Entrevista: Nat Simons


“Era importante volver a un punto de partida totalmente independiente” 

Por: Javier González.
Fotografías: Juan Pérez Fajardo.

Hablar con Nat Simons siempre es un gusto. Ama la música y siempre tiene entre manos canciones interesantes sobre las que departir. Actualmente uno no puede mirar su carrera sin sentir una mezcla de orgullo y profundo respeto. Ha luchado sin desfallecer contra viento y marea por hacerse un hueco, empujando, desde la más absoluta libertad e independencia, para regalarnos trabajos potentes y reivindicativos como el reciente “Felinas”, donde junto a un puñado de amigas y amigos revisita parte de su discografía de una manera tan sorprendente como acertada. 

Un impresionante catálogo de colaboraciones que no hace sino confirmar la grandeza de esta madrileña que el próximo sábado estará tocando en la Sala del Wizink Center, presentando este nuevo trabajo en el que contará con el cariño de una impresionante nómina de compañeros y compañeras, que a buen seguro hará de la cita una de las más emocionantes del invierno capitalino. 

No quedaba más remedio que ponernos en contacto con Nat para someterle a un tercer grado de lo más extenso, paciente y cercana se enfrentó a nuestro cuestionario, demostrando que sabe que entre manos tiene una mano ganadora y que aunque el futuro no está escrito, parece que los buenos tiempos esperan a la vuelta de la esquina. 

Sabemos que vienes de meses de un intenso trabajo, donde has acabado de rematar un trabajo muy potente tanto en lo musical, como en el ámbito de la producción y por su puesto en lo que concierne a toda la estética que lo rodea. La primera pregunta es obligada. ¿Cómo te encuentras después de haber dado a luz a la criatura? 

Nat: Muy contenta con el recibimiento del disco, tanto por parte del público como de los medios, que lo estáis apoyando constantemente. Y más tratándose de un proyecto absolutamente independiente. Por mi parte, no he parado de dar conciertos hasta hace un par de semanas que he tenido que descansar obligatoriamente para poder llegar al 100% a la presentación en La Sala de WiZink Center el sábado 24 de febrero.

Si te parece vamos a hacer un poco de arqueología porque desde fuera tenemos la impresión que tras la pandemia y de la mano de “Felina” arrancaste una nueva etapa en tu carrera. No solo por el paso al castellano, sino por una serie de circunstancias que te empujaron a volver a coger las riendas la misma al cien por cien y empezar a plantear otros proyectos que te han acercado mucho más a tus seguidores y otras compañeras y compañeros de profesión. ¿Estás de acuerdo con la afirmación? ¿Qué ocurrió exactamente para que te lanzarás a dar el paso? 

Nat: Tras “Felina”, era importante volver a un punto de partida totalmente independiente. Y ha sido todo un viaje en el que he notado el respaldo del público con el crowdfunding y los conciertos en acústico, pero también el de mis compañeras y compañeros de profesión. Con “Felinas” he hecho lo que me ha dado la gana. 

Ahora que puedes mirar atrás con un poco de perspectiva. ¿Qué significa “Felina” en tu carrera? 

Nat:
“Felina” es mi primera colección de canciones en castellano y fue un paso muy arriesgado en mi carrera, pero también valiente. Fue planteado de una manera conceptual y transmedia, con la figura David Bowie como influencia a la hora de presentarme interpretando a un personaje. No solo a través de las canciones, también de los videoclips, el cómic… El disco se grabó en pandemia, verano de 2020, forzosamente, y tardó más de un año en salir, a finales de 2021. Con el álbum fuera me sentí totalmente abandonada por parte de mi equipo. Y la verdad es que era un momento complicado en general, no se vendían tickets debido al pánico que había al virus, el comportamiento de la gente cambió… Era un mundo completamente diferente al que dejamos atrás en 2019. La persona que llevaba mi comunicación entonces llegó a decirme literalmente que "mi música y mi propuesta no interesaba". Ahora sé que mentía, pero da alguna manera me hicieron creer eso. Tampoco salían conciertos debido al embudo que todavía existe… Los festivales y salas están programados al completo a muchos meses vista. Una locura. 

¿En qué momento y de qué forma empezaste a dar forma al proyecto “Felinas”? 

Nat: “Felinas” nace exactamente en el momento que Cherie Currie me dice que sí a la propuesta de grabar una canción juntas. Hacía tiempo que quería colaborar con otros artistas y me pareció que sería muy interesante un disco de rock acompañado de voces femeninas con un relato detrás. Y el disco se fue grabando a lo largo de 2023, conforme las agendas lo permitían. Quería terminarlo a comienzos de verano, pero tuvo que alargarse por calendarios. No obstante, ¡hemos cumplido con la fecha del vinilo! El libro sí que aparecerá más tarde por el mismo motivo de agendas. 

Personalmente nos hemos tomado “Felinas” como una celebración muy reivindicativa. Hay un homenaje muy sentido a grandes creadoras e intérpretes de generaciones anteriores, pero también te rodeas de mucho talento femenino actual. ¿Había ganas de mirar al pasado y al presente para dejar claro un mensaje tipo: “Estuvimos y Estaremos”?

Nat: Bueno, digamos que hay diferentes generaciones reunidas en este álbum. Quiero decir, Repion son una generación posterior a la mía, y por ejemplo Rebeca Jiménez es justo la anterior y Aurora Beltrán es una absoluta pionera en el rock cantado en castellano... Pero ¡todas estamos haciendo música en este momento! Somos diferentes generaciones que compartimos el momento actual. Cuando he podido hablar de una vuelta al pasado con una mirada puesta en el presente, me refería a que hemos producido muchas de las canciones pensando en referentes de los 70's como la Fleetwood Mac de “Rumors” o la misma Stevie Nicks, pero también el glam rock o la americana que forman parte de mi carrera. En el disco hay homenajes a figuras que explosionaron en los 70's, como Debbie Harry, Blondie, Patti Smith y Cherie, The Runaways, pero todas ellas siguen siendo relevantes. Cherie y la música de The Runaways llegaron a toda una generación posterior a la mía en 2010 cuando se estrenó la película que protagonizaron Dakota Fanning y Kristen Stewart. Pero… unos años después todo el mundo conoce “Cherry Bomb” gracias a la película “Guardianes de la Galaxia”. El público se sigue renovando e iconos femeninos como Debbie, Patti, Cherie, solo por nombrar algunos, siguen de máxima actualidad. 

Por cierto, la portada me parece una absoluta maravilla. ¿Quién se ha encargado de esta barbaridad? 

Nat: La portada ha corrido a cargo del ilustrador Ata Lasalle, a quien llegué a través de mi amiga Mariana Pérez, quien por cierto, toca la batería en “Queens of Noise” y ha venido unas cuantas veces de gira con nosotros. Mariana toca en la banda de Maika Makovski y ambas tienen un proyecto llamado The Mani-Las. El año pasado sacaron un par de singles de 7' y me encantó el diseño, así que le pregunté a Mariana y me pasó el contacto de Ata. Su trabajo ha sido fantástico con una doble portada reversible. 

Antes de hacer parada en las canciones de este trabajo, me gustaría preguntarte por la rica sonoridad del álbum, donde practicas un rock muy heterodoxo que va del punk a la americana, con parada en el glam y un vigoroso pop. ¿De qué forma se ha trabajado todo contando con que la producción de cada tema recae en productores distintos? ¿Ha sido complicado dotar de unidad al conjunto? 

Nat: Tenía muy claro con quien quería trabajar, pero todos los estilos que me comentas están en mi ADN. 

Abres fuego con “Queens of Noise”, acompañada por la ya citada Cherie Currie. ¿Cómo ha sido la sensación de tener a una mujer tan mítica a tu lado? ¿Cuál ha sido la principal enseñanza que te ha dejado? 

Nat: La verdad es que he aprendido mucho de Cherie, sobre todo a nivel escénico. Ella es una absoluta bestia en el escenario. De hecho, es increíble cómo se mantiene en forma a sus 63 años. Su entrega es espectacular y su voz está intacta. Es una cantante excepcional y como frontwoman es un auténtico referente. Ella siempre ha sido enorme fan de Bowie y cuando The Runaways empezaron, ella se fijaba mucho en sus movimientos, poses, etc. Pero lo llevaba a un nivel mucho más femenino que andrógino. ¡Kim Fowley la presentaba como una mezcla entre Brigitte Bardot e Iggy Pop! Y tan solo tenía 16 años… Ves los vídeos de la época y es una barbaridad la capacidad y lo claro que lo tenía todo siendo tan joven. 

