Minibús Intergalàctic: "Hemos tenido muy claro dónde queríamos estar y dónde no"


Por: Àlex Guimerà.

Fotografías: Antoni Jover.

Una de las joyas musicales escondidas de Cataluña viene de la ciudad de Girona. Aunque después de que el presidente Pedro Sánchez los haya recomendado en un reciente video, quizás lo dejen de estar. La banda en cuestión se trata de un joven y talentoso quinteto capaces de afrontar texturas psicodélicas de los sesenta pero también de atacar el sonido Madchester. Una delicia de formación de la que ya hablamos en nuestro apartado de Ilustres Principiantes, y que acaban de estrenar su segundo larga duración “Moviment Oscil·lant Polinòmic y=1/x". Hablamos con Ivette Roig (bajo) y Edu Lazo (batería) sobre su historia, su música y su visión del panorama musical. 

La primera pregunta es para los lectores que no os conozcan. ¿Podéis presentaros y decir quiénes sois Minibús Intergalàctic? ¿Contestas tú, Edu? Si quieres, adelante. 

Edu: A ver, Minibús Intergalàctic es un grupo que nace a finales de 2020, principios de 2021, que es cuando empezamos a ensayar. Nuestro primer disco fue de rock psicodélico, sesentero y así. Y bueno, hemos ido dando varios conciertos, hemos ido cogiendo rodaje. Y ahora, en este segundo disco, hay como un giro hacia algo más rockero, más "ochentero", del que ya hablaremos. Y bueno, no sé muy bien qué más decir sobre Minibús. Somos un grupo de amigos, al final.

Una cosa bastante particular es que todos, excepto Ica (porque la pandilla se estropeó después), éramos compañeros de facultad, todos de Historia. Y nada, eso; empezamos, creo que quedamos alguna vez justo antes de la pandemia, luego lo retomamos después de la parte más dura y empezamos a tocar en directo en 2021. Pero es eso, un grupo de amigos que se juntaba muchas veces en mi piso con una batería eléctrica que tenía yo.

Y entre cuatro historias empezamos a tocar hasta que luego empezamos a ir a la Marfà, y entre la Marfà, Ona (nuestra mánager) y demás, tuvimos el impulso para llegar hasta donde hemos llegado ahora. 

A mí me sorprende que aparezcáis dentro del panorama de la música actual catalana, donde dominan sobre todo las sonoridades más urbanas y lo que yo llamo "pachanga": toda esa fusión de mestizaje, rumba, etcétera. A mí personalmente, porque me gusta mucho vuestro estilo, me parecéis un verdadero milagro y, sobre todo, demostráis mucha valentía. ¿Consideráis vuestra propuesta musical como algo arriesgado dentro de este panorama? 

Edu: Claro, a ver... ¡Ay, perdón! Ivet, ¿quieres contestar tú? 

Ivet: No, di tú. O sea... ¡Ay! Don't lie (no mientas), que es complicado. Di, di. 

Edu: No, pues que... a ver... Hombre, yo consideraría que fuese arriesgada si estuviéramos pretendiendo vender algo, por decirlo de alguna manera. Desde que empezamos teníamos muy claro que lo que queríamos era juntarnos, pasárnoslo bien y hacer la música que nos gusta. Al final nos hemos dedicado a hacer la música que nos gusta y a copiar a gente que para nosotros son auténticos ídolos y que han hecho cosas espectaculares. Así que arriesgarnos no, porque estábamos haciendo lo que nos gustaba.

Obviamente puede ser una rara avis, pero nunca hemos sentido que nos arriesgáramos, porque hemos ido tirando y todo ha salido de manera muy orgánica y fluida, sin tener que buscar nada o pensar qué es arriesgado o qué no. 

Ivet: Claro, o sea, también cuando hablamos de si es arriesgado o no, hay que ver qué queremos y qué no. Es decir, si nos quisiéramos dedicar a ello profesionalmente, como decía Edu, entonces sí sería arriesgado, pero no es el objetivo.

Por ejemplo, el otro día dimos ese concierto en el Upload, donde tocábamos con Enyor, con Reïna, con el POPPCC, con Garrafa Nadal también... con varios grupos. Yo estaba allí y pensaba: "es que yo tengo un grupo para hacer esto". Ese era el objetivo exactamente. Hemos conseguido el motivo por el cual creamos la banda. No pretendíamos ni ganar dinero ni ir más allá de eso, precisamente. 

Para tocar vuestras canciones —y lo digo sin ser músico, aunque escucho mucha música clásica y contemporánea, sobre todo rock— se requieren grandes conocimientos instrumentales, musicales, dotes vocales y mucho trabajo. ¿Qué formación musical tenéis para llegar al punto de asumir este tipo de canciones? 

Ivet: Formación, ninguno de nosotros tiene, en realidad. Es decir, más allá de las clases que algunos dieron de pequeños o adolescentes, pero formación musical propiamente dicha, no. Como decíamos, somos cuatro historiadores y un psiquiatra, no nos dedicamos a esto profesionalmente. Todo lo que sabemos es por lo que hemos ido aprendiendo.

Yo llevo yendo a clases de bajo desde hace un par de años, más o menos. Y a nivel vocal, Ica y Santi sí que habían dado algunas clases también, pero al final es práctica. 

Edu: Sí, en general todos en un momento u otro habían dado clases. Yo, por ejemplo, di clases de los 16 a los 20 años, y luego me tiré como 10 años prácticamente sin tocar ni ir a clase. No tocaba hasta que empezamos en Minibús y fue un tema de dedicación.

De hecho, hay una anécdota de la grabación de este disco con uno de los tres productores, Youth (Martin Glover). Fuimos a grabar a Granada con él y es un tipo que... bueno, mil historias que ya contaremos luego, pero básicamente nos resumió en una frase: "They don't play well, but they try a lot and they are a gang" (No tocan bien, pero se esfuerzan mucho y son una banda/pandilla). En plan: lo hacíamos muy mal, nos pedía cosas y obviamente no salían, pero nos esforzábamos para dar la talla. 

Hay ganas, sí. Y sobre todo... bueno, no os he visto nunca en directo, pero me pregunto cómo lográis trasladar esa compleja producción y el trabajo de estudio —que creo que son canciones muy difíciles de configurar— a los directos. 

Ivet: Sí, efectivamente. Cuando grabamos, pusimos mil guitarras, mil capas de todo tipo de instrumentos, de los más extraños que te puedas imaginar. Y sí, se ha tenido que... no sé si decir simplificar, porque evidentemente somos cinco tocando y son cinco instrumentos (o siete u ocho si contamos los aparatos que usa Ica). Hemos tenido que recortar, reducir, ir probando cómo suena e intentar adaptarlo como podemos. 

Edu: Sí, es un tema de priorizar. Decidir qué tiene que estar "sí o sí" y qué no es tan necesario. Como decía Ivet, hay mil líneas de guitarra, pero Santi solo podrá hacer una y Aram otra. Primero hay que asumir que lo que hay en el disco no se podrá trasladar tal cual al directo. Y no solo eso, sino que lo que pretendes transmitir en un disco a nivel de energía no acaba siendo lo mismo que en directo. Una canción, por muy intensa que sea en el disco, te dará una sensación diferente en vivo por la propia energía, más allá de los arreglos. Incluso la emoción que transmites puede evocar una cosa u otra según el contexto. 

