Por: Guillermo García Domingo.
Hace 30 años contra todo pronóstico Suede publicó un disco destinado a no desfallecer en la lucha (casi siempre perdida) contra el paso inexorable del tiempo, bajo el título “Coming Up”, igual que la formidable canción funky que grabó McCartney en 1980. La dimisión previa de Bernard Butler, miembro fundamental de la banda, no auguraba este resultado ni mucho menos. Ninguno de sus seguidores habría apostado por semejante éxito. Y es que la pauta siempre la define, para bien o para mal, el disco anterior, que en este caso, se trataba de “Dog Man Star”. El siguiente disco supuso un reto más difícil si cabe, ya que, además, el que abandonó la banda británica era uno de los principales responsables de caracterizar cada una de las canciones de aquel álbum oscuro, como las aguas turbias de un lago del norte de las islas. Brett Anderson, artista gatuno, poseedor de muchas vidas, encontró la tabla de salvación en este disco, gracias a la inesperada contribución de un chaval de 18 años, Richard Oakes que se presentó al casting para relevar al guitarrista principal. Había asumido el sonido de Suede como nadie. También se subió al plantel el teclista Neil Codling. Y ambos no lo hicieron como convidados de piedra, Oakes y el teclista aparecen como compositores de la mayoría de los temas, junto a Anderson. El bajo Mat Osman y el batería Simon Gilbert, que a día de hoy siguen siendo miembros originales de Suede, continuaron al lado del vocalista.
La escucha actual de “Coming Up” depara muchas sorpresas; su relieve ha cambiado, los singles triunfales han atenuado su pujanza, aunque “Beautiful Ones”, “Trash” o “Lazy” continúan siendo temas pasionales, de una sensualidad irresistible, mientras que las canciones a priori secundarias han subido escalones. “Picnic in The Motorway”, “Saturday Night” o “By The Sea” se reivindican como temas tal vez menos intensos pero extraordinarios en los que la voz de Anderson, que alcanza las notas más altas, a veces de falsete, lleva de la mano a las guitarras en la misma dirección ascendente. Lo que no ha cambiado, tres décadas después, es la majestuosa altura de “Chemistry Between Us”, las nieves de su cumbre permanecen perpetuas como sucede en el Kilimanjaro (antes del advenimiento del calentamiento global). Los motivos de sus guitarras afiladas que aparecen y desaparecen a su antojo, la voz insinuante de Anderson, las cuerdas que concurren al final, en uno de sus muchos finales, porque la canción se resiste a terminar (su duración se extiende 7 minutos), son solamente algunas de las posibles razones de su valor inestimable.
La publicación de “Coming Up”, le permitió a Suede acuñar su idiosincrasia singular en una escena plagada de grandes propuestas a través de dos elementos en continua tensión, las vigorosas guitarras y la voz andrógina de Anderson. Todas las canciones gozan de inicios apabullantes, dispuestas a quedarse en la cabeza desde la primera nota, y producidas con indiscutible elegancia por Ed Buller, que, por cierto, volvió a repetir con ellos en el reciente “Antidepressants” que tan buena acogida mereció en 2025. Las aguas profundas y turbias de del anterior disco dieron paso a canciones más limpias, menos confusas, sin que ello suponga un demérito atribuible a "Dog Man Star", ni mucho menos.
La reedición de “Coming Up”, prevista para finales de mes, incluirá, al parecer, entre otras novedades, una nueva mezcla de los temas, supervisada por los miembros del grupo. Otro “misterio” discográfico, uno de tantos, difíciles de entender, pues no se me ocurre que esta colección de canciones puedan ser mejores de como fueron grabadas en 1996. Además, con el fin de apreciar las capacidades como vocalista de Anderson habrá ocasión de escuchar “Shipbuilding” de Elvis Costello/Langer/Robert Wyatt, que Suede grabó para ser incluida en el disco colectivo “Help” de 1995, gracias al cual se recaudaron fondos para ayudar a los refugiados y desplazados de la terrible guerra de los Balcanes. En esta grabación soberbia, Suede no pudo contar, al contrario que Costello, con la trompeta del desaparecido Chet Baker, sin embargo, esta versión es genuinamente hermosa. No es un aliciente menor para aquellos que aún no tengan y quieran agenciarse un disco imprescindible. En aquel otro disco solidario participaron la mayoría de los grupos y músicos que hicieron posible esa época dorada de la música británica. Discos de la brillantez de “Coming Up” ponen de manifiesto que Suede no era uno de los menos importantes sino todo lo contrario.



