Nudozurdo, una pasión eléctrica


Sala Copérnico, Madrid, Sábado 21 de febrero de 2026. 

Texto: JC Peña. 
Fotografías: Jorge Bravo Crespo “El Gurú”.

Juzgándolo con la perspectiva que da el tiempo, puede sostenerse que “Tara Motor Hembra” es la obra maestra de Nudozurdo, una de las bandas más singulares -si este adjetivo sirve de algo a estas alturas- de las que ha dado este país en lo que va de siglo y más allá. El disco, que ha envejecido envidiablemente por la calidad de su material y la sobriedad de su sonido, se ha reeditado recientemente en doble vinilo. En tiempos en que se conmemora casi todo, tenía sentido que la formación liderada por Leo Mateos celebrara su quince cumpleaños casi exacto junto a su público. Un público mayoritariamente veterano, aunque con alguna incorporación juvenil. 

Al vocalista y compositor le acompañaban Jorge Fuertes (batería), Meta (bajo) y César de Mosteyrin (guitarra), los músicos que grabaron aquel trabajo que tendía puentes entre la estética underground y un pop alternativo de mayor alcance. Ello daba más valor al evento, cuyo repertorio fue completado con material de la misma inspirada época. La buena acogida de “Tara…” tuvo su resaca. En años posteriores Nudozurdo trataron de ampliar su recorrido comercial. Si no lo consiguieron es porque seguramente ese público no exista. Sus canciones son demasiado oscuras y personales para el gusto mayoritario. Pero ésa es otra historia. Ha llovido desde 2011, pero la melancolía acecha si uno hace comparaciones. La economía es un chiste aún más malo que el de entonces, los políticos son peores que nunca (incluyendo aquellos que se disponían a redimirnos), y en cuanto a la música, el mainstream centrifugado por las plataformas es una fórmula dictada por algoritmos. Muchos conciertos y festivales se han convertido en artículos de lujo, de modo que los dieciocho euros que costaba el evento sonaban a ganga. En tiempos de inflación generalizada, este gesto les honra. 

“Llega la segunda parte de 2011”, soltó un lacónico pero agradecido Leo. La distopía no estaba tan lejos, sólo que es mucho más cutre de lo que pensábamos porque, entre otras cosas, no hay coches volando, aunque sí aplicaciones que permiten reservar un taxi. El tiempo ha hecho de las suyas, sí -la cabellera rizada de Leo, como la de tantos otros, ha desaparecido-, pero el tercer disco de Nudozurdo se mantiene incólume, como comprobamos al meternos de lleno en un ejercicio pletórico de tensión, electricidad, atmósferas turbias y, finalmente, emociones a flor de piel. 

Pronto, mis reservas ante estos conciertos “de disco” se quedaron en prejuicios. “Tara Motor Hembra” es uno de esos LPs agradecidos al ser tocados de arriba a abajo, precisamente porque dan más en su integridad. Un álbum tan elegantemente clásico como lleno de aristas que bucea en el lado oscuro del sexo, la atracción y el amor: complejidades adultas casi inmanejables para la sociedad infantilizada y elemental en que hemos degenerado en tiempo récord. 

No es que no hubiera singles en aquel trabajo editado por Everlasting: la poderosa “Prometo hacerte daño” ha quedado como un clásico del grupo, así como la sublime y catártica parte final, y algún otro corte como “Prueba/Error”. En ningún otro disco han combinado con tanto acierto visceralidad con melodía, y el público lo sabe, o mejor dicho, lo siente. Copérnico se les quedó pequeña y desde los primeros compases de guitarras y batería de “Golden Gotelé”, la banda atacó su obra capital acomodándose al ambiente eléctrico de un público ganado de antemano, pero sin reservas ni concesiones a la nostalgia de la que tantos viven porque no tienen otra cosa que ofrecer. 

Entre los mil turbios recovecos del LP interpretado en vivo hubo momentos expansivos, porque hay material que lo permite y demanda, dentro de ese territorio suyo tan propio en que hacen convivir rock fibroso de origen post-punk, kraut, indie y ambientes psicodélicos. El sonido, pilotado por el técnico Karim Burkhalter de los estudios Reno, superó la acústica no muy agradecida de la sala. En el haber, una banda engrasada y cómplice que parecía llevar tocando desde que grabó el disco. Un pequeño debe: la batería de Jorge me sonó demasiado seca, y las guitarras de Leo y César desaparecían por momentos sepultadas por sus interminables cadenas de pedales. 

No son argumentos suficientes para enmendar una actuación impecable que desembocó en la pura emoción de “El diablo fue bueno conmigo” (¿la canción más inspirada de todo su repertorio?). Tras un breve intervalo, Leo y sus músicos regalaron cuatro temas más de aquella época, incluyendo la odisea kraut “Dana” y “Cementerio de errores”. Leo interpretó en solitario “Hasta que se parezca”, y la banda al completo culminó la velada con la hipnótica y brillante “Chico Promo”, también de “Ultrapresión”, el EP que sirvió de epílogo al disco que celebraban. 

De igual modo que sucedió en los noventa con la brevísima explosión de la música alternativa de guitarras en Estados Unidos, quizá hubo quien pensó hace tres lustros que Nudozurdo iban a ser capaces de llegar al gran público de este país tan ingrato. Fue un bonito espejismo, seguramente ingenuo, visto lo visto. Sin embargo, su obra más distinguida permanece con todo su veneno intacto, brillante recordatorio de que el arte debe ser peligroso si quiere trascender el mero entretenimiento con fecha de caducidad. En su aniversario, sus artífices transmitieron el mensaje a base de pasión eléctrica y emociones no impostadas. Las únicas que pueden y merecen perdurar. Al resto le queda Bad Bunny.

Luis Fercán: un encuentro compartido entre cerezos


Sala Luis Galve del Auditorio, Zaragoza. Viernes 20 de febrero de 2026. 

Texto y fotografías: Javier Capapé. 

La vida se reduce a encuentros compartidos. Necesitamos relacionarnos, entrelazar nuestras historias, sentirnos acompañados. Y esto es lo que precisamente vivimos en cada uno de nuestros encuentros con Luis Fercán. Porque sus conciertos son acercamientos mutuos donde siempre nos sentimos acompañados por la sensibilidad de sus delicadas composiciones. En lo que dura un concierto del santiagués saciamos plenamente nuestra alma y, sobre todo, compartimos vida. Brota de sus canciones y la hacemos nuestra. Es un diálogo que sana desde la intimidad que nos brinda una sala o un teatro donde todo el foco queda dirigido en la dirección correcta, sin distorsiones.