Vuestro sonido, al menos del primer EP y el primer disco, bebe mucho de la psicodelia de los 60, pero también de bandas británicas de los 90. ¿Cuáles son vuestros referentes siendo tan jóvenes? ¿Cómo habéis llegado a ellos? 

Edu: Es difícil de decir, porque venimos de trasfondos diferentes. Es verdad que el primer disco era más de referencias, de coger ese rock y psicodelia de los 60 e intentar trasladarlo a un sonido más actual. Ahora, en este disco, aunque también sea referencial, lo hemos abordado desde un punto de vista más personal.

Pero resumirlo en una lista es complicado. Podríamos hablar de los Beatles, los primeros Rolling (que inspiraron los inicios), The Verve, folk-psicodelia... y pasar a Jesus and Mary Chain, Slowdive, obviamente Primal Scream y toda esa serie de grupos más oscuros de los 80-90 y de la neopsicodelia (como Brian Jonestown Massacre). Pero a la vez, muchos tenemos un trasfondo punk: a Ivet le gusta mucho el punk, a Aram el hardcore, a mí la música progresiva... hay un mezcla ahí. Al final es más la idea de qué queremos que sea lo que estamos preparando. 

Muy interesante, eso os da muchas posibilidades para evolucionar. Además, vuestras canciones tienen letras muy trabajadas, ingeniosas y con un toque de humor muy fino. ¿Tenéis influencias literarias o cómo surgen estas letras? 

Ivet: Los que escriben las letras son Santi e Ica, que son los dos cantantes. Creo que hay de las dos cosas: influencias literarias e influencias de la música que escuchan. 

Edu: Referentes literarios quizá no tanto, pero sí es verdad que el carácter de Santi define mucho su forma de escribir. Al escribir es muy "preciosista", piensa mucho y da muchas vueltas a las letras, las hace realmente cohesionadas. Ica, por otro lado, también las hace muy buenas pero son más descarnadas. En este disco se verá más, porque hablamos de temas grandes a partir de cosas particulares. Al ser más personal, se nota más el estilo de cada uno. 

¿Y cuando componéis qué sale primero, la letra o la música? 

Ivet: Hay de todo un poco. A veces uno de ellos (Ica, Santi o Aram) trae un riff o una idea general. A veces tienen la letra y se pone sobre lo que el otro ha compuesto. A partir de ahí, en el local de ensayo acabamos de crear el tema entre todos. 

Edu: Sí, a veces tienen letras acumuladas y surge una idea musical donde encajan. Pero generalmente nace de un núcleo musical o de una grabación "cutre" hecha en casa. 

Acabáis de publicar vuestro segundo LP, Moviment oscil·lant polinòmic i igual a 1/X, una fórmula matemática. Ya conocíamos el single, L’agrador sallissó de la vall del Mas d’Haurat. ¿Qué podéis contarnos del disco? Ya nos avanzasteis que tiene una sonoridad más ochentera. 

Edu: Sí, es lo que comentábamos. Mientras que en el primero tiramos por algo más referencial, en este hemos intentado que el disco hablara más de nosotros. Las letras son más crudas; nos ha quedado un disco un poco más triste, aunque tiene sus partes alegres.

Vimos que el hilo conductor era esa dualidad: los dos puntos de equilibrio en los que se balancea la vida. La vida es muy bonita pero muy complicada, o tiene momentos muy tristes. Para conceptualizarlo llegamos a esa fórmula y a toda la abstracción gráfica del disco. Es como intentar imaginar cómo un robot o un extraterrestre intentaría captar y calcular la experiencia humana. 

Ivet: La fórmula (y = 1/x) representa lo inversamente proporcional: cuando x va hacia el infinito, y tiende a cero, y viceversa. Pero también muestra los grises: cuando x es 1, y también es 1, por lo tanto se encuentran. Son polos opuestos que conviven. Es la idea de que la vida es bonita pero triste a la vez. 

El single de adelanto me recuerda a Primal Scream e incluso a The Charlatans. ¿Estáis de acuerdo con ese estilo? 

Ivet: Sí, Primal Scream es uno de los referentes. Forman parte de ese gran abanico de grupos que nos molan. Con el single pasó algo curioso: iba a ser una canción folky. Ica la trajo como una idea de folk, pero no funcionaba de ninguna manera. De repente, Ica hizo ese riff con el órgano, yo empecé con un ritmo muy roto de breaks y de pronto parecía un tema de soul que estaba quedando genial. Al final decidimos ir hacia algo más bailable y en Granada le pusimos la guinda. 

En 2024 publicasteis Meditacions dels Miratges Mercúrics, en el 25 el EP Música Humana Thalassa y ahora en el 26 un nuevo disco. Un disco por año. ¿Tenéis urgencia por demostrar quiénes sois? 

Ivet: No es una cuestión de prisa. Lo del EP fue porque ganamos una beca y nos salía gratis, así que aprovechamos. De hecho, reformulamos temas que ya teníamos. 

Edu: Sí, no es por prisa, sino por ganas. El otro día hablábamos de que mientras los discos son producciones con inversión de tiempo y productores externos, la serie de Música Humana (que queremos seguir haciendo) es algo más autoproducido, por puro gusto, para jugar en casa y ser más libres. No tenemos presión discográfica, aunque nos autoimponemos cierta presión porque si no, seguramente no haríamos nada. 

Tenéis anunciados cuatro conciertos esta primavera en Girona, Lleida, Tarragona y Reus. ¿Pensáis tocar fuera de Cataluña? Vuestro estilo podría interesar mucho en Europa. 

Ivet: Se está trabajando en ello. Ahora mismo no hay fechas cerradas, pero van saliendo cosas. Tendremos varios conciertos durante el verano y la intención es salir fuera. 

¿Creéis que cantar en catalán puede limitar vuestra carrera fuera o, por el contrario, es un elemento distintivo? Por ejemplo, la banda Manel tiene su público en Madrid. 

Edu: Cantamos en catalán porque es nuestro idioma, nuestra lengua materna y como nos expresamos en el día a día. No lo vemos ni como algo bueno ni como algo malo para la carrera, es simplemente una característica más de la banda. 

¿Cómo veis el panorama musical actual? ¿Os lo ponen fácil? 

Ivet: Si nos dedicáramos a esto profesionalmente, sería una faena. Vivir de esto es imposible. Pero como no es así, lo hemos tenido bastante fácil en el sentido de que hemos ido ganando becas y ayudas institucionales que nos han permitido crecer, grabar en Granada y costear cosas que no habríamos podido pagar nosotros. 

Edu: Hemos tenido muy claro dónde queríamos estar y dónde no. En los sitios donde queríamos estar siempre nos han acogido con los brazos abiertos: desde el Ateneo hasta fiestas mayores populares. Además, formamos parte de una escena que está creciendo con grupos como Enyor, Joia, Reina, Remei de Ca la Fresca... Para mí el objetivo no es ganar dinero, es compartir espacio con toda esta gente. 

Hace un par de semanas hubo el PsychFest en Barcelona. Vuestra propuesta encajaría perfectamente allí. 

Edu: ¡Tocamos en el PsychFest hace un par de años! 

