Por: El Giradiscos.
Hace 25 años ocurrió algo que transformó el mundo contemporáneo: dos aviones comerciales, secuestrados previamente por terroristas de Al-Qaeda, fueron estrellados contra las torres gemelas del World Trade Center de la isla de Manhattan en Nueva York provocando la muerte de casi 3.000 personas, y de muchas otras que hoy sabemos que fallecieron por culpa del aire tóxico que respiraron. La respuesta de EE.UU. y sus aliados occidentales resultó tan errática, precipitada y criminal que aquellas víctimas civiles desgraciadamente fueron las primeras de muchas otras que fallecieron después en otros países en las invasiones posteriores realizadas bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo.
Con motivo de la conmemoración del 11S o el 9/11, El Giradiscos se ha propuesto recordar algunas canciones que han contribuido a la historia cultural y política de esta urbe que vivió el peor día desde su fundación. Nueva York ha tenido un papel crucial en la historia de la música popular. Parece que cualquier movimiento ha ocurrido allí antes de que ocurriera en cualquier otro sitio, así es la voracidad de esta ciudad, la energía inagotable que desprende y se adueña de sus habitantes y la prisa por llegar antes al futuro. Todo ello se detuvo abruptamente aquel día despejado a las 8:45 de la mañana.
“New York, New York”, Frank Sinatra ( "Trilogy: Past Present Future", 1980)
Por más que sea obvio incluir esta canción en nuestra lista, no es menos justo hacerlo en virtud de la importancia que tuvo Frank Sinatra y las orquestas de “standard songs” que le acompañaron fabulosamente en la época dorada de New York después de la posguerra, una vez que USA se recuperó del esfuerzo bélico y la ciudad brilló de nuevo, aupada por el bienestar y la fiebre del consumo, y se convirtió en una ciudad feliz donde cualquier cosa era posible. Esta canción no se grabó en esta época sino en 1977, una época mucho más difícil, para la BSO de la película del mismo nombre dirigida por Martin Scorsese, uno de los directores que mejor ha retratado esta ciudad y sus claroscuros. Y fue compuesta para Liza Minelli, aunque la Voz se encargó de popularizarla más adelante. Es muy revelador que la canción más representativa de esta ciudad sea interpretada por un descendiente de inmigrantes italianos. Resulta inquietante comprobar que mientras Nueva York disfrutaba de sus mejores años, desde Washington los gobiernos estadounidenses llevaban a cabo acciones militares en todo el mundo contra pueblos soberanos, contribuían a derrocar regímenes democráticos, financiaban a dictadores y se apoyaban en dudosas milicias para defender sus intereses económicos y combatir a sus enemigos en todo el mundo. Estaban preparando sin saberlo el terreno para que el odio cambiara de bando.
"Spanish Harlem", Ben E. King ("Spanish Harlem, 1961)
El barrio de Harlem en los años sesenta fue uno de los grandes epicentros de la "black music" con el Teatro Apollo como centro neurálgico. Por allí desfilaron las grandes estrellas del soul - Sam Cooke, Ray Charles, Otis redding, Aretha Franklin o el magnífico James Brown con su legendario álbum en directo - demostrando el poder de un barrio que acogía minorías raciales como los afromericanos pero también los latinos en la denominada "Spanish Harlem". Un barrio inmortalizado por Jerry Leiber y Phil Spector en esta canción que saltó a la fama cantada por un Ben E. King que se crió y sintió el poder de sus calles.
“Stray Cat Strut”, Stray Cats ("Stray Cats", 1981)
Del encuentro de la ciudad del punk con el viejo rock and roll primigenio saltaron chispas. Nueva York también fue el lugar donde el rockabilly revivió con garras afiladas y un ronroneo irresistible. En los callejones de Long Island, tres jóvenes rebeldes, Brian Setzer, Slim Jim “Phantom” y Lee Rocker, armados con un contrabajo y una guitarra de caja dieron vida a los Stray Cats, antes de dar el salto al epicentro de la escena artística de la ciudad. Su carta de presentación, “Stray Cat Strut”, encapsuló a la perfección ese deambular nocturno, felino y descarado por los barrios de la mítica, mezclando el eco del rock and roll de los cincuenta con la urgencia y el descaro del punk callejero que imperaba en la city. Fue el sonido de una ciudad que, incluso vistiendo de cuero y tupé, nunca dejaba de balancearse con un groove puramente neoyorquino.
