Mitch Ryder: "The Roof Is On Fire"


Txema Mañeru.

El bueno de Mitch es una de las mejores gargantas de soul, rhythm and blues, rock’n’roll y blues blancas de la historia. Esa gran calidad y su poderío escénico no han estado debidamente correspondidas con un mayor reconocimiento público que siempre debió tener. Desde que comenzó hace casi 60 años con The Detroit Wheels, en la ciudad del motor, hasta la actualidad ha dejado bastantes buenos y significativos discos de estudio. Pero han sido muchos más los conciertos memorables y la gran entrega en sus directos, los que le han hecho ser acreedor a un mayor prestigio. De hecho, apareció en las páginas de El Giradiscos hace 6 años con un artefacto en directo increíble y muy recomendable como fue su caja “Live At Rockpalast” (MIG-Music / Karonte). Un total de 3 compactos y dos DVDs que se iban hasta las 3 horas y media de buenas actuaciones en Alemania que recogían conciertos de 1979 y  2004.

Ahora, también desde Alemania, el prestigioso sello de blues alemán, Ruf Records, nos trae un guapo doble compacto en triple digipack también en directo y de sus giras por dicho país en 2019 y 2020 cuando estaba celebrando su gira aniversario de sus 75 años de vida, que ahora serían ya casi 80 que es cuando se publica el destacado material. “The Roof Is On Fire” (Ruf / Karonte) trae lo que indica su título y  mucho fuego real, gracias en parte por el acompañamiento que le rodea,  unas sólidas formaciones alemanas con dos guitarristas y dos fabulosos teclistas que también aportaron saxofón, coros y armónicas en bastantes temas. Al bajo, repite, de otras giras de décadas atrás en el Rockpalast, un buen Manne Pokrandt ahora a las cuatro cuerdas y aportando buenos coros. Como él mismo afirma en las notas interiores del disco, está junto a una experta banda con la que ya había actuado en numerosas ocasiones y, por ello, los resultados son más que sólidos. De hecho, muchos de los temas que aparecen y las versiones de otros grandes que Mitch ha hecho propias con su voz, ya estaban en ese directo en el legendario Rockpalast

El álbum está muy bien dividido en dos compactos que se extienden hasta los 85 minutos de duración. El primero tiene como subtítulo “Tuff” y es el más agresivo y eléctrico, claro. Así tienen un trepidante arranque con "Betty’s Too Tight", un tema de poderoso soul-rock con el destacado órgano de Rene Decker en este caso. Siguen con la velocidad rhythm and blues y una fulminante slide guitar con buenos solos en "Tough Kid", donde destaca con la armónica el otro teclista, “Boddi”. Mitch siempre ha sido una gran fan de Bob Dylan y en esos mencionados directos del Rockpalast ya nos sorprendió con un guitarrero "Wicked Messenger". En esa época tocaba también sus grandes versiones del "Subterranean Homesick Blues" y el "From A Buick 6" que vuelven a destacar en este disco, la primera en su ya clásica versión más cercana al más puro rock’n’roll eléctrico. 

Eso sí, la mayoría de composiciones vuelven a ser del propio Mitch, y así regresa con uno de sus más sólidos clásicos como es "Ain’t Nobody White", que solía firmar con el subtítulo de "Can Sing The Blues" y donde vuelve a demostrar que vaya si puede. Al igual que en el rhythm and blues trotón con gran armónica, estribillo y buenos punteos de "Tuff Enuff". Tras ella, llega esa ya citada "From A Buick 6", que vuelven a bordar y a sentir. Cierran el primer compacto con otra versión asidua en sus directos como es la genial "Heart Of Stone" de los Rolling Stones, convertida en un lento con su voz rota desgarrándose que se va más allá de los 6 minutos. 

El segundo compacto se titula “Soft” y transita por su lado más tranquilo, como indica su nombre. Comienza con el blues calmado y hermoso, de firma propia,  "Freezin In Hell" y sus buenos punteos y órgano que una rota voz y un destacado piano le acerca al mejor Mark Knopfler. Siguen con su pedazo de blues lento titulado "All The Fools It Sees", mientras que el gran manejo de las teclas sobresale en "If You Need The Pain", con aires al mejor Warren Zevon . Luego llega el momento de una espectacular versión del "Many Rivers To Cross", de Jimmy Cliff, con un órgano brutal a cargo de “Boddi” que recuerda a los de Dylan en la trilogía del mercurio con Al Kooper. Me encanta el ritmo cadencioso, un poco en plan J.J. Cale, de "Red Scar Eyes", suena exquisita con la música fluyendo y su voz empastándose de manera genial. 

El final no podía más que ser para otra de sus versiones que él ha hecho ya propias. Se trata del "Soul Kitchen", de The Doors, que lleva por encima de los 16 minutos y que lo tiene todo con el saxo dialogando con las guitarras. Rula mucho tiempo a cámara lenta pero luego explota con el buen estribillo y vuelve a desbordarse con buenos solos de guitarra y otro muy logrado con el saxo. ¡Seguro que está preparando su gira de 80 cumpleaños para el próximo año en ese segundo hogar que se ha convertido para él en Alemania! A ver si nos lo graban también.

Entrevista 15 Aniversario: Sarria


“Desde las instituciones debería ofrecerse protección a quienes están dispuestos a mantener viva la música” 

Fotografías: Jorge Parejo.

Decía el bueno de Ramón Tosas Fuentes, más conocido como Ivá, en boca del siempre carismático Makinavaja que “en un mundo podrido y sin ética, a las personas sensibles solo nos quedaba la estética”, una sentencia que puesta en boca del protagonista de aquella famosa tira a la que daba nombre puede resultar divertida, pero que, como siempre ocurría en el caso del historietista manresano, encerraba una peligrosa carga de verdad que sobrepasaba el más absoluto realismo. 

Nos viene a la cabeza esta reflexión mientras pensamos en Nacho Sarria, protagonista de la entrevista conmemorativa de nuestro 15 aniversario esta semana; es el malagueño un tipo al que es fácil coger cariño, cercano en las distancias cortas, calmado y profundamente rockero. Desde joven tiene claro que se quiere dedicar a esto, posee presencia y talento para conseguirlo; sin embargo lo que más me gusta de él es valor con que está afrontando cada paso del camino, creyendo firmemente en sus convicciones, sin dejarse seducir por cantos de sirena, grabando canciones con aromas sesenteros y setenteros que poco a poco van ampliando su horizonte sonoro, ganando en seguridad y matices, algo que podrán comprobar ustedes cuando escuchen el inminente, “El Mundo es Cruel” (Pero creo en Él), del que daremos debida cuenta en estas páginas en próximas semanas; aumentando audiencia sin prisa pero sin pausa en el marco de una carrera a la que creemos aún le esperan muchos exitosos capítulos más.