¡Ah! No lo sabía. Pues entonces deberíais repetir. Muchísimas gracias por vuestro tiempo y felicidades por el disco. Nos ha encantado conoceros y poder charlar un poco. Yo le digo a mis amigos que escuchen vuestra música porque van a alucinar, que es lo que me pasó a mí al descubriros. 

Ivet y Edu: ¡Muchísimas gracias! Perfecto, gracias a vosotros y mucha suerte.

Fabián D. Cuesta: "Estar fuera"


Por: Javier Capapé. 

Oímos cantar a los pájaros y sabemos que vuelve a flotar en el aire la música del leonés. Fabián D. Cuesta ha estado mucho tiempo fuera, quizá por eso el título de su reciente colección de canciones sea “Estar fuera”. Dar valor a la retirada antes de la quema. Pero siete años han sido demasiados para los que amamos su música y su cálida voz. Hubo un amago de disco con colaboraciones que finalmente no se materializó más allá de los sucesivos singles que presentó junto a Iván Ferreiro, Andrés Suárez o Marwán. Ese “#explicarlospájaros” se quedó en eso, en un hashtag que nos hubiera encantado que llegase a materializarse en forma de disco físico (algo tal vez demasiado vintage para los nuevos hábitos de consumo) y a llevar a Fabián a otras cotas. Pero no fue así. En lugar de eso hubo tiempo para buscar su espacio y renacer, pero sin olvidarse de esos pájaros que han revoloteado siempre por su mente, que han dado sentido a sus canciones y emociones. De ahí quizá que la canción que abre este lote lleve por título “¿Por qué tantos pájaros, Fabián?”, planteando desde el primer momento un cara a cara con su público, una conversación cercana materializada en forma de canciones. Precisamente esta primera es perfecta como apertura porque condensa el espíritu lírico que suponemos ha acompañado a Fabián durante este tiempo. Un tema que entra lentamente. Suave, pero a la vez etéreo, y finalmente casi épico. Los teclados de fondo lo sostienen hasta que en el estribillo entra la batería, brillan las guitarras y crece el pop, aunque lo verdaderamente valiente reside en las confesiones de su letra. ¿Es esto lo que vive el propio músico leonés? ¿“Un sueño dentro de un sueño”? Más que un sueño parece ese “hilo invisible del arte” que tanto exige, pero muchas veces poco ofrece. Aunque la confesión va más allá, cuando hace referencia a esa posición desde la que lo contempla su autor: “Todo lo he visto con los ojos de un pájaro errante”. Fabián hace una enumeración de todo lo vivido, quizá desde lejos o como espectador, pero estando presente, como ese ave imbatible que tan bien le define.

El resto del disco se mueve más cómodamente entre las coordenadas que habitualmente le definen. Brillos pop con guitarras cristalinas, arreglos sutiles de eléctrica y pianos delicados, todo bajo su sedosa voz, que, definitivamente, es su instrumento más poderoso, el que habita sus canciones y las convierte en algo único. Los que conocemos a Fabián sabemos que ese es su gran valor, aunque lamentablemente sea desconocido por muchos. Eso es lo que sobrevuela también en muchas de estas canciones, el hastío de haber sido nombrado promesa en tantas ocasiones y no verlo cumplido, aunque eso no ha impedido que la música del leonés conserve su honestidad y buen hacer, porque otra cosa no, pero en esto hay pocos músicos en esta tierra que le superen.

Juan Marigorta vuelve a acercarse a Fabián para hacerse cargo conjuntamente de la producción en los Estudios Tripolares y la Viejita (además de encargarse de muchas guitarras y teclados), todo dentro del considerado hogar de este músico independiente. Junto a ellos, Pepe López en las baterías y percusiones y David Nieto al bajo. Un equipo sólido y compacto que crea un disco verdaderamente cohesionado y rico en matices donde predomina el pop desde el prisma del cantautor (menos americano esta vez). Hay canciones como “Tienes que bailar” o “Tarde de Junio” que no necesitan más que una acústica y un piano para alzar el vuelo y conmovernos. En otras, sin embargo, las guitarras eléctricas rugen con algo más de fuerza, como en “La noche es nuestra”, que cuenta con un estribillo de lo más pegadizo, o “El rayo que atraviesa la tarde” en la que la eléctrica camina desde el puente con mucha mayor presencia y hay incluso espacio para un breve solo. Pero donde más llama la atención el toque eléctrico es en “Desde las entrañas”, que empieza muy suave pero estalla al final entre distorsiones y ruidos, en lo que podría ser el mejor ejemplo de la transformación que no deja de mover a este músico. Por muy inmovilista que pueda parecerle a algunos, Fabián se nutre de miles de referencias que se vislumbran en su cancionero. De Tom Petty a Bruce Springsteen, de Quique González a Xoel López, con unas pinceladas de Ismael Serrano y hasta de Iván Ferreiro. Hay una línea que les une, pero multitud de variaciones que dan color a sus canciones.

Entre estas nuevas diez viñetas (o retales de su vida) que ha decidido lanzar únicamente a través de descarga digital y vinilo (a las plataformas de streaming irán llegando más lentamente) volveremos a emocionarnos con las armonías preciosistas de “El rayo que atraviesa la tarde”, en la que caeremos rendidos inevitablemente con versos como “Ojalá pudieras verlo igual que cuando estabas enfermo de amor (...) y presumías de cada espina” o “Todo lo que debo decir es todo lo que acabo guardándome”. Magia en lo cotidiano, el principal valor que enaltece sus composiciones. También conectaremos con las inquietudes de una generación a la deriva con “Estibadores en Baltimore”, que desde su luminosidad descarga infinitos dardos de realidad (“Trabajo de estibador para pagar el alquiler”) y poesía brutalista (“Sueño con tu boca desde el interior de una botella de plástico”). Encontraremos alguna aproximación al cancionero brasileño en “Lo mismo que yo” y volveremos a buscar el recogimiento más confesional en “Ser cualquier otra cosa”, con la que cierra, como casi siempre en sus discos, con la desnudez de la voz y la guitarra afirmando que “a mí me hubiera gustado ser cualquier otra cosa”. Quizá estar más dentro que fuera, como sugiere su canción titular, en la que desde su delicadeza lanza esa pregunta retórica que lo resume todo: “¿Crees que me gusta estar fuera?” Pues a decir verdad, aún sintiéndose fuera, al margen, Fabián, “ese chico tan alto para su edad, que cazaba libélulas, aunque fuera en los libros”, nos ha vuelto a regalar esa conexión única cargada de verdad que encontramos en su música, que a veces duele por ser tan directa y no teñirse con dulzuras. Sus versos arañan desde su intrínseca suavidad, pero nos hacen pisar tierra mojada y sentir que desde la integridad siempre se gana. Podemos estar fuera, pero nunca solos si contamos con la compañía de sus versos. ¡No vuelvas a tardar tanto, Fabián! Necesitamos el vuelo de tus pájaros y su preclara visión desde lo alto.

Hans Laguna: “Yo siendo yo. El teatro de la autenticidad en las estrellas del pop”


Por: Juanjo Frontera.

