Redd Kross´+ Gemeniss: La diversión como única ley


Sala Upload, Barcelona. Miércoles, 20 de Mayo de 2026. 

Texto y fotografías: Àlex Guimerà. 

Poco tiempo había pasado desde su última visita a la Sala Apolo (6 de noviembre de 2024), y, a pesar de que en la gira no presentaban disco ni promocionaban nada, no había motivo para perdernos a los Redd Kross. Máxime en una sala tan pequeña como acogedora para el rock’ n roll como es la Sala Upload, situada en el corazón del Poble Español. Pero antes, con la sala repleta, había que ver qué nos ofrecía esa banda nacional llamada Geminiss, que es la banda personal de Olaia Bloom tras su paso por otros proyectos como Las Culebras o Los Ácidos. Y como ella nos dijo, está formada por tres chicas de Pamplona, Donosti y Bilbao. Con una estética glam y su buena puesta en escena, nos llevó a encontrar ciertos paralelismos con Suzie Quatro y a celebrar ver chicas dando caña encima del escenario en un mundo tan masculinizado como el del rock. El repertorio, muy bien acogido por el público, ofreció sus potentes piezas punk-rock, que rubricaron con una versión en castellano de los Dictators, que realmente bordaron.

Así de calentitos llegamos al concierto de los hermanos McDonald, que arrancó con esa energía abrasadora que parece ser que no tienen intención de perder a pesar de los años que llevan encima del escenario. Hablamos de tipos que están tocando desde los ochenta y aún así continúan dándolo todo en sus bolos, divirtiendo al espectador y contagiando su efervescencia. Con ese estilo complicado de catalogar y que bebe de fuentes tan diferentes como las de sus adorados Beatles o de sus primeros mentores Black Flag, es lógico que se hayan convertido en una banda de culto capaz de enamorar a gente tan dispar como los amantes del grunge, los seguidores del power pop noventero, los viejos rockeros, o los seguidores del indie o del hard-rock mas atemporal. 

Muy pronto nos hicieron vibrar con gemas como “Stay Away From Your Downtown” de su disco de regreso (“Resarching The Blues” de 2012), del que también tocaron “Uglier”, o esa “Stunt Queen” de su última y homónima entrega. Piezas electrizantes que abordaron con un sonido de los amplis de la sala a todo trapo y en las que los guitarrazos, los martillazos a la batería del también miembro de los Melvins Dale Crover, y los aspavientos de Steve y Jeff encendieron al público. Y siempre nos queda la sensación que el cuarteto haya salido de un hospital psiquiátrico, ya desde la vestimenta blanca manchada de colores (que es su uniforme en los directos), a las caras de enajenados que ponen cuando interpretan las canciones hasta esa sensación del descontrol constante. Los Redd Kross nacieron para divertirnos, encendernos y para entretenernos, y no parece que dejen de hacerlo viendo sus últimos y sensacionales conciertos, en los que el sentido del humor y la fuerza escénica se unen con una musicalidad esplendorosa. Una musicalidad construida a base de melodías y armonías vocales que aúnan con el rock mas duro e inmediato posible.

Maravillosamente sonaron “Lady In Front Row” o “Mess Around” que escuchamos con esos acordes tan beatleianos o la grunge “Candy Colored Catastrophe”, también la irresistible “Neurotica”, rescatadas de sus discos de los noventa. Entremedio los saltos de Steve y sus acercamientos a las primeras filas del público, los solos de Jason Shapiro que en lugar de empuñar una guitarra parece que empuñe una sierra eléctrica en plan psicópata. Y Jeff que con toda su teatralidad se escondió tras un colorido pañuelo para cantar la mítica “Annie’s Gone”. Y para los amantes de las versiones -seguro que tienen muy en cuenta el disco "Teen Babes from Monsanto" de 1984 y reeditado recientemente- tocaron una versión punk de “It Want Belong” de los Beatles, y para los bises una “Crazy Horses” de The Osmonds de la que Jeff dijo que había aprendido a tocar con 12 años, y una “Deuce” de los Kiss que puso el cierre.

Estos tíos parece que se resisten al paso del tiempo, como si las leyes de la ciencia no vayan con ellos, pues siguen siendo capaces de ofrecer auténticos desmadres rockanrolleros como si fueran adolescentes, lo que hacen con un carisma esplendoroso y un catálogo de canciones envidiables, que cuesta de aceptar que no hayan alcanzado mayores cotas de éxito. Mejor, así nos los quedaremos para nosotros.

Tori Amos: "In Times of Dragons"


Por: Begoña Serralvo Titos. 

Hay discos que parecen escritos contra el ruido del mundo y otros que directamente lo absorben, lo metabolizan y lo devuelven convertido en una tormenta emocional. "In Times of Dragons", el nuevo trabajo de Tori Amos, pertenece inequívocamente a la segunda categoría: un álbum excesivo, barroco y atravesado por la sensación de vivir una época moralmente exhausta.

No es casual que Amos recurra a la figura del dragón como eje simbólico. El monstruo aquí no remite tanto a la fantasía medieval como a una forma contemporánea del poder: voraz, narcisista y destructiva. La compositora estadounidense lleva décadas escribiendo canciones como quien abre grietas en el discurso dominante, pero pocas veces había sonado tan frontalmente desencantada. Incluso cuando el piano acaricia melodías luminosas, siempre aparece una sombra al fondo de la habitación.

Musicalmente, el disco dialoga con varias etapas de su trayectoria. Hay ecos de la intensidad confesional de "Little Earthquakes", de la teatralidad casi litúrgica de "Boys for Pele" y del impulso narrativo de "Scarlet’s Walk". Pero lo interesante es que Amos no parece interesada en la nostalgia. Más bien utiliza esos códigos para hablar desde otro lugar: el de quien contempla el derrumbe sin renunciar del todo a la belleza.

