Ruido y chimba con Aterciopelados


Jardín de Invierno del Parque José Antonio Labordeta, Zaragoza.Domingo 11 de octubre de 2026.

Texto y fotografías: Javier Capapé. 

La víspera del día de la Hispanidad nos encontrábamos reunidos todos los ávidos de música valiente e intercultural en el escenario del Jardín de Invierno del Parque José Antonio Labordeta (mientras en la Plaza del Pilar se presentaba Dani Fernández con su gira "La Insurrección"). Un escenario que se ha convertido en un refugio para los amantes del rock, la fusión y la transgresión dentro del marco más bien moderado en lo musical de estas fiestas del Pilar.

Aterciopelados fueron los protagonistas de la calurosa noche del pasado once de octubre, celebrando el fin de la gira española del treinta aniversario de su mítico disco "La Pipa de la Paz". Antes que los colombianos, el dúo aragonés Isla Kume llenó de electrónica reivindicativa y fusión folclórica el escenario, mezclando castañuelas, sintes y cuerdas con todo tipo de filtros en las voces y una buena dosis de beats dando forma a sus potentes bases programadas. Aunque el numeroso público acogió de buen grado su enérgica propuesta, lo que todos estaban esperando era al longevo dúo formado por Andrea Echeverry y Héctor Buitrago. Con sonidos ambientales que podían transportarnos a la Amazonia y una guitarra cercana a la psicodelia, arrancaron con la titular "La Pipa de la Paz". Enseguida apareció Andrea con su magnetismo para hacernos caer en la cuenta de lo bueno que es reconectar con ideas conciliadoras, como las que traían para esta celebración de su disco más laureado. Súbitamente invitó a esa estrella para que nos alumbre gracias a las guitarras atmosféricas de "Buena Estrella", y poco a poco fueron transformando su espectáculo en una reivindicación de los sonidos más puristas de su Colombia natal, recalando en la más funky "Cosita Seria" (en la que nos hicieron caer en lo "hijoeputa" que es a estas alturas ser mujer en este mundo) o en la más guerrera "El Estuche" (al grito de "¡hay mucha gonorrea suelta!").

Lo latino se hacía cada vez más presente y las guitarras más pop se diluían entre bajos marcados y ritmos mucho más sensuales, como los que presidieron "El Álbum" o su ya mítica "Expreso Amazonia", momento en el que tuvieron unas sinceras palabras de agradecimiento a Enrique Bunbury, no solo por participar en el disco que nos había reunido a todos para conmemorar su efeméride, sino por ser el que apostó por ellos mientras los poderosos Héroes del Silencio daban sus últimos coletazos de vida. Interpretaron "Quemarropa", acordándose de nuestro músico aragonés más internacional, y bajaron el ritmo para hacernos ver que también se mueven como pez en el agua en tonos más melódicos, como los que se hicieron presentes en "Maligno".

El pulso subió con "Te juro que no" (nuevamente con Bunbury presente en los comentarios previos a su interpretación) así como en "Florecita Rockera", que tornó su inicio garajero en ritmos reggae para su segunda mitad. En "Candela" disfrutamos de los desvaríos y juegos vocales de Andrea, que a sus sesenta y un años no paró quieta ni un momento, mostrando su potencia e imponente empuje. Portando sus extravagantes tocados o sus gafas multicolor demostró una vez más que es un auténtico torbellino y un torrente provocador por el que no parecen pasar los años.

Con su renovada interpretación, estas canciones, que ya podrían vestir canas, sonaron mejor que nunca, con mucho más cuerpo y matices que en sus versiones originales. No sé si por la buena sonorización de la que disfrutamos en el Jardín de Invierno o por sus horas de carretera, pero sin ninguna duda, ganaron muchos enteros. Así, con el ritmo del joropo, nacido entre Colombia y Venezuela, llegó "La Culpable", uno de los puntos álgidos de la velada, donde todos los protagonistas de dentro y fuera del escenario tuvieron su momento de gloria, su reconocimiento de manos de una inspiradísima Andrea Echeverry, que dedicó pareados de lo más logrados a todos los compañeros que tan bien la arropan, haciendo especial mención a su eterno socio Héctor Buitrago, más que correcto al bajo y mano derecha de este vital proyecto colombiano de alma universal.

