Elliott Murphy & Band: El rapsoda amable


Sala El Siglo, Sant Cugat del Vallès. Sábado, 14 de febrero del 2026. 

Texto y fotografías: Àlex Guimerà. 

Qué gratificante resulta poder ver a uno de tus héroes musicales en tu pueblo (ahora ciudad) natal. De hecho, hace unos años (el 13 de enero de 2007, según indica la entrada que conservo) ya le había visto en El Auditori de Sant Cugat en un homenaje a Leonard Cohen que nos trajo a nombres de la talla de Suzanne Vega, Jackson Browne o el mismísimo John Cale. Y entre ellos, una dupla enérgica formada por Eliott Murphy y Olivier Durand abordó "Diamonds in the Mine". En esa época el cantautor de Long Island ya se encontraba en ese segundo acto de su vida que tan brillantemente reflejó Jorge Arenillas en su documental de 2015 "The Second Act of Elliott Murphy". Un segundo acto en el que ha sabido reinventarse, formar una familia y rodearse de interesantes músicos para desplegar lo que mejor se le da (con perdón a su faceta de escritor), hacer música.

Han transcurrido casi 20 años desde entonces y Elliott goza de buena salud y sigue afincado en París, lo que nos permite poder disfrutar de sus directos con cierta regularidad en nuestro país y en poblaciones y salas impensables. Como esa maravilla llamada "El Siglo" adornada de miles de libros en sus paredes. No se me ocurre un entorno mejor para poder gozar de un buen concierto.

Puntuales a las ocho y con el aforo a reventar, el septuagenario roquero aparecía ante nosotros junto a su inseparable Olivier, el percusionista Alan Fatras y la violinista Melissa Cox. Una formación que es una extensión de la fórmula que tan bien le ha funcionado a lo largo de los últimos años. Al dueto de guitarras con su amigo francés se añade una percusión de caja, tambor y platos y un violín, para ofrecer de nuevo esas guitarras perfectamente compactas junto a unos apoyos instrumentales muy acertados, lo que da un sonido que recuerda a la fórmula "Unplugged" que tantos éxitos dio a la MTV hace unas décadas.

Con un arranque a manos de la clásica "Last Of The Rock Stars" de su debut "Aquashow" (1973) tocada sólo con las guitarras y de forma calmada, dieron comienzo casi dos horas de espectáculo, buenas canciones y simpatía de unos músicos llenos de humildad y elegancia. Hay que tener en cuenta que la gira, que pasará por distintas ciudades españolas, tiene como excusa la promoción de su último álbum "Infinity", del año pasado, por lo que sonaron nuevos temas como "Granny Takes A Trip", "Baby Boomers Lament" o esa "The Miracle Zone" que no está en el disco,si no en un EP recién estrenado y que titula el tour.

Pero el primer gran momento de la noche llegó con los ritmos de "Green River", que encendieron a todos los asistentes, luego vendrían otros grandes momentos como la cabaretera "Deco Dance" de ese discazo que es "Night Lights" (1976) o la "dylaniana" "Destiny". Grandes momentos en los que no faltaron los trepidantes golpes de Alan (aporreando la caja y platos con las manos), los pizzicatos cuanto no rasgueos del violín de Melissa, y sobre todo los solos del virtuoso Olivier en esa guitarra acústica con la que tan poderosamente llena los conciertos. 

Por su parte Eliott no dejó de capitanear el show con una sonrisa que no dejó de lucir, su voz aún lozana (en especial en los tonos graves) y sus ritmos a la guitarra. Incluso le dio tiempo para comentarnos que "era abuelo", bromeó con la edad del público y nos contó cuando su madre Josephine habló por teléfono con su ídolo Lou Reed (al que dedicó una canción) contándole que él era un gran fan suyo a lo que el propio Lou respondió: "¿que no lo es todo el mundo?". Una soberbia del desaparecido rockero que está claro Eliott no tiene, ya que se nota que busca la cercanía con sus seguidores tanto cuando está encima del escenario como cuando está pacientemente firmando discos en el puesto de merchandising . 

