Yard Act: La utopía emocional


Sala Mon, Madrid. Martes, 9 de abril de 2024

Por: Skar P.D.

La sala Mon se llenó para ver el directo de la banda de Leeds que se acercaba por estos lares, después de algún que otro intento fallido, y esta vez con la excusa, bendita excusa, de presentarnos su segundo disco, "Where's My Utopia?", un trabajo donde los estribillos más aguerridos de su flamante debut, aquel "The Overload" que les presentó en sociedad, conviven con una apertura estilística que potencia la banda sonora, en formato más dance o más funk, si se quiere. Una apertura o potenciación rítmica que la producción de Remi Kabaka Jr., el de Gorillaz, ha sido capaz de trasladar a las pistas grabadas. ¿Y cómo resolvería Yard Act esa circunstancia en directo?

Para empezar, la banda ha incrementado su presencia visual en directo con la incorporación de un teclista, entre otras cosas por aquello de reproducir sonidos pregrabados, vientos o cuerdas, de esos tan sutiles que adornan los arreglos de las nuevas canciones y, sobre todo, con la presencia de dos coristas cuya labor escénica va mucho más allá del mero acompañamiento vocal, participando activamente en el desarrollo del show, incluyendo la anécdota de que alguien del público eligiera, girando una especie de rueda de la fortuna, la canción que debería sonar a continuación, y casualidad o no, entró en el setlist, siendo la "afortunada" la espectacular "Fixer Up" y ese ritmo tan brioso que los emparenta, a poco que se cierren los ojos, con las líneas de bajo de alguna que otra canción de Ian Dury & The Blockheads, 

Hasta ese momento el concierto, que comenzó con "An Illusion", había ido de menos a más superando, a medida que avanzaba, el efecto de compresión del sonido característico de la acústica de la sala Mon. Indicios palpables de esa superación ofrecieron los coros "acid house" de "Dead Horse", que ya aventuraban el acierto de la inclusión de las dos vocalistas de acompañamiento y que alcanzó su punto de no retorno con la canción que el azar, vía "Wheel Spin", y la mano inocente del asistente designó como participante en el set list.

A partir de ahí Yard Act se liberaron de unas hipotéticas ataduras o simplemente establecieron la comunicación emocionalmente y acústicamente necesaria,  proporcionando por momentos una segunda parte de concierto totalmente arrebatadora y aun así, y con todo, superando el nivel alcanzado tirando del hip hop, influencia evidente, de "Down By The Stream” que unieron con "Dream Job" para poner a todo el mundo a bailar a imagen y semejanza de lo que ocurría en el escenario. ¿Habéis oído hablar de esos momentos mágicos que ocurren en los conciertos en directo y que son irreproducibles en los discos? Pues este fue uno de esos momentos y de paso dieron todo el sentido al porqué de esa apertura estilística que supone el disco que venían a presentar. ¿Quién dice que las utopías no existen? El infeccioso estribillo de “Payday" parecía asegurarnos su existencia y de paso prepararnos para que "The Overload" y "A Vineyard for the North" cerraran, por el momento, el concierto, justo en el momento de máxima agitación emocional. Y se fueron, pero el bombo programado continúo sonando en los bpms adecuados para que la audiencia siguiera dando palmas y reclamando a gritos la vuelta de la banda al escenario.

Por supuesto que volvieron a salir, y evidentemente que las emociones y el sudor siguieron haciéndose patentes con la increíble "100% Endurance", que si enamoró en su día a Elton John no fue por casualidad; alcanzando su punto álgido de ebullición, las emociones y el sudor me refiero, con una versión acelerada y absolutamente desatada de "The Trench Coat Museum", y es que por momentos parecía que la fiesta, a la que se unió Murkage Dave que había oficiado de telonero en una breve y cercana actuación, se hacía desde los reductos más underground y exclusivos del infierno de lo tremendo que resultó ese, ahora sí, final de concierto. Los mismos reductos que en su día habitaron bandas como LCD Soundsystem, Gang Of Four o los mismísimos, por las chicas, B-52’s, que hay que ver lo que pueden dar de si las extensiones del postpunk primigenio.

Es muy posible que, a tenor de lo visto y oído, la próxima vez que Yard Act se den una vuelta por estas tierras habrá que verlos desde más lejos porque necesitarán de un recinto con mucha más capacidad, ya que al margen de la calidad intrínseca de sus dos discos, si hay algo que nunca falla es el boca a boca y las recomendaciones de todo aquel que asistió, asistimos, a un concierto de muchos quilates y que hemos tenido la suerte de ver a una banda que, por capacidad, canciones y transmisión, está en el momento de gracia necesario para dar el salto definitivo hacia adelante.

Judith Tick: “Ella Fitzgerald: La Cantante de Jazz que Transformó la Canción Norteamericana”


Por: Txema Mañeru 

Con la lista de biografías de clásicos de mediados del siglo pasado que han sido ya publicadas en Libros del Kultrum (Johnny Cash, Elvis Presley, B.B. King, Tete Montoliu, Frank Sinatra, Paul Simon, Keith Jarrett, Quincy Jones, Charles Mingus,…), podríamos decir que “sólo” faltaba el nombre de la gran Ella Fitzgerald, “The First Lady of Jazz”. Quizás la más grande cantante jazz de todos los tiempos, si pedimos permiso a Billie Holiday (que también pasó por Libros del Kultrum, por ejemplo) o, quizás, Sarah Vaughan

 Su muy versátil y portentosa voz es una de las más características e inolvidables de la historia de la música sin barreras estilísticas. Una voz que nunca murió ni morirá. Ella interpretó, como nadie, a Gershwin, Cole Porter, Duke Ellington, Kurt Weill & Brecht o Kern & Hammerstein II, superando en algunas de versiones al mismísimo Sinatra. Ya en el sello Verve grabó fantásticos discos con todos los mejores, Louis Armstrong, Duke Ellington, Stan Getz u Oscar Peterson

Prolífica en estudio y directo tenemos aquí su primera biografía en castellano, a cargo de la historiadora y musicóloga Judith Tick. Una minuciosa y trepidante reconstrucción de las andanzas de la artista y que celebra a una mujer prodigiosa e igualmente poderosa que estableció un estándar de excelencia sin parangón en el canto. Llegados a este punto es muy importante destacar la opinión el experto del Wall Street Journal, Eric Felten: “¿Quién era Ella Fitzgerald? ¿La joven cuya prístina vocecilla emergía en cursis canciones infantiles o acaso la poderosa voz de la más Gran Cantante Americana, de impecable dicción y entonación e infalible afinación? ¿O la incondicional apologeta del swing armonizando a lomos de un groove hechizante servido por Chick Webb o Louis Armstrong, cuando no por Duke Ellington, o la feroz bebopper y primera espada del scat negociando las cambiantes armonías de Dizzy Gillespie? ¿La encantadora de multitudes y serpientes cuyo magisterio se fue labrando, en sus inicios, a base de complacer a un público abominablemente racista… o acaso todo lo anterior y muchas otras cosas más? La cantante de jazz que, muy posiblemente, fuera la más grande ha sido también la más desconocida... hasta hoy”.  

También importante y destacada resulta la opinión de Rose Rankin que aparece en la sobrecubierta de la espléndida portada de tapas duras de este cuidado volumen con 560 páginas apasionantes. “’Ella Fitzgerald’ es el fruto de un trabajo de investigación sin parangón sobre la singladura profesional de la artista”. Yo añadiría que este libro, además de ser una excelente manera para conocer la realidad de la obra, de Ella, lo es también para conocer mejor la vida de la artista. La autora, Judith Tick, es profesora emérita de Historia de la música en la Universidad Northeastern. Ha publicado libros premiados y diversos artículos sobre la música estadounidense contemporánea y la historia de las mujeres en la música.

Aquí estamos frente a una, realmente, monumental biografía que nos ofrece una minuciosa y trepidante reconstrucción de las andanzas de la artista; vocalista que, durante más de medio siglo trabajó múltiples acentos del jazz vocal modernista con un repertorio asombrosamente diverso. Gracias a la recuperación de canciones perdidas, reseñas procedentes de medios afroamericanos y prensa local silenciada por los popes de la crítica racista hasta en la selección de sus fuentes, material de archivo en colecciones privadas y grabaciones que no han visto aún la luz del día, esta intrépida e infatigable historiadora revela cómo "Lady Ella" dejó su indeleble impronta en actuaciones tanto o más significativas que sus propios registros fonográficos en estudio. 

Una mujer entregada y devota a su público como indica el propio hijo de Ella en la buena introducción de la obra. Monumental obra que consta de 28 capítulos donde se recoge por igual las controversias en su disposición con el racismo como nos informa sobre sus graves problemas con la diabetes. Hay espacio para hombres fundamentales en su obra como Chick Webb o el gran Cole Porter. En las 16 páginas de fotografías en blanco y negro hay, junto a Ella, artistas tan grandes como Frank Sinatra, Michael Jackson, Paul McCartney, Joe Pass, Duke Ellington, John Hammond, Count Basie y, por supuesto, su esposo, Ray Brown o su pareja musical más habitual, el también eterno Louis Armstrong.  Te recomiendo completar esta fascinante lectura con la escucha de sus discos de estudio y algunas de sus más prodigiosas grabaciones en directo para alcanzar a comprender la grandeza de su voz y de su magistral aportación a la música en general.