"Cerezos en Flor" acaba de empezar a andar. Hace apenas veinte días salía a la luz y el pasado viernes Fercán comenzaba su gira de presentación en la ciudad de Zaragoza, dentro del marco del festival Inverfest. Durante esta semana, Santiago va a inundarse de su música en "os cinco de sempre", cinco locales donde presentará estas fantásticas canciones entre el martes y el domingo, con todas las entradas agotadas. Parecía lógico empezar la gira en su casa, pero por caprichos del destino fue en Zaragoza donde estrenó estas canciones y puso la primera muesca en el largo camino que comienza con esta nueva etapa en la carretera. Una gira que se presenta cargada de fechas, consolidando a este artista paso a paso y con firmeza. Estamos seguros de que "Cerezos en Flor" le va a traer muchas alegrías al gallego, y lo vivido en el concierto de presentación en Zaragoza nos dio buena muestra de ello.

Como privilegiados de excepción, partíamos de haber compartido previamente un café y unas palabras con Luis antes de entrar en la austera sala Luis Galve del auditorio zaragozano. Desde el Giradiscos sabíamos que el concierto iba a ser importante. Intuíamos su magia, como cada vez que le hemos visto en esta tierra. De hecho, no nos hemos perdido ninguno de sus bolos por aquí hasta la fecha y siempre ha colmado nuestras expectativas con creces. El reto en esta ocasión era ver cómo funcionaba su propuesta en la sala de un auditorio, que se presta más fría que las paredes de un local como la Rock and Blues, habitual en sus últimas visitas a la capital maña, así como decidir qué canciones de sus anteriores trabajos dejaba fuera del repertorio, ahora que empieza a acumular un número nada desdeñable de temas imprescindibles. Pero desde luego que Luis Fercán supo cómo lidiar con esto a la perfección. El hecho de que la sala Luis Galve no estuviera llena y Luis se encontrase en un gran escenario en el que le veíamos demasiado solo y algo lejos de su público no fue un impedimento para que se crease ese ambiente de intimidad que siempre logra. Acortó distancias y nos volvió a interpelar con sus sentimientos más crudos y desnudos en forma de canción. 

Los temas de su más reciente disco condujeron la velada. Ocuparon el grueso del concierto, que una vez más se hizo demasiado corto. Porque cuando algo se siente de veras, cuando te dejas llevar por cada verso como si estuviera saliendo de tu boca, el tiempo se detiene y todo lo que queda fuera de esa comunión hecha música deja de importar. Eso es lo que provoca Luis Fercán cuando se mueve, como queriendo contener sus impulsos, encima de la alfombra que le sirve de hogar desde el que soltar sus infalibles dardos emocionales en sus conciertos. Cantó con una intensidad contenida "La niebla" para abrir la velada, seguida de la pastoral "Frexulfe". Nos faltó en ambas el aporte del fliscorno que tanto nos seduce en sus versiones de estudio, pero Luis se presentaba solo, sin banda ni tampoco mano a mano con su inseparable Nacho Mur. Muchos de los conciertos de esta gira van a ser así, solo a guitarra y voz, pero con esas armas Fercán levanta templos y, sinceramente, no necesitamos nada más. La esencia pura.

"El año que cambiaste el tiempo" la presentó como una reflexión sobre la manera en que discurre el mismo según lo sintamos como bueno o malo. Y es que estas canciones también hablan del poder de lo efímero, algo que salió a relucir en "Fue como entender el mar", la primera que compuso de este disco. Algunas de las más desnudas de su repertorio, como la delicada y breve "Airecillo", el bolero desgarrado "Color Miel" o la evocadora "El Palmar", nos recordaron esa joya de su discografía que fue "Canciones Completas desde una Casa Vacía", el disco en el que más se detuvo de sus lanzamientos anteriores, dejando claro que el espíritu y sonoridad de aquellas canciones es la que más le define y la que, de alguna manera, mejor casa con las nuevas composiciones de "Cerezos en Flor". Con "Casas de apuestas" entramos en un pozo, como él mismo nos dijo, pero recuperamos la energía y el vuelo con "El otro lado", que sonó igual de convincente a pesar de echar de menos esos coros y ese aroma a banda que destila en su versión original.

Algo que llamó mucho nuestra atención en su anterior gira era la sonorización con un único micro de ambiente, que tenía el don de transformar con gran personalidad los matices de las canciones. En este caso, y debido al recinto en el que nos encontrábamos, era algo imposible y hubo que utilizar micros, así como conectar la acústica que se colgó al cuello la mayor parte del tiempo. Aún así, no se perdió el ambiente íntimo que genera la sonorización al aire y en unos pocos temas recurrió a la misma con muy buenos resultados, pues la guitarra es de esta manera como se siente más libre. La ya mentada "Color Miel", en la que se detuvo con gran acierto en los silencios, "Me estoy contradiciendo", con sus formas más ligeras, y "Esta vez", recurrieron a este sonido más puro. Y fue en ésta última en la que confesó que quería buscar de forma intencionada cómo escribir sin usar estribillos, luciendo una letra de la que se siente muy orgulloso.

Como siempre en esta ciudad, no pudo prescindir de tocar "Ella", aunque dijo que probablemente no sonase más en su gira, pero nos sorprendió por la forma en la que moldeó su estribillo, pasando de la energía más intensa en su primera vuelta a la calma más plácida y sugerente en la segunda. Ya solo quedaban su particular road-song "Busco", en la que nos habla de ese sueño que está viviendo de no parar de hacer canciones y rodar, la sensual "110", y la preciosista "Cristales", que cerró el concierto representando mejor que ninguna otra el carácter de su disco más reciente y quizá el más vivo. Un álbum que muestra sus contradicciones y dualidades, su dolor y entusiasmo, así como el aprendizaje de la soledad, algo que todos los que nos reunimos alrededor del fuego que desprende su carismática voz constatamos y compartimos con el corazón en un puño y las lágrimas contenidas en más de un momento. Pero como ocurre siempre que le escuchamos desde la verdad que aporta un escenario, salimos con el alma renovada y deseosa de que los brotes de los cerezos de nuestra pequeña parcela de vida se conviertan en flor y nos tiñan de color.

Puedo asegurar que Luis Fercán se fue de su primer concierto de este round más que agradecido por la acogida tan respetuosa de un público que cada vez entiende mejor su personal propuesta. La cantidad de seguidores que se acercaron al terminar para pedirle un autógrafo o darle un abrazo de agradecimiento dio muestras de haber constatado nuevamente el poder de una música tan honesta como necesaria. En estos acelerados tiempos necesitamos un remanso de paz para reconectar con nosotros mismos y concedernos tiempo, algo tan preciado y vital. Las canciones de "Cerezos en Flor" son buen ejemplo de ello y el camino que ahora emprenden a lo largo y ancho del país de la mano de su autor será el mejor regalo que podamos concedernos para volver a ser nosotros mismos, aunque sea por un instante. Un instante breve pero eterno al mismo tiempo.

Handsome Jack: “Barnburners!”


Por: Kepa Arbizu. 