Como muchos sabrán, Hans Laguna (Donosti, 1979) es músico y productor, responsable de discos tan notables como "Manual De Fotografía" (2016). Pero lo que ya no sabe tanta gente es que es licenciado en filosofía, con un doctorado en sociología, y profesor de pensamiento social en Barcelona. Todo ese alto nivel de conocimiento lo invierte, además, en escribir. Escribe mucho y muy bien. Además de artículos colaborativos en elDiario.es o ARA, ha cultivado una ensayística a menudo centrada en su especialidad, Frederick Nietzsche, pero también, desde no hace tanto, en la música. 

En este ámbito nos regaló el que es sin duda uno de los volúmenes más interesantes aparecidos en el panorama nacional durante los últimos años: "HEY! Julio Iglesias y la Conquista de América" (Contra, 2022) reveló a un autor muy inteligente, que sabe convertir el análisis más sesudo en una lectura apasionante y enormemente divertida. Se le devora, vamos. 

Y no es excepción a esta regla este breve librito que ha escrito para la estupenda colección Nuevos Cuadernos Anagrama. Se titula "Yo Siendo Yo. El Teatro De La Autenticidad En Las Estrellas Del Pop" y busca explicar un cambio de paradigma que consiste en que, de un tiempo a esta parte, lo que antes eran estrellas inalcanzables, manipuladas, fabricadas en cadena y totalmente alejadas de la realidad, ahora se ha convertido en un dechado de auto reivindicación que usa las historias personales, la búsqueda de la autoría en su obra y, en definitiva, la autenticidad de su discurso, para obtener la validación de un público que anhela encontrar reflejo, humanidad, en lo que antes era un dios todopoderoso totalmente fuera de alcance. 

La intimidad de "Brat", de Charli XCX, la espiritualidad de "Lux", de Rosalía, o la vuelta a las raíces de "Debí Tirar Más Fotos", de Bad Bunny, por sólo citar algunos ejemplos, no son sino manifestaciones de un “yo” que pugna con aquél “cualquiera” que el pop de antes vendía. Y es que nada vende más ahora que una historia personal que avale lo artístico. 

No nos engañemos, esto existía de siempre, en la cultura rock esa autenticidad ha sido siempre uno de los puntos fuertes que daban credibilidad a quien la esgrimía sin atisbos de postureo. A quien fallaba en el intento, traicionaba sus orígenes o impostaba su imagen, se le tildaba, directamente, de vendido o pastiche, con la consiguiente pérdida inmediata de seguidores y ventas. Pero en el pop o, digámoslo ya, el mainstream, la cosa era diferente: se vendía imagen, un producto de marketing que se ideaba en una oficina y tenía toda una cadena de producción detrás.

Todo esto ha cambiado ahora: las redes sociales han causado que todos “nos produzcamos”, con lo cual, buscamos algo diferente -la dichosa autenticidad- en aquellos que tomamos como referentes por ser personas de éxito y gran fama. Estamos cansados del maquillaje y queremos conocer, a ser posible a fondo, la vida de cada uno de esos ídolos: sus debilidades, anhelos, contradicciones o procesos creativos. Sentir que son humanos, como nosotros, y no dioses del Olimpo

De hecho, en eso del proceso creativo es donde reside una de las grandes claves de la autenticidad: la autoría, poder decir que esa canción que cantas es tuya. Algo que antes tampoco ocurría en la mayoría de fenómenos pop. Además de éste, Laguna destaca otros puntos cardinales, a modo de capítulos, sobre los que descansa este culto desenfrenado a lo auténtico que vive ahora el pop: autonomía, espontaneidad, autobiografía, vulnerabilidad, saber vender(se)…

En todos esos puntos se detiene el autor, con profusión de personajes tanto de la actualidad como del pasado, en un extraordinariamente documentado (como es costumbre en él) hilo argumental que está servido de forma amena y divertida. Y sin casi atisbo, por si fuera poco, de superioridad intelectual, esnobismo o pedantería. Digo casi, porque algo de eso hay, es inevitable, pero en ningún momento desvía la quirúrgica objetividad con la que Laguna atrapa en estas páginas algo que determina mucho más de lo que pensamos las maniobras y el devenir de la industria musical, así como de los artistas más poderosos del mundo. 00 Al final, la frase que lo resume todo (y titula este libro) la dijo Karol G en una entrevista concedida al New York Times con ocasión de la publicación de su disco “más personal”, "Mañana será bonito" (2023): “En este momento, los artistas se esfuerzan mucho por encontrar su concepto y ser muy experimentales. Y esa es una buena manera de hacer arte. Pero el concepto de este álbum es solamente yo siendo yo”. 

Sobre lo que hay de cierto, de auténtico, o de maniobra, de pérfida patraña, en ese “yo siendo yo” es sobre lo que gira este excelente y excitante librito de bolsillo que se lee en un suspiro y es, fácilmente, de las lecturas más inteligentes que te meterás entre pecho y espalda si le hincas el diente. Te sentirás más auténtico, eso seguro.

The Fixed Trio: "Hemos preferido una toma con sentimiento que una demasiado perfecta"


Por: Kepa Arbizu.
Fotografías: Claudia Lakoree.

Convertida, por méritos propios, casi en una localización mítica por su alta concentración de reputadas biografías musicales, Granada vuelve a ser el origen de una muy recomendable banda joven, que en este caso responde al nombre de The Fixed Trio. Constituidos como un power trio, su nuevo disco largo, "Our Guilty Pleasure", asume con perfección el destino de un proceso consistente en fortalecer un sonido blues-rock que se despliega en el calendario, abarcando desde Grand Funk Railroad a Black Keys en un espacio inspiracional que se posa también en el rock noventero o incluso el stoner, huellas que delatan tanto su pulsión actual como un fervor por la contundencia y la crudeza. 

Por si fueran pocos elementos dignos de generar interés, la lírica de este actual trabajo también sufre un exponencial enriquecimiento, construyendo todo un relato conceptual sobre la incontrolable manifestación que oficia la búsqueda de saciar nuestros instintos primarios. Porque si William Blake  hablaba de los excesos como camino al palacio de la sabiduría, la banda andaluza abre una travesía alternativa llena de frustración y vacío. Un itinerario, en forma y fondo, arrebatador y corpulento sobre el que hablamos con el batería del grupo, Sergio Flores.

“Our Guilty Pleasure” amplia vuestro desarrollo en busca de un sonido más rocoso y directo donde el blues-rock se encuentra con el grunge o el stoner,, ¿se trata de un camino que persigue alcanzar la forma de sonar que tenéis en mente desde los inicios o responde a la lógica evolución de una banda? 

Sergio Flores: Creo que hay un poco de ambas cosas. Siempre hemos querido sonar naturales y directos, como una banda tocando de verdad, y con este disco sentimos que nos hemos acercado bastante a esa idea. Todo tiene que ver con el hecho de que escuchamos música muy variada y nunca hemos querido cerrarnos mucho. “Talladega” y “Our guilty pleasure” son dos mundos diferentes, como habrás podido comprobar, tanto de estilos como de sonoridad, porque al final todo lo que nos gusta lo acabamos reflejando de una manera u otra. 

Pese a vuestra juventud, acumuláis ya cuatro lanzamientos, ¿sentís la necesidad de estar en un constante proceso de composición y grabación? 

Sergio Flores: Sí, porque es la forma que tenemos de seguir para adelante, no sabemos estar parados, aparte de tratarse de un trabajo, hacer música con una banda supone también en muchas ocasiones una vía de escape para los problemas personales que podamos llegar a tener cada uno de los tres miembros, y juntarnos y tocar nos da mucha paz. 