Es esa amabilidad de la que hace apología sana en la formidable "A Touch Of Kindness", que tocó en la recta final , con esa melodía de guitarra tan hipnótica, y con un desarrollo final que nos llevó hacia los esperados bises. Justo antes nos había deleitado con una de sus mejores piezas de siempre "You Never Know What You're in For", ese retrato de las calles sucias de Nueva York que comenzó de forma pausada para terminar con la banda a todo gas. Y qué decir de esa poética "On Elvis Presley's Birthday" cantada con el traje de rapsoda.

Tras los aplausos, Eliott nos ofreció una versión lánguida de "Just Story From America" para la que recordó que el Gran Sueño Americano para él se volvió en la Gran Pesadilla Americana en los años setenta. Le siguió la magnífica y pegadiza "Come On Louann", con todos allí coreando a pleno pulmón, y ya que estaba puesto, y se lo estaba pasando genial, llegaron otros dos clásicos de su cancionero de regalo: "Drive All Night", con el violín haciendo las veces del teclado, y una "Rock Ballad", cuyo estribillo llegó algo desdibujado. Magnífico colofón de un concierto que nos trajo a casa todo aquello que más nos amamos de la música, de la mano de un tipo único en su especie.

“Como diamante entre carbón”, así son las “Vidas semipreciosas” de Nacho Vegas.


Por: Guillermo García Domingo. 

Nacho Vegas no milita en las filas de los indiferentes. Esos individuos silenciosos y precavidos que dan auténtico terror. Gracias al servicio que estos le están prestando al neofascismo, éste se está afianzando más rápido de lo previsto. Por eso Gramsci dijo en 1917 que odiaba a los indiferentes: “Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por eso odio a los indiferentes”. El compromiso social y político del “fíu de Cristina Vegas” era notorio. Desde mucho antes de que publicara esta colección de 12 piedras semipreciosas. En atención a su dureza, escasez y perfección, habría más bien que catalogarlas como gemas preciosas. En medio de ellas aparecen tres interludios protagonizados por personas que pagaron un precio muy alto por manifestar su compromiso, y que no están exentos de una extraña música, la que poseen sus propias palabras torneadas en la buena batalla y la digna lucha. No conviene ignorarlos. Nacho Vegas siempre ha estado “a favor de estar en contra” como dice en una de las mejores canciones de este LP: “Los asombros”. 

El principal logro de este disco, sin embargo, es otro. Cervantes en su obra universal, “Don Quijote de la Mancha”, plantea a través del hidalgo convertido en caballero andante el dilema de “las armas y las letras”, que representan la fuerza de la acción o el arte escrito (y hablado) respectivamente. Nacho Vegas demuestra en “Vidas semipreciosas” que se trata de un falso dilema y que no tiene razón de ser el prejuicio que sostiene que lo que se escribe y compone con intención política tiene un valor artístico menor. “Vidas Semipreciosas” es un vibrante alegato político de una belleza musical sin igual. Es imposible decidir si destaca más por su pujante rebeldía o prevalece la belleza. ¿Por qué hay que renunciar a uno de estos valores? La belleza y la rebeldía se alimentan mutuamente en esta “pequeña bestia” creada por el músico asturiano. No hay tantos manifiestos subversivos que hayan sido grabados con semejante producción, precisa y elegante, que hace girar los arreglos instrumentales, incluso orquestales, realmente brillantes, y los acertados coros femeninos, sobre la voz profunda del asturianu, muchas veces desdoblada en varias voces que dialogan entre ellas. El acopio de instrumentos y sonidos cristalinos no pesa en las canciones. Muchos de ellos se encuentran a sus anchas en el primer tema que podría haber grabado Primal Scream. “Alivio” recuerda al último disco de los británicos, y Nacho Vegas bien podría ser Bobby Gillespie. No son adustas y rudas canciones de combate. Están teñidas de credibilidad vulnerable y de la imperfecciones que nos humanizan, y que provocan que las piedras semipreciosas sean más valiosas que las preciosas. Tal y como dice en el interludio que protagoniza Anna Gabriel, el amor forma parte de cualquier acto revolucionario. Nacho Vegas ha vuelto a convocar al “don de la ternura”, como ya hiciera en su anterior LP. 