"No necesito" arrancó los bises, seguida de la muy esperada (y coreada por todos) "Bolero falaz" , y la emotiva, a la par que festiva, "Rompecabezas", que Héctor dedicó a todos los latinoamericanos que buscan un nuevo camino en esta tierra, no falto de sinsabores, pero sin perder esa fuerte esperanza que les mueve. Andrea manifestó su orgullo colombiano no sin antes admitir que es un honor, un placer, una "chimba" tocar acá, en esta Zaragoza que tanto les ha querido siempre. Quizá por eso se despedían aquí de esta celebración de "La Pipa de la Paz" antes de cerrar el ciclo en Bogotá, amacizados o abrazados a este público que tan bien supo acoger su baile con la naturaleza, su particular cruce de caminos, que todos entendimos como el mejor escenario para hacernos valer entre el baile y el ruido.

Julieta Venegas: “Norteña”


Por: David Vázquez. 

Si bien "Norteña" es una lectura, también significa, y debe acompañarse de él, el noveno trabajo de Julieta Venegas. Es por eso que en esta reseña se entrelazan ambos trabajos, complementarios, imposibles de disociar. El libro comienza más como novela o diario que como memorias puras y duras. Esa línea que separa dos países es donde se forja su desarrollo, explica, la importancia de ser fronteriza: “Con mi familia vivimos los dos lados siempre”.

Su relato de la metamorfosis personal es análogo al que sucede en su ciudad; Tijuana fue, y sigue siendo, la misma. En estos paisajes urbanos, uno puede imaginar a la mexicana transitando mientras de fondo suena "Tiempos Dorados" como parte de la narración. “La vida cotidiana sucediendo en esas horas de espera”, indagando en su crecimiento y relatando el mismo. En el capítulo "Urbana" es el de dónde y en "Canciones" muestra la semilla y el nacimiento de la cantautora: ¿Qué tipo de compositora quiero ser?

La forma de relatar con ternura los recuerdos de infancia, en los de su madurez, sin embargo el cambio no está en el lenguaje o la estructura, sino en el cómo. Queda reflejado su paso por Tijuana No!, donde compone, estanco con la banda formada, y de la que salió antes de grabar sus temas. Pero también habla de amistad. Igual que refleja en el libro, una parte importante de esa biografía es la amistad y se ve en los cortes "Tengo que contarte", junto a Natalia Lafourcade, y "Amigas". Como un canal de comunicación, y como en las canciones antiguas mexicanas, “También en mi familia existía ese silencio que a veces pareciera habitarlo todo”. La familia que Manuel Jabois muestra en "La Víspera" es universal. Siendo la diferencia de los personajes entre ambos libros, que en lugar de comunicarse con sobrentendidos, aquí lo hacen cantando, a través de la música, representando en el LP con "La Línea" muestra la raíz musical, el inseparable acordeón y la ranchera, como con el tema que abre el disco -el ya mencionado "Tiempos Dorados", un corrido contemporáneo.

El capítulo más musical o, mejor dicho, más centrado en la música es "Primer Disco", aunque muestra el sentir y no los detalles que tanto apasionan a los melómanos. Aunque la lección aprendida cuando se profesionaliza es: aunque la música es arte, para dedicarte a ella de manera profesional, hay que aprender todo lo que significa el negocio de la música. Y aquí es donde se encuentra el nudo que enlaza ambos trabajos. "Terca" muestra el relato que contienen las páginas del libro: “Una combinación salvaje entre miedo y arrojo”. Y es ese contraste entre la exquisitez, el talento y la emoción que indica César Prieto respecto al LP y la crudeza de la novela, más directa y cruda. Un recorrido por su vida desde la infancia hasta la grabación de su primer disco a finales de los años 90. Fotografías familiares, Tijuana, escritores y poetas para narrar dónde se encuentran las raíces de “La chica con cara de enojada (…), cantando canciones tristes”.

