Poble Espanyol de Barcelona, Festival Barts. Domingo, 19 de julio de 2026.
Texto y fotografías: Àlex Guimerà.
Una de las bandas que ha mantenido intacta su formación a pesar del transcurso del tiempo ha sido los ZZ Top. Desde 1969, Bill Gibbons, Dusty Hill y Frank Beard han ido aguantando década tras década juntos y sin cambios hasta el fallecimiento de Dusty en 2021. Y lo que podía -y para algunos debería- haber sido el fin del combo, se encauzó incorporando al puesto de bajista al roadie de la banda, Elwood Francis. Gracias a esta reinvención, la maquinaria del blues rock no ha dejado de girar. Muestra de ello ha sido su reciente paso por nuestro país (con paradas en Pamplona, Barcelona, Madrid y Valencia), donde no quisimos perdernos su cita en el Poble Espanyol de Barcelona, en plena fiebre colectiva por la final del Mundial.
Aunque a decir verdad, desde septiembre del año pasado, Frank también se encuentra fuera de la banda recuperándose de sus complicaciones físicas, por lo que en la gira viene siendo sustituido por un joven Michael Monahan, que después de ver el concierto hay que decir que que aporta energía y lozanía al sonido de la banda. Pero, claro está, sin dos de las tres patas del taburete, los actuales ZZ Top son mas bien la banda de Bill Gibbons en solitario, quien se aprovecha de la marca para seguir logrando llenos en sus conciertos.
Con una estética de escenario también rejuvenecida a base de grafitis y skates colgando, el trío tejano saltó a la palestra al son de aullidos de lobos. La descarga eléctrica dio comienzo con "Got Me Under Pressure", un trallazo de brillantina y ultraguitarreo que dejó claro que los años no pesan en los dedos de Billy Gibbons. Sin dar tregua, recurrieron al soul clásico con "I Thank You" (versión de Sam & Dave), encadenada a la perfección con la primera gran dupla de la noche: "Waitin' for the Bus" y "Jesus Just Left Chicago", del legendario disco "Tres Hombres" (1973), donde regalaron esas coreografías sincronizadas tan marca de la casa, desatando la locura en una Barcelona entregada desde comienzos de la velada.
Gibbons, maestro de ceremonias incombustible, se metió al público en el bolsillo con sus constantes efectos de guitarra y saludando en su particular castellano: "Tenemos este grupo en su casa para ustedes", idioma que usó también para presentar a su nuevo escudero al bajo, Elwood Francis, refiriéndose a él como "el gringo peligroso". Nos habría gustado mucho que hubiera tenido algún recuerdo a modo de homenaje al malogrado Dustin y también al convaleciente Frank.
Pero no nos quejemos que el directo de las barbas más famosas del rock cumplió a la perfección, a pesar de que nos colaron alguna que otra voz pregrabada en medio. Con Francis manteniendo el pulso rítmico a lo largo de todo el concierto -comenzó con el mítico bajo de 17 cuerdas- y Gibbons siempre muy entregado, el concierto ofreció lo que se podía esperar: mucho blues poderoso y rock sureño "made in Mississipi". Desde la tralla bluesy de "I'm Bad, I'm Nationwide", a los acordes densos y la voz ronca de Gibbons en "I Gotsta Get Paid", al blues pantanoso de "My Head's in Mississippi" con un grito de "¡Barcelooona!", a una excelsa "Brown Paper Bag" rescatada del repertorio en solitario de Billy y la siempre cañera "Cheap Sunglasses". Hasta que llegó uno de los momentos cumbres del bolo con "Just Got Paid" y su tremendo desarrollo instrumental en el que Gibbons se lució con el tubo slide y las distorsiones de guitarra.
Para el tramo final viajamos de nuevo hacia 1983 de la mano del legendario álbum "Eliminator a través de "Sharp Dressed Man", con sus riffs bailongos y el ya mítico vacile de Gibbons girando su guitarra para mostrar la palabra "Cerveza" pintada en el reverso, y con la épica "Legs" que tocaron con esas tremendas guitarras forradas de piel rosa que son historia viva de la MTV.
Tras cerrar el set, las ovaciones y el regreso de la banda con nuevas chaquetas con lentejuelas, y una vuelta al principio de su historia con el hipnótico blues "Brown Sugar", donde Gibbons intercaló acordes con los cánticos del público. Le siguió el boogie sudoroso "Tube Snake Boogie" y rock and roll implacable de "Thunderbird", a pesar de los amagos falsos de abandonar el escenario. Un final que si que llegó con uno de los acordes más legendarios de la historia del rock. Hablamos de la inmortal "La Grange", que sonó atronadora y que se alargó entre desarrollos instrumentales, bromas y unas burbujas que cayeron en el escenario antes de despedir entre agradecimientos a un banda que nos ha dado muchísimo a lo largo de los años y que se resiste a desaparecer.
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)








.jpg)


