Raúl Bernal: “La música es lo que me interesa. Mi trabajo en el estudio es de búsqueda”


Po: Guillermo García Domingo.

A Raúl Bernal no le gusta estar bajo los focos, la vida escondida y retirada le colma. Retirarse a su “cabaña” (siguiendo el ejemplo de Thoreau, el filósofo trascendentalista) es su principal propósito. Pero la actualidad no hace más que llevarle la contraria. Lleva en definitiva un doble vida, en su taller/estudio confecciona la materia orgánica de sus discos en solitario como el reciente "fig.2", mientras sus compañeros músicos, que le admiran, le convocan para que produzca sus discos, véase el disco de 091, "Espejismo nº 9", recién publicado, para que toque en sus discos, o participe decisivamente en sus giras, está inmerso en la de Quique González. Le interrogamos por su colección de canciones más reciente, impregnadas de “belleza y serrín” como en su día dijimos, y descubrimos a un artista que posee una mirada musical (y existencial) muy singular. 

Te quiero dar la enhorabuena por el EP que has publicado recientemente (10 de diciembre), lo has hecho en los últimos días del año cuando las listas ya estaban cerradas, pero es un trabajo tan destacable que habría merecido su inclusión en las citadas listas de los mejores trabajos del curso. Cuando entrevistamos a Quique González hace unos meses, te elogió y señaló que había que estar muy atentos a tus nuevas canciones. 

Raúl Bernal: No importa, el anterior creo que también lo publiqué en diciembre. Y lo hice un poco adrede. Mi meta habría sido sacarlo el 31 de enero (risas).  

Precisamente quería preguntarte acerca de cierta voluntad de ocultación que he detectado en ti. 

Raúl Bernal: Es que no va conmigo, las canciones son canciones, y no hay que darle más vueltas, ni darles tanta importancia. Está hecho un poco adrede, y así pasar desapercibido entre el tumulto que hay. 

¡No lo has conseguido del todo! Es un disco bellísimo y una de las cosas que ha llamado mi atención es que, de algún modo, aunque suene grandilocuente, se trata de una obra total, en la que has intentado que los que escuchemos el disco, de algún modo, no solamente escuchemos el resultado final de las canciones. Actualmente advertimos cierta sobreproducción en los discos, hay demasiada impostación. ¡Qué te voy a contar a ti! Tú también eres productor, y después hablaremos de esa “doble vida” que llevas. Por ejemplo, la primera canción, y no es la única en la que sucede. Se pueden escuchar los crujidos de tu estudio, algunas veces son los sonidos de tus manos sobre los propios instrumentos. Me ha parecido extraordinario, porque es una manera de asomarse a los discos diferente, a la que no estamos acostumbrados.

Raúl Bernal: Sí, yo siempre lo intento en la medida de lo posible en las cosas que hago yo. No es que lo que pase lo deje, sino que intento siempre que pase. Siempre estoy buscando que se oigan los dedos en el piano, que se oigan mis pasos en el estudio. Por ejemplo, cuando estoy cantando, no me gusta quitar los silencios entre frases. No me gusta limpiar eso en lo mío. Porque al final es un todo, comprendo que tiene un punto de suciedad, bien entendida para mí, que a mí me gusta mucho escucharlo en los discos. Este es un disco que se ha hecho en mi pequeño estudio que tengo en mi casa donde yo hago algunas producciones y donde mezclo, donde trabajo y estoy parte del tiempo. Y entonces simular otra cosa habría sido un poco engañarme a mí y además falsear una cosa que no estaba ocurriendo. Entonces hay fallos en el disco, hay algunas cosas que no suenan a tiempo o hay cosas que no están definidas del todo. Por ejemplo los solos de piano que hay, hay varios solos de piano, se podrían haber hecho mejor. Yo estoy muy en contra de los solos. No me gusta el alardeo de los solos. O sea, me gustan los solos cuando tienen mucho sentimiento y son muy melódicos, y son muy viscerales Y entonces en estos que aparecen en este disco me propuse hacerlo así. No quería tener nada preestablecido con respecto a esto, sino ponerme la canción y tocar un solo que pensara en el último segundo. Es como tocar de una forma diferente a como suelo tocar o algo así. Es como arriesgarme, y dejarlo. Y hacerme tres o cuatro solos, cada uno totalmente diferente y que fueran arriesgados, y que fueran diferentes, y que me equivocara, que dejar que pasaran, en definitiva. Simplemente estar muy dentro de la canción y luego elegir el que más me gustaba. Pero no he hecho “corta y pega” de “solo”, ni nada de eso. Y una cosa un poco de vicio, que a mí me gusta: si el “solo” aparece en el minuto 1' 40´´. Pues si lo estoy grabando yo. A mí no me gusta que me pongan desde el minuto 1' 30´´. Yo quiero escuchar la canción desde el principio y tocar cuando llegue el momento, porque para mí es como estar más dentro de la canción y es más puro. El músico está más dentro y está pensando más en la canción que en su solo. Hay cosas que se dejan de la mano, en el buen sentido. Y con respecto a la primera canción es la más evidente, sí está muy adrede, de hecho hay solo un micro que está muy dentro del piano para escuchar el mecanismo, el muelle, el pedal y la madera, y está hecho para eso. Porque, cuando empecé a grabar el disco, empecé a grabar mucho tiempo antes de que saliera, había un disco de Adrianne Lenker, el último disco en solitario de Adrián Lenker, la cantante de Big Thief, y me enamoré de ese disco a más no poder, y tiene esas cosas, ¿no? Esos ruidos, esas cosas como que el músico no sabes si está tocando o no está tocando. En esa canción, en concreto, me inspiré mucho en ese disco, en que quería un sonido muy casual, y más puro. No me empeño en quitar eso. Ves que coexiste con la música. 

Claro, otra de las cosas que llama mucho la atención. Es que tú mismo te “fabricas” el disco, tocando todos los instrumentos Hay también un bajista, ¿no? Y la voz al final En la montaña de Laura Fernández. Eso también te ofrece el control total, ¿no? Esa sensación que quieres poseer es deliberada, ¿no? Que quieres al final lo que esperan otros de ti, las modas. 

Raúl Bernal: Para mí no tiene ningún sentido. No tengo que mantener una carrera, hacer eso no quiere decir que hagas cosas que no quieras. Pero no tengo la obligación, no me he autoimpuesto la obligación de tener que estar en unos sitios, sonar en un sitio o que te llamen para tocar de otro sitio. La música es lo que me interesa. En cuanto al hacerlo solo, pues es un poco porque tampoco tengo muy claro al principio lo que quiero hasta que está ocurriendo. Porque me gusta que las cosas sean un poco espontáneas y que sucedan en el momento. Entonces mi trabajo en el estudio cuando estoy produciendo lo mío, es de búsqueda. No se trata de decir, “voy a grabar esto lo mejor posible”. Es que no sé lo que voy a hacer ¿Y las letras están ya consolidadas? O sea, ¿las letras sí que las llevas de antemano? Sí, sí, no grabo si no tengo todo terminado. Necesito tenerlo todo, de hecho, además necesito tener todas las canciones compuestas, antes de empezar a grabar. Yo funciono por etapas ¿No? No me pongo a componer si no he terminado de grabar una cosa y ya he cerrado ese cajón. No compongo en mitad de la grabación. Compongo porque necesito cerrar un ciclo. Este ciclo se inicia cuando comienzo a componer hasta que sale el disco, digamos, hasta que yo lo termino de mezcla y  mi amigo Manu me ha hecho la portada o algo así. Hasta que eso no esté cerrado, no siento realmente la necesidad de componer, igual pueden pasar meses o pueden pasar años sin que sienta esa necesidad. No se solapan los proyectos, tampoco suelo solapar producciones. Quiero terminar una cosa y descansar la cabeza. Estar centrado en una cosa, en un proyecto. Lo hago porque tal vez no tengo la capacidad de hacerlo de otra manera. Me gusta estar en una cosa y terminarla bien. Igual que estar en dos giras a la vez o algo así. Te vuelves loco, prefiero estar centrado en una cosa y hacerlo bien y terminar. 

“La música es lo que me interesa…tampoco tengo muy claro al principio lo que quiero hasta que está ocurriendo. Mi trabajo en el estudio es de búsqueda”.

Sobre el carácter de las letras me parece que te encuentras en la estela de poetas muy importantes. Porque, sobre todo, en este disco, he observado que hay una temática común, el retiro en la naturaleza. Incluso en una filosofía de vida. La fotografía de la cabecera en Bandcamp, en la que parece que te asomas, pero no se sabe si te estás retirando o si estás intentando salir y darte a conocer. Aparecen además muchos elementos telúricos. El tono de la mayoría es menos pesimista, que en otros periodos. Porque, pese a que evocas ese retiro, hay canciones como “No todo es permanecer”, que incluye un estribillo magnífico y esperanzador. ¿Estás de acuerdo con esa temática común o es que yo encuentro patrones donde no los hay? 

Raúl Bernal: Sí, así soy yo, me gusta la tranquilidad y la calma, no me gusta el bullicio. El tema de la contemplación va conmigo. Considero que es necesario, bonito y bello darte cuenta de la belleza del campo, del viento, del mar. Situarte en ellos, simplemente con eso es suficiente. Darte cuenta de que estás ahí presente también. Pues el hecho de contemplar y no pensar en nada más. Solo estar ahí. Ahora me doy cuenta, cuando ya ha pasado el tiempo y veo las cosas desde fuera, que hay una necesidad de cercanía con el paisaje. Creo que sí, el rollo del campo del naranjo, o del limonero, del manzano. Pues ya vamos teniendo una edad. Me visualizo viviendo de esta manera, es una opción vital, claro.