Junto a la contundencia que manejáis, dais mucha importancia al aspecto melódico, como demuestra la pegadiza “Intelectual”, o incluso a dejar respirar a las canciones, ahí está por ejemplo “Sacred Cross”... 

Sergio Flores: Nos gusta mucho la crudeza, como se observa en las canciones, pero también nos interesa que éstas tengan una melodía y algo especial que se te quede dentro después de escucharlas. En ese sentido, por ejemplo, creemos que el juego de contrastes es importante. Muchas veces emociona más una parte contenida que estar todo el rato al máximo. Además, para poder lograr todo eso, pudimos contar con la magnifica voz y manos de Mario Andreu, desde Burgos, que aportó muchísimo en el tema “Sacred Cross”, le estamos muy agradecidos. 

¿El hecho de ser un trío, dificulta manejar esos cambios de velocidad y no saturar el acelerador constantemente? 

Sergio Flores: Creo que sí, porque siendo solo tres todo se nota mucho más, pero también hace que cuando algo funciona, se sienta muy real. 

“Intelectual” parece ironizar sobre la impostura que muchas veces veces define a ciertas bandas… 

Sergio Flores: Más que tratarse de criticar algo concreto, la canción habla un poco de esa sensación de cuando las cosas pierden naturalidad por intentar aparentar demasiado. O mejor dicho, hace mucho que perdieron esa naturalidad y hay un poco de refríto ya… 

 En vuestro caso, la forma de grabación, incluso hay pasajes donde se os oye en el estudio, denota que ha habido una forma de trabajar orgánica y directa.

Sergio Flores: Eso era exactamente lo que queríamos. Preferíamos una toma con sentimiento, pese a sus posibles errores, antes que una que sonara demasiado perfecta. En ese trabajo, tanto los técnicos de estudio, José Ibáñez, Marcos Muñiz, como el técnico de los videos en directo, Alberto Morillas comprendieron muy bien esa idea y ayudaron muchísimo a mantenerla y obtenerla en el resultado final. 

Incluso en los pasajes más psicodélicos os mostráis contenidos, lo que no siempre es fácil... 

Sergio Flores: Es verdad que nos gusta tocar con libertad y desarrollar ideas instrumentales, pero siempre intentamos que sea la canción quien esté por delante de cualquier lucimiento personal. 

Líricamente es también un trabaje rocoso, incluso conceptual, sobre la forma que tenemos de relacionarnos con nuestros instintos más primarios y el desgaste que eso produce... 

Sergio Flores: Sí, ahí Juan, el encargado de las letras, la verdad es que les dedicó muchísimo tiempo y trabajo, puso mucho esfuerzo en darle una conexión completa al disco, y la verdad es que lo consiguió. Al final habla un poco de eso que comentas, de cuando algo que parece bueno termina siendo excesivo o vacío. 

 Os atrevéis con la versión de “War Pigs”, de Black Sabbath, ¿da cierto vértigo acercarse a un tema tan icónico? 

Sergio Flores: Pues la verdad es que sí, muchísimo. Es una canción enorme y por supuesto la hicimos desde el respeto total, por eso tampoco quisimos intentar reinventarla demasiado. Eso sí, le dimos nuestro toque personal, y creo que hemos conseguido un buen resultado con la realización de esa versión 

Cerráis el disco con un tema acústico y relajado, “Place To Die”, que además ejerce de desencantada conclusión sobre ese recorrido por los excesos. 

Sergio Flores: Nos gustaba mucho la idea de terminar el disco de una manera más desnuda y tranquila, casi como ofreciendo un respiro después de haber pasado todo lo anterior. También en el plano personal puede ser de las canciones más importantes del disco para nosotros, ya que va dedicado a un amigo nuestro al cual la suerte no le sonrió. 

El disco de momento está editado en forma físico, ¿era una forma de enfrentarse a la inmediatez de las plataformas online?

Sergio Flores: Este disco lo hemos querido sacar respetando la idea con que fue grabado, es decir, de una forma natural, la de toda la vida, en físico. Queríamos de algún modo recordar a la gente lo que significa de verdad escuchar música: tomarte tu tiempo buscando el vinilo, poniéndolo y parándose para poder disfrutar con detenimiento de un trabajo en el que se ha puesto mucho esfuerzo y dedicación. De todas formas en unos meses lo subiremos, pero por ahora nos mantenemos en ese romanticismo de tenerlo en la mano, porque las plataformas digitales están muy bien, pero muchas veces, eso se pierde. 

La manera de acercarse a esa forma de escuchar música tiene cosas buenas y malas. A veces parece que todo dura muy poco, pero también es verdad que gracias a eso nuestra música puede llegar a gente que de otra forma no nos habría encontrado. Intentamos ofrecer algo menos cotidiano, algo con mas calma, pero algo lejos del concepto “Fast Food”. 

Empieza a existir ya un comentario generalizado que alerta de que hay que tener mucho cuidado con Fixed Trio que son ya una realidad, ¿uno se deja influir por esos comentarios y le da alas o preferís no hacerles demasiado caso? 

Sergio Flores: La verdad es que nos hace mucha ilusión y estamos muy agradecidos por cómo está recibiendo o hablando la gente sobre el disco, pero al mismo tiempo intentamos mantener los pies en la tierra y seguir trabajando y divirtiéndonos igual que siempre. Al fin y al cabo, seguimos siendo esos tres amigos que se conocieron en el colegio; The Fixed Trio nos ha unido mucho como músicos, nos ha enseñado como personas y como amigos, queremos que eso siga siendo así muchos discos más.

Parquesvr: “Estamos ante nuestro mejor trabajo”


Por: Javier González. 

Pasan los años y Parquesvr no afloja en lo que a su capacidad para sorprender a propios y extraños se refiere. Los condimentos clásicos de la propuesta de los madrileños siguen inamovibles: letras certeras, sinceras y repletas de sorna, bien condimentadas por una actitud crítica sin miramientos, dispuesta a desenmascarar los males una sociedad podrida que en el caso del nuevo trabajo que presentaron semanas atrás, “Mitos y Leyendas”, va un paso más allá. 

Redoblan apuesta, afinan y cuidan más la pólvora con la que cargan su discurso, mimando las letras y la narrativa de la misma, igual que lo hacen en la búsqueda de un sonido más refinado que no hace perder ni un solo grado de efectividad a su explosivo cóctel, tal es el caso que podemos afirmar sin temor que estamos ante el que muy probablemente sea el mejor álbum de los capitalinos, cosa muy seria cuando hablamos de unos tipos que siempre han dejado el listón bastante alto al salir del estudio de grabación. 

Asaltamos fuera de hora al bueno de Javi Ferrara, letrista y vocalista de la banda, para que nos hable con su habitual locuacidad y brillantez de estética  “Mitos y Leyendas” recién salido del horno. 

Hace poco más de un año y medio que vio la luz “Si molesto, os vais” vuestro anterior trabajo que continuó con la senda ascendente que lleváis casi desde el comienzo de la andadura de la banda. ¿Qué valoración hacéis de todo lo que supuso dicho álbum? 