"New York Tendaberry", Laura Nyro ("New York Tendaberry", 1969)
Cada persona cuenta con su propio itinerario que le hace conectar emocionalmente con su ciudad. Los pasos repetidos, las mismas paradas y los mismos carteles ofician de guía de viaje repetitivo pero sanador. Un recorrido que nace, en muchas ocasiones en la infancia, y que se extiende ya a lo largo de toda nuestra vida; incluso cuando estamos alejados geográficamente, nuestra mente sigue girando por bocacalles y tomando los desvíos que conducen a ese espacio sanador. La música de Laura Nyro, proclive a los cambios de ritmo y a la percepción de la atmósfera como un instrumento más de su catálogo, recorre, emitiendo ese constante salto de frecuencias, la ciudad de Nueva York en un poema sonoro donde su cartografía rutinaria es también un emocionante retrato biográfico.
“Horses”, Patti Smith (“Horses”, 1975)
Patti Smith no nació en New York. Esta ciudad está hecha de extraños que buscan su lugar en el mundo en la “ciudad que nunca duerme”. Patti no lo tuvo fácil en sus calles. Junto a su inseparable Robert Mapplethorpe, se peleó con la ciudad hasta que esta le dio una oportunidad. Levantó acta de ello en el inolvidable “Just KIds”. “Horses” es, tanto en su fondo como en su forma, el mejor ejemplo de la contracultura estadounidense que anidó en las calles de New York. En la Universidad de Columbia de esta ciudad coincidieron Jack Kerouac, William Burroughs y Allen Ginsberg. La recitación inicial de Patti Smith es sobrecogedora, y se dirige al galope hacia el clímax, aupada sobre un millar de caballos impulsada por una determinación que produce escalofríos.
“Marquee Moon”, Television ("Marquee Moon, 1977)
Liderados por Tom Verlaine y Richard Hell, en sus inicios el grupo convirtió el mítico escenario del CBGB en un laboratorio de guitarras afiladas y poesía neoyorquina. Su obra maestra, “Marquee Moon”, es un viaje hipnótico de más de diez minutos que evoca el pulso de los callejones oscuros de Manhattan, los reflejos del neón sobre el asfalto mojado y el deambular místico bajo los muelles de la ciudad. Con sus líneas de guitarra entrelazadas como rascacielos de sonido, la canción no solo definió el post-punk, sino que capturó el alma más intelectual, noctámbula y vanguardista de la “Gran Manzana”.
"Manhattan Rock", Elliot Murphy ("Lost Generation", 1976)
Uno de los grandes cronistas de la "Gran Manzana" es sin duda el rubio de Long Island autor de canciones como "Manhattan Rock" incluida en su disco "Night Lights" (1976). Con ella, Eliott quiso retratar la dureza de triunfar en la música en el caos de su ciudad, contrastando las dificultades de las calles con esa riqueza y opulencia de algunos de sus habitantes. Son algunas de las contradicciones de esa ciudad tan maravillosa.
"Chelsea Hotel #2", Leonard Cohen ("New Skin for the Old Ceremony", 1974)
Toda ciudad se debate, por lo menos hoy en día, entre la exposición turística y el resguardo de su identidad verdadera. Dos aspectos que pueden llegar a confluir gracias a la existencia de edificios emblemáticos, como el que da título a esta canción y que fue el lugar de residencia de un catálogo repleto de talento artístico. Junto a Bob Dylan, Mark Twain, Charles Bukowski, William S. Burroughs o Arthur Miller, entre muchos otros, Leonard Cohen fue también uno de sus moradores y, además, responsable de esta preciosa misiva musical, como es habitual en el compositor canadiense, llena de segundas lecturas, porque su dedicatoria a otra ilustre habitante de aquellas paredes, con rasgada voz y que responde al nombre de Janis Joplin, es al mismo tiempo una fábula donde la fama o las sábanas deshechas son metáforas empleadas para retratar una época tan brillante en su fugacidad que todavía resplandece.
“My City of Ruins”, Bruce Springsteen (“The Rising”, 2002)
No había pasado un año de los atentados cuando The Boss publicó “The Rising”, “el resurgir”, que pretendía levantar el ánimo de una “ciudad en ruinas”. Es la ciudad donde grabó “Born in The USA”. Este álbum ha ganado importancia en la trayectoria del músico con el paso de los años. En él reniega de la retórica vengativa que se apoderó de la administración norteamericana y de buena parte de su país. La canción toma prestada a Curtis Mayfield, la melodía de “People Get Ready” (1965). Proponemos la siguiente versión en directo grabada en Barcelona en 2002. Es imprescindible escuchar y ver la intro al piano de Springsteen y la intensa actuación de cada uno de los miembros de la E Street Band, incluido el añorado Clarence Clemons. Bruce se ha convertido en los últimos años en uno de los músicos que ha presentado una oposición más firme a Donald Trump y a la deriva autoritaria de su gobierno. Nueva York es, por cierto, la sede del imperio económico del actual presidente de los EE.UU., pese a la animadversión recíproca que hay entre la ciudad y Trump.