Y además que tiene mucho De resistencia también, eh Tiene mucho, es una opción vital Incluso yo diría que social y política También, porque Sí, 

Raúl Bernal: Totalmente, de hecho soy muy fan de (H.D.) Thoreau. Va conmigo. Yo no estoy en mi lugar cuando estoy rodeado de demasiada gente. Por supuesto, me gusta rodearme de gente, estar con amigos, con la familia. Pero me siento un poco raro siempre, me gusta mucho vivir apartado del mundo. Soy partidario del silencio antes que del ruido ¿Sabes? Soy más de observar que de participar. No me siento cómodo siendo el centro de atención de algo.  

De todas maneras, el retiro no equivale a indolencia porque tú eres un gran artesano. Pues tú aludías a todo el trabajo que conlleva tener preparado un disco en el que has tocado todos los instrumentos. He pensado en tu estudio casero como un taller. ¿Te identificas un poco con esa idea del taller, del artesano de la música que trabaja en silencio? 

Raúl Bernal: Totalmente, totalmente. Nunca me he sentido de otras forma. Siempre me he tomado esta profesión como un trabajo artesanal, y eso tiene unas consecuencias. Que para poder comer, pues, tienes que salir a tocar. A mí me gusta mucho salir y estar de gira y con mis compañeros de profesión. Me lo paso muy bien tocando. Es un momento muy, muy especial. Me gusta mucho también grabar, es muy emocionante. Son consecuencias. Pero, para mí, el trabajo del músico está relacionado una vez más con la contemplación, y la artesanía. Volver a escuchar y a intentar entenderlo todo. Porque un músico nunca termina de entender el misterio de la música. A veces es un poco etéreo. Siempre hay unos conocimientos técnicos y teóricos. Pero hay una cosa más allá que todavía no hemos comprendido del todo, tan solo creemos que lo comprendemos. Existe la emoción del sonido, la emoción de una sola nota. Es algo tan increíble. Por eso sigo haciendo canciones, y sigo grabándolas, porque intento tener una sensación, primero para mí. Quiero pasármelo muy bien grabando. Y quiero sentir cosas que no siento de otra forma, salvo estableciendo esa relación con el sonido, ¿sabes? Sentir cómo suena un disco, cómo suena un piano, antes de escuchar quizá la primera frase de la canción Esa relación que entablas con el sonido es muy, muy importante. Quitarle la frialdad a las cosas, intentas que sea pura esa relación con ellas. No encuentro mucha diferencia entre un carpintero y un músico, la verdad. Porque sigue siendo un trabajo tan precioso y tan bonito.

Siempre me he tomado esta profesión como un trabajo artesanal, y eso tiene unas consecuencias… No encuentro mucha diferencia entre un carpintero y un músico, la verdad.

Quería preguntarte por qué has dado este paso en estos dos EPs que has publicado, “fig. 1” y “fig. 2”, bajo tu propio nombre y por qué diste por concluida la etapa de Jean Paul.

Raúl Bernal: Aquello nació de una forma, con cierta proyección e imagen. El caso es que estuvo bien. Lo pasamos bien, pero llegó un momento en el que era muy difícil mantenerlo, ¿sabes? En muchos aspectos, en lo económico, en lo personal. Era un poco frustrante. Y no quería seguir tocando, porque lo pasaba mal. Hay ciertos proyectos, hay ciertas cosas, que requieren un ámbito, algo concreto, para que sea disfrutable por todas las partes. Y nosotros creo que nunca lo conseguimos. Y luego también con el tiempo me di cuenta de que estaba envuelto en algo no era yo del todo. Me quería despojar de esas cosas. Y poco a poco, gradualmente, según iba publicando los discos que hicimos, me fui quedando cada vez más solo. Fui centrándome un poco más en lo que ahora hago. Empezamos siendo una banda, luego seguimos siendo un cantante, que se hacía acompañar por una banda. Y luego ya llegó la etapa final en la que estaba solo. Cada vez tenía claro lo que quería hacer, componía las canciones, pero claro tenía veintipocos años, entonces yo era otra persona. Y todo fue derivando hacia la sencillez. Ya no tenía sentido seguir haciéndolo con el formato de una banda. También la gente va creciendo y los gustos van cambiando. Si estoy en una banda, me gusta el rollo de piña, de camaradería, todo eso. Y entiendo que eso no es posible en todas partes. No se puede sostener, pero las canciones iban derivando en otra cosa. También estaba un poco harto de la literatura. Del rollo de cantautor oscuro. Quería pasármelo bien. Y no darle tanta importancia a tantas cosas. Y creo que aunque no me puedo despojar del todo de lo que sé hacer, o de lo que me sale de forma natural, creo que ahora todo es un poco más liviano. Estoy tranquilo. No tengo esa obligación de demostrar nada. Ni que nadie te dé su aprobación. Me gusta como a todos que te reconozcan el trabajo. Pero antes de que saliera este disco se lo pasé a la gente que de verdad me importa mucho lo que piensan, amigos músicos, amigos no músicos... Si hubieran dicho, joder, tío, esto no vale nada, no hubiera sacado nada. Lo hago también un poco para compartir, yo qué sé…

Gracias por compartirlo porque hemos podido gozar de tantos detalles que atesore el disco. Esa imperfección a la que tú te referías, esa imperfección emociona, está muy bien y es auténtica. La manera en que está concebido el disco parece que nos congruente con una gira posterior. 

Raúl Bernal: No lo iba a pasar bien.  Que toque otra gente estaría bien, porque siempre está bien que sucedan cosas y que toque otra gente y el directo siempre es emocionante y tal, pero no sé si... es que no lo pasaría bien, estaría sufriendo más que otra cosa. Con la gente hablando, que no se den las condiciones necesarias. Que las cosas no suenen con un mínimo de calidad. Entonces, joder, no quiero meterme en eso. No tengo, por suerte, la necesidad de ganarme el pan, saliendo de gira con mis canciones, porque si la tuviera, igual haría otra cosa. Sí, porque... no porque no crea en ella, ¿sabes? Pero es porque no... A veces lo pienso de, joder, estaría bien y a veces me dan ganas. Pero tengo que liar una increíble para tocar, hacer dos conciertos y perder una cantidad de dinero, ir y venir. No merece la pena. Prefiero quedar a tomar unas cañas con mis amigos, y reírnos de lo que sea, pasarnos un disco y ya está. 

Y bueno, pues cuéntanos un poco si puedes, y si te apetece, porque bueno, ya... El centro de esta entrevista es tu trabajo, claramente, ¿no? Eso está por encima de todo. Pero bueno, ya sabes que nos gusta mucho Quique González, y encima habló también de ti, y además ya lleva bastantes años con él. ¿Cómo va la gira de su disco? 

Raúl Bernal: Sí, va muy bien, estamos muy contentos. Son muchas fechas, dos conciertos por semana. Empezó la gira el año pasado, después vino el parón de Navidad. Y desde el fin de semana pasado, que estuvimos tocando, hasta abril, no paramos prácticamente. Estamos muy contentos, porque al final hay una cosa muy bonita entre nosotros.

Además lo habéis pasado francamente mal en la grabación, con aquel contratiempo que es mejor no nombrar. Quique nos confesó que fue desagradable. 

Raúl Bernal: Sí, bueno, aquello se torció, y al final lo  importante es que salió adelante y el resultado es chulo. 

¡Qué ganas de escucharlo en directo! Nos veremos en el Price (así ha sido después).

Raúl Bernal: Sí, sí, pues allí nos veremos, claro. Está todo genial, la banda es especial. Hemos hablado muchas veces con Quique, y hay algo muy bonito con todo el mundo, también el equipo técnico, los músicos… Es algo que es mérito de Quique, cuida de los que estamos a su alrededor y él ha trabajado para disponer de un ambiente muy bonito, nos cuida mucho y la verdad es que la música está presente todo el tiempo. 

Quique es un apasionado de los músicos, él mismo nos lo confesó… 

Raúl Bernal: Sí, a Quique le gusta el rock, tiene un corazón de rock.

Y, precisamente, hablando de rockeros, ya vamos terminando, el disco de 091, tenemos ganas de escucharlo completo (el disco no había sido publicado cuando se hizo la entrevista).

Raúl Bernal: Junto a Lapido llevo más de 20 años. Produje su último disco. Con los 091, pues nada, un poco ahí... Yo empecé a tocar con ellos en el disco “La otra vida” (2019), cuando sacaron el disco. Luego, después del confinamiento, hice algunos “bolos” con ellos. Todo muy bien, somos amigos, y para mí es como una familia. Con José, vamos, cualquier cosa que te diga es poca. Pero, bueno, los demás componentes de 0 (091), el propio José (Ignacio Lapido) Tacho, José Antonio, Jacinto, pues son... Bueno, yo los considero familia. Me propusieron, si quería ir, para intentar remar un poco con ellos. Y bueno, sí, pues los 0 son un grupo hecho y derecho. No vamos a descubrir ahora la pólvora. Las canciones son indiscutibles. En mi cabeza quería que fuera el mejor disco que había escuchado de los 091. Y la verdad que ellos se han dejado aconsejar, no ha habido nada feo en la grabación, no ha habido nada extraño, o sea, han sido muy respetuosos con mi trabajo y yo con el suyo, obviamente, hemos trabajado durante mucho, mucho, mucho tiempo, en el local, luego en el estudio, mezclas y demás. Y ha sido bonito, emocionante, porque al final, esto es lo que te decía al principio, siempre para mí esto es un trabajo, y el trabajo hay que hacerlo lo mejor que pueda y lo más contento que pueda. Y hacerlo bien, pero claro, había momentos que decía, joder, quién me iba a decir a mí que cuando yo escuchaba los discos de los 0. ¡Estaba en el instituto! ¿Sabes? Un colega me pasó una cinta de los 0 y dijo, mira...

Pues algo tienes que tener, Raúl, porque todo el mundo te llama. 

