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Protomartyr: "Hotel Usona"


Por: J.J. Caballero. 

Desde la imagen del águila acechante que ilustra la portada hasta la culminación sonora de un disco conceptual, basado en revisar escrupulosa e incluso violentamente los penosos capítulos recientes protagonizados por el malhadado trumpismo, prácticamente todo en este “Hotel Usona” parece destinado a hacer historia. De la olvidable, nos tememos, porque la radiografía es tan clara y presenta síntomas tan evidentes que casi preferimos olvidarnos del diagnóstico apenas haber abandonado la sala. Eso de que cualquier acto cotidiano es básicamente un gesto político es una afirmación digna de ponerse en entredicho, pero sigue habiendo quien lo eleva casi a la categoría de dogma, y encima se pone a hacer canciones para demostrarlo. 

Joe Casey, erigido en líder antipático y lejos de cualquier forma de mesianismo, ejerce de maestro de ceremonias como si de un predicador iluminado se tratase, y arremete contra los agentes del infausto ICE en “Exalted eagles”, armándose de congas y repartiendo interrogantes altamente peligrosos, a la vez que enaltece el sentimiento antibelicista en “Sounds we cannot hear” poniendo en tela de juicio la autoridad concedida a los dementes que los gobiernan. No en vano su banda lleva ya siete discos debatiéndose entre el post punk más agresivo, el rock más minimalista y las proclamas de conciencia común. 

Protomartyr suenan ahora más compactos que nunca, exhibiendo venas jazzísticas, atmósferas propias del trip-hop, distorsión equilibrada y cuerdas cercanas a la música clásica. Todo ello sucede entre la rabia contenida de “The knife dream”, la salida de guión (con un inédito tono de vals) de “Third country” y el tránsito hacia una nueva situación vital y social de “Checking out”, explícito título a modo de epílogo inundado de cuerdas, percusiones y cuerda, algo que también sucede en “The old hotel”. Un clímax a medias, completado por la electrónica tímida de “Converts”, en la que se nos narra un hecho no por habitual menos lamentable: Cómo los intereses personales, por no decir puramente económicos, suele decantar la balanza de las ideologías. La pródiga batuta del ilustre Dave Fridmann pilota la nave en el estudio, secundado por su hijo Jon, encargado de la grabación de los arreglos de viento, y por lo que parece la asociación paterno-filial funciona a las mil maravillas.

La paleta de arengas también guarda estrofas para la desnaturalización urgente de la IA (“Feed the sewer” sitúa en la picota, de nuevo, el acoso de la tecnología) y la recuperación de una figura literaria tristemente perdida en las bibliotecas de principios del siglo XX. Patrick Hamilton, novelista y dramaturgo británico cuya obra se basaba en la compasión por las clases menos favorecidas por el capitalismo, alumbra algunas de las estrofas y eleva la media de unas letras demoledoras y profundamente radicadas en los desastres cotidianos que tienen –y tenemos- que contemplar día a día. Este disco es la crónica de sucesos de un mundo enfermo de ira, desapego e ignorancia supina. Un mundo en el que es un pequeño lujo contar con músicos como los de Protomartyr, y otro aún mayor saber que podremos refugiarnos en su discurso cada vez que queramos ser engullidos por nuestro pequeño trozo de tierra.