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Tedeschi Trucks Band: "Future Soul"


Por: Juanjo Frontera. 

Tras el titánico esfuerzo que para la banda capitaneada por el matrimonio formado por Susan Tedeschi y Derek Trucks supuso la inabarcable y casi mística odisea cuádruple de "I Am the Moon" (2022) se imponía hacer algo diferente. Y vaya si esto lo es: no hay más que ver la distópica (y no exenta de polémica) portada de "Future Soul", el disco que presentan este año, para darse cuenta de que ha habido una convulsión en la fuerza. 

Pero no se asusten, la TTB sigue siendo un regalo divino: la alianza perfecta (sentimental y profesional) de dos de los más líricos y excepcionales guitarristas que ha dado el blues rock -una de ellos armada de una voz de las que mueven montañas- con una caterva de músicos no menos superlativos y con los que ya hace años que han alcanzado la sinergia total sigue funcionando a pleno pulmón, solo que ahora tocaba darle un giro al timón para oxigenarse y no perder ese entusiasmo que es esencial para, precisamente, seguir siendo quien son.

Un giro de timón que tiene un nombre: Mike Elizondo, un tipo acostumbrado a trabajar con Dr. Dre y a producir éxitos pop modernos que poco o nada, en principio, tienen que ver con el sonido sureño, sudoroso y anclado en valores tradicionales que se espera del liderazgo de Susan y Derek. De modo que los mismos que se llevaban las manos a la cabeza al ver esa especie de recreación del apocalipsis salida de un cómic de Marvel que hay en la portada, al saber esto probablemente se tiren del puente más cercano. Pero de verdad, que no cunda el pánico, porque esta gente es plenamente de fiar. 

Lo que pasa es que toda esa mística y tendencia a la jam de la que quedaron saciados con su mastodóntica obra anterior ha abierto paso a una concreción, una búsqueda de la melodía y el gancho en su modo de entender el rock, que a la TTB le ha sentado fenomenal. El sonido recibe un brillo habitualmente aplicado a canciones muy diferentes, sí, pero el caso es que funciona a las mil maravillas. O a ver quién puede poner pegas a un trallazo tan adictivo como es “I got you”, uno de esos hits instantáneos que le alegran a uno la vida. 

Pero eso es solo un argumento y aquí hay mucho más para convencer: el inicial sonido sleazy y swamprockero de “Crazy cryin’” pronto deja paso a una sección de vientos y un estribillo infinito, casi de himno gospel, que arrebata al más escéptico. Suma y sigue: “Who am I”, coescrita con Gabe Dixon, es un exquisito y pastoral medio tiempo que completa una tripla inicial absolutamente espectacular. Pero es a partir de la mitad del disco cuando el concepto de este “soul del futuro” cobra realmente vida: el portentoso músculo rock de la canción titular demuestra que la banda sigue siendo capaz de morder suene como suene. Un verdadero directo al estómago que es seguido por la sutilmente funky “Under the knife”, en la que el diálogo de guitarras exhibe claramente la envergadura de nuestros protagonistas, algo que se hace todavía más plausible en el hipnótico blues de “Devil be gone”, con esos coros tan impresionantes que proyectan todo al infinito. 

Y es que al final, lo que convierte a este trabajo en uno de los hitos de la temporada es su absoluta falta de cinismo. En un panorama musical dominado por la ironía posmoderna y el desapego digital, la Tedeschi Trucks Band firma un refugio de fe en la música orgánica que perfectamente puede resonar en cualquier playlist actual. Canciones como "Shout Out" o el broche final con "Ride On" no aspiran a inventar un nuevo lenguaje, sino a recordarnos con pulso atemporal por qué nos enamoramos de esto en primer lugar: por el milagro de un grupo de seres humanos mirándose a los ojos en una habitación de Jacksonville y logrando que la madera, el bronce y las cuerdas rujan al unísono. Un disco monumental que no mira al futuro con miedo, sino con el alma bien armada.