En fin, todo lo que viví junto a ella este año pasado ha sido inolvidable. No solo las actuaciones en Madrid y Azkena Rock Festival. Toda aquella semana Cherie se quedó en mi casa e hicimos muchísima promo por varios medios, tuvimos mil conversaciones y la experiencia fue tan enriquecedora… Cherie es un auténtico amor de persona. Ella es una mujer muy dura, ha vivido muchas cosas, algunas inimaginables. Es la perfecta definición de “Felina” (risas). Recuerdo que tenía unos parches un poco descosidos y me dijo que de ninguna manera me iba a dejar ir así a la sesión de fotos. ¡Y ella me los cosió! No se puede ser más dulce. También me dejó un cinturón y varios accesorios para el show del Azkena. Cantar con ella ha sido un sueño hecho realidad y seguro que repetimos en el futuro. Tan solo es cuestión de tiempo y agenda, pero queremos repetir la experiencia y que Cherie pueda volver más veces a España. 

En “Déjalo Ser” hacéis crecer la canción junto con Vega, otra luchadora de garras afiladas, y la gente de Rufus T. Firefly, cuyo toque es innegable, tanto a nivel sonoro como en la producción de Víctor Cabezuelo. ¿Qué puedes decirnos de ambos y lo que aportan a la canción? 

Nat: “Déjalo Ser” es un tema que siempre le gustó a Víctor, así que cuando pensé en hacer reboot de algunas de mis canciones tenía clarísimo proponerle a él la producción de este tema. Desde el primer momento barajamos como referente ese pop rock de los 70's estilo Fleetwood Mac que he comentado antes. Se me ha quedado un poco esa referencia porque fue lo primero que hablamos con Víctor y recuerdo que le mandé una referencia de voz y él construyó una maqueta en su casa que ya captaba a la perfección lo que siempre había querido con esta canción. Nuestro entendimiento ha sido al 100%. Para la voz se me ocurrió Vega, a quién seguía, pero no conocía personalmente. Me alegra decir que le encantó mi propuesta y no solo he ganado una colaboración espectacular, también una gran amistad. 

En “Llámame” (Call Me) hechas un magnífico pulso con las hermanas Iñesta, Marina y Teresa. ¿De dónde surge la relación con ellas? ¿Qué has sentido al poder trabajar junto a ellas? 

Nat: Repion es una de las mejores bandas de rock surgidas en los últimos años y les había descubierto hace poco. Su último disco me parecía fantástico y quería hacer algo con ellas. Víctor Cabezuelo tenía contacto directo y gracias a él pude hacerles la propuesta. Marina y Teresa grabaron sus partes con Víctor. Ellas no pudieron estar en la sesión de grabación que hicimos en el estudio de Martin “Youth” Glover en la sierra de Granada, básicamente, porque todavía no sabía con quién iba a hacer el dueto. Una vez más acertamos de lleno. Me parece absolutamente memorable lo que han hecho las dos hermanas para darle el toque final a la versión. ¡El solo de Marina es espectacular! La producción de Víctor también ha sido visionaria, mitigando el factor "Giorgio Moroder" de la ecuación y ha salido un tema de rock mucho más orgánico. Además, Moroder siempre ha sido un poquito machirulo. (Risas) 

La adaptación de “No Me Importa Nada” toca la fibra al más pintado, reivindicando a nuestra querida Luz Casal, cantando a media voz con Anni B Sweet, con quien detectamos que ha surgido una relación muy bonita y con el aporte de fondo de Los Estanques, con producción de otro tipo con mucha música en la cabeza como es Iñigo Bregel. ¿Eres consciente de la absoluta locura que os habéis marcado? 

Nat: Íñigo era una de las personas con las que quería trabajar. Sabía que iba a hacer un trabajo inmenso con las dos canciones que le presenté. La adaptación de “No Me Importa Nada” suena tan 70's como actual. Yo quería tener a Luz en “Felinas”, pero era muy complicado y no pudo ser. ¡Quizás en el futuro! De alguna manera, con esta canción hemos conseguido que esté presente y me alegra decir que le ha gustado mucho y nos ha felicitado públicamente. Cuando me pusieron su mensaje de voz en “El típico programa” de Radio 3, se me saltaban las lágrimas. Con Anni ya había colaborado, pero me sorprendió que quisiese apuntarse también con esta canción. Yo la veía perfecta, pero no quería abusar de su confianza (risas). Al final creo que ha quedado realmente genial y no puedo esperar a hacerla en directo con Anni e Íñigo. 

Os lanzáis casi al góspel en “Pequeña Guerrera Estelar”, con un rollazo sesentero muy potente y elegante, contando con la voz de Nina. ¿Cómo surgió una canción tan especial como esa? 

Nat: Es la canción nueva del disco. La compuse al piano y al principio no estaba muy convencida de incluirla. Ánchel Solana, mi guitarrista y A&R conmigo del proyecto, me animó ya que él también veía totalmente a Íñigo para producirla. En la demo que grabé yo sola al piano, Ánchel veía al Elton John de los 70's, a Billy Joel… había una épica que Íñigo capto a la perfección. En realidad también es muy beatle, el solo es puro Harrison y esa épica también podría ser de McCartney. El rollo góspel, soul o como lo quieras llamar, llegó a la hora de meternos con los arreglos de voces, donde participaron Erin Corine y mi hermana Elena. La letra es muy especial porque está dedicada a una verdadera luchadora. Que Nina quisiera participar también fue un regalo, sobre todo teniendo en cuenta su agenda. 

Especialmente emocionante es el dueto que haces con Aurora Beltrán en “La Noche es…” (Because the Night). ¿Qué supone para una chica rockera colaborar con alguien como Aurora? 

Nat: Aurora tenía que estar. Y que mejor manera de revisitar el hit de Patti Smith que Tahúres Zurdos llevaron a lo más alto en español hace un par de décadas. De esta manera puede concebirse como un homenaje tanto a Patti como a la propia Aurora, una artista capital dentro de la historia del rock en español. 

Por cierto, ¿de quién fue la idea de incluir castañuelas en la versión? 

Nat: Bueno, si te fijas, esa parte de “Because the Night”, la original, es un absoluto homenaje a las producciones de Phil Spector. Para Ánchel era importantísimo que las castañuelas fueran ahí acentuando el beat de “Be My Baby”. Así estamos homenajeando también, de alguna manera, a la querida Ronnie. 

Y nuestra favorita de toda la colección sin duda, “Televisión”, pura sensualidad glam-rock, donde te acompaña la alcarreña de oro, Eva Ryjlen, otra de nuestras artistas fetiche del panorama nacional. Del uno al 10, ¿cuánto habéis disfrutado grabando este tema? 

Nat: A Eva le sentaba como un guante este tema. Ya lo hicimos un día en directo juntas, en acústico con Ánchel y Rubén Pozo a las guitarras. Para la producción, nos reunimos Ánchel y yo con mi batería, Tweety Capmany, en su estudio. Pusimos una serie de ideas encima de la mesa. La versión de “Felina” estaba bien, pero el concepto original de la canción era este: Marc Bolan vs Jack White, con buenas dosis de soul rock. Desde Stevie Wonder hasta el Bowie de “Young Americans”, pasando por Norah Jones en su época más rock o la St. Vincent del último disco. Nadie encaja mejor que Eva en esta canción. En “Extraña Religión”, Rebeca Jiménez y tú os marcáis un rockazo sureño de mucha altura. Nat: De nuevo, volvemos a hacer un reboot de un tema que siempre debió sonar así. Cuando la compuse en mi mente estaban referentes como Sheryl Crow y Tom Petty. ¿Y quién podría encajar mejor que mi amiga Rebeca? El trabajo de producción que hicimos con Tweety también fue grande. Pusimos referentes encima de la mesa, como las producciones de Jeff Lynne y creo que el resultado habla por sí solo. Tweety metió muchísimas capas, creo que más de las que el propio Lynne hubiera hecho (risas) y se lo tomó muy a conciencia. Su batería también suena genial, de repente te mete un fill como si fuera Dave Grohl en el pre estribillo y funciona de maravilla. 

En “Ley Animal” y “Macabro Plan Galego”, donde cantas con Miss Raisa y Spooky Velvet, dos artistas que quizás el público tenga más fuera de foco. ¿Por qué decidiste incluirlas? 

Nat: Con Miss Raisa colaboré cuando todavía estábamos dando los primeros pasos del proyecto. Su historia es impactante y a mí me pareció muy interesante colaborar con alguien que veía de otro estilo y generación. De todas maneras el tema suena bluesy y punk rock, como una mezcla entre Ry Cooder y PJ Harvey. Y Spooky Velvet es un grupo familiar de Ourense donde canta la pequeña Xiana Vera. Les conozco personalmente y cuando se enteraron del proyecto me propusieron garbar una adaptación de "Macabro Plan". Me pareció realmente bonito grabar una de mis canciones con una fan de tan solo 10 años que supone una generación futura también. Curiosamente la primera vez que me subí a un escenario fue en Vigo, una ciudad donde viví una temporada, así que cantar en gallego también es un poco un recuerdo a mis inicios musicales. 