Las canciones se despliegan como pequeños relatos de resistencia íntima. “Shush” emerge con una tensión soterrada que recuerda a sus composiciones más inquietantes, mientras “Provincetown” introduce una melancolía crepuscular que termina convirtiéndose en una de las piezas más logradas del conjunto. Amos canta desde registros más graves, menos cristalinos que en los noventa, pero quizá por eso mismo más humanos. Ya no busca la perfección expresiva; busca la verdad emocional.

El principal problema del álbum es, paradójicamente, el mismo que lo hace fascinante: su ambición desmedida. Con una duración generosa y una densidad conceptual constante, In Times of Dragons puede resultar agotador. Algunas letras subrayan, con acierto pero intensamente, sus intenciones políticas y el simbolismo termina rozando lo enfático. Pero incluso en esos momentos hay algo admirable en la negativa de Amos a simplificarse, a reducir su discurso a consignas fácilmente consumibles. En tiempos donde gran parte del pop parece diseñado para desaparecer a la velocidad del algoritmo, Tori Amos insiste en construir obras incómodas, llenas de pliegues, contradicciones y zonas oscuras. Y quizá esa sea hoy una forma de radicalidad y belleza.



Ilustres Principiantes: Claudia Zuazo (Niña Polaca)


Tras cuatro adelantos, Claudia Zuazo se desmarca de sus proyectos grupales y profundiza en un sonido más melódico y reposado con “De Mí”, su primer LP. Con delicadeza e inspirada por el muro de sonido, la alicantina se nutre de una década pasada en la que Carole King, James Taylor y otros de su generación formaban escena, sin caer en la nostalgia o el tributo.

Claudia lleva 5 años trabajándolo lentamente en paralelo a Niña Polaca, Vez Era y Muro María y es ahora cuando, tras haberla podido madurar lo suficiente, presenta esta historia de amor y desamor narrada en 7 canciones e inspirada, además, por Neil Young, Mac Demarco y con guiños a Christina Rosenvinge.

“De Mí” es la forma más pura de la expresión musical de Claudia, con una fuerte carga instrumental sobre la que abundan cambios armónicos y donde la voz es el elemento vertebral. En ella busca hacer música lo más atemporal posible, con ese espíritu emocional de las canciones estadounidenses de los sesenta y setenta, pero con carácter actual.

Rescata el sonido de banda con tintes pop y folk con garra; primando las canciones con un desarrollo más largo y un ritmo más pausado frente a la inmediatez. Claudia lleva años trabajándolo lentamente en paralelo y es ahora cuando, tras haberla podido madurar lo suficiente, se embarca en su carrera en solitario.

“De Mí” es álbum autoproducido, grabado entre Madrid (Invernaderos con RUVENRUVEN) y Valencia (Millenia Estudios con Erick Marin del grupo Defensa Eslava) y mezclado y masterizado enteramente en los estudios de Álamo Shock (Guiem Rigo y Guillermo Mostaza). Un trabajo centrado en el relato cotidiano de las emociones de la artista en el contexto de una relación sentimental.

Inspirada en un ritmo pausado y detalles que podrían recordar a Mac Demarco, "Casiopea" es la canción que abre el LP y fue la última en componerse dentro del conjunto. Abre paso al resto a modo de portal, introduciendo un concepto presente en el resto del LP: “podré mover toda la oscuridad y hacerle un hueco a lo bueno que viene detrás”.

Le sigue “De Mí” junto a Anouck The Band, que parte de esa autoterapia post ruptura y diálogo interno que recoge el resto del trabajo y refleja contradicciones que se plantea Claudia durante el proceso. “La Línea” es el tercer corte, y fue el primer adelanto del disco. Cuenta la historia en primera persona de un desamor y la frustración ante sentimientos encontrados hacia esa persona que ya no está. Tras ella, “Mejor” continúa la narrativa, siendo la canción con más cambios o más “compleja” de las que forman “De Mí” y abanderando el claro hilo conductor de todo el disco: el duelo y la aceptación.

Con tono optimista, pero manteniendo las dudas con las que comenzó el viaje, “Christina” presenta la segunda mitad del álbum. Una canción que parte de un punto diferente en la relación de los protagonistas pues se compuso un momento dulce y siempre sorprendente de la relación que conecta el LP. En su letra hace referencia a los cinco años de relación que se han recorrido con la persona a la que Claudia le canta durante todo el álbum y representa muy bien el proceso mental que le representa a la alicantina: la duda, el querer respuestas pero no estar segura, a su vez, de quererlas… El lanzarse a la piscina una vez más, no queriendo ponerle nombre o etiqueta a esa relación por la que estoy siempre dispuesta a luchar. Musicalmente, bebe directamente del disco “La Joven Dolores” de Christina Rosenvinge, gran inspiración para Claudia, y del universo sonoro de bandas como Big Thief.

Ya en la recta final, “Ahora que estás” da un giro de 180 grados, la perspectiva cambia y es su pareja quien le dedica la canción y le hace mirar hacia el futuro tras haber superado los obstáculos conocidos en las canciones previas. Por primera vez, el autor de la letra es Carlos M. Negrete, guitarra solista de su banda en directo y pareja de Claudia, que recita sus palabras. La canción rompe con el folk pop conocido desde sus sintetizadores del minuto uno y apuesta por una estética algo más futurista y misteriosa. Y cierra el álbum “Yo solo miento”, la menos vestida del conjunto. Una canción que toma inspiración del “Harvest Moon”, de Neil Young. Sigue la narrativa de todo el disco, esta vez desde la derrota y la incapacidad de no saber qué hacer. También es algo sarcástica y paradójicamente fue la primera compuesta, allá por 2021, más de un año antes que las demás.

Minibús Intergalàctic: "Hemos tenido muy claro dónde queríamos estar y dónde no"


Por: Àlex Guimerà.