091, embrujo granadino en la noche madrileña


Explanada multiusos de Arganzuela, Madrid, sábado 10 de octubre de 2026. 

Texto y fotos: Javier González. 

Rock de altura el que pudimos disfrutar el pasado sábado dentro de las celebraciones de la Hispanidad 2026. Un evento para el que realmente se han programado pocos conciertos interesantes pensados para los amantes de la buena música, por suerte entre los escogidos se encontraba el de 091, una de las bandas favoritas de muchas de las personas que hacemos posible El Giradiscos, por lo que no dudamos en acercarnos hasta la vieja ribera del río Manzanares para ver una vez más cómo se lo montaban en vivo los miembros de uno de los proyectos míticos de la escena estatal.

La realidad es que por cuestiones que no vienen a cuento llegamos al recinto con el tiempo justo para colocarnos y presenciar el espectáculo de los granadinos, lamentando amargamente habernos perdido las evoluciones en directo de Los Nikis de la Pradera, el proyecto country que capitanean parte de los miembros activos de Los Nikis, el grupo más gamberro, punk y divertido de nuestra música, cuyo último trabajo, “Llorica”, recomendamos escuchar encarecidamente. 

A las 21:00 en un alarde de puntualidad las luces se desvanecieron, dando paso a los cinco forajidos más elegantes del rock patrio. Escrupulosamente vestidos de negro asomaron Tacho González, Jacinto Ríos, Víctor Sánchez, José Ignacio Lapido y José Antonio García, saludando espartanamente al respetable, antes de que el bueno de Tacho comenzara a aporrear sus timbales invocando a los “2.000 Locos”, dejando claro desde el primer instante que su maquinaria sigue perfectamente engrasada; sin solución de continuidad apelaron a los sin nombre, a los dueños de sus propios sueños y de una ilusión a prueba de bombas, a los llamados a luchar para sobrevivir, reclamando su orgullo en “Zapatos de Piel de Caimán”.

Tomaron nuestras manos para traernos a su presente más reciente, el que representa su fenomenal último trabajo “Espejismo Nº9”, sacando a relucir joyas como “No Tiene sentido Escapar”, la cañera “Nadie quiere oír tu Llanto” y la muy bluesera e inquietante “Dormir con ojo Abierto”, momento en el que ya teníamos más que claro que la dupla Lapido-Sánchez estaba tocada por la gracia de los dioses en la noche de autos, proponiendo afilados riff que tenían efectiva contrarréplica en las manos de Tacho y Jacinto, haciéndonos olvidar que nuestra querida “Comunidad de Madrid” había decidido rebajar el presupuesto de contratación apostando por menos vatios de potencia de los recomendados -¡puro PP, vaya!-, haciendo que por momentos no se pudiera identificar a la perfección la voz de un José Antonio que en lucha contra los elementos, cantó sin fallar ni una nota, regalando las habituales dosis de carisma y chulería innata a las que acostumbra en cada uno de sus pasos sobre el escenario. 

Nos invitaron a “El Baile de la Desesperación”, celebrada por el respetable capitalino, quizás viéndose reflejados en frases como “Si en el cruce de caminos/ falla tu orientación/ Luis Candelas es mi amigo/ pregúntale la dirección”, rotunda y cañera en contraposición por la belleza cadenciosa de “Ven Vestida de Nube”, otra de sus joyas más recientes, y “Algo Parecido a un Sueño”, con la que cerraron el intercambio de clásicos por novedades, sabedores que el tiempo apremiaba, para comenzar a centrarse en parte de las glorias más mayúsculas con las que han jalonado su brillante trayectoria a lo largo de décadas de esforzado desempeño. 