Entrevista 15 Aniversario: Tali Carreto


“Las salas son el ecosistema ideal para que un artista tenga un crecimiento orgánico” .

Sobre Tali Carreto se pueden decir muchas cosas, pero ni una sola de ellas negativa. Compartir un rato junto a él es sinónimo de grata compañía, buena charla cultural y cercanía. Afable, sincero y cariñoso al extremo. Saber que él anda detrás de cualquier gestión o encargo, es tener la certeza que todo saldrá bien. A su vera, jugamos en casa. Y eso reconforta. 

En sus labores, ya sea al frente de La Mota Comunicación, donde desarrolla algunos de los mejores proyectos musicales del país o lleva la comunicación de pitotes tan gordos como el Canela Party, o como codirector de “Alhambra Monkey Week” y “Alhambra Monkey Weekend”, hay profesionalidad a raudales, anticipación y un cuidado buen gusto que marca diferencias con otros compañeros de profesión que siguen a años luz de su buen hacer. Pero sobre todo hay en él un calor humano que hace que cualquier de los que hemos tenido suerte de llegarle a conocer sintamos que en El Puerto de Santa María, sin ser conscientes de ello, la vida nos regaló un hermano carnal que apareció en nuestras para hacernos un poquito más felices. 

Es un honor y un privilegio que un tipo tan valiente, arriesgado y visionario como Tali se deje caer por nuestro quince aniversario. Sospechamos que lo sabe, porque de tonto no tiene un pelo, pero este romántico amante del cine y la música, este “rara avis” de nuestra industria, es el último descendiente, el guardián del linaje mítico de los reyes de Tartessos. Tanto arrojo, valentía y capacidad de acierto, no puede salir de ningún otro sitio. Para nosotros no existe la menor duda. 

¿Qué valoración general harías de la actual situación del “mundillo” musical? 

Tali: Menuda pregunta peliaguda para romper el hielo, amigo. Si te soy sincero, hay mucho donde cortar: la tan comentada últimamente saturación de lanzamientos y de festivales, la proliferación de pantallas de exposición que ha traído el auge de las plataformas, pero el escaso rédito económico que otorga a los artistas (sobre todo, a los emergentes), la cada vez más difusa línea entre lo indie y lo mainstream… ¿Seguimos? Creo que hay que fomentar más puntos de encuentro, de debate, de diálogo entre todas las partes implicadas en ese “mundillo”, como tú lo llamas, pero cada vez parece más un multiverso a lo Marvel. 

Siempre se ha hablado del directo como último refugio para mantener con vida a las bandas, ¿Crees que hay una red de salas y condiciones favorables a lo largo del Estado? 

Tali: Creo que precisamente las salas han sido de los elementos más perjudicados por y tras la pandemia. Y digo “tras” porque aún queda mucho por recorrer para contar con una red sólida de salas de conciertos en nuestro país. Sí que es cierto que hay asociaciones que luchan por ello, como ACCES, o programas como AIEnRUTa-Artistas y Girando Por Salas, pero aún así faltan más salas, y salas de diferentes formatos y aforos en algunas ciudades. Considero que las salas son el ecosistema ideal para que un artista tenga un crecimiento orgánico, y es por ello que debemos poner nuestro esfuerzo como profesionales en crear ese ecosistema de la mejor manera posible. 

¿Cuál es el papel que en ese sentido crees que juega la proliferación de festivales? 

Tali: Es cierto que hay muchos festivales, quizás demasiados, en estos momentos. Pero también parece que hay una mayor polarización: o festivales enormes, de un gran tamaño, equivalentes a los blockbusters en el cine para entendernos, o festivales boutique, mucho más pequeños o especializados, destinados a cubrir una experiencia concreta o a atender un nicho determinado. Creo que el término medio, esos festivales entre 5.000 y 10.000 asistentes, están abocados a la desaparición. Por muchos factores: el cada vez más elevado caché de los artistas principales y la lucha cada vez más encarnizada por contar con ellos, la aparición de nuevos públicos que buscan más el momento instagramer que el propio disfrute de la música… También creo que los festivales debieran ayudar al tejido de las salas, porque no todos los artistas pueden saltar de prácticamente su origen a subirse al escenario de un gran festival, algo que cada vez es más frecuente. Corremos el riesgo de crear hypes con demasiada frecuencia, de no acostumbrar ni al artista ni al público a ese crecimiento orgánico que antes mencionaba… y de que al final sean una decena de artistas los que siempre aparecen en los carteles, ¡y no todos los artistas pueden girar año tras año! 

Ahora que la venta de discos es irrisoria, las plataformas siguen robando a los creadores con porcentajes ínfimos por reproducción y en los festivales apenas se paga a los artistas más minoritarios, salvo honrosas excepciones. ¿Por dónde pasa la durabilidad de los proyectos y las carreras de larga duración? 

Tali: Me remito a mi respuesta anterior: los festivales deberían cuidar no solo a su público, también a los artistas. Y para ello no basta con ofrecer el mejor caché posible o las mejores condiciones al artista principal, destacado o, por mucho que odie ese adjetivo, de moda. Los festivales también deberían apoyar a los artistas emergentes, y no es cuestión de rellenar programación u horarios, sino de apostar por ellos al 100%. Afortunadamente, nos quedan festivales que apuestan por carteles diferentes y por programaciones nada estandarizadas, y también hay incluso macrofestivales, como Mad Cool, que desarrollan iniciativas como Mad Cool Talent y que promueven el talento y la creatividad emergente, nuevos nombres a los que seguir la pista. 

A la hora de disfrutar de la música como oyente, ¿prefieres acercarte a los clásicos con los que te hiciste melómano/a o bien prefieres escuchar propuestas novedosas? ¿Por qué? 

Tali: Evidentemente, y dada mi implicación en una feria / festival como Alhambra Monkey Week, soy más propenso a pegar la oreja a nuevas propuestas. Más me vale cuando nuestro leit motiv es ese “descubre hoy la música del mañana”. Aunque siempre hay tiempo de volver a un buen clásico, ojo. 

Todo oyente tiene algún secreto no confesable de bandas y/o músicos que le emocionan y que no suelen estar bien vistas, ¿Cuáles serían los tuyos y por qué?

Tali: Si te refieres a placeres culpables, podría enumerarte muchísimos. Me pierden muchos one hit wonders de los 80 pero también muchos ilustres olvidados. Y me gusta reivindicar a grandes creadores de canciones, se llamen Wham! o Pablo López. Hay canciones que, para sorpresa quizás de muchos que me conocen, me remueven mucho por dentro. Por ejemplo y sin ir más lejos, “Tenía tanto que darte”, de Nena Daconte, me parece un tema pop brutal, tan alegre… como triste. Cada vez que oigo esa canción la canturreo sin parar, pero me invade una tristeza increíble. Y al fin y al cabo, ese es el poder de la música o de una canción, ¿no? El despertar emociones. 

¿Cuál fue ese primer contacto con la música que te empujó a dedicarte a ella? 

Tali: Creo que empezar a grabar casetes cuando era un renacuajo. Siempre he sido muy de crear casetes personalizadas, muy a lo “Alta fidelidad”. Pero vamos, que levante la mano en la sala cualquier mayor de cuarenta años que no empezara así a interesarse por la música. (Risas)

Cita cinco nombres básicos en tu reproductor en los últimos meses. 

Tali: The Lemon Twigs, Cut Worms, Adiós Amores, Prison Affair (y por extensión, todo el nuevo punkeo tipo sprgrs, Tetas Frías, Sistema de Entretenimiento…) y Chet Baker, que siempre me da paz. 

¿Qué artistas malditos, minoritarios o relativamente novedosos nos recomendarías encarecidamente no perder de vista? 

Tali: Mi compi Jesús Guisado me descubrió hace poco a Yamasuki, un personaje ficticio con el que se marcaron un disco brutal allá por 1971 Jean Kluger y Daniel Vangarde, dos pioneros del sonido disco y el segundo, además, padre de Thomas Bangalter, mitad de Daft Punk. Una joyita de esas que vale la pena (y mucho) descubrir. Otro colega como Ignacio Buhigas me descubrió a El Boleco, que no paro de recomendar, un cantaor jovencísimo pero que canta como un viejo (con todos los respetos). Brutal. También por el último Monkey pasaron artistas más minoritarios pero que son una auténtica gozada, pienso en Nico Roig, Sanisidro… ¡podría estar horas recomendándote nombres! 

En tu caso te dedicas al sector de la promoción de artistas y festivales, organizas los “Alhambra Monkey Week” y “Weekend”, y ejerces de dj. ¿Cuál es el papel actual de la profesión dentro del panorama musical? ¿Cómo de complicado está el asunto? ¿Qué es lo que más disfrutas de la misma? 