La historia del rock and roll es también la de un espíritu en combustión, una reiterada oda a los instintos primarios enunciadas a través de ritmos vertiginosos. Un escenario donde el fuego, lejos de su carácter purificador, se presenta como idioma predilecto con el que dar voz a las pulsiones febriles, un elemento conjugado por las icónicas voces de Jerry Lee Lewis o Jimi Hendrix, o transformado en sustancia elemental de ese infierno al que nos destinaban Barón Rojo. Portavoces, entre otros muchos, de un flamígero relato que se niega a convertirse en un terreno yermo incapaz de gestar nuevos sucesores incandescentes. Puede que como anuncian los necrológicos discursos, su llama no tenga el vigor necesario para propagarse como antaño entre las venas de la cultura popular, pero todavía hay ejemplos extremadamente aptos, como lo es la nueva publicación de Handsome Jack, “Barnburners!”, para prender una mecha con tal vehemencia que nos incite a bailar alrededor de su hoguera. 

Procedentes de Nueva York, o por lo menos en lo que respecta a Jamison Passuite, figura principal sobre la que orbita la existencia del proyecto, sin embargo su sonido está fuertemente vinculado al arraigo sureño, denominación de origen de un consistente y rotundo maridaje entre aquellos géneros relacionados con los orígenes y desarrollo del sonido americano clásico. Una ubicación inspiracional que les ha definido durante los más de diez años de singladura, haciendo de su más reciente álbum probablemente la cúspide de su creatividad, equilibrando a la perfección una cruda expresividad y el rango emocional de dicha narración sonora, logrando que su invocación a ese lenguaje de las llamas sea igualmente un llamamiento al fervor pasional.

Sin que haya dudas en cuanto al papel del blues como eje vertebrador del -desde hace años- trío, donde el liderazgo de su guitarrista y cantante aparece flanqueado por Joey Verdonselli y Bennie Hayes, etiquetar a la banda alrededor de un solo género, por muy prominente que éste sea en su idiosincrasia, sería debilitar el verdadero armazón del que está hecha su estructura. Aclarado lo cual, y especificado que hay en el manejo de la distorsión y en el tradicional lamento interpretativo valores identificativos, escuchar “Polly Molly” significa estar ante un descomunal ejercicio de estilo que nos traslada al repertorio de T-Bone Walker o Elmore James, sinónimos de la crudeza eléctrica puesta al servicio de una doliente armonía. Y es que la filiación con las luminarias del género “luciferino” no acaba ahí, de hecho su pasión por la escuela de Chicago, encarnada en Freddie King, Junior Wells o Luther Allison, es manifestada de forma reiterada a lo largo del repertorio. Sea a través de ese característico trote perezoso con el que avanza “It’s Only Business”, o con el paso de boogie emplazado en la dinámica “Do It! To It!”, también gracias a un portentoso manejo de los coros esgrimido en diversas piezas, el blues canónico, que no mimético, se encarga de desplegar algunas de las -muchas-virtudes de un trabajo que hace efectiva esa siempre anhelada máxima artística de convertir lo complicado en aparentemente sencillo. 

Aunque no es difícil, también porque en ningún momento la formación trata de ocultarlo, rastrear la huella sonora de la que parten, la elección de versionar el tema de Tony Joe White, “ Polk Salad Annie”, una de las majestades del swamp, ese subgénero sumergido bajo los pantanos, significa desterrar cualquier incógnita, y más todavía si observamos como dicha traslación hacia su imaginario particular llega tras pasar por el cedazo de Blue Cheer, confluyendo así varias raíces cenitales del proyecto. Herencias que no dejan de brotar según se va deshojando el disco, haciendo que, casi a modo de llamamiento desde el pasado, el galope rockandrollero de Chuck Berry pida su cuota de responsabilidad en “Let’s Go Downtown” mientras las bases rítmicas agitadas identificativas de Bo Diddley hacen de guía en una “Tonight We Ride” que cruje apoteósica, tomando prestado esa distorsión casi bizarra utilizada por Guitar Slim, presencia decisiva para los posteriores próceres del ruidismo. Una elogiosa pirueta de la banda para, desde el presente, trasladarse justo a ese instante donde las lecciones de los clásicos iban a dar paso a las celebridades que alumbrarían los años setenta. 

Dice la mercadotecnia, y en realidad también el sentido común, que un disco debe buscar en su inicio y final dos de las cotas más altas y representativas de su repertorio. Una lección que este trabajo sigue a rajatabla, porque si la inauguración con el tema titular es precisamente una representación de ese espacio indeterminado donde sabe hospedarse la banda, tan cerca del dibujo eléctrico de Howlin’ Wolf como del groove de The Paul Butterfield Blues Band, su colofón ejemplifica con excelencia esa recomendable fórmula de clausurar un repertorio con una tonada que alargue su sustancia en nuestra memoria. Un placer encomendado a “Ghost Woman “, majestuoso ritual eléctrico e hipnótico patrocinado por Jimi hendrix o Gov’t Mule, lo que traducido significa un extraordinario lugar de encuentro donde citarse una envolvente electricidad y el estremecimiento sensible. 

“Barnburners!” se presenta como un disco tan perfecto que incluso su título reproduce una ágil sonoridad, pretendidamente o no recurriendo a la figura literaria de la paranomasia. Pero lo más representativo del nombre encomendado a esta magnífica colección de canciones es su poder simbólico, porque la labor de pirómanos de graneros asumidos por este trío es el reflejo de su poder para prender una tremenda combustión a partir del arraigo de los sonidos tradicionales. Compartiendo con la figura de Atila su atronador paso, sin embargo, al contrario que aquel Rey de los Hunos, el rastro dejado por Handsome Jack no impide el crecimiento de la hierba, sino que sus ascuas se perciben rebosantes de vida y dispuestas a la procreación artística.

Tigre y Diamante: “Somos una banda muy auténtica que canta lo que siente”


Por: Javier González. 

Mantener un rato de charla con la gente de Tigre y Diamante es siempre algo a celebrar. Hablan alto y claro, casi tanto como lo hacen en sus canciones, tal y como vuelven a demostrarnos en su nuevo disco, “Estafa Piramidal”. Once composiciones reconocibles donde a su habitual querencia por el ruido añaden un componente más pop, jugando con las capas y los teclados, hilando fino para dotar de matices a unas letras en las que no pierden ni un ápice de pegada, crudeza y capacidad crítica, elementos que sumados a la ya habitual sorna malencarada que les caracteriza, hacen de esta obra un auténtico caramelo envenenado dentro del underground patrio.

Encantados ante esta nueva dosis de incorrección y mordacidad que regalan los asturianos, nos pusimos en contacto con Coke Makaha para que nos hablara un poco más de cerca de estas canciones. Evidentemente el resultado de la conversación  volvió a ser de categoría, dejando claro que la lucidez con que firman sus discos también les acompaña de manera habitual en el día a día.

Os dejamos en manos de una de las grandes joyas ocultas que esconde nuestro pop-rock. Un consejo, no esperes a que te lo cuenten, descubre por ti mismo sus puñetazos sonoros y caerás preso de una extraña adicción por estos macarras de buen corazón y mejor gusto.