Raúl Bernal: Bueno, tampoco creas que me llama tanta gente. también hay una cercanía y la certeza de que podemos trabajar juntos. En muchos aspectos me parece que es de lo mejor que han hecho y les estoy muy agradecido de que depositaran su confianza en mí. Estoy feliz y encantado, y ha sido un proceso, que, como todos los discos, tiene su parte bonita, su parte frustrante, su parte estresante, su parte de todo, ¿no? Pasamos por todos los sentimientos siempre. Pero siempre gana el decir, joder, pues estamos haciendo una cosa digna y bonita, e interesante que nos sobrevivirá y que podremos escuchar con orgullo y con satisfacción. 

“En muchos aspectos, me parece que el disco de 091 es de lo mejor que han hecho”

Hace unos años, en una entrevista dijiste que la música está más viva que nunca. La que está muerta es la industria, ¿verdad? 

Raúl Bernal: No es que la industria esté muerta, está viva, lo que está muerta es la industria tal y como la conocíamos. Ya no está por la música, salvo reductos que siguen quedando de sello, de oficinas, a las que lo que más les importa es la música. Obviamente todo el mundo tiene que comer y todo el mundo quiere que su trabajo sea remunerado. Pero yo creo que la industria musical potente está para mantenerse a flote. Y se mantiene a flote con las cosas que dan dinero. Y eso está girando a unos derroteros que no tienen que ver con la música. Tiene que ver más con la imagen, con la moda, con el negocio. Al final todo es un negocio. Es que pasa una cosa que es grave para mí. Yo oigo música en Tidal, y lo pago, y estoy contentísimo. O sea, me encanta porque voy de viaje o voy donde sea, y genial. Y lo tengo educado a mi gusto. Pero, un chaval o una chavala que empieza a escuchar música... Te están diciendo todo el tiempo lo que tienes que escuchar. Antes te costaba 10 minutos encontrar un disco en una tienda de música, ¿sabes? Te ponías a desenterrar discos y en algún momento terminabas. Pero ahora, claro, no me puedo empeñar en que mi disco entre en una lista. Aparte de que nunca lo haría, porque no tiene cabida en ese tipo de cosas, ¡la que tienes que formar para situarte en ese sitio, en el que ni siquiera quiero estar. Porque, bueno, eso te remunera en visitas o en visualizaciones y eso te llevará a que cuando vayas a presentarte para el ciclo de conciertos de no sé qué, y eres un artista que no eres conocido, pues lo que van a mirar es cuántas escuchas tienes. Ni siquiera van a escuchar el disco. O sea, yo hace muchos años que no lo hago, pero gente que conozco, compañeros o gente que tiene su proyecto y que sigue intentando sacar la cabeza y cree en ello, y lo pelea, pues, muchas veces, nos cuentan que hay muchas salas que ya directamente no quieren que les pase ni el disco. Prefieren que les pase cuántas escuchas tienes y cuántos amigos y seguidores tienes en las redes sociales.

Pero la belleza de tu EP, por ejemplo, se tiene que abrir paso, por su propio valor.

Raúl Bernal: No nos rendimos, por eso lo seguimos haciendo. Nosotros estamos en otro bando.

Muchas gracias, Raúl, por esta tarde, este rato tan bueno. Ha sido un privilegio estar un rato contigo. Muy pronto te veremos en directo, tocando, que al final es lo que nos hace felices.

Raúl Bernal: Muy bien, pues te lo agradezco mucho. 

Rojo Omega: "Como decía Keith Richards, para saber si una canción es buena, tienes que poder silbarla"


Por: Kepa Arbizu. 

Agazapados discográficamente durante un lustro, la banda Rojo Omega se despereza de ese letargo con un álbum, “Deseo concedido” (Ghost Highway Recordings), pleno de rabia y supurando ritmos descarnados a través de unas heridas que brotan desde lo más íntimo hasta las ejercidas por la presión de un contexto global caótico. Con un pie en el rocoso high energy escandinavo, otro en ese punk-rock con denominación de origen del barrio donostiarra de Buenavista y un aliento de rock and roll clásico, sus fieras composiciones no eluden buscar agilidad por medio de dibujos melódicos. Bajo los mandos de Dani Alcover en la producción, este trabajo significa, más allá del manido recurso narrativo del paso adelante acometido, una exhibición de poderío y contundencia. Valores que no pueden pasar desapercibidos como tampoco su lírica desgarrada, elementos sobre los que charlamos con su compositor, cantante y guitarrista, Bruno Fuente. 

“Deseo concedido” es vuestro nuevo disco, el quinto en una trayectoria de 30 años, lo que delata el alto intervalo de tiempo entre trabajos, ¿esa situación es consecuencia de las circunstancias y disponibilidad o refleja vuestra dedicación a la hora de componer? 

Bruno Fuente: Realmente no es por la dedicación o el tiempo a la hora de componer —que, además, tampoco es que seamos muy rápidos en ese aspecto—, sino sobre todo porque venimos de otra generación. Ahora parece que los grupos, desde el primer disco o incluso el primer EP, ya tienen que pegar el petardazo y tocar en recintos grandes. Nosotros empezamos en el año 96 y estuvimos tres o cuatro años tocando en garitos, incluso saliendo de Madrid y grabando maquetas. En aquella época era carísimo y muy difícil conseguir grabar una. Entonces, solamente desde el 96 hasta el 2001 pasaron cinco años en los que estuvimos simplemente tocando. Luego ya cogimos muy buen ritmo, también hasta el último disco, "Elixir", que salió con un "timing" malísimo, porque se publicó unos meses justo antes del confinamiento. 

Estamos ante un disco que en todos sus aspectos destila rabia y crudeza, y que musicalmente además es vuestro trabajo más potente y rocoso, lo que ha coincidido con varios cambios en la formación...

Bruno Fuente: Sí, la verdad es que no ha sido algo premeditado, pero nos lo está comentando mucho la gente: que hemos subido un punto de dureza, de caña y de crudeza. En este disco es cierto que los cambios de formación seguro que han tenido algo que ver. Han entrado en la banda Klavo y Giralde, que son dos chicos jóvenes, excelentes músicos y mejores personas. Viven por y para la música, y eso ha generado una retroalimentación muy fuerte entre nosotros en el local de ensayo. Y ha debido ser perceptible, ya que la mayoría de las opiniones nos dicen que respecto a "Elixir", este disco es más cañero. 

Supongo que también habrá sido muy importante a ese respecto el trabajo en la producción de Dani Alcóver, ¿el origen de las canciones ya tenían esa crudeza o tras pasar por sus manos incrementaron ese aspecto? 

Bruno Fuente: La producción de Dani es increíble. Es un placer y un honor poder trabajar con alguien así; "Elixir" ya lo grabamos con él, así que entiendo que la naturaleza del disco actual proviene más de nosotros que de él. Más que intervenir mucho en el sonido del grupo, lo que  consigue es llevar a la realidad lo que tú tienes en la cabeza y hacer que todo suene perfecto. Te eleva totalmente las canciones. Además, en este último disco hemos grabado casi todo en directo y, precisamente, Dani utiliza las ayudas tecnológicas para que no tengas que estar pendiente ni pierdas en la ejecución. Es decir, que tú estés tocando con todo el sentimiento y con toda la fuerza, sin estar preocupado por equivocarte, porque si hay una pequeña cosa, él te la puede corregir. Pero, precisamente por eso, este disco suena tan directo, porque está casi todo grabado de esa forma. Aun así, yo creo que el sentido musical del trabajo responde más a nuestra idea, al resultado del local de ensayo, que de la propia producción de Dani. 

En consonancia con ese sonido crudo, tu forma de cantar también ha derivado bajo mayor crudeza, ¿fue fácil dejarse llevar por los ritmos o hubo un trabajo de adaptación a ese tono? 

Bruno Fuente: Tengo la sensación de que ha sido de manera natural la forma en que he adaptado mi voz al estilo de estas nuevas canciones. Me acuerdo que una vez el Indio, dueño del Gruta 77, me decía que mi voz siempre sonaba como muy de niño travieso, de un chico travieso cantando sobre temas muy rockeros, y que eso creaba una contradicción que conformaba nuestra identidad. Es verdad que ahora escucho algunos de los discos del principio y me noto con esa voz muy infantil. Creo que en este disco he conseguido sentirme más a gusto cantando. 

Vuestros ritmos pueden mezclan el punk-rock, con el rock and roll o incluso el pop, pero en este caso parece haber una influencia muy determinante, que es el high energy escandinavo, ¿bandas como Turbonegro, Gluecifer son tan importantes como parecen a la hora de perfilar el sonido del disco? 

Bruno Fuente: A ver, nosotros, para empezar —y por el hecho de cantar en castellano—, siempre nos hemos sentido totalmente deudores de ciertas formaciones. La primera, yo, que soy de La Elipa, de Burning; pero luego también de muchos otros grupos: ya sea Tequila, Parálisis Permanente, Enemigos, Ilegales, Leño o Nuevo Catecismo Católico. Para nosotros eran referencias claras. Uno de mis grupos favoritos siempre ha sido Social Distortion, que es otra referencia muy importante. Y luego están los clásicos: para nosotros el ABC es AC/DC, Black Sabbath, Thin Lizzy, toda esa música nos encanta. Pero es verdad que, por generación, estábamos en una época en la que creo que mucha gente estaba buscando su identidad, y ahí aparecieron todos estos grupos que mezclaban precisamente punk con rock clásico. Y yo creo que a nosotros nos influyeron muchísimo Hellacopters, Turbonegro, Gluecifer, The Hives... toda esta hornada de bandas. 