Tali: También escribo en revistas (risas). ¡Así de intenso soy! Creo que al igual que te comentaba antes sobre los festivales, se tiende más y más a la especialización, a dedicar tu atención y trabajo a públicos y objetivos muy determinados. Complicado ha estado siempre. Pero los problemas siempre azuzan la creatividad, eso también lo creo. Y disfruto al 100% con cada una de mis tareas. ¿Qué más se puede pedir trabajando en lo que nos gusta? ¡Somos unos privilegiados! 

Has estado al frente de la edición de revistas, regentado garitos y hasta has posibilitado con tu don de gentes uniones increíble: Álvaro Suite y Bunbury se conocieron por ti, Rocío Márquez y Bronquio colaboraron en parte por tu culpa). ¿Con qué te quedas de estos años de experiencia como “liante profesional”? 

Tali: Bueno, eso de que Álvaro y Enrique se conocieran por mí es decir demasiado. Mi compi Jesús, al que citaba antes, y servidor, trabajábamos en un bar / sala de conciertos / antro que se llamaba El Hoyo (te puedes hacer una idea con ese nombre, (risas)) y un buen día Bunbury apareció por allí interesado en conocer a la gente que hacía la revista FREEk!... y al día siguiente, o ese finde, tocaban allí la banda de Álvaro, Suite, y si no me equivoco, así se conocieron, o intimaron, y Enrique acabó enrolando a Álvaro en su banda. Rocío y Santi, por otro lado, se conocieron en una presentación del Monkey, a la que Rocío venía para hablar sobre su concierto previsto en esa edición y Santi hacía un breve showcase para animar el evento… y acabaron haciendo buenas migas. Pero no es solo cosa mía, es también “culpa” de mis compañeros, de un trabajo conjunto y de crear un ambiente propicio para este tipo de encuentros. Recuerdo que un Laboratorio de Creación que hicimos también en un Monkey en colaboración con SGAE, se conocieron Tulsa y Alberto & García, y acabaron colaborando juntos, o que en una charla del Monkey Pro coincidieron Esteban Girón, un hermano para mí, y Niño de Elche, y fue la semillita de Exquirla, el proyecto conjunto del segundo con Toundra… y hay tropecientas historias más así. Nos encanta reliar, en el buen sentido de la palabra, y no hay nada más satisfactorio, créeme, que ver que de relíos así salen cosas tan bonitas y maravillosas. 

¿Cuál es el primer recuerdo que tienes de nuestra revista digital? 

Tali: Recuerdo ponerte por fin cara (risas). Y darse uno cuenta que no había fallado en sus predicciones: detrás de aquel magazine virtual con mucho criterio y no menos trabajo había una gran persona. 

¿Qué valoración haces de nuestra evolución como web asentada dentro de la oferta de prensa musical, nacional y gratuita? ¿Qué es lo que más te gusta de El Giradiscos? ¿Y lo que más te irrita? 

Tali: Me gusta mucho que, a pesar de nacer como un webzine con querencia por el rock, vuestra amplitud de miras ha hecho que se haya ampliado vuestro radar… sin perder un ápice de esencia. También me encantan algunas de vuestras firmas. Y cómo reaccionan los artistas a muchas de vuestras reseñas y entrevistas. Ahí estaba hace poco Dani Llamas, emocionadísimo con la reseña que le dedicó Guillermo García Domingo a “Sangre”, su último disco, y que él mismo considera no solo la mejor que han escrito sobre ese álbum sino en toda su carrera. Dice mucho y bien del cuidado y la profesionalidad que dedican vuestros redactores al material que tienen entre manos. 

Espacio libre para una felicitación, crítica o lo que venga en gana… 

Tali: Os merecéis otras quince velas, amigo. ¡Que no pare de girar ese disco vuestro!

“Algo que sirva como luz”, el otro legado de Supersubmarina


Por: Javier González. 

Mucho se ha hablado de Supersubmarina durante estos días, la publicación del libro que recoge su historia, “Algo que Sirva como Luz”, escrito por el periodista Fernando Navarro, y de “La Maqueta”, donde han remasterizado los temas primigenios que en su día hicieron llegar a la discográfica Sony, ha demostrado que el nombre de la banda de Baeza sigue estando intacto en el imaginario colectivo de una generación que vivió el ascenso y la tragedia que les aconteció casi como si de algo propio se tratase. 

Aunque realmente de Supersubmarina se ha hablado mucho siempre, al menos desde que muchos tuvimos constancia de su existencia. Fue allá por el año 2008, cuando gracias a la gran labor promocional que llevó a cabo Octubre, la independiente que les dio cobijo dentro de Sony, nos enteramos de su capacidad para facturar un pop-rock fresco, dotado de gancho, que unido a una personalidad cercana, desenfada y alejada de los tópicos asociadas a las estrellas del género de la que hacían virtud en las distancias cortas, hizo que tanto prensa especializada, radios comerciales y oyentes en general, giráramos la atención ante lo que proponían aquellos cuatro chavales de Baeza. Cuatro amigos, que al ser entrevistados te hacían pensar que estabas tratando con conocidos de toda la vida, pues la franqueza de aquellas sonrisas tan atrayentes como reales desarmaban sin remisión, más si cabe al ser comparadas con las poses y frialdad que predominaban en muchos aspirantes a estrellas de cartón piedra del momento, donde las ínfulas de grandeza eran inversamente proporcionales al talento que atesoraban. 

Su ascenso fue meteórico, parecían no tener techo, cada paso era más firme que el anterior, el público les amaba y nadie atisbaba perdida de presión en su intensidad, hasta aquel fatídico día donde todo saltó por los aires. De pronto la nada. Hasta hoy, hasta esta semana. Donde el universo Supersubmarina, aquel que nunca se fue, ha vuelto ante nosotros para contarnos su historia, desde la noche de los tiempos hasta el presente, pasando por aquel amanecer truncado donde todo quedó varado en un pitido que dejó sus amplificadores en estado de standby. 

El camino hasta aquí ha sido duro. Muchas tentativas, muchos noes. Silencio, soledad y dolor. Ilusiones cercenadas por la realidad. Fantasmas. Culpabilidad carcomiendo el alma. Preguntas sin respuesta. Cabezas que echan humo. Un “queremos intentarlo”. Horas y horas de charla. Cientos de entrevistas. Trabajo y más trabajo. Viajes a Baeza y más viajes. Y el resultado final. Un relato emocionante y vital. Una enseñanza de vida, dolor y lucha. Un relato de AMISTAD.

Mucho se podría contar de este libro que nos muestra la infancia de José, Pope, Jaime y Juanca. Del nacimiento de su amistad y el surgimiento de la banda. Los sueños que lograron convertir en realidad. El camino del éxito. El viento fresco rozando la cara mientras surcaban la más dulce de las olas. El golpe, el maldito golpe. Y el posterior tránsito por el purgatorio. Los sudores fríos, las noches de pesadilla y las ideas suicidas. Las preguntas sin respuesta. El triunfo de la vida. El valor de la camaradería. Y el presente, aquel que casi les deniegan, como forma de afrontar un futuro que nadie sabe qué puede deparar. Algo que poco importa, pues la victoria es este aquí y ahora. 

Conviene loar la labor de Fernando Navarro, no solo por la buena prosa que aporta a lo largo de toda la duración de “Algo que Sirva como Luz”, sino por su preciso equilibrio. Hay dolor, belleza y empatía, sabiamente repartidas. Prepárense queridos lectores, el nudo en la garganta y la lágrima en la mejilla asomarán varias veces en cada capítulo. Dejarán de leer, para mirar al techo y coger aire en más de una ocasión. Lo necesitarán. Y conviene también decir lo siguiente, no hallarán ni un mísero amago de amarillismo. Ni una pregunta fuera de lugar. Respeto máximo. El que merecen, se ganaron y se siguen ganando en el duro día a día los chicos.

Es reconfortante volver a verles juntos, departiendo y sonriendo, era lo mismo que hacían en las rondas de promoción: ser ellos mismos, cuatro hermanos, humildes y trabajadores de un pequeño y precioso pueblo, dotados de un talento maravilloso. Ahí están, más mayores, doloridos, superando las trabas que la vida les ha puesto, sin renunciar a ser ellos ni en el éxito ni en la tragedia. Esa es la gran enseñanza de Supersubmarina. Su otro legado.

Entrevista: Xarim Aresté


"El arte es el idioma del alma".

Por: Kepa Arbizu.

Si en al ámbito estrictamente musical el rock -asumiendo que su significado hace mención a la pegada y rudeza- necesita del roll -entendida como la flexibilidad y la ductilidad- para confabularse en una precisa ecuación, dicha máxima no sólo la aplica al entorno instrumental el catalán Xarim Aresté, sino que su expresión lírica asume esa doble actitud, haciendo que sus canciones funcionen a la perfección como artefactos melódicos para al mismo tiempo contener todo un subtexto espiritual y trascendente.

Unas características que en su nuevo disco, "Un idioma nou", adoptan eje esencial a la hora de exportar un catálogo de canciones exentas de cualquier cercado estilístico, recorriendo de forma libre por escenarios donde hay presencia de pop, rock, blues, soul y mucho jazz, siendo este género el que parece ejercer de idioma vehicular a lo largo de unas composiciones que con sutilidad se cuelan en nuestra propia identidad para interrogarnos sobre nuestras forma de vida y comunicación. 