Relacionamos a Ivá con Nacho porque pese a su juventud, parece cincelado en otros tiempos donde se creía en ciertos valores. Él tiene ética y hace de su estética bandera, empujando con fuerza por subirse al carro del rock sin traicionar a las canciones, esas grandes aliadas donde los buenos creadores vuelcan reflexiones, miedos y anhelos. Con su mirada de chico bueno y travieso, observa con franqueza al presente desde su Málaga natal, sabedor de que la oportunidad llegará más pronto que tarde, quién sabe, puede que quizás esté a la vuelta de la esquina y él lo sepa ya.

¿Qué valoración general harías de la actual situación del mundillo musical? 

Nacho: Primero la parte buena. Noto que desde el mainstream hay gente dispuesta a tomar grandes riesgos y eso me esperanza. Creo que los creadores de otros géneros están siendo valientes, pero sinceramente desde el rock veo un inmovilismo que me aburre terriblemente. Falta tejido e infraestructura, las plataformas roban a mansalva, la prensa musical independiente ha casi desaparecido… Es complicado. 

Siempre se ha hablado del directo como último refugio para mantener con vida a las bandas, ¿Crees que hay una red de salas y condiciones favorables a lo largo del Estado? 

Nacho: Por la parte que me toca, creo que el Sur carece de un tejido suficiente como para que los grupos se mantengan en activo y crezcan con su directo. Los alquileres son altos y es difícil movilizar a una banda al completo y que salgan las cuentas. Desde las instituciones debería ofrecerse protección a quienes están dispuestos a mantener viva la música. Tristemente, si no se incentiva a programar, las bandas lo tienen complicado. 

¿Cuál es el papel que en ese sentido crees que juega la proliferación de festivales? 

Nacho: Son una ventana estupenda para dar a conocer tu música a un público más amplio, pero complica el circuito de salas. Nadie puede competir contra eso, y los recursos del público para asistir a conciertos es limitado. ¿Cómo vas a pagar veinte euros para ir a ver a una banda en una sala si por el doble ves a treinta en un festival? No me malinterpretes, creo que los festivales son geniales, pero no se debe descuidar el circuito pequeño. 

Ahora que la venta de discos es irrisoria, las plataformas siguen robando a los creadores con porcentajes ínfimos por reproducción y en los festivales apenas se paga a los artistas más minoritarios, salvo honrosas excepciones. ¿Por dónde pasa la durabilidad de los proyectos y las carreras de larga duración?

Nacho: Si te soy sincero, estoy intentando averiguarlo. Hacen falta sellos que apuesten y que utilicen su músculo para sacar adelante una nueva forma de hacer las cosas. Es complicado, pero los hay. En mi caso, gracias a Dios, he dado con un equipo que está dispuesto a ayudarme a construir de cara al futuro. 

A la hora de disfrutar de la música como oyente, ¿prefieres acercarte a los clásicos con los que te hiciste melómano/a o bien prefieres escuchar propuestas novedosas? ¿Por qué? 

Nacho:
Al final uno va quemando a los clásicos, necesito música nueva para estimularme. Pero me vale cualquier cosa que me emocione, desde un álbum que haya salido este año a otro de hace cuarenta que escuche por primera vez. Bebo de las dos opciones sin decantarme por ninguna en concreto. 

Todo oyente tiene algún secreto no confesable de bandas y/o músicos que le emocionan y que no suelen estar bien vistas, ¿Cuáles serían los tuyos y por qué? 

Nacho: La verdad es que no reniego de nada de lo que me gusta. Te prometo que estoy intentando pensar en algo, pero no me viene. Kiss, por ejemplo, tienen muy mala fama por haberse convertido en una máquina absurda de hacer dinero, pero si no hubiera escuchado sus discos de los setenta de niño, probablemente me dedicaría a otra cosa. 

¿Cuál fue ese primer contacto con la música que te empujó a dedicarte a ella? 

Nacho: El skate. Descubrí la música en un videojuego, el Tony Hawk Underground. Desde entonces lo tuve claro. 

Cita cinco nombres básicos en tu reproductor en los últimos meses. 

Nacho: La Trinidad, Wings, Jonathan Wilson, Charly García y Angel Olsen. 

¿Qué artistas malditos, minoritarios o relativamente novedosos nos recomendarías encarecidamente no perder de vista? 

Nacho: Voy a tirar de mi tierra y a nombrar a un buen puñado de amigos. Elemento Deserto, Riverboy, Lord Malvo o Manola son proyectos que me flipan. 

Sarria es un proyecto que está creciendo mucho en los últimos tiempos, afincado en tu Málaga natal, una ciudad que está creciendo en cuanto a bandas importantes e infraestructuras. ¿Es más complicado a día de hoy tener un proyecto asentado alejado de los focos mediáticos de Madrid, Barcelona, Sevilla o Bilbao? 

Nacho: Es complicado porque tienes que hacer muchos kilómetros para llegar a destino. Pero para mí vivir en mi Málaga natal aporta sólo ventajas. Aquí soy feliz, me siento en mi hábitat, vivo tranquilo y tengo una banda estupenda. No encontré nada de eso cuando me fui a vivir a Madrid. 

Sabemos que fruto de tu participación en bandas de vocación internacional como Los Labios has podido girar a nivel internacional. ¿Qué diferencias percibes entre la estructura del “mundillo musical” en Estados Unidos y en nuestro país? 

Nacho: Allí hay un tejido real, con una infraestructura sólida y se respeta la profesión. 

¿Cuál es el primer recuerdo que tienes de nuestra revista digital? 

Nacho: ¡A Tali Carreto hablándome de vosotros! 

¿Qué valoración haces de nuestra evolución como web asentada dentro de la oferta de prensa musical, nacional y gratuita? 

Nacho: Como os conozco de hace un par de años, no he visto la evolución con perspectiva, lo que sí puedo decir es que sois valientes por llevar quince años luchando con vuestros valores. Chapó.

¿Qué es lo que más te gusta de El Giradiscos? ¿Y lo que más te irrita? Nacho: Que estáis dispuestos a apostar por lo nuevo ya dar un espacio a quienes más lo necesitan. No me irrita nada, ¿cómo me iba a irritar? Espacio libre para una felicitación, crítica o lo que venga en gana… 

Nacho: Felicidades por vuestro trabajo y nos vemos en Málaga. Gracias como siempre por contar conmigo. ¡Hasta pronto!

Terbutalina: “Era Cabra”


Por: Txema Mañeru.

En su pasado disco, a esta banda gallega, se les "fue la mano". Ahora se les ha ido todo el cuerpo, aunque la mano también, porque propugnan eso de "Arder Todo" que les va al pelo y que es un tema realmente brutal y que dan ganas, efectivamente, de pegar fuego a todo. De nuevo repiten la conexión brutal con los colegas de Grabaciones de Impacto, su formato vinilo y con portada loca y naif, aunque esta vez con dominio para las letras aunque siguen insistiendo, una vez más, en ese garage-punk a su puta bola: breves, veloces y en galego. 