Lo curioso es que, estilísticamente, siempre nos comparaban con ese tipo de bandas, pero musicalmente yo creo que no se reflejaba tanto. Y en este disco sí que hay dos o tres canciones donde dijimos —no de manera quizá premeditada—: "Oye, si nos llaman high energy, esto va a sonar a high energy".  Yo creo que éste es el disco en el que hemos hecho esto ya de manera consciente: las canciones más heavies van a ser más heavies, las canciones punk van a ser más punk y las canciones más high energy, más high energy. Lo que siempre ha sido una de nuestras debilidades a la hora de avanzar en la música es que no teníamos una definición estilística clara; era como decía Lemmy: «demasiado punk para los heavys, demasiado heavy para los punks». En este disco hemos decidido convertir esa debilidad en una fortaleza y llevarlo al extremo. No sé, creo que en este trabajo nos hemos ceñido más a cada estilo. 

Aunque hablamos de la contundencia del disco, un elemento identificativo de la banda es que pese a la dureza que asume vuestro sonido, siempre hay un espacio muy marcado melódico, ¿para vosotros la canción perfecta es la que sepa buscar el equilibrio perfecto entre contundencia y melodía? 

Bruno Fuente: Absolutamente de acuerdo. A mí siempre me ha gustado ese tipo de composiciones. Somos melómanos y nos encantan todos los estilos de música, pero la melodía es algo imprescindible en una canción. Fíjate que siempre me viene a la cabeza un recuerdo de una entrevista a Keith Richards donde decía que, para saber si una canción era buena, tenías que poder silbarla. Y yo creo que eso es precisamente lo que ocurre con la melodía. Cuando termino de componer una canción siempre intento que pase esta prueba. 

Quizás mi tema preferido del disco sea precisamente el que baja algo las revoluciones, “Rápido”, pero que se alza imponente, ¿para el rock esos medios tiempo siguen siendo una herramienta que bien utilizada son pura pasión y desgarro? 

Bruno Fuente: Pues esto sí que ha sido una sorpresa en cuanto a las entrevistas que estamos haciendo, ahora que nos están empezando a pinchar en la radio. Creo que está siendo la canción que mejor está funcionando, la que más está gustando y la que más está destacando de todas. Y esto a nosotros sí que nos ha pillado totalmente por sorpresa. No era la que teníamos más en mente. A mí es una canción que me encanta. De hecho, cuando la estábamos grabando, Dani Alcover me hizo parar la grabación y la dejamos durante unos meses porque no le convencía. Tuve que reescribir toda la letra y volver a trabajarla pasado un tiempo. Cosa que le agradezco muchísimo, porque me decía que así se iba a quedar como una canción de relleno. Y creo que al final ha merecido la pena trabajarla más. Le ha dado un punto, incluso más maduro y más reflexivo. Verdaderamente, yo estoy muy orgulloso de cómo quedó la letra y muy contento de que la canción esté gustando. 

La portada del disco es obra de un mítico ilustrador como Leviathan, que, de alguna manera, continúa una estética audiovisual vuestra común entorno a la ciencia ficción o el noir, ¿comentasteis con él la posibilidad de mantener esa estética o fue casualidad? 

Bruno Fuente: Trabajar con Leviathan ha sido un honor. Nosotros somos fans de su trabajo; tenemos camisetas suyas desde hace muchísimo tiempo. Además, yo también me dedico al mundo del libro —trabajo en una editorial— y entré en contacto con él para hacer la portada de un libro sobre Chuck Berry. En cuanto se nos planteó cómo íbamos a hacer la portada de este disco —ya estábamos grabando—, para mí no había ningún tipo de duda: tenía que contactar con él y hacerlo con él. Me parece un artista de los que quedan pocos ya. La palabra que mejor le define es "auténtico". Y sí, respondió perfectamente al concepto. Fíjate que en el disco hay muchas referencias a la ciencia ficción. En la canción "Rápido" se utilizan algunas frases de "Fahrenheit 451"; "A cabeza descalza" es una novela de Brian Aldiss de los años 60... Ya solo el personaje de Zoltar de la portada. Eso sí, nosotros se lo sugerimos, pero luego él lo trabajó a su manera y con total libertad. Pero vamos, en definitiva, para nosotros es un honor que nos haya hecho la portada. 

Entre las muchas heridas e incertidumbres que plantean los textos del disco, éstas se manifiestan tanto en un plano social como íntimo, ¿son el reflejo de malos tiempos personales y también globales? 

Bruno Fuente: Respecto a los textos del disco, creo que ha cambiado un poco mi forma de escribir para este trabajo. Antes solía escribir de dentro hacia fuera y utilizaba bastantes clichés de la vida del rock and roll, de la noche y de la diversión. Creo que, a nivel de letras, éste es el disco más maduro. Y, si bien no es un mal momento personal para mí —para nada—, sí que ha sido un periodo muy complicado en lo artístico: con todos los cambios en la banda, los retos y todo ese concepto de renacimiento, destrucción, muerte y volver a empezar que atraviesa el disco. 

También es verdad que es la primera vez, en la historia de Rojo Omega o en la mía como escritor, en la que me han influido mucho los temas globales y los asuntos que vienen de fuera, incluso algunos muy personales. "Imparable", por ejemplo, habla del bullying que sufrías en el colegio cuando eras un poco más rarito. Me acordaba mucho de cómo me marcó escuchar aquella frase de Leño —"es solo una canción y me siento mejor"— y de cómo la música puede salvarte de situaciones desagradables. "Rápido" habla más de la sensación de extrañeza que nos produce a mucha gente de nuestra generación cómo es ahora la sociedad o cómo funcionan las cosas. Y "La revolución", que fue la última letra que escribí, es curioso porque hace dos años jamás me habría imaginado que hoy tendría tanta vigencia viendo lo jodido y perdido que está el mundo. 

También retratas en algún momento a la música como ese refugio para los que se sienten diferentes, ¿es la sensación que despierta en ti la música? 

Bruno Fuente:  Efectivamente, frente al caos que nos rodea está el arte y la música como vías de escape; es un poco lo que te comentaba antes. Y esto enlaza también con el tema de "Imparable". Aquí hay bastante de autobiográfico. En la época del colegio, los niños un poco más raretes o más sensibles muchas veces nos sentíamos apartados o excluidos de los rituales de la masa. Al final, en mi vida el gran asidero fue —junto a un amiguete que tenía— la música y el arte: escuchar discos, hablar de pelis... Eran otros tiempos, pero fundamentalmente para mí fue una auténtica tabla de salvación. 

Ese caótico paisaje social, por medio de un tema como “Rápido”, también aparece enunciado por algoritmos y pantallas digitales, ¿lo que nació como una forma de democratización se ha convertido en nuevas esclavitudes? 

Bruno Fuente: Totalmente de acuerdo con lo que dices, es contradictorio que algo que sirve para tener más información derive en eso..  Yo recuerdo, por ejemplo, la canción "Black Betty", la versión de Ram Jam, me pasé años desde que la escuché una noche en un garito hasta que descubrir de qué grupo era. Ahora está todo al alcance de un clic y creo que, al final, nos hemos convertido un poco en esclavos de esto. Cada vez que me sale el tiempo de uso del teléfono móvil a la semana me doy cuenta de que va a llegar el momento de tomar decisiones. Y luego, con el tema de los usos de la inteligencia artificial, más que un futuro distópico, casi vivimos ya un presente distópico. Por eso creo que encaja tan bien el uso de tantos elementos de ciencia ficción en este disco. 

Y por acabar como empezamos, “Deseo concedido” es vuestro nuevo disco, ¿cuál es el deseo que te gustaría que se cumpliera, tanto para la banda como para el oyente que se acerque a este disco? 

Bruno Fuente: ¿Qué deseo me gustaría que se cumpliese para la banda? Claramente, volver a las raíces: disfrutar de la música, de los ensayos, de los conciertos, de las composiciones y de la pureza de la música.  En los peores momentos de la banda, lo que más rabia me daba era tener que dejarlo con una sensación de mal rollo. Para mí esto ha sido —y es— una parte fundamental de mi vida. Y si algún día tengo que dejarlo, quiero hacerlo como decía Hunter S. Thompson: totalmente lleno de moratones, cicatrices, derrapando, con la ropa rasgada y diciendo: "Joder, qué bien me lo he pasado". 

Y para el oyente, lo que me gustaría es que lo pase bien y que disfrute de canciones hechas desde las entrañas, sin artificios, sin pretensiones. Algo así como una botella de náufrago que ha atravesado el tiempo: algo totalmente ajeno a la industria y hecho con mucho corazón. Que lo disfrute y que lo sude.

Nudozurdo, una pasión eléctrica


Sala Copérnico, Madrid, Sábado 21 de febrero de 2026. 

Texto: JC Peña. 
Fotografías: Jorge Bravo Crespo “El Gurú”.

Juzgándolo con la perspectiva que da el tiempo, puede sostenerse que “Tara Motor Hembra” es la obra maestra de Nudozurdo, una de las bandas más singulares -si este adjetivo sirve de algo a estas alturas- de las que ha dado este país en lo que va de siglo y más allá. El disco, que ha envejecido envidiablemente por la calidad de su material y la sobriedad de su sonido, se ha reeditado recientemente en doble vinilo. En tiempos en que se conmemora casi todo, tenía sentido que la formación liderada por Leo Mateos celebrara su quince cumpleaños casi exacto junto a su público. Un público mayoritariamente veterano, aunque con alguna incorporación juvenil. 

