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Ruido y chimba con Aterciopelados


Jardín de Invierno del Parque José Antonio Labordeta, Zaragoza.Domingo 11 de octubre de 2026.

Texto y fotografías: Javier Capapé. 

La víspera del día de la Hispanidad nos encontrábamos reunidos todos los ávidos de música valiente e intercultural en el escenario del Jardín de Invierno del Parque José Antonio Labordeta (mientras en la Plaza del Pilar se presentaba Dani Fernández con su gira "La Insurrección"). Un escenario que se ha convertido en un refugio para los amantes del rock, la fusión y la transgresión dentro del marco más bien moderado en lo musical de estas fiestas del Pilar.

Aterciopelados fueron los protagonistas de la calurosa noche del pasado once de octubre, celebrando el fin de la gira española del treinta aniversario de su mítico disco "La Pipa de la Paz". Antes que los colombianos, el dúo aragonés Isla Kume llenó de electrónica reivindicativa y fusión folclórica el escenario, mezclando castañuelas, sintes y cuerdas con todo tipo de filtros en las voces y una buena dosis de beats dando forma a sus potentes bases programadas. Aunque el numeroso público acogió de buen grado su enérgica propuesta, lo que todos estaban esperando era al longevo dúo formado por Andrea Echeverry y Héctor Buitrago. Con sonidos ambientales que podían transportarnos a la Amazonia y una guitarra cercana a la psicodelia, arrancaron con la titular "La Pipa de la Paz". Enseguida apareció Andrea con su magnetismo para hacernos caer en la cuenta de lo bueno que es reconectar con ideas conciliadoras, como las que traían para esta celebración de su disco más laureado. Súbitamente invitó a esa estrella para que nos alumbre gracias a las guitarras atmosféricas de "Buena Estrella", y poco a poco fueron transformando su espectáculo en una reivindicación de los sonidos más puristas de su Colombia natal, recalando en la más funky "Cosita Seria" (en la que nos hicieron caer en lo "hijoeputa" que es a estas alturas ser mujer en este mundo) o en la más guerrera "El Estuche" (al grito de "¡hay mucha gonorrea suelta!").

Lo latino se hacía cada vez más presente y las guitarras más pop se diluían entre bajos marcados y ritmos mucho más sensuales, como los que presidieron "El Álbum" o su ya mítica "Expreso Amazonia", momento en el que tuvieron unas sinceras palabras de agradecimiento a Enrique Bunbury, no solo por participar en el disco que nos había reunido a todos para conmemorar su efeméride, sino por ser el que apostó por ellos mientras los poderosos Héroes del Silencio daban sus últimos coletazos de vida. Interpretaron "Quemarropa", acordándose de nuestro músico aragonés más internacional, y bajaron el ritmo para hacernos ver que también se mueven como pez en el agua en tonos más melódicos, como los que se hicieron presentes en "Maligno".

El pulso subió con "Te juro que no" (nuevamente con Bunbury presente en los comentarios previos a su interpretación) así como en "Florecita Rockera", que tornó su inicio garajero en ritmos reggae para su segunda mitad. En "Candela" disfrutamos de los desvaríos y juegos vocales de Andrea, que a sus sesenta y un años no paró quieta ni un momento, mostrando su potencia e imponente empuje. Portando sus extravagantes tocados o sus gafas multicolor demostró una vez más que es un auténtico torbellino y un torrente provocador por el que no parecen pasar los años.

Con su renovada interpretación, estas canciones, que ya podrían vestir canas, sonaron mejor que nunca, con mucho más cuerpo y matices que en sus versiones originales. No sé si por la buena sonorización de la que disfrutamos en el Jardín de Invierno o por sus horas de carretera, pero sin ninguna duda, ganaron muchos enteros. Así, con el ritmo del joropo, nacido entre Colombia y Venezuela, llegó "La Culpable", uno de los puntos álgidos de la velada, donde todos los protagonistas de dentro y fuera del escenario tuvieron su momento de gloria, su reconocimiento de manos de una inspiradísima Andrea Echeverry, que dedicó pareados de lo más logrados a todos los compañeros que tan bien la arropan, haciendo especial mención a su eterno socio Héctor Buitrago, más que correcto al bajo y mano derecha de este vital proyecto colombiano de alma universal.

"No necesito" arrancó los bises, seguida de la muy esperada (y coreada por todos) "Bolero falaz" , y la emotiva, a la par que festiva, "Rompecabezas", que Héctor dedicó a todos los latinoamericanos que buscan un nuevo camino en esta tierra, no falto de sinsabores, pero sin perder esa fuerte esperanza que les mueve. Andrea manifestó su orgullo colombiano no sin antes admitir que es un honor, un placer, una "chimba" tocar acá, en esta Zaragoza que tanto les ha querido siempre. Quizá por eso se despedían aquí de esta celebración de "La Pipa de la Paz" antes de cerrar el ciclo en Bogotá, amacizados o abrazados a este público que tan bien supo acoger su baile con la naturaleza, su particular cruce de caminos, que todos entendimos como el mejor escenario para hacernos valer entre el baile y el ruido.