Hace un par de años tuvimos la oportunidad de hablar con vosotros en el marco de una entrevista mítica, fue con motivo de la publicación del genial “Actitud Ganadora”. Me apetece comenzar esta charla con una mirada atrás. ¿Qué supuso para vosotros un trabajo como aquel? ¿Tenéis la sensación de que habéis entrado en una nueva categoría en cuanto a repercusión se refiere gracias al mismo?

Coke: Después de “Actitud Ganadora” se notó el cambio, tanto a nivel compositivo como de banda, donde pasamos a ser hasta seis músicos en estudio y sobre el escenario. El público lo recibió muy bien, vendimos bastantes vinilos, cosa complicada hoy en día. Hay veces que no percibes los cambios en la banda, pero tanto Jon como yo vimos que había más gente en los conciertos y más escuchas en las plataformas. 

“Nos gusta jugar con el doble significado de las palabras” 

El nuevo trabajo lleva por título “Estafa Piramidal”, corto y directo, quizás aludiendo a este mundo plagado de espejismos detrás del cual parece haber un plan siniestro por parte de las élites para fastidiar al ciudadano medio. ¿Van por ahí los tiros? 

Coke: Tienes bastante razón, ya sabes lo que nos ocurre, tanto a Jon con las letras como a mí con títulos de las letras, tendemos a sacarlos de frases o cosas que escuchamos por la calle y nuestro círculo cercano. “Estafa Piramidal” viene de eso, ante una situación que ha empeorado con respecto al momento en que grabamos el disco y pusimos el nombre. Nos gusta jugar con el doble significado de las palabras, en este caso puede ser positivo o negativo, siempre jugamos con esa dicotomía. 

Sabemos que la paleta sonora de la banda es amplia, algo que queda recogida en este álbum que tienes muchas caras, pero si os digo que por momentos me ha parecido vuestro trabajo más pop, eso sí un pop de guitarras. ¿Cómo se os queda el cuerpo? ¿Estáis de acuerdo con la afirmación? 

Coke:
La banda sigue sonando a Tigre y Diamante, pero es verdad que “Actitud Ganadora” era más afilado y crudo en cuanto a sonido. Ahora hay más capas y teclados, ruiditos que digo yo, por eso a la gente le parece más pop. Cuando hacemos las canciones nunca pensamos premeditadamente qué hacer, directamente hacemos lo que sale. Jon llega con una idea de canción, el bajista mete su ritmo y yo el mío, si vemos que la composición sale rápido, seguimos trabajando con ella, de lo contrario, la desechamos. Estoy de acuerdo que este disco es más pop, por decirlo de alguna manera, más mainstream que el anterior. 

Lo digo por ejemplo pensando en canciones como “Albino busca sexo” que suena descaradamente ochentera, totalmente a New Order, vamos. ¿Teníais ganas de seguir investigando las amplias posibilidades sonoras que ofrece el pop-rock? 

Coke: Puede ser que suene a New Order. No somos nada talibanes, menos para la música. Nos pasa cuando pinchamos, tenemos una paleta muy abierta, algo que aplicamos a nuestras canciones. Si algo nos viene a la cabeza, trabajamos sobre ello. Nadie nos ha dicho que sonemos a menos garaje ni punks. “Albino busca sexo” es un tema pop, un medio tiempo, pero nos sale natural. De hacer siempre lo mismo, Tigre y Diamante ya no existiría. Esta es una de mis canciones favoritas del disco. 

“La escena indie me parece una auténtica farsa” 

De lo que no cabe duda es que vuestras letras siguen siendo muy personales, críticas y socarronas, ásperas, a veces crudas y sonando en ocasiones “peligrosas”. ¿Os da la sensación de que el rock que hoy se factura, salvo honrosas excepciones es demasiado “blando y blanco”, buscan el aplauso fácil y el estribillo “coreable llena estadios”? 

Coke: La escena actual a nivel de indie, donde nos podríamos englobar, me parece una farsa, una auténtica “Estafa Piramidal”. Cuidado, la gente puede cantar y tocar lo que quiera, aquello que les parezca bien, pero pienso que las letras de Jon son totalmente auténticas, ciertas. A veces nos autocensuramos un poquito, un mínimo, pero, como dice Jon, al final la letra te viene como te viene y no puedes cortarla porque no tendría sentido. Echo de menos bandas que se mojen y sean auténticas. Es algo que les digo a los colegas en broma, pero muy en serio en el fondo, nosotros tenemos una edad, pero somos una banda muy auténtica que canta lo que siente, dice lo que piensa y no se guarda prácticamente nada en el bolsillo.

Un buen ejercicio del estilo Tigre y Diamante lo perpetráis en “Los asesinos de tus hijos”, la cual parece dedicada a todos esos hijos de mala madre que se empeñan en que el mundo cada vez sea peor. ¿De qué forma surgió concretamente este tema, tanto en lo musical como en lo relativo a la letra? 

Coke: La letra de Jon es súper clara, una crítica a muchas cosas. A la gente que nos dirige y a cómo está establecida la sociedad. Teníamos clara la letra, básicamente porque era una puta maravilla, pero es verdad que metí un ritmo más seguido, al principio la tocábamos más cercana a “Albino busca Sexo”, pero esta modificación quedó de maravilla. Allí mismo, en el estudio, alargamos más la canción, sacamos más estrofas. Es una crítica a cómo está establecido el mundo hoy en día, nos toca vivir en él, pero no nos emociona. 

“Creo que “Soy Adicto” es un tema peligroso” 

En “Soy Adicto”, os rodeáis de parte de la aristocracia de la música asturiana, contando con Igor Paskual y repitiendo colaboración con Nacho Vegas, en una canción que muestra la parte oscura que todos encerramos. ¿Por qué pensasteis en ellos para esta colaboración? ¿Qué han aportado al tema? 

Coke: Tanto Nacho como Igor son colegas nuestros, algo que a la hora de colaborar es primordial. Colaborar con alguien que no conoces me parece muy frío. Jon les enseñó la canción a ambos y le dijeron que era un tema que les hubiera gustado hacer. Finalmente colaboraron. La parte musical está cantada individualmente y luego por los tres. Mola mucho como cada uno la lleva a su terreno. Nacho la retiene más e Igor la hace más sensual. Es una canción que está gustando mucho a la gente. Es un corte peligroso. “Adicto” se puede ser a muchas cosas, también buenas, aunque la gente la toma por el lado mal casi siempre. 

La ya mencionada “Soy Adicto”, “Minutos musicales” y “Quieres ser mi amigo”, marcan la santa trilogía que muestra todo vuestro potencia como creadores crudos y viscerales. ¿Qué otras bandas del panorama consideráis que se mueven por una vereda similar a la vuestra? 

Coke:
Escucho mucha música actual: Carolina Durante, Alcalá Norte y Sanguijuelas del Guadiana, grupos que me gustan bastante. También sigo escuchando Surfin Bichos, una de las mayores fuentes para nosotros, Los Planetas, ya que venimos del Indie. Joaquín Pascual que es amigo nuestro, nos encanta lo que ha sacado ahora nuevo, y qué te voy a contar de Mercromina. Es cierto que echo de menos una banda de chavales de veinte años…hay cosas interesantes como el diablo de shanghai… pero echo de menos a jóvenes haciendo letras sin censura, al estilo de Fernando Alfaro. Cuidado, con esto no digo que las bandas hagan las letras deliberadamente para vender, hay algunos que sí lo hacen, otros no, que para mí es lo fundamental, hacer música sin cortapisas. 