Hablar con Xarim Aresté significa hacerlo, más allá de con un excelente guitarrista y compositor, con una voz que busca la paz interior entre ese constante ajetreo que nos impone una sociedad que ni nos deja escuchar la música con la calma necesaria ni mucho menos sentirla con la profundidad que se merece. Por eso, siempre es un deber, casi moral, ponernos frente a cada una de sus nuevas referencias.

Para muchas personas dedicados al mundo creativo la pandemia ha cambiado la percepción de su labor.  Teniendo en cuenta que tu música es especialmente espiritual y ligada a la naturaleza, ¿has sentido que todo aquella época ha dejado huella en tu manera de formular estas canciones? 

Xarim Aresté:  Estar apartado de los escenarios durante tanto tiempo despertó en mí un respeto renacido respecto a la idea de proyectar vibraciones en público. Nunca antes había sido tan consciente de lo que en realidad significa eso. Y desde ese punto de vista cambió mi manera de entender la escritura. Me di cuenta de que no era momento de reaccionar si no de accionar. Y también, de repente, me vi apenas sin repertorio. 

Además, hace poco tiempo abandonaste Barcelona para trasladarte a un enclave más apartado, como Flix, que además es tu lugar de origen ¿de qué manera ha influido ese cambio de paisaje en tu música? 

Xarim Aresté: La verdad es que no sabría decirlo exactamente... Creo que, de algún modo, hacer música implica desligarse del espacio y del tiempo para transformarlo en otra cosa. Al fin y al cabo la música es un paisaje interno. Y en esa unión uno deja atrás quien cree ser e incluso dónde cree estar. Siento que lo que más afecta a mi música son los músicos con los que esté tocando, definitivamente. Allí sí que hay un diálogo diferencial. 

Musical y anímicamente es un álbum muy variado, ¿hay ciertos sentimientos que te incitan a ser plasmados a través de un determinado tipo de forma musical o no hay una correlación directa?

Xarim Aresté: Los juegos en ese sentido son definitivos. Una canción de amor se puede fácilmente convertir en una canción de muerte dependiendo de por dónde esté transitando el oyente. Pero en este disco he utilizado texturas cercanas -supongo que- al jazz para los toques más humorísticos y delirantes. Aunque también podría decir lo mismo de los temas más oscuros. De lo que sí me doy cuenta es que la poesía sirve para decir la verdad, una cosa que es imposible. Ahí está la proeza del arte. 

Has grabado el disco prácticamente en directo y sin llevar las canciones demasiado panificadas, incluso ocultando su naturaleza a tus músicos hasta el momento mismo de ser grabadas. Supongo que para llevar a cabo ese ejercicio se necesita mucha confianza en la banda que te acompaña...

Xarim Aresté: Estos músicos son unos auténticos samuráis. Lo mío con ellos, más que confianza, es veneración. El hecho de no darnos tiempo para construir, ni tan solo proyectar, nada de antemano, hace que nuestra cabeza en seguida se salga de la ecuación. Porque la tensión que surge respecto a ese abismo, hace que pase a ser el instinto el que rija la respuesta. Y ese es un principio de libertad precisamente porque en ese momento no existe el autojuicio. 

El resultado final, al poneros juntos a llevar adelante las canciones, ¿ha llegado a terrenos que no te esperabas o ibas decidido a dejarte sorprender sin ninguna idea previa? 

Xarim Aresté: Más que ideas previas, había sospechas… Me curé en salud y grabamos algunas canciones más de las necesarias porque no estaba seguro de si funcionarían un número  suficientes de ellas. Y así fue, de hecho. “Les regnes”, por ejemplo, la grabamos primero a sexteto, pero luego sentí que nos había quedado a un paso demasiado rápido, y tomé la decisión de regrabarla yo solo con la guitarra acústica en el último momento.  

¿Alguno de esos caminos inesperados que han alcanzado las canciones te ha llevado a lugares sonoros a los que te ha costado adaptarte y conseguir llevarlos a buen puerto? 

Xarim Aresté: En el estudio, por muy claras que tengas las cosas, nunca se sabe qué va a pasar. La que pensabas que sería tu canción favorita acaba saliendo del disco; aquella que menos importancia le diste en un primer momento se acaba convirtiendo en la insignia del disco… Siempre es una bofetada tras de otra, en ese sentido. Pero en verdad no tuvimos mayores complicaciones. Las canciones de este disco son todas muy asequibles. En dos o tres tomas lo teníamos listo.

Teniendo en cuenta la importancia que tienen tus textos en las canciones, ¿has mantenido esa formula, más basada en la espontaneidad y casi improvisación?

Xarim Aresté: En las letras hay dos fases: primero vomitas y después friegas. Vomitar es fácil. Las arcadas son movimientos involuntarios, por lo general. Fregar ya es más jodido. Para mi, en verdad, es lo mismo en cuanto que se trata de establecer una conexión en primer término. Tiras la caña y con paciencia, el mar te provee. Antes, todo eso pescado me lo comía en crudo y no siempre fue digestible. Pero con el tiempo estoy aprendiendo a diferenciar y a usar el horno. 

Buena parte de los músicos que te acompañan se mueven en el ámbito del jazz, cosa que queda muy patente en temas como “La cosa más simple” o “Nassos de paper”, ¿contar con ese tipo de instrumentistas te lleva a pensar las canciones en relación a sus cualdiades?

Xarim Aresté: Siempre necesité que las canciones tuvieran la suficiente apertura como para poder ser interpretadas desde diferentes ángulos. Ya sea tanto en lo lírico y en lo musical. La música está para liberarnos, al fin y al cabo. Aunque no siempre lo consigo. Tengo canciones que me gustan pero que no puedo tocar en directo porque no he sabido romper el corsé que puse en ellas. Pero si, cuando nos cruzamos con el jazz, los chicos están como pez en el agua. 

“Lo galatxo” es un tema instrumental que suena a blues ubicado en suelo africano. Dicho género, el blues, siempre ha parecido una de las columnas vertebrales de tu música, ¿incluso en un álbum tan variado como éste ha estado muy presente en tu forma de componer? 

Xarim Aresté: Me tendría que esforzar mucho para sacudirme todo el blues de encima. Son demasiadas horas ahí dentro metido. Durante un tiempo lo estuve evitando todo lo que pude. Pero poco a poco me voy desacomplejando. Le tengo mucho respeto al blues como para mirarlo directo a los ojos. Pero claro, es mi escuela. Se me escapa y no me doy ni cuenta. 

Incluso hay momentos como “Diamants” que su cadencia parece acercarse a la música popular o al folklore más cercano a nuestras fronteras, ¿parte de esa variedad existente en el disco consiste también en desligarse algo de esa “dictadura” anglosajona del rock and roll? 

Xarim Aresté: Siento que parto del rock pero que no me dirijo hacia el rock. Creo que hace ya tiempo que no lo hago. Tengo otros proyectos en los que puedo alejarme aun más de esta “dictadura” a la que te refieres. Pero esta banda está enfocada al directo. Y en el directo si me gusta usar esa energía del rock and roll. Sigo creyendo que el sonido de una buena guitarra eléctrica en la cara, puede ser una experiencia religiosa. 

Hay ritmos, como en “Des d'aquí veig ca teu” que juegan con un sonido cabaretero, a lo Kinks o Randy Newman, que acompaña a una narrativa irónica o tragicómica, ¿en ocasiones el humor es el mejor vehículo para llegar a lugares que de otra manera sería más complicado?

Xarim Aresté: Dicen que reír implica por necesidad haber entendido algo antes. No lo sé... para mi hacer música es algo muy divertido. Sería raro que esa sensación no se viera manifestado en ningún momento. A veces me da por llorar, otras por gritar de rabia y otras por reír. Pero supongo que todo sale de la misma fuente. La gracia es un arte exquisito, sea como sea. 

Tu nuevo disco habla de un “nuevo idioma” que más parece la reconstrucción del lenguaje universal entre humanos cada vez más codificado por la tecnología, ¿Necesitamos reaprender a comunicarnos? 

Xarim Aresté: No sabemos mucho sobre la comunicación entre humanos porque no se trata ésta de una experiencia esotérica. A nuestra ciencia no le interesa lo que pasa dentro, en esa dimensión, porque ahí no llega el sistema lógico. El mundo interno, es translógico, simbólico. Es por eso que el arte me parece una herramienta definitiva, porque construye puentes entre el mundo interno y el externo. El arte es el idioma del alma. 

León Felipe escribió que “el miedo del hombre...ha inventado todos los cuentos”. Algo parecido se desprende de tu tema “La barca”, donde pareces señalar a esa necesidad de olvidar las mentiras que nos contamos a nosotros mismos de cara a intentar llegar a ser lo que verdaderamente queremos..

Xarim Aresté: Creo que no se puede uno anclar al presente si no es desde una cierta perplejidad. La vida es más grande que cualquier definición de la propia vida. Es como que la casa entera no puede caber dentro de la cajita del armario del recibidor. El barquero de mi canción es libre, porque justamente se ha liberado de sus propias conclusiones y definiciones. En la música esto se ve muy claro. O estás dentro de la canción o estás fuera. Y eso es muy frecuente también en la vida. A menudo tenemos más prisa que ella. O vamos tarde. Pero el compás es el compás y si escuchas bien, lo oyes. 

