El Último de la Fila: los primeros, por siempre
-
*Estadio Olímpico Lluís Companys, Barcelona. Domingo, 3 de mayo de 2026.*
*Texto y fotografías: Javier Capapé. *
A ritmo de mariachis fuimos entrando en ...
Tracey Thorn: "My Rock And Roll Friend"
-
Por: Juanjo Frontera.
Viniendo de la mano de un hombre, esto va a parecer frívolo, oportunista,
hasta pueril. Pero la verdad es que ya era hora de que u...
Los Romeos, 35 años de romántico punk-pop
-
*Sala Chango, Madrid. Viernes, 24 de abril del 2026.*
*Texto: Roboo (linktr.ee/roboomusic) *
*Fotografías: J.L. Gelezeta.*
He de decir que soy superfán d...
Tiemersma, Reynaldo & Granota: "Trombos Factory"
-
Por: Txema Mañeru.
*Luis González (Caballero Reynaldo)* cuenta con más de 80 discos bajo su
nombre y tirando por lo bajo. Además de mucho material con m...
Nos quedan Paco Ibáñez y la palabra
-
*A Carmen de la Ossa *
*Teatro Real, Madrid. Lunes, 27 de abril del 2026. *
*Texto y fotografías: Guillermo García Domingo. *
El pasado lunes 27 de abri...
Allí estaba yo hace treinta años, detrás de la barra del Candela, con la misma edad que ahora tiene mi hijo. Yo ponía la música, por suerte o casualidad. Todas las noches había un momento Camarón de la Isla, cuando todos los gitanos, jóvenes y viejos, mujeres y hombres, se arrebataban no ya a cantar, sino a tocar unas palmas que siempre fueron el primer motivo y queja de nuestros sufridos vecinos a la hora de su habitual llamada a la policía.
"Omega" fue mi plan. El Maestro Enrique me lo traía en cajas y yo lo vendía. El disco que Su Majestad Enrique Morente regaló al mundo para dignificar el flamenco hacia galaxias que explotan ahora en "LUX". En pleno apogeo y con el máximo ánimo de romper esas palmas sin duende, le daba al stop -analógico todo- y se hacía una pausa silenciosa, manteniendo ese suspense que solo Hitchcock puede lograr. Es entonces cuando comenzaba a sonar esa guitarra eléctrica de los Lagartija Nick, que se juntaba con la voz de Enrique, y es cuando todos los gitanos y gitanas me querían asesinar. Hoy estoy vivo, aquí, sentado junto a mi hermano en el gallinero del Palacio de Deportes, para recibir esa luz histórica que define a los artistas de verdad. Rosalía es a "OMEGA" lo que Morente es a "LUX". El riesgo. El mismo que sentí yo detrás de la barra bajo el poder de la música, sintiéndome Picasso en su estudio bajo una perspectiva cubista que sólo el malagueño pudo ver en su solitario estudio creando a las “Señoritas de Aviñón”.
El pasado 1 de Abril en procesión de Semana Santa nos dirigíamos de camino hacia el cielo el mismo día que el hombre volvía a la Luna. Su cara oculta es en lo que se convirtió el Movistar Arena durante las dos horas en las que fuimos astronautas. El litúrgico silencio de una misa y la oscuridad que experimentaron en la Artemis lo sentimos las 17.000 personas que observamos ese escenario tapado por el armazón trasero de un gigantesco lienzo tímidamente iluminado. Igual que los 23 asientos bien dispuestos en una pista en cruz formada por los espectadores, privilegio que desde arriba, en el gallinero, es donde mi hermano y yo captamos enseguida el punto de fuga que siempre nos inculcó nuestro padre pintor.
“Hermano, he estado en este lugar desde que no tenía pelos en los huevos. Aquí perdí mi virginidad musical, en vivo con Kool & The Gang, con 15 años falsificando mi carnet de identidad”. Minucias comparadas con la única vez que asistí a este mítico recinto a la excelsa y exclusiva presencia de una orquesta sinfónica en recintos mal avenidos. Fue la Orquesta Egipsea, compuesta por músicos de El Cairo en 1995, quizá el mismo asiento que hoy ocupo bastante más arriba junto a mi hermano hoy, cuando las redes sociales no designaban tu butaca, sino tú mismo y tus circunstancias a la hora de adquirir tu entrada analógicamente. O sea, el ir y comprar. Décadas después es lo que hizo mi hermana a las 7 de la mañana para adquirir esa valiosa entrada con su número 5.548 en listas de esperas de redes sociales babilónicas. Led Zeppelin vi yo; Robert Plant y Jimmy Page por última vez juntos. 666 mi número de entrada. Violines con guitarras; voces con percusiones, ombligos al aire mientras suenan canciones propias, creadas desde el cero de su cabeza hasta llegar al cielo de la nuestra. Imperecederas.
Harto uno ya de defender causas perdidas en textos que tan solo a algunas personas llegarán, me abstendré de regirme por la típica y clásica reseña de un concierto que casi nadie leerá, ahondando en el momento vivido como si hubiera visto a Platón en su época o sido Sancho en la andanzas de Don Quijote, fuera de formalismos de la canción por canción que hoy en día te hace la IA. De nada sirve hoy que un analógico como yo, fuera de lugar en estos tiempos que mandan gentes de caras naranjas, te haga una reseña de un concierto que ya te ha escrito un advenedizo cualquiera con nombre ficticio que jamás se llamará como yo. El que estuvo ahí arriba con sus prismáticos delatores de pureta, atónito escuchando “Angel” de Jimi Hendrix y su guitarra al lado de una multitud de mujeres de todas las edades ataviadas con tocados de monja. Ahora allí, como yo hace 30 años haciendo mi sueño realidad con Led Zeppelin, mientras la orquesta se situaba en su posición histórico privilegiada, afinando sus cuerdas en presencia de una caja que contenía dentro a Rosalía.
Ese regalo perfectamente envuelto que una vez recibiste de El Corte Inglés, al que nuestra mundial Flamenca se pasó por el forro de su vagina cuando decidió que ella no iba a colgar su imagen al lado del anuncio de Tío Pepe en la Puerta del Sol, dándole la vuelta al marketing que ahora depende de ella y no de Babilonia. La que en “Motomami” se hizo la Reina del autotune y en "Lux" le ha dado la vuelta a su registro junto a Vivaldi o Bach. La que nadie entiende cuando canta, como lo que Bob Dylan nos quería decir en sus extensas charlas Nobel-musicales que nunca pudimos traducir, pero sí entender cuando la canción la hacíamos nuestra gracias al alma y corazón en estado de plenitud juvenil. Rosalía ha puesto subtítulos en sus conciertos en pantallas bien definidas, como lo ha hecho en sus discos, haciendo que un americano de Wisconsin o una africana de Mali griten al unísono: “Saoko papi, Saoko, Chica que dices!!!”. Extranjeros que tocan esas palmas desacompasadas, fuera de ritmo y de lugar, a destiempo y alejadas del duende flamencólico que tanto daño hicieron a los verdaderos creadores de antaño. Como Camarón y su “Leyenda del Tiempo” y Morente con su “OMEGA”, aquellos que detrás de una barra me hicieron defender lo que hoy, después de tres décadas, me hacen escribir esta diatriba para mi auténtica satisfacción. Estar vivo y sentir el arte. El arte de seguir vivo. Aunque no entienda lo que me dicen.
No, nosotros no nos vamos a poner en contacto con ella, pese a lo imperativo que pueda llegar a sonar eso de “Pregúntale a Sarah Connor”. Y no lo haremos porque se nos ocurre algo infinitamente más interesante que hablar con la heroína de ficción, por mucho que su nombre tome tintes verosímiles, sobre todo ahora que la realidad se torna en distopía, en una cruel obra firmada a medias por la IA con el beneplácito de ciertos líderes políticos que parecen empeñados en seguir enfangando un panorama ya de por sí desalentador.
Sinceramente, nos parece mucho mas potente citarnos con una mujer también valiente, pero de carne y hueso. Una felina de armas tomar que lleva tiempo apostando por sí misma, por sus canciones, para continuar dando pasos adelante en una carrera cada vez más firme, sustentada en el armazón que le dan una cada vez más creciente colección de disco, plagados de grandes composiciones, algo a lo que no es ajeno este “Pregúntale a Sarah Connor”, donde Nat Simons aprieta la mandíbula de pura rabia, firmando un álbum pleno de rock y actitud en el que los sentimientos y las heridas afloran sin temor en el que quizás sea su trabajo más crítico y visceral.
Tan amable y cercana como siempre nos atiende una vez más, demostrando que tras años de duro trabajo tiene claro cuál es el camino a seguir. Actitud, grandes canciones y una banda del carajo secundan su propuesta cierran un círculo cada vez más potente. Una de nuestras principales figuras rockeras femeninas que ya no pide reivindicar su lugar, básicamente porque se ha hecho con un estatus propio de alto calado de forma totalmente merecida. Os dejamos en compañía de una guerrera de armas tomar que tiene claro que éste es su momento.