No son las únicas colaboraciones del disco, también contáis con Srta. Trueno Negro, Tania Pereira y Milana Bonita. ¿A qué se debe este espíritu “Operación Triunfo” que os ha invadido? 

Coke: (Risas) No sé. No lo había visto así. Somos muy buena gente y tenemos muchos amigos, cuando decimos que colaboren con nosotros nos dicen que sí, no conozco a nadie que haya dicho que no. Natalia de Srta. Trueno Negro es como si fuera nuestra hermana. Milana Bonita son de Gijón, colegas nuestros. Nos gusta ayudar a otros, igual que han hecho con nosotros. Tiene que prevalecer las buenas canciones y la ayuda entre músicos. Somos de hacer feliz a la gente con nuestra música. 

“Ilegales ha sido la banda más influyente que ha dado Asturias” 

El final del disco me ha sorprendido bastante, “Los lunes no te quiere nadie”, con su aire lo-fi, y “Contigo”, un tema más pop y quizás más plenamente narrativo. ¿Debemos tomarnos ambos temas como una declaración de intenciones para hipotéticos próximos pasos de la banda? 

Coke: No, rotundamente no. Nosotros solemos hacer discos de diez canciones, pero en este caso son once. La colaboración con Milana Bonita se hizo después de haber grabado el disco. Mi idea era acabar el disco con “Ámame de viernes” y “El lunes no te quiere Nadie”. Me hacía gracia. “Contigo” se grabó después porque era diferente, más pop, pero no significa que el próximo disco, en el que ya estamos trabajando, vaya por ese lado. 

Observo que en el disco hay referencias a bandas como Carolina Durante y Hombres G, también a personajes tan detestables como Giorgina y al insufrible de Vinicius. ¿Cómo va la plataforma de afectados por las letras de Tigre y Diamante? ¿Crece a buen ritmo? ¿Podéis seguir saliendo por las calles de Gijón tras “Arte y moda en Gijón”? 

Coke: Sí, podemos, podemos. Hay alguna historia que te contaré en persona, pero no hay tantos afectados. Nos gusta el sarcasmo. “Arte y moda en Gijón” habla de cómo funciona Gijón, algo que también ocurre en otras ciudades. No soportamos a Georgina ni a Vinicius. Soy del Sporting de Gijón y del Ceare. Si fuera del Madrid sería partidario de que Vinicius se fuera del club. Incluirles se nos ocurrió directamente en el estudio. Carolina Durante son unos fenómenos, son colegas y les teloneamos en Gijón alguna vez. Y con Hombres G no hay problema, simplemente que encaja bien en la canción. 

“Jorge Martínez seguirá siendo el jefe por siempre” 

Hace poco más de un mes que el rock nacional sufrió las pérdidas de Robe Iniesta y Jorge Martínez, sabemos que con este último teníais cierta relación. ¿Qué supone para el rock astur la muerte de un mito de su calado? 

Coke: Y seguirá siendo el jefe por siempre. Robe no nos toca, lo sentimos, pero lo que de verdad nos tocó fue la muerte de Jorge. Parto de la base de que Ilegales ha sido la banda más importante e influyente que ha dado Asturias, no creo que vaya a haber banda en un futuro que vaya a superar lo hecho por Ilegales. 

Siempre le digo a todo el mundo que los tres primeros discos de Ilegales son una fotografía de lo que fue la reconversión en Asturias. 

Coke: Sí, sí. El otro día estuve pinchando sonaron “Revuelta Juvenil en Mongolia”, “Soy un Macarra”, “Europa ha Muerto”, canciones de los ochenta que hoy son vigentes. Eso es jodido, seguir de moda. Nuestra relación con Jorge viene de largo, compartimos sello en Astro y Ataque. Cuando arrancamos Jon y yo recuerdo que llevaba una batería muy básica, dos platos, una caja, bombo y base. Jorge, que en paz descanse, me decía “tienes que poner un charles, para llevar a la banda enganchada”, personalmente pensaba que siendo dos solamente nos hacía falta. Al ir incluyendo más instrumentos y gente decidí ponerlo, me decía “hiciste caso” y yo respondía “para no hacerlo, lo mismo me pegas” (Risas). Te voy a contar otra cosa más. Jorge y mi padre tocaban en grupos antes de que se formara Madson. El caso es que mi padre dejó embarazada a mi madre, los dos tenían 17 años, pues precisamente en aquel momento Jorge invitó a mi padre a tocar con él, pero no pudo unirse por el embarazo. Le dijo que iba a dejar la música para estudiar y centrarse en las oposiciones, finalmente aprobó y sacó la plaza para ser profesor de dibujo técnico. No perdió la pasión por la música nunca, de hecho, mis primeras bandas fueron junto a él. Te dejo todo eso para que veas la relación de Jorge con mi familia y también con Tigre y Diamante. 

En nuestra anterior charla hablábamos de las dificultades para girar en un país como el nuestro. ¿Qué planes tenéis de cara a la gira de presentación de “Estafa Piramidal”? 

Coke: El disco lo presentamos en Gijón en diciembre pasado en dos fechas en la sala “Código 23”. De cara a este verano tenemos cerrado Sonorama, tengo noticias de algún festival más, aunque todavía no están cerrados. De cara a después del verano nuestra agencia está trabajando para una gira por todo España en salas pequeñas. Sed sinceros. 

Sois una banda cojonuda, plena de actitud y con un buen puñado de canciones que merecerían ser conocidas por un público más amplio. ¿Da un poco rabia no poder romper esa barrera? 

Coke: Sí, pero el mercado está así establecido. Nosotros hacemos lo que nos sale y nos gusta. Ha habido posibilidades de hacer colaboraciones, pero nos hemos negado a algunas cosas. Ojalá llegáramos a más gente y dar conciertos para volver con la cartera llena. Sabemos que hay mucha gente que nos sigue por toda España, nos ven como un grupo auténtico. Ir a Albacete, Ourense y Logroño para ver que la gente se sabe tus canciones es una recompensa. ¿Cuánta gente mataría por eso? No todo es el reconocimiento masivo, evidentemente, comemos tres veces al día, pero no estamos tan mal. Si llega el triunfo genial, pero si no llega, no pasa nada. 

Una pregunta un poco maliciosa. ¿Por qué vuestro vocalista compatibiliza su labor como cantante con la de actor haciéndose llamar Luis Zahera? 

Coke: (Risas) Tienes que preguntárselo a Luis Zahera. Nadie se lo ha dicho. Bueno, igual se lo han dicho y no me han comentado nada. 

Mil gracias. Espero no haberme puesto pesado con las preguntas. 