En esa reconstrucción o cambio al que se hace mención en muchos momentos del disco no excluyes el dolor, ¿elegir ser dueño de nuestro destino, en la medida de lo posible, inevitablemente conlleva espacios de sufrimiento? 

Xarim Aresté: El dolor es inevitable en esta vida. Como la belleza. El sufrimiento sí que se puede evitar. Porque sufrir significa no dar movimiento a una emoción. Y una emoción es justo eso, lo dice la palabra misma, es algo que se mueve y que nos mueve. Pero a veces hay emociones a las que no les sabemos dar salida. Y ahí es donde empieza el sufrimiento. En esta vida venimos a pasar por todos los colores, por todas las notas, todas las formas y todas las octavas. Y sí. Hay que romper cosas para crear cosas. Una buena manera de expandir el espacio de cualquier habitación, es quitándole cosas de dentro. 

El disco está cantado íntegramente en catalán. A los músicos siempre se os pregunta por esa disyuntiva entre castellano e inglés, pero, ¿tienes las sensación de que utilizar otras lenguas sigue delimitando la repercusión o el interés del público? 

Xarim Aresté: No creo. Si así fuera, mi música suscitaría el interés de los catalanes. Y no es el caso… De hecho siento que muchos catalanes se acercan a mi música pesar de que canto en catalán.  

También escribes poesía, pintas.. ¿Sientes que cada disciplina tiene su propio código o lenguaje o todos comparten el mismo? 

Xarim Aresté: Veo un solo lenguaje, sí. Una sola dialéctica entre luz y oscuridad. Brillo y contraste. Raíces y ramas. Al final es el idioma de la poesía. Porque para conseguir que cualquier cosa sea arte, solo hace falta meterle algo de poesía. Fíjate en Gaudí. La diferencia entre un edificio de Gaudí y cualquier otro, es solo eso. La poesía. 

Tu música busca, y encuentra, una reflexión humanista y espiritual, ¿En ocasiones te es difícil sentirte integrado actualmente en un negocio como el de la música donde tantas veces es visto como un mero ocio intrascendente? 

Xarim Aresté: El negocio de la alimentación va desde el payés de mi pueblo hasta The Coca-Cola Company. Me siento integrado en mi corro de la patata. Y la verdad es que no estoy haciendo nada para salir de él. Tampoco voy a luchar contra ningún relámpago. Esto lo hago porque me nace hacerlo. El fracaso sería no hacerlo. Una vez hecho, es un triunfo lo mire por donde lo mire. Porque es difícil crear cosas, de hecho la mayoría de las veces es imposible. Así que no espero otro fruto más que poder seguir haciéndolo. Hay gente que se mete en la música para comprarse una casa o abrir un restaurante. Me parece perfecto. Yo nunca le pedí nada a la música. Al contrario. Siento que le debo.

Discografía completa de Nirvana, en el 30 aniversario de la muerte de Kurt Cobain


Por: Àlex Guimerà.

El 8 de abril de 1994 el cuerpo de Kurt Donald Cobain fue hallado sin vida en un habitación del garaje de su casa que tenía junto al Lago Washington al lado de una carta de despedida. Al parecer, tres días antes, el músico habría finalizado con su vida pegándose un tiro con una escopeta. Si bien posteriormente se fue especulando mucho sobre las causas y los motivos de su muerte, lo único cierto es que uno de los grandes músicos de su generación nos había dejado a los 27 años, engordando el maldito club de los rockeros que perecieron a esa edad (Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Brian Jones o Robert Johnson).

Líder indiscutible de su banda Nirvana, Kurt Cobain abanderó el nacimiento de un sub-género del rock al que los periodistas llamaron Grunge, y sobre todo rompió con todas las barreras entre las bandas independientes y las comerciales, en unos Estados Unidos que afrontaron una de las décadas más emocionantes y creativas de la música reciente.

Criado en la lluviosa Seattle, su sonido vino influenciado por el indie americano de los ochenta con bandas como Pixies, Sonic Youth, Dinosaur Jr., R.E.M. (Kurt y Michael Stipe acabaron siendo grandes amigos), pero también Iggy Pop, Sex Pistols o Led Zeppelin.

Además Kurt ideó una estética y forma de vestir "mugrienta" (esa es la traducción de grunge) que buscaba huir de los lujos y de las modas artificiales de los ochenta. Junto a ello dejó escritas unas letras de unas canciones con las que supo plasmar como nunca las inquietudes y angustia juvenil, la tristeza y el desazón vital, y por encima de todo las dificultades para encajar en la sociedad. Algo que conectó con la juventud de esa época, en especial tras la publicación de su disco "Nevermind" y la canción "Smells Like Teen Spirit", que erigieron al instante a Kurt en icono y cabeza visible del nuevo movimiento musical "grunge" cuya repercusión alcanzó todo el planeta.

A partir de entonces muchos jóvenes vistieron con jerséis de lana viejos y camisas de cuadros, adoptaron peinados desaliñados, se enorgullecieron de ser los "freaks" de sus institutos, se atrevieron a agarrar una guitarra y a cantar sobre sus penas o a hacer dibujos raros y exhibirlos con orgullo.

Las grandes discográficas, viendo el éxito de Nirvana se comenzaron a fijar en las bandas alternativas y en las músicas no tan convencionales y aparentemente menos comerciales, por lo que el grunge fue considerado por los jóvenes de principios de los 90 lo más moderno y cool del momento y bandas como los Pearl Jam, Soundgarden o Alice In Chains eran consideradas lo más. Aunque de algún modo todo ello finalizó en abril de 1994, dejando un poso artístico y una actitud para la posteridad.

Como hechos relevantes hay que señalar que Kurt fue uno de los primeros defensores del feminismo, ya que según él, el negocio del rock y de las bandas era prominentemente masculino, y animaba a las chicas a formar sus propias bandas y a expresarse. También nombró a los escoceses Teenage Fanclub como a la mejor banda del mundo y rompió convenciones disfrazándose y gastando bromas en sus apariciones públicas.

Afortunadamente tenemos el legado de sus discos y de una carrera artística que no sabemos cómo se habría desarrollado ya que en su aparición en los directos de la MTV nos mostró una nueva y sorprendente cara musical de la que a buen seguro habríamos disfrutado mucho. Por ello, es momento para hacer un repaso de la discografía esencial de Nirvana, que si bien es breve (sólo 3 discos de estudio), merece todos nuestro reconocimiento.

BLEACH (1989)

Antes de alcanzar el reconocimiento mundial con "Nevermind" y de que David Grohl sustituyera a Chad Channing a la batería, Nirvana debutaba con este álbum llamado "lejía" de texturas mucho más pesadas que su continuación y en el que el tono punk resultaba evidente, aunque según el bajista Krist Novoselic también había influencias de The Smithereens.

Tras firmar con la joven discográfica local Sub Pop, al parecer el encargo inicial era hacer un EP pero acabaron grabando un larga duración que en principio iba a llamarse "Too Many Humans" pero que Cobain acabó por llamarlo ·Bleach", tras ver por la calle un anuncio anti-SIDA que invitaba a que los adictos a la heroína desinfectaran las agujas con lejía antes de inyectarse. En el interior once pastillas guitarreras, con potentes ritmos y desgarradores gritos al final de las estrofas.

Entre todas destacaba "About A Girl" el que fue el primer gran hit del combo, compuesta por Kurt tras escuchar a los Beatles y mediante la cual buscaba los aromas pop de sus admirados R.E.M. Sin duda alguna la pieza que avanzaba el futuro de la banda.

NEVERMIND (1991)

Uno de los discos más icónicos de los noventa lleva una portada en la que aparece un bebé persiguiendo un dólar dentro de una piscina mostrando su pene (lo que alarmó mucho a los más puritanos). Con él Kurt se quiso desmarcar de las bandas de su escena local de Seattle buscando agregar nuevos elementos al sonido de la banda, con pinceladas pop y sobre todo con la mirada puesta hacia las estructuras de los Pixies. Junto a ello, la forma de tocar de Grohl y la producción de Butch Vig -también productor de Smashing Pumpkins, Sonic Youth y futuro batería de Garbage - acabaron de definir un disco que suponía su debut en una gran discográfica, DGC Records (de David Geffen), para lo cual se fueron a Los Angeles a grabar.

El resultado es un compendio de exitazos grunge como "In Bloom", "Lithum", la balada "Something In The Way", la desesperada "Stay Away" o "Polly", que fue un descarte del anterior álbum. Pero sobre todo destacaba "Come As You Are", con su monumental línea de bajo y melodía redonda, y "Smells Like Teen Spirit", que vino acompañado de un videoclip de bajo presupuesto para la MTV en el que se veía la banda tocando en un gimnasio de instituto ante el desmadre y bizarrismo de los estudiantes. Este tema fue el primer single del álbum y tuvo una repercusión fuera de todas previsiones, llegando a ser odiada finalmente por el propio Kurt que acabó negándose a tocar en sus conciertos.

