Páginas

Beth Orton: “The Ground Above”


Por: Juanjo Frontera. 

Hay algo intangible, cristalino, frío como el acero, en la voz de Beth Orton. Algo que se le clava a uno como una daga en el corazón. Su voz ha ido madurando con los años. Desde aquél "Trailer Park" en el que mezcló de forma desinhibida folk y electrónica en un momento en que no lo hacía casi nadie, su voz y sus modos han ido madurando con el tiempo. Su último disco hasta la fecha, "Weather Alive" (2022), la vio renacer desde las cenizas de su ardua lucha contra problemas de salud mal diagnosticados. Un levantamiento vital y artístico que tiene ahora continuidad con este "The Ground Above". 

Un álbum con el que, una vez más, se demuestra que los trabajos de esta cantautora no solo se escuchan, sino que se queda uno a vivir en ellos una temporada. Hay algo litúrgico cuando uno se aproxima a ellos tímidamente, que pide más y más escuchas, que te cobija de una forma casi maternal y te obliga a centrar toda la atención. Con "The Ground Above", Orton no sólo da continuidad a la senda abierta con "Weather Alive", sino que completa un díptico sobre la reconstrucción personal que conviene calificar de magistral.

La misma artista que en los noventa fue capaz de maridar la madera de su guitarra acústica con la frialdad de los samplers y sintetizadores dando forma a la folktrónica, regresa ahora desde la madurez que le otorga haber rebasado el medio siglo de existencia en la tierra desprovista de aquella coraza, pero con las ideas muy claras respecto a cómo deben sonar sus canciones. 

Desde un punto de vista estructural, el álbum presenta dos caras contrapuestas: quietud y movimiento conviven livianos en un conjunto que sabe guardar en todo su minutaje la coherencia y resulta totalmente compacto, guardando firmemente ese halo a lección vital que desprende su escucha. Orton se toma su tiempo, permitiendo que las canciones respiren, se estiren y encuentren su propio pulso orgánico. Apoyada por una banda colosal que parece operar por telepatía jazzística -con baterías que arrastran el tempo con una elegancia perezosa y vientos que emergen como ráfagas de niebla-, la de Norfolk esculpe un sonido de una riqueza analógica abrumadora.

 Ese halo vital del que hablábamos se muestra con fuerza desde la apertura con"The Ground Above". La pieza titular es una travesía de más de ocho minutos que se erige, desde ya, como una de las cumbres de su cancionero. Sostenida sobre un obstinado e hipnótico groove de contrabajo y un Fender Rhodes crepuscular, la canción fluye libre y ajena a las estructuras clásicas, coronada por una trompeta que parece llorar en la distancia mientras la voz de Orton, maravillosamente resquebrajada y curtida, nos habla de la vulnerabilidad extrema que supone volver a amar. Es una miniatura progresiva de alta intensidad, un trayecto sin retorno que conecta la mística de John Martyn con la síncopa post rock de Talk Talk.

Sin embargo, frente al abismo oscuro de la melancolía, el álbum siempre encuentra luz. Cortes como "Waiting" o "Cigarette Curls" introducen un balanceo casi soul, un bálsamo reconfortante donde las guitarras acústicas trenzan melodías luminosas y espléndidas y la percusión está más presente, menos volátil. Es en este equilibrio donde reside el alma de "The Ground Above": Orton no huye del dolor, lo abraza y lo transforma en belleza. Incluso en la desoladora desnudez a piano de "Before I Knew", donde su interpretación vocal la muestra más quebradiza que nunca, se percibe cierta serenidad, la de quien ha comprendido que la herida es, precisamente, el lugar por donde entra la luz.

El viaje concluye con "Otherside", una letanía pastoral mecida por los arreglos instrumentales y vocales más complejos del disco. Es el broche de oro perfecto para un álbum soberbio que esquiva el cinismo contemporáneo con una honestidad desarmante. En un panorama musical a menudo obsesionado con la sobreproducción y la pirotecnia estéril, que una artista de la trayectoria de Beth Orton sea capaz de entregar a estas alturas una obra tan sólida, valiente y reconfortante es casi un milagro. Quédense a vivir en este disco; les aseguro que, al salir, el suelo bajo sus pies se sentirá mucho más firme.