Fotografías: Antoni Jover.

Una de las joyas musicales escondidas de Cataluña viene de la ciudad de Girona. Aunque después de que el presidente Pedro Sánchez los haya recomendado en un reciente video, quizás lo dejen de estar. La banda en cuestión se trata de un joven y talentoso quinteto capaces de afrontar texturas psicodélicas de los sesenta pero también de atacar el sonido Madchester. Una delicia de formación de la que ya hablamos en nuestro apartado de Ilustres Principiantes, y que acaban de estrenar su segundo larga duración “Moviment Oscil·lant Polinòmic y=1/x". Hablamos con Ivette Roig (bajo) y Edu Lazo (batería) sobre su historia, su música y su visión del panorama musical. 

La primera pregunta es para los lectores que no os conozcan. ¿Podéis presentaros y decir quiénes sois Minibús Intergalàctic? ¿Contestas tú, Edu? Si quieres, adelante. 

Edu: A ver, Minibús Intergalàctic es un grupo que nace a finales de 2020, principios de 2021, que es cuando empezamos a ensayar. Nuestro primer disco fue de rock psicodélico, sesentero y así. Y bueno, hemos ido dando varios conciertos, hemos ido cogiendo rodaje. Y ahora, en este segundo disco, hay como un giro hacia algo más rockero, más "ochentero", del que ya hablaremos. Y bueno, no sé muy bien qué más decir sobre Minibús. Somos un grupo de amigos, al final.

Una cosa bastante particular es que todos, excepto Ica (porque la pandilla se estropeó después), éramos compañeros de facultad, todos de Historia. Y nada, eso; empezamos, creo que quedamos alguna vez justo antes de la pandemia, luego lo retomamos después de la parte más dura y empezamos a tocar en directo en 2021. Pero es eso, un grupo de amigos que se juntaba muchas veces en mi piso con una batería eléctrica que tenía yo.

Y entre cuatro historias empezamos a tocar hasta que luego empezamos a ir a la Marfà, y entre la Marfà, Ona (nuestra mánager) y demás, tuvimos el impulso para llegar hasta donde hemos llegado ahora. 

A mí me sorprende que aparezcáis dentro del panorama de la música actual catalana, donde dominan sobre todo las sonoridades más urbanas y lo que yo llamo "pachanga": toda esa fusión de mestizaje, rumba, etcétera. A mí personalmente, porque me gusta mucho vuestro estilo, me parecéis un verdadero milagro y, sobre todo, demostráis mucha valentía. ¿Consideráis vuestra propuesta musical como algo arriesgado dentro de este panorama? 

Edu: Claro, a ver... ¡Ay, perdón! Ivet, ¿quieres contestar tú? 

Ivet: No, di tú. O sea... ¡Ay! Don't lie (no mientas), que es complicado. Di, di. 

Edu: No, pues que... a ver... Hombre, yo consideraría que fuese arriesgada si estuviéramos pretendiendo vender algo, por decirlo de alguna manera. Desde que empezamos teníamos muy claro que lo que queríamos era juntarnos, pasárnoslo bien y hacer la música que nos gusta. Al final nos hemos dedicado a hacer la música que nos gusta y a copiar a gente que para nosotros son auténticos ídolos y que han hecho cosas espectaculares. Así que arriesgarnos no, porque estábamos haciendo lo que nos gustaba.

Obviamente puede ser una rara avis, pero nunca hemos sentido que nos arriesgáramos, porque hemos ido tirando y todo ha salido de manera muy orgánica y fluida, sin tener que buscar nada o pensar qué es arriesgado o qué no. 

Ivet: Claro, o sea, también cuando hablamos de si es arriesgado o no, hay que ver qué queremos y qué no. Es decir, si nos quisiéramos dedicar a ello profesionalmente, como decía Edu, entonces sí sería arriesgado, pero no es el objetivo.

Por ejemplo, el otro día dimos ese concierto en el Upload, donde tocábamos con Enyor, con Reïna, con el POPPCC, con Garrafa Nadal también... con varios grupos. Yo estaba allí y pensaba: "es que yo tengo un grupo para hacer esto". Ese era el objetivo exactamente. Hemos conseguido el motivo por el cual creamos la banda. No pretendíamos ni ganar dinero ni ir más allá de eso, precisamente. 

Para tocar vuestras canciones —y lo digo sin ser músico, aunque escucho mucha música clásica y contemporánea, sobre todo rock— se requieren grandes conocimientos instrumentales, musicales, dotes vocales y mucho trabajo. ¿Qué formación musical tenéis para llegar al punto de asumir este tipo de canciones? 

Ivet: Formación, ninguno de nosotros tiene, en realidad. Es decir, más allá de las clases que algunos dieron de pequeños o adolescentes, pero formación musical propiamente dicha, no. Como decíamos, somos cuatro historiadores y un psiquiatra, no nos dedicamos a esto profesionalmente. Todo lo que sabemos es por lo que hemos ido aprendiendo.

Yo llevo yendo a clases de bajo desde hace un par de años, más o menos. Y a nivel vocal, Ica y Santi sí que habían dado algunas clases también, pero al final es práctica. 

Edu: Sí, en general todos en un momento u otro habían dado clases. Yo, por ejemplo, di clases de los 16 a los 20 años, y luego me tiré como 10 años prácticamente sin tocar ni ir a clase. No tocaba hasta que empezamos en Minibús y fue un tema de dedicación.

De hecho, hay una anécdota de la grabación de este disco con uno de los tres productores, Youth (Martin Glover). Fuimos a grabar a Granada con él y es un tipo que... bueno, mil historias que ya contaremos luego, pero básicamente nos resumió en una frase: "They don't play well, but they try a lot and they are a gang" (No tocan bien, pero se esfuerzan mucho y son una banda/pandilla). En plan: lo hacíamos muy mal, nos pedía cosas y obviamente no salían, pero nos esforzábamos para dar la talla. 