INCESTICIDE (1992)

Tras el mazazo que supuso "Nevermind", la discográfica quiso aprovechar el tirón comercial por lo que a finales de 1992 publicó este disco recopilatorio de EPs, caras B de los singles y descartes. Así, nos encontramos con canciones como el single de 1990 "Silver"(y su cara B "Dive") inédito en los álbumes de estudio, o versiones de los escoceses The Vasellines ("Molly's Lips" y "Son Of A Gun") y Devo ("Turnaround"), pertenecientes al EP "Hormoaning" de principios de ese año. También versiones alternativas de sus temas como "Polly" o "Been A Son", que son quizás los dos mejores temas del disco o al menos los más reconocibles. Un fabuloso disco que nos permitió en su día completar la trayectoria de esa nueva banda que nos había dejado flipado.

 

IN UTERO (1993)

El enorme éxito de "Nevermind", que llegó a desbancar en las listas de ventas de los EEUU al mismísimo Michael Jackson, obligó a los de Seattle afrontar un tercer disco de estudio con las exigencias de fans y críticos por las nubes. Para ello acudieron a Steve Albini, productor del "Surfer Rosa" de los Pixies, uno de los discos favoritos y referentes de Cobain, de quién buscaban que obtuviera un sonido encrudecido de las nuevas canciones y se desmarcara de todo lo anterior.

Grabado en apenas dos semanas en un estudio aislado por la nieve en Minnessota, las nuevas piezas llevaban unas letras de nuevo oscuras y emocionales para las que Kurt se inspiró en los abortos padecidos por su esposa Courtney Love y por el nacimiento de su primogénita y única hija, Frances Bean. Del álbum destacaba también la inquietante portada que mostraba una modelo de anatomía femenina con unas alas. En el interior, de nuevo, piezas poderosas grunge como "Heart-Shaped Box" cuyo sonido miraba hacia la música de Courtney y cuyo significado ha traído distintas especulaciones que van desde a la declaración de amor de Kurt hacia la propia Courtney, al canto a la tristeza por los bebés que ambos perdieron o al homenaje a los niños con cáncer. Otros cortes memorables son la salvaje "Rape Me" o la inquietante a la vez que melódica "All Apologies".

MTV UNPLUGGED IN NEW YORK (1994)

En noviembre de 1993, pocos meses antes de su muerte, Kurt Cobain hizo su última aparición televisiva tocando y cantando en directo de una manera que le desconocíamos y demostrando que era un talento musical inigualable. Su manera de cantar era un grito desesperado de socorro que sólo tras su pérdida fue comprendido por todos, un adiós en formato acústico y tras la luz de las velas, que tuvo su elepé póstumo que arrasó en las listas de éxitos. Contando con sus escuderos Dave Grohl (percusiones) y Kirst Novocelic (bajo, guitarra y acordeón, ojo al dato), con el cuarto Nirvana Pat Smear a la guitarra, las participaciones de Lori Godson al violoncelo y de los hermanos Chris y Curt Kirkwood de los Meat Puppets, de quienes tocaron hasta tres temas. Mención aparte merece la impresionante versión de "The Man Who Sold The World" de Bowie con la guitarra de Cobain echando lágrimas, que ha quedado para la posteridad. El repertorio lo completaron otra versión de la banda indie The Vaselines "Jesus Wants Me for a Sunbeam" y éxitos propios como "About A Girl" y "Come As You Are, una reciente "All Apologies" y otras menos conocidas de la banda como "Penyroyal Tea", "On A Plain" o "Polly".

FROM THE MUDDY BANKS OF THE WISHKAH (1996)

El segundo disco en directo publicado por la banda es en realidad un recopilatorio de grandes éxitos de sus directos. Si bien, tras el fallecimiento de Kurt Cobain y la disolución de Nirvana, los dos supervivientes, Krist Novoselic y Dave Grohl querían lanzar un doble álbum en directo, con uno de los discos llevando interpretaciones eléctricas y el otro desenchufado. Finalmente ello no fue así y acabó publicándose con el éxito que conocemos el "MTV Unplugged",retrasándose el otro álbum electrificado. Finalmente se publicaba este "From The Muddy Banks Of The Wishkah" con canciones rescatadas de distintos conciertos tanto en Europa como en EEUU de todo su periodo entre 1989 hasta 1994, las cuales fueron seleccionadas por el propio Kirst Novoselic. Un gran testigo de la fuerza de la naturaleza que eran en vivo Kurt y los suyos.

LIVE AT READING (2009)

El tercer álbum en directo de la banda de Kurt Cobain no fue publicado hasta bien entrado el nuevo milenio y en él se recoge la grabación del concierto que dieron el 30 de agosto de 1992 en plena época de efervescencia en el Festival de Reading (UK). Grabado por la BBC y con ediciones piratas circulando por las redes, finalmente se remasterizó para comercializar este testimonio impagable.

Hasta 25 temas interpretados a toda pastilla con esa energía imbatible que tenía Nirvana en el escenario y que cuenta con la edición en video del testimonio. Un concierto que arrancó con las dudas de la presencia en el festival de de Seattle y con Kurt finalmente apareciendo con una peluca y en silla de ruedas, finalizando con todo tipo de destrozos y caos encima de las tablas ante un público que quedó atónito por el show que acababan de presenciar y por las canciones desconocidas que acababan de escuchar las cuales serían éxitos unas semanas después.

Entrevista: Sarria


“Estas canciones hablan desde una perspectiva optimista y positiva, pero son crudas y realistas” 

Por: Javier González. 
Fotografías: Jorge Parejo.

“El Mundo es Cruel” (pero creo en Él) es el segundo trabajo en la discografía del malagueño Nacho Sarria, en el mismo firma un puñado de grandes composiciones donde, sin abandonar sus habituales credenciales que fijan la mirada en el rock de los sesenta y setenta, amplia la paleta sonora que hasta ahora reconocíamos en él, acercándose a sonoridades inusitadas en su haber como el funk y la música disco, para regalarnos un álbum notable, capaz de ir calando poco a poco a medida que uno percibe la cantidades de pequeños detalles que encierra.

Relajado, sabedor que tiene una mano ganadora en su poder, contactamos con Nacho Sarria para conocer los detalles de un trabajo cocinado a fuego lento, en el que el solista ha vuelto a poner en el corazón en los textos y con el que pretende seguir haciendo crecer uno de los proyectos más ilusionantes de los últimos años en lo que a rock estatal se refiere. 

Hace tres años vio la luz “Sarria” tu debut como solista. ¿Qué valoración haces de aquel primer trabajo con la perspectiva que da el tiempo? 

Nacho: Fue un trabajo que puso unos cimientos sólidos al proyecto, creo que ha sido un disco que ha llegado a sitios donde no les correspondía hacerlo en algunos sentidos. Tengo la sensación que la gente se lo ha pasado mucho y dentro del alcance que ha tenido, ha sido un disco bastante sonado que ha hecho posible que se materialice el siguiente. Necesitaba dicha base, me dio credibilidad para seguir adelante. 

Las presentaciones de aquel álbum comenzaron en tiempos post-covid, en pases con restricciones, donde lograste encontrar una banda que se ha convertido en una familia. ¿Qué importancia tiene este hecho para asentar el proyecto? 

Nacho: La banda que llevo es fundamental para que el proyecto sea Sarria, aunque sea algo solitario, con ellos ha nacido una amistad y una química musical potente. Somos una familia. Ponen cariño y corazón que es un ingrediente fundamental en el proyecto. Es algo muy difícil de encontrar, se necesita gente que apueste y crea en tus canciones. He tenido la suerte que han creído en mí, me han ofrecido su talento para que los conciertos de la banda se conviertan en algo bastante especial.

A raíz de la presentación en el “Alhambra Monkey Week” de 2021, comenzaron a llamarte desde distintas oficinas de management, concretando finalmente tu fichaje por Esmerarte industrias creativas. ¿Por qué te decantaste por su oferta? 

Nacho:
Aquel concierto fue gracias a Tali Carreto, al que mando un beso antes de responder la pregunta. Apostó por el proyecto, me guardó un hueco en su festival que probablemente no me correspondía. Me hizo un regalo para intentar echarme un cable que gracias a Dios salió bien. Antes del concierto, el cual afrontamos con mucha valentía, estábamos nerviosos, sentíamos, sobre todo yo, una enorme presión. Sabía que podía tocar delante mucha gente que podía darme una oportunidad. Un rato antes de salir al escenario nos dimos un abrazo y se fueron los nervios. Hasta la fecha es uno de los mejores conciertos que hemos dado. Creo que supimos utilizar los nervios y la adrenalina para hacer una interpretación muy sentida de lo que estábamos haciendo. Me he decantado por Esmerarte porque es la única oficina con que he hablado que tenía los pies en la tierra, sin venderme la moto ni prometer nada imposible, ni regalarme la oreja. Creo que son el equipo correcto para cuidar y mimar este proyecto, han entendido quién soy, qué quiero hacer, qué tipo de músico soy y me han dado la oportunidad de serlo. Era mi mayor preocupación a la hora de trabajar con alguien, que me respetaran y apostasen por lo que había construido con el primer disco. De momento, todo son cosas buenas, me han echado un cable para hacer este disco con unos medios que no hubiera podido hacer sin ellos y me han permitido hacerlo con unas condiciones de equipo para mezclar y masterizar muy concretas. Se nota que lo hacen porque creen en esto y han puesto su corazón en ello.