Es pinchar el disco y ver que siguen igual de frescos y salvajes en "Sempre Fresco", sorprendentemente oscuros y con rítmica casi post-punk y hasta con un teclado marciano. Riffs de AC/DC, piano loco y guitarras de puro rock and roll aparecen en "Preghiseiro" mientras que las breves "romerías" y las largas locuras alimentan la guapa historia de ese "Romerías". 

Son gente nocturna y noctámbula, como demuestran al abrir la cara B con "Xente Da Noite". Hipnóticas guitarras e hipnótico y repetitivo estribillo. Luego atacan con ese "raca-raca" y coros majaras marca de la casa. "Xa Foi" es el único tema que supera los tres minutos en la que les ayudan unas percusiones tribales. Buen final para un "Todo o Demais" con slide guitar, percusiones y paz. A continuación llega la inevitable explosión que toma derroteros casi de southern rock. Desde luego que se hacen cortísimos estos ochos temas y queda claro que están como una cabra en la portada, además de en el título del fulgurante vinilo.

Israel Nash (+Marc Rockemberg), la majestuosidad de los paisajes sonoros


Sala Upload, Barcelona. Domingo, 25 de febrero del 2024.

Texto: Àlex Guimerà.

Fotografías:  Desi Estévez.

Las montañas o montes Ozarks se extienden entre distintos estados del "mid-west" de los Estados Unidos. Uno de ellos es Missouri, tierra natal del cantautor Israel Nash. Oriundo de esas tierras que podemos considerar como de la “América profunda”,  el músico ha querido rendir homenaje a sus orígenes con su último álbum “Orzaker” (2023) , un trabajo que transita entre las historias y los personajes de esos landes y que en su gira ha sabido transportar a nuestras ciudades en forma de canción.

En una sala Upload que últimamente nos está trayendo a la Ciudad Condal propuestas de alto voltaje rockero, el aperitivo de la velada estuvo a cargo de un apasionado Marc Rockemberg quien solo a la guitarra acústica supo defender con intensidad unos temas compuestos para banda, a pesar de que la presencia de los The Elephant Ears estaba anunciada en las promociones. Uno de los descubrimientos de los amigos de Rocksound quienes mantienen viva la llama del rock americano en nuestro país. Y es que si bien el barcelonés lo podríamos encuadrar más en el grunge o en el stoner, su set estuvo más cercano al sonido "americana" que a cualquier otro estilo.

Como la cita ineludible que suponía para los fans del género, el concierto principal estaba presentado ante un fondo con el águila y una canasta y balones de baloncesto que daban el punto yankee.  Con presencia de sus cuatro musicazos de apoyo entre los que destaca el guitarrista Curtis Roush y sus solos infinitos, el arranque fue demoledor con dos de sus mejores piezas de su nuevo disco como son “Don’ t Stop” con su aire de rock de radiofórmula y  el bonito medio-tiempo “Orzaker” con sus “laralalalás” tan pegadizos. 

De voz estratosférica, Israel cantó sin aparente esfuerzo, empuñando y atacando su espectacular Gretsch White Falcon, al son de sus virtuosos compañeros en un setlist que tuvo como protagonista el flamante elepé, de las que sonaron también “Roman Candle” y su riff a lo Tom Petty, una “Shadowland” coreada por la audiencia y la balada pluscuamperfecta “Pieces” presentada como una canción sobre las pérdidas de amores, de amistades o de seres queridos, sobre las conexiones entre las sombras y el sol.

Y es que Israel intercaló unos teatralizados discursos, potenciados por una tenue instrumentación de fondo, con los que buscaba traer al show la magia de la región de los ríos y los valles de Orzark, con las que tejer múltiples historias personales de esos lejanos territorios, las vibraciones que flotan en el aire y cierto misticismo que sólo la música es capaz de captar.

Otro disco que estuvo muy presente fue “Rain Plans” (2013), su tercer elepé y el que le puso en el punto de mira del panorama musical, pero también aparecieron otras gemas como esa pieza tan Eagles como es “Lucky Ones”, con un "acapella" espectacular, o una “Baltimore” que nos evoca al genio de Neil Young, claro referente de Nash

A destacar “Lost In America”, inspirada en un caso real y de temática antibelicista, que Nash cantó de forma íntima solo a la guitarra apoyado por el pedal slide de su compañero. O la descarga eléctrica pre-bises de “Mansions”, que nos hizo plantearnos si los que allí tocaban eran en realidad los Crazy Horse o la banda de Israel. Para los bises, la nueva “Firedance” con ese sonido "eigthies" que tan bien le sienta a la onda de los War On Drugs o del último Ryan Adams (antes de sacar cinco discos en un día). Y una alargada “Rain Plans” que podría haber firmado el autor de “Harvest” en plenos años setenta. Tras ella, los sonidos, la presencia y los espíritus ozarkers se fueron evaporando en medio de una noche de domingo que terminamos con una agradable y dulce sensación de melancolía.

“Despierta y ponte de pie”… Las mejores canciones de Bob Marley.



Por: Guillermo García Domingo.

Aprovechando la ocasión que nos brinda el estreno de la película biográfica sobre Bob Marley, El Giradiscos quiere sacar lustre a sus canciones. Demasiados factores ajenos a la música han enturbiado la recepción y el auténtico aprecio que merece un artista único. La publicación póstuma de recopilatorios, directos y homenajes dedicados al jamaicano es apabullante, aunque, en muchos casos, no han prevalecido los criterios musicales en la difusión y recreación de sus temas. De hecho, “Legend” (1984), publicado tres años después de su fallecimiento es el disco más vendido del músico. En mi juventud una cinta de casete de “grandes éxitos” de Marley, que tanto proliferaron, sospecho que era pirata, trastocó mi vida, como a buen seguro les sucedió a muchos de mi generación y las posteriores. Aquella música exultante no la habíamos escuchado nunca. Nos decíamos los unos a los otros algo parecido a los versos de “En un Mercedes blanco”, la canción magistral de Kiko Veneno, “ponme esa cinta otra vez, pónmela hasta que se arranquen los cachitos de hierro y cromo”. 

Con el paso de los años Bob Marley ha devenido en un producto cultural muy lucrativo, así hay que quitarle el precio y el envoltorio con que han pretendido venderlo como una mercancía, con el fin de admirar de nuevo una propuesta musical cuyo valor no tiene precio, y reconocer la matriz vital, social y política que dio lugar a sus indelebles creaciones.

