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Los Enemigos: “Canciones Chulas”


Por: Javier González. 

Qué ganas había de escuchar nuevo material de unas de las formaciones más señeras y queridas del rock patrio. Más de seis añitos han pasado ya desde la publicación del fenomenal “Bestieza”, un trabajo que la banda paseó con orgullo en una suerte de “neverending tour” del que pudimos disfrutar en distintos lugares de nuestra geografía, antes de que allá por octubre de 2024 tuvieran que dar por finalizada abruptamente la gira debido a los problemas de salud que aquejaron al bueno de Josele Santiago, hecho que se deja asomar en parte de la temática de estas canciones en cuya redondez se nota que la banda ha trabajado con suma pulcritud. 

Por suerte a lo largo de este periodo hemos conseguido mitigar la espera, en buena medida gracias a las noticias de la actividad de varios de los miembros del combo en distintos proyectos. De un lado, el propio Josele, quien bajo el paraguas de la editorial Contra publicaba en febrero de éste mismo año su primer y único libro de memorias hasta la fecha, “Desde el Jergón”, donde repasa su vida y obra sin cortapisas, aprovechando la ocasión para anticipar en parte las letras y envoltorio de las canciones que finalmente han dado vida a “Canciones Chulas”. Buena nueva complementada semanas atrás cuando Corizonas, la banda donde David Krahe ejerce como guitarrista, publicaba “Órdago”, una fenomenal colección de canciones rock con regusto hispánico de la que dimos cuenta en estas páginas no hace demasiadas fechas. 

Dos perfectos anticipos que sirven como pista de despegue para este “Canciones Chulas”, cuyo mejor resumen sería decir que hace honor a su nombre. Y es que en la nueva colección la banda madrileña se nos presenta repleta de certezas, mostrándose en todo su esplendor al facturar un disco disfrutable de principio a fin. 

Hay vigor y músculo, modales cañeros y expeditivos, guitarreo del bueno con denominación de origen a R&B y pub-rock, conviviendo a las mil maravillas con aires delicados que saben de lo más certeros, debiendo felicitar a la banda en su conjunto por el trabajo ejecutado, pero sobre todo al bueno de Josele, quien una vez más afina los textos al milímetro, bordando la pluma de su rock de autor, apelando al amor con la misma naturalidad con la que muestra su cara más socarrona, mientras ajusta la faceta más poética y no rehusa enseñar las heridas visibles de los últimos tiempos en un álbum donde es fácil rastrear unos cuantas pasajes autorreferenciales que emocionarán al más pintado; resaltando de igual modo la labor que ejecuta en las voces, donde, como ya ocurriera en “Bestieza”, volvemos a encontrarnos al de Puerta del Ángel más afinado y expresivo que nunca, demostrando que actualmente sigue siendo el jefe del cotarro en aquello que dio en llamarse “rock del Manzanares”. 

Una buena muestra de lo que contamos se percibe en las dos primeras composiciones, la titular, “Canciones Chulas”, basada en un fantástico ritmo de Fino, que nos pone sobre aviso de los mejores momentos de “Un Tío Cabal” y “La Vida Mata”, con su potente base, donde la pareja Chema Animal-Fino Oyonarte alcanza a dejar sobre el tapete lo que ya sabíamos por otra parte, que siguen siendo una red de seguridad sobrada de talento, y la fiereza de unas guitarras con regusto clásico a las que el otro tándem, Josele-Krahe, se encargan de afilar las uñas, todo ello mecido con unos coros casi celestiales; contrapunto con el tacto de la genial “Miss Dinamarca”, título extraído de un autógrafo del sin par Chiquito de la Calzada, una composición que apostamos que será de las más especiales que haya escrito nunca Josele, puesto que es fácil rastrear en ella mensajes muy concretos dedicados a Núria, pareja del madrileño, “cómo no voy a quererte/ con lo calentita que estás”, y a su padre, cuya sombra sobresale en el fraseo “viejo embustero/ lo sabías ya”, en un pasaje que emociona, pues lo relata en cierta medida en las ya mencionadas memorias. 