“No quiero estar encasillada en un género” 

Venimos de entrevistar a figuras como Christina Rosenvinge que acaba de publicar “Los Versos Sáficos” y unas semanas antes lo hicimos con Miren de Tulsa para hablar de “Amadora”, otras dos obras que centran el foco en la mujer. ¿Has podido escuchar sus trabajos? ¿Crees que tienen puntos en común? 

Nat: He podido escuchar los discos de Christina y Miren de Tulsa, aunque no tan a fondo para poder establecer puntos en común, que seguro que los hay. El de Christina viene de la obra de teatro Safo, que protagonizó y para la que adaptó varias canciones. Y el de Miren, que tiene una reflexión muy potente sobre la mujer, también está relacionado con el teatro, ¿me equivoco? Son dos artistas con las que me gustaría colaborar y hubiera sido genial tenerlas en "Felinas". Ellas se conocen bien, no tengo ninguna duda de que existirá una conexión entre ambas obras. Dejando a un lado referentes como Christina o Miren, creo que merece la pena destacar figuras totalmente feministas y activistas al otro lado del charco, como son Margo Price y Allison Russell. Nadie ha grabado un disco tan sobrecogedor como “Outside Child” y continuar con algo tan canalizador como “The Returner”. Auténticas luchadoras que también estarán en mi libro, que se retrasará un poquito. 

El sábado 24 de febrero presentarás “Felinas” en una velada única, rodeada de invitadas e invitados al concierto, donde estarán confirmadas y confirmados nombres como: Anni B Sweet, Eva Ryjlen, Repion, etc… ¿Eres consciente que va a ser unos de los conciertos del año en Madrid?

Nat: ¡Espero que así sea! Y ante todo que sea una fiesta. No puedo estar más agradecida por mis compañeras e invitados, que han querido formar parte de ello. De alguna manera, este disco y el concierto de presentación me están dando un cariño especial por parte de mis compañeras/os de la escena musical. Me siento querida y respetada y eso no puede ser más bonito.

También están confirmados amigos y mitos de nuestro rock que no han participado en el álbum como José Ignacio Lapido y Loquillo. ¿Qué te ha impulsado a invitarles a la fiesta? 

Nat: No quería que fuese una fiesta exclusivamente de voces femeninas, al fin y al cabo, en el disco participan figuras masculinas como Víctor, Íñigo, Ánchel, Tweety… y en mi banda hay tantas chicas como chicos. El caso de José Ignacio Lapido surge de la versión de 091 que hice ante de la pandemia y que tuvo una excelente acogida sin ser nada “oficial”. En todos los shows me piden esa canción así que me pareció una excelente idea invitar a su compositor. Y respecto a Loquillo, él siempre ha sido un apoyo en mi carrera y durante su gira 40 aniversario estuvimos haciendo un dueto de su canción “Cruzando el Paraíso”. ¡Los fans en común siempre me preguntaban cuando íbamos a repetirlo! Además, el Loco ha participado en proyectos feministas junto a su mujer, la escritora Susana Koska. Surgió la oportunidad de que viniese y para mí es un placer reencontrarnos en el escenario. 

Además de las ya confirmadas presencias. ¿Puedes adelantarnos alguna sorpresa más de la noche? 

Nat: La verdad es que me hubiera gustado invitar a mucha más gente. Nina no puede estar por su fin de gira con Morgan, Aurora Beltrán tampoco, porque tenía un show benéfico en Zaragoza el mismo día, Víctor tenía compromiso con uno de sus proyectos, pero ¡espero que venga de público! Hubo más invitadas/os pero ya haremos algo en el futuro. Como sorpresas, he llamado a Nadia Álvarez y Virginia Maestro, artistas que no participaron en el disco, pero quería que estuvieran ahí. Y puede que quede aún una sorpresa más. (Risas) 

Antes hablábamos de la sonoridad de “Felinas”. ¿Podemos afirmar que esa heterogeneidad rockera va a ser la tónica dominante en próximos pasos de tu carrera? 

Nat: Lo que tengo claro es que voy a grabar pronto. Tengo mis conexiones en Nashville, UK… Aquí también. Tengo canciones más power pop que podrían ser más cercanas a Blondie, también hay sonidos más americanos, incuso algo fronterizo, pero el denominador común es el rock. No quiero estar encasillada en un género y como habéis podido comprobar en “Felinas” aunque haya diferentes tipos de producción o estilos, la cohesión es evidente.

Jason Ringenberg: "Stand Tall"


Por: Txema Mañeru 

Por primera vez llega en vinilo el disco más aclamado de la carrera en solitario de Jason Ringenberg, y lo tenía que sacar FOLC Records, que también nos encandiló con el estupendo "Rhinestoned" y su exquisita presentación en carpeta doble. Este disco fue originalmente editado en compacto en 2.019 y fue uno de los mejores discos de dicho año. 

Escuchar ya el maravilloso tema titular es encontrarnos ante un tipo realmente grande de la música americana. Guapo tema instrumental homónimo. Aires entre western y Morricone que también valdrían para el "Django Desencadenado" de Tarantino. Sigue con el eléctrico blues titulado "Lookin' Back Blues", con sus contagiosas dobles guitarras y especial mención para la slide. Toda una declaración de intenciones es "God Bless The Ramones", buen humor y punk, aunque supere los cuatro minutos con esa guapa narracióo y un estribillo realmente pegadizo y perfecto para ser coreado. "Hobo Bill's Last Ride", por su parte, es un buen lento a lo Hank Williams con calidez en sus acústicas y en el violín. Una preciosidad. "Almost Enough", en cambio, les encantaría a los de Dead Bronco con su estribillo rabioso a lo Johnny Cash con aromas punkabilly.

 Con Jason & The Schorchers también dejó unos cuantos discos inolvidables, pero este en solitario se hace acreedor a su fama con temas como ese grandioso "I’m Walking Home", que abre la cara B, en el que parecen sonar como los mejores The Pogues, y hasta con algunos buenos toques irlandeses entre guitarras eléctricas y flautas. ¡Brutal! Ese mismo violín de aires folk irlandeses se dejan ver en la genial balada "Here In The Sequoias" y sus guapas mandolinas. En "John Muir Stood Here" las guitarras sureñas atruenan como lo hacían en los mejores tiempos con Jason & The Schorchers y él sigue cantando prácticamente con la misma frescura de entonces. Me emociona a muerte su versión del "Farewell Angelina" de Bob Dylan. Suena a campo, suena a vida y suena a mucho amor. ¡Vaya combinación entre acordeón y cuerdas! 

Gran colofón a un disco con mayoría de temas por encima del notable. Todo ello con la buena producción de Mike Lescelius y el propio Jason. De nuevo, edición de lujo en colaboración con Corageous Chicken Music, con chula carpeta gatefold (de las que se abren) y exquisita presentación o ¡A ver si se animan a editar más discos de él en vinilo en un futuro próximo porque es uno de los grandes clásicos muy vigente todavía!

Entrevista: Los Radiadores


"Pienso más en el punk como una forma de expresión que como un estilo concreto"

Por: Kepa Arbizu.

Fotografías: Adri Castellanos.

Más punks que nunca e igual de versátiles que siempre podría servir como eslogan para definir el nuevo álbum de Los Radiadores. Porque la banda valenciana ha conseguido asentar su firma identificativa sin interrumpir una continua regeneración de su sonido. Una, ya longeva, trayectoria que nos sitúa ahora frente a "Sorbos de electricidad", un trabajo que conducido por su particular verbo ácido visita diversos enclaves asociados a los ritmos impetuosos, desde el rock and roll clásico hasta la vindicación de The Clash, Sex Pistols y, por supuesto, The Ramones. Imponente y trepidante repertorio que nos empuja a charlar con su principal autor, Raúl Tamarit.

“Sorbos de electricidad” es vuestro sexto disco dentro de una trayectoria con ya más de diez años. Teniendo en cuenta ese bagaje, a la hora de encarar un nuevo trabajo, ¿cambian los retos, las aspiraciones, las motivaciones?

Raúl Tamarit: Siempre que publicas un nuevo disco hay cierto entusiasmo a la hora de dar a conocer las nuevas canciones y el resultado final al que le hemos dedicado horas y horas de dedicación, ya sea en la composición como en los arreglos. Eso es algo inevitable. También somos conscientes del lugar en el que estamos y  los medios con los que trabajamos, pero una cosa no quita la otra. La aspiración máxima es que a la gente le llegue el disco. Eso y la satisfacción de haber hecho otro trabajo y continuar con la ganas de seguir ofreciendo material nuevo y tocando en directo.

También formas parte del proyecto Galavera, más intimista y con menos periodicidad en sus apariciones, ¿a la hora de componer una canción sabes de antemano para que proyecto la estás haciendo o eso es algo que dicta la propia canción?