Hay ganas, sí. Y sobre todo... bueno, no os he visto nunca en directo, pero me pregunto cómo lográis trasladar esa compleja producción y el trabajo de estudio —que creo que son canciones muy difíciles de configurar— a los directos. 

Ivet: Sí, efectivamente. Cuando grabamos, pusimos mil guitarras, mil capas de todo tipo de instrumentos, de los más extraños que te puedas imaginar. Y sí, se ha tenido que... no sé si decir simplificar, porque evidentemente somos cinco tocando y son cinco instrumentos (o siete u ocho si contamos los aparatos que usa Ica). Hemos tenido que recortar, reducir, ir probando cómo suena e intentar adaptarlo como podemos. 

Edu: Sí, es un tema de priorizar. Decidir qué tiene que estar "sí o sí" y qué no es tan necesario. Como decía Ivet, hay mil líneas de guitarra, pero Santi solo podrá hacer una y Aram otra. Primero hay que asumir que lo que hay en el disco no se podrá trasladar tal cual al directo. Y no solo eso, sino que lo que pretendes transmitir en un disco a nivel de energía no acaba siendo lo mismo que en directo. Una canción, por muy intensa que sea en el disco, te dará una sensación diferente en vivo por la propia energía, más allá de los arreglos. Incluso la emoción que transmites puede evocar una cosa u otra según el contexto. 

Vuestro sonido, al menos del primer EP y el primer disco, bebe mucho de la psicodelia de los 60, pero también de bandas británicas de los 90. ¿Cuáles son vuestros referentes siendo tan jóvenes? ¿Cómo habéis llegado a ellos? 

Edu: Es difícil de decir, porque venimos de trasfondos diferentes. Es verdad que el primer disco era más de referencias, de coger ese rock y psicodelia de los 60 e intentar trasladarlo a un sonido más actual. Ahora, en este disco, aunque también sea referencial, lo hemos abordado desde un punto de vista más personal.

Pero resumirlo en una lista es complicado. Podríamos hablar de los Beatles, los primeros Rolling (que inspiraron los inicios), The Verve, folk-psicodelia... y pasar a Jesus and Mary Chain, Slowdive, obviamente Primal Scream y toda esa serie de grupos más oscuros de los 80-90 y de la neopsicodelia (como Brian Jonestown Massacre). Pero a la vez, muchos tenemos un trasfondo punk: a Ivet le gusta mucho el punk, a Aram el hardcore, a mí la música progresiva... hay un mezcla ahí. Al final es más la idea de qué queremos que sea lo que estamos preparando. 

Muy interesante, eso os da muchas posibilidades para evolucionar. Además, vuestras canciones tienen letras muy trabajadas, ingeniosas y con un toque de humor muy fino. ¿Tenéis influencias literarias o cómo surgen estas letras? 

Ivet: Los que escriben las letras son Santi e Ica, que son los dos cantantes. Creo que hay de las dos cosas: influencias literarias e influencias de la música que escuchan. 

Edu: Referentes literarios quizá no tanto, pero sí es verdad que el carácter de Santi define mucho su forma de escribir. Al escribir es muy "preciosista", piensa mucho y da muchas vueltas a las letras, las hace realmente cohesionadas. Ica, por otro lado, también las hace muy buenas pero son más descarnadas. En este disco se verá más, porque hablamos de temas grandes a partir de cosas particulares. Al ser más personal, se nota más el estilo de cada uno. 

¿Y cuando componéis qué sale primero, la letra o la música? 

Ivet: Hay de todo un poco. A veces uno de ellos (Ica, Santi o Aram) trae un riff o una idea general. A veces tienen la letra y se pone sobre lo que el otro ha compuesto. A partir de ahí, en el local de ensayo acabamos de crear el tema entre todos. 

Edu: Sí, a veces tienen letras acumuladas y surge una idea musical donde encajan. Pero generalmente nace de un núcleo musical o de una grabación "cutre" hecha en casa. 

Acabáis de publicar vuestro segundo LP, Moviment oscil·lant polinòmic i igual a 1/X, una fórmula matemática. Ya conocíamos el single, L’agrador sallissó de la vall del Mas d’Haurat. ¿Qué podéis contarnos del disco? Ya nos avanzasteis que tiene una sonoridad más ochentera. 

Edu: Sí, es lo que comentábamos. Mientras que en el primero tiramos por algo más referencial, en este hemos intentado que el disco hablara más de nosotros. Las letras son más crudas; nos ha quedado un disco un poco más triste, aunque tiene sus partes alegres.

Vimos que el hilo conductor era esa dualidad: los dos puntos de equilibrio en los que se balancea la vida. La vida es muy bonita pero muy complicada, o tiene momentos muy tristes. Para conceptualizarlo llegamos a esa fórmula y a toda la abstracción gráfica del disco. Es como intentar imaginar cómo un robot o un extraterrestre intentaría captar y calcular la experiencia humana. 

Ivet: La fórmula (y = 1/x) representa lo inversamente proporcional: cuando x va hacia el infinito, y tiende a cero, y viceversa. Pero también muestra los grises: cuando x es 1, y también es 1, por lo tanto se encuentran. Son polos opuestos que conviven. Es la idea de que la vida es bonita pero triste a la vez. 

El single de adelanto me recuerda a Primal Scream e incluso a The Charlatans. ¿Estáis de acuerdo con ese estilo? 

Ivet: Sí, Primal Scream es uno de los referentes. Forman parte de ese gran abanico de grupos que nos molan. Con el single pasó algo curioso: iba a ser una canción folky. Ica la trajo como una idea de folk, pero no funcionaba de ninguna manera. De repente, Ica hizo ese riff con el órgano, yo empecé con un ritmo muy roto de breaks y de pronto parecía un tema de soul que estaba quedando genial. Al final decidimos ir hacia algo más bailable y en Granada le pusimos la guinda. 