La interpretación de “El Próximo Vals” supura crudeza y fiereza en una clara alusión al suicidio colectivo que está perpetrando nuestra sociedad, asentada en un ritmo trepidante y en frases tan acertadas como “la Luger sigue caliente”, en cierta manera enlazada con “¡Bum!”, donde la afinada prosa de Josele Santiago establece una línea temporal entre pasado, presente y futuro, donde a este último le toca bailar con la mayor incertidumbre, dando como resultado final uno de los mejores temas que han grabado Los Enemigos en los últimos tiempos, ese minuto final vale su peso en oro; apelando al presente y a sentirse vivo un día más pese a las circunstancias con la acertadísima “En Alguna Realidad”. 

Emociona hasta el extremo escuchar “Isla”, no solamente por la delicadeza de sus arreglos con una estructura decididamente más pop que muchas de sus compañeras, ni tampoco por los primeros versos que son pura poesía, “De un brutal fuego cruzado/ surgió un nuevo mineral/ malherido y agotado se tumbó en medio del mar/ y agoniza perfumado con manzanas y azafrán/ un aroma envenenado que enloquece al temporal”, elementos más que suficientes para quedarse prendado de la misma, pero que no esconden la sombra del mejor Josele, el más sosegado, contenido y sincero, interpretando la que quizás la reflexión más profunda de lo que quizás hayan sido sus últimos tiempos pasando algunos que otros “días de perros”; quizás, en contraposición con ella, reluzca un poco menos “Luz de dos Lunas”, dotada de un lirismo más barroco, que representa la parte más floja de un repertorio por otra parte inmaculado. 

En “Rumbo al Sol” toma el mando de las operaciones vocales Fino Oyonarte, tirando de optimismo y abogando por quemarse en el fuego del amor maduro en un corte notable que vuelve a firmar a pachas con Josele, mostrando el filo más peligroso de la banda en “Puto Blues”, dejando por el camino una de esas composiciones de las que nunca se quiere ser protagonista, porque parece claro que la letra tiene bastante de ajuste de cuentas, volviendo a fundir con mimo poesía y sonoridad en la casi delicada “Pájaro Ciego”, cerrando con un clásico de la casa lleno de R&B como “Mil Condenas”, donde el universo carcelario de Josele Santiago aparece otra vez como ya hiciera en las fenomenales “Desde el Jergón” y “Un Guardia Civil”, en la que en un nuevo ejercicio de crudeza muestra las rutinas, padecimientos y monotonías diarias que se viven al otro lado de la puerta de la libertad, contrapuestas con esa necesidad, a veces real, que tienen tantos presos y delincuentes comunes, quienes tras pasar más de media vida entre rejas, sienten mayor comodidad dentro de prisión que en la selva diaria callejera. Dolorosa y absolutamente cruda, como casi todo lo que escribe el visionario cronista madrileño. 

No vamos a venir aquí a descubrir la pólvora, a estas alturas de la película no toca ni procede. Nos gustan mucho Los Enemigos, sabido es, y nos fascina que sigan siendo ellos, capaces de tender un puente entre lo que llevan siendo toda la vida en su maravillosa singladura, pero sin perder de vista el presente de su trayectoria, a la que dignificaron años atrás con “Bestieza” y que ahora vuelven a elevar con éste “Canciones Chulas”, donde combinan lo que mejor saben hacer. 

Hay en esta colección mucha sofisticación rockera, a ratos bajando el pulso y en otros instantes tirando de aceleración, casi rabia, sin dejar de sonar certeros y elegantes, rematando todo ello con la singularidad de unos textos que nos muestran por igual la crudeza de lija de una realidad desconcertante, capaz de convivir con el tacto de aquel que ha sufrido un bache físico y ante el golpe ha logrado permanecer erguido, saliendo reforzado, sin dejar de lado una preciosa visión del amor maduro que reconforta y dota al disco de un cierto aire optimista pese a la tormenta incesante que no para de calarnos.

Vuelven Los Enemigos, lo hacen mirando bien arriba, enarbolando la bandera del mejor rock estatal y firmando uno de los discos del año, demostrando, una vez más, si es que era necesario, que están en plena forma y que seguirán presentando batalla durante largo tiempo. Para nosotros no hay mejor noticia posible porque necesitamos de su presencia sobre las tablas.