Al vocalista y compositor le acompañaban Jorge Fuertes (batería), Meta (bajo) y César de Mosteyrin (guitarra), los músicos que grabaron aquel trabajo que tendía puentes entre la estética underground y un pop alternativo de mayor alcance. Ello daba más valor al evento, cuyo repertorio fue completado con material de la misma inspirada época. La buena acogida de “Tara…” tuvo su resaca. En años posteriores Nudozurdo trataron de ampliar su recorrido comercial. Si no lo consiguieron es porque seguramente ese público no exista. Sus canciones son demasiado oscuras y personales para el gusto mayoritario. Pero ésa es otra historia. Ha llovido desde 2011, pero la melancolía acecha si uno hace comparaciones. La economía es un chiste aún más malo que el de entonces, los políticos son peores que nunca (incluyendo aquellos que se disponían a redimirnos), y en cuanto a la música, el mainstream centrifugado por las plataformas es una fórmula dictada por algoritmos. Muchos conciertos y festivales se han convertido en artículos de lujo, de modo que los dieciocho euros que costaba el evento sonaban a ganga. En tiempos de inflación generalizada, este gesto les honra. 

“Llega la segunda parte de 2011”, soltó un lacónico pero agradecido Leo. La distopía no estaba tan lejos, sólo que es mucho más cutre de lo que pensábamos porque, entre otras cosas, no hay coches volando, aunque sí aplicaciones que permiten reservar un taxi. El tiempo ha hecho de las suyas, sí -la cabellera rizada de Leo, como la de tantos otros, ha desaparecido-, pero el tercer disco de Nudozurdo se mantiene incólume, como comprobamos al meternos de lleno en un ejercicio pletórico de tensión, electricidad, atmósferas turbias y, finalmente, emociones a flor de piel. 

Pronto, mis reservas ante estos conciertos “de disco” se quedaron en prejuicios. “Tara Motor Hembra” es uno de esos LPs agradecidos al ser tocados de arriba a abajo, precisamente porque dan más en su integridad. Un álbum tan elegantemente clásico como lleno de aristas que bucea en el lado oscuro del sexo, la atracción y el amor: complejidades adultas casi inmanejables para la sociedad infantilizada y elemental en que hemos degenerado en tiempo récord. 

No es que no hubiera singles en aquel trabajo editado por Everlasting: la poderosa “Prometo hacerte daño” ha quedado como un clásico del grupo, así como la sublime y catártica parte final, y algún otro corte como “Prueba/Error”. En ningún otro disco han combinado con tanto acierto visceralidad con melodía, y el público lo sabe, o mejor dicho, lo siente. Copérnico se les quedó pequeña y desde los primeros compases de guitarras y batería de “Golden Gotelé”, la banda atacó su obra capital acomodándose al ambiente eléctrico de un público ganado de antemano, pero sin reservas ni concesiones a la nostalgia de la que tantos viven porque no tienen otra cosa que ofrecer. 

Entre los mil turbios recovecos del LP interpretado en vivo hubo momentos expansivos, porque hay material que lo permite y demanda, dentro de ese territorio suyo tan propio en que hacen convivir rock fibroso de origen post-punk, kraut, indie y ambientes psicodélicos. El sonido, pilotado por el técnico Karim Burkhalter de los estudios Reno, superó la acústica no muy agradecida de la sala. En el haber, una banda engrasada y cómplice que parecía llevar tocando desde que grabó el disco. Un pequeño debe: la batería de Jorge me sonó demasiado seca, y las guitarras de Leo y César desaparecían por momentos sepultadas por sus interminables cadenas de pedales. 

No son argumentos suficientes para enmendar una actuación impecable que desembocó en la pura emoción de “El diablo fue bueno conmigo” (¿la canción más inspirada de todo su repertorio?). Tras un breve intervalo, Leo y sus músicos regalaron cuatro temas más de aquella época, incluyendo la odisea kraut “Dana” y “Cementerio de errores”. Leo interpretó en solitario “Hasta que se parezca”, y la banda al completo culminó la velada con la hipnótica y brillante “Chico Promo”, también de “Ultrapresión”, el EP que sirvió de epílogo al disco que celebraban. 

De igual modo que sucedió en los noventa con la brevísima explosión de la música alternativa de guitarras en Estados Unidos, quizá hubo quien pensó hace tres lustros que Nudozurdo iban a ser capaces de llegar al gran público de este país tan ingrato. Fue un bonito espejismo, seguramente ingenuo, visto lo visto. Sin embargo, su obra más distinguida permanece con todo su veneno intacto, brillante recordatorio de que el arte debe ser peligroso si quiere trascender el mero entretenimiento con fecha de caducidad. En su aniversario, sus artífices transmitieron el mensaje a base de pasión eléctrica y emociones no impostadas. Las únicas que pueden y merecen perdurar. Al resto le queda Bad Bunny.

Handsome Jack: “Barnburners!”


Por: Kepa Arbizu. 

La historia del rock and roll es también la de un espíritu en combustión, una reiterada oda a los instintos primarios enunciada a través de ritmos vertiginosos. Un escenario donde el fuego, lejos de su carácter purificador, se presenta como idioma predilecto con el que dar voz a las pulsiones febriles, un elemento conjugado por las icónicas voces de Jerry Lee Lewis o Jimi Hendrix, o transformado en sustancia elemental de ese infierno al que nos destinaban Barón Rojo. Portavoces, entre otros muchos, de un flamígero relato que se niega a convertirse en un terreno yermo incapaz de gestar nuevos sucesores incandescentes. Puede que como anuncian los necrológicos discursos, su llama no tenga el vigor necesario para propagarse como antaño entre las venas de la cultura popular, pero todavía hay ejemplos extremadamente aptos, como lo es la nueva publicación de Handsome Jack, “Barnburners!”, para prender una mecha con tal vehemencia que nos incite a bailar alrededor de su hoguera. 

Procedentes de Nueva York, o por lo menos en lo que respecta a Jamison Passuite, figura principal sobre la que orbita la existencia del proyecto, sin embargo su sonido está fuertemente vinculado al arraigo sureño, denominación para un consistente y rotundo maridaje entre aquellos géneros relacionados con los orígenes y desarrollo del sonido americano clásico. Una ubicación inspiracional que les ha definido durante los más de diez años de singladura, haciendo de su actual  álbum probablemente la cúspide de su creatividad, equilibrando a la perfección una cruda expresividad y el rango emocional de dicha narración sonora, logrando que su invocación a ese lenguaje de las llamas sea igualmente un homenaje al fervor pasional.

Sin que haya dudas en cuanto al papel del blues como eje vertebrador del -desde hace años- trío, donde el liderazgo de su guitarrista y cantante aparece flanqueado por Joey Verdonselli y Bennie Hayes, etiquetar a la banda alrededor de un solo género, por muy prominente que éste sea en su idiosincrasia, sería debilitar el verdadero armazón del que está hecha su estructura. Aclarado lo cual, y especificado que hay en el manejo de la distorsión y en el tradicional lamento interpretativo valores identificativos, escuchar “Polly Molly” significa estar ante un descomunal ejercicio de estilo que nos traslada al repertorio de T-Bone Walker o Elmore James, sinónimos de la crudeza eléctrica puesta al servicio de una doliente armonía. Y es que la filiación con las luminarias del género “luciferino” no acaba ahí, de hecho su pasión por la escuela de Chicago, encarnada en Freddie King, Junior Wells o Luther Allison, es manifestada de forma reiterada a lo largo del repertorio. Sea a través de ese característico trote perezoso con el que avanza “It’s Only Business”, o con el paso de boogie emplazado en la dinámica “Do It! To It!”, también gracias a un portentoso manejo de los coros esgrimido en diversas piezas, el blues canónico, que no mimético, se encarga de desplegar algunas de las -muchas-virtudes de un trabajo que hace efectiva esa siempre anhelada máxima artística de convertir lo complicado en aparentemente sencillo. 

Aunque no es difícil, también porque en ningún momento la formación trata de ocultarlo, rastrear la huella sonora de la que parten, la elección de versionar el tema de Tony Joe White, “ Polk Salad Annie”, una de las majestades del swamp, ese subgénero sumergido bajo los pantanos, supone desterrar cualquier incógnita, y más todavía si observamos como dicha traslación hacia su imaginario particular llega tras pasar por el cedazo de Blue Cheer, confluyendo así varias raíces cenitales del proyecto. Herencias que no dejan de brotar según se va deshojando el disco, haciendo que, casi a modo de llamamiento desde el pasado, el galope rockandrollero de Chuck Berry pida su cuota de responsabilidad en “Let’s Go Downtown” mientras las bases rítmicas agitadas identificativas de Bo Diddley hacen de guía en una “Tonight We Ride” que cruje apoteósica, tomando prestado esa distorsión casi bizarra utilizada por Guitar Slim, presencia decisiva para los posteriores próceres del ruidismo. Una elogiosa pirueta de la banda para, desde el presente, trasladarse justo a ese instante donde las lecciones de los clásicos iban a dar paso a las celebridades que alumbrarían los años setenta. 

Dice la mercadotecnia, y en realidad también el sentido común, que un disco debe buscar en su inicio y final dos de las cotas más altas y representativas de su repertorio. Una lección que este trabajo sigue a rajatabla, porque si la inauguración con el tema titular es precisamente una representación de ese espacio indeterminado donde sabe hospedarse la banda, tan cerca del dibujo eléctrico de Howlin’ Wolf como del groove de The Paul Butterfield Blues Band, su colofón ejemplifica con excelencia esa recomendable fórmula de clausurar un repertorio con una tonada que alargue su sustancia en nuestra memoria. Un placer encomendado a “Ghost Woman “, majestuoso ritual eléctrico e hipnótico patrocinado por Jimi hendrix o Gov’t Mule, lo que traducido significa un extraordinario lugar de encuentro donde citarse una envolvente electricidad y el estremecimiento sensible. 