Aceleraron de una forma magistral con “Este es Nuestro Tiempo”, donde cantan aquello que ahora suena tan premonitorio de “presiento un futuro imperfecto”, “Huellas”, con Lapido sacando prácticamente fuego a las cuerdas de su guitarra; antes de bajar un poquito la pulsión con el tono crepuscular de otra de las favoritas de la casa como es “Esta Noche” y su extensión en el marco existencial poético de “Otros como Yo”, perfectos anticipos del subidón que supusieron “La Calle del Viento”, con ese particular tono burlón y socarrón, pura mala follá granadina “made in Lapido”, con el que cantan a la derrota, y el punk-rock a modo de collage vanguardista que encierra “Qué fue del siglo XX”, un tema que solamente podría escribir un amante de la historia como José Ignacio. Tras la misma abandonaron el escenario Tacho, Jacinto y Víctor, dejando solos en el escenario a los dos frontman principales de la banda para hacerse cargo del momento más emotivo de la noche. 

Ahí estaban los dos, mano a mano, Lapido parapetado tras su guitarra acústica y José Antonio tirando de armónica para atacar con emoción “La Canción del Espantapájaros”, recordándonos a todos que se pueden “fingir sonrisas en la desolación”. 

Sabíamos que el final estaba cerca, sobre todo cuando José Ignacio arrancó a su guitarra la fenomenal introducción de “La Torre de la Vela”, donde todos los amantes de la serie b, la gente con los corazones destrozados, los desheredados y los soñadores en general, nos cobijamos para encontrar al calor de los 091 parte de nuestras almas extraviadas, seguida de otros guitarrazos inconfundibles plagados de wah-wah, aquellos que marcan el comienzo de “La Vida que Mala es”, desatando una fiesta entre el personal mientras los cero disfrutaban al interpretar uno de sus mayores hits, sobre todo José Antonio golpeando con suma destreza su ya habitual cencerro, mientras danzaba como poseído de un lado del escenario antes de lanzarnos al viento un salmo que jamás debemos olvidar: “Dios aprieta pero no ahoga/ sé que esa es la verdad/ nos ponen suave el nudo en la soga/ nos dejan abierta la puerta de atrás/ me lo dijo la mujer del dueño donde iba a trabajar/ tú, como tu padre, nunca fuiste bueno/ mal trigo, mala harina, mala harina, mal pan”, antes de recoger una cerrada ovación por parte de los fieles de una banda que, una vez más, y ya van demasiadas, volvió a sembrar de embrujo granadino la noche madrileña.

A la salida, sin apenas tiempo para pasar por el camerino ni recomponerse, los miembros de la banda saludaban a un nutrido grupo de fans que buscaban recuerdos en forma de fotos y firmas en algunos Lps. Sin duda un pequeño-grande detalle que muestra a las claras la grandeza de los andaluces, pero que sobre todo nos habla del grado de idolatría y fervor popular que han recogido los 091 a lo largo de los años. Grandes entre los grandes. Y no somos pocos los que lo corroboramos.

Mercury Rev celebra los 25 años de “All is Dream”


Sala Moon, Valencia. Jueves, 8 de octubre del 2026.
 
Fotos y texto: Eva M. Martínez Ribes 

El pasado jueves 8 de Octubre tuve el placer de acudir al concierto de la banda americana de rock y psicodelia Mercury Rev dentro de su gira “Celebrating 25 Years of "All is Dream” en la Sala Moon de Valencia. Un concierto enmarcado dentro de su tour de cinco citas por nuestro país contando con una fascinante Sandy Bell como telonera de lujo. 