Nacho Vegas ha ido adquiriendo una notable capacidad y sabiduría compositiva que le ha servido para subrayar a lo largo de su carrera musical de qué manera lo político, queramos o no, atraviesa la vida personal. Lo personal y lo político se entrecruzan con toda naturalidad en las canciones de este disco, una vez más. El repliegue individualista no es solamente una actitud manifiestamente inmoral, sino que, además, es una forma de autoengaño. De la suerte colectiva, del estado de “la ciudad” (la comunidad política griega) depende también nuestro destino individual. Hay algunas canciones que no tienen una naturaleza política tan evidente; es el caso de “Mi pequeña bestia”, un elegante homenaje al pop nostálgico que cuenta cómo se desarrolla una canción desde su germen en forma de silbido, y la metamorfosis que sufre la canción, como si se tratara de una criatura viva, y la lucha que el compositor emprende con esa canción, que de algún modo ha dejado de ser suya, y, debido a esto, no se deja domesticar. Pero incluso en las canciones más íntimas como las bellísimas baladas que tienen por título “Los asombros” y “Piedras semipreciosas”, o el medio tiempo con reminiscencias norteamericanas, “Llueven moscas”, el de Gijón deja una rendija por la que entra la sombra del mundo, una sombra cada vez más inquietante, el gruñido de un lobo que acecha en la oscuridad (Véase “Tiempo de lobos”). 

Otro de los denominadores comunes de este nuevo trabajo es la revisión del folklore cantábrico que está llevando a cabo Nacho Vegas en los últimos trabajos que ha propuesto. La versión en “asturianu” del extraordinario poema/canción de Mikel Laboa, “Txoria txori” (1974), titulada para la ocasión, “Las ales”, la jota “Seis pardales” (las seis de La Suiza) junto a Rodrigo Cuevas y la banda folk L-R, o la propia “Fíu” dedicada a la madre de Vegas, de la que heredó su pelo y sus ideales antifascistas, como nos dijo en la presentación en los estudios Altafonte de Madrid. España es mucho más que Madrid, y por eso en el disco se escuchan las lenguas cooficiales de nuestro país, y alguna que no lo es y tendría que serlo.

El músico haciendo gala de una auténtica modestia, que llamó poderosamente nuestra atención en la presentación mencionada nos invita a admirar a “quienes sí supieron brillar y siguen ardiendo”. Su fulgor aumenta en este período que se oscurece con el paso de los días. Son las personas que han sido condenadas a penas de prisión por expresar en público su desacuerdo, manifestarse y denunciar las actuaciones de ciertas instituciones del Estado. Algunas de ellas han sufrido la aplicación de la denominada “Ley Mordaza”. Es la Ley Orgánica 4/2015 de Protección de la Seguridad Ciudadana en España, vigente desde el 1 de julio de 2015, en virtud de la cual han sido reprimidas y enjuiciadas algunas de las personas que hablan en los interludios de este disco. Nacho Vegas, a través de sus alegatos, se pregunta de manera inquietante si hay presos políticos en España, y si algunas instituciones utilizan todos los resortes del Estado para criminalizar a los que protestan contra ellas y su impunidad. Amnistía Internacional dice que “los gobiernos de todo el mundo tratan la protesta como una amenaza. También en el Estado español” a propósito del caso de “los seis de Zaragoza”. Uno de ellos, Javier Aijón, Javitxu, cuatro años y siete meses de prisión, protagoniza uno de los interludios. Los mensajes de Anna Gabriel y Adur, uno de los jóvenes reprimidos por la trifulca de Altsasu, son vibrantes ejemplos de pasión política, asumida hasta las últimas consecuencias, al igual que algunos de los parlamentos de las sindicalistas que se enfrentaron al acosador de La Suiza

