Por: Javier Capapé.
Un misterio. Una conexión extraterrestre. ¡Wow! La anomalía de secuencia “6EQUJ5” procedente de una ráfaga de radio detectada en 1977 en la constelación de Sagitario sirve de base al décimo disco de estudio de los británicos Muse. Siempre interesados por los fenómenos paranormales mezclados con la tradición del power metal, el trío liderado por Matt Bellamy se inclina en esta ocasión por aproximarse a esa inquietud que impregnó la cultura popular y científica desde el mencionado hallazgo dando título al conjunto de estas nuevas diez canciones. “The Wow! Signal” pretende “mezclar el misterio cósmico, la esperanza existencial y la emocionante posibilidad de contactar con algo mucho más grande que nosotros mismos”. Con estas palabras definió Bellamy el disco en su presentación, que vino de la mano de la épica “Be With You”. Una canción sobresaliente, con las formas reconocibles del trío, desde su serena intro a su base sostenida sobre un solemne órgano y su explosión final con toda la fuerza desbocada. Esto es lo que define al tema central del disco y lo que realmente nos gusta de los de Devon. Y ellos lo saben, por eso decidieron que “Be With You” fuera el emblema de esta nueva andadura, que pretende devolverles por enésima vez a las cotas alcanzadas en la primera década del siglo XXI. Devolverles a ese rock industrial metalero, tan urgente como medido, con dejes orquestales y aires de leyenda. Aunque eso es algo que deberíamos de haber dejado de buscar hace tiempo. Los últimos discos del trío se han acercado en algún momento puntual a esas cotas, pero no podemos pretender que esos tiempos pretéritos vuelvan a la palestra. “Be With You” puede ser esa muestra de conexión con su pasado glorioso, pero en general “The Wow! Signal” adolece en su intento de aunar antiguos clichés de la banda que en este momento suenan ya algo impostados.
Los Muse de 2026 se mueven más cómodamente en las coordenadas electrónicas que nos pueden recordar a Daft Punk en “Nightshift Superstar” o a los tintes de “The 2nd Law” en “Unravelling”, pero el metal está forjado con menor dureza y, aunque no pierden contundencia (una vez más se potencia con gran acierto el trabajo de Dominic Howard y Chris Wolstenholme), sí pierden algo de empaque. La voz de Matt Bellamy sigue abarcando varias octavas y suena tan potente como en sus inicios (aunque le guste tratarla con procesadores en temas como “Cryogen”), pero su épica ha perdido enteros. Los arreglos orquestales, que eran tan protagonistas en algunos de sus trabajos más sustanciales, son mayormente sustituidos aquí por los sintes, algo que ocurre con la más espacial “Hexagons”, que a buen seguro hubiera ganado muchos enteros con cuerdas reales. No hay duda que en las guitarras han vuelto a centrar el foco, algo que se ve en el riff abrasivo, casi heavy, de la ya comentada “Cryogen”, pero se echan en falta más desarrollos al piano, algo que también dominaba Bellamy, pero que aquí quedan mucho más tapados (tan solo realmente acertados en “Shimmering Scars”).
El trabajo de estos últimos años se ha visto influenciado por la producción de Dan Lancaster, músico relacionado con el heavy inglés contemporáneo (en su haber tiene tres nominaciones a los Grammy por su trabajo con Bring me the Horizon y Blink-182) que también se encarga de las programaciones y ayuda en momentos puntuales a la composición. Por su parte, Aleks Von Korff, ha colaborado como ingeniero de grabación en este disco, como ya hiciera en “Simulation Theory” o en “Will of the People”, pero también ha destacado junto a U2, Coldplay o Dua Lipa. Quizá al leer estos nombres entendamos también el giro que llevan experimentando los autores de “Starlight” o “Time is Running Out” en los últimos tiempos, algo que se constata directamente en su colaboración con Ellie Goulding, que hace que al hard-rock contenido de “Hush” le sobre alguna vuelta pop que la suaviza hacia convencionalismos que no arañan y recuerdan dolorosamente a la falta de alma de Evanescence.
Que el disco se abra con una canción como “The Dark Forest”, que más bien parece un soundtrack del oeste remozado con toques espaciales, descoloca en cierta medida. Hay cuerdas épicas (en esta ocasión sí que son reales) y un tono ligero en su apertura, como de clásico de los años cincuenta, que no va mucho con ellos, y desde la mitad del corte las guitarras comienzan a coger el pulso cabalgando cual amazonas entre la bruma orquestal y coral, que desconcierta todavía más. Ecos a “Lawrence de Arabia” vacíos y sencillamente fuera de lugar, pero no hay que dejarse seducir por la tentación de darle al stop, pues después se recomponen y retoman el vuelo con la balada de corte más convencional que es “Shimmering Scars”. Con estructuras más familiares consiguen convencer, aunque para que el balance resulte finalmente favorable tengan que recurrir al magnetismo glam-rock de “The Sickness in You & I” o a la sutileza de “Space Debris”, tema que cierra el álbum con elegancia y estilo, demostrando que no hace falta abusar de distorsiones ni grandilocuencia para conseguir el objetivo. Pero sí, podemos decir que “The Wow! Signal” es irregular. Contiene alguna canción que consigue mantenernos como fieles acólitos del trío, pero otras que desearíamos no haber conocido.
Definitivamente, estas canciones están más inconexas de lo que parece. El concepto no lo es todo si faltan pilares que lo sostengan. “Be With You” permite alcanzar -casi- la gloria, el clímax. En ella no distorsionan sus programaciones sintéticas ni sus órganos de iglesia que le dan empaque. Sus guitarras nos agarran como en sus mejores momentos y su pulso va acorde a su particular forma de entender la épica grandilocuente. Todo encaja. No sabría afirmar si es su mejor canción en más de quince años (demasiado tiempo), pero desde luego que han dado forma a un clásico. Aunque claro, alrededor de esta gran obra faltan piezas, y eso es lo que la deja huérfana. Nos falta, y a la vez nos sobra, algo. Quizá tengamos que buscarlo en esa señal, en esa anomalía de radio extraterrestre que ha intentado dar forma a todo este embrollo musical. Una señal que nos haga seguir buscando, pero sin perder el enfoque y sin olvidarnos de la esencia que una vez, entre la simetría y los agujeros negros, encontraron estos tres portentosos músicos británicos. La inspiración no es eterna, aunque a veces, tras la señal, encontremos chispazos.
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