Hace apenas unas semanas que vio la luz tu nuevo trabajo, “Pregúntale a Sarah Connor”. ¿Cómo son las sensaciones posteriores después de tanto esfuerzo y empeño como el que supone editar un nuevo trabajo?
Nat: Después de esperar año y medio para poder mostrar este disco al mundo, las sensaciones son muy buenas, sabía que iba a gustar, pero ha superado todas mis expectativas. Todo el mundo está diciendo que es mi mejor trabajo de largo y eso me hace muy feliz porque lo siento muy mío, muy autentico y personal. Creo que eso es buena señal.
Curiosamente es un trabajo que llega cuatro años y medio después de “Felina”, el último de tus álbumes de estudio que contenía material nuevo, al que han seguido “Felinas”, “7 Vidas en la Sala” y “7 Vidas y una Más”. Vayamos por partes, si te parece. ¿Cómo se fueron concatenando tres álbumes tan concretos como esos?
Nat: Han ido naciendo del camino, del proceso, de las giras, es lo bonito que una cosa llevaba a la otra. Para mi “Felina” es una trilogía, y eso es lo flipante, que no estaba pensado, no había nada premeditado. Es como un disco en muchas formas distintas, pero es más, los directos me los tomo como el cierre de una etapa: tocando también los dos anteriores, algunos temas de mis primeros trabajos, reinterpretados en vivo, para dar paso a una nueva etapa, que obviamente abre este nuevo artefacto.
Supongo que por el camino, entre giras y proyectos de toda índole, habrás ido componiendo estas nuevas composiciones. ¿Ha sido así?
Nat: Sí, este nuevo disco se ha compuesto durante toda la época de “Felinas” y a lo largo de esa gira, que también ha sido bastante larga, dos años. He pasado por muchos estados de ánimo y eso se nota mucho en las composiciones. También, como he dicho otras veces, me ha pillado en una época de reflexión de mi vida, que no una crisis existencial, sino más bien de pararme a pensar sobre qué es lo que he logrado, qué es lo que quería lograr y en qué punto también está la gente de mi al rededor, mis amigos, por eso es un disco tan generacional y crítico en algunos puntos.
Ahora que la música se ha convertido para el común de los mortales en un producto de uso y disfrute efímero. ¿En algún punto del camino sentiste vértigo por no mostrar nuevas canciones desde hace tanto tiempo?
Nat: No, porque no he parado. ''Felinas'' (2024) fue una reinterpretación de “Felina”, aunque hubiera algunas versiones y un tema nuevo que era ''Pequeña Guerrera Estelar''. Creo que “Felina” no terminó de llegar a la gente. Qué Víctor Cabezuelo cogiera ''Déjalo Ser'' y le diéramos esa nueva reinterpretación del tema, esa nueva producción tan acertada, fue como sacar un nuevo tema que de repente llegó a muchas personas y se convirtió en una especie de ''hit',' gracias también a Vega y cómo reaccionó su público y el mío. A día de hoy el tema más coreado en mis conciertos. ¿No tuvo “Felina” una producción adecuada para esas canciones? ¿Fue que no se sacó en el momento adecuado 2021? Podría ser... Nunca tuve miedo de no sacar canciones nuevas porque siempre había alguna novedad, no he parado de girar desde el 2023 y la gente me ha seguido de una manera muy bonita en todo lo que he ido haciendo. Lo que sí que me da miedo son los parones largos como pasó en pandemia.
“He pulido mi forma de escribir en estos últimos años, he encontrado mi personalidad”
A nivel musical el disco tiene una bonita mezcla, donde asoman una cuidada elegancia y una beligerancia guitarrera, dicotomía extensible al universo lírico donde se ve un componente nostálgico de quien sabe que ciertos buenos tiempos no volverán, y a la vez un espíritu guerrero y crítico con un mundo donde las ruinas son cada vez más visibles. A sabiendas que vienes expresando lo que ves y sientes con mucha rabia y tripas desde hace tiempo, ¿podemos considerar estas letras como un paso más en esa línea de soltar lastre?
Nat: Siempre he sido muy visceral y de soltar lastre en mis canciones, creo que ya se veía antes en temas como ''Macabro Plan'' o “Ley Animal”, pero en este probablemente se vea mucho más claro lo que quiero contar. Está hecho a propósito, con una intención para hacer pensar a la gente cómo me he parado a pensar en toda la situación, en lo que tenemos, en lo que podremos llegar a tener en un futuro y lo que perdimos. También he pulido mucho mi forma de escribir en estos últimos años, he encontrado mi personalidad.
Habría que destacar la presencia de varios nombres propios y la importancia del lugar de grabación, así que vamos de a poco, si te parece. En un principio quisiera hablar de la importancia que desde hace tiempo cobra Ánchel Solana en el proyecto. ¿Qué le aporta su bagaje a las canciones?
Nat: Con Ánchel he compuesto muchas canciones ya, del disco todas menos dos. Y la manera que tuvimos de hacer este álbum era él cogiendo la guitarra y partiendo de una rueda de acordes o de un riff, mientras iba construyendo una melodía, a veces había algo que me inspiraba y decía ''espera toca eso otra vez'' y entonces salía una canción. Algunos comienzos de canciones eran ideas previas mías y luego me ayudaba con ciertos acordes para encontrar la melodía apropiada en el estribillo. En otras ocasiones hacíamos la canción de cero. Aunque él lleve la guitarra, muchas veces también le guiaba: “vete ahora a un menor o que se abra en el estribillo”. Y otras veces él me guiaba diciendo: “no te vayas a tan agudo”, “sube en esta parte para que crezca la melodía”. En una inclusive sucedió que el instrumental era una vieja idea suya e hice toda una canción con eso. Soy muy exigente y hasta que no encuentro algo que creo que es bueno, que me emocione, le doy vueltas y vueltas. A veces he sido muy dura con él en el proceso, no debe de ser fácil componer conmigo (risas), la suerte es que la mayoría de canciones en este disco han salido bastante rápido. Creo que con él hay una chispa compositiva que partiendo de acordes me lleva a crear melodías inesperadas. Después, una vez tengo la melodía, escribo la letra.
Por otra parte, es imposible abstraerse del proceso de grabación y producción, el cual ha tenido lugar en Nashville, rodeada de un equipo de auténtico lujo, que, si te parece, dejo que cites tú misma. ¿Qué ha aportado el mismo al resultado final del minutaje?
Nat: Creo que la producción siempre es muy importante, como ya te he contado en entrevistas anteriores para hablar de otros discos. Tuve la suerte de que Álex Muñoz (Margo Price, John Hiatt, Nikki Lane…) pusiera a mi disposición un equipo de lujo con Jaquire King a la mezcla, productor de trabajos como “Only By the Night” de Kings of Leon, “Mule Variations” de Tom Waits, “The Fall” de Norah Jones o más recientemente Zach Bryan y Bruce Springsteen. Y músicos del calibre de Fred Eltringham (actual batería de Sheryl Crow, Lucinda Williams, Wallflowers o Gigolo Aunts), el multi instrumentista Joe Pisapia (Allison Russell, KD Lang), el percusionista Jaime Dick (Allison Russell), el saxo de Paul Thacker o los arreglos de cuerda de Billy Contretras... todo eso ha hecho que el disco suene como suena.
“No me imaginaba mi futuro viviendo de la música y viviendo un sueño”
Me pones complicado seleccionar solo unas pocas canciones para comentar, pero voy a intentarlo, empezando por el principio con la genial “Delorean”. ¿Qué le diría la Natalia adolescente a la Nat que ha escrito esta composición?
Nat: Pues voy a contradecir el posible mensaje de nostalgia diciéndote que la Nat pequeña diría: ''quiero dejar de ir al colegio para ser tú que te lo pasas muchísimo mejor, aunque con más responsabilidades y problemas, pero eres libre''. Creo que se sentiría orgullosa, porque no me imaginaba mi futuro así, viviendo de la música y viviendo un sueño. Me imaginaba una vida más convencional. (Risas)
“La canción “Alain Delon” describe a varias personas reales que me he ido encontrando en el mundo de la música”
Me ha encantado el vídeo que acompaña a “Alain Delon”, donde tomas una estética totalmente afrancesada, mientras resuenan guitarrazos con un innegable toque glam, esas referencias a Marc Bolan y al guapo entre los guapos que da título a la canción. ¿Puedes hablarme un poco del clip? La canción parece tener un destinatario claro, ¿es así? ¿Puede ser también un dardo a cierto tipo de crítica musical, no solamente a los machirulos?