Raúl Tamarit: Lo marca la propia canción, aunque es cierto que hay ejemplos en que lo que estaba destinado a ir para Los Radiadores  acabó en el repertorio de Galavera, y viceversa. En el caso del último EP de  Galavera, “El viento”, sí que fue más premeditado, ya que muchas de ellas se compusieron durante el confinamiento y hacía mucho tiempo que no sacábamos nada, además de que Los Radiadores acabábamos de editar “Bailes de verano”. Sin embargo, “Querido dolor”, una de las canciones de este disco, la probamos con Galavera pero no acababa de funcionar y ha terminado en este álbum. 

Ya con un claro estilo identificativo como banda, vuestros discos, y especialmente éste, cada vez tienen un sonido más punk, ¿es un estilo que ha ido tomando mayor presencia sin daros cuenta o ha sido un trayecto hacia ahí consciente?

Raúl Tamarit: Eso es algo que ha sucedido prácticamente sin darnos cuenta. Supongo que es la impronta de tocar en directo y trasladar esa sensación al local de ensayo, que, además, de alguna forma, supone un desahogo personal: Llegas, te enchufas, y para adelante. Echando la vista atrás, ese camino que comentas, se empieza a vislumbrar ya en el EP “Puño en alto”, y es que al final resulta que los puntos en común son muchos. 

El hecho de que casi desde el inicio de vuestra trayectoria mantengáis una formación estable, ¿os ha hecho ese camino de cara a construir una identidad propia más cómodo y fácil o habéis ensayado y trabajado mucho en común para alcanzarla?

Raúl Tamarit: Es que ya nos conocemos mucho, y al final trabajamos como una unidad, no hay individualismos. Aquí no es cuestión de que cada uno estire de la cuerda hacía sus planteamientos o posicionamientos musicales. Trabajamos al servicio de la canción y enfocándola hacia puntos en común. En el momento que alguno está en desacuerdo con algo o vemos que no acaba de funcionar,  inmediatamente se descarta y seguimos tan amigos. Supongo que eso es lo que hace que los cuatro rememos en una dirección y nos llevemos bien y no dejarnos llevar por devaneos que al final no llevan a nada, sólo a imponer un criterio propio por encima del grupo.

A pesar de ese ingrediente esencial del punk, el disco resulta de lo más versátil, hay rock castizo en “Querido dolor”, rock and roll clásico en “He visto cosas que no podrás creer”… Supongo que parte de ese espíritu punk es reconocer que se trata de un género que resulta la (r)evolución de sonidos anteriores que también os gustan...

Raúl Tamarit: Claro, nos gusta jugar con distintas tesituras y coquetear con diversos palos. Al final nos influyen muchas cosas, y como dices,  el punk surge como una evolución directa del rock and roll. Es un género mucho más bastardo de lo que pueda parecer a priori, se nutre de muchos elementos del rock clásico, pero también del pop o del glam. Y todo eso está ahí. 

Por otro lado ese rock castizo tiene una denominación de origen, y en nuestro caso podemos acercarnos a  lo genuinamente anglosajón pero también a todo aquello que se hace aquí, que también nos ha marcado mucho.  Y es una baza con la que podemos jugar con total naturalidad sin que resulte impostado. 

Incluso dentro del propio punk lo manejáis con diversos acentos, más "ramonianas" a veces, otras con coros al estilo de bandas del Rock Radikal Vasco, otras con gotas garageras… ¿A pesar de su fama de poco dúctil, el punk es un género mucho más elástico y dinámico de lo que puede parecer a priori?

Raúl Tamarit: Pienso más en el punk como una forma de expresión que como un estilo concreto. Eso sí, siempre con un determinado énfasis visceral. Sobre todo por la inmediatez. Y el garage también participa de todos esos elementos.  Fíjate si el término punk es elástico que pueden llegar a recibir la misma etiqueta grupos que han introducido el reggae, el ska, la música disco, sonidos latinos, el rockabilly o el pop en su expresión más amplia. A todos ellos en algún momento les han catalogado de punk. Va mucho más allá de canciones rápidas de tres minutos. Hay que valorar esa mezcla y quedarse con lo esencial. Esa es la magia de la música, y de estilos abiertos. Y el punk lo es, o al menos en su origen lo fue.

En ese mayor colorido que hay en el disco también interviene, aunque de manera puntual pero creo que muy trascendente, los teclados de Gilberto Aubán en "He visto cosas que no podrás creer" y "Han vuelto a llamar", ¿era un aporte que sentíais que iba a dar dinamismo al sonido del disco?

Raúl Tamarit: Cuando hice “He visto cosas que no podrás creer” tenía claro que tenía que haber un piano más clásico. El riff me recordaba un poco a lo que hacía Bo Diddley y al mismo tiempo quería enfocarla con el tratamiento que le dan los Clash a “Julie´s Been Working for drug Squad”. Luego las maracas también le dan un punto muy vital.  

Sin embargo en “Han vuelto a llamar” se me ocurrió una vez montada la canción. Con esa guitarra fuzz de El Joven y al mismo tiempo por el concepto más pop que tiene, pensamos en que le vendría bien ese carácter más setentero. Gilberto Aubán fue decisivo, es un gran teclista. Sin escuchar las canciones entró en el estudio y en un rato pilló la idea y lo grabó. Nos ha gustado mucho como han quedado. 

Los textos de este trabajo alternan un contenido más intimista y otro más social, ¿es un disco que pretende mirar tanto hacia dentro como hacia afuera?

Raúl Tamarit: Al final las canciones son  reflejo de lo que uno es y de lo que le rodea, su entorno más inmediato. Es importante observar pero también mirarse por dentro, porque todo acaba formando parte de ti. En las letras siempre hay un componente autobiográfico que sale cuando menos te lo esperas, a  veces ocasionado por una noticia que lees o por algo que te dice alguien, y acabas asumiéndolo como propio. Lo mismo sucede con el mensaje social, que también te pertenece. Es como un pensamiento o una reflexión en voz alta. En este caso convertida en canción. 

Aunque el título del disco, por lo que has comentado, esté tomado de una frase, reconvertida, de un libro de Ray Brudbury, varias canciones, especialmente “He visto cosas que no podrás creer”, muestran la perplejidad que causa observar cómo en el día a día el mundo y el ser humano sigue en caída libre, ¿la realidad sigue superando a la ciencia ficción?

Raúl Tamarit: Es que se ve cada cosa que es de flipar... Cada vez tiene más sentido la frase “El hombre es un lobo para el hombre”. La humanidad contra la humanidad. Lo que no tiene sentido es que todavía se niegue el cambio climático, que partidos políticos con un claro ADN de autoritarismo hablen de libertad y por otro lado recorten en derechos sociales y culturales excluyendo de sus políticas a las minorías. Los mismos que niegan la violencia machista sin asumir las evidencias o el acoso sexual. Por no hablar de periodistas que sacan noticias fake a sabiendas que no son verdad: es muy burdo pero vamos con ello. Todo se puede llegar a tergiversar a unos niveles insospechados por  intereses propios y económicos y da un poco de miedo. Un poco es lo que dices: seguimos en caída libre. Ya lo decían Siniestro Total en “Pueblos del mundo extinguíos”

Hay una parte del disco que parece tener en sus textos un tono nostálgico, donde se asume el paso del tiempo. Citando uno de vuestros versos, “Ya no quedan héroes que canten al salir el sol. Se quedaron completamente afónicos, cansados de que nadie ya escuchara sus melodías todas las mañanas”… ¿Cuesta para una banda como la vuestra no sentirse extraña en el presente?

Raúl Tamarit: Esa canción se puede interpretar en varias direcciones. Por un lado actualmente hay mucha más oferta que demanda, eso es innegable, y seguramente ante tanta información nos estamos perdiendo, o nos hemos perdido, propuestas muy interesantes que han quedado enterradas ante el tsunami en el que estamos metidos, por no hablar de los que han acabado tirando la toalla. 

Y por otro lado, los que han visto que todavía hay un filón al que le pueden sacar rédito, resucitando propuestas agotadas, sin aportar nada nuevo y que se mantienen girando a día de hoy por un “One hit - wonder” que sacaron hace cuarenta años. Cuidado, no lo critico, me parece muy bien que puedan jugar esa carta. Lo que a veces sí que da un poco que pensar es en la nostalgia continua en la que se vive actualmente. Hace poco leía un artículo del periodista Nando Cruz que comentaba que en Estados Unidos un 72´6% de streamings reproducen grabaciones de catalogo; solo el 27´4 son novedades.  

En cualquier caso, no nos sentimos extraños. A una parte del público todavía les interesa el rock, pero hay que conseguir llegar a ellos. El esfuerzo seguramente es veinte veces más que cualquier otro que trabaja con más medios, pero en eso estamos, desafiando a las listas random y a los algoritmos. Nosotros somos así.