Sandy Bell, cantautora estadounidense tocada de un halo de teatralidad y espiritualidad pasmosa, salió acompañada de un sólo músico al escenario, Jeff Lipstein, un virtuoso a los teclados con cascabeles y demás objetos. Comenzaron su concierto con unos pocos oyentes en la sala. Lo que hizo Sandy fue un alarde de fuerza vocal y sensibilidad defendiendo cada uno de sus temas, junto a un elegante Jeff que tocaba todo lo que quería y tenía a mano. En un momento dado Sandy se quedó enfrente de nosotros, de pie con su larga blusa blanca y su melena despeinada, y teniéndola ahí delante totalmente imbuida por su música, me vino a la mente mi venerada PJ Harvey, por ese magnetismo y fuerza interpretativa que transmiten ambas. Magnífica su versión de “Bird on the Wire”, del gran Leonard Cohen con la que cerró y nos dejó a todos, ya algunos oyentes más en la sala, en estado de shock. 

Eran casi las nueve cuando asomaron por el escenario un tímido Jonathan Donahue primero, revisando luces y escenario, y después su compañero Sean Mackowiak, también conocido como "Grasshopper" , dos de los miembros fundadores de los primeros Mercury Rev. Tras unos minutos cuidando cada detalle desaparecieron para volver a aparecer, 15 minutos pasada la hora prevista, junto a los otros tres miembros de la actual formación, la austríaca y maravillosa Marion Jensen, su compañero Jesse Chandler a los teclados y trompeta, y el enérgico batería Joe Magistro, con una sala ya llena para entonces. 

“All Is Dream” se publicó el mismo día que las torres gemelas colapsaron en Nueva York, y ese álbum que ya de por sí lo tenía complicado después de su exitoso “Deserter’s Songs” fue tomando forma y fue recibido con los brazos abiertos en un momento vital muy difícil para muchos americanos y por un mundo que miraba con escepticismo y miedo todo lo que ocurría aquellos días. En esta gira han revisado sus canciones realizando arreglos en las mismas y creando unas atmósferas envolventes que, con esos teclados, trompetas y luces, la expresividad de Jonathan, la maestría en la guitarra y la fuerza de la batería, crean un ambiente entre enigmático y psicodélico, una actuación que te deja pasmada e incluso a punto de soltar una lágrima. 

“The Funny Bird” , con el que Jonathan se identifica, como un pájaro que despliega sus alas, fue la primera canción con la que nos deleitaron, para seguir con “Hercules ” y “There's Always Been a Bird in Me”. De negro con sus botines azules del mismo azul que sus ojos, con esos ojos abiertos y expresivos que no paran de decirnos cosas, con una teatralidad extrema, con un cuerpo que no para de doblarse y de hacer poses, subiendo a la batería, apoyándose en los amplis, haciéndonos partícipes de todo su mundo, con unos teclados que lo envuelven todo, atreviéndose a tocar instrumentos que parecieran de otro mundo… maravilloso. 

Todos los temas sonaron orquestales , contundentes y preciosos, no bajaron el ritmo y se les veía contentos, Jonathan se atrevió decir que la noche acompañaba, y cuando llegó el turno de “Ancient Love” ya nos tenían en el bolsillo. “Tides of the Moon” o “Goddess on a Hiway”, su maravillosa “Holes” y “The Dark is Rising” para terminar, nos dejaron jaleando y dando gritos, aplaudiendo tan fuerte como podíamos, quietos aún cuando se encendieron las luces, pensando y deseando que no se nos haga tan larga la espera para tenerlos de nuevo así de cerca. 

Para una benicense de adopción como yo, volver a ver en directo a Mercury Rev después de tantos años, cuando les conocí allá por el año 1999, tras un apabullante concierto en el Festival Internacional de Benicàssim presentando su aclamado álbum “Deserter’s Songs “ ha sido todo un lujo, y tengo que cerrar agradeciéndole a Houston Party que lo haya hecho posible. ¡A sus pies!

Ilustres Principiantes: La Amenaza Constante



La Amenaza Constante es un grupo donostiarra fundado a comienzos de 2023, formado por Carlos del Valle (voz y guitarra), Iñaki Benito (batería), Martín Diestre (bajo) y Mikel Elorza (guitarra y voces). Su sonido combina melodías pop con muros de guitarra intensos y envolventes, navegando entre el noise pop y el shoegaze.

