser, algo a lo que no llega ni de lejos “Boulevard”, pretenciosamente dramática y artificial; mucho más divertida y sarcástica se presenta “Zoom zoom the little boy”, jugando con un ritmo sencillo que se ve aderezado con sonoridades guitarreras casi orientalizantes, manteniendo el tipo y pidiendo protagonismo, y las veleidades funk que se marca en “The night pop dropped” en un brillante acercamiento que invita al baile decididamente; lástima que a “Kerching kerching” le falte más ímpetu, algo que se intuye hacia al final del tema, mostrando que podría haber sido un auténtico temazo que vuelve a quedarse en un mero acercamiento sin concreción.
Quizás parte de lo más rescatable de este “Make-up is a lie” venga hacia al final de su minutaje, gracias al guiño repleto de nostalgia que supone “Lester Bangs”, sentida referencia al mítico crítico norteamericano, donde Morrissey vuelve a las tardes en su habitación, aquel lugar donde forjó su indómito carácter, entre menciones a Roxy Music, New York Dolls y Allen Ginsberg, rozando los corazones como solamente él sabe hacer, “Many icebergs ago”, en la que con una oscuridad potente vuelve a mirar atrás desde una perspectiva relativamente minimalista, pero que en esta ocasión sí consigue encontrar acomodo, tanto sonoro como lírico, antes de cerrar con la que probablemente sea la mejor canción de toda la colección, evidentemente nos referimos a “The monsters of Pig Alley”, un temazo con hechuras de himno moderno y atemporal coescrito con un sospechoso habitual como Alain Whyte, asentado sobre una apertura de guitarra acústica que dará paso a cristalinas eléctricas, las que de siempre mejor han sentado a la lírica de Steven, quien no duda en referenciar la que se supone que fue la primera película de gánsteres de la historia llamada “The musketeers of Pig Alley”, dirigida allá por 1912 por D.W.Griffith, una temática muy de su agrado como ya demostrara tiempo atrás en temas como “The last of the famous international playboys” o “First of the gang to die”, cerrando de manera mayúscula un trabajo capaz de subir a las más altas cumbres y convivir con pasajes tan anodinos como un páramo.
Tras varias escuchas a “Make-up is a lie” queda en el paladar una sensación agridulce, básicamente porque hay instantes donde la emoción parece querer desbordarse, rebajando el suflé la inclusión de composiciones que casi podríamos calificar de anodinas. Tocará quedarse con los brotes verdes y pensar que tras tanta polémica sigue habiendo al menos una parte de Morrissey que tiene cosas interesantes que contarnos, una grata noticia para todos aquellos que somos fans declarados del músico inglés, quienes viviremos las próximas semanas con inquietud, puesto que en apenas unos días arrancará una mini gira por nuestro país con paradas en Zaragoza, Valencia y Sevilla, que esperaremos con el corazón en un puño ante sus recurrentes espantadas. Peajes que pagamos con sumo gusto, pues somos conscientes que estamos ante uno de los últimos mitos del rock europeo a la antigua usanza con su dandismo y divismo intactos, dotado de un talento descomunal y una apuesta radical por su labor creativo, ajena a pleitesías propias de los artistas prefabricados que hoy adoran las sumisas masas. Puro genio del extrarradio industrial mancuniano, azote del thatcherismo, gloria que nunca podremos negarle, y personaje sin par, que de no existir seríamos incapaces de inventar. Que a nadie se le olvide, Morrissey juega en otra liga, es mito y leyenda en vida. Un francotirador sin ataduras, viperino y mordaz, en demasiadas ocasiones errático, a veces equivocado en sus opiniones y siempre molesto, pero un francotirador al fin y al cabo, justo lo que odian muchos analistas de altos ideales y mejores tragaderas, pagados por oscuros intereses que nunca conoceremos, salvo que rastreemos la pista de un dinero que a Bigmouth le sigue llegando procedente de sus canciones y talento. Ya sabéis, pequeños matices o lo que es lo mismo, el diablo está en los detalles. Y para algunos, acierte o no, si nos dan a elegir, estaremos del lado de Morrissey. Nobleza obliga.
