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River Shook: “River Shook”


Por: Héctor Neira. 

Admiro y mucho a aquellos/as músicos/as que deciden en un momento determinado de su carrera romper con su banda de siempre o abandonarla, y emprender un camino en solitario. Hay algo osado y valiente en esa decisión, un impulso innato por la aventura y el riesgo, y también un notable grado de confianza en tus propias capacidades. Ser parte de una banda te acota, pero eres parte de un colectivo que te arropa. Lanzarse en solitario eres tú solo ante el mundo, aunque ganando en libertad y autoafirmación. La ruptura de Sarah Shook & The Disarmers era algo que se venía venir años atrás. Se estaban deshaciendo cual azucarillo en un café. Nos han dejado varios discos que van permanecer en nuestra memoria y eso ahí quedará para siempre. Pero River Shook, haciendo gala de ese atrevimiento al que hacía referencia antes, ha dado este año el primer pequeño gran paso en su nueva andadura como solista. Y no han sido pocas personas a las que he recomendado entusiasmado el resultado.

Titulado inteligentemente como “River Shook”, estamos ante un disco cautivador, realizado por quien se conoce al dedillo todos los códigos del country-rock y que además ya cuenta con un bagaje a sus espaldas que la hace pisar fuerte, tirando la puerta, mostrándose abierta y ofreciendo al oyente un estado de las cosas de su propia vida sin caer en los clásicos convencionalismos del género y la música de autor. Su pareja, el talentoso Blake Tallent, le procura todo el armazón instrumental necesario para que nuestra protagonista pueda caminar firme y posar sus pies en terreno estable. El trabajo de Blake también en las labores de producción resulta intachable. 

La estupenda y acertada “Free At Last” abre la colección a modo de necesaria declaración de intenciones. River suelta un buen peso de su mochila y decide romper con los lazos que le unen a su pasado reciente. Con “Country Angel” entramos en terrenos más amables, nostálgicos, a lomos de una melodía irresistible con sabor a clásico instantáneo. Nada en este disco resulta baladí. Hay una intención clara de la autora de mostrarse más “desnuda” al oyente, aferrándose a su propias vivencias y a sus propios sueños. “Lost Without Your Love” insufla al disco un guiño tierno en forma de declaración de amor, de necesidad de cobijo hacia Blake. Caminar sólo esta bien pero si detrás está la persona correcta, aquella que debe amarte, cuidarte y protegerte, todo es más llevadero. “Venom & Gold” es a criterio personal una de las piezas claves de la colección. Intensa, sentida, de hermosa hondura a modo de última y dolorosa mirada al pasado. No todo ha sido un camino de rosas en la vida y trayectoria de River, y lo vuelve a plasmar en “Fading”, otra de las canciones favoritas para un servidor. Personal, imponente y de nuevo muy autoreferencial: “Nunca te hice daño. Yo no me dejaba pisotear, pero tampoco causaba mal a nadie. Sin embargo, ahora lloras como si yo fuera el arma humeante. Creo que te gustaba más cuando tenía una aguja en el braz , colocándome hasta el infinito”. Devastadora. “Blue Vervain” baja la pulsaciones en forma de cálido abrazo a su bien ganada libertad al lado de su pareja: “Eres sangre en mis venas, miel en mi lengua”.

“If We Got A Chance” rezuma clase por todos sus poros. La autora de Rochester, NY (aunque es la tierra de Carolina del Norte la que ha hecho de ella ser quien es) reflexiona sobre los sacrificios que implica ejercer el oficio de músico en la pieza con más clara orientación al rock clásico dentro del lote. “Beater Car” es otra composición de enorme calado emocional que te agarra y no te suelta. Contiene unas de sus confesiones más conmovedoras y sinceras al referirse a su hijo y su deuda para con él: “Mi orgullo y mi alegría, un regalo del cielo. ¿Cómo puedo perdonarme por no tener nada que ofrecerte?. He desperdiciado demasiado tiempo persiguiendo mi propio sueño.”. Hay dolor, arrepentimiento pero también una honesta necesidad de redención. Con “Running To Georgia” nos aproximamos al final en forma de clásica pieza estándar del género. El viaje, las carreteras infinitas, la aventura como escapismo y necesidad vital tan propia de la tradición americana. Si el inicio del disco era una mirada directa al pasado, con la canción que cierra el álbum, “Loving Me Is Like Rolling A Big Old Rock”, River observa el nuevo horizonte que se abre ante ella. Toca seguir remando, nadie regala nada a nadie. Es momento de olvidar el pasado para celebrar el futuro.

River Shook se ha convertido con los años en una de las puntas de lanza del country-rock alternativo. Y con este sensacional “debut” (sin olvidar la soberbia “Widlands” que incomprensiblemente no entró en el disco) ya vuela sola y está despegando. Debemos cuidarla y mimarla, porque talento le sobra y estoy convencido que nos seguirá entregando discos de semejante nivel en los próximos años. Discos de esos que acompañan y que no te abandonan. En especial a los que amamos el género. O mejor dicho, a todos aquellos que aman la buena música.