"Un desierto de amapolas" es el primer LP de La Amenaza Constante. Producido por Eñaut Gaztañaga, el álbum reúne 11 canciones que transitan entre guitarras distorsionadas, pasajes de guitarras limpias, teclados analógicos y voces que se entrelazan en una búsqueda constante de armonía.

Entre sus cortes se encuentran "El Verano", "Un desierto de amapolas", la canción que da título al álbum, y «Una cruz en los ojos», último single del grupo. El disco incluye también tres piezas instrumentales, entre ellas "Ya no te rondan los zagales", un particular himno antibelicista cuyo título procede de la jota que quedó grabada a fuego en la iglesia de Belchite.

En lo sonoro, el álbum bebe de la tradición del shoegaze y del pop independiente, con referencias que van desde My Bloody Valentine hasta Los Planetas. A lo largo del disco aparecen también guiños más concretos: "Dame estrellas o limones" mira hacia Family, mientras que "Radio Benito" se acerca al universo instrumental de Mogwai.

Pero "Un desierto de amapolas" no es únicamente un ejercicio de referencias. El álbum gira alrededor de una idea: la búsqueda constante de algo que quizá no existe y el desgaste que provoca perseguirlo. Una búsqueda que se convierte en bucle, igual que una sociedad atrapada en sus propios mecanismos, frente a la que solo queda la lucha —o el intento de escapar— de ese opio cotidiano que nos mantiene dando vueltas sobre lo mismo.

Silvio Rodríguez, el último trovador cubano, no se rinde y concluye la gira española en Madrid


Movistar Arena, Madrid. Domingo, 4 de octubre del 2026. 

Texto: Guillermo García Domingo. 
Fotografías: Marián Bujanda Bravo. 

Antes de que actuara Silvio Rodríguez en su último concierto de la gira española (el décimo de la gira) el pasado domingo, lo precedió Pedro Pastor, que interpretó varias canciones militantes (sirva de ejemplo “Los olvidados”) con la intención de iluminar la oscuridad política que nos asedia por todas partes. El joven cantautor es el hijo de Lourdes Guerra y Luis Pastor, que ya contradijo hace unos años la idea de que los cantautores estaban desapareciendo con la ayuda de su canción recitada “¿Qué fue de los cantautores?”. Las hermosas canciones de Pedro Pastor inciden en la misma idea: la canción de autor ofrece el mejor cauce sentimental y musical para expresar el compromiso y la esperanza en épocas de transformaciones sociales y políticas como la actual. Los vientos revolucionarios de Cuba llevaron a Silvio en volandas hasta España al mismo tiempo que otros cantautores coetáneos en los años setenta del siglo pasado se hacían eco de lo que estaba pasando en las postrimerías del franquismo. Desde el principio Silvio gozó de una popularidad extensa e intensa en nuestro país que no ha decaído en ningún momento, aunque la trayectoria musical de Silvio haya tenido altibajos. 

La voz de Silvio, lo comprobamos en los primeros compases de “Historia de las sillas”, no ha envejecido; su timbre singularísimo es el complemento perfecto para los delicados arreglos que extrae de su guitarra. Ambos instrumentos conforman un órgano indisoluble. El concierto, no obstante, alternó entre los pasajes musicales acústicos en los que los asistentes que llenaban el recinto cubierto más grande que hay en Madrid se animaban a cantar, y los pasajes orquestales que rezumaban el arte y la tradición de la nueva trova cubana que enardeció a Centroamérica en los años 70, período que coincidió con la consolidación la revolución cubana y la sandinista más adelante. 

