Sala Upload, Barcelona. Miércoles, 20 de Mayo de 2026.
Texto y fotografías: Àlex Guimerà.
Poco tiempo había pasado desde su última visita a la Sala Apolo (6 de noviembre de 2024), y, a pesar de que en la gira no presentaban disco ni promocionaban nada, no había motivo para perdernos a los Redd Kross. Máxime en una sala tan pequeña como acogedora para el rock’ n roll como es la Sala Upload, situada en el corazón del Poble Español. Pero antes, con la sala repleta, había que ver qué nos ofrecía esa banda nacional llamada Geminiss, que es la banda personal de Olaia Bloom tras su paso por otros proyectos como Las Culebras o Los Ácidos. Y como ella nos dijo, está formada por tres chicas de Pamplona, Donosti y Bilbao. Con una estética glam y su buena puesta en escena, nos llevó a encontrar ciertos paralelismos con Suzie Quatro y a celebrar ver chicas dando caña encima del escenario en un mundo tan masculinizado como el del rock. El repertorio, muy bien acogido por el público, ofreció sus potentes piezas punk-rock, que rubricaron con una versión en castellano de los Dictators, que realmente bordaron.
Así de calentitos llegamos al concierto de los hermanos McDonald, que arrancó con esa energía abrasadora que parece ser que no tienen intención de perder a pesar de los años que llevan encima del escenario. Hablamos de tipos que están tocando desde los ochenta y aún así continúan dándolo todo en sus bolos, divirtiendo al espectador y contagiando su efervescencia. Con ese estilo complicado de catalogar y que bebe de fuentes tan diferentes como las de sus adorados Beatles o de sus primeros mentores Black Flag, es lógico que se hayan convertido en una banda de culto capaz de enamorar a gente tan dispar como los amantes del grunge, los seguidores del power pop noventero, los viejos rockeros, o los seguidores del indie o del hard-rock mas atemporal.
Muy pronto nos hicieron vibrar con gemas como “Stay Away From Your Downtown” de su disco de regreso (“Resarching The Blues” de 2012), del que también tocaron “Uglier”, o esa “Stunt Queen” de su última y homónima entrega. Piezas electrizantes que abordaron con un sonido de los amplis de la sala a todo trapo y en las que los guitarrazos, los martillazos a la batería del también miembro de los Melvins Dale Crover, y los aspavientos de Steve y Jeff encendieron al público. Y siempre nos queda la sensación que el cuarteto haya salido de un hospital psiquiátrico, ya desde la vestimenta blanca manchada de colores (que es su uniforme en los directos), a las caras de enajenados que ponen cuando interpretan las canciones hasta esa sensación del descontrol constante. Los Redd Kross nacieron para divertirnos, encendernos y para entretenernos, y no parece que dejen de hacerlo viendo sus últimos y sensacionales conciertos, en los que el sentido del humor y la fuerza escénica se unen con una musicalidad esplendorosa. Una musicalidad construida a base de melodías y armonías vocales que aúnan con el rock mas duro e inmediato posible.
Maravillosamente sonaron “Lady In Front Row” o “Mess Around” que escuchamos con esos acordes tan beatleianos o la grunge “Candy Colored Catastrophe”, también la irresistible “Neurotica”, rescatadas de sus discos de los noventa. Entremedio los saltos de Steve y sus acercamientos a las primeras filas del público, los solos de Jason Shapiro que en lugar de empuñar una guitarra parece que empuñe una sierra eléctrica en plan psicópata. Y Jeff que con toda su teatralidad se escondió tras un colorido pañuelo para cantar la mítica “Annie’s Gone”. Y para los amantes de las versiones -seguro que tienen muy en cuenta el disco "Teen Babes from Monsanto" de 1984 y reeditado recientemente- tocaron una versión punk de “It Want Belong” de los Beatles, y para los bises una “Crazy Horses” de The Osmonds de la que Jeff dijo que había aprendido a tocar con 12 años, y una “Deuce” de los Kiss que puso el cierre.
Estos tíos parece que se resisten al paso del tiempo, como si las leyes de la ciencia no vayan con ellos, pues siguen siendo capaces de ofrecer auténticos desmadres rockanrolleros como si fueran adolescentes, lo que hacen con un carisma esplendoroso y un catálogo de canciones envidiables, que cuesta de aceptar que no hayan alcanzado mayores cotas de éxito. Mejor, así nos los quedaremos para nosotros.

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