Nat: El clip, aunque no te lo creas, se rodó en una hora, la que teníamos para no molestar a los clientes de Indreams (risas). Juan Fajardo es un crack, además muy eficiente a la hora de grabar. Tenía que ser algo directo y sencillo, así se hizo. “Alain Delon” describe a varias personas reales que me he ido encontrando en el mundo de la música, lo curioso es que va dedicado a dos personas relativamente jóvenes, aunque lo podría extrapolar a muchos más, que no necesariamente son músicos. Es un retrato que a todo el mundo le puede parecer familiar. Incluso tiene un poco de lo que llaman “cuñao”. (Risas)
“En el ambiente se nota el desencanto y mucho hastío”
Pocas veces me has sonado tan cañera y distópica como lo haces en “Alas de Dragón”, donde hablas de un mundo de “idiocracia y promesas de papel”, una de las frases más ocurrentes de nuestro rock en los últimos años, una temática de insatisfacción que también rozas en “Especie en Extinción”. ¿Hasta dónde llega tu hastío, Nat?
Nat: Supongo que llega donde llega el de mucha gente. Hablo de gente de mi generación y más jóvenes, fuimos nosotros los que nos comimos la primera crisis mundial del 2008, tras salir de la universidad. Y después vinieron otras cosas. Ahora la situación está incluso peor, sólo hay que ver los sueldos en relación al alquiler de pisos. He visto caer la calidad de vida en picado, eso me cabrea. Que mucha gente con 40 años no pueda permitirse tener su propia casa comprada, se vea compartiendo piso y ni de coña se plantee lo de tener hijos. ¿Cómo van a hacerlo si no pueden mantenerse ellos mismos? Y si hablamos de la música ya te puedes morir, pero bueno, no hace falta hablar de ello, todo el mundo lo sabe. Nadie hace nada. Hay desencanto se nota en el ambiente y mucho hastío.
En el disco hay un par de colaboraciones de lujo, la primera de ellas sería la de Jairo Zavala, Depedro, que te acompaña en “Nieve en el Desierto”. ¿Cómo surgió la oportunidad de colaborar?
Nat: Ya conocía a Depedro, también su música, claro está, pero el día que conocí personalmente a Jairo aluciné con la buena persona que es. Coincidimos en el concierto de Corizonas, estuvimos hablando, me dio muy buen rollo y muchos consejos. Además, me encanta su música y como canta es una delicia. Al volver de Estados Unidos le llamé para que colaborara en uno de los temas y aceptó encantado. De hecho, el tema lo eligió él, cosa que tiene más significado.
“Me parece un verdadero honor que Lapido haya querido trabajar conmigo”
Y la otra es la de un buen amigo que tenemos en común como el maestro José Ignacio Lapido, quien colabora en “Efímero” y “Tan Extraño para Mí”. ¿Qué podemos del “maestro” a estas alturas de la película?
Nat: Me parece un verdadero honor que haya querido trabajar conmigo, alguien que sé que no suele escribir con nadie y casi no colabora con otros músicos. Imagínate lo que significa para mí. Me siento tan identificada con su forma de componer y escribir. Todo ha ido como la seda. Es una verdadera maravilla contar con él. Aún estoy flotando.
Por cierto, pregunta para fan. ¿Qué te parece “Espejismo N9”, el nuevo disco de 091?
Nat: Pues me parece buenísimo, de lo mejor que han sacado desde hace mucho. Lo tiene todo, melodías, letras... la primera es una canción de amor preciosa. De los mejores discos del año sin duda.
“En “Quién lo impide” me inspiré en Rafael Berrio y Jonás Trueba”
Por suerte, también hay un ratito para la esperanza y el optimismo con la belleza que desprenden las querencias pop de “Haces que mi mundo sea Mejor” y con otro bombazo llamado “Quién lo Impide”, que para sí la hubiera firmado Luz Casal. ¿Cómo nacieron estas dos auténtica gemas?
Nat: Al final forma parte de mi personalidad también ser optimista (risas), me gusta serlo cuando todos a mi alrededor están siendo negativos. Hay que compensar, es lo que nos ayuda a sobrevivir. ''Haces que mi mundo sea mejor'', que probablemente sea mi canción favorita del disco, nació de una estrofa que tenía guardada de hace años, por fin, después de un concierto de The Jayhawks, Ánchel y yo dimos en el clavo para encontrar esa melodía del estribillo. Él lo vio claro: “tengo que ir a acordes menores”. Entonces, cuando tocó ese acorde, inmediatamente me salió esa melodía. Y la letra casi vino sola. La frase que da nombre al título es una cosa que quería meter en una canción y así hice. ''Quién lo impide'' fue un caso más peculiar aún. Ánchel tenía grabado un instrumental de hace años con su banda en Huesca, cuando lo escuché salió tan rápido la melodía entera de la canción que nos quedamos flipando. En un principio iba a escribir la letra en inglés para colaborar con Nicole Atkins, pero finalmente el plan se torció y acabé inspirándome en Rafael Berrio para esta letra y en la película de Jonás Trueba: “Quién lo impide”.
Y para cerrar el capítulo de canciones… solamente quiero felicitarte por temas más oscuros como “Los ojos del Peligro”, me encanta cuando te pones dramática y decididamente siniestra, una cara que espero sigas explorando. ¿Te animas?
Nat: Claro, a mi ese estilo de canción me gusta mucho, grupos como NIN, Queens of the Stone Age, bandas que hacen un tipo rock más duro, pero alternativo, en ocasiones oscuro, pero sexy. Me encanta. Creo que también es algo muy mío hacer ese tipo de canciones. Y la temática también es algo muy personal, habla del momento que pasé cuando tuve el periodo tan complicado con la ansiedad.
“Estar entre tantos mitos de la composición es un halago”
Hemos tenido la oportunidad de verte compartiendo escenario en gira con Aurora Beltrán y escuchar tu voz colaborando en el nuevo proyecto de Miguel Marco, Nueva Tragedia, donde cantas “Mitología Pop” y “Pretérito Imperfecto”, quien por cierto te hace hueco en su último libro, “Viaje a la Canción Perfecta”. ¿Qué han significado para ti estas dos colaboraciones? ¿Y el hecho de ver que tu nombre aparece en un libro donde hay tantos mitos relacionados con la composición de grandes canciones?
Nat: Colaborar con artistas aporta cosas buenas, siempre se aprende y en este caso ambas colaboraciones me han hecho aprender. Salir de mi zona de confort, tener experiencias muy bonitas en carretera o componiendo. A Miguel le ayudé a encontrar la melodía del estribillo en “Mitología Pop”, la verdad que salir tanto de mi estilo es bastante curioso y me gustó mucho hacerlo. Y con Aurora pues es toda una experiencia girar. Estar entre tantos mitos de la composición es un halago.
Hace unas semanas presentaste en sociedad el nuevo disco en un concierto muy chulo que tuvo lugar en Madrid. ¿Cómo fue la velada?
Nat: Creo que ha sido mi mejor concierto hasta la fecha, eso me han dicho. No sólo por la banda que llevaba, que era de lo mejor que he juntado en directo, si no por el repertorio, por el nuevo disco y porqué además de estar la sala llena, había una energía y un cariño por parte del público increíble. Llevar tres violinistas en directo y un saxofón, además del propio productor del disco tocando la guitarra y teclas… por no hablar de la banda base con un montón de armonías vocales. La gente me decía que sonó como el disco y eso es lo que más feliz me puede hacer. Y lo mejor es que personalmente estaba muy tranquila y eso se transmite.
¿Qué planes de gira tienes para los próximos meses?
Nat: Quiero girar mucho, ya si ves cómo empieza esta primavera te puedes hacer una idea de que no tiene mucha pinta de que la gira vaya a ser corta. Aún hay muchas fechas por cerrar. No paran de llamar desde festivales, fiestas de todo tipo y salas.
“Soy músico, cantante, compositora y empresaria”
Por cierto, ahora, que ya llevas años autogestionándote, delegando la promoción en una agencia de plena confianza como G-News the Pool, y trabajando con tu propio equipo. ¿Cómo valoras la experiencia? ¿Es el proyecto de Nat Simons totalmente rentable?
Nat: Rentable es, porque vivo de ello, además llevo una banda que cobra por venir conmigo. Es más, de la mayoría de los proyectos que tienen soy con la que más tocan, así que puedo decir que sí que es rentable y espero que todo vaya a mejor. Invierto bastante para que esto siga, eso hay que tenerlo en cuenta. Al fin y al cabo, soy músico, cantante, compositora y empresaria. Ahora ya tengo a Gloria en la comunicación y Calaverita como sello, creo que el equipo va a seguir creciendo.
La realidad se ha tornado tan peligrosa como anunciaba “Sarah Connor”. ¿Qué le diría Nat Simons a la mítica heroína moderna?
Nat: Si necesita una mano humana en el futuro, aquí me tiene para luchar contra las máquinas, o al menos para amenizar de manera orgánica y humana el futuro. ¡Que va hacer falta!
Uno de los grupos mas legendarios del rock de las últimas décadas son sin duda los angelinos Redd Kross. Inclasificables, únicos en su especie y banda de culto, esta formación liderada por los hermanos Jeff y Steve McDonald vuelven a nuestras salas este mayo después de haber podido gozar de su explosivo directo hace dos años coincidiendo con la presentación de su homónimo doble álbum. Entre medio han presentado un libro y un documental en los que repasan su ya larga trayectoria con ese sabor de haberlo tenido todo para abrazar un éxito masivo que les ha sido esquivo. Charlamos con el menor de los Mc Donald quien no borra su sonrisa ni un momento a la espera de volver a vernos en unos días.