Coke: Hacemos muchas entrevistas y sabes cuando alguien se involucra. Se nota que te gusta la banda y controlas lo que hacemos. Mil gracias a ti.

La Gran Esperanza Blanca : "Gasolina Para Quemar"


Por: Juanjo Frontera. 

Suele asociarse con La Gran Esperanza Blanca el concepto de longevidad. Al fin y al cabo, aunque con intermitencias, la banda valenciana lleva dando el cante desde 1986, ahí es nada. Ahora bien, me parece que eso silencia una contribución mucho mayor a la música de este país, que debería ser reconocida de una vez. Fueron pioneros en traer una tradición, la de la música eminentemente americana (en una mezcla que ellos mismos definieron, en el título de su primer LP, como folk, blues y rock and roll), al lenguaje propio de aquí. 

Ellos hicieron que toda esa música proveniente de Memphis, Mississippi o New York se dejara bañar por el mediterráneo y que la lengua de Cervantes y las costumbres de este país inundaran tal acervo con naturalidad y sin complejos. Se me ocurren muy pocos ejemplos más en el contexto que les vio nacer, los albores de la famosa movida madrileña y los inicios del indie patrio. Como mucho Los Secretos y alguno más. Por lo que podríamos decir que llegaron los primeros y contribuyeron a crear una escuela de la que ahora beben actos tan celebrados como Quique González, Salto, Julian Maeso, Joana Serrat o, también, como ellos, desde tierras valencianas, los excelentes Badlands

Pueden, por tanto, decir con la cabeza bien alta que han cumplido una gran misión. Aunque, probablemente, a ellos les de igual. Sólo han querido componer y tocar música a su manera durante todos estos años. Tal vez por eso su nombre resonará poco en oídos de aficionados fuera de Valencia. No obstante, nadie podrá quitarles esa muesca en el revólver. Y eso, llegada la hora de decir adiós, es más que importante. 

Sí, la banda capitaneada por el insobornable Fran García Cubero ("Cisco Fran") y que completan hoy los mismos compañeros que al principio (otro mérito): Fede Segarra ("Spagnolo Ferocce"), Luís Villanova ("Chiti Chítez") y Jesús Almenara ("Chuso Al"), dice adiós tras una feliz y larga existencia, sin acritud, sin remordimientos y repito, con la cabeza bien alta por la satisfacción y el disfrute del trabajo bien hecho. Por eso necesitan dar un último hurra, como diría John Ford.

Y ese último canto de LGEB llega en forma doble: disco y libro, pero en una sola pieza. Empezaremos por lo primero, que es más lo nuestro. El título del proyecto es "Gasolina Para Quemar". Y es que para la banda eso son las canciones: un combustible que mantiene vivo. Un fuel necesario que, de hecho, les ha mantenido activos y alerta durante varias décadas. Las canciones son algo importante, que se lleva en el corazón, que mantiene joven. Por eso se les escucha tan pletóricos en este conjunto de 12 composiciones que empieza, precisamente por el principio de todo.

"La colina del arroz" fue, precisamente, la primera de las dos únicas canciones con que contaba la incipiente banda para presentarse a aquél certámen de pop-rock organizado por el ayuntamiento de Palma de Mallorca, ciudad donde Fran y Fede hacían el servicio militar y que les vio nacer como músicos. No llegaron a ganar el certámen, pero casi. Y emociona ahora ver esas dos canciones que tocaron allí, la mencionada y un frenético rockabilly titulado "El alcalde asesino", grabadas ahora con mimo y de forma tan potente como orgánica en los estudios Little Canyon, regentados en l'Eliana (Valencia) por el productor Luís Martínez

Dos canciones primerizas que, escuchadas aquí, demuestran que el talento como esgrima de palabras de Cisco Fran ya existía desde el origen. Honestidad, pocos pelos en la lengua y entusiasmo hechos letra y música que no han cambiado un ápice, se nota, a lo largo de los años. De hecho, esas canciones quedan perfectas junto a otros estupendos temas, tanto rescates como de nuevo cuño, que han preparado para la ocasión: "Sombrero de caracolas de mar", huele a pop mediterráneo salpicado de bluegrass; "Colmillo blanco" y "Mi última canción" hacen pensar en qué pasaría si Neil Young y sus Crazy Horse hubieran nacido en la ribera del Túria; "Soporto a esa lluvia" trae a la mente al Dylan más crítico (con esas metáforas de lluvia tan suyas); y la canción que titula, "Gasolina para quemar", versión del "Fuel for fire" de M. Ward, despide la función con voz temblorosa, desnuda tanto en rodeos como en instrumentación y emoción a flor de piel. 

Así que dejan bien alto su particular listón musical. Pero es que eso no es todo: este último hurra de la banda se completa con un libro que incluye las letras de todas las canciones que tanto para La Gran Esperanza Blanca como para sus aventuras en solitario ha escrito Cisco Fran, ya que, para él, las canciones sin letra serían otra cosa, no una canción. En ellas da su particular visión del mundo y de la sociedad uno de esos idealistas que pronto echaremos a faltar en este mundo tan falaz. Alguien que no teme gritar a los cuatro vientos su percepción de las cosas, sea amarga o dulce. 

Precisamente por eso se antoja necesaria esta despedida. Una despedida sin lágrimas, sin autocompasión y, repito una vez más, con la cabeza bien alta, que reúne en un bonito formato música y letra para que no nos olvidemos de que hubo una banda en València que disfrutó haciendo música, que dijo lo que quería decir, que cumplió sus objetivos, que nos hizo disfrutar y que echaremos mucho de menos, porque el certificado de autenticidad que ellos se llevan al limbo de las bandas de rock and roll será enormemente difícil dárselo a nadie más, o al menos, no de una forma tan tajante y rendida como se lo damos a ellos. Clásicos por derecho propio.

The Wellingtons: "Baby Moon"


Por: Txema Mañeru. 

Llevo gozando de todos y cada uno de los discos de estos australianos casi una década, aunque lleven más de dos en activo, y todos me han parecido deliciosos si te gusta el mejor power-pop y el pop atemporal, en general. Este “Baby Moon” (Rock Indiana) vuelve a ser una delicia y por eso hasta lo han regalado en la infalible Ruta 66 al suscribirte a la mejor revista de rock’n’roll del país. Se habían tomado un tiempo de relax o de descanso y la verdad es que suenan con las pilas totalmente recargadas. Así nos hablan entre sus letras de paternidad, pero también de nostalgia y de perdidas. 