No estamos seguros de que la citada película sirva para reconsiderar a Bob Marley como un músico prodigioso, de modo que preferimos el juicio desmitificador que ha hecho de él Diego Manrique. En definitiva Bob Marley fue un joven jamaicano que creció en una sociedad violenta y desigual, tomó decisiones discutibles, despertó tanta admiración como animadversión (atentaron brutalmente contra su vida y la de los suyos), y en un intervalo de tiempo demasiado breve, realizó grabaciones “luminosas” como también reconoce el veterano crítico musical. La estrella de Jamaica brilló (si tenemos en cuenta solamente las grabaciones en las que aparece por delante su nombre) durante apenas 8 años, entre 1973 y 1981. Hay que tener en cuenta que cuando murió, por culpa de un melanoma tratado de manera errática, solo tenía 36 años. No tuvo la oportunidad de grabar tantos discos

“Stir It Up” (1973)

Tres tipos de Jamaica se presentaron en Londres en el despacho de Chris Blackwell, querían grabar un disco…y lo consiguieron, se llamó “Catch a Fire”, ellos eran Pete Tosh, Bob Marley y Bunny Wailer. Era la última bala que les quedaba. Fue el comienzo de la fructífera relación que mantuvieron (Marley continuó en solitario) con Blackwell y Island Records. En 2022 se dio a conocer que Marley, a mediados de la sesenta, desesperado por la remuneración exigua que le procuraban sus canciones, había decidido emigrar a EE.UU., donde residía su madre. Ejerció de limpiador y portero hasta que fue expulsado del país, gracias a ello retomó su carrera musical, y más adelante puso a rumbo a la tierra prometida británica donde le esperaba el productor británico. Jamaica se había independizado de UK en 1962, pero la emancipación (musical) pasaba paradójicamente por marcharse a la metrópolis.

La comunidad antillana de Londres era pujante, pese al racismo que padecían los caribeños. Para conocer mejor el impacto que tuvo en ella el advenimiento de la música reggae es muy recomendable ver la miniserie de Steve McQueen, “Small Axe” (2020) (al igual que la canción de la primera etapa de The Wailers), que Oky Aguirre analizó con tanto acierto para esta revista.

 “Stir It Up” además es una canción (que Bob Marley había compuesto tiempo atrás) en la que se hace notar el talento compositivo de Marley y los brillantes arreglos con que él y sus colegas musicales aderezaron sus temas en el estudio, lo que no se siempre se ha tenido en cuenta. Pertenece al disco inconfundible de la portada de Bob Marley con el canuto de la sagrada “ganja”, el alimento que Jah le ha concedido a su pueblo con el fin de agraciar su difícil vida.

“Them Belly Full (But We Hungry)” (1974)

Esta canción adoptada por Bob Marley es una puñetazo político, expresión de la indignación más que justificada por la miseria económica de las Antillas. Marley conoció la extrema pobreza de primera mano en su propio país y en la cercana isla de Haití. Por desgracia el estado de la población haitiana continúa siendo lamentable, es uno de los países con menor índice de desarrollo humano de la Tierra. Es el Estado fallido por definición y la prueba más palpable del fracaso del colonialismo. La desigualdad social y económica es una preocupación constante en la música del jamaicano. De todas formas, la fatalidad no tiene la última palabra, a tenor de la letra que canta con rabia el guitarrista jamaicano. Por poco que tengas, siempre puedes cantar (y bailar), y sobreponerte a la desgracia. “Forget your sorrows (and dance)/ Forget your sickness (and dance)”. La irrupción del coro femenino, bajo el nombre de I-Threes, formado por Rita Marley, Judy Mowatt y Marcia Griffiths, demostró ser decisivo para el futuro de la música de Marley a partir del disco del que forma parte esta canción.

 

“No Woman, No Cry” (1975)

En esta particular selección no pueden faltar algunos tema grabados en vivo. El género musical que difundió Marley por el mundo no se puede concebir sin el concurso del público, es idónea para la liturgia popular y fervorosa que despierta la música en Jamaica. La primera versión en directo de esta canción interpretada en el Lyceum de Londres durante la gira veraniega para presentar “Natty dread”, recogida en “Live!” (1975) es más limpia que la otra, grabada también en Londres, y que han elegido para la BSO de la película “One Love”. Es la del órgano memorable que suena al principio, anunciando la emociones que se avecinan. Otra razón para recuperar los directos de Bob Marley y The Wailers es que en este formato no estaban tan tutelados por el imperio musical británico, aunque estuvieran lejos de casa.

 

“Natural Mystic” (1977)

“Exodus” es la cumbre de nuestro rastaman, un disco exuberante en el que uno pierde la noción de dónde está y no echa en falta volver. Ya no están en los créditos los fundadores originales de The Wailers. Su popularidad esta vez es congruente con su indiscutible calidad. La base de Aston "Familyman" Barrett, quien, por cierto, ha fallecido hace unos días, lleva sobre sus espaldas todo el disco. Aunque en esta canción seduce especialmente la “lead guitar” propiedad de Junior Marvin, que nos atrae irresistiblemente desde la distancia, en un segundo plano.

El sentimiento religioso que influyó tanto en la vida del jamaicano está evocado en esta canción. El sincretismo religioso abrazado por el seguidor de Jah (abreviatura del Yahvé bíblico) está ligado a los orígenes africanos de la población afrodescendiente jamaicana. Por desgracia esta identificación religiosa resultó fatal al contraer la enfermedad culpable de su muerte.

“Exodus” (1977)

Retiro lo dicho anteriormente, el álbum es una cordillera y el pico más alto, inalcanzable, es el himno religioso titulado de la misma manera, “Exodus”. Una canción que exuda ritmos africanos por todos lados gracias a unas percusiones formidables. La liberación del pueblo “elegido” de su esclavitud en Egipto sirve como referencia para cualquier movimiento de liberación. Los africanos han sabido reconocer la afinidad cultural que les une al reggae. En Gambia es el género más popular. Reconozco, no obstante, que “Waiting in Vain” me tentó hasta el final para incluirla.

“One love/People Get Ready” (1977)

Esta canción que a la postre se ha hecho tan celebrada fue grabada por The Wailers por primera vez nada menos que en el año 1966. A mi juicio es mejor que la versión posterior, incluida en “Exodus”. El lector puede comprobarlo por sí mismo al final de este párrafo. No le pasarán desapercibidas la elocuencia del saxofón y las armonías vocales del grupo. Es la deuda americana del reggae. Es justa la atribución compartida con Curtis Mayfeld y The Impressions. El eco en la música y la letra de la magnífica “People Get Ready” es incuestionable. Hasta en las fotos promocionales los Wailers recuerdan a los Impressions. Clement “Coxsone” Dodds regresó a la capital de Jamaica de su viaje iniciático por EE.UU. con un botín de discos germinales que fueron fecundados más adelante por la música afrocaribeña. El huevo eclosionó en el Studio One, en el que grabaron The Wailers, naturalmente. 

En ambas canciones confluyen la fe religiosa y la fe política. El tren de los derechos pasaba por delante de los antiguos esclavos y estos últimos no estaban dispuestos a perderlo. Ya estaban listos para tomar el tren.

 

“Is This love” (1978)

Esta canción está en la lista de “Kaya”. También podría haber sonado en el “sound system” que aparece en “Lovers Rock”, el increíble episodio de “Small Axe”, la serie a la que nos hemos referido antes. En aquellas discotecas móviles que causaban furor en las salas improvisadas de Inglaterra, como si el punk no existiera, sonaban hasta el amanecer éxitos del reggae romántico, entre las que podría estar por derecho propio este tema maravilloso. La fiesta que recoge el videoclip es mucho más inocente, en ella comparece el músico, exultante y rodeado de chavales que representan a la Inglaterra multicultural, y que conectan con el reggae con toda naturalidad.