En 2024 publicasteis Meditacions dels Miratges Mercúrics, en el 25 el EP Música Humana Thalassa y ahora en el 26 un nuevo disco. Un disco por año. ¿Tenéis urgencia por demostrar quiénes sois? 

Ivet: No es una cuestión de prisa. Lo del EP fue porque ganamos una beca y nos salía gratis, así que aprovechamos. De hecho, reformulamos temas que ya teníamos. 

Edu: Sí, no es por prisa, sino por ganas. El otro día hablábamos de que mientras los discos son producciones con inversión de tiempo y productores externos, la serie de Música Humana (que queremos seguir haciendo) es algo más autoproducido, por puro gusto, para jugar en casa y ser más libres. No tenemos presión discográfica, aunque nos autoimponemos cierta presión porque si no, seguramente no haríamos nada. 

Tenéis anunciados cuatro conciertos esta primavera en Girona, Lleida, Tarragona y Reus. ¿Pensáis tocar fuera de Cataluña? Vuestro estilo podría interesar mucho en Europa. 

Ivet: Se está trabajando en ello. Ahora mismo no hay fechas cerradas, pero van saliendo cosas. Tendremos varios conciertos durante el verano y la intención es salir fuera. 

¿Creéis que cantar en catalán puede limitar vuestra carrera fuera o, por el contrario, es un elemento distintivo? Por ejemplo, la banda Manel tiene su público en Madrid. 

Edu: Cantamos en catalán porque es nuestro idioma, nuestra lengua materna y como nos expresamos en el día a día. No lo vemos ni como algo bueno ni como algo malo para la carrera, es simplemente una característica más de la banda. 

¿Cómo veis el panorama musical actual? ¿Os lo ponen fácil? 

Ivet: Si nos dedicáramos a esto profesionalmente, sería una faena. Vivir de esto es imposible. Pero como no es así, lo hemos tenido bastante fácil en el sentido de que hemos ido ganando becas y ayudas institucionales que nos han permitido crecer, grabar en Granada y costear cosas que no habríamos podido pagar nosotros. 

Edu: Hemos tenido muy claro dónde queríamos estar y dónde no. En los sitios donde queríamos estar siempre nos han acogido con los brazos abiertos: desde el Ateneo hasta fiestas mayores populares. Además, formamos parte de una escena que está creciendo con grupos como Enyor, Joia, Reina, Remei de Ca la Fresca... Para mí el objetivo no es ganar dinero, es compartir espacio con toda esta gente. 

Hace un par de semanas hubo el PsychFest en Barcelona. Vuestra propuesta encajaría perfectamente allí. 

Edu: ¡Tocamos en el PsychFest hace un par de años! 

¡Ah! No lo sabía. Pues entonces deberíais repetir. Muchísimas gracias por vuestro tiempo y felicidades por el disco. Nos ha encantado conoceros y poder charlar un poco. Yo le digo a mis amigos que escuchen vuestra música porque van a alucinar, que es lo que me pasó a mí al descubriros. 

Ivet y Edu: ¡Muchísimas gracias! Perfecto, gracias a vosotros y mucha suerte.

Fabián D. Cuesta: "Estar fuera"


Por: Javier Capapé. 

Oímos cantar a los pájaros y sabemos que vuelve a flotar en el aire la música del leonés. Fabián D. Cuesta ha estado mucho tiempo fuera, quizá por eso el título de su reciente colección de canciones sea “Estar fuera”. Dar valor a la retirada antes de la quema. Pero siete años han sido demasiados para los que amamos su música y su cálida voz. Hubo un amago de disco con colaboraciones que finalmente no se materializó más allá de los sucesivos singles que presentó junto a Iván Ferreiro, Andrés Suárez o Marwán. Ese “#explicarlospájaros” se quedó en eso, en un hashtag que nos hubiera encantado que llegase a materializarse en forma de disco físico (algo tal vez demasiado vintage para los nuevos hábitos de consumo) y a llevar a Fabián a otras cotas. Pero no fue así. En lugar de eso hubo tiempo para buscar su espacio y renacer, pero sin olvidarse de esos pájaros que han revoloteado siempre por su mente, que han dado sentido a sus canciones y emociones. De ahí quizá que la canción que abre este lote lleve por título “¿Por qué tantos pájaros, Fabián?”, planteando desde el primer momento un cara a cara con su público, una conversación cercana materializada en forma de canciones. Precisamente esta primera es perfecta como apertura porque condensa el espíritu lírico que suponemos ha acompañado a Fabián durante este tiempo. Un tema que entra lentamente. Suave, pero a la vez etéreo, y finalmente casi épico. Los teclados de fondo lo sostienen hasta que en el estribillo entra la batería, brillan las guitarras y crece el pop, aunque lo verdaderamente valiente reside en las confesiones de su letra. ¿Es esto lo que vive el propio músico leonés? ¿“Un sueño dentro de un sueño”? Más que un sueño parece ese “hilo invisible del arte” que tanto exige, pero muchas veces poco ofrece. Aunque la confesión va más allá, cuando hace referencia a esa posición desde la que lo contempla su autor: “Todo lo he visto con los ojos de un pájaro errante”. Fabián hace una enumeración de todo lo vivido, quizá desde lejos o como espectador, pero estando presente, como ese ave imbatible que tan bien le define.