“Spanish Stroll”, Mink DeVille ("Cabretta", 1977)
Ya hemos comentado que en el corazón del Lower East Side, existió un lugar para el eterno recuerdo llamado CBGB, el epicentro del sonido de un sinfín de grupos que consiguieron remover los cimientos no solo de la ciudad sino también de la música internacional. Una de aquellas bandas respondía al nombre de Mink DeVille y eran dueños de un sonido crudo, mezcla de punk, rock, R&B y doo-woop, que presentaban en directo envueltos en un aura elegante, canalla y llena de romanticismo. Rosas y espinas que emanaban de la cruda voz que aportaba su carismático y añorado líder, Willy DeVille. Su contribución a esta lista se llama “Spanish Stroll”, un himno urbano con sabor a asfalto, imbuido del orgullo hispano y del pulso nocturno de la popular urbe, para demostrar que el sonido de la misma se escribía con acento callejero, cadencia latina y grandes dosis de chulería.
“New York City”, John Lennon (“Some Time in New York”, 1972)
En el verano de 1971, John Lennon se estableció, por fin, en NY junto a Yoko Ono. Según sostiene Juanjo Ordovás en su biografía, el miembro de los Beatles confesó al “New York Times” que le hubiera gustado nacer en NY. 10 años después murió tiroteado en la misma ciudad al salir de su apartamento. En esta ciudad pisó deliberadamente todos los charcos que estuvieron a su alcance. En el año 72, durante el siniestro reinado de Nixon, publicó el disco “Some Time in New York” en el que no había tema político por controvertido que fuera sobre el que no ofrecía su punto de vista siempre comprometido, inteligente y mordaz. “The troubles” de Irlanda, el inhumano sistema penitenciario americano, o la misoginia generalizada fueron objetos de sus críticas. Yoko Ono tuvo una participación decisiva en el disco, además de la banda a la que bautizaron como Elephants Memory, reclutaron también a su antiguo compañero George Harrison, a Eric Clapton, y a Keith Moon. No faltó a la cita ni siquiera el peligroso productor Phil Spector. Es un disco absolutamente norteamericano en el que Lennon rinde tributo a todos los géneros musicales que nacieron en este país en las dos décadas anteriores. Estuvimos tentados de elegir la salvaje “Woman Is The Nigger Of The World”, pero resulta más apropiado decidirse por “New York City”, que con tanto acierto evoca la vitalidad de esta ciudad.
“Personality Crisis”, New York Dolls ("New York Dolls, 1973)
¿Qué puede representar más a una ciudad que incluirla en el nombre de una banda? Solamente se me ocurre una respuesta. Las propias New York Dolls. Nueva York en los primeros años setenta no era una postal idílica, sino un organismo peligroso, sucio y fascinante a partes iguales. Nadie supo traducir mejor esa decadencia urbana que los New York Dolls, cinco provocadores con tacones y rímel corrido que inyectaron urgencia callejera al rock and roll tradicional. Su icónica “Personality Crisis” se convirtió en el espejo perfecto de la época, aunque la letra aborda el colapso y el vacío existencial del individuo, su ritmo espasmódico, sus guitarras chirriantes y su piano desbocado fueron la banda sonora perfecta del East Village. Un terremoto en sí mismas al que en primera instancia solamente supieron apreciar unos pocos paladares escogidos, cuyos ecos, sin embargo, llegaron bien lejos, concretamente hasta el extrarradio madrileño, contando con unos alumnos de lo más aventajados en La Elipa.
“Walk On The Wild Side”, Lou Reed ("Transformer", 1972)
Un año después del 11S el periodista corresponsal Enric González mantuvo una charla con Lou Reed muy cerca de su apartamento, en un restaurante de la Décima Avenida junto a la 14; lo cuenta en su libro “Historias de Nueva York”. El músico le confesó que “le hacía falta más distancia” respecto a lo que había ocurrido, y que, sorprendentemente, los ciudadanos de Nueva York albergaban menos resentimiento, miedo y paranoia que los estadounidenses de la América suburbial, “que como todo el mundo sabe odia Nueva York”. Dice el gran periodista español, que Lou Reed (junto a Susan Sontag) fue una de las pocas voces públicas que intentó ver las cosas con perspectiva y (como Sontag) fue acusado de traición por ello”. Asociaciones de víctimas neoyorquinas como “Peaceful Tomorrows” también denunciaron las represalias e invasiones que el gobierno emprendió de forma injusta e inmoral en nombre de las víctimas. Esta canción inconmensurable refleja mejor que ninguna otra la cara más desinhibida de Nueva York, la de la experimentación sexual y las drogas duras, y retrata los personajes que habitaban la noche americana y se dejaban caer en The Factory, atraídos por el imán de Andy Warhol
"NYC Ghosts & Flowers", Sonic Youth ("NYC Ghosts & Flowers", 2000)
Una de las grandes formaciones surgidas de las salas de NY es sin duda los Sonic Youth. Revolucionarios y contraculturales, han cantado mucho sobre su ciudad, con gemas como esta en la que Lee Ranaldo narra de forma poética - y encima de una tormenta eléctrica creciente - sobre la historia subterránea y artística de la ciudad, con especial referencia a los poetas de la Generación y a los artistas bohemios que han ido moldeando un tejido cultural inigualable.