¡Vaya melodía y voces puro Weezer, y algo hasta Green Day en el potente y guitarrero arranque con "Always Gonna Be That Girl"! El amor sigue siendo uno de sus temas clave y lo demuestran con la tierna y romántica, pero muy power-pop y potente en su melodía y coros, "She Still Loves Me". La verdad es que los escuchas y te lo crees. Canta Kate en "The Things I Did Before’, una joyita que recuerda a los girl-groups de los 60 y bandas como Shangri-las o Dixie Cups, mientras que "Deadbeat Dad" es un precioso y melódico tema lento que te puede recordar a los mejores Posies o Fountains Of Wayne. Otra vez con esos coros celestiales y guitarras de doce cuerdas al estilo de The Byrds

"Lola" es un precioso tema acústico que recuerda al más desnudo Elvis Costello, más que al tema de igual título de los Kinks, y hasta al Albert Hammond que comenzó cantando en inglés (quizás por esa frágil, pero preciosa voz). Cierra la cara A "I Won’t Turn Away", el tema más largo del disco, aunque se quede en los 4 minutos y medio. Otra gran melodía y magníficos coros con un estribillo de tonos épicos sobre una apabullante sección de ritmo casi en plan Oasis.

La cara B la abre una "Sad Today" que suena más melancólica que realmente triste, pero con mucha energía a la vez y que, a mí, me ha recordado a algunas de las mejores melodías de Easybeats. Otra vez Kate canta con garra y pasión, con muy buenos momentos para los cuidados coros combinados con buenos fraseos a los teclados. "End Of The World" es otro buen tema melódico que no tiene nada que ver con el de los R.E.M. Vuelve a bordarlo la voz femenina en el espectacular y romántico "Not Ready To Give Up", con su estribillo a varias voces realmente enternecedor y más guitarras de 12 cuerdas y cálido órgano final protagonista. Sigue otra tierna joya lenta cantada ahora por él que se titula "Better Me" y que de nuevo recuerda a Posies, They Might Be Giants o los más tiernos Gigolo Aunts.

"Sound Asleep" es otro estupendo y romántico tema lento con otro estribillo que se te va clavando y con esos habituales y muy logrados coros. Como en otros muchos temas, además de esas finas guitarras, y algún logrado punteo, también destacan unos teclados que mecen otra especial melodía. El disco no podía acabar más que con su particular "The Long Goodbye", otro tema contagioso, espacioso y que es una especie de himno que finaliza con tiernas guitarras acústicas. Ojalá se puedan dar una vuelta por aquí con estas estupendas canciones.

Álex Fraile (Librería Perros de lluvia): "Uno puede acercarse a la música de distintas formas y una de las más fascinantes es a través de los libros"


Por: El Giradiscos.

Convertidas las grandes ciudades, e incluso las menos extensas, en una mimética reproducción de parques temáticos transformados en inertes señuelos para turistas e inversores, cada aparición en ese paisaje gris de un proyecto cultural se percibe como un oasis dentro de un relato uniformador enunciado por gastrobares y tiendas de souvenirs. El nacimiento de la librería musical Perros de Lluvia, más allá de la consecuencia del elogioso empecinamiento de su mentor, Àlex Fraile, se vislumbra en pleno barrio populoso de Lavapiés como un evento social. Sus estanterías, repletas de artículos que se leen y escuchan, significan ese oráculo necesario para interpretar y descifrar ritmos y armonías, algo imprescindible para quien está "herido" por el aguijonazo de la música.  Hablamos con este "quijote", también colaborador en estas mismas páginas, para conocer un proyecto de corta existencia todavía pero ya repleto de historias que contar.

ºEn un país que lee poco y no se involucra demasiado en la música más allá de lo mayoritario, ¿montar una librería musical cuánto tiene de sueño y cuánto de negocio? 

Álex Fraile: Supongo que la clave radica en lograr un equilibrio entre ambas cosas. La música es mi verdadera pasión, pero en algún momento habrá que dejar los sueños de lado y no perder la perspectiva de que se trata de un trabajo como otro cualquiera y nadie – al menos eso creo – trabaja sin la aspiración de ganar algo. Vengo del mundillo de la Cooperación por lo que queda claro que forrarme nunca ha sido una prioridad. Ahora bien, no quiero llamaros en un año y pediros una paga. 

Te has metido en el mundo autónomo con todas las consecuencias, dentro de un sector como el librero, sabemos que eres un tipo duro que milita con orgullo en causas perdidas llenas de romanticismo como la de ser seguidor del Atleti y sobre todo de Estudiantes. ¿Está tu corazón de intelectual y musicólogo preparado para más disgustos? 

Álex Fraile: Creo en la máxima de que ganar es de horteras. Por eso, soy un demente convencido. Eso sí, una alegría de vez en cuando no vendría mal. Tengo la ilusión de que esta aventura llegue a un buen puerto. El dinero no es lo más importante en la vida, pero lo dicho: ¡romped la hucha y comprad cultura! Tampoco es plan de acabar debajo de un puente. 

La librería toma su nombre de un álbum mítico de Tom Waits, “Rain Dogs”. ¿Por qué ese nombre? ¿Qué representa para ti, tanto el disco como su autor? ¿Y qué quieres transmitir nombrando así a la librería? 

Álex Fraile: Tom Waits es Dios. Esa sería la respuesta corta pero no es ningún secreto que siento devoción por sus múltiples facetas: juglar de la noche; el hombre que se tambaleaba junto a su piano; truhan de profesión; el cantante de la voz arañada por el humo; el amante de la fotografía; el actor… Haga lo que haga lo hace a su manera. Al modo Waits y eso es maravilloso. Me encanta ese disco porque me encanta Waits y me fascina Nueva York. Rain Dogs es una abrumadora oda al Nueva York de los bajos fondos. Por otra parte, el nombre hace ilusión a la metáfora de los Perros de Lluvia. Esos seres ajenos a convencionalismos. Me siento un tanto así: asumiendo riesgos e intentando alejarme de lo tradicional. De lo contrario no creería en este proyecto y no montaría una librería musical en los tiempos que corren, más de nicho, como la música. 

¿Cuáles serían las librerías que conoces que más te gustan y hasta qué punto has tenido en mente a la hora de montar Perros de lluvia, algún ejemplo en especial? 

Álex Fraile:  Cada librería es un mundo y por supuesto que no solo como futuro emprendedor, pero como lector he visitado muchas, muchas. La lista sería interminable, pero me mojaré y barreré para casa, para el sector de la música. Hay una a la que tengo especial cariño que es La Fábrica, en Calonge. El pueblo de los libros como lo suelen describir. En este pequeño rincón de Costa Brava apostaron por las librerías y la de Lidia es un rincón maravilloso. Nuestra segunda casa: vinos; alegría y muchos, muchos libros de música. Y por supuesto me encanta el estilo de Sonora en Barcelona. Fuera de nuestras fronteras me quedaría con el buen rollismo de Books Are Magic de Brooklyn o la decadencia de la sección de música de la Strand, también de Nueva York. Todo sea por no salir del universo neoyorquino de Waits. 

Todavía hay gente que cree que la música solo se escucha, ¿cómo les convencerías de lo gratificante que puede ser también leer sobre ella? 

Álex Fraile: Esta frase es el mantra de la librería. La música no solo se escucha. Uno puede acercarse a la música de distintas formas y una de las más fascinantes es a través de los libros: en todos sus formatos. Narrativa; novela gráfica; fotografía; biografías; ensayos sobre géneros musicales en particular… Las opciones son infinitas y si uno lee mientras escucha música la experiencia es insuperable. Animo a probar 

¿Qué has encontrado tú personalmente a través de los libros que hablan de música? 