La represión pretende suscitar el amedrentamiento y lo que resulta todavía más eficaz, propiciar la autocensura, y de veras que lo consigue, habida cuenta del silencio político clamoroso de tantos artistas. Nacho Vegas, en cambio, es un “deslenguado”. La mordacidad de su “lengua” se desata en “Deslenguarte”, un tema que dura 7 minutos, durante los cuales acontecen muchas sorpresas musicales dentro de sus vericuetos en los que se cuelan sin permiso 22 blasfemias, y el siempre estimulante Albert Pla. El tono festivo de “Deslenguarte” se prolonga en la fiesta de luto, si es posible algo así de bueno, que se desarrolla en “L´acabose”, con la participación comunitaria de todos los compañeros de estudio: Manu Molina en la batería, Joseba Irazoki y sus guitarras, Miren Narbaiza, guitarra y coros, Hans Laguna al bajo, Ferran Resines en los teclados. A la comunidad artística que ha hecho este disco habría que añadir a la ilustradora Candela Sierra, Premio Nacional de Cómic el pasado año, que ha realizado en las tapas interiores, un retablo animal y vegetal formidable, inspirado en el jardín delicioso que hiciera el Bosco

En fin, este disco de pervivencia garantizada y actualidad absoluta es un acto político propiamente que cuestiona la falacia de la neutralidad del arte. Goza además de un gran poder performativo, pues cumple lo que enuncia. Es una oda a la belleza asombrosa que nos rodea y lo hace mediante unas canciones extremadamente bellas, y se desquita del amordazamiento que las autoridades persiguen a través de unas letras insumisas. Aunque Nacho no quiera admitirlo, es un diamante, una piedra preciosa, más que semipreciosa. ¡Liberad de una vez a Pablo Hasél, lleva 5 años en la cárcel!

Manu G. Sanz: "En estos discos en solitario siento que estoy regresando a terrenos más esenciales para mí"


Por: Kepa Arbizu.

La cultura popular, y más en concreto su manifestación musical, contiene desde su alumbramiento el reflejo de las pulsiones surgidas en los ámbitos principalmente urbanitas. Pero dado su ingobernable lenguaje creativo, su imaginario ha logrado expandirse en múltiples direcciones, algunas de ellas apuntando claramente a entornos bucólicos y naturales. Tal es el hemisferio sonoro y conceptual que maneja en su carrera en solitario el gallego Manu G. Sanz, quien bregado en múltiples proyectos grupales, como Selvática o Indómitos, incluso en dúos, Digital Mother, en los últimos tiempos ha asumido su nombre propio como vehículo para un pop-folk que hace de sus ritmos un remanso ensoñador de belleza, convirtiendo a Beach Boys o Magna Carta en coordenadas ineludibles, condición asumida igualmente por propuestas más locales como CRAG, Vainica Doble o Pigmy. Referencias que redundan en ese contexto preciosista y delicado que, en su segundo disco, "Oráculo silvestre", se viste con detallista instrumentación para tender un exquisito diálogo, no siempre impoluto existencialmente, con el medio ambiente y la naturaleza. Un espejo en el que refleja nuestra verdadera esencia, aspectos sobre los que charlamos con su autor. 

Acabas de editar tu segundo disco en solitario, “Oráculo Silvestre”, ¿cuando iniciaste este recorrido individual tenías pensado que iba a tener continuidad? 

Manu G. Sanz: Sí. Desde el principio tuve claro que quería que fuera un proyecto con continuidad. Empezar a publicar discos con mi nombre es una forma de tener un espacio propio que me acompañe a largo plazo, sin depender de otros factores. En las bandas, a veces surgen limitaciones —logísticas, de tiempo o de dinámica— que dificultan desarrollar las ideas con la profundidad que me gusta. Este proyecto individual me permite trabajar con más libertad y constancia 

Cuando pusiste en marcha este proyecto, ¿era conscientemente un vehículo para dar salida a una faceta más “popera” y delicada, o primero fue la determinación de grabar en solitario y más tarde se fue fraguando el tipo de sonido? 

Manu G. Sanz En realidad, en cierto modo, es al revés. No nace tanto de una decisión consciente de hacer algo más “popero”, sino de una vuelta a mi imaginario infantil. Desde pequeño siempre compuse canciones melódicas; con el tiempo esas canciones fueron ganando complejidad, pero la vocación por la melodía y la forma de canción ha estado ahí desde el principio. A lo largo del camino he explorado muchos estilos y he aprendido distintas maneras de abordar la composición, pero en estos discos en solitario siento que estoy regresando a terrenos más esenciales, que ahora mismo se sienten más reales y necesarios para mí. 