Fechas de la gira:
Valencia (15 de mayo, Loco Club)
Granada (16 de mayo, Degusta Fest)
Palma de Mallorca (17 de mayo, The Most Beautiful Day)
Barcelona (20 de mayo, Sala Upload)
Zaragoza (21 de mayo, Rock & Blues)
San Sebastián (22 de mayo, Dabadaba)
Madrid (23 de mayo, Sala Copérnico)
Este próximo mes de mayo regresáis a España para dar siete conciertos en diferentes ciudades. En vuestra última gira, del año 24, estuve en el concierto de Barcelona y fue un concierto increíble. En esa ocasión presentabais el doble álbum “REDD KROSS” e interpretasteis muchos temas de este disco. ¿Qué repertorio planeáis tocar para vuestra próxima visita?
Steve McDonald.: No lo sé, aún no hemos escrito los setlist. Pero hemos estado ensayando unas dos horas de material, así que probablemente tocaremos canciones diferentes en cada concierto, y supongo que será un repertorio que abarcará toda nuestra carrera tanto canciones nuevas como clásicos, aunque todavía no sé en qué porcentajes.
Redd Kross empezó cuando erais prácticamente unos adolescentes en Los Ángeles. Mirando hacia atrás, ¿qué recuerdas de esa primera escena punk de tu juventud?
Steve McDonald: Bueno, era el ambiente perfecto para que aprendiéramos a tocar la guitarra y lo aprendiéramos todo sobre la marcha. Y, ya sabes, pudimos interactuar con todo tipo de bandas y personas increíbles.
No sé si era algo exclusivo de los jóvenes de entonces respecto a los de hoy en día. Me refiero a si los chicos ahora hacen algo similar, pero la experiencia que tuvimos, todavía tiene un impacto duradero en nosotros.
Esa escena de Los Ángeles en los 80 era muy diversa y contaba con muchas grandes bandas como Redd Kross. ¿Qué artistas o bandas de esa zona consideras que fueron especialmente importantes para vosotros?
Steve McDonald: Bueno, Black Flag, obviamente. Fue la primera banda con la que tocamos. Nos guiaron durante el primer año. Y tocamos con ellos en todos nuestros primeros conciertos. Eran como nuestros mentores; tenían un gran local de ensayo y conciertos donde nos juntábamos, organizábamos fiestas y dábamos conciertos.
Y luego dimos nuestros primeros conciertos en clubes nocturnos con ellos, al igual que ellos. Así que, sin duda, Black Flag.
Y también muchas de las bandas de Los Ángeles que grabaron con ese sello punk de la época llamado Danger House Records.
Esas bandas eran mis ídolos e inspiraciones, como X, The Weirdos, The Germs, The Avengers, que eran de San Francisco. Fueron las primeras bandas que realmente admiré de la escena local, de la escena underground. Antes de eso, solo era un fan del rock and roll, de los Beatles, los Stones y KISS, como cualquier otro chaval.
A lo largo de los años habéis tocado punk, garage, power pop, glam, incluso psicodelia. ¿Esta mezcla de estilos fue una decisión consciente o simplemente un reflejo natural de todo lo que habéis escuchado?
Steve McDonald: Definitivamente es solo un reflejo de lo que escuchamos. Creo que Jeff y yo no somos lo suficientemente funcionales como equipo creativo para intentar calcularlo todo. Simplemente solo podemos ser nosotros mismos. E incluso ponernos de acuerdo en ese proceso de toma de decisiones puede ser complicado.
Somos hermanos, como otros, como los Davies y los Gallagher. Y, ya sabes, pero creo que, no planificamos tocar todos esos géneros diferentes que describiste. Quiero decir, no es así como pensamos.
Simplemente nos gusta lo que nos gusta y hacemos lo que queremos. Y no quiero decir que seamos unos héroes rebeldes ni nada por el estilo. Simplemente no somos lo suficientemente listos para calcularlo.
Muchas de vuestras canciones tienen una fuerte melodía, incluso cuando la energía es muy punk. ¿Qué es más importante para vosotros al componer? ¿La melodía o la actitud?
Steve McDonald: Oh, no sé. Hay espacio para ambas, ¿no? Creo que no hay una sola manera de hacerlo. A veces las canciones empiezan con la melodía y otras veces las canciones empiezan con un riff. Tal vez si empieza con un riff, entonces cuando vas a cantar, solo hay espacio para aportar energía. Bueno, no sé si hay una sola manera de hacerlo, pero creo que los Beatles, una vez más, son un gran ejemplo de cómo se pueden tener ambas cosas: momentos melódicos como los que lograba Paul McCartney, y luego, los momentos rockeros, el rock and roll de John Lennon. Nosotros lo hacemos lo mejor que podemos.
Tú y tu hermano, Jeff, habéis mantenido viva la banda durante varias décadas. ¿Cómo ha evolucionado vuestra relación creativa con el tiempo?
Steve McDonald: Pues todavía me resulta un poco misteriosa, es un enigma. Creo que es una de las cosas que mantiene la banda emocionante. No hay una forma específica en la que trabajemos juntos, de hecho cuando nos ponemos a componer nunca sé cómo lo haremos. A veces cada uno hace cosas por su cuenta. Otras nos necesitamos mutuamente para inspirarnos y nos juntamos. O simplemente no queremos inspirarnos el uno en el otro.
Pero, también juega el hecho de que yo soy el hermano menor, así que tengo esa perspectiva. Y él es el mayor, y tiene la suya, y eso nunca parece desaparecer. Me refiero a esa especie de dinámica de alfa y beta entre hermanos, o lo que sea. De hecho él mismo se autodenominó el alfa en una entrevista reciente.
Siempre pienso: “estoy deseando que cambie”, y él quiere que siga igual. Eso crea una fricción que creo que es, quizás, agotadora, pero también es importante.
Vuestra música siempre ha estado llena de referencias a la cultura pop, cómics, series de televisión y películas. ¿Qué papel juega ese universo en su proceso creativo?
Steve McDonald: Bueno, creo que siempre hemos sido comentaristas del mundo exterior, ya sabes, observando el caldo de cultivo en el que existimos. Y la verdad es que realmente no te sabría decir qué papel juega todo eso, aparte de que sentimos que formamos parte de esta locura.
Por ejemplo, recuerdo que hace como 15 años, mi hermano no paraba de hablar de grupos de K-pop. Y yo le dije: "¿De qué me estás hablando?". Y él me contestó: "Sí, me encanta este grupo, Twenty-One". Me los puso y yo le dije : "¿Me estás tomando el pelo?". Él me respondió: "No, no, me encanta". Pasó el tiempo y Jeff y yo fuimos a ver a Blackpink tocar ante 40.000 personas. Entonces pensé: "Él ya los escuchaba desde hace 10 o 15 años, ¿sabes?". Es que es un bicho raro en ese sentido. Siempre encuentra algo con lo que identificarse de una forma inesperada. Así que, aunque yo soy un poco más normal, a veces me beneficio de sus observaciones. Álbumes como "Third Eye" o, aunque me cuesta recordarlo, "Faceshifter", se han convertido en clásicos de culto con el paso de los años.
¿Cómo viviste la recepción de estos dos discos en su momento?
Steve McDonald: Bueno, de varias maneras. Había tantas cosas pasando a nuestro alrededor y, bueno, es como si tuviéramos ciertas expectativas en su momento que no se cumplieron del todo. Cuando en realidad otras sí que lo hicieron. Me refiero a que la acogida que han acabado teniendo, el hecho de que la gente siga interesada en esos discos aún hoy en día supera mis expectativas. Eso es fantástico. Y estoy agradecido por ello.
Habéis vivido la música a través de distintas etapas de la industria discográfica: Vinilo, CD, descarga digital y ahora el streaming. ¿Cómo ha cambiado vuestra relación con el público en cada etapa?
Steve McDonald: Bueno, realmente no creo que el vinilo, los CD y las descargas hayan cambiado mi relación con el público, pero si sé que las redes sociales han cambiado mucho las cosas. Ahora soy mucho más accesible para la gente si quiere contactarme, a menudo puedo ver lo que tienen que decir. Y es mucho más rápido que cuando alguien mandaba una carta sin saber a dónde enviarla y sin saber si podría responderla alguna vez. Ahora es mucho mejor. Me refiero a que como tengo muy mala ortografía nunca contesté una carta hasta que tuve correo electrónico. Me daba mucha vergüenza lo mal que escribía, por lo que es más probable que ahora te responda, gracias al corrector ortográfico. Ha sido un avance interesante.
Aunque si me preguntas cómo conectar con nuestro público, sigo pensando que la principal forma sigue siendo a través de los conciertos en directo, con esa comunicación presencial.