“Redemption Song” (1980)

Pasamos por alto el álbum panafricano de Marley, “Survival”, que se me antoja el más anodino, el menos inspirado, musicalmente, del músico, y nos decantamos por este aparentemente sencillo “salmo” sobre la experiencia inefable de la esclavitud, que era demasiado reciente como para que Marley no se refiriera a ella en diversas canciones. Ninguna versión posterior por bienintencionada que sea ha sido capaz de mejorar la versión desnuda y primigenia de esta canción del álbum “Uprising”.

“Buffalo Soldier” (1983)

El disco “Confrontation” salió a la luz después del desconcertante fallecimiento de Marley. El rastaman y los soldados “búfalos” (afroamericanos) a los que está dedicada esta canción y que combatieron en el bando de la Unión en la Guerra de Secesión americana, ya se habían extinguido. Sin embargo, sus ideales de emancipación seguían y siguen vivos. El espíritu del búfalo no se ha marchado de las praderas. La temática estadounidense es la más pertinente para despedirnos provisionalmente de Bob Marley, quien dio su último concierto en tierras norteamericanas, en un estado de salud precario.

 

“Get Up, Stand Up” (1973)

En la mayoría de sus recitales se despedía con la canción de resistencia, “Get Up, Stand Up” (1973). Y así fue en su último concierto celebrado en Pittsburgh: “Despierta, ponte de pie para defender tus derechos, y no te rindas en la lucha…” Si el músico ya no puede hacerlo, tú, en cambio, sí que puedes. El sueño de pervivencia religiosa en el que Marley creía se ha cumplido de un modo diferente al esperado, al final sobrevivieron para siempre sus canciones en las que Bob Marley dio lo mejor de sí.

Entrevista: Pablo Cuevas


“Este disco es un batiburrillo de canciones al estilo de las “varietés” cabareteras del siglo pasado” 

Por: Javier González.

Que Pablo Cuevas era un músico genuino, personal y apegado a la calle lo teníamos claro desde que cayera en nuestras manos el primer disco de Los Fusiles, banda con la que está sembrando una inmaculada trayectoria que ningún buen oyente debería perder de vista pues sus discos suponen un decálogo sobre lo que es el mejor rock en castellano que se factura a día de hoy en nuestra geografía. 

La sorpresa llegó meses atrás al poder saborear su debut en solitario, “Los Cuatro Claveles”, otra estupenda colección de canciones donde se lanzaba en brazos de géneros mayúsculos como el tango, la canción de autor, el jazz y la chanson, entre otros, acercando el foco a una amalgama de personajes nacidos a pie de calle, cuyas vidas son abordadas con la habitual calidez que le caracteriza, elaborando unas preciosas historias que destilan orgullo de clase obrera. 

Contactamos con Pablo Cuevas para conocer un poquito más de cerca toda la génesis de “Los Cuatro Claves”, a sabiendas que estamos ante uno de los grandes autores de canciones de la música actual de este país. 

Pablo, mira que te tenemos controlado, ya sabes que de vez en cuando te escribimos para saber de tus andanzas, sin embargo, este disco nos ha pillado totalmente desprevenidos. ¿Desde cuándo y en qué forma empezaste a dar vida a estas canciones que conforman “Los Cuatro Claveles”? 

Pablo: Fue a finales del 2022 cuando empecé a maquetar en el estudio de Quique Ruiz, guitarrista de Los Fusiles, un puñado de canciones que compuse ese mismo año con la intención de grabar un disco alejado del rock and roll, en cierta parte, con influencias igualmente importantes para mí como la canción de autor, la chanson francesa, el gypsy jazz, la música mediterránea o el tango. Me interesaba desarrollarlo a mi manera, claro, esto es desde un punto de vista no purista y variado. Un batiburrillo de canciones al estilo de las “varietés” cabareteras del siglo pasado. 

¿En algún momento pensaste que las mismas podían formar parte de un disco de Los Fusiles o siempre tuviste claro que debías defenderlas bajo tu propio nombre? 

Pablo: Siempre tuve claro que tenían que ser canciones que no tuvieran nada que ver con Los Fusiles. No tendría sentido un proyecto paralelo en solitario por mi parte que sonara igual que Los Fusiles. De ahí a defenderlo con mi nombre de pila, por más reparo que me dé. Una banda de rock and roll siempre da más cobijo a los que somos un tanto tímidos. Esto es otra cosa. Más de sala pequeña o bar. Hay que echarle aún más morro. 

Sin embargo, el disco está grabado en los estudios “Bala Errante” de Sevilla, propiedad de Quique Ruiz, guitarra de la banda. ¿A qué se ha debido este hecho?

Pablo:
Los dos últimos discos de Los Fusiles ya se grabaron en buena medida en el estudio de Quique. Grabar en “Bala Errante” nos ahorra mucho presupuesto ya que nuestros bolsillos de mileuristas no nos permiten meternos en estudios más lujosos. De todas formas, siempre rematamos la faena con Jesús Chávez y su estudio “El Pelícano” a la hora de las mezclas y últimos retoques. “Los Cuatro Claveles” siguieron el mismo patrón. Estoy muy a gusto grabando con Quique y mezclando con Jesús. 

“Una banda de rock and roll siempre da más cobijo a los que somos un tanto tímidos” 

De lo que no hay duda es que en tu cabeza retumban ecos de músicas diversas, ya en el último disco de Los Fusiles lanzaste “La Esquina de tu Casa”, un pasodoble rockerizado con reminiscencias a ska del sello 2Tone. ¿Sentías que era el momento de ir más allá del rock and roll más clásico? 

Pablo: Más que sentir que fuera el momento fue el tener la ocurrencia. Como ya dije antes, siempre me interesaron otros géneros musicales más allá del rock and roll. Sí es cierto que con Los Fusiles hemos sacado tres discos en cuatro años. Eso es ir a toda mecha. Sentíamos que el cuarto disco debía hacerse esperar más tiempo por diferentes motivos. Pensé que era el momento perfecto para sacar este álbum en solitario, tocar con otros músicos y sentir sensaciones nuevas. Creo que ambos proyectos son más que compatibles. 

Lo que no sé es si tu público podía esperar una paleta tan amplia en la que cabe el tango, la chanson, el soul y hasta palmas flamencas. ¿Cuánto esperas que estas canciones sorprendan a gente que ya tenga ubicada tu música? 

Pablo: A los que me conocen personalmente no creo que les haya sorprendido demasiado porque saben de mis gustos musicales de siempre. A los que no me conocen en la intimidad pues supongo que sí les habrá sorprendido. Y no siempre para bien. En cualquier caso, el personal rockero tiene ya una edad y es muy educado. Cuarenta años atrás este tipo de giros artísticos eran apedreados entre los aficionados más cerrados. En cualquier caso, tengo que reconocer que el disco ha sido muy bien recibido por la crítica y por la mayoría de seguidores de Los Fusiles. Imagino, no obstante, que habrá bajas y altas para con este disco. 