Javi: La valoración es muy positiva. Todo esto es realmente increíble. Recuerdo que hablamos para el anterior disco y comentábamos que ya estábamos en crecimiento. Fue una tendencia que se magnificó con “Si molesto, os vais”, donde canciones como “Juancarlista”, “Tu nombre es una puerta sin cerrar” o “Todos menos Tú”, nos han situado en una tesitura que jamás imaginamos estar. Ni en nuestros mejores sueños hubiéramos podido pensar que en la despedida del disco agotaríamos las entradas para “La Riviera” con varios meses de antelación.

“He revisado mucho las letras, las he intentado cuidar más, aquí hay más amargura y cinismo” 

Y ahora, sin casi solución de continuidad, tras andar girando y girando por un montón de sitios, os presentáis con “Mitos y Leyendas”, un trabajo donde no perdéis ni un ápice de vuestra capacidad crítica, pero que tiene un sonido más refinado y en el que la carga narrativa continúa su progresivo crecimiento. ¿De qué forman comienzan a surgir las canciones del álbum? ¿Tenéis la percepción de que musicalmente es el trabajo en el que hay un mayor cuidado por redondear las canciones? 

Javi: Las letras antes tardaba en hacerlas diez minutos, las canciones se tardan más en hacer. Mis compañeros me riñen cuando digo “tengo las canciones en diez minutos”, la realidad es que tengo las letras. Creo que estamos ante el mejor trabajo de Parquesvr, con una diferencia abismal sobre el resto. Las composiciones empiezan a surgir a lo largo de todo el 2025, ya que por circunstancias personales mi vida cambio, lo que hizo que las temáticas de las letras variaran. Siempre he escrito mucho, ya sabes que he defendido que las letras las hago en diez minutos, aunque aquí las he revisado mucho y las he intentado cuidar más. Estoy bastante contento con el resultado de las mismas, más que en otros trabajos, donde es cierto que hay temas que no se terminaron de redondear todo lo que se debería haber hecho. Cuidado, que luego no sé cómo se va a recibir. Quizás a la gente le parezcan una mierda, cosa que estarían en su legítimo derecho de decir, pero para mí es el mejor disco que hemos hecho con diferencia, tanto musicalmente como en cuanto a letras. 

Será que vamos cumpliendo años... 

Javi: Los años se notan, claro está. Se ve en la temática de las canciones donde hay amargura y cinismo, se nota que estamos cansados-desilusionados de muchas cosas alrededor de la vida. Aún así, habrá que seguir viviendo, pero cambiando los objetivos vitales. Ya no me chino por cosas que pasan en el mundo, intento estar con mi peña y mi gente, son los que me hacen feliz, me alegran la vida y a los que puedo alegrar la vida. 

Las grandes características de vuestra música siguen vigentes, pero hay una evolución que vosotros ya abordáis en tono desenfadado en el primer corte, “Intro”, donde arrancáis mirando a algunas de vuestras letras pasadas, pero aceptando y haciendo propias una serie de críticas. ¿Cómo surge esta canción? ¿Arrancar riéndose de uno mismo es una forma implícita de avisar al resto de lo que se les viene encima?

Javi: Sí, es un poco eso. No te rías de mí que ya lo hago yo. Cuando salió “Tonto”, nos llamó mucho la canción que solamente nos criticaba gente de derechas, cuando es un tema donde se le da hostias a todo el mundo. Hay varias frases, una de ellas es: “Hay tontos, tontas, tontes por doquier, lo más transversal es la estupidez, mi lista de tontos está casi hecha, hay tontos de izquierdas y de derechas”. Me llamó mogollón la atención aquella crítica. Es cierto que repartimos muchos tortazos y una forma muy buena de hacerlo es repartirnos a nosotros mismos. A lo largo de nuestra trayectoria siempre nos han intentado encasillar, “os parecéis a esto”, “os parecéis a aquello”. Ha sido una forma de decir somos rollo muchas cosas o ninguna. ¿No sé en qué se parecen Def Con Dos y León Benavente? Y nos dicen que nos parecemos a ambos. Es lo que tú dices, una forma de intentar reírnos de nosotros mismos. 

La intro es muy chula, por cierto, con ese sonido noctámbulo, a mitad del camino entre el jazz y el hip-hop.

Javi: Escuché una canción de Public Enemy, cuyo título no recuerdo, que empezaba así. Hablé con Hugo, Escandaloso Xpósito, se la pasé y le dije que me encantaría que un disco de Parquesvr empezara así, contando cosas que nos han ido llamando. Más que una intro, es una especie de resumen de canciones de la banda y de cosas que nos han llamado, todo desde un punto de vista jocoso. Se parece al capítulo anterior de una serie, va en esa línea retrospectiva. 

Me ha hecho mucha gracia la referencia esa de: “Me gustaban más cuando eran punkis”, “De centros comerciales son mejores los otros, los de rollito siniestro”, “Es un poco León Benavente”. 

Javi: Haciendo referencias a lo que han dicho estos años. Al final cogemos lo que vosotros nos decís y nos reímos de ello. Nosotros no os decimos mierdas así, ya lo sabes (risas). 

Por cierto, en el disco hay varias colaboraciones de PatataOnStereo, Escandaloso Xpósito y Teo Lucadamo. ¿De dónde surge esta nueva hermandad? 

Javi: Del cariño, admiración y cercanía. Son personas muy cercanas al ámbito del grupo. Trabajo con Teo. PatataOnStero y Escandaloso Xpósito están en nuestro sello, Raso. Tenemos bastante cercanía, ha sido muy fácil trabajar juntos. Nos tenemos mucho cariño los unos a los otros. Son familia los tres. 

Os habéis marcado algún que otro temazo mítico, me refiero a “Esto que vivimos”, donde hay un aire decadente, repleto de drogas y que habla de una historia de desamor que se clava bien dentro, algo que también ocurre con “Aftersun”. ¿Qué ha pasado, Javi?

Javi: “Esto que vivimos” no habla de mí. Es alguien cercano a mí, a la que quiero mucho. Tenía una relación tóxica con alguien, envuelta entre resacas, fiestas y afters. La idea era ilustrar algo que viví de cerca, quería hacerlo porque lo sufrí de cerca, ya que es alguien a quien quiero mucho. “Esto que Vivimos”, “Google Fotos”, “Aftersun” y “Ya no Volverán”, son canciones que al comenzar a escribir me llamaban la atención, sentía que hablaban de los estados que vives cuando tienes perdidas. “Esto que Vivimos”, es acabar con algo porque sientes que te va a matar, “Google Fotos”, trata sobre el dolor, “Aftersun”, es aceptar la pérdida, y “Ya no Volverán”, marca la nostalgia. Es un recorrido por cuatro estados distintos que creo todo el mundo hemos transitado. 

 “La izquierda se ha vuelto moralista y la derecha punk” 

Vuelves a la andadas con un bombazo como “Mi peña”, reivindicando a tu gente y entorno, mientras el resto del mundo parece sumido en la mediocridad galopante. 

Javi: Sí, vivimos en un momento muy extraño. La izquierda se ha vuelto moralista y la derecha punk. Creo que la gente está obsesionada por lo mediático. Estamos a punto de volver a repetir los mismos grandes errores que cometió la humanidad en el siglo XX sin que gran parte del mundo parezca darse cuenta. Como te decía antes, estoy en un punto en que soy incapaz de luchar contra todo eso, prefiero refugiarme en mi gente. Con ellos puedo estar más presente y tener calma, más allá de cosas que se me escapan. 