Has participado en muchos proyectos grupales, ya sea Indómitos, Selvática o incluso el dúo Digital Mother, y ahora cuentas con esta andadura en solitario, ¿sientes que alguna de esas facetas, la individual o colectiva, resulta irrenunciable para tu carrera? 

Manu G. Sanz Más que elegir entre lo individual o lo colectivo, creo que a lo que no puedo renunciar es a mi instinto creativo y a la curiosidad que me mueve. En los proyectos grupales siempre ha sido muy importante para mí el papel de las canciones, de la música y de los textos. Por supuesto, tocar con otras personas genera una energía especial: las dinámicas compartidas, la diversión, la espontaneidad… todo eso es fundamental y muy enriquecedor. Pero en el fondo, lo que siempre ha estado ahí para mí son las composiciones. Es algo que necesito hacer y que me resulta muy natural. 

Teniendo en cuenta ese paso anterior por bandas más eléctricas y ruidosas, ¿crees que tu firma en solitario debe de estar indisolublemente ligada a este tipo de sonido más pop y bucólico o estás abierto a mutarlo si así lo deseas en algún momento? 

Manu G. Sanz No lo veo como algo cerrado ni definitivo. Ahora mismo este sonido conecta mucho con mi momento vital y con lo que necesito expresar a nivel emocional, y por eso tiene sentido que el proyecto suene así. No sé qué haré más adelante. Al final, mientras lo que hagas refleje tu realidad y lo abordes con honestidad, la forma que tome es lo de menos; es bueno que los proyectos cambien y se muevan con uno. 

Aunque ambos discos editados bajo tu nombre comparten un sello identificativo absolutamente personal, entorno a ese pop bucólico y preciosista, este segundo trabajo me ha sonado más expansivo, rítmico e incluso heterogéneo, ¿buscabas conscientemente no alejarte de tu sonido pero tampoco repetirte? 

Manu G. Sanz Sí, estoy bastante de acuerdo con esa observación. Siento que las canciones de "Oráculo Silvestre" funcionan como una continuación lógica de las anteriores, pero al mismo tiempo exploran nuevos caminos: la producción tiene más brillo, los arreglos incluyen motivos más psicodélicos, y los textos hacen un énfasis mayor en nuestra relación con la naturaleza. Mantienen la esencia de lo anterior, pero aportan un aire distinto 

Aunque son evidentes las influencias anglosajonas de tu sonido (desde Magna Carta a Love pasando por Pentangle o los Beach Boys), no lo son menos algunas referencias locales, que pueden remitir a Pigmy, CRAG o Miguel Ángel Villanueva, un acento que incluso ha tomado forma más explícita esta vez en temas como “Un paso al frente” o “Naranjo en flor”… 

Manu G. Sanz Sí, escucho música de todo tipo. Crecí con sonidos anglosajones, pero siempre he sido muy fan de la canción melódica española, y creo que eso se refleja en lo que hago. Últimamente estoy escuchando mucho a Lorena Álvarez y a Natalia Lafourcade por ejemplo, y siempre he tenido debilidad por temas como los de Jeanette, con esas producciones setenteras y esa melancolía pop con olor a karaoke. También me gusta que aparezcan pequeños gestos flamencos, como ocurre en “Libélula Dorada”, que aportan un matiz emocional muy particular.

Incluso hay apariciones eléctricas y distorsionadas en “Abeja reina”, ¿en este segundo disco te has sentido, digamos, más libre para utilizar elementos que quizás en ese debut en solitario no aprovechaste como una forma de romper con tu pasado? 

Manu G. Sanz: Es interesante lo que comentas, porque en cierto modo “Abeja reina” podría haber formado parte del repertorio de Selvática, con ese pop más dreamy y distorsionado. En “Flores y Diosas” las canciones surgieron de manera más sutil, y el enfoque acústico de la producción me pareció el más adecuado para que se desarrollaran plenamente. En las nuevas composiciones hay una paleta más amplia: aparecen toques eléctricos y de distorsión como matices que acompañan la canción sin alterar su naturaleza. 

A pesar de que tus canciones contienen muchas capas de sonido y elementos diversos, sin embargo no me suenan abigarradas, al contrario casi orgánicas ¿te preocupas mucho de que la aparición de esos detalles musicales no sean una acumulación sino un complemento? 