Sin embargo en otro tema cantas: “Ya no somos jóvenes, tendremos que asumirlo. Y tengo tantas cosas que decir..” Aceptando las lógicas consecuencias del paso del tiempo, ¿se trata de una reivindicación de vuestro derecho a seguir cantando y contando cosas…?

Raúl Tamarit: El paso del tiempo es algo que algunos momentos me obsesiona. Es algo que no se puede controlar, pasa por encima de nosotros sin ninguna opción de detenerlo. El miedo a envejecer o a enfermar se acusa a partir de ciertas edades, a perder a la gente que quieres, familiares, amigos…Ya son muchos los que se han ido quedando en el camino. Pero al mismo tiempo eres consciente de que no tienes veinte años, y que estás viviendo este momento, con otra edad, y que es distinto, pero es el ahora, y hay que vivirlo plenamente. La canción lo dice: “Ya no somos jóvenes, empieza un nuevo tiempo”. Con sus pros y sus contras, pero hay que vivirlo con la mayor intensidad con la que se pueda, aunque al mismo tiempo te planteas que tampoco quieres cambiar nada, que deseas seguir haciendo lo que quieres y lo que te gusta, y acabas aceptado el momento y sus consecuencias. 

¿En ningún momento habéis flaqueado y os habéis sentido predicando en el desierto y con ganas de tirar la toalla…?

Raúl Tamarit: Bueno, tienes momentos de bajón, y a veces piensas: "éste es el último". Y mientras lo estás pensando, estás apuntado una frase que se te ha ocurrido para una posible canción. Tengo un grupo de Wassap en el que estoy yo solo que se llama letras, y ya está atiborrado de ideas, frases y bocetos. Así que todo lo que diga es mentira. Es algo que está ahí y que me gusta, ya es una necesidad vital. Cuando hablamos el resto del grupo sobre esto,  la opinión es generalizada. Y nunca se hace mención a que se trate del último, e incluso recién salidos los discos, siempre hay algún comentario al respecto: pues en el siguiente tal o cual. Así que ahí seguiremos. 

Cada disco nuevo tiene su ritual a la hora de ser presentado en directo, pese a la trayectoria consolidada que tenéis es difícil veros en giras amplias a lo largo del Estado y no digamos en festivales. ¿De qué manera observáis o valoráis la difícil situación creada entorno a las posibilidades para actuar en directo, ya sea en salas o festivales?

Raúl Tamarit: A nosotros nos gustaría estar todos los fines de semana en algún sitio tocando, pero también es verdad que no podemos hacerlo. Somos un grupo que nunca ha tenido agencia de contratación para esos menesteres. Al principio lo hacíamos nosotros, pero es que lo nuestro es hacer música e interpretarla.

Respecto a los festivales… pues supongo que las agencias saben vender su catálogo a los promotores y les contratarán a varios artistas de su roster por un módico precio. Vete a saber. No sabría decirte. Además de que no es mi mundo. Eso sí, nosotros estamos ensayados y con las guitarras afinadas por si hay que salir mañana. De momento el día 6 de abril tenemos la presentación en Valencia, en 16 Toneladas. Y tenemos muchas ganas. Lo siguiente, pues se irá viendo. 

30 aniversario del disco "Crooked Rain, Crooked Rain", de Pavement


Por: Àlex Guimerà

La disociación entre arte y popularidad es constante, no sólo en la pintura o en la literatura sino también en el mundo de esta forma artística a la que conocemos como rock. Creatividad, talento e innovación no han ido necesariamente asociadas a las ventas astronómicas de discos, los grandes taquillazos ni al reconocimiento masivo de los medios de comunicación. Es más, la mediocridad muy a menudo ha impostado el talento, del mismo modo que gente cuyo ingenio ha supuesto avances e influencias para el futuro desarrollo de la evolución musical ha sido ignorada por la industria y por sus canales "mainstream". Uno de los más recientes ejemplos lo encontramos en Pavement, una formación norteamericana de indie rock a la que muchos han calificado como “la banda de los noventa”. Y razones no les faltan.

Formados tras la senda marcada por bandas de rock independiente “Made in USA” de los ochenta como REM, Sonic Youth, Husker Dü o Dinosaur Jr. precisamente llenaron el vacío dejado por estos en una década de los noventa en la que estos cayeron hacia un éxito masivo (hablo especialmente de la banda de Michael Stipe) o hacia su disolución u olvido. Pioneros del movimiento Lo-Fi cuya máxima premisa era recuperar para el rock la autenticidad de su sonido más directo y crudo utilizando medios tecnológicos simples en las grabaciones, con su primer álbum “Slanted and Enchanted”, de 1992, lograron captar esa aura amateur pretendida a lo que añadieron unas letras ingeniosas a la vez que incisivas.

Pero fue dos años después cuando alcanzaron su cenit creativo de la mano de este monumental "Crooked Rain, Crooked Rain". Un segundo trabajo donde el conjunto cambió su composición ya que una de sus almas, Gary Young, tuvo que ser expulsado por sus incipientes problemas con las drogas y el alcohol y por su comportamiento conflictivo e imprevisible durante las giras. Al parecer, el ex-hippie y batería se levantaba a media actuación para dar vueltas entre el público, si es que no se había quedado colapsado y dormido encima de los bombos, sin contar con las veces que se plantaba en la puerta de la sala para regalar a sus fans ensaladas o puré de patata.

Por ello, y para completar la banda, llegaron unos tipos normales llamados Bob Nastanovich, Mark Ibold y Steve West que se añadieron a Steven Malkmuss (guitarra, voz e imagen de Pavement) y a Scott Kannberg para irse a gravar a Londres bajo las órdenes de Joe Boyd, antiguo productor de ilustres como Nick Drake o Fairport Convention, con quien no faltaron las tensiones.

En el plano musical, relajaron su estilo de tocar y fueron menos "Low Fidelity" que en su debut aunque se mantuvieron fieles a su fórmula original. Y es allí donde precisamente recae su grandeza: en cómo supieron hilvanar a través de atractivas melodías pop todo el ruido, el caos sónico y las estructuras disonantes aprendidas de las bandas alternativas de los ochenta.

En "Crooked Rain, Crooked Rain", además, vemos un eclecticismo que caracterizará al conjunto a base de sus múltiples influencias: desde la siempre referenciada Velvet Underground - especial atención a las similitudes en el canto de Malkmus con Reed - a los mancunianos The Fall, pasando por Dinosaur Jr. o The Kinks. Pero especialmente la fusión distorsión y melodía herencia de los Sonic Youth y la adopción de las alternancias altos-bajos de inevitable recuerdo a la banda de Frank Black (Pixies).

Así, “Silence Kid" -en edición original por error de impresión se titulaba "Silence Kit"- llama la atención por su imprevisible aunque coherente cambio de ritmo. De "Stop Breathin'" destaco los acordes hipnóticos de su magistral guitarra final, de "5-4=Unity" su inspiración en el jazz, de "Newark Wilder" su delicado y frágil desorden. Luego vienen "Unfair" y "Gold Soundz", piezas centrales de la obra. La una invade por su ritmo desgarrador y bien hubiera podido sido compuesta por el mismísimo Kurt Cobain, la otra es más pop y está conducida por una sublime guitarra rítmica.

Y qué decir de "Cut Your Hair", uno (sino el mayor) de los emblemas de la formación que incluso tonteó con el éxito. Se trata de una crítica mordaz contra aquellas bandas de rock que cuidan demasiado su estética en lugar de preocuparse por su arte. Otra a destacar es "Range Life" , un fabuloso medio tiempo con alma naif y cuerpo minimalista. Es la perfecta antesala del camino que tanto y tan bien luego explorarían bandas del Alt-Country como las capitaneadas por Jeff Tweddy y sus geniales Wilco. En su letra, además, se incluyen referencias despectivas a Smashing Pumpkins y a Stone Temple Pilots que no sentaron demasiado bien a los afectados. En cambio, "Heaven Is a Truck" se convirtió en una de las favoritas de sus fans a pesar de que Malkmuss la metió en las sesiones de remasterización a escondidas y en contra de la voluntad de sus compañeros. La siguen "Hit the Plane Down", caótica pero manteniendo cierta coherencia, quizás por virtud de su contundente línea de bajo, y "Fillmore Jive", especial homenaje a los mods ingleses de los sesenta, cuya épica cierra magistralmente un álbum lleno de matices para explorar.

Curioso que teniendo muchos elementos de grandeza pasaron a ser considerados como extraños y como banda de culto para una minoría, cuando tenían talento suficiente para poder arrollar el mercado y encumbrarse hacia el estrellato. El problema quizás se encontraba en su imagen de tipos corrientes: ni consumían cocaína, ni estaban atormentados, y menos aún cuidaban su estética. Se trataba simplemente de varios jóvenes que se divertían haciendo música y experimentando con ella. Encima en nuestro país pasaron prácticamente desapercibidos ya que apenas lograron entrar en los circuitos de la música independiente de los noventa, cuya hegemonía recayó en los prolíferos y abundantes grupos británicos y sus a menudo fáciles y seductoras artimañas que lograron el interés masivo de los modernos sin dejar grandes aportaciones para el futuro del rock, con contadas (pero notables) excepciones. Aunque es fácil decirlo a tiro pasado, el tiempo y la distancia hacen que los discos se revaloricen en su justa medida, a la vez que nos ayudan a comprender el alcance y el sentido de la frase de “más vale caer en gracia que ser gracioso”. Y la gracia en los noventa se encontraba al lado de los Pavement.