El resto del disco se mueve más cómodamente entre las coordenadas que habitualmente le definen. Brillos pop con guitarras cristalinas, arreglos sutiles de eléctrica y pianos delicados, todo bajo su sedosa voz, que, definitivamente, es su instrumento más poderoso, el que habita sus canciones y las convierte en algo único. Los que conocemos a Fabián sabemos que ese es su gran valor, aunque lamentablemente sea desconocido por muchos. Eso es lo que sobrevuela también en muchas de estas canciones, el hastío de haber sido nombrado promesa en tantas ocasiones y no verlo cumplido, aunque eso no ha impedido que la música del leonés conserve su honestidad y buen hacer, porque otra cosa no, pero en esto hay pocos músicos en esta tierra que le superen.

Juan Marigorta vuelve a acercarse a Fabián para hacerse cargo conjuntamente de la producción en los Estudios Tripolares y la Viejita (además de encargarse de muchas guitarras y teclados), todo dentro del considerado hogar de este músico independiente. Junto a ellos, Pepe López en las baterías y percusiones y David Nieto al bajo. Un equipo sólido y compacto que crea un disco verdaderamente cohesionado y rico en matices donde predomina el pop desde el prisma del cantautor (menos americano esta vez). Hay canciones como “Tienes que bailar” o “Tarde de Junio” que no necesitan más que una acústica y un piano para alzar el vuelo y conmovernos. En otras, sin embargo, las guitarras eléctricas rugen con algo más de fuerza, como en “La noche es nuestra”, que cuenta con un estribillo de lo más pegadizo, o “El rayo que atraviesa la tarde” en la que la eléctrica camina desde el puente con mucha mayor presencia y hay incluso espacio para un breve solo. Pero donde más llama la atención el toque eléctrico es en “Desde las entrañas”, que empieza muy suave pero estalla al final entre distorsiones y ruidos, en lo que podría ser el mejor ejemplo de la transformación que no deja de mover a este músico. Por muy inmovilista que pueda parecerle a algunos, Fabián se nutre de miles de referencias que se vislumbran en su cancionero. De Tom Petty a Bruce Springsteen, de Quique González a Xoel López, con unas pinceladas de Ismael Serrano y hasta de Iván Ferreiro. Hay una línea que les une, pero multitud de variaciones que dan color a sus canciones.

Entre estas nuevas diez viñetas (o retales de su vida) que ha decidido lanzar únicamente a través de descarga digital y vinilo (a las plataformas de streaming irán llegando más lentamente) volveremos a emocionarnos con las armonías preciosistas de “El rayo que atraviesa la tarde”, en la que caeremos rendidos inevitablemente con versos como “Ojalá pudieras verlo igual que cuando estabas enfermo de amor (...) y presumías de cada espina” o “Todo lo que debo decir es todo lo que acabo guardándome”. Magia en lo cotidiano, el principal valor que enaltece sus composiciones. También conectaremos con las inquietudes de una generación a la deriva con “Estibadores en Baltimore”, que desde su luminosidad descarga infinitos dardos de realidad (“Trabajo de estibador para pagar el alquiler”) y poesía brutalista (“Sueño con tu boca desde el interior de una botella de plástico”). Encontraremos alguna aproximación al cancionero brasileño en “Lo mismo que yo” y volveremos a buscar el recogimiento más confesional en “Ser cualquier otra cosa”, con la que cierra, como casi siempre en sus discos, con la desnudez de la voz y la guitarra afirmando que “a mí me hubiera gustado ser cualquier otra cosa”. Quizá estar más dentro que fuera, como sugiere su canción titular, en la que desde su delicadeza lanza esa pregunta retórica que lo resume todo: “¿Crees que me gusta estar fuera?” Pues a decir verdad, aún sintiéndose fuera, al margen, Fabián, “ese chico tan alto para su edad, que cazaba libélulas, aunque fuera en los libros”, nos ha vuelto a regalar esa conexión única cargada de verdad que encontramos en su música, que a veces duele por ser tan directa y no teñirse con dulzuras. Sus versos arañan desde su intrínseca suavidad, pero nos hacen pisar tierra mojada y sentir que desde la integridad siempre se gana. Podemos estar fuera, pero nunca solos si contamos con la compañía de sus versos. ¡No vuelvas a tardar tanto, Fabián! Necesitamos el vuelo de tus pájaros y su preclara visión desde lo alto.

Hans Laguna: “Yo siendo yo. El teatro de la autenticidad en las estrellas del pop”


Por: Juanjo Frontera.

Como muchos sabrán, Hans Laguna (Donosti, 1979) es músico y productor, responsable de discos tan notables como "Manual De Fotografía" (2016). Pero lo que ya no sabe tanta gente es que es licenciado en filosofía, con un doctorado en sociología, y profesor de pensamiento social en Barcelona. Todo ese alto nivel de conocimiento lo invierte, además, en escribir. Escribe mucho y muy bien. Además de artículos colaborativos en elDiario.es o ARA, ha cultivado una ensayística a menudo centrada en su especialidad, Frederick Nietzsche, pero también, desde no hace tanto, en la música. 

En este ámbito nos regaló el que es sin duda uno de los volúmenes más interesantes aparecidos en el panorama nacional durante los últimos años: "HEY! Julio Iglesias y la Conquista de América" (Contra, 2022) reveló a un autor muy inteligente, que sabe convertir el análisis más sesudo en una lectura apasionante y enormemente divertida. Se le devora, vamos. 

Y no es excepción a esta regla este breve librito que ha escrito para la estupenda colección Nuevos Cuadernos Anagrama. Se titula "Yo Siendo Yo. El Teatro De La Autenticidad En Las Estrellas Del Pop" y busca explicar un cambio de paradigma que consiste en que, de un tiempo a esta parte, lo que antes eran estrellas inalcanzables, manipuladas, fabricadas en cadena y totalmente alejadas de la realidad, ahora se ha convertido en un dechado de auto reivindicación que usa las historias personales, la búsqueda de la autoría en su obra y, en definitiva, la autenticidad de su discurso, para obtener la validación de un público que anhela encontrar reflejo, humanidad, en lo que antes era un dios todopoderoso totalmente fuera de alcance. 