Y, ya sabes, es curioso que ahora se haya dado la vuelta completa y el formato principal haya vuelto a ser el vinilo. Así que no sé, seguimos haciendo, seguimos intentando hacer canciones y dar el mejor concierto posible. Y esa es la forma más efectiva que conozco de comunicarme con los demás.
Vuestra música siempre ha tenido un aire muy colorido, vibrante y optimista. ¿Crees que el rock actual necesita recuperar esa energía y vitalidad?
Steve McDonald: Bueno, es curioso. Cuando salgo de gira con los Melvins, mi otra banda, todo se siente distinto. Incluso cuando hemos girado con ambas bandas a la vez, la experiencia cambia mucho. Estar en cada proyecto despierta emociones diferentes en mí. Con Melvins hay más rabia, una actitud más áspera sobre el escenario. Y eso también es auténtico: al final soy humano, me frustro como cualquiera, incluso en cosas cotidianas.
Pero, al mismo tiempo, también soy muy consciente de que la vida es complicada para todo el mundo. Y pienso: ¿no sería genial que, cuando nos reunimos, pudiéramos simplemente sonreír un poco y olvidarnos de las preocupaciones?
Ahí es donde entra Redd Kross. Su esencia parece ir más por ese lado: el de compartir alegría. A veces, incluso si estoy agotado antes de salir al escenario, ocurre algo casi automático: miro alrededor y pienso “¡es increíble que todos estemos aquí!”. Y eso siempre logra sacarme una sonrisa.
No sé si es exactamente lo que el mundo necesita, no tengo ni idea. Pero sí es algo muy natural para nosotros. Nuestra reacción instintiva es sentir que estamos juntos en ese momento.
Olvidarnos de todo lo demás durante un rato, porque seguirá ahí cuando termine la noche. Y quizá ese rato nos dé la energía positiva necesaria para afrontar el día siguiente. Y eso no tiene nada de malo.
Redd Kross sois una banda muy explosiva en directo. ¿Qué es lo que más disfrutáis de estar en un escenario después de tantos años?
Steve McDonald: Bueno, antes preguntabas sobre la conexión con los fans. Y precisamente lo que mas nos gusta es esa conversación entre lo que intentamos evocar con nuestras manos y nuestros cuerpos con lo que recibimos. Lo digo sin ponerme demasiado pretencioso: enviar esa energía en una dirección y luego sentir que regresa hacia nosotros de la gente. Es difícil de explicar con palabras, pero es algo real. Y no siempre uno conecta con el público como uno quiere, pero cuando lo hacemos es muy poderoso.
Habéis influido en muchas bandas de rock alternativo y power pop. ¿Hay algún grupo actual que os resulte particularmente interesante?
Steve McDonald: ¡Ay, Dios! ¡Qué dilema! Siempre me quedo en blanco con este tipo de preguntas. ¿Quién me ha resultado interesante? Bueno, ahora todo el mundo adora a los Lemon Twigs cuando se habla de power pop. Y fui a verlos hace poco y esos chicos me parecieron increíbles. Que además son dos hermanos. Me fascina cómo interactúan con la gente y cómo consiguen hacer las cosas.
Después de una carrera tan larga, ¿qué os motiva a seguir grabando e ir de gira con Redd Kross?
Steve McDonald: Supongo que intento ver qué sigue siendo posible. Siempre me siento motivado, buscando soluciones y tratando de demostrarme algo a mí mismo. Nunca es fácil.
Es un reto constante, por un lado, puede parecer frustrante, como si pensara: "Aún no lo he conseguido". Pero, por otro lado, me mantiene con ganas de seguir mejorando.
Si alguien descubriera hoy a la banda por primera vez, ¿qué álbum le recomendarías escuchar para comprender realmente de qué se trata Redd Kross?
Steve McDonald: Bueno, creo que un buen punto de partida es nuestro último disco, el que lleva nuestro nombre. Es el disco que siento que es más maduro en el sentido de que somos mayores y podemos mirar hacia atrás con cierta perspectiva y objetividad. Pero también es un álbum doble, así que tiene suficiente espacio para que nos expandamos y hagamos un poco de todo lo que somos capaces de hacer. Así que parece un buen punto de partida para la gente, y luego a partir de ahí pueden tirar para atrás e investigar.
¿Cuáles son vuestros planes después de la gira? ¿habrá nuevo disco? He visto que habéis publicado un EP compartido con Hard-Ons.
Steve McDonald: Si, acabamos de sacar un disco en colaboración con los Hard-On con motivo de que salimos de gira con ellos en Australia. Pero esas no eran canciones nuevas, eran versiones acústicas que habíamos grabado. Así que tenemos tres canciones en ese disco. Dos canciones de nuestro último álbum en acústico, y luego un clásico antiguo, “Lady and the Lady in the Front Row”.
Pero, ¿qué haremos después en cuanto a grabaciones? Pues tengo la esperanza de que, ahora que hicimos nuestra gran declaración en 2024, con nuestro libro, nuestro documental y nuestro álbum doble homónimo, digamos: "Bien, aquí está la siguiente fase". A ver qué pasa. Vamos a intentar escribir nuevos capítulos. Y, bueno, no puedo prometer nada, pero espero que tengamos otro disco mucho antes de lo habitual.
Muchas gracias Steve. Nos vemos en el concierto del 20 de Mayo en Barcelona, mi ciudad. Es una sala pequeña (Sala Upload), pero creo que es perfecta para vosotros. Estoy seguro que será un concierto fantástico.
Steve McDonald: Suena perfecto, estaremos encantados de tocar allí. Gracias a vosotros.
Estadio Olímpico Lluís Companys, Barcelona. Domingo, 3 de mayo de 2026.
Texto y fotografías: Javier Capapé.
A ritmo de mariachis fuimos entrando en calor en la tarde gris del pasado domingo. Una tarde-noche inolvidable, marcada por la nostalgia, evidentemente, pero llena de vitalidad. El Estadio Olímpico de Barcelona acogía el primero de los conciertos que sus paisanos El Último de la Fila iban a ofrecer treinta años después de bajarse de los escenarios y poner fin a su última gira. Sobra decir que esta era una ocasión más que especial para las más de cincuenta mil almas que nos reunimos en torno a las canciones de los dos músicos más grandes y a la vez más humildes que ha dado esta tierra. Manolo García y Quimi Portet estaban de vuelta y en su casa, celebrando simplemente su pasión por la música, disfrutando de sus canciones una vez más, esas que se han hecho eternas e insustituibles durante todo este tiempo. El Último de la Fila sabían que les queríamos de vuelta, aunque solo fuese para verles una última vez en su hogar, que es el escenario. Mano a mano compartiendo retazos de vida hechos canción e impulsados por un aire retro llevado con gran tino incluso a un escenario de estas dimensiones, en el que primaron más las imágenes surrealistas y los mensajes estrambóticos lanzados desde las pantallas (“Vendo Opel Corsa” o “Compro Oro”) en lugar del exceso de pirotecnia o confeti. Había móviles, sí, pero predominaba el aroma a los años ochenta y noventa donde ellos brillaron y en los que importaba solo la música, así como afrontarla con arrojo y algo de humor, ese que ellos mismos dicen que fue la argamasa con la que se sostuvo siempre este dúo. El mismo que desprendió Manolo García desde que las primeras gotas de lluvia llegaron con los acordes de “Huesos” y que él mismo quiso acogerlas con buenas dosis de ironía, soltando un: “¡me voy a meter una hostia de puta madre!”. Lo cotidiano por delante, siempre por encima de lo impostado o totalmente calculado para la ocasión.
Canciones y emociones. Rock de base marcada y precisión milimétrica (gran labor de Antonio Fidel y Ángel Celada), sin perder por ello sus aires psicodélicos, rumberos y morunos por momentos. Correcto en las formas (quizá esperábamos algo más de Quimi Portet) y profundo en ambiciones. El grupo que acompañó la mayor parte de su historia a Manolo y Quimi se dieron cita aquí también junto a Irene Miller y Eva Reina en los coros, que apoyaron con elegancia los fraseos del carismático frontman, al que vimos tanto enfundado en un albornoz a modo de capa, como peleándose con un sillón por medio del escenario o azotando una vara para incitar al entregado público. Como el “guapo del Poble Nou” lo presentó Portet, aunque podría ser más acertado referirse a García como la cara incombustible del dúo, porque la huella de sus setenta primaveras apenas le ha pasado factura y su voz siguió reforzando con firmeza cada verso de la noche.
Los himnos se sucedieron sin remisión. No hubo que esperar nada a que sonase “Querida Milagros” ni “Mi patria en mis zapatos”, en la que Portet agradeció que nos hubiéramos multiplicado tanto para llenar este estadio, haciendo referencia al grito que su compañero de fatigas realizaba en los viejos tiempos, esos en los que tocaban para pequeños aforos. Entonces Manolo García se despedía de sus conciertos con un “¡salid y multiplicaos!”, algo que estaba claro que había sucedido. Portet presentó esta gira de doce conciertos que acaba de arrancar como un “lugar para poder huir de las férreas estructuras familiares”, aunque también aclaró que suponía el placer de “volver a tocar con la banda después de tantos años”. Pero, por encima de todo, sentimos que estaban ahí por nosotros, su público, los que hemos dado sentido a estos treinta años en los que en lugar de olvidarles hemos hecho crecer su estela.