The Fuzztones: La vigencia como supervivencia


Sala Ambigú Axerquía, Córdoba. Viernes, 16 de febrero del 2024.

Texto: J.J. Caballero.

Fotografías: Manuel Torres.

La primera vez que escuchamos un tema de los Fuzztones en la radio, cuando aún era el medio más fiable para descubrir y aprender cuál era la música que nos gustaba de verdad, nadie nos habría dicho que casi cuarenta años después íbamos a tenerlos tocando justo en frente, al lado de casa y junto a otros y otras que, como nosotros, quedaron absorbidos por el sonido del garage rock que situaba a New York como la cuna de una escena que revolucionó clubes y entornos sociales en un momento mucho más propicio para el terremoto cultural que significó. 

Todo empezó cuando un personaje de vida peligrosa y entregado a la causa de empuñar un mástil con seis cuerdas y ponerse a versionar con sus colegas a un puñado de bandas que guiaban sus pasos vitales, siempre impulsado por el espíritu transgresor y mirada gamberra tan necesarios para ser tenido en cuenta. Glen Dalpis, a sus actuales setenta y un años, nunca quiso dejar la música para que la música no lo dejara él, y por eso se inventó el alter ego de Rudi Protrudi con el que lleva más de media vida grabando y haciendo canciones aptas para incendiar cualquier local en la compañía de sucesivas formaciones y músicos que ha ido reclutando desde que antes de entrar en la esplendorosa década, aunque no para ellos, de los noventa, decidiera poner punto final a la primera y más prolífica etapa de la banda. Desde entonces, de manera intermitente pero con las agallas y la seguridad que a otros les faltaron, recuerda a quien quiera acercarse a sus dominios que él está dispuesto a continuar dando guerra y plantando cara a todo el que ose a poner en duda su liderazgo.

El arsenal de la banda, recuperada plenamente para el directo después de una etapa en que asistir a uno de sus conciertos era apostar a la ruleta un número que igual ni estaba incluido en la misma, suena esplendoroso y con una inusitada intensidad que en la sala Ambigú Axerquía de Córdoba complació sobradamente a un par de centenas de personas que eran aproximadamente las que fueron a comprobar todo lo aquí apuntado. Noche amortizada con creces desde que la banda, ambientada por “Blues theme”, el instrumental de Davie Allan & The Arrows con el que suelen comenzar los shows, se apodera de guitarras (Marcello Sallis, el hombre del collar de colmillos blanco, se encarga de poner el hieratismo necesario para que la fiesta alcance el tempo que tiene que alcanzar), teclas (Nico Secondini, los otros colmillos de un órgano igual de afilado), bajo (Pau Rodas, el españolito del lote, encantado de involucrarse en la gira de quienes probablemente hayan sido unos de sus ídolos) y batería (Marco Rivagli, showman descamisado en sus ratos libres) para atacar “I never knew” como preámbulo del seminal himno “Bad news travels fast”, la primera canción que plantaron en las FMs de la época, junto a otra poderosa “Action speaks louder than words”, en un set inicial donde recuperar raíces y dejar claro por dónde fueron siempre los tiros. 

A los clásicos del garage atemporal no hay que explicarles el valor que tuvieron en su momento temazos como el salvaje “Romilar D” o “This sinister urge”, en los que combinan pedales fuzz (los responsables de su bautizo como grupo), desfases psicodélicos y energía primaria, que es la que impulsa barbaridades de recorrido irregular y eficacia probada. “Johnson in a headlock”, “Charlotte’s remains” y “Barking up the wrong tree”, escogidas entre la diseminada producción posterior, emergen como piezas salvajemente actuales, y “Ward 81” es presentada además como título del documental que está a punto de estrenarse, una cinta que por fin hará justicia a su leyenda subterránea. El discurso cómplice del líder se hace carne en la rotunda “Higway 69” mientras él, a lo suyo, aporta rasgueos y actitud entre solo y solo sin que la sombra de la decadencia parezca una amenaza real.

Antes del consabido medley con el que festejarse y festejar su plena vigencia, se recrean en una alargada y socarrona “Heathen set”, divagan lírica e instrumentalmente en la diabólica “Don’t speak ill of the dead”, invocando al mismo tiempo a los fantasmas de Jim Morrison y los Stooges, y resumen su estricnina sónica justamente en eso, en una “Strychnine” con la que vuelven a mirarse en el espejo de sus primos de sangre The Sonics. No en vano fueron la primera referencia del bueno de Rudi cuando decidió convertirse en el nuevo brujo del rock lisérgico. Desde luego, a este ritmo y tras lo sucedido en Córdoba, todo es aún posible en su aquelarre, más teniendo en cuenta que no le faltan discípulos entregados con los que prolongarlo hasta cuando haga falta. Son The Fuzztones, amigos y amigas, y esta es su ceremonia eterna.

Luis Fercán: "Postales perdidas"


Por: Javier Capapé. 

El tercer disco del gallego Luis Fercán (cuarto si tenemos en cuenta su imprescindible EP "Furias") vuelve a la senda de su debut, vistiendo sus canciones con más colores que los ofrecidos en su anterior disco, donde primaba la desnudez. En estas nueve canciones que conforman "Postales perdidas" Fercán recorre las sendas de la canción de autor cercano por momentos al rock y en otros a la tradición. Vuelve a los mandos de la producción Nacho Mur, grabando en los míticos estudios Gárate de Euskadi, pero ahora abre más su mirada para mostrarnos, con el desgarro vocal característico de Fercán, nuevos espacios en los que sus composiciones crezcan, bien desde la introspección que nos marca su guitarra, así como desde el ímpetu del rock o la pulsión con aires cercanos al blues. Contar con una banda completa sostiene unas canciones más maduras sin perder su intensidad característica, ya que no le falta esa cercanía que nos ha hecho sentir siempre su presencia como cantándonos al oído, algo que tampoco falta en estas "Postales perdidas". 

Han sido varias las canciones presentadas antes del lanzamiento del disco (como viene siendo habitual en estos tiempos), pero aún así éste se siente como un todo bien ensamblado donde además caben todos los matices que aportan los sedosos y presentes bajos de Rodrigo Valiente, los sutiles teclados y ambientes de Carlos Gil, el personalísimo estilo de la batería de Karlos Arancegui (muy interesantes aquí también sus percusiones) y las múltiples cuerdas de Nacho Mur, que ejerce de guitarrista además de productor. 

La colección se abre partiendo de donde nos habíamos quedado en "Canciones completas desde una casa vacía", ya que "Busco" es la canción más continuista de las aquí reunidas. En cuanto ésta termina, el espectro se abre y poco a poco nos vamos distanciando de sus referencias más inmediatas, aunque "Frío al verte" sigue conservando esa personalidad tan marcada por esa mandolina folkie introducida por Nacho Mur en anteriores entregas y tan resultona aquí, junto a una percusión tan minimalista como efectiva. 

"Postales perdidas" tiene mucha carretera. A lomos de esa autocaravana que, conducida por el propio Luis, nos ofrece estas postales hechas canción. Reflejo de lo aprendido en el camino, de lo rodado y disfrutado. Pero no son tan perdidas como bien halladas si descubrimos en ellas un espejo en el que mirarnos y confrontar nuestras vivencias con las del propio músico santiagués. Referencias a su Galicia natal, a sus paisajes y clima, que se convierten en las perfectas metáforas con las que desnudarse y hablar de sí mismo y de sus experiencias más íntimas, algo ejemplificado en "Ahí atrás (miedo en el mar)", muy bluesera y marinera. Se toma su tiempo para crecer e ir calándonos entre detalles de eléctrica sutil y un órgano que sostiene el derroche vocal de Fercán sin llegar a explotar, pero nos encanta por sonar fuera de los lugares comunes del gallego, aunque a la vez la sintamos tan familiar. "Hay algo en esa luz" se nos presenta ligera, abre sus recovecos con cuidado, mostrando matices que la agrandan entre suaves coros, unos toques jazzísticos en las guitarras y en la forma en la que se acaricia la batería y ese recurso del falsete con el que prueba nuevas sonoridades con su voz el propio Fercán. 

