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Graham Coxon: “Castle Park”


Por: Àlex Guimerà. 

Graham Coxon es uno de esos músicos que merece ser reivindicado. Su peso en la carrera de Blur resulta tan importante como el de Damon Albarn. Si bien este último era la cabeza visible e imagen, el carisma, un enorme letrista e ingenioso músico que acabó vendiendo millones de discos con su otro proyecto Gorillaz. Sin embargo, Graham hay que reconocérsele grandes dotes para la melodía y un talento innato para abordar las guitarras rítmicas y para darles texturas post-punk o noise, llevando a liderar a los autores de "Parklife" hacia su huída del Brit Pop en la búsqueda de otros territorios más experimentales que en aquella época bordaban los gloriosos Pavement. Fue de ese modo como dieron forma los interesantes "Blur" (1997) y "13" (1999) y cómo su ausencia quedó patente en el flojo "Think Thank" (2003). Afortunadamente, su regreso a la banda ha permitido la resurrección del proyecto con conciertos legendarios como el que tuvo lugar en Wembley en julio de 2023 -que dio lugar a un documental y a un álbum en directo -, y a la publicación de su, hasta la fecha, último trabajo: el notable "The Ballad of Darren" (2003).

Pero la vida del guitarrista ha ido mas allá de su presencia en la formación que rivalizó con Oasis a mediados de los noventa, y es que Coxon ha publicado hasta ocho discos de estudio (algunos mientras estaba con Blur) y varios discos instrumentales y la banda sonora de la serie "The End of the F*ing World", sin contar con su proyecto vanguardista The Weave con quien fue su pareja Rose Dougal. Una trayectoria que ha pasado bastante desapercibida pero que contiene maravillas ocultas como "Hapiness In Magazines" (2004) y "Love Travels At Ilegal Speed" (2006), cargados de furia punk. Entre medio, en 2011, tuvo tiempo para componer y grabar las canciones que conforman este "Castle Park", en donde decidió aparcar las guitarras aguerridas que han dominado a lo largo de su carrera en solitario, y que a pesar de ser un paquete sensacional nunca hasta la fecha los había desempolvado para ofrecerlo al público.

Afortunadamente este año ha llegado la hora y podemos gozar de un trabajo de pop británico atemporal en el que aflora su desbordante sensibilidad melódica y se empareja con recientes gemas del pop británico de autor como "lechyd Da" (2024) de Billy-Ryder Jones - por cierto, Graham ha colaborado recientemente con el ex The Coral - o "The Fantasy Life Of Poetry & Crime" (2022) de Peter Doherthy . El viaje arranca con aromas a The Jam en "Billy Says" para cambiar radicalmente de tercio en "Alright", un corte luminoso que nos recuerda a los maestros del pop británico Pete Dello y Ray Davies. La nostalgia sesentera aparece con la versión de "When You Find Out" de las leyendas del power pop The Nerves, aunque la dirige mas bien hacia el beat clásico de The Hollies, Herman’s Hermits o The Searchers. Para "Isn't It Funny" nos envuelve de una atmósfera misteriosa que recuerda a The Coral (otra coincidencia con los de Liverpool). El ecuador del álbum lo marca "There's a Little House", una delicia que recupera los ritmos juguetones de "Coffee & TV" junto a una memorable voz femenina y un solo de guitarra marca de la casa.

La segunda mitad del álbum se abre con la calma acústica de "Easy", una pieza que demuestra la enorme capacidad de Coxon para las baladas y los medios tiempos. Sin abandonar la guitarra acústica, "Dripping Soul" se adentra en terrenos más oscuros con ritmos propios de Scott Walker (o The Last Shadow Puppets, que es lo mismo) pero también con guitarras medio flamencas. Tras ella, la dulzura sixtie de "Forget Today", una balada con baterías destensadas, arreglos de viento y un Hammond de fondo. Para el tramo final el barroquismo y el folk de orfebrería en la instrumental "Mélodie pour Christine" y la íntima "All The Rage" que parece haber sido escrita expresamente para ser cantada en falsete por el mismísimo Damon Albarn.

Sin desmerecer los trabajos anteriores del portador de las gafas más célebres del britpop, me atrevería a afirmar que "Castle Park" es el álbum más brillante de su discografía en solitario. Además, marca el punto de partida por donde debería discurrir su carrera en el futuro: quizás ha llegado la hora de rebajar la rabia y la electricidad para explotar al máximo sus capacidades melódicas. No os lo perdáis.