La intimidad de "Brat", de Charli XCX, la espiritualidad de "Lux", de Rosalía, o la vuelta a las raíces de "Debí Tirar Más Fotos", de Bad Bunny, por sólo citar algunos ejemplos, no son sino manifestaciones de un “yo” que pugna con aquél “cualquiera” que el pop de antes vendía. Y es que nada vende más ahora que una historia personal que avale lo artístico. 

No nos engañemos, esto existía de siempre, en la cultura rock esa autenticidad ha sido siempre uno de los puntos fuertes que daban credibilidad a quien la esgrimía sin atisbos de postureo. A quien fallaba en el intento, traicionaba sus orígenes o impostaba su imagen, se le tildaba, directamente, de vendido o pastiche, con la consiguiente pérdida inmediata de seguidores y ventas. Pero en el pop o, digámoslo ya, el mainstream, la cosa era diferente: se vendía imagen, un producto de marketing que se ideaba en una oficina y tenía toda una cadena de producción detrás.

Todo esto ha cambiado ahora: las redes sociales han causado que todos “nos produzcamos”, con lo cual, buscamos algo diferente -la dichosa autenticidad- en aquellos que tomamos como referentes por ser personas de éxito y gran fama. Estamos cansados del maquillaje y queremos conocer, a ser posible a fondo, la vida de cada uno de esos ídolos: sus debilidades, anhelos, contradicciones o procesos creativos. Sentir que son humanos, como nosotros, y no dioses del Olimpo

De hecho, en eso del proceso creativo es donde reside una de las grandes claves de la autenticidad: la autoría, poder decir que esa canción que cantas es tuya. Algo que antes tampoco ocurría en la mayoría de fenómenos pop. Además de éste, Laguna destaca otros puntos cardinales, a modo de capítulos, sobre los que descansa este culto desenfrenado a lo auténtico que vive ahora el pop: autonomía, espontaneidad, autobiografía, vulnerabilidad, saber vender(se)…

En todos esos puntos se detiene el autor, con profusión de personajes tanto de la actualidad como del pasado, en un extraordinariamente documentado (como es costumbre en él) hilo argumental que está servido de forma amena y divertida. Y sin casi atisbo, por si fuera poco, de superioridad intelectual, esnobismo o pedantería. Digo casi, porque algo de eso hay, es inevitable, pero en ningún momento desvía la quirúrgica objetividad con la que Laguna atrapa en estas páginas algo que determina mucho más de lo que pensamos las maniobras y el devenir de la industria musical, así como de los artistas más poderosos del mundo. 00 Al final, la frase que lo resume todo (y titula este libro) la dijo Karol G en una entrevista concedida al New York Times con ocasión de la publicación de su disco “más personal”, "Mañana será bonito" (2023): “En este momento, los artistas se esfuerzan mucho por encontrar su concepto y ser muy experimentales. Y esa es una buena manera de hacer arte. Pero el concepto de este álbum es solamente yo siendo yo”. 

Sobre lo que hay de cierto, de auténtico, o de maniobra, de pérfida patraña, en ese “yo siendo yo” es sobre lo que gira este excelente y excitante librito de bolsillo que se lee en un suspiro y es, fácilmente, de las lecturas más inteligentes que te meterás entre pecho y espalda si le hincas el diente. Te sentirás más auténtico, eso seguro.

The Fixed Trio: "Hemos preferido una toma con sentimiento que una demasiado perfecta"


Por: Kepa Arbizu.
Fotografías: Claudia Lakoree.

Convertida, por méritos propios, casi en una localización mítica por su alta concentración de reputadas biografías musicales, Granada vuelve a ser el origen de una muy recomendable banda joven, que en este caso responde al nombre de The Fixed Trio. Constituidos como un power trio, su nuevo disco largo, "Our Guilty Pleasure", asume con perfección el destino de un proceso consistente en fortalecer un sonido blues-rock que se despliega en el calendario, abarcando desde Grand Funk Railroad a Black Keys en un espacio inspiracional que se posa también en el rock noventero o incluso el stoner, huellas que delatan tanto su pulsión actual como un fervor por la contundencia y la crudeza. 

Por si fueran pocos elementos dignos de generar interés, la lírica de este actual trabajo también sufre un exponencial enriquecimiento, construyendo todo un relato conceptual sobre la incontrolable manifestación que oficia la búsqueda de saciar nuestros instintos primarios. Porque si William Blake  hablaba de los excesos como camino al palacio de la sabiduría, la banda andaluza abre una travesía alternativa llena de frustración y vacío. Un itinerario, en forma y fondo, arrebatador y corpulento sobre el que hablamos con el batería del grupo, Sergio Flores.

“Our Guilty Pleasure” amplia vuestro desarrollo en busca de un sonido más rocoso y directo donde el blues-rock se encuentra con el grunge o el stoner,, ¿se trata de un camino que persigue alcanzar la forma de sonar que tenéis en mente desde los inicios o responde a la lógica evolución de una banda? 

Sergio Flores: Creo que hay un poco de ambas cosas. Siempre hemos querido sonar naturales y directos, como una banda tocando de verdad, y con este disco sentimos que nos hemos acercado bastante a esa idea. Todo tiene que ver con el hecho de que escuchamos música muy variada y nunca hemos querido cerrarnos mucho. “Talladega” y “Our guilty pleasure” son dos mundos diferentes, como habrás podido comprobar, tanto de estilos como de sonoridad, porque al final todo lo que nos gusta lo acabamos reflejando de una manera u otra. 

Pese a vuestra juventud, acumuláis ya cuatro lanzamientos, ¿sentís la necesidad de estar en un constante proceso de composición y grabación? 