"An Open Letter to NYC", Beastie Boys ("To the 5 Boroughs", 2004)
Del mismo modo que ningún cuerpo humano es el mismo tras sufrir en sus huesos el paso de una grave enfermedad, igualmente sucede con algunas localidades a lo largo del planeta sacudidos por episodios terroríficos. Por desgracia, son muchos los enclaves definidos y recordados por el humo de las bombas, un mortuorio relato histórico del que no está a salvo tampoco Nueva York. El ataque a su emblemas, las "torres gemelas", fue en paralelo el amanecer a una pesadilla de la que, también desde el arte, se siguen intentando despertar. El híbrido de géneros que son Beastie Boys en sí mismos, puso sus rapeados y su ágil verbo para homenajear a una ciudad, que al igual que sus mestizo ritmos, son una unión de inmigrantes que luchan y sobreviven en las largas horas de metro. Resiliencia y cultura popular al unísono enfrentada al fanatismo, el propio y el ajeno.
“Blitzkrieg Bop”, The Ramones ("Ramones", 1976)
El punk rock es neoyorquino por más que le pese a los británicos. Los Ramones tuvieron la culpa. Unos chavales desnortados de Queens no se lo pensaron dos veces y se subieron a un escenario a echarle en cara a la generación anterior que ya no tenían nada que decir. Que ahora les tocaba a ellos. Fue un “ataque relámpago” sobre New York, como dice el título de “Blitzkrieg Bop”, demoledor musicalmente. Un golpe de suerte, al contrario de lo que supusieron los ataques de 2001.
"Summer In The City", Lovin' Spoonful ("Hums of the Lovin' Spoonful", 1966)
La respuesta a los sonidos californianos de los sesenta (encarnados sobre todo por los Beach Boys) llegó de la mano de uno de los habituales de la escena folk del Greenwich Village como John Sebastian quién saltó a la fama con su banda de rock Lovin' Spoonful. La canción narra e forma desenfadada la dureza térmica de los veranos en la Gran Ciudad incluyendo efectos sonoros de claxon de coche.
"New York City Cops", The Strokes ("Is This It" 2001)
A principios de milenio y justo antes de la tragedia de las Torres gemelas, cinco pijos de la city revolucionaron el panorama del rock con el disco "Is This Is" con el que recuperaban las guitarras y los sonidos de su ciudad de los años setenta . El disco incluía esta canción que contiene una crítica hacia la policía neoyorquina. Justo por ello, tras los atentados fue incluida en la lista de canciones censuradas.
"I'll Take New York", Tom Waits ("Frank's Wild Years", 1987)
Tom Waits lleva décadas poniendo voz y palabras a quienes viven alejados de los rascacielos, exiliados de los carteles luminosos anunciando la entrada restringida a ciertos clubes. Su lírica es propiedad de las almas marginales, aquellas que nunca han logrado hincar sus dientes a nada que se parezca a una “gran manzana”, una entelequia para ellos tan lejana como cualquier otro edén mítico. En esta canción, su patibulario y cabaretero acento atraviesa, tutelado por una ensoñación casi delirante, el publicitado sueño americano. El famosos minuto de gloria que toda persona anónima merece vivir, aquí se convierte en un paseo triunfal por la mística neoyorquina, un pasaje que aun así se percibe más como pesadilla que como triunfo.
“Like a Rolling Stone”, Bob Dylan (“Highway 61 Revisited”, 1965)
El barrio de Greenwich Village en Nueva York fue el lugar en el que Bob Dylan viró su trayectoria. Lo vimos en “An Complete Unknown” (2024). Fue aquí, donde un “completo desconocido”, un joven y arrogante cantante folk desafío a sus seguidores y mentores, y se convirtió en un traidor después de grabar “Like a Rolling Stone”, “Ballad of a Thin Man” o “Desolation Row” en los estudios de Columbia Records situados en la ciudad. Por más veces que escuches “Como un canto rodado” siempre es la primera vez. Las notas iniciales de la batería llaman a la puerta de un mundo sin descubrir, una vida inédita, una nueva oportunidad. Y eso es, en definitiva, lo que representa Nueva York.





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