“Barnburners!” se presenta como un disco tan perfecto que incluso su título reproduce una ágil y repetitiva sonoridad, lo que en el ámbito literario se denomina paranomasia. Pero lo más representativo del nombre encomendado a esta magnífica colección de canciones es su poder simbólico, porque la labor de pirómanos de graneros asumidos por este trío es el reflejo de su poder para prender una tremenda combustión a partir del arraigo de los sonidos tradicionales. Compartiendo con la figura de Atila su atronador paso, sin embargo, al contrario que aquel Rey de los Hunos, el rastro dejado por Handsome Jack no impide el crecimiento de la hierba, sino que sus ascuas se perciben rebosantes de vida y dispuestas a la procreación artística.



Luis Fercán: un encuentro compartido entre cerezos


Sala Luis Galve del Auditorio, Zaragoza. Viernes 20 de febrero de 2026. 

Texto y fotografías: Javier Capapé. 

La vida se reduce a encuentros compartidos. Necesitamos relacionarnos, entrelazar nuestras historias, sentirnos acompañados. Y esto es lo que precisamente vivimos en cada uno de nuestros encuentros con Luis Fercán. Porque sus conciertos son acercamientos mutuos donde siempre nos sentimos acompañados por la sensibilidad de sus delicadas composiciones. En lo que dura un concierto del santiagués saciamos plenamente nuestra alma y, sobre todo, compartimos vida. Brota de sus canciones y la hacemos nuestra. Es un diálogo que sana desde la intimidad que nos brinda una sala o un teatro donde todo el foco queda dirigido en la dirección correcta, sin distorsiones.

"Cerezos en Flor" acaba de empezar a andar. Hace apenas veinte días salía a la luz y el pasado viernes Fercán comenzaba su gira de presentación en la ciudad de Zaragoza, dentro del marco del festival Inverfest. Durante esta semana, Santiago va a inundarse de su música en "os cinco de sempre", cinco locales donde presentará estas fantásticas canciones entre el martes y el domingo, con todas las entradas agotadas. Parecía lógico empezar la gira en su casa, pero por caprichos del destino fue en Zaragoza donde estrenó estas canciones y puso la primera muesca en el largo camino que comienza con esta nueva etapa en la carretera. Una gira que se presenta cargada de fechas, consolidando a este artista paso a paso y con firmeza. Estamos seguros de que "Cerezos en Flor" le va a traer muchas alegrías al gallego, y lo vivido en el concierto de presentación en Zaragoza nos dio buena muestra de ello.

Como privilegiados de excepción, partíamos de haber compartido previamente un café y unas palabras con Luis antes de entrar en la austera sala Luis Galve del auditorio zaragozano. Desde el Giradiscos sabíamos que el concierto iba a ser importante. Intuíamos su magia, como cada vez que le hemos visto en esta tierra. De hecho, no nos hemos perdido ninguno de sus bolos por aquí hasta la fecha y siempre ha colmado nuestras expectativas con creces. El reto en esta ocasión era ver cómo funcionaba su propuesta en la sala de un auditorio, que se presta más fría que las paredes de un local como la Rock and Blues, habitual en sus últimas visitas a la capital maña, así como decidir qué canciones de sus anteriores trabajos dejaba fuera del repertorio, ahora que empieza a acumular un número nada desdeñable de temas imprescindibles. Pero desde luego que Luis Fercán supo cómo lidiar con esto a la perfección. El hecho de que la sala Luis Galve no estuviera llena y Luis se encontrase en un gran escenario en el que le veíamos demasiado solo y algo lejos de su público no fue un impedimento para que se crease ese ambiente de intimidad que siempre logra. Acortó distancias y nos volvió a interpelar con sus sentimientos más crudos y desnudos en forma de canción. 

Los temas de su más reciente disco condujeron la velada. Ocuparon el grueso del concierto, que una vez más se hizo demasiado corto. Porque cuando algo se siente de veras, cuando te dejas llevar por cada verso como si estuviera saliendo de tu boca, el tiempo se detiene y todo lo que queda fuera de esa comunión hecha música deja de importar. Eso es lo que provoca Luis Fercán cuando se mueve, como queriendo contener sus impulsos, encima de la alfombra que le sirve de hogar desde el que soltar sus infalibles dardos emocionales en sus conciertos. Cantó con una intensidad contenida "La niebla" para abrir la velada, seguida de la pastoral "Frexulfe". Nos faltó en ambas el aporte del fliscorno que tanto nos seduce en sus versiones de estudio, pero Luis se presentaba solo, sin banda ni tampoco mano a mano con su inseparable Nacho Mur. Muchos de los conciertos de esta gira van a ser así, solo a guitarra y voz, pero con esas armas Fercán levanta templos y, sinceramente, no necesitamos nada más. La esencia pura.

"El año que cambiaste el tiempo" la presentó como una reflexión sobre la manera en que discurre el mismo según lo sintamos como bueno o malo. Y es que estas canciones también hablan del poder de lo efímero, algo que salió a relucir en "Fue como entender el mar", la primera que compuso de este disco. Algunas de las más desnudas de su repertorio, como la delicada y breve "Airecillo", el bolero desgarrado "Color Miel" o la evocadora "El Palmar", nos recordaron esa joya de su discografía que fue "Canciones Completas desde una Casa Vacía", el disco en el que más se detuvo de sus lanzamientos anteriores, dejando claro que el espíritu y sonoridad de aquellas canciones es la que más le define y la que, de alguna manera, mejor casa con las nuevas composiciones de "Cerezos en Flor". Con "Casas de apuestas" entramos en un pozo, como él mismo nos dijo, pero recuperamos la energía y el vuelo con "El otro lado", que sonó igual de convincente a pesar de echar de menos esos coros y ese aroma a banda que destila en su versión original.

Algo que llamó mucho nuestra atención en su anterior gira era la sonorización con un único micro de ambiente, que tenía el don de transformar con gran personalidad los matices de las canciones. En este caso, y debido al recinto en el que nos encontrábamos, era algo imposible y hubo que utilizar micros, así como conectar la acústica que se colgó al cuello la mayor parte del tiempo. Aún así, no se perdió el ambiente íntimo que genera la sonorización al aire y en unos pocos temas recurrió a la misma con muy buenos resultados, pues la guitarra es de esta manera como se siente más libre. La ya mentada "Color Miel", en la que se detuvo con gran acierto en los silencios, "Me estoy contradiciendo", con sus formas más ligeras, y "Esta vez", recurrieron a este sonido más puro. Y fue en ésta última en la que confesó que quería buscar de forma intencionada cómo escribir sin usar estribillos, luciendo una letra de la que se siente muy orgulloso.

Como siempre en esta ciudad, no pudo prescindir de tocar "Ella", aunque dijo que probablemente no sonase más en su gira, pero nos sorprendió por la forma en la que moldeó su estribillo, pasando de la energía más intensa en su primera vuelta a la calma más plácida y sugerente en la segunda. Ya solo quedaban su particular road-song "Busco", en la que nos habla de ese sueño que está viviendo de no parar de hacer canciones y rodar, la sensual "110", y la preciosista "Cristales", que cerró el concierto representando mejor que ninguna otra el carácter de su disco más reciente y quizá el más vivo. Un álbum que muestra sus contradicciones y dualidades, su dolor y entusiasmo, así como el aprendizaje de la soledad, algo que todos los que nos reunimos alrededor del fuego que desprende su carismática voz constatamos y compartimos con el corazón en un puño y las lágrimas contenidas en más de un momento. Pero como ocurre siempre que le escuchamos desde la verdad que aporta un escenario, salimos con el alma renovada y deseosa de que los brotes de los cerezos de nuestra pequeña parcela de vida se conviertan en flor y nos tiñan de color.

Puedo asegurar que Luis Fercán se fue de su primer concierto de este round más que agradecido por la acogida tan respetuosa de un público que cada vez entiende mejor su personal propuesta. La cantidad de seguidores que se acercaron al terminar para pedirle un autógrafo o darle un abrazo de agradecimiento dio muestras de haber constatado nuevamente el poder de una música tan honesta como necesaria. En estos acelerados tiempos necesitamos un remanso de paz para reconectar con nosotros mismos y concedernos tiempo, algo tan preciado y vital. Las canciones de "Cerezos en Flor" son buen ejemplo de ello y el camino que ahora emprenden a lo largo y ancho del país de la mano de su autor será el mejor regalo que podamos concedernos para volver a ser nosotros mismos, aunque sea por un instante. Un instante breve pero eterno al mismo tiempo.

Tigre y Diamante: “Somos una banda muy auténtica que canta lo que siente”


Por: Javier González. 

Mantener un rato de charla con la gente de Tigre y Diamante es siempre algo a celebrar. Hablan alto y claro, casi tanto como lo hacen en sus canciones, tal y como vuelven a demostrarnos en su nuevo disco, “Estafa Piramidal”. Once composiciones reconocibles donde a su habitual querencia por el ruido añaden un componente más pop, jugando con las capas y los teclados, hilando fino para dotar de matices a unas letras en las que no pierden ni un ápice de pegada, crudeza y capacidad crítica, elementos que sumados a la ya habitual sorna malencarada que les caracteriza, hacen de esta obra un auténtico caramelo envenenado dentro del underground patrio.

Encantados ante esta nueva dosis de incorrección y mordacidad que regalan los asturianos, nos pusimos en contacto con Coke Makaha para que nos hablara un poco más de cerca de estas canciones. Evidentemente el resultado de la conversación  volvió a ser de categoría, dejando claro que la lucidez con que firman sus discos también les acompaña de manera habitual en el día a día.

Os dejamos en manos de una de las grandes joyas ocultas que esconde nuestro pop-rock. Un consejo, no esperes a que te lo cuenten, descubre por ti mismo sus puñetazos sonoros y caerás preso de una extraña adicción por estos macarras de buen corazón y mejor gusto.

Hace un par de años tuvimos la oportunidad de hablar con vosotros en el marco de una entrevista mítica, fue con motivo de la publicación del genial “Actitud Ganadora”. Me apetece comenzar esta charla con una mirada atrás. ¿Qué supuso para vosotros un trabajo como aquel? ¿Tenéis la sensación de que habéis entrado en una nueva categoría en cuanto a repercusión se refiere gracias al mismo?