Con "Ese borracho", además de destilar confesiones a cada frase, nos hace levantarnos con su épica acústica, recordándonos a la banda de su productor, La M.O.D.A, o a la energía folkie de los anglosajones Mumford and Sons. "Una señal" presenta una gran profundidad marcada por el pulso de su bajo, que es tan íntimo como desgarrado, como casi todo lo que toca este músico, que va con todo en cada entrega, algo que también ocurre en "Temple bar", con esa cadencia de soul arrastrado en las estrofas saliéndose del guión, aunque en los estribillos se torna más pop, pero en ella lo que más destaca es su hammond y ese bajo tan presente que acuna a un Fercán más contenido y sugerente. 

"Rayas de cielo" es cruda y juega con la distorsión y los efectos casi electrónicos con los que también resulta ganador. Luis se mueve con comodidad y soltura en esta oda sombría que recuerda al cierre de su debut que también se salía de la norma del cantautor, aquella combativa "Incendio". Sin embargo aquí, el final del lote nos devuelve al cantautor más clásico y cercano, el que nos pone la piel de gallina con lo más básico, y así "Tu recuerdo (verde otoño)" nos deja exhaustos con la crudeza del leve rasgueo de una guitarra y una expresión vocal donde la contención vuelve a palparse cual pura emoción desmedida. 

Perderse en estas "Postales" es fácil y una vez más, como casi siempre que volvemos a las canciones de Luis Fercán, reconfortante. Con un estilo que ya es marca de la casa, volvemos a caer rendidos ante una propuesta cada vez más consolidada en nuestro panorama de la canción de autor. Fercán vino para dejar huella en este ámbito y ha conseguido no ser uno más y convertir sus historias en auténticas postales de nuestros momentos más personales, esos que aunque duelan nos acompañarán siempre y nos definen. Esperemos que el recorrido de estas nuevas canciones que hoy nacen para todos nosotros sea muy largo, cure heridas y nos arrastre, invitándonos a ser sus narradores y estrellas, subidos en esa autocaravana tan personal en la que Luis nos abre las puertas de par en par para formar parte de su particular paisaje.

Entrevista 15 Aniversario: Adolfo Díaz (Airbag)


“No buscaría el éxito de otra manera que no fuera haciendo lo que yo quiero hacer” 

Fotos: José Carlos Nievas.

Hay grupos cuya mera existencia te hace esbozar una sonrisa, no fallan, siempre traen bajo el brazo canciones directas, pildorazos de casi tres minutos que saben a pura felicidad. Frescas, efervescentes, capaces de invitarte a saltar y bailar, dejando los problemas de lado para celebrar la vida. 

En esa categoría sobresalen los malagueños Airbag, algo que vuelven a demostrar en el recientemente publicado “Vida Extra”, un brillante EP de apenas tres composiciones donde con la energía habitual dan un repaso a las modas cambiantes, los viejos amigos que decidieron hacerse mayores y a las parejas ancladas en la monotonía, en el marco de un trabajo que deja con ganas de más composiciones, pues por su efectividad, ya se sabe, siempre nos saben a poco. 

Airbag, personificados en Adolfo Díaz, estaban más que invitados a nuestro 15 aniversario, antes inclusive que supiéramos de la edición de “Vida Extra”; el verano pasado coincidimos con ellos en la Costa del Sol en dos citas muy distintas, Los Enemigos y Canela Party, conciertos que hablan a las mil maravillas de su variado y gran gusto musical. Se mostraron cariñosos, directos y casi tan elocuentes como lo son en sus grabaciones. A día de hoy, no lo vamos a esconder, es uno de nuestros grupos nacionales favoritos por lo que es un inmenso honor contar con ellos en esta humilde conmemoración. 

¿Qué valoración general harías de la actual situación del "mundillo" musical? 

Adolfo: Está muy vivo en cuanto a lo artístico, pero creo que hay cierta saturación, hay como demasiadas cosas, hay tanto que me da pereza bucear en todo. También el formato de sacar canciones sueltas sin parar ha acabado descolocando muchas cosas que estaban muy establecidas, ahora hay mucha gente andando como pollos sin cabeza en la industria. Fábricas de vinilo desbordadas, las promociones no funcionan como antes, la crítica especializada no da abasto para acaparar todo lo que sale. Se sacan miles de novedades cada día y la gran mayoría pasan sin pena ni gloria. Hay mil colaboraciones, hay veces que ya no se sabe de quién es la canción ni en qué disco viene. Creo que esa agonía de querer sacar y sacar canciones cada poco para estar siempre en el candelero está pasando factura. De hecho, esta misma semana se hizo viral un vídeo con agencias de promoción de artistas diciendo que no han vivido un año peor que este. Y lo mismo los medios especializados, que tienen excesivo trabajo, y que además no se ve recompensado luego. Esto es solo una consecuencia más de que la música haya perdido gran parte de su valor, al ser consumida rápido, gratis y con poca atención. Le das 10 segundos de oportunidad a una canción y si no te entra pasas a otra cosa. 

El algoritmo de las plataformas te está diciendo cada día lo que vas a oír, lo cual por un lado está bien porque descubres novedades y cosas, pero otro lado te cerca de alguna manera en un gheto musical en el cual alguien, o algo, elige por ti lo que vas a oír en tu coche, tu casa o en la oficina, es casi igual que la era de las radios comerciales, pero más individualizado y dirigido hacia ti y tus gustos generales. 

Dicho esto, la música sigue teniendo mucho poder, al final los conciertos de la gente que interesa están llenos, hay chavalería haciendo cosas buenas e interesantes y que funcionan, y no hablo solo de música urbana, trap, etc, que es la moda y por supuesto es lo que impera. También hay un resurgir de la música de guitarras fuertes, que está regenerando público. Y también hay grupos clásicos y muy veteranos que siguen llenando recintos y sacando discos. 

Siempre se ha hablado del directo como último refugio para mantener con vida a las bandas, ¿Crees que hay una red de salas y condiciones favorables a lo largo del Estado? 

Adolfo: Depende de en qué ciudades, Málaga es un desastre en red de salas, solo existen salas profesionales a las afueras y son de tamaño grande, con lo cual a los nuevos grupos les sirven de poco, a no ser que sea para acompañar a algún grupo más grande cuando vienen a la ciudad. Para la escena de una ciudad es básico que haya una o dos salas de pequeño o mediano aforo en el centro, ahí es donde se hacen las escenas.

En Málaga solo hay bares como el Velvet, que buenamente hacen lo que pueden y apoyan a los grupos nuevos, pero no dejan de ser bares donde caben 100 personas y no tienen instalaciones adecuadas. Ahora parece que han surgido algunas salas más, y al menos tenemos las de aforo grande. Luego en Madrid o Barcelona hay mucho más, pero los precios de alquiler se han disparado. Tocar para un grupo como nosotros en alguna de estas ciudades nos puede costar 1000, 2000 euros o incluso más, solo de alquiler de sala, que entiendo que se les pague porque te ofrecen un servicio profesional y hay mucha gente viviendo de ese trabajo, también entiendo que todo ha subido, aún así, algunos alquileres me parecen exagerados. Pero como hay tanta oferta y saturación, siempre hay gente que pagamos eso para poder tocar. Es otra consecuencia del exceso de cosas que hay y la famosa “ley de oferta y demanda”. 

¿Cuál es el papel que en ese sentido crees que juega la proliferación de festivales? 

Adolfo: Bueno, los festivales son un buen complemento a los conciertos en sala, son otro concepto, para mí son como un escaparate donde gente que no te conoce te pueden ver y pueden subirse al carro de tu música. Nos gusta tocar en festivales también, ahora quizás hay demasiados y llevando siempre a los mismos grupos y estilos, por eso algunos festivales no funcionan ya, arriesgan poco y la fórmula se agota. Al fin y al cabo, son un negocio que busca ser rentable. En mi opinión hay que buscar siempre un punto de diferenciación, algo que te haga distinto y especial a otros festivales. Igual no es fácil a corto plazo y tardas en verle color, pero a la larga creo que se valora más. 

Ahora que la venta de discos es irrisoria, las plataformas siguen robando a los creadores con porcentajes ínfimos por reproducción y en los festivales apenas se paga a los artistas más minoritarios, salvo honrosas excepciones. ¿Por dónde pasa la durabilidad de los proyectos y las carreras de larga duración? 

Adolfo: La durabilidad de tu proyecto depende de cada uno y de las ganas que tenga de seguir adelante. Nosotros seguimos porque no lo podemos dejar, así de sencillo. Nos gusta demasiado esto y queremos aprovechar lo que nos quede. Aunque hay factores que influyen, evidentemente. Si hubiéramos estado perdiendo dinero durante 20 años lo hubiéramos dejado ya seguramente, al menos de forma profesional. El artista tiene el poder decir “no” a quien te pague poco y te de malas condiciones. Supongo que hay bandas que aceptan tocar en festivales por “visualización”, pero nosotros no somos una de ellas. A nosotros nos cuesta dinero salir a tocar, y si no nos compensa, no vamos. No tenemos necesidad porque no dependemos 100% de la música. 