Manu G. Sanz Me importa que las canciones respiren y tengan su propio espacio. Todas nacen de la guitarra y la voz, y creo que deben poder sostenerse así, por sí mismas. A partir de ahí, los arreglos se suman para enriquecerlas y darles matices, sin cubrir ni diluir aquello que les da vida. Si algo no aporta, lo retiro; la idea es que todo sirva para fortalecer lo que ya está en el corazón de la canción. 

¿Qué tienes que sentir al escuchar de una de tus canciones para asumir que ya está acabada?

Manu G. Sanz: Procuro encontrar el equilibrio, agudizando los sentidos y dejando que la propia canción muestre por dónde puede ir. Muchas veces la solución es aplicar el “menos es más” y quitar elementos que no funcionan. También es importante darles tiempo y tener paciencia, dejarlas reposar y volver a ellas tras cierto tiempo, algo que antes hacía menos, pero que ahora considero fundamental para que se terminen de formar por completo. 

También ejerces tareas de productor, salvando la lógica distancia que supone trabajar con material ajeno, ¿en la manera de afrontar una grabación sea tuya o de otra persona sigue unas mismas pautas o contigo mismo tienes una manera de proceder distinta? 

Manu G. Sanz: Cuando grabo a otros grupos, para mí es fundamental respetar la idea de sonido que ellos quieren conseguir, siempre dentro de las limitaciones de mi estudio. No se trata de imponer mi criterio, sino más bien de acompañar el proceso, aportar cuando es necesario y dejar que las cosas fluyan. En cambio, cuando trabajo en mi propio material, el diálogo es conmigo mismo: pierdes un poco del dinamismo y la interacción que aporta otra persona, pero a la vez el proceso puede avanzar más rápido. 

Hay una imagen en el interior del disco, donde apareces retratado en medio de la naturaleza con un espejo que no reproduce tu cara sino la del entorno natural, que me parece absolutamente identificativa de lo que esconde en sus textos el disco, esa unión y traducción del ser humano a través de la naturaleza...

Manu G. Sanz: Me encanta lo que dices, creo que refleja muy bien lo que queríamos transmitir con esa imagen. La foto me la hizo mi novia, Paula, en un bosque de Caminha, y durante un tiempo pensé que sería la portada. Finalmente opté por las acuarelas de Tamarindo Conde, que aportan una dimensión más psicodélica, pero esa foto sigue formando parte del interior del disco y creo que resume muy bien el diálogo entre el ser humano y la naturaleza que atraviesa todo el disco. 

Más allá de esa ensoñación bucólica, tus textos también reflejan la incertidumbre que esa intermediación del medio natural para definirnos es capaz de trasladar, revelando nuestra esencia más pura y todos aquellos fantasmas que nos habitan…. 

Manu G. Sanz Así es, las letras nacen de esa sensación de que la naturaleza actúa como un espejo: nos refleja, nos interpela y nos permite descubrir nuestra esencia, con todo lo luminoso y lo oscuro que llevamos dentro. Cada texto surge como un pequeño viaje entre lo tangible y lo imaginario. 

Este tipo de sonido pop que utilizas marida a la perfección con la lírica de tus canciones, ¿tienes en cuenta que exista una conexión entre lo que quieres trasladar en tus letras y la banda sonora escogida? 

Manu G. Sanz Para mí es fundamental que la música y las letras dialoguen entre sí; Los arreglos y los matices sonoros surgen pensando en reforzar lo que quiero transmitir con la letra, en subrayar emociones, imágenes y sensaciones, de modo que la banda sonora y el texto se potencien mutuamente. Por poner algunos ejemplos, la guitarra solista de “Abeja Reina” la concebí como un aleteo, o la elección del tambor como percusión en “Árbol” con ese pulso rural busca reforzar el tono campestre de la canción. La reverberación y los motivos psicodélicos en "Flor de luna" están ahí para acentuar su carácter onírico. El disco está lleno de estos pequeños detalles que, aunque no siempre sean evidentes, forman parte de la intención al crear las canciones y quedan reflejados, aunque sea de manera simbólica. Me gustan mucho ese tipo de pensamientos “mágicos” y cómo pueden dar vida y textura a la música. 