Coke: Después de “Actitud Ganadora” se notó el cambio, tanto a nivel compositivo como de banda, donde pasamos a ser hasta seis músicos en estudio y sobre el escenario. El público lo recibió muy bien, vendimos bastantes vinilos, cosa complicada hoy en día. Hay veces que no percibes los cambios en la banda, pero tanto Jon como yo vimos que había más gente en los conciertos y más escuchas en las plataformas. 

“Nos gusta jugar con el doble significado de las palabras” 

El nuevo trabajo lleva por título “Estafa Piramidal”, corto y directo, quizás aludiendo a este mundo plagado de espejismos detrás del cual parece haber un plan siniestro por parte de las élites para fastidiar al ciudadano medio. ¿Van por ahí los tiros? 

Coke: Tienes bastante razón, ya sabes lo que nos ocurre, tanto a Jon con las letras como a mí con títulos de las letras, tendemos a sacarlos de frases o cosas que escuchamos por la calle y nuestro círculo cercano. “Estafa Piramidal” viene de eso, ante una situación que ha empeorado con respecto al momento en que grabamos el disco y pusimos el nombre. Nos gusta jugar con el doble significado de las palabras, en este caso puede ser positivo o negativo, siempre jugamos con esa dicotomía. 

Sabemos que la paleta sonora de la banda es amplia, algo que queda recogida en este álbum que tienes muchas caras, pero si os digo que por momentos me ha parecido vuestro trabajo más pop, eso sí un pop de guitarras. ¿Cómo se os queda el cuerpo? ¿Estáis de acuerdo con la afirmación? 

Coke:
La banda sigue sonando a Tigre y Diamante, pero es verdad que “Actitud Ganadora” era más afilado y crudo en cuanto a sonido. Ahora hay más capas y teclados, ruiditos que digo yo, por eso a la gente le parece más pop. Cuando hacemos las canciones nunca pensamos premeditadamente qué hacer, directamente hacemos lo que sale. Jon llega con una idea de canción, el bajista mete su ritmo y yo el mío, si vemos que la composición sale rápido, seguimos trabajando con ella, de lo contrario, la desechamos. Estoy de acuerdo que este disco es más pop, por decirlo de alguna manera, más mainstream que el anterior. 

Lo digo por ejemplo pensando en canciones como “Albino busca sexo” que suena descaradamente ochentera, totalmente a New Order, vamos. ¿Teníais ganas de seguir investigando las amplias posibilidades sonoras que ofrece el pop-rock? 

Coke: Puede ser que suene a New Order. No somos nada talibanes, menos para la música. Nos pasa cuando pinchamos, tenemos una paleta muy abierta, algo que aplicamos a nuestras canciones. Si algo nos viene a la cabeza, trabajamos sobre ello. Nadie nos ha dicho que sonemos a menos garaje ni punks. “Albino busca sexo” es un tema pop, un medio tiempo, pero nos sale natural. De hacer siempre lo mismo, Tigre y Diamante ya no existiría. Esta es una de mis canciones favoritas del disco. 

“La escena indie me parece una auténtica farsa” 

De lo que no cabe duda es que vuestras letras siguen siendo muy personales, críticas y socarronas, ásperas, a veces crudas y sonando en ocasiones “peligrosas”. ¿Os da la sensación de que el rock que hoy se factura, salvo honrosas excepciones es demasiado “blando y blanco”, buscan el aplauso fácil y el estribillo “coreable llena estadios”? 

Coke: La escena actual a nivel de indie, donde nos podríamos englobar, me parece una farsa, una auténtica “Estafa Piramidal”. Cuidado, la gente puede cantar y tocar lo que quiera, aquello que les parezca bien, pero pienso que las letras de Jon son totalmente auténticas, ciertas. A veces nos autocensuramos un poquito, un mínimo, pero, como dice Jon, al final la letra te viene como te viene y no puedes cortarla porque no tendría sentido. Echo de menos bandas que se mojen y sean auténticas. Es algo que les digo a los colegas en broma, pero muy en serio en el fondo, nosotros tenemos una edad, pero somos una banda muy auténtica que canta lo que siente, dice lo que piensa y no se guarda prácticamente nada en el bolsillo.

Un buen ejercicio del estilo Tigre y Diamante lo perpetráis en “Los asesinos de tus hijos”, la cual parece dedicada a todos esos hijos de mala madre que se empeñan en que el mundo cada vez sea peor. ¿De qué forma surgió concretamente este tema, tanto en lo musical como en lo relativo a la letra? 

Coke: La letra de Jon es súper clara, una crítica a muchas cosas. A la gente que nos dirige y a cómo está establecida la sociedad. Teníamos clara la letra, básicamente porque era una puta maravilla, pero es verdad que metí un ritmo más seguido, al principio la tocábamos más cercana a “Albino busca Sexo”, pero esta modificación quedó de maravilla. Allí mismo, en el estudio, alargamos más la canción, sacamos más estrofas. Es una crítica a cómo está establecido el mundo hoy en día, nos toca vivir en él, pero no nos emociona. 

“Creo que “Soy Adicto” es un tema peligroso” 

En “Soy Adicto”, os rodeáis de parte de la aristocracia de la música asturiana, contando con Igor Paskual y repitiendo colaboración con Nacho Vegas, en una canción que muestra la parte oscura que todos encerramos. ¿Por qué pensasteis en ellos para esta colaboración? ¿Qué han aportado al tema? 

Coke: Tanto Nacho como Igor son colegas nuestros, algo que a la hora de colaborar es primordial. Colaborar con alguien que no conoces me parece muy frío. Jon les enseñó la canción a ambos y le dijeron que era un tema que les hubiera gustado hacer. Finalmente colaboraron. La parte musical está cantada individualmente y luego por los tres. Mola mucho como cada uno la lleva a su terreno. Nacho la retiene más e Igor la hace más sensual. Es una canción que está gustando mucho a la gente. Es un corte peligroso. “Adicto” se puede ser a muchas cosas, también buenas, aunque la gente la toma por el lado mal casi siempre. 

La ya mencionada “Soy Adicto”, “Minutos musicales” y “Quieres ser mi amigo”, marcan la santa trilogía que muestra todo vuestro potencia como creadores crudos y viscerales. ¿Qué otras bandas del panorama consideráis que se mueven por una vereda similar a la vuestra? 

Coke:
Escucho mucha música actual: Carolina Durante, Alcalá Norte y Sanguijuelas del Guadiana, grupos que me gustan bastante. También sigo escuchando Surfin Bichos, una de las mayores fuentes para nosotros, Los Planetas, ya que venimos del Indie. Joaquín Pascual que es amigo nuestro, nos encanta lo que ha sacado ahora nuevo, y qué te voy a contar de Mercromina. Es cierto que echo de menos una banda de chavales de veinte años…hay cosas interesantes como el diablo de shanghai… pero echo de menos a jóvenes haciendo letras sin censura, al estilo de Fernando Alfaro. Cuidado, con esto no digo que las bandas hagan las letras deliberadamente para vender, hay algunos que sí lo hacen, otros no, que para mí es lo fundamental, hacer música sin cortapisas. 

No son las únicas colaboraciones del disco, también contáis con Srta. Trueno Negro, Tania Pereira y Milana Bonita. ¿A qué se debe este espíritu “Operación Triunfo” que os ha invadido? 

Coke: (Risas) No sé. No lo había visto así. Somos muy buena gente y tenemos muchos amigos, cuando decimos que colaboren con nosotros nos dicen que sí, no conozco a nadie que haya dicho que no. Natalia de Srta. Trueno Negro es como si fuera nuestra hermana. Milana Bonita son de Gijón, colegas nuestros. Nos gusta ayudar a otros, igual que han hecho con nosotros. Tiene que prevalecer las buenas canciones y la ayuda entre músicos. Somos de hacer feliz a la gente con nuestra música. 

“Ilegales ha sido la banda más influyente que ha dado Asturias” 

El final del disco me ha sorprendido bastante, “Los lunes no te quiere nadie”, con su aire lo-fi, y “Contigo”, un tema más pop y quizás más plenamente narrativo. ¿Debemos tomarnos ambos temas como una declaración de intenciones para hipotéticos próximos pasos de la banda? 

Coke: No, rotundamente no. Nosotros solemos hacer discos de diez canciones, pero en este caso son once. La colaboración con Milana Bonita se hizo después de haber grabado el disco. Mi idea era acabar el disco con “Ámame de viernes” y “El lunes no te quiere Nadie”. Me hacía gracia. “Contigo” se grabó después porque era diferente, más pop, pero no significa que el próximo disco, en el que ya estamos trabajando, vaya por ese lado. 

Observo que en el disco hay referencias a bandas como Carolina Durante y Hombres G, también a personajes tan detestables como Giorgina y al insufrible de Vinicius. ¿Cómo va la plataforma de afectados por las letras de Tigre y Diamante? ¿Crece a buen ritmo? ¿Podéis seguir saliendo por las calles de Gijón tras “Arte y moda en Gijón”? 

Coke: Sí, podemos, podemos. Hay alguna historia que te contaré en persona, pero no hay tantos afectados. Nos gusta el sarcasmo. “Arte y moda en Gijón” habla de cómo funciona Gijón, algo que también ocurre en otras ciudades. No soportamos a Georgina ni a Vinicius. Soy del Sporting de Gijón y del Ceare. Si fuera del Madrid sería partidario de que Vinicius se fuera del club. Incluirles se nos ocurrió directamente en el estudio. Carolina Durante son unos fenómenos, son colegas y les teloneamos en Gijón alguna vez. Y con Hombres G no hay problema, simplemente que encaja bien en la canción. 