“Me vine a mi tierra, encontré a la banda que hoy en día me acompaña y la tranquilidad y la paz interior que necesitaba” 

Te mudaste a Madrid, donde muchos músicos suben a probar fortuna, sin embargo, volviste a tu ciudad. ¿Cuál fue el motivo concreto de esta decisión? 

Nacho: Málaga afecta para bien al proyecto, tanto en los aspectos económicos como en los no económicos. Tomé la decisión antes de editar el primer disco, me fui a Madrid para intentar encontrar un equipo que quisiera editar el álbum y buscar una banda que pudiera defenderlo en directo. Intenté ir a buscarme la vida, a probar suerte, pero al llegar encontré unos alquileres imposibles de pagar para mí. Vi que todo era muy caro y no encontré a gente que quisiera poner el corazón al proyecto que había que poner. A las dos semanas de llegar vi que no iba a ser factible, aguanté tres meses y una semana, cosa así. Sentí que mi sitio estaba en mi casa, en Málaga, pensé que una retirada era mejor que quedarme en Madrid para ponerme a currar poniendo copas los fines de semana. Me vine a mi tierra, encontré a la banda que hoy en día me acompaña y la tranquilidad y la paz interior que necesitaba.

¿Cómo lidia un artista con tres años de un futuro económico y profesional incierto? 

Nacho: Pues… acojonado (risas). A mí se me ha hecho difícil que haya tenido que pasar tanto tiempo entre la edición de un trabajo y otro, sentía que la inercia generada con el primer trabajo y el Ep posterior, “Canto Breve”, se había empezado a perder. El proyecto estaba en un momento para seguir lanzando música y trabajar. También es verdad que después del primer disco y el EP, me quedé un poco seco de ideas, agotado porque el proceso de grabación fue largo. Me hubiera gustado tener este disco tal cual suena hoy terminado antes, la realidad es que lo acabé en abril del año pasado. Tuve que tener mucha paciencia, trabajo y capacidad para hacer muchas maquetas. Tenía claro que este disco debía ser redondo para mí, no quería apresurarme a publicar nada. También el hecho de empezar a trabajar con un sello y compañía lleva un tiempo que te hace ser paciente, hay que dar tiempo a que todo se asiente y coja cuerpo. Ha sido una espera larga que ha permitido estar sacando este trabajo con un apoyo que necesitaba. 

Finalmente, diez canciones dan vida a “El Mundo es Cruel” (Pero creo en Él), un título bastante positivo, sobre todo viendo como están las cosas. ¿Querías dejar claro el mensaje optimista desde el mismo título? 

Nacho: El título viene de la canción que cierra el disco, para mí resumía muy bien el espíritu del trabajo completo. Son composiciones que hablan desde una perspectiva optimista y positiva, pero son crudas y realistas, me parecía que era una frase bonita, capaz de contradecirse a sí misma en el mejor de los sentidos. Me pareció el mensaje adecuado para envolver a las diez canciones. 

¿Eres consciente que has grabado un disco nada condescendiente que requerirá de esfuerzo por parte del oyente? 

Nacho: Ha sido algo inconsciente, he hecho el álbum que ha salido. Intento no pensar en eso para no encorsetarme, me corta el rollo y la diversión a la hora de grabar. Hemos dado muchas vueltas al tracklist, la elección de singles no ha sido para nada sencilla. Nos hemos tomado mucho tiempo, le hemos dado vueltas para intentar hilar el disco y que la escucha sea lo más coherente posible, partiendo de la premisa que es un disco “medusa” con sonidos y temas distintos. La idea era hacer un disco libre, un poco “Frankenstein”, en que cupiesen canciones y estilos que consideramos eran buenas para el resultado final. No es un álbum ligero en la primera escucha, con músicas complejas y muros de sonidos, creo que las letras hacen contrapeso porque son letras llanas que ayudan a las texturas tan ricas que tienen el disco. 

Hay dos cuestiones que me parecen lo más interesante del disco, de un lado, la ampliación de sonoridades que arrastras sin abandonar tu habitual rock sesentero y setentero. ¿A qué se ha debido esta evolución? 

Nacho: A lo que he estado escuchando a lo largo de estos dos años. Hay texturas nuevas en canciones como “Mi Amor no se Vende” y “Flor”, me ha dado por la música de baile y disco. Me enganché a Parcels. También tuve un flechazo con el bolero durante una época. El álbum ha recogido las texturas de lo que he escuchado en mis cascos durante este tiempo. Está impregnado de paletas de colores y canciones de otros que me han emocionado. Creo que es un disco honesto con las canciones y grupos que he estado escuchando, como ocurrió con el primero. Es una imagen o fotografía de lo que suena en casa mientras trabajo en los discos. 

“Me estimula ponerme nuevos retos” 

Hablaremos entonces de libertad en términos absolutos. 

Nacho: Sí, ha sido un disco muy libre. Me apetecía hacerlo así. Era importante en este segundo trabajo hacer un álbum no continuista con el primero, hay elementos comunes, pero quería abrir nuevos caminos. Quería sentar el precedente porque es la manera que más me estimula a la hora de componer, ponerme nuevos retos. Me parecía guay que el segundo fuera colorista. Quitarme las espinas de investigación musical sin dejar nada que me guste de lado. 

Abres con “El Cálido Paso del Tiempo”, una canción que sirve de enlace con tu debut. ¿Lo ves así? 

Nacho: Creo que “Di lo que Piensas” enlaza aún más con el primer disco, es la más psicodélica y tiene un pie en el sonido que es similar. “El Cálido Paso del Tiempo”, como canción podría haber estado en el trabajo anterior, pero tiene una producción y un arreglo distinto. Me gusta que la fórmula que utilizo, la manera de hacer canciones, dando igual si es reggae o psicodelia, suene a mí. Hay canciones más hermanadas con el pasado, pero creo que la mayoría de ellas están mirando al futuro. Aún así, no creo que sea un trabajo alejado del otro, sigue estando la misma esencia, aunque me parecía importante salirme de la oscuridad y la niebla que tiene el primero, haciendo algo más colorista, con un pie en lo ya hecho, pero novedoso. 

“Mala Racha” es puro Beatles… ¿Es la canción más personal de toda la colección? 

Nacho: Es complicado elegir cuál es la más personal, son todas muy personales. Quizás sea la más coloquial, directa, como si estuviera hablando con alguien que conozco en la barra de un bar. Es la más sencilla del disco. Le debe mucho en sónica a The Beatles, también en la manera de hilar la letra, con esos elementos coloquiales a la hora de abordarla. 

Se ha dado la vuelta casi por completo a “Flor”, un corte que ya tocasteis en directo en los primeros pases en salas como Siroco. ¿A qué se debe esta vuelta de tuerca? 

Nacho: Sí, hemos cerrado todos los conciertos de la primera gira con “Flor”. Es una canción que nació justo antes o después de “A tu Vera”, la tenía compuesta desde el principio y la hemos tocado mucho tiempo. La hacíamos en una versión más rock, pero ahora la he llevado a la idea original de la primera maqueta. Era una cosa con más sintetizadores y con parte electrónica, por encima de guitarras y el concepto rock. La enganchábamos para despedirnos en directo con la coda del “Simpathy for the Devil” de los Stones. 

Hay un acercamiento al David Bowie de “Low” y a Carlos Alomar. ¿Cómo surge un bombazo “Mi Amor no se Vende” (se regala)? 

Nacho: La canción sale en un período frustrante de composición en que no me salía nada que molase de verdad. Mandaba maquetas al sello y no acababan de ver que el disco estuviera verdaderamente terminado para empezar a grabar. Se convirtió en algo frustrante, hice la canción un poco de coña para quitarme peso de encima. Una especie de apología a la imperfección, un canto a que las cosas no tengan que ser perfectas para ser bonitas. Surgió como respuesta a la frustración que tenían en ese momento. Nunca pensé que fuera a ser parte del álbum. Cuando era maqueta pensé que sería una canción graciosa, sin más. Ha acabado siendo single porque nos gustó el resultado final de la grabación. En cuanto al tema del vídeo, teníamos ideas claras para todos los del álbum, pero no para este. Un día desayunando con gente del sello me preguntaron cómo lo imaginaba. Les dije que pensaba en París, se lo propuse, les pareció buena idea y allí que nos fuimos cuatro días a grabarlo. Fue una experiencia muy guay, coger un avión e ir a París para grabar un vídeo. 

¿Dónde pasaste más tiempo en Père-Lachaise, Montmartre o en el Barrio Latino? 

Nacho: En Père-Lachaise, me gustó mucho. Le tiré un cigarro a Jim Morrison, pero más allá de eso, que me hacía ilusión, sentí que era un sitio con una atmósfera muy especial. De no haber tenido que grabar hubiera estado allí un día entero.