Cuando escucho estas canciones no puedo evitar imaginarte escribiéndolas en medio del campo bajo un árbol y rodeado de pájaros (risas), ¿esa fotografía es real o la invocación a la naturaleza que haces es más un elemento simbólico y ficcionado? 

Manu G. Sanz (Risas) creo que te aproximas bastante a la realidad. La mayoría de las canciones las compuse en diálogo directo con los lugares que visito aquí en Galicia o en el norte de Portugal. Me llevo la guitarra y me pongo a tocar en la orilla del río, debajo de un árbol, en las rocas de una pequeña playa, o en medio de un camino del bosque… en general, en cualquier sitio donde me sienta a gusto y en soledad, acompañado solo por los sonidos del lugar. 

En cualquier caso, si bien parto de esa conexión directa con la naturaleza, el resto surge del juego de la imaginación, transformando esas vivencias en canciones con un fuerte componente metafórico. 

Teniendo en cuenta que este un disco necesita reposo, ser escuchado y sentido, una condición contraria a la que se estila hoy en día en la música, ¿te sientes encerrado como el Minotauro que da título a una de estas canciones? 

Manu G. Sanz No lo había pensado de esa manera, pero es interesante que pueda interpretarse así. “Minotauro” se inspira en “Los Reyes” de Julio Cortázar, una obra de teatro donde el Minotauro encarna al poeta, al hombre libre, una presencia que inquieta al sistema, que envía a Teseo para extinguirlo y, con él, intentar silenciar la libertad que representa.. Esa inversión del mito me pareció muy sugerente, y ahí sentí que había una canción. 

No sé hasta qué punto a la hora de componer y grabar este tipo de canciones, dada su complejidad instrumental y detallista, piensas en la manera que tienen de ser llevadas al directo… 

Manu G. Sanz Desde que inicié mi camino en solitario no he tocado en directo con mucha frecuencia, aunque este año planeo hacerlo más a menudo. Por ahora, el formato que utilizo combina voz y guitarra en vivo con el resto de los instrumentos como bases pregrabadas, y funciona bien ya que las canciones tienen estructuras de acordes y melodías muy definidas. Algún día, quién sabe cuándo o cómo, sería muy bonito formar una banda para tocar estos temas, pero por ahora no es algo que contemple. 

Mucho se habla de que habitamos una aldea global interconectada, pero propuestas como la tuya, que se suma a una trayectoria extensa, parece estar condicionada a tener repercusión mayormente en tu propio entorno, en este caso el gallego ¿casos como el tuyo son la evidencia de que esa supuesta democratización en el público gracias a las redes sociales no es más que una ilusión? 

Manu G. Sanz La democratización es relativa. Las redes también funcionan como una promesa constante de alcance que rara vez se concreta del todo. Todo depende de engranajes que no controlamos y cuya lógica a veces resulta inquietante. Si un proyecto no cuenta con determinados apoyos, el alcance acaba siendo limitado y se generan pequeñas burbujas donde casi siempre interactúan los mismos perfiles, mientras otros contenidos se repiten hasta la saturación.

Intento no obsesionarme con las redes, usarlas con cierta calma y seguir a mi ritmo. No siempre es fácil, pero me siento más cómodo así, dejando que la música encuentre su sitio.

La Perra Blanco: “Lovers and Fears”


Por: Juanjo Frontera. 

Cualquiera que se pare a observar a Alba Blanco (La Línea de la Concepción, Cádiz, 1995), sobre todo cuando se encuentra subida a un escenario, lo que ve es una mujer tremendamente fuerte -de hecho, boxea- , una jefa que dirige a sus músicos, mayores que ella y hombres, con mano firme y que no titubea ni un segundo en su actuación sentida, precisa y absolutamente brillante. Lo que no sabe mucha gente es que, a lo largo de los últimos años, la líder de La Perra Blanco en muchas de esas ocasiones en que subía a escena sufría ataques de pánico. De lo único que tenía ganas era de meterse en su cama y, sin embargo, tenía que dar un concierto a un nivel estratosférico de adrenalina. Y lo hacía. 