“Jorge Martínez seguirá siendo el jefe por siempre” 

Hace poco más de un mes que el rock nacional sufrió las pérdidas de Robe Iniesta y Jorge Martínez, sabemos que con este último teníais cierta relación. ¿Qué supone para el rock astur la muerte de un mito de su calado? 

Coke: Y seguirá siendo el jefe por siempre. Robe no nos toca, lo sentimos, pero lo que de verdad nos tocó fue la muerte de Jorge. Parto de la base de que Ilegales ha sido la banda más importante e influyente que ha dado Asturias, no creo que vaya a haber banda en un futuro que vaya a superar lo hecho por Ilegales. 

Siempre le digo a todo el mundo que los tres primeros discos de Ilegales son una fotografía de lo que fue la reconversión en Asturias. 

Coke: Sí, sí. El otro día estuve pinchando sonaron “Revuelta Juvenil en Mongolia”, “Soy un Macarra”, “Europa ha Muerto”, canciones de los ochenta que hoy son vigentes. Eso es jodido, seguir de moda. Nuestra relación con Jorge viene de largo, compartimos sello en Astro y Ataque. Cuando arrancamos Jon y yo recuerdo que llevaba una batería muy básica, dos platos, una caja, bombo y base. Jorge, que en paz descanse, me decía “tienes que poner un charles, para llevar a la banda enganchada”, personalmente pensaba que siendo dos solamente nos hacía falta. Al ir incluyendo más instrumentos y gente decidí ponerlo, me decía “hiciste caso” y yo respondía “para no hacerlo, lo mismo me pegas” (Risas). Te voy a contar otra cosa más. Jorge y mi padre tocaban en grupos antes de que se formara Madson. El caso es que mi padre dejó embarazada a mi madre, los dos tenían 17 años, pues precisamente en aquel momento Jorge invitó a mi padre a tocar con él, pero no pudo unirse por el embarazo. Le dijo que iba a dejar la música para estudiar y centrarse en las oposiciones, finalmente aprobó y sacó la plaza para ser profesor de dibujo técnico. No perdió la pasión por la música nunca, de hecho, mis primeras bandas fueron junto a él. Te dejo todo eso para que veas la relación de Jorge con mi familia y también con Tigre y Diamante. 

En nuestra anterior charla hablábamos de las dificultades para girar en un país como el nuestro. ¿Qué planes tenéis de cara a la gira de presentación de “Estafa Piramidal”? 

Coke: El disco lo presentamos en Gijón en diciembre pasado en dos fechas en la sala “Código 23”. De cara a este verano tenemos cerrado Sonorama, tengo noticias de algún festival más, aunque todavía no están cerrados. De cara a después del verano nuestra agencia está trabajando para una gira por todo España en salas pequeñas. Sed sinceros. 

Sois una banda cojonuda, plena de actitud y con un buen puñado de canciones que merecerían ser conocidas por un público más amplio. ¿Da un poco rabia no poder romper esa barrera? 

Coke: Sí, pero el mercado está así establecido. Nosotros hacemos lo que nos sale y nos gusta. Ha habido posibilidades de hacer colaboraciones, pero nos hemos negado a algunas cosas. Ojalá llegáramos a más gente y dar conciertos para volver con la cartera llena. Sabemos que hay mucha gente que nos sigue por toda España, nos ven como un grupo auténtico. Ir a Albacete, Ourense y Logroño para ver que la gente se sabe tus canciones es una recompensa. ¿Cuánta gente mataría por eso? No todo es el reconocimiento masivo, evidentemente, comemos tres veces al día, pero no estamos tan mal. Si llega el triunfo genial, pero si no llega, no pasa nada. 

Una pregunta un poco maliciosa. ¿Por qué vuestro vocalista compatibiliza su labor como cantante con la de actor haciéndose llamar Luis Zahera? 

Coke: (Risas) Tienes que preguntárselo a Luis Zahera. Nadie se lo ha dicho. Bueno, igual se lo han dicho y no me han comentado nada. 

Mil gracias. Espero no haberme puesto pesado con las preguntas. 

Coke: Hacemos muchas entrevistas y sabes cuando alguien se involucra. Se nota que te gusta la banda y controlas lo que hacemos. Mil gracias a ti.

La Gran Esperanza Blanca : "Gasolina Para Quemar"


Por: Juanjo Frontera. 

Suele asociarse con La Gran Esperanza Blanca el concepto de longevidad. Al fin y al cabo, aunque con intermitencias, la banda valenciana lleva dando el cante desde 1986, ahí es nada. Ahora bien, me parece que eso silencia una contribución mucho mayor a la música de este país, que debería ser reconocida de una vez. Fueron pioneros en traer una tradición, la de la música eminentemente americana (en una mezcla que ellos mismos definieron, en el título de su primer LP, como folk, blues y rock and roll), al lenguaje propio de aquí. 

Ellos hicieron que toda esa música proveniente de Memphis, Mississippi o New York se dejara bañar por el mediterráneo y que la lengua de Cervantes y las costumbres de este país inundaran tal acervo con naturalidad y sin complejos. Se me ocurren muy pocos ejemplos más en el contexto que les vio nacer, los albores de la famosa movida madrileña y los inicios del indie patrio. Como mucho Los Secretos y alguno más. Por lo que podríamos decir que llegaron los primeros y contribuyeron a crear una escuela de la que ahora beben actos tan celebrados como Quique González, Salto, Julian Maeso, Joana Serrat o, también, como ellos, desde tierras valencianas, los excelentes Badlands

Pueden, por tanto, decir con la cabeza bien alta que han cumplido una gran misión. Aunque, probablemente, a ellos les de igual. Sólo han querido componer y tocar música a su manera durante todos estos años. Tal vez por eso su nombre resonará poco en oídos de aficionados fuera de Valencia. No obstante, nadie podrá quitarles esa muesca en el revólver. Y eso, llegada la hora de decir adiós, es más que importante. 

Sí, la banda capitaneada por el insobornable Fran García Cubero ("Cisco Fran") y que completan hoy los mismos compañeros que al principio (otro mérito): Fede Segarra ("Spagnolo Ferocce"), Luís Villanova ("Chiti Chítez") y Jesús Almenara ("Chuso Al"), dice adiós tras una feliz y larga existencia, sin acritud, sin remordimientos y repito, con la cabeza bien alta por la satisfacción y el disfrute del trabajo bien hecho. Por eso necesitan dar un último hurra, como diría John Ford.

Y ese último canto de LGEB llega en forma doble: disco y libro, pero en una sola pieza. Empezaremos por lo primero, que es más lo nuestro. El título del proyecto es "Gasolina Para Quemar". Y es que para la banda eso son las canciones: un combustible que mantiene vivo. Un fuel necesario que, de hecho, les ha mantenido activos y alerta durante varias décadas. Las canciones son algo importante, que se lleva en el corazón, que mantiene joven. Por eso se les escucha tan pletóricos en este conjunto de 12 composiciones que empieza, precisamente por el principio de todo.

"La colina del arroz" fue, precisamente, la primera de las dos únicas canciones con que contaba la incipiente banda para presentarse a aquél certámen de pop-rock organizado por el ayuntamiento de Palma de Mallorca, ciudad donde Fran y Fede hacían el servicio militar y que les vio nacer como músicos. No llegaron a ganar el certámen, pero casi. Y emociona ahora ver esas dos canciones que tocaron allí, la mencionada y un frenético rockabilly titulado "El alcalde asesino", grabadas ahora con mimo y de forma tan potente como orgánica en los estudios Little Canyon, regentados en l'Eliana (Valencia) por el productor Luís Martínez

Dos canciones primerizas que, escuchadas aquí, demuestran que el talento como esgrima de palabras de Cisco Fran ya existía desde el origen. Honestidad, pocos pelos en la lengua y entusiasmo hechos letra y música que no han cambiado un ápice, se nota, a lo largo de los años. De hecho, esas canciones quedan perfectas junto a otros estupendos temas, tanto rescates como de nuevo cuño, que han preparado para la ocasión: "Sombrero de caracolas de mar", huele a pop mediterráneo salpicado de bluegrass; "Colmillo blanco" y "Mi última canción" hacen pensar en qué pasaría si Neil Young y sus Crazy Horse hubieran nacido en la ribera del Túria; "Soporto a esa lluvia" trae a la mente al Dylan más crítico (con esas metáforas de lluvia tan suyas); y la canción que titula, "Gasolina para quemar", versión del "Fuel for fire" de M. Ward, despide la función con voz temblorosa, desnuda tanto en rodeos como en instrumentación y emoción a flor de piel. 

Así que dejan bien alto su particular listón musical. Pero es que eso no es todo: este último hurra de la banda se completa con un libro que incluye las letras de todas las canciones que tanto para La Gran Esperanza Blanca como para sus aventuras en solitario ha escrito Cisco Fran, ya que, para él, las canciones sin letra serían otra cosa, no una canción. En ellas da su particular visión del mundo y de la sociedad uno de esos idealistas que pronto echaremos a faltar en este mundo tan falaz. Alguien que no teme gritar a los cuatro vientos su percepción de las cosas, sea amarga o dulce. 

Precisamente por eso se antoja necesaria esta despedida. Una despedida sin lágrimas, sin autocompasión y, repito una vez más, con la cabeza bien alta, que reúne en un bonito formato música y letra para que no nos olvidemos de que hubo una banda en València que disfrutó haciendo música, que dijo lo que quería decir, que cumplió sus objetivos, que nos hizo disfrutar y que echaremos mucho de menos, porque el certificado de autenticidad que ellos se llevan al limbo de las bandas de rock and roll será enormemente difícil dárselo a nadie más, o al menos, no de una forma tan tajante y rendida como se lo damos a ellos. Clásicos por derecho propio.