Los momentos orquestales prevalecieron, lo que definió el destino del concierto y evitó que éste se convirtiera en un homenaje más a Silvio y a sus canciones eternas. No lo necesitan, ellas se defienden por sí solas, aunque adquieran un estilo diferente. Algún tema de siempre como “Escaramujo” (“Rodríguez”, 1994), revivió animada por el espíritu del son cubano en una versión memorable gracias a la orquesta que acompañaba al cantautor. La interpretación de esta canción dedicada a las niñas y niños “pregunteros”, y a los filósofos que se niegan a crecer al igual que Peter Pan, suscitó admiración. Como también lo hizo la “Pequeña serenata diurna” que adoptó la forma de una canción de “bossa nova”.

En la mayoría de las canciones destacaron las tonalidades ofrecidas por la flauta travesera de Niurka González, la aportación de Maykel Elizarde, tocando el tres cubano y sus cuerdas dobles, el fondo del contrabajo de Jorge Reyes, y el piano luminoso de Jorge Aragón. Qué diferente habría sido “Sueño con serpientes” y sus aires orientalizantes sin la contribución de todos ellos. Hicieron lo propio con canciones menos habituales y populares. Me refiero a “¿A dónde van?”, que resultó verdaderamente hermosa o “Virgen de Occidente”. A propósito de esta canción, la crítica imperialista ha sido, es y será un denominador común de todos las veladas a las que nos invita Silvio. Su país es uno de los que con mayor determinación se ha enfrentado al imperialismo yanqui que el presidente actual de USA ha recuperado. La semana pasada anunció en la sede de la impotente ONU que “Cuba caerá” con el tono de matón al que nos tiene acostumbrados. Otro pueblo que ha sufrido las peores consecuencias del imperialismo es el palestino. Cuando todavía estábamos sobrecogidos por culpa de “La canción del elegido”, Silvio leyó un poema de Luis Rogelio Nogueras titulado "Halt!", escrito bajo los efectos perturbadores de la visita que hizo a Polonia y a Auschwitz en 1979, y casi al mismo tiempo que declamaba los últimos versos que apelan directamente a las personas judías de Israel: “Pienso en ustedes/ y no acierto a comprender/cómo/ olvidaron tan pronto/ el vaho del infierno”, la hija del cantante (que forma parte del elenco) le puso una kufiya palestina sobre los hombros, que llevó mientras interpretaba “La era está pariendo un corazón”. 

Esta última canción mencionada sirve para apoyar la idea de que el concierto, pese al ambiente pesimista imperante, no pecó de derrotista ni mucho menos. Varias canciones del repertorio sembraron la esperanza en el público y nos animaron a no dejar de cebar la imaginación política, que es más imprescindible que nunca. Una de ellas fue “Más porvenir”, dedicada a Pepe Mujica, casi tan querido como Silvio por parte del público; también, “Venga la esperanza” y hacia el final el “Reparador de sueños”, protagonizada por esa “personita” que puede “enmendar lo roto”, “trocando lo sucio en oro”.

El momento íntimo de “La belleza” de Luis Eduardo Aute, que vivía por cierto a unos pasos de este lugar, en el encantador barrio de la Fuente del Berro, además de hacer honor a su nombre, no podía ser más pertinente en esta ciudad. Y nos hizo rememorar aquel inolvidable concierto en Las Ventas que se grabó y dio lugar al disco en vivo “Mano a mano” (1993) y a una exitosa gira posterior, que protagonizaron ambos cantautores a finales de los noventa. Este período coincidió con uno de los mejores momentos creativos de Silvio, que se plasmó en una trilogía extraordinaria: “Silvio”, “Rodríguez” y "Domínguez”, que cualquier aficionado del músico debería visitar a menudo. De esta trilogía incluyó en el repertorio el citado “Escaramujo”, “Ala de colibrí”, “Compañera”, “El necio” y “Quien fuera”, lo que remarca la importancia de estos álbumes.

El último trovador cubano, el que compuso “Ojalá” o “Óleo de mujer con sombrero”, que aparecieron cuando más se las esperaba, en los ansiados bises, no se despidió muy efusivamente del público debido a su timidez, o porque, lo que sería todavía mejor, tiene previsto regresar muy pronto.