“Apelo a los genios con mono azul de faena en canciones sencillas que se ganan el jornal” 

Elvis, Edith Piaf, Carlos Gardel, Roberto Goyeneche, Malevaje, Django Reinhardt, Adriano Celentano y Carlos, son algunos de los nombres que sobrevuelan por estas composiciones. ¿Eres consciente que pocos artistas de nuestro panorama pueden mirar a tanto genio a los ojos y no solo salir solo indemnes, sino que en tu caso sales totalmente triunfante? 

Pablo: Agradezco tus palabras. Igual la clave para que el disco se haga ameno y amable es precisamente apelar a todos los genios que mencionas con mono azul de faena. Imagino que va con la personalidad de uno. Los Fusiles es una banda de rock de batalla y “Los Cuatro Claveles”, con un lenguaje lógicamente diferente, también está hecho desde la honradez y lejano a la suntuosidad. Son canciones sencillas, poco arregladas pero que se ganan el jornal. Creo que es creíble. 

La fotografía de portada es obra de Manolo Ortega y Pablo Caravaca, la misma tiene unas reminiscencias a las portadas del mítico Alberto García-Alix. ¿Era el espíritu que buscabas? 

Pablo: Tengo la suerte de tener muchos amigos y amigas que siempre están dispuestos a echarme un cable de manera altruista. Se dice “disco en solitario” pero solo no puedo ni cambiar las cuerdas de la guitarra sin perder la paciencia. Manolo Ortega ya diseñó la portada de los dos primeros discos de Los Fusiles. Para “Los Cuatro Claveles” se sirvió de la ayuda de Pablo Caravaca y allí que andaba yo posando y ellos disparando fotos de la manera más profesional que yo nunca he podido presenciar. Me sentía capitán general… Te digo yo que Alberto García-Alix no me saca mejor. Ortega y Caravaca, dos artistas.

“Me parece más interesante escribir sobre personajes precarios” 

Arrancas con los aires marciales de “El Mandamás”, un relato mordaz sobre la condición social, apegado a la calle y en el disco hay otros temas como “Gines el de San Juan”, otro brutal retrato de la vida de un tipo de clase trabajadora. ¿Están tus letras hechas para honor de los desarrapados y de aquellos a los que Carlos Cano, cuya figura también sobrevuela estas tonadas, llamó cariñosamente “La Morralla”? 

Pablo: Es que no puede ser de otra manera. Uno escribe de su entorno. Yo trabajo en Mercasevilla desde hace diecisiete años. Me levanto a las tres de la mañana y convivo con fruteros que cargan las furgonetas y van pagando como pueden. Aparte siempre me pareció mucho más interesante escribir sobre personajes precarios. Será porque somos mayoría. La canción de “Ginés el de San Juan” comienza con la frase “cómo intentar destacar una vida tan normal”. Claro que se puede destacar una vida tan normal. Cada persona es un universo. 

Te dejas caer en los brazos del tango en “El Aroma Perfumado”, trayendo al siglo XXI un género que es rico en sus letras y apasionamiento. ¿Crees que el tango es el gran género por conocer y que merece ser amplificado de una mayor forma?

Pablo: En realidad mi afición por el tango se reduce a clásicos como Goyeneche, Julio Sosa o Gardel. No soy ningún entendido. En cualquier caso, el tango, como cualquier otro género autóctono, goza de la devoción local y poco más. Es difícil que trascienda fronteras sin la ayuda del mercado, como sí la tuvo el rock and roll. Lo que pasa es que cada equis años nace un prodigio de la talla universal de Gardel que convierte a sus canciones en patrimonio de la humanidad, eso pasa cada mucho tiempo. Pero vamos, a tú pregunta, sí, debería ser promulgado hasta el infinito.

“La Boda Civil” tiene unas sonoridades más cercanas a nuestro tiempo, quizás se acerque a “La Maestra” de tu último disco con Los Fusiles. ¿Qué te llevó a incluir esta canción que quizás se aleja un poco estilísticamente del resto de la propuesta?

Pablo: Sí, también quería dejar constancia de este tipo de canciones más de cantautor al uso. Hago por oír a cantautores actuales como Nacho Vegas o Quique González, pero no los acabo de asimilar. Sí soy muy fan de Chencho Fernández. De todas formas, no lo puedo remediar, me interesan los del siglo pasado: Alfredo Zitarrosa, Serrat o el propio Gainsbourg. De “La Boda Civil” me gusta mucho su letra. Las bodas siempre me han parecido bonitas y tristes. Una novia díscola, un novio sin un duro, un suegro preocupado…tiene su miga. 

“El fútbol tiene su encanto y su literatura”

¿Es “Mi Dimisión” tu particular “Impazzivo Per Te”? 

Pablo: Salvando las distancias con el todopoderoso Adriano Celentano…me encantaría que lo fuera. “Mi dimisión” la escribí, como sevillista que soy, en este carrusel de despidos de entrenadores que estamos teniendo en los últimos meses. Con la salvedad de que ya no dimite nadie. Esperan a que los echen. El fútbol, aunque tiene particularidades indefendibles, también tiene su encanto y su literatura. Me gustaba imaginar el romanticismo de un entrenador que dimite entre dignidad y melancolía: “que venga otro a ver qué puede hacer.” Mención especial en este tema al saxofonista Javi Cambra con una línea de saxo muy al estilo “Diana” de Paul Anka.

El disco sale bajo el manto de Family Spree Recordings, donde editas con Los Fusiles, un sello siempre atento al rock estatal más underground, que esta vez se pone de tu lado para que vea la luz el que seguro sea el disco más acústico que han editado nunca. ¿Cómo de necesario es el apoyo de un sello tan especial para proyectos como el tuyo? 

Pablo: Nunca tendré palabras de agradecimiento suficientes para Tony de Family Spree Recordings. El sello es fundamental a la hora de la edición física de los discos, ya te he hablado de la ruina personal de nuestras haciendas, así como de los contactos con prensa y radio a la hora de hacer eco. El problema de las disqueras es que la fabricación ha subido bastante y los discos físicos apenas se venden. Es la quintaesencia del romanticismo su ejercicio. Tony de Family Spree a la primera escucha de “Los Cuatro Claveles” ya me dio el “ok”. Siempre le estaré agradecido. 

Después de este arriesgado y sorprendente paso en tu carrera, Pablo. ¿Qué podemos esperar en un futuro a medio plazo? 

Pablo: Lo primero que me gustaría hacer es llevar al directo “Los Cuatro Claveles”. Con Los Fusiles también tenemos fechas en los próximos meses en Murcia, Tarragona y Sevilla. Ahora toca desarrollar los dos proyectos. Yo encantado, me gusta mucho salir fuera a tocar a pesar de que a veces sea una odisea compaginarlo con mi trabajo de lunes a viernes que, a fin de cuentas, es el que me paga las facturas. El tiempo dirá si lo próximo es otro disco de Los Fusiles u otro por mi cuenta. También me gustaría escribir canciones para que las cante otra persona. En fin, ya se verá. 