“No compro discursos ni eslóganes” 

Me ha gustado especialmente por sus guitarras limpias “Rizo de gitana”, donde hay una profundidad narrativa, muy potente, donde no hay rastro de sorna, rastreando la sombra de Depresión Sonora y The Smiths. 

Javi:
La canción vuelve a transitar de lo mundial a lo cercano. Éramos muy conscientes que esto sonaba a Depresión Sonora, de ahí la referencia a una canción, “Me han dicho que ya no hay verano”. Al empezar a ensayar las canciones para grabar el disco, Héctor y Marco se miraron y dijeron: “suena que te cagas”. En cuanto a la temática, es un tío de más de cuarenta años, escéptico ante el mundo y con una carga de nostalgia. No compro discursos ni eslóganes. Hay que ser buena gente con tu gente, creo más en eso que en pensar en el cambiar un mundo que no podré cambiar. 

“Los madrileños somos una plaga insufrible para el resto de España” 

“Todos los madrileños” es un golpazo al capitalino que quiere huir, pero también al que estando se dedica a dar por saco a los paisanos rurales. 

Javi: Sí, hay una frase en el tema que dice “alejado de los guiris, del ruido y la multitud, no olvides por un segundo que aquí el guiri eres tú”. Los madrileños somos una plaga insufrible para el resto de España. Además, nos tienen por arrogantes, hablamos mal al camarero, creemos que todo es nuestro. Hay otra frase muy chula que dice “Petando chiringuitos donde solo había dunas, fuera de Madrid a ti te llama P.U.M.A”, una movida que escuché en Galicia y me hizo mucha gracia porque quiere decir “Puto Madrileño”, decidí meterlo en la canción. En Madrid hay una problemática heavy con la vivienda, siendo nosotros el problema para otra gente. 

¿Para cuándo está prevista la publicación en formato físico del vinilo? 

Javi: Las copias físicas estarán en breve, creo que cerca del 22 de mayo. Ahí podréis disfrutar del formato físico del maravilloso cuarto disco de Parquesvr, “Mitos y Leyendas”. Acude a comprarlo a tu tienda de confianza o a través de la página de Raso Estudio. (Risas) 

¿Es cierto que hay una foto interior donde aparece vestido Javi Ferrara que si mojas con saliva…? 

Javi: No sé si eso vendería. (Risas) 

¿Qué tenéis planeado para girar en estas primeras semanas? 

Javi: Tocamos en “El Sol” para allegados hace unas semanas. También hemos tocado ya en Valencia, para más de mil personas. El 14 de mayo tocamos en las fiestas de Rivas, el 16 tocaremos en Gijón y luego iremos a Cruilla y Low. A partir de septiembre y octubre tocaremos en salas. El 20 de noviembre lo haremos en “La Riviera”. 

Javi, soy consciente de que andas a mil frentes, por eso siempre te hago la misma pregunta. ¿Permite Parquesvr a día de hoy vivir a sus miembros exclusivamente de la banda? 

Javi: No, no vivimos de Parquesvr. Podríamos malvivir. Es una ayuda de la hostia, pero no podríamos vivir del grupo. Nos permite girar bien, tener tour mánager y técnico de sonido. Comer y dormir en la gira en sitios dignos. Vamos desahogados con los gastos de local y materiales. Estamos súper contentos y queremos que siga la dinámica de crecimiento. 

Lo digo porque tu figura, junto a la de Alan Queipo, está detrás de festivales como Mazo y Sound Isidro. 

Javi: Alan y yo tenemos una relación muy completa. Es mi empleado en Sound Isidro, somos socios en Mazo y es mi mánager en Parquesvr, además de ser mi sello en Raso. Ahora nos hemos comprado una oficina juntos. Y es mi amigo, sobre todo. Llevamos teniendo una relación ininterrumpida los últimos seis-siete años. Nos soportamos, aguantamos y queremos. Espero seguir con él toda mi vida laboral. Es una persona a la cual confiaría mi vida. Ahora hemos comprado una oficina donde vamos a trabajar, estábamos de alquiler en plaza de los Mostenses y decidimos meternos en algo. Ahora nos hemos comprado una en Urgel donde pagamos lo mismo que antes con idea de ser propietarios.

Mad Cool 2026, soplando las velas de un décimo aniversario a la altura de los grandes festivales europeos


Mad Cool celebrará su décimo aniversario del 8 al 11 de julio en Madrid con un cartel gigantesco que vuelve a colocar al festival entre las citas imprescindibles del verano europeo, cuatro jornadas repletas de buena música y espectáculo, donde la heterogeneidad volverá a ser la tónica dominante de una experiencia que poco a poco ha logrado colgarse el cartel de clásica. 

La jornada inaugural estará marcada por el regreso de Foo Fighters, acompañados por nombres tan potentes como Moby, The War On Drugs o Wolf Alice, mientras que el jueves cambiará completamente de registro con la aparición sobre las tablas del recinto capitalino de bandas tan potentes como Florence + The Machine, Lorde, Jennie y Teddy Swims liderando una de las noches más eclécticas y multitudinarias de esta edición. 

El viernes llegará uno de los días más equilibrados del cartel con Twenty One Pilots, Kings Of Leon, Pixies y Halsey compartiendo protagonismo en una jornada diseñada para amantes del rock alternativo y el pop de estadio. Teniendo su jornada de cierre el sábado, donde se apunta directamente a un momento histórico gracias a la presencia de mitos tan potentes como Nick Cave & The Bad Seeds, Pulp, David Byrne y Kasabian, poniendo el broche final a un aniversario que confirma a Mad Cool como uno de los festivales más ambiciosos y reconocibles del continente.

“Warren Zevon”, medio siglo de una bella coreografía del caos


Por: Kepa Arbizu. 

En un hogar situado en Chicago, en plena década de los 50, un inmigrante ucraniano, de nombre original William Zivotovsky, regala el día de Navidad a su hijo de nueve años, Warren Zevon, un piano que ha comprado gracias a la buena suerte cosechada en una de las múltiples timbas entre las que pernocta, solo uno de los muchos oscuros destinos que habitaba como consecuencia de su trabajo para la mafia local. El poco recomendable origen de tal obsequio enfada a su madre, una recriminación que le costaría el lanzamiento de un cuchillo de grandes dimensiones por parte de su todavía marido, separándole solo unos escasos centímetros de un desenlace letal. Una escena, seguida por la mirada de su pequeño vástago, que nada tenía de anecdótica y sí mucho de un trágico costumbrismo que derivaría en un divorcio cuando aquel púber espectador cumplía los 16 años, siendo escasas fechas después cuando abandonaría sus estudios para lanzarse a la carretera en busca de un desenfreno existencial salpicado con canciones folk. Sin embargo, ese joven cargaba, por suerte y por desgracia, con el imborrable recuerdo de aquel juvenil teclado y con todo un relato biográfico narrado con extrema violencia. 