A la hora de disfrutar de la música como oyente, ¿prefieres acercarte a los clásicos con los que te hiciste melómano/a o bien prefieres escuchar propuestas novedosas? ¿Por qué?

Adolfo: Un poco de todo, me va por rachas, hay veces que me apetece bichear cosas nuevas y otras veces que me tiro un mes oyendo a un solo grupo. Siempre vuelvo a cosas clásicas y a mis grupos favoritos, pero también descubro mucha música que para mí es nueva, pero que son discos de hace décadas, la música es inagotable e increíble en toda su diversidad. 

Todo oyente tiene algún secreto no confesable de bandas y/o músicos que le emocionan y que no suelen estar bien vistas, ¿Cuáles serían los tuyos y por qué? 

Adolfo: Me gustan cosas super horteras a ojos de según quién, por ejemplo, me emocionan algunos discos de Dire Straits, y hay gente que se escandaliza por eso. La verdad es que Dire Straits tienen todo lo necesario para que no me gusten: canciones larguísimas, sonido depurado, imagen de mierda, fans que no tienen nada que ver conmigo… pero es que tienen canciones increíbles y, para mí, si te llega una canción sea por lo que sea, eso está por encima de todo. “Making Movies” es uno de mis discos favoritos. Luego escucho muchos géneros que no todo el mundo se espera, me encanta el reggae, dub, exótica, hip hop, el último concierto en el que lloré de emoción fue en Iron Maiden. 

¿Cuál fue ese primer contacto con la música que te empujó a dedicarte a ella? 

Adolfo: No estoy seguro, pero desde pequeño fue como una obsesión, desde que oí a Elvis y los Beatles en el coche de mi padre, supongo. Recuerdo que luego, aún de niño, vi a un grupo cargados con guitarras en el aeropuerto de Barcelona, me dijo mi padre que serían “un grupo de música”, y se ve que le dije que yo de mayor quería ser como esos. No paré hasta conseguir un teclado y luego una guitarra eléctrica. 

Cita cinco nombres básicos en tu reproductor en los últimos meses. 

Adolfo: Estoy oyendo muchas bandas nacionales de guitarras, lo nuevo de Mujeres, Aiko el Grupo, Kora Yako, Nadie Patín, Yawners, por ejemplo. De grupos de fuera estoy pasando una fase de no encontrar muchas cosas que me haga ponerlos de nuevo. 

¿Qué artistas malditos, minoritarios o relativamente novedosos nos recomendarías encarecidamente no perder de vista? 

Adolfo: El grupo que más infravalorado veo es Jamie 4 President, acabo de hacerles la nota de prensa de su nuevo Lp, que es buenísimo como los anteriores, no tienen la atención que merecen la calidad de sus canciones y no lo puedo entender. 

Airbag siempre ha sido una banda underground que ha contado con el favor de un público fiel. ¿Qué consejo le daríais a una banda novel que pretenda vivir de la música? 

Adolfo: No me veo quién para dar consejos, yo tampoco puedo vivir bien de la música solamente, así que en ese sentido no soy el más indicado. Lo único que puedo decir es que lo mejor es ser uno mismo y hacer lo que te guste, primar lo artístico y quedarte a gusto contigo mismo, si luego llega la recompensa en forma de éxito estupendo, pero yo no buscaría el éxito de otra manera que no fuera haciendo lo que yo quiero hacer. 

Sois de Estepona, afincados desde hace años en Málaga capital. ¿Sentís que musicalmente hablando algo se está moviendo y cada vez al sur de Granada? ¿Qué elementos son necesarios para ir creando una pequeña escena en ciudades como la vuestra? 

Adolfo: En Málaga y en otras ciudades veo mucho movimiento de gente joven, haciendo música urbana pero también recuperando sonidos de guitarras, rock. Hubo un momento que creía que no había relevo y que el rock era cosa del pasado, pero en los últimos años estoy recuperando la fe. Por citarte solo unos cuantos grupos muy muy jóvenes de Málaga: Quirkyoddgirl, Lord Malvo, Mal Viaje, Gentileza, Sarria, Vis Viva… lo único que hace falta es continuidad y perseverancia, trabajo… ya salieron adelante otros grupos como La Trinidad, que siguen siendo jóvenes y ya tienen una trayectoria a nivel nacional en la escena indie rock, o DelaOssa a nivel de música urbana. Yo creo que en Málaga falta una red de negocio que no existe o es deficiente y escasa, hay muy pocas salas profesionales en zona centro, no hay apenas agencias de management, sellos discográficos, los técnicos de sonido profesionales escasean, no hay casi roadies, backliners, tampoco agencias de alquiler de backline, hasta hace 10 años apenas había locales de ensayo profesionales, nosotros montamos unos casi por necesidad y por dar ese servicio que veíamos que claramente faltaba en la ciudad. Esa es la diferencia que tenemos logísticamente con respecto a Granada, por ejemplo. 

¿Cuál es el primer recuerdo que tienes de nuestra revista digital? 

Adolfo: El primer recuerdo es que os interesasteis por nosotros en su día, cosa que no puedo decir de otros medios. (Risas) 

¿Qué valoración haces de nuestra evolución como web asentada dentro de la oferta de prensa musical, nacional y gratuita? ¿Qué es lo que más te gusta de El Giradiscos? ¿Y lo que más te irrita? 

Adolfo: Siempre lo digo, seguir adelante después de tantos años es un logro, siendo gratuita más aún. Lo que más me gusta es que sea ecléctica y no se cierre a modas y/o estilos en pro de una audiencia mayor, me gusta que los que escriben sobre música sea porque les flipa lo que oyen y se entusiasmen. No me irrita nada, me irritaría que no le hicierais caso a nuestra música. 

Espacio libre para una felicitación, crítica o lo que venga en gana… 

Adolfo: ¡Enhorabuena, por muchos años más, y que nos sigamos viendo en conciertos!

The Lovely Basement: “Lazy Travellers”

 
Por: Àlex Guimerà.

Cómo nos alegramos de que existan sellos de música independiente en nuestra casa y que nos descubran talentos, aunque estos ya estén rodados. Hablamos del nuevo fichaje de la discográfica No Aloha Records -también hogar de The Silos, Carolina Otero, Edu Errea y Islandia nunca quema- afincada en un pequeño pueblecito del Baix Camp (Tarragona) y que toma el nombre de una canción de The Breeders. El sello acaba de publicar el tercer disco de una formidable banda surgida en 2018 en Bristol (Inglaterra) de nombre The Lovely Basement y que está formada por Katie Scaife (voz y guitarra), Kevin Bache (voz y guitarra), Steve Dew (batería) y Paul Waterworth (bajo).

Con dos anteriores discos en el mercado producidos por Breaking Down Recordings (Bristol), "Just Because You Can" (2019) y "Lovely Basement" (2022), su sonido tomaba lo mejor del pop independiente de finales de los noventa, tanto procedente del Reino Unido como de los Estados Unidos, con influencias indiscutibles de Galaxie 500 (y Luna), Belle & Sebastian, Yo La Tengo, por decir algunos, y claro, de la Velvet Underground, auténticos iluminadores de todos los anteriores (no es casualidad que tengan un tema llamado "Mo Tucker"). Pop de cámara, melodías crepusculares y esos ambientes taciturnos que tan bien sirven para evadirnos.

Con este "Lazy Travellers" continúan dejándose llevar por las mismas corrientes artísticas aunque apartándose algo de la cara introspectiva y buscando el pop más luminoso. Por ello podemos decir que se acercan a gente como a los australianos Go-Betweens o a los Guided By Voices, aunque podríamos encontrar decenas de influencias y similitudes. Me quedo con el punch de Lou Reed y Jonathan Richman que se escucha de buenas a primeras en "What I Like". Le sigue a esa una "Gas Station With A Bar" en donde vocalmente los emparento a Alec Ounsworth (Clap Your Hands Say Yeah) cuando aquel logra calmarse. En "Brown St. Library" llega una instrumentación al más puro estilo Wilco y en "Wooden Leg" languidecen y tiran de ritmos ensoñadores. "Wait A Minute" es puro rock sucio "velvetiano", mientras que "Gasómetro" podría haberla cantado Nico a finales de los sesenta. Maravillosas esas "Ghost Of The Listening Post" y "Mysterious Ways" que parecen compuestas por Dan Warehan, y que traen harmonías flotantes encima de unos rítmicos riffs omnipresentes.

Sensacional regalo para los oídos llegado de Bristol vía un pequeño pueblecito catalán llamado Pratdip, que intenta acercarnos a bandas de calidad que merecen ser descubiertas y reivindicadas. No Aloha Records ya llevan unos cuantos aciertos, y tras escuchar estos "Viajeros perezosos" podemos afirmar que han sumado un nuevo éxito. Pop rock apto solo para gourmets.