Cuando se impuso la noche descubrimos que, en realidad, se había teñido el “día color de melocotón” y, definitivamente, ya “nadie fue más que nadie”. Todos unidos por esa rítmica que tan bien supo sostener Quimi, sin florituras pero encendida de pasión, y por esa entrega desmedida de Manolo, que nos llevó a todos en volandas, da igual si afrontaba la más introspectiva “No me acostumbro” o la ecologista “Dios de la Lluvia”, que tras implorarle concedió un merecido respiro a la fina lluvia hasta el final del concierto. Músicos y público fuimos realmente una masa unida, por muy grande que fuera el recinto. Creo que todos sentimos que compartíamos un trocito de la historia de nuestra música reciente, que formábamos parte de algo único, de eso que tanto tiempo habíamos estado esperando, pero que tampoco habíamos pedido. Ellos nos lo concedieron porque sintieron que era el momento, y porque, si un día quisieron echar el freno al entender que no tenían nada más que aportar, de la misma manera ahora quisieron darse el lujo de subirse de nuevo al escenario para disfrutar del gran baño de masas que tanto han merecido siempre. Sin grandes pretensiones. Sólo por puro placer.
Con “Soy un Accidente” se acordaron de todos los músicos catalanes que les marcaron el camino en los setenta, de Pau Riba a Sisa o Lluís Llach, y reivindicaron la cultura catalana recibiendo una enorme ovación. “La Piedra Redonda” resonó por todos los rincones del Estadio con su coraza eléctrica, aire con el que también vistieron a “Mar Antiguo”, que se salió un poco de su estructura original por su mayor contundencia en directo. Eso no significó que no encendiera la llama en forma de linternas de móviles, que inundaron las gradas ante una de las baladas más emblemáticas de su discografía. Aunque para emblemáticas bastaba con mirar atrás y ver que, casi sin darnos cuenta, ya se habían sucedido, en esta sucesión de éxitos incontestables que fueron los ciento treinta minutos de actuación, “Sin Llaves”, “Aviones Plateados” o “El Loco de la calle”, con un Pedro Javier González aportando maestría a la guitarra española. No pararon de sonar himnos, y a cada cual con mejor recibimiento, porque los allí congregados sabíamos que cada vez que escuchábamos una de estas canciones probablemente fuera la última vez que íbamos a hacerlo en directo.
Desde el cancionero de los Burros rescataron también “Disneylandia” (y una oportuna “Conflicto Armado” en los primeros compases de la noche), que sirvió para bajar el pulso antes de afrontar las más enérgicas “Cuando el mar te tenga” (con ésta ninguno de los que permanecían sentados en las gradas pudieron seguir haciéndolo), “El que canta su mal espanta” o “Canta por mí”, con un intro de guitarra española que nos puso los pelos de punta. Con “Llanto de Pasión” Manolo se fundió en un abrazo con las primeras filas, sin olvidar las dificultades que supuso bajar de ese pequeño avance al frente del escenario, cuyo suelo proyectaba coloridas imágenes y que le hizo sufrir para no patinar en más de una ocasión por el fino barniz húmedo que lo cubrió. Dedicaron esta recta final que ya se vislumbraba para el colectivo de agricultores y ganaderos a los que siempre tuvieron estima, así como a los sufridores autónomos. De nuevo otra calurosa ovación y el éxtasis con “Lápiz y Tinta”. Me atrevería a afirmar que ésta siempre fue una de sus mejores composiciones y así fue recibida, luciéndose además con un discreto pero oportuno solo del bueno de Quimi.
Si alguien esperaba sorpresas, las iba a tener, pero no en forma de oportunas colaboraciones encima del escenario. No fue exactamente eso. Sin tener que decirlo directamente, desde que sonó la enigmática “Sara”, y hasta el final del concierto, la hija de García se hizo con un sitio destacado al frente del escenario (y una buena cuota de pantalla). Tocó la eléctrica con tanto desgarro como finura. Se hizo cargo de la mayoría de los solos que quedaban por afrontar (espacio que le cedió el hasta entonces encargado de ello Josep Lluís Pérez) y le sentimos como una pieza clave de este engranaje. No fue algo forzado, fue necesario y revelador. Imprimió carácter a la garra de “Lejos de las Leyes de los Hombres” (donde los característicos toques de teclado de Juan Carlos García destacaron por encima del resto) y se lució con el potente solo de “Dulces Sueños”, donde también hubo espacio para Quimi Portet y Josep Lluís Pérez, poniendo el broche al grueso del set.
Nos pidieron seis minutos para cambiarse de muda y nos dejaron con una colección de vídeos de sus primeros años que sirvieron de interludio antes de la traca final (sí, hubo algo de confeti y fuego en el escenario, que para eso estábamos en un concierto de gran tamaño). Con las maracas en mano y una española con alma, “Ya no danzo al son de los tambores” nos hizo “confiar” a pesar de “confundirnos”, como reza su letra, porque con las canciones de El Último de la Fila hemos confiado siempre aunque nuestra “barca zozobre”. Ese es su gran misterio, el que ha mantenido sus grandes canciones a flote después de tantos años. Como si su fórmula hubiese quedado intacta. “Los Ángeles no tienen hélices” confirmaron que aquel “Enemigos de lo Ajeno” era el que acaparó más protagonismo durante la velada. Para algo cumple también en este año cuarenta desde su lanzamiento y, como siempre ellos han admitido, es al que más cariño le tienen por todo lo que supuso de afirmación en su carrera, a pesar de las dificultades iniciales vividas. Para el que esto escribe todavía habría adquirido un punto mayor de perfección la noche con un poco más de peso para su último disco “La Rebelión de los Hombres Rana”, pero hablamos de himnos incontestables y quizá en ese disco se quedaron algo cortos en este sentido. Aún así, sentí que no había nada que reprochar a un repertorio de este calibre, donde ni por un momento se bajó la guardia (brilló el citado “Enemigos de lo Ajeno” pero también el fantástico “Como la cabeza al sombrero”), llegando para la recta final “Como un burro amarrado a la puerta del baile” y el mayor himno popular de nuestra historia: una “Insurrección” que nunca nos cansaremos de cantar. Nunca.
Sin lugar a dudas, El Último de la Fila había hecho explotar el Estadi Olímpic (y seguro que repite la jugada el próximo jueves), había recogido toda su cosecha en casa. Despertaron del letargo para regalarnos una de las mejores noches que podremos recordar sus incondicionales. Un evento histórico, que puso el broche con la mítica versión de “El Rey”, de José Alfredo Jiménez, y con todo el mundo dejando atrás males y disputas. “No es que el tiempo lo cure todo”, ni tampoco que la reunión de estos dos titanes sane todo mal, pero sin duda “puede ayudar”. ¡Y vaya si lo hizo! Los raros de la clase, los incomprendidos, los extravagantes e insólitos, los últimos de la fila fueron por una vez, y para siempre desde el pasado domingo, los primeros.
Ser joven, lista y talentosa no es algo tan positivo en la práctica. La teoría parece asegurarte, o al menos vaticinar, un éxito de efecto incierto, pero los avatares y tumultos personales suelen jugar un papel clave en la evolución y el devenir de una artista de esas características aparentemente tan favorables. El caso de la australiana Courtney Barnett es uno de esos en los que el peso de su propia historia intenta equilibrarse con el de una obra artística normalmente condicionada por las circunstancias.
En “Creature of habit”, el cuarto trabajo discográfico de una carrera hasta ahora algo irregular, hace balance de daños recapitulando causas y efectos y sin necesidad de mostrarse innecesariamente explícita. Sí deja sin embargo claves de por dónde han ido los tiros en sus vaivenes emocionales en los cinco años transcurridos desde su anterior entrega, un disco indefinido y agotador en el que su carrera parecía derivar por sendas indefinidas. Ya en el magnífico documental “Anonymus club” se desvelan tormentas y nubarrones varios, marcados entre otros hechos por su mudanza a Los Ángeles y la ruptura con pareja y sello, precisamente el que fundó junto a ella. Si todo, o al menos una buena parte, parecía perdido, lo mejor que podía hacer –y lo hizo- era ponerse a escribir canciones y grabarlas en cuanto todo encajara de nuevo.
Tener grandes amistades y tirar de ellas cuando la ocasión lo requiere sí es algo realmente apreciable. La buena de Courtney recurre en este disco a vínculos artísticos tan propicios como los de Stella Mozgawa (batería de Warpaint), músicos de Floating Points o la mismísima Waxahatchee, otra outsider dispuesta a echarle un cable en la resultona “Site unseen”. Pero lo que pocos esperábamos era la colaboración del reciclado Flea en una pieza más electrificada que la media titulada “One thing at a time”, a la que aporta bajo y presencia.