¿Qué planes tienes para presentar este trabajo durante los próximos meses? 

Pablo: Por lo pronto presentaré “Los Cuatro Claveles” en la sala Fun Club de Sevilla el uno de marzo. Iremos a banda completa, Javi Lobillo a la batería, Ricky Candela al bajo, Paúl Laborda a la guitarra y Chano Robles al acordeón. Aunque es posible que defienda las canciones a dúo con Paúl Laborda en baretos y salas pequeñas en un futuro cercano. Se puede jugar con varias combinaciones diferentes para este proyecto en función al presupuesto o las características de la sala o bar. 

“Me veo como un pobre diablo que canturrea para espantar las ruinas” 

¿Tienes conciencia de ser uno de los héroes del underground rockero y proletario de algunos de nosotros? ¿Cómo vives este hecho? 

Pablo: Pues no tenía ni idea de mi supuesta heroicidad. Me veo más como un pobre diablo que trabaja con un bolígrafo en la oreja apuntando los kilos de los pimientos y de las lechugas y que canturrea para espantar las ruinas. 

Mil gracias por todo, Pablo. Ya sabes que sentimos una devoción y un inmenso cariño por ti. Gracias por tu música y por regalarnos el sabor costumbrista de la calle en las mismas. 

Pablo: Muchísimas gracias a vosotros por la entrevista. Un honor. Enhorabuena por vuestra labor.

The Smile: "Wall of Eyes"


Por: J.J. Caballero.

Si aún queda alguien que eche de menos a Radiohead, supongo que ya sabrá que han pasado casi ocho años desde que publicaran “A moon shaped pool”, hasta el momento la última entrega de la mítica banda de Oxford. Y si también hay algún alma en pena que sigue poniendo velas a la deidad que proceda para propiciar su regreso al estudio, tal vez debería prestar atención completa, si es que no lo ha hecho ya, a los dos discos que Jonny Greenwood y Thom Yorke han grabado bajo el paraguas de The Smile, la reformulación de algunas de las propuestas originales abordada en la lujosa compañía de Tom Skinner, miembro de los marginales y exquisitos Son of Kemet. En el proyecto -¿paralelo o definitivo?- caben las mismas disquisiciones que desde “Kid A” o “In rainbows” situaron a estos músicos en el difuso filo del rock experimental, aunque nadie podría asegurar dónde están los verdaderos límites de una creatividad que en este “Wall of eyes” rebosa y brilla con una presencia abrumadora.

Encontramos canciones que rodean los pasajes acústicos y se sumergen en aguas sintéticas, algo más melódicas que las inmediatamente precedentes y con un calado más sólido, llenas de poso emocional y frágiles sólo en apariencia. Con la voz de Yorke en el punto habitual de cocción, las cuerdas acolchadas de ese canto a la hipocresía coral que es “Friend of a friend” o el piano celestial de “You know me” marcan el destino final de este recorrido por el lado más salvaje, si conviene la expresión refiriéndose a quien se refiere, de una banda que nació como divertimento y se encamina a la grandeza. 

El ilustre Sam Petts-Davies, que ya fue compinche de la voz cantante en la banda sonora de “Suspiria”, toma el mando de la producción en sustitución de Nigel Godrich, nombre de referencia y cabecera de un sonido ciertamente único. Sus jugueteos con la electrónica y los ambientes sólo ayudan a una conjunción perfecta de sonidos, como el krautrock de “Under our pillows”, motorizado por las guitarras robóticas y cambiantes de Greenwood, o el tormentoso aire de nana de “Read the room”, aliviando lo siniestro del ambiente con un vaivén rítmico absolutamente magistral. Al clima progresivo, entre el aire y el fuego, lo real y lo irreal, lo humano y lo digital, también contribuye paradójicamente la versatilidad de la London Contemporary Orchestra, que se encarga de la base de varios temas y a la que se cede especial protagonismo en la mezcla final. No es un signo de pomposidad como podría parecer, sino un síntoma de convivencia pacífica entre el colchón orquestal y las guitarras furibundas, patente en maravillas de orfebrería pop como “Bending hectic” o la exhibición armónica de “Teleharmonic”, con la flauta como hilo conductor. 

Asumir riesgos para ganar batallas, de eso parece ir el guión establecido en un disco de contrastes en el que el rock cósmico se mezcla con una suerte de electro psicodelia y el ambient copula con el post punk sin perjuicio del resultado. Hasta en la más dura “I quit”, donde llevan al límite su capacidad de experimentación, se puede adivinar la intención primordial de “Wall of eyes”: Dejar al oyente en los huesos sin que la piel transpire demasiado.

Impresiona la manera en que en un mismo disco puedes seguir la huella de The Beatles, Can, King Crimson o Flying Lotus, a veces al mismo tiempo y sumándose a la orgía sonora que supone la escucha continuada de un álbum que puede marcar un antes y un después respecto a la hipotética resurrección de la-banda-que-todo-el-mundo-reivindica. Con este presente tan sólido, quién querría mirarse en la evanescencia del pasado.

“Bob Marley: One Love”, el triunfo del “Babylon System”


Por: Oky Aguirre

En los últimos Premios Goya, el cine español tuvo la excelente oportunidad de dar un paso de gigante hacia el camino de glorificar su cine. En cierto sentido lo hizo, pero en dirección equivocada. Bayona y su impecable y emocionante “Sociedad de la Nieve” se llevaron unos premios sobradamente merecidos, demostrando que en España también se pueden producir películas como en Hollywood. En cambio, “Cerrar los Ojos”, de Víctor Erice, tan sólo acaparó el premio de José Coronado, cuya mirada perdida quedará grabada en nuestros más profundos sentimientos y sensaciones vividos dentro de una sala oscura con pantalla gigante. “450.000 espectadores nos han visto en los cines”, dijo Bayona orgulloso en su discurso, haciendo cómplices a los espectadores para seguir peleando por llenar unas salas de cine cada día más vacías. “Gracias a Netflix y los 150 millones de reproducciones en todo el mundo, estamos en buen camino para afrontar nuestra carrera hacia los Oscar”. Babilonia había ganado. 

La misma sensación de derrota es la que uno se lleva al salir de ver "Bob Marley: One Love", el biopic de la leyenda del reggae, icono cultural y figura imprescindible de la historia de la música. Robert “Nesta” Marley hoy no sonreiría contento -que lástima no haberse extirpado el maldito dedo gordo del pie-. Estaría echando humo, además de por la boca por las orejas, viendo como su hijo Ziggy nos presenta orgulloso una película claramente manejada por las manos del “Babylon System”, el vampiro chupasangre de poder y dinero que representaba para Marley su particular guerra.