Collision: "Rock Diet (Raquel Pascual - A Celebration)”


Por: Txema Mañeru. 

Cuando comencé a escribir (o juntar letras) sobre música a finales del siglo pasado era el momento en el que estallaba el hardcore punk, sobre todo, en Cataluña. Todo ello fue gracias a la inconmensurable labor del sello catalán BCore Disc. Entonces surgieron bandas como Aina, (posteriormente Nueva Vulcano), The Unfinished Sympathy, Hopeful o Like Peter At Home, entre bastantes más. Poco después, o al menos así fue hacia mis oídos, llegaron Standstill o Madee.

Unos de las protagonistas fueron Fromheadtotoe, banda liderada por ese terremoto escénico que era Raquel Pascual. Antes ya había militado en otra banda seminal como Childhood. Obtuvieron varios premios, entre ellos el primer premio en el prestigioso Villa de Bilbao del año 98 cuando llevaban menos de 3 años en marcha. De las cenizas de dicha banda surgieron Collision con otros dos componentes de la banda a las que se sumó Pol Font a la batería. Su aventura también fue efímera pero dejaron un disco tan potente como “Rock Diet” (Montgrí) que más de 20 años después sigue sonando plenamente vigente.

Un disco rabioso y crudo que sigue arañando a día de hoy y que era muy difícil de conseguir por lo que está cuidada reedición es una excelente noticia. Ningún tema llegaba a los 4 minutos ni falta que hacía. Ya el brutal arranque con "Rocket" los hacía sonar como un cohete a propulsión. Seguía la rabia al cantar en "Let Me Be" y hasta metían melodías a lo Descendents, primeros Green Day o Bad Religion y casi estribillos como los de la pegadiza "Thunder". "Belong" era su tema más largo y también el más “relajado”, por decirlo de alguna manera, acercándose a propuestas como las de las Breeders o incluso Liz Phair, y otra vez con un estribillo con toques casi épicos. Acercamientos casi al glam-punk de las Runaways encontramos en su particular "Queens" mientras es un estupendo riff de bajo quien destaca en la inquieta "Can’t Wait" con los buenos coros masculinos en el contundente estribillo y hasta aporreando el cencerro en la batería. 

Los riffs salvajes desencadenan una tormenta loca en "Crazy" y "Nobody Said It Was Easy" supone el otro momento para la relativa calma, al menos en parte de la canción. A mí, me sigue viniendo a la mente el nombre de las Babes In Toyland, entonces muy en boga y ardiendo. Los coros vuelven a sonar de miedo y las guitarras chirrían que da gusto. Más rabia hardcore punk en la acelerada "Hear Tcore", aunque el estribillo se toma más espacio. Aquí, además de las citadas Babes In Toyland, sigue siendo fácil acordarse de las más enfadadas Bikini Kill en sus comienzos. Ya casi al final hay más espacio para el glam-punk en "Glam Shock Therapy!", otra vez con riffs glam y batería aporreando metal en el estribillo. El final con un título como "D-Generation" habla por sí solo. Poco más de un minuto a toda velocidad, con estribillo para gritar, que te deja con ganas de volverte a pinchar tu dieta de punk-rock desde el comienzo.

Raquel nos dejó hace mucho tiempo y este disco es un homenaje para ella. Una animal escénica y fuerza de la naturaleza como la catalogó hasta el mismísimo Dave Grohl (en los tiempos de Nirvana). Ya que han decidido reeditar este disco han añadido hasta tres temas inéditos. Se trata de "Sink", que proviene de las sesiones del “Rock Diet” y de "Kate" y "November", fechadas en esta década y que iban a ser el arranque de un nuevo proyecto que se iba a llamar Damita Segura y en el que Raquel pretendía convertirse en una especie de Chavela Vargas con el paso del tiempo. No pudo suceder esto. Buena frase de despedida: “See you on Hell, Rachel! We love you forever”.