Álex Fraile: Historias fascinantes y la posibilidad de conocer a artistas o géneros que no consumo con tanta frecuencia. Hoy en día los libros de música van más allá de ello y permiten descubrir los entresijos de la industria de musical; el proceso compositivo… Libros del estilo de Cómo funciona la música de David Byrne o Viaje hacia la canción perfecta de Miguel Marcos son dos meros ejemplos. 

¿Hay algún libro u obra que inició o te marcó especialmente a la hora de interesarte por la literatura musical? 

Álex Fraile: Mentiría si dijese que me acuerdo del primer libro de música que pudo leer. Lo que nunca me olvidaré es quién me incubó el virus de la literatura musical. Mi amigo Ferdy, miembro del grupo Smile. 

Y si tuvieras que recomendar algunos libros que consideras esenciales para que alguien se llevase de tu librería, ¿cuáles serían y por qué? 

Álex Fraile: Hemos venido a jugar. A pesar de tener raíces gallegas, voy a mojarme. Sabéis mejor que nadie que me encanta escribir sobre música. Nunca fui ni seré un periodista musical, pero uno de los periodistas que más admiro – así me va – es Lester Bangs. Uno de los maestros y uno de los críticos musicales más irreverentes que jamás existirán. Libros del Kultrum editó dos compilaciones de sus críticas y aunque me gusta más la primera por eso de la novedad, tengo especial cariño a las Venas al frente, festines de sangre y mal gusto exquisito. El primer libro que se vendió en Perros de Lluvia.

Como librería especializada en el ámbito musical, ¿podremos encontrar obras internacionales sin traducción todavía en nuestro país?

Álex Fraile: Habéis dado en el clavo. Es uno de los objetivos. Esperemos poder cumplirlo a corto – medio plazo. Desgraciadamente hay muchos libros escritos en inglés o en francés que todavía no están traducidos al castellano, pero ahora más que nunca me doy cuenta de la cantidad de estupendos libros de música que existen en nuestro idioma y eso es la leche. 

Aunque todavía lleva poco tiempo abierta Perros de lluvia, ¿has vivido ya experiencias o visitas que te hayan marcado especialmente? 

Álex Fraile: Experiencias empezamos a tener unas cuantas. Abrir la librería y a la hora de cobrar el primer libro que el mismo no tenga el precio registrado; tener que ir a la base logística de Correos la víspera de la apertura para reclamar libros que no llegaban; aprender a envolver libros de una manera decente; encontrase en la librería amigas que viven en Bruselas y pasan sin avisar; intentar cerrar a una hora y abrir al día siguiente sin dormir. Bueno, intentaba crear falsas expectativas. Bromas al margen, cuando llegan sin previo aviso escritores o periodistas a los que he leído desde siempre y no ponía cara me hace especial ilusión. Es como conocer en persona a alguien que conozco desde hace tiempo. 

Has abierto la librería de cara a las fechas navideñas, que a priori son más beneficiosas para la venta, ¿sientes vértigo a lo que sucederá tras el paso de esas fechas? 

Álex Fraile: ¿Vértigo? Diría más bien pánico o para no exagerar un cierto miedo. La vida del librero no es tan bucólica y la soledad de una mañana de invierno impone. Está claro que se han juntado las Fiestas con la novedad de abrir un nuevo espacio. Ahora empieza todo. ¡Veremos! 

Toca venderse un poco, ¿qué crees que tiene de especial o identificativa Perros de lluvia? 

Álex Fraile: Un amigo argentino suele decir que no solo hace falta ser bueno sino parecerlo. No creo que valga para venderme, pero bueno es cierto esta librería es una apuesta por la música y el libro musical. Son otros los que tendrán que opinar, pero Perros de Lluvia pretende crear comunidad y que los amantes de la música y los libros se encuentren como en casa. Tenemos un espacio para que la gente venga a leer, a ojear revistas de música e intercambiar su pasión por la música.

La librería se ubica en uno de los barrios populares con más solera de todo Madrid, Lavapiés. ¿Por qué has elegido un emplazamiento tan céntrico, pero que a la vez encierra un cruce de caminos, no solo a nivel urbano, sino también en su componente cultural puesto que allí convive la población más castiza con gente llegada de todas partes del mundo? ¿Qué crees que aportará Perros de Lluvia al barrio? 

Álex Fraile: Lavapiés es nuestro barrio. Aquí vivo y trabajo. Es un barrio que en ocasiones tiene fama de conflictivo, pero ¡Nada más lejos de la realidad1 Lavapiés ha demostrado una capacidad de integración sin igual. No juzga a nadie y acoge a todo el mundo. Algunos quieren acabar con esa autenticidad. Esperemos que la librería contribuya a que la cultura siga siendo parte fundamental del barrio. Estamos a cincuenta metros del CDN y en un radio de 200 m existen cuatro librerías más. Eso es maravilloso. Somos los últimos en llegar y nuestras vecinas nos están tratando como uno más. Aprovecho para dar las gracias en especial a Luz de Tráfico de Libros que ya es nuestro ángel particular y una referencia. 

Como todo establecimiento local, supongo que el trato especializado es importante para diferenciarse de las grandes superficies, ¿le das especial importancia a estar informado y al día de la temática que ofreces para servir de consultor y poder recomendar al cliente? 

Álex Fraile: Por supuesto. Es la única forma de proporcionar un valor añadido. Al mismo tiempo nos gusta que la gente se sienta a su aire. No tiene sentido dar la chapa, pero siempre que piden consejos intentamos satisfacer sus necesidades y transmitir nuestra pasión por la música. 

Tenemos entendido que el local tiene vocación de traspasar las fronteras de una librería al uso, evidentemente se podrán adquirir libros, pero también sabemos que tienes idea de realizar presentaciones en vivo y actuaciones en directo en formato acústicas. ¿En qué momento y de qué forma podremos empezar a disfrutar de una propuesta tan ambiciosa? 

Álex Fraile: Está claro. La librería tiene la vocación e intención de convertirse en un punto de encuentro. Ahora toca pensar en presentaciones; eventos … Cualquier idea es bienvenida. Nos gustaría como decís combinar la música y las presentaciones. Ahora que han pasado las Fiestas toca pensar en futuras acciones, aunque ahora toca acabar la reforma del local. Cerraremos unos cinco días a mitad de enero y después esperamos poder anunciar cosas nuevas. No todo va ser leer. ¡Habrá que celebrar el nacimiento de Perros de Lluvia! 

Si hablásemos, por ejemplo, dentro de un par de años, ¿qué te gustaría poder contar sobre en lo que se ha convertido Perros de lluvia? 

Álex Fraile: Pues que se ha consolidado como un nuevo rincón para los amantes de la música y la lectura. ¡Casi nada al aparato! Esperamos estar a la altura. ¡Ganas no faltan!