Sergio Flores: Sí, porque es la forma que tenemos de seguir para adelante, no sabemos estar parados, aparte de tratarse de un trabajo, hacer música con una banda supone también en muchas ocasiones una vía de escape para los problemas personales que podamos llegar a tener cada uno de los tres miembros, y juntarnos y tocar nos da mucha paz. 

Junto a la contundencia que manejáis, dais mucha importancia al aspecto melódico, como demuestra la pegadiza “Intelectual”, o incluso a dejar respirar a las canciones, ahí está por ejemplo “Sacred Cross”... 

Sergio Flores: Nos gusta mucho la crudeza, como se observa en las canciones, pero también nos interesa que éstas tengan una melodía y algo especial que se te quede dentro después de escucharlas. En ese sentido, por ejemplo, creemos que el juego de contrastes es importante. Muchas veces emociona más una parte contenida que estar todo el rato al máximo. Además, para poder lograr todo eso, pudimos contar con la magnifica voz y manos de Mario Andreu, desde Burgos, que aportó muchísimo en el tema “Sacred Cross”, le estamos muy agradecidos. 

¿El hecho de ser un trío, dificulta manejar esos cambios de velocidad y no saturar el acelerador constantemente? 

Sergio Flores: Creo que sí, porque siendo solo tres todo se nota mucho más, pero también hace que cuando algo funciona, se sienta muy real. 

“Intelectual” parece ironizar sobre la impostura que muchas veces veces define a ciertas bandas… 

Sergio Flores: Más que tratarse de criticar algo concreto, la canción habla un poco de esa sensación de cuando las cosas pierden naturalidad por intentar aparentar demasiado. O mejor dicho, hace mucho que perdieron esa naturalidad y hay un poco de refríto ya… 

 En vuestro caso, la forma de grabación, incluso hay pasajes donde se os oye en el estudio, denota que ha habido una forma de trabajar orgánica y directa.

Sergio Flores: Eso era exactamente lo que queríamos. Preferíamos una toma con sentimiento, pese a sus posibles errores, antes que una que sonara demasiado perfecta. En ese trabajo, tanto los técnicos de estudio, José Ibáñez, Marcos Muñiz, como el técnico de los videos en directo, Alberto Morillas comprendieron muy bien esa idea y ayudaron muchísimo a mantenerla y obtenerla en el resultado final. 

Incluso en los pasajes más psicodélicos os mostráis contenidos, lo que no siempre es fácil... 

Sergio Flores: Es verdad que nos gusta tocar con libertad y desarrollar ideas instrumentales, pero siempre intentamos que sea la canción quien esté por delante de cualquier lucimiento personal. 

Líricamente es también un trabaje rocoso, incluso conceptual, sobre la forma que tenemos de relacionarnos con nuestros instintos más primarios y el desgaste que eso produce... 

Sergio Flores: Sí, ahí Juan, el encargado de las letras, la verdad es que les dedicó muchísimo tiempo y trabajo, puso mucho esfuerzo en darle una conexión completa al disco, y la verdad es que lo consiguió. Al final habla un poco de eso que comentas, de cuando algo que parece bueno termina siendo excesivo o vacío. 

 Os atrevéis con la versión de “War Pigs”, de Black Sabbath, ¿da cierto vértigo acercarse a un tema tan icónico? 

Sergio Flores: Pues la verdad es que sí, muchísimo. Es una canción enorme y por supuesto la hicimos desde el respeto total, por eso tampoco quisimos intentar reinventarla demasiado. Eso sí, le dimos nuestro toque personal, y creo que hemos conseguido un buen resultado con la realización de esa versión 

Cerráis el disco con un tema acústico y relajado, “Place To Die”, que además ejerce de desencantada conclusión sobre ese recorrido por los excesos. 

Sergio Flores: Nos gustaba mucho la idea de terminar el disco de una manera más desnuda y tranquila, casi como ofreciendo un respiro después de haber pasado todo lo anterior. También en el plano personal puede ser de las canciones más importantes del disco para nosotros, ya que va dedicado a un amigo nuestro al cual la suerte no le sonrió. 

El disco de momento está editado en forma físico, ¿era una forma de enfrentarse a la inmediatez de las plataformas online?

Sergio Flores: Este disco lo hemos querido sacar respetando la idea con que fue grabado, es decir, de una forma natural, la de toda la vida, en físico. Queríamos de algún modo recordar a la gente lo que significa de verdad escuchar música: tomarte tu tiempo buscando el vinilo, poniéndolo y parándose para poder disfrutar con detenimiento de un trabajo en el que se ha puesto mucho esfuerzo y dedicación. De todas formas en unos meses lo subiremos, pero por ahora nos mantenemos en ese romanticismo de tenerlo en la mano, porque las plataformas digitales están muy bien, pero muchas veces, eso se pierde. 

La manera de acercarse a esa forma de escuchar música tiene cosas buenas y malas. A veces parece que todo dura muy poco, pero también es verdad que gracias a eso nuestra música puede llegar a gente que de otra forma no nos habría encontrado. Intentamos ofrecer algo menos cotidiano, algo con mas calma, pero algo lejos del concepto “Fast Food”. 

Empieza a existir ya un comentario generalizado que alerta de que hay que tener mucho cuidado con Fixed Trio que son ya una realidad, ¿uno se deja influir por esos comentarios y le da alas o preferís no hacerles demasiado caso? 

Sergio Flores: La verdad es que nos hace mucha ilusión y estamos muy agradecidos por cómo está recibiendo o hablando la gente sobre el disco, pero al mismo tiempo intentamos mantener los pies en la tierra y seguir trabajando y divirtiéndonos igual que siempre. Al fin y al cabo, seguimos siendo esos tres amigos que se conocieron en el colegio; The Fixed Trio nos ha unido mucho como músicos, nos ha enseñado como personas y como amigos, queremos que eso siga siendo así muchos discos más.