El recorrido sonoro se detiene en rotondas de tránsito tranquilo como “Wonder”, casi la nueva marca de fábrica de un sonido a veces destartalado, a veces potente en melodías como sucede en la casi perfecta “Sugar plum” o la modélica “Mantis”. Los graves atemperados de “Stay in your lane” o el atractivo pop de “Great advice” hacen la ruta aún más placentera, sin grandes sobresaltos y con paradas en paisajes raquíticos como el de “Mostly patient”. Cuando en “Same” decide dejarse arrastrar por la modernidad de los sintes y bases electrónicas, algo que no parecía encajar con sus principios, resulta ciertamente encantadora, lo mismo que si añade un gorjeo de aves y cielos cristalinos a la estampa final de “Another beautiful day”. Son distintas formas de adorar lo que hace y lo que escribe.
Dudas disipadas, no tanto a nivel personal, donde su tradicional fragilidad sigue exhibiéndose a sus anchas, como en el ámbito artístico, para el que a partir de ahora debemos tenerle reservado el lugar de privilegio que mereció casi desde el principio. En el lado más alternativo de nuestra discoteca siempre habrá un hueco para que el despiece emocional que nos plantea Courtney Barnett nos haga plantearnos eternas preguntas que sólo ella sabe responder. O no, que en verdad es lo de menos.
Vuelven Niña Polaca, una de esas bandas que ya nadie duda a la hora de ubicar entre las más punteras de nuestro panorama. Han logrado tocar el cielo con mucha humildad, haciendo camino al andar, aprendiendo en el recorrido, mientras unían al talento una innegable capacidad de trabajo cercana al estajanovismo. Ahora, tras innumerables días picando piedra y dejándose la piel sobre el escenario, otean en el horizonte recintos míticos como el Movistar Arena, fecha que ya anunciaron en redes semanas atrás.
Llegarán al mismo con un nuevo disco bajo el brazo, “¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas?”, un álbum que es fruto de la experiencia y madurez que ha ido acumulando la banda a lo largo de todo el proceso, donde observamos a unos Niña Polaca más reflexivos y conscientes de la realidad de su entorno, que, sin perder la capacidad evocativa y la genialidad para condensar los sentimientos en frases cargadas de efectividad y gracejo que describen las vivencias cotidianas, se nos van haciendo mayores mientras su vigencia permanece intacta.
Descolgamos el teléfono para hablar con Álvaro Surma, principal compositor, guitarrista y vocalista de la banda, quien nos atiende tan majo y cercano como siempre, demostrando que aunque las circunstancias cambien, para bien en lo respectivo a Niña Polaca, todavía quedan héroes románticos con los pies bien anclados al suelo.
Han pasado camino de tres años desde la edición de “Que adoren tus huesos”, un trabajo que, si bien continuó la senda de crecimiento que tenía Niña Polaca desde sus comienzos, supuso un crecimiento a nivel de fechas en directo y también en repercusión, algo que supuso otro aldabonazo a la carrera de la banda. ¿Qué sentisteis tras la edición del disco y durante estos dos años de larga y exitosa gira?
Surma: Fue un cambio drástico. La base de nuestro público ha crecido y la propia repercusión del álbum también fue muy amplia. “Que adores tus huesos” ha sido el disco que nos ha permitido profesionalizar todo el proyecto. Además, ocurre en un momento particular de la banda donde habíamos cambiado de componentes y más tarde supuso la adaptación a una nueva realidad que nos ha encantado. Recibir tanto cariño de tanta gente, de forma tan continua, durante tanto tiempo, ha sido una maravilla, todo un sueño. Hemos podido colaborar con artistas que han sido referentes para nosotros como Amaral, Carlangas o Travis Birds, gente que nos ha gustado siempre y decidieron participar en las versiones que hicimos del disco. Para nosotros fue una alegría, una maravilla y un honor. Hemos tenido un crecimiento personal muy amplio, tanto en nuestro conocimiento de la industria musical como del directo, de todo en general, e inclusive de nosotros mismos como personas.
En nuestra última charla que versaba sobre el álbum ya comentado me decías que era el primer trabajo en el que buscabais una intención artística. Pensando en este “¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas?”, ¿cuál consideráis que es la nueva vuelta de tuerca?
Surma: Si con “Que Adoren tus Huesos” ya teníamos una intención, ahora en “¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas?”, hemos tenido tiempo e intención. Hemos podido componer un disco durante dos largos años, buscando un discurso que se entiende bien y goza de una estructura concreta. Le hemos dado un discurso, acompañado de una estética que nos ha llevado tiempo plantear. Creo que hemos perfeccionado un poco lo que hicimos con el anterior.
Personalmente, tras la primera escucha, lo primero que sentí fue que este es un disco hecho con más calma, algo paradigmático viendo la auténtica montaña rusa que habéis vivido, pero. en todo caso, percibo cambios, no sé si como reflejo de una mayor madurez, donde las composiciones no buscan la inmediatez y que incitan a que el oyente ponga un poco más de su parte para que los detalles afloren en sucesivas escuchas, puesto que creo que la producción de este trabajo también es más cuidada. ¿Lo veis desde una perspectiva similar?
Surma: Sí, estoy completamente de acuerdo. En los discos anteriores llegábamos al estudio mucho menos trabajados de lo que hemos llegado ahora. Hemos tenido dos años para trabajar, alquilar un chalet, hacer un retiro y preparar los arreglos de la música una y mil veces. Ha habido jornadas maratonianas de composición entre nosotros, pensando en qué queríamos decir y cómo decirlo. Hemos huido del hit y de una forma de hacer canciones que entren rápida. Pensando en esta nueva colección, creo que tiene que haber intencionalidad por parte del oyente para sentarse y escuchar este disco. Ya no tenemos que convencer a nadie y nos hemos permitido el lujo de hacerles pensar un poco más a la hora de escuchar.
No sé si voy en la dirección correcta, pero son canciones concebidas para contar una historia, la de Wiwa, que desembocan en una tormenta emocional donde el amor y el desamor se funden en un escenario que es nuestro mundo ruinas, el lugar donde transitan todas las composiciones de este disco. ¿Cuándo surge la idea de hacer un álbum conceptual que cuente una aventura casi épica?
Surma: Es al revés. La historia vino después de tener las canciones, la hizo Rubén una vez terminado el disco, servía de introducción a la persona que lo vaya a escuchar. Pasas de una Niña Polaca anterior, donde vienes de un mundo adolescente en el que te preocupas un poco menos por el entorno, algo que se muestra en la cara “A”, donde se habla de amor/desamor y el propio desarrollo sentimental, a la cara “B”, que ya muestra otras preocupaciones más relacionadas con el contexto del mundo actual. Dos caras diferencias. La cara “B” se introduce en la última frase de “Suena Abba” que es donde se empieza a hablar un poco de las sociedad y el mundo de hoy.
El disco es en sí mismo una atracción donde hay subidas y bajadas emocionales, ¿han ayudado las temáticas de las canciones a la hora jugar con las intensidades de las distintas canciones?
Surma: Realmente enfocamos el disco de otra forma, más como una línea temporal. “El Bosque” y “Olvidarme de ti” son composiciones que estás más cercanas a “Que Adoren tus Huesos”, básicamente porque se escribieron después de editar el disco y quedaron en barbecho hasta ahora que las hemos decidido rescatar. El resto van de forma bastante cronológica con respecto a cómo ha avanzado nuestra vida. Hemos querido dar un tono más rápido y lento en función de que acompañara a la letra.
¿Podemos decir que es el disco menos cañero de la banda hasta ahora y quizás el más profundo?
Surma: Tiene canciones bastante cañeras como “William Wallace” y “Policía-Hachís”, igual que te diría que en el resto de discos hay canciones más lentas también. Quizás sí es menos “hitero”, tiene letras más desarrolladas. Personalmente, “Que Adoren tus Huesos” tampoco creo que sea un disco cañero. Aquí hay temas más madurados, no había necesidad de hacer un hit de guitarras. Hemos jugado con los teclados, dando espacio a las cosas, buscando no saturar la composición. El hecho de que Claudia haya entrado de lleno en la composición desde el principio hace que se tenga muy en cuenta a los teclados, cosa que en otros trabajos ha entrado a traspiés. Aquí hay solos de pianos, algo que consigue que todo se “desenguarre” un poco.
“William Wallace en Lancaster” habla de esa sensación de flotar y sentirnos invencibles cuando tenemos un nuevo amor.
Surma: La considero prima hermana de “Mucho tiempo contigo”. Tienes un amor tan fuerte que no quieres nada más en la vida. Hay una plenitud en el amor que busca reivindicar las cosas pequeñas y los sentimientos. Quieres tu espacio para vivir y llegar a viejo con nietos. Es una canción de anhelo y esperanza.