Dirigida por Reinaldo Marcus Green ("El Metodo Williams") junto a tres guionistas (Terence Winter, Frank. E Flowers y Zach Baylin) y media familia Marley (Rita, Ziggy, Cedella, Stephen), como productores “opinalotodo”, la cosa no podía salir muy bien. Entre todos han decidido basar toda la obra y milagro de Bob Marley en una determinada etapa de su vida, truncada a los 36 años, entre 1976 y 1979, durante su transcurso en Londres para grabar otra obra maestra, "Exodus", tras abandonar Jamaica después de un intento de asesinato, reflejado en la película con muy poca sustancia. Antes de desaparecer de su tierra y a modo de despedida, dejó para la posteridad el mítico concierto "Smile Jamaica", que en el film pasa a categoría de videoclip, como muchas de las interpretaciones musicales, dejando la sensación a cualquier avispado espectador de que aquí falta algo. Pero con el tufillo a palomitas dulces para disimular el olor a marihuana. Ese olor se llama “Legend” y lo han vuelto a hacer, pero esta vez con imágenes.

Universal Pictures es la Babilonia encargada de encasquetarnos un paquete excelentemente facturado por profesionales. De la dirección e interpretación, de fotografía y vestuario, sonido, casting y maquillaje; cuidadosamente envuelto con multitud de escenas sin trascendencia alguna que puedan definir un personaje del carisma de Bob, al que parece que conocemos mejor que su propia familia, más dispuesta a resaltar el carácter y vida interior de un hombre en su intimidad que dotar a la cinta del mensaje revolucionario que a través de sus canciones llegó hasta la Luna. Y seguramente a Marte.

Han vuelto a adaptar al público blanco la historia de un negro revolucionario, tirando de nuevo de sus canciones más edulcoradas, las de paz y amor, menospreciando, y por lo tanto volviendo a esconder, toda una discografía bañada y basada en la injusticia del por qué lo bueno siempre ha sido blanco y lo malo negro, la clave para entender la vital importancia que tuvieron su mensaje y su furia y el poder con que Marley la regalaba al mundo, sobre todo a los pobres, lo que hoy todavía parece incomodar a la pérfida Babilonia. Hace décadas representada por Chris Blackwell, impoluto y sonriente en el film y absoluto responsable de la separación de los Wailers, cuando desechó de sus planes a sus dos miembros fundadores, Peter Tosh y Bunny Wailer, amigos y mentores de Bob, al que inculcaron la filosofía Rastafari cuando llegó de los EEUU hecho un panoli.

Papá Nesta hoy no estaría orgulloso de asistir a una película en la que sus compañeros rastafaris aparecen como mera comparsa para reír todas las gracias y atender todas las indicaciones del “gran creador Marley”, minusvalorando la importancia capital a la hora de hacer una música que sus compañeros prácticamente le habían enseñado. Alexx A-Game, actor encargado de encarnar a Tosh en la pantalla, ha publicado un video en redes apenado por haber sido eliminado de la mayoría de las escenas que rodó. Aston Barret Jr. hace de su padre (fallecido días antes del estreno mundial) y dice un par de frases.

La interpretación de Kingsley Ben-Adir en ningún momento logra encajar y entrar dentro de un personaje que irradiaba luminosidad y carisma por allí donde fuera. De nada le han servido las duras clases de música recibidas y no parece haber visto los videos suficientes del jamaicano, que a veces recuerda a Val Kilmer haciendo el imbécil en aquella infamia que firmó Oliver Stone. Sin embargo, es admirable cómo clava el acento patois jamaiquino, que es donde se nota el gran esfuerzo de este gran actor, jamás músico y eclipsado por Lashana Lynch, que hace un estupendo papel de una Rita Marley a punto de explotar en cada plano.

Bien es verdad que la cinta contiene momentos acertados dentro del espectro musical que todos buscábamos. “Natural Mystic” con la explicación de ese “One Drop” característico del latido de bajo y batería está ciertamente logrado, así como la gestación de la canción "Exodus", incluso se agradece la aparición de los tambores Nyabinghi, aunque la auténtica delicia surge en uno de los pocos flashbacks, con Marley y sus Wailers originales cantando en el Studio One, de Coxsone Dodd, un delicioso “Simmer Down”, con Lee “Scratch” Perry fielmente reflejado en su locura. Lástima que el director no hubiera sido un Wim Wenders o Scorsese. Ellos no habrían situado a Cindy Breakspeare, la madre Miss Mundo de Damian Marley, en tan sólo un fotograma, ya que de todos es sabido, incluso para Wikipedia, que fue una figura trascendental en la etapa londinense de Marley, que por lo que transmite el film tan sólo tuvo dos hijos, aunque fueran 11, de varias mujeres, incluida Rita, todos reconocidos. 

Si alguien como yo espera portadas incendiarias tipo “Catch a Fire” con Bob fumándose un "joint" que no cabe en el disco, con himnos antisistema como "Slave Driver", "400 Years", “Stop That Train”, que se olvide. Nada de mensajes en plan “Small Axe” o “Burnin´and Lootin´” de su joya “Burnin´” o “Them Belly Full But We Hungry” (ellos tan llenos y nosotros tan hambrientos) de “Natty Dread”; la postura desafiante en “Rastaman Vibration” o la eterna cara de Marley con sonrisa de diamantes con la palabra “Kaya” en tipografía "marihuanaera". Por supuesto, ni rastro de “Survival”, quizá el disco más comprometido en mensajes antisistema de toda la discografía del dios jamaiquino, con sus banderas africanas de colores rojo, amarillo y verde, que en esta película han parecido evitar. 

Han pasado 44 años desde la publicación de “Legend”, el álbum de reggae más exitoso de todos los tiempos, con más de 15 millones de copias solo en Estados Unidos y 800 semanas no consecutivas en Billboard, siendo Spotify el lugar donde las cifras se disparan hasta situar a Bob Marley en posiciones a años luz de cualquier artista con millones de reproducciones. “Three Little Birds”, “Could You Be Loved”, “Is This Love”, “Jamming”, “Buffalo Soldier”, One Love/People Get Ready”, “Redemption Song”, “No Woman No Cry”, “Stir It Up” y “Waiting In Vain”. Todas del “Legend”. Único disco de Marley, recopilatorio, que aparece en la posición número 46 en la lista de los 500 mejores discos de la historia para la revista Rolling Stone, afluente del gran rio llamado Babilonia.

El merchandising ha puesto su cronómetro en marcha. Además de poder adquirir café, helados, gel de baño, chancletas, monopatines, equipos de sonido, calzoncillos, tazas y por supuesto cannabis con el careto de Marley, lo mejor que podemos hacer los que nos hemos sentido decepcionados es “Cerrar los ojos” y escuchar las canciones que nos han hecho mejores personas. “Somos la piedra angular principal; la que el constructor rechaza” ("Corner Stone"). "Somos el hacha pequeña con la que cortaremos el árbol grande" ("Small Axe”). Somos hijos de Robert “Nesta” Marley.