No iban a ser aquellos recuerdos meros espejismos anclados en su cerebro, al contrario los iba a rememorar nombrándose a sí mismo protagonista activo de los mismos, ejercitando la funesta herencia legada por su progenitor y haciendo rimar sus actuaciones con aquellas a las que había asistido como espectador en su domicilio familiar. Inmerso en una vorágine de drogas, alcohol y comportamientos escasamente edificantes, su peregrinación entre hoteles y apartamentos californianos dejaba un rastro desalentador. Una insaciable voracidad por encontrar el camino más salvaje que artísticamente le había llevado a coquetear con el éxito gracias al tema "Follow Me", firmado como el dúo Lyme & Cybelle, pero que sobre todo le situaba como músico de sesión, compositor, responsable de algunas piezas interpretadas por The Turtles, o alojando uno de sus temas propios, "She Quit Me", en la banda sonora de la película “Cowboy de medianoche”, e instrumentista en las giras de unos ya crepusculares y decadentes Everly Brothers. La carrera de Warren Zevon era insolentemente bisoña todavía pero paradójicamente transmitía trazas de una roma y decrépita veteranía. 

Situado en los años setenta en la costa catalana, concretamente en Sitges, a modo de refugio y de nuevo horizonte en el que dotar de una más saludable rutina a sus días, tras un mal recibido debut en solitario, “Wanted Dead or Alive”, la llamada de su amigo Jackson Browne, instándole a grabar un disco bajo su amparo, significó al mismo tiempo volver a asomarse al abismo emocional pero también incrustar, un 18 de mayo de 1976, su ácida y doliente rúbrica en la historia del rock. Porque pese a su todavía escaso currículum propio, la cohorte de admiradores que acumulaba entre sus colegas quedó reflejada en los rutilantes créditos impresos en dicho homónimo trabajo, un álbum que desempolvaba esas composiciones que nunca había dejado de escribir y que ahora, bajo el auspicio del potente sello Asylum Records. iban a tomar forma a través de una silueta que hacía de su vitriólica sonrisa una careta con vistas al precipicio. 

Si el almanaque de colaboradores que tomaron parte en la grabación de dichas canciones era una cartografía del soft-rock más canónico, abasteciéndose de formaciones como Fleetwood Mac, los Eagles o Bonnie Raitt, el estilo adoptado por el todavía veinteañero era todo lo contrario a un acomodaticio responso en dicha escena. Sus composiciones partían del acervo tradicional pero se desplegaban sabedoras de que el rock podía ser un paisaje con las suficientes ramificaciones como para no apostarse en una esquina fija, una flexibilidad sonora que además era la natural demanda requerida por unos sublimes textos que adoptaban la forma de pequeñas perlas narrativas donde convivían el costumbrismo, la sátira de escozor sentimental y por supuesto una túnica existencialista. Al igual que todo un continuo de escritores como Tennessee Williams, F. Scott Fitzgerald, Sam Shepard o Raymond Carver, Warren Zevon recogía esa herencia consistente en participar activamente de ese tumultuoso circo social y en paralelo oficiar de taquígrafo ágilmente inmisericorde.

Como cualquier gran autor que se precie, la mente creativa de Zevon era un domicilio capaz de albergar estancias para episodios autobiográficos, ejercicios de observación y radiografías trascendentes, ingredientes que lejos de distribuirse de manera independiente a lo largo del repertorio se funden con esbelta naturalidad para procrear su propio e identificativo espacio artístico. Una convergencia perfectamente enhebrada en temas como "Frank and Jesse James", donde la nada ilustre trayectoria final de los Everly Brothers se encarna a través de un espacio mítico como el del country western, otorgándoles una vida metafórica en el cuerpo de dos de sus más icónicos cuatreros que cabalgan con ese particular, e inimitable desde entonces, cruce de caminos entre los Eagles, Kris Kristofferson o Randy Newman. Personajes en conflicto con su entorno que será uno de los pilares conceptuales que acompañe a todo el repertorio, papel por supuesto también asignado a sí mismo en la ingeniosa "Desperados Under the Eaves", donde la anécdota respecto a una verídica estancia en el Hollywood Hawaiian Hotel que no siempre significaba el abono de sus facturas, se traduce en una épica epopeya entorno al fracaso, una reflexión sostenida por imágenes tan elocuentes y estremecedores como la agazapada tras la incógnita “¿No parecen los árboles ladrones crucificados?”. Tampoco se verá exenta de habitar sus temas la madre de uno de sus hijos, camuflada en la identidad de una mujer que en "The French Inhaler", escoltada por un tono más solemne, el que caracteriza por ejemplo a alguien como Harry Nilsson, encuentra en el sexo esporádico el único medio de aceptación. Escenas de planes nunca consumados con éxito que se acomodan en dos preciosas y especialmente logradas baladas, porque si "Hasten Down the Wind", versionada más adelante por Linda Ronstadt, resulta una instantánea en ruinas, uno de sus estandartes compositivos, "Carmelita", significa una historia de amor escrita con una aguja inyectada de heroína. Erráticas andanzas que mientras en "Mohammed's Radio" hacen de la música, aquí entonada tierna y profunda a la manera Gram Parsons o Townes Van Zandt, única vía de escape para la precariedad laboral, "Backs Turned Looking Down the Path" es una luz de fuga mucho más consistente, el íntimo deseo de habitar otra realidad no subyugada ante el idioma del caos.

Si ya en los tiempos rítmicos más relejados es perceptible esa inercia por no sucumbir musicalmente a la decadente sustancia anímica, vistiéndoles de una casi amabilidad sonora, ese aspecto se materializa con mayor expresividad, resaltando todavía más esa dicotomía aparentemente opuesta, cuando es el acento rock quien asume la tutela de las canciones. Las elegantes trazas de "Mama Couldn't Be Persuaded", asignadas por ejemplo a la escenificación de Elton John, delinean el dramático pasado familiar propio, mientras que el desenfreno en forma de rock and roll clásico de "Poor Poor Pitiful Me" esconde entre sus pasos de baile el llamado trágico del suicidio. Un escenario, absorbiendo primero las raíces del blues bullicioso en "I'll Sleep When I'm Dead" y recogiendo el contorsionismo del funk para configurar "Join Me in L.A.", presentado en su carcasa como una celebración ininterrumpida pero que sin embargo late al son marcado por una peregrinación de cadáveres y fantasmas. 

Warren Zevon no solo aceptó la ruta que el oscuro destino había trazado para él, sino que convirtió ese itinerario asignado en una desaforada carrera para atravesarlo a la mayor velocidad posible. Alcohol, drogas, armas de fuego y violencia no fueron un ajuar exhibido como parte del espectáculo, era la más cruel realidad de su paso por el mundo, finiquitado un 7 de septiembre del 2003. Como en una suerte de resignación divina, asumió dicha naturaleza e hizo de ella un incendio en combustión continua, sabedor de que esa calcinada existencia era el mejor sustento para su inspiración artística. Decidió de esta manera dar sepultura a la persona para alentar un imaginario creativo que concibió un tesoro de particular naturaleza, magistral en su materialización bajo un gesto irónico por el que asomaba el desgarro más absoluto. Las canciones de este disco son un extraordinario reflejo de esa condición, pero igualmente representan el grito de auxilio de quien maldecía una condena a la que solo pudo enfrentarse, paradójicamente, alimentando ese carácter autodestructivo hasta extraer de él un bello fruto. El único camino en busca de la salvación consistía en inmolar su presente para conquistar la inmortalidad como músico.