“Siempre pongo las venas en la composición de los discos”
“Bosque” ya cambia el tercio hablando de ese momento en que se echa de menos la relación rota…
Surma: Como te decía antes, todo tiene una cierta cronología (Risas). “William” es el punto álgido y “Bosque” es el bajón, diciendo “te he querido todo”. Se muestra el vaivén emocional de la propia relación. Es un poco dame veneno que quiero tres tazas. Siempre pongo las venas en el disco. En mi caso personal, la cosa se torció en cierto momento y luego volvió a su sitio. Actualmente estamos en el momento “ABBA”. (Muchas risas)
En “Sería Perfecto”, toma la voz cantante tu compañera Claudia Zuazo.
Surma: Sí, se ha hecho con naturalidad. Al empezar a componer ponemos siempre en común las canciones que tenemos. En este caso, vine con más composiciones e ideas claras. Clau vio que era una tema que podía entrar en ese momento del disco. A todos nos pareció increíble, ya que podíamos sacar mucha chicha de la canción, por eso la incluimos. Es un honor porque Claudia es de las cabezas compositivas más increíbles que conozco. Me ha hecho mucha ilusión su inclusión. Es reflejo de que se siente parte de esto. Es un verdadero honor.
“Claudia tiene una cabeza muy completa, imaginativa, loca y con mucho gusto para la composición”
Por cierto, Claudia que también acaba de editar su primer trabajo en solitario. ¿Qué opinión tenéis a nivel de banda del mismo? ¿Le habéis dado mucho la tabarra durante el proceso de composición y grabación para que os dejara escuchar cosas?
Surma: Rubén y yo somos sus managers. A Claudia la quise meter desde el principio en Niña Polaca. Me parece que tiene una cabeza muy completa, imaginativa, loca y con mucho gusto para la composición. Es de las personas más talentosas que me he encontrado nunca. Tenía canciones guardadas desde hace muchos años, se ha producido todo ella y ha decidido lanzarse a la piscina. Estamos apoyándole, trabajando juntos y dándole al mundo algo que no hay mucha gente que esté haciendo tal y como lo hace ella.
En “La Platería” se recupera el amor y a continuación “Suena Abba cuando enciendes el motor”, que es donde asoma la patita ese temor al futuro de este mundo en llamas, que a todos no atenaza.
Surma: Justo. La última parte tiene un toque coral, representa el enamoramiento de “La Platería”, donde encuentras a alguien que te hace ser persona, cuando sientes que estás casado y piensas que eres algo más gracias a esa persona. “ABBA” es la continuación de vivir eso, mientras lo haces en una estructura que está a punto de caerse como es el mundo.
“Me niego a asumir que esta mierda que nos están dejando es lo máximo a que podemos aspirar”
“CSI Alicante” me encanta, tiene un toque en la apertura a The Who, donde hacéis mención a ese futuro denegado de nuestra generación, expresando una serie de deseos entre otras que dimitiera el canalla de Mazón, como finalmente ha hecho.
Surma: Por eso se llama “CSI Alicante”. Es lo que dices, es la muestra de un futuro robado. Echar de menos la vida que conocí de pequeño. Es una arenga de pelear por ello y de no asumir que esta mierda que nos están dejando es lo máximo a que podemos aspirar. Vivimos en un sistema que se está autofagocitando a sí mismo y me niego a pensar que soy una mera víctima del mismo sin intentar al menos hacer algo.
“El pasado”, es un tema muy crudo que refleja el temor a la partida de un ser querido.
Surma: Básicamente… no lo he llegado a pasar, gracias a Dios. No llegó a fallecer, pero la hice cuando pensé que fallecía. Ya he hablado de la muerte en algunas letras anteriores, es algo que me da pánico. Por suerte no he tenido que enfrentarme aún a la pérdida de una persona cercana. Esta fue la primera vez que lo sentí. Es algo que no sé cómo colocar en mi cabeza y cómo me va a afectar cuando pase, que pasará y habrá que asumir como parte de la vida. Es algo que me da mucho miedo e intranquilidad.
“La Codicia y capital de las fuerzas extranjeras”, tiene un poso vitalista y optimista, pese a lo rotundo del título.
Surma: Es una canción que habla del turismo a grandes rasgos. A raíz de tener la banda y de estar girando durante cuatro años casi sin parar. Creo que hemos estado en casi toda la geografía de España, no queda provincia por tocar. Me parece que tenemos un país tan increíble, con tanta historia y cultura, tiene algo tan particular e irrepetible. No recuerdo un país tan rico en casi todo como España en lenguas y tradiciones. El hecho de tener cinco lenguas que me parece algo tan positivo, no veo nada bien que se intente defenestrar y politizar. Me parece que somos un país mágico. A lo largo de los años he odiado mucho Alicante, básicamente porque haciendo cosas culturales te ataba mucho las alas, pero según hemos salido nos hemos hecho de nuestra patria chica. Ahora vemos cómo nos han ido echando de la ciudades, convirtiéndolas en un espacio poco habitable, en un meadero para ingleses, me duele. Nos hemos vendido a un dinero tan barato, tan mal pagado, que creo que es indigno. Ver la costa de Alicante está convertida en un bosque de cemento feo, siendo un paraje increíble del Mediterráneo, que nosotros hemos convertido en un inodoro para ingleses que pagan cinco euros, vienen, mean y se van, me parece feo. Me da mucha pena haber quedado como pueblo para eso. Esta canción busca poner en valor lo que tenemos y hacerlo respetar. Al final hacemos una mirada a cambiarlo.
“Se nos ha negado desarrollarnos como personas”
“¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas?”, cosa que nos preguntamos muchos a menudo tiene frase acerca de las vidas que eran mentiras estudiadas en el cole, algo que me ha hecho pensar en los estereotipos que nos han vendido sobre ciertos personajes que tienen más aristas de las que nos han vendido.
Surma: Realmente, aunque entiendo la interpretación, el sentido era otro. La frase concretamente va contra todas las cosas que nos decían sobre estudiar y llegar lejos, viendo cómo hay mucha gente que lo ha hecho bien, pero el sistema les ha dejado por el camino. Se nos ha negado desarrollarnos como personas, la frase va por ahí.
“Las letras son mi diario, un retrato de lo que voy viviendo”
No sé si es el cancionero con menos localizaciones concretas de Niña Polaca, algo que siempre ha sido santo y seña de la banda.
Surma: Realmente creo que no, lo que ocurre es que son lugares que están fuera de Madrid, por eso quizás sean menos conocidos. Hay muchas referencias. Las letras son mi diario, un retrato de lo que voy viviendo, nunca hay una intención de poner un sitio en una letra, pero todos tenemos nuestro propio decorado y nuestra arquitectura emocional. Siempre me he permitido incluirlos en mis letras y la gente las hace suyas, sacándolas de contexto. Esos sitios son parte de las cosas que vivo y los lugares donde las vivo. Ahora paso menos tiempo en Madrid que antes. Ahora hay más de volver al mar y a la tierra en que nací.
Surma, ¿sigues siendo un currante 24 horas? ¿O ya has abandonado el curro de oficina que compaginabas con la banda?
Surma: Rubén y yo hemos montado una agencia de management y booking. Dejé hace tres semanas el trabajo de oficina, aunque se puede decir que tengo oficina todavía, pero todo relacionado con la música. Somos muy inquietos. Se llama Pontiac, llevamos a Luis Brea, Nadie Patín, McEnroe, La Milagrosa, Claudia Zuazo, además de a ciertos grupos de Subterfuge que nos ha cedido el booking. Son quince bandas, por lo que no me aburro.
¿Cómo se presenta el verano de conciertos?
Surma: Estará calentito. Empezamos en Alicante la semana que viene, en casa. Creo que luego hay pocos días libres en verano. Anunciaremos en breve la gira de salas que nos vas a permitir volver a lugares más pequeños que nos apetece a todos. Queremos tener a la gente cerquita. Las salas se echan mucho de menos. Hay que darle, darle y darle, para tocar un montón, que es lo que nos encanta.
“Ha sido un camino largo, tocando en pueblos y haciéndolo en salas pequeñas solo por gusto, imagina tocar en un sitio tan mítico y tan enorme como el Movistar Arena”
¿Qué tal va la venta de entradas para vuestro concierto del Movistar Arena”? ¿Qué sensaciones os embriagan ahora mismo?
Surma: Llevamos un mes de venta y va súper bien. Estamos contentos y emocionados. Es un sueño para nosotros. Tú nos conoces, ha sido un camino largo, tocando en pueblos y haciéndolo en salas pequeñas solo por gusto, imagina tocar en un sitio tan mítico y tan enorme.
Por mi parte es todo, Surma. Mil gracias. Ya sabes lo que siempre digo, espero no haberte preguntado las mismas preguntas que todo el mundo.
Surma: Siempre me haces entrevistas muy buenas, tenía ganas de charlar contigo. Es un placer que me hayas llamado. Muchas gracias. Un abrazo grande.