“Rosas Negras” es un acercamiento al folclore latino casi, José Alfredo Jiménez de “El Jinete” y Led Zeppelin “Babe I´m gonna leave You”. 

Nacho: Me parece una buena síntesis de la canción. Quería hacer mi propia interpretación del bolero y de la música folclórica latina. Fue un tema que me llevó bastante tiempo terminar, no es un tipo de canción que tenga soltura haciendo. Tuve que grabar muchas maquetas, prueba y error, hasta dar con la tecla y con mi sonoridad con el bolero. Ha quedado oscura y emotiva. Se le ha dado la pátina de sufrimiento que tienen los Zeppelin de “Babe I´m gonna leave You” como bien dices. 

“Química Inestable” es otro de los bombazos del disco. 

Nacho: Es una canción que me gusta mucho porque es uno de los temas más distintos a la hora de- componer y trabajar. Surgió hace años, cuando volví a estudiar a la universidad, donde me pedía hacer la música de los cortos a grabar. Me encargaron hacer la de un corto llamado “Un día Extraño”, ahí nació la idea inicial de la canción desarrollada más tarde. Quería hacer un tema de baile para que la gente se moviese y que nosotros en el escenario tuviéramos repertorio para soltarnos. 

Te despides con la dulce y acústica “El Mundo es Cruel” (Pero creo en él¨). 

Nacho: Para mí es la canción más especial, desde el momento en que salió sentí una conexión muy fuerte. Tengo ganas de tocarla en directo, todavía no ha podido ser, pero creo que se va a ser un momento potente. Es una canción que sé que me va a emocionar mucho. 

¿Qué planes de gira tienes ya cerrados? 

Nacho: Tenemos una serie de conciertos anunciados que son mayormente festivales. En abril estaremos presentando disco en Madrid, en la sala El Sol, también estaremos en Málaga en mayo, tenemos el PortAmérica, Río Verbena, el 101 con Vetusta Morla. Después haremos una gira de salas en otoño, donde presentaremos el álbum en ciudades donde no se ha podido ir con banda hasta la fecha. Me hace ilusión abrir nuevos caminos en una gira batallera. En los conciertos la gente va a ver a una banda que se quiere mucho y que lo pasa bien tocando, conectada. Un show de rock difícil de encontrar en nuestro panorama. Ojalá quien venga lo disfrute y conecte con las canciones. 

Vamos a jugar a hacer historia ficción. ¿Qué deseo te gustaría ver cumplido de aquí a un año? 

Nacho: Uf. De aquí a ese período tengo más o menos el calendario cerrado, así que mis deseos se han cumplido ya. Me encantaría ir a Estados Unidos para grabar un disco con Jonhatan Wilson, su sonido y las cosas que hace son parte de mis referencias favoritas. Sería algo que me haría mucha ilusión, aunque no sé si dentro de un año será posible. Me gustaría tener una gira completa que nos permita tocar el disco, llevar las canciones a la mayor gente posible. Siempre ha sido la espina del proyecto, los conciertos siempre han sido muy estratégicos donde sabía que podía permitirme el esfuerzo de llevar a la banda y que saliera bien. Me apetece la tranquilidad de ir respaldado por una oficina y poder tocar las canciones más a menudo y para un público más amplio. Si dentro de un tiempo la banda se está moviendo, el sueño estará cumplido. Arrancamos en Madrid en la Sala El Sol, será una noche muy especial, tras tres años componiendo el disco. Va a ser un concierto sin sorpresas, pero tampoco las vamos a necesitar.

Liam Gallagher & John Squire: "Liam Gallagher & John Squire"


Por: Javier Capapé.

Escucho este disco una mañana de final de invierno en 2024, pero podría ser perfectamente 1994. Lo imagino y todo encaja. Liam Gallagher siempre confesó su devoción por los Stone Roses (de hecho ha defendido hasta la saciedad que verles en directo le impulsó a formar un grupo y dedicarse al rock), por lo que esta unión con su guitarrista bien podría ser el grupo que un día soñó. Juntos han conseguido devolvernos el espíritu de los noventa. Literalmente. El renacer de la herencia Beatles representada en el Britpop junto a los guitarrazos más Stones que aportaba la adorada formación de John Squire, antecesora de todo el movimiento de revival del rock clásico de mediados de los noventa en Gran Bretaña. El pequeño de los Gallagher es aquí el que aporta el aire más cercano a los cuatro de Liverpool mientras Squire consigue con su virtuosismo a las seis cuerdas emparentarse con el sonido más stoniano. 

El disco homónimo se nos presenta accesible, muy fácil de escuchar para nostálgicos de aquella época en la que The Stone Roses estaban en boca de todos o esa otra en la que Oasis conquistaron el Olimpo con sus dos primeras obras. ¡Cuánto le debemos a Manchester los amantes del rock! En los mandos Greg Kurstin, habitual de los últimos discos de Gallagher, que se ocupa también aquí de los bajos, y en la batería Joey Waronker, para completar el cuarteto junto a nuestros dos protagonistas. Liam juega bien sus cartas para intentar estar a la altura de su hermano mayor, aunque para esto tenga que acercarse a la leyenda de Squire, que por su parte también saca tajada de esta asociación, ya que desde el final de los Roses apenas había tenido relevancia más allá de su intento de redención con The Seahorses

Pensábamos que era difícil superar las sensaciones que nos había dejado ese "Council Skies" de Noel del pasado verano, o incluso de aquel "C'mon You Know" con el que Liam tocó techo en 2022, pero este álbum confirma el buen estado de forma de Liam, que consigue exprimir al máximo su asociación con el bueno de Squire, porque no nos engañemos, este disco le hace mostrar más la cara a Gallagher que a Squire, es más un proyecto del vocalista de Oasis que otra cosa, pero un proyecto que crece y con el que quizá consiga escalar un peldaño más frente a su hermano y eterno rival. 

Desde el comienzo con "Raise your hands" afloran todas sus maneras. Liam impone su carácter vocal y John destaca con un portentoso solo de guitarra acercando la canción a un himno con ese piano bien marcado. En el single "Mars to Liverpool" constatamos como la voz de Liam no ha envejecido ni un ápice. Los fraseos de guitarra en el estribillo son puro Beatles y podemos afirmar sin equivocarnos que no hubiera desentonado nada en aquel "Definitely maybe" que justamente este año cumple los treinta, algo que constata que no es necesario salirse del camino cuando se tiene muy claro el objetivo. Innovar no es lo que busca este tándem mancuniano, simplemente dejarse llevar por lo que mejor saben hacer, como ocurre con ese riff acústico que tanto se asemeja al "Paint it black" en "One day at a time". 

Una de las que más se agradecen en el lote, por salirse levemente del guión, es el blues corrosivo de "I'm a wheel", con Squire dejándose la piel para dar el contrapunto a Gallagher. Su estribillo es luminoso y algo más pop, pero no se pierde el aroma a los Stones en ningún momento. "Just another rainbow" es más progresiva y psicodélica. Los bajos se marcan con contundencia, pero destaca por encima de todo ese infinito solo de Squire, que es puro goce existencial. El espíritu del tema casa a la perfección como híbrido entre las dos bandas de sus protagonistas, lo más cerca que estaremos de esta sensación en el disco, ya que en las demás canciones son sus referencias de siempre las que se persiguen, más allá de sonar a sus propias bandas. 

Con la cumbre de "Just another rainbow" se cierra una primera cara de forma espectacular, pero lo que viene a continuación tampoco baja el nivel, en una "Love you forever" más pesada y con más pegada, con unas guitarras muy Hendrix y un final desgarrador. Como contrapunto, la breve y ligera "Make it up as you go along", que desemboca en ese piano boogie de "You're not the only one" que nos sube la moral. Un rock clásico que sustituye los estribillos por fantásticos pasajes instrumentales, mientras las estrofas van de menos a más con la gran personalidad de Liam. 

"I'm so bored" nos lleva a medio camino entre "Rubber Soul" y "Revolver", una de esas canciones que entran a la primera, aunque esto sea casi una constante en todo el disco, terminando con "Mother nature's song", un cierre entre la psicodelia y la épica hippie, más Stone Roses en este caso, con un Liam más contenido en un medio tiempo que transmite serenidad y nos deja con muy buen sabor de boca para terminar el viaje, con ganas de más. 

¿Podrá ser éste el principio de una asociación fructífera más allá de un único disco como divertimento? ¿Conseguirá Liam hacer sombra definitivamente a su hermano gracias a la mano derecha de Squire? ¿Llamará la atención también de un Ian Brown al que poco ha parecido importarle lo que en este tiempo ha hecho su compañero de los mitificados Stones Roses? Todas estas preguntas quedarán seguramente sin resolver hasta ver el siguiente paso de cualquiera de los implicados en este proyecto, incluidos sus directamente allegados. Mientras tanto no pongamos pegas a un disco muy por encima de la media, de notable alto, y dejemos que sus dos protagonistas sigan haciendo historia con la gira en la que se han enrolado para presentarlo. Que su estética pop se imponga (tal y como se deja a las claras desde su portada), que brille su arcoiris y que el Britpop tome las riendas y nos vuelva a seducir, porque discos como éste no se escuchan todos los días.