Algo que la hace aparecer todavía más fuerte a nuestros ojos, pero eso no quita para que sea especialmente importante apreciar y visibilizar que los problemas emocionales o de salud mental están ahí, acechando en cada esquina, incluso a personas tremendamente fuertes que tocan rock and roll como si no hubiera un mañana sobre un escenario. Es esencial saber esto, y más de cara a hablar del disco que es objeto de estas líneas, en cuya creación, ha comentado su autora, han tenido una poderosa presencia todos estos problemas.

El tercer álbum de La Perra Blanco se titula "Lovers & Fears" y es, como todo tercer álbum que se precie, el que debe confirmar el proyecto como lo que es: un éxito a nivel internacional que se rifan en festivales de todo el mundo y cuya lista de fans es cada vez más grande. Quizás por eso, entre otras cosas, la vida de Alba ha dado tal vuelco que ahora necesita ahogar esos fantasmas y ansiedades en un disco grabado en Valencia (Estudios RPM), sí, pero mezclado y masterizado en USA bajo la producción nada menos que de Jimmy Sutton. Un disco cuyo título, además, lo dice todo: amantes y miedos. 

No hay duda de que Alba y sus compañeros (Jesús López a la batería, Guillermo González al contrabajo y otros) han echado toda la carne en el asador. Como decía, el disco se ha grabado en los estudios que en las afueras de Paterna, ciudad contigua a Valencia, tiene el ingeniero Roger García, pero la postproducción y mezclas se han hecho en Chicago bajo la batuta de Sutton, contrabajista, colaborador de JD McPherson (que también se pasa por aquí, colaborando en “Sin amor”) y reputado productor, un hombre con un toque midas en el mundo del rockabilly. 

Su experta mano se deja notar desde que empieza a sonar el primer tema: “Number one fool” posee un sonido orgánico, endiabladamente rítmico y Alba está impresionante en su interpretación vocal, arropada por el saxo de Gerard Vercher, otro de sus habituales. Fue el primer single del disco y es ahora una excelente puerta de entrada al mismo junto a los otros dos adelantos, que además han supuesto la gran novedad. Tanto “Devil in my bed” como “Sin amor” cincelan la primera incursión en álbum de La Perra Blanco en la lengua castellana y su resultado, hay que decirlo, es excelente. 

Ya quisieran muchos artistas tener un comienzo de disco como este. El mencionado trío de ases en formato canción funciona como infalible reclamo para que uno se quede pegado como una lapa a un disco que en ningún momento cesa en su empeño de dejarte sin respiración. La paleta de estilos se ha ampliado en el sonido de la banda y ahora está todo mucho más influido por la música afroamericana, sin abandonar el rock and roll, claro. “Barracuda” explora la pureza rockabilly, pero después llega el blues al más puro estilo Freddy King con un “I feel fine” en el que Alba despliega su pericia guitarrera explicando a manos llenas por qué es una de las mejores en este negociado. Y lo mejor es que lo mismo hace esto, que canta un tema como “Hold me”, en una clave deep soul que recuerda a Etta James, Irma Thomas o Lorraine Ellison. Pasando incluso por mambos sabrosones al estilo Nick Waterhouse (“Raining love”), instrumentales electrizantes a lo Link Wray (“La furia”) o escarceos con el rhythm and blues (“In need your lovin’”) que, efectivamente, sirven para certificar que lo de esta mujer no era broma ni espejismo: ha llegado para quedarse, reclamar su trono y gobernar a su propio ritmo en el imperio del rock and roll. Y eso no hay ataque de pánico ni crisis emocional que lo pare ¡A por todas, Alba!

Chencho Fernández, la bohemia callejera cumple diez años


Por: Guillermo García Domingo y Javier González.

Si realmente “Dadá estuvo aquí” importa poco o nada, seamos francos. De lo que no cabe la menor duda es que Chencho Fernández sigue estándolo, para regocijo y disfrute de quienes profesamos de forma militante su fe. Y es que en Sevilla es raro quien no le reza a algún santo. Sea la Macarena, la Esperanza de Triana o al Gran Poder; Sevilla o Betis en lo futbolístico, rescatando para el apartado puramente musical a quienes todavía le ponen flores al maestro Silvio Fernández Melgarejo a la diestra del cielo. Y claro, puestos a elegir, algunos decidimos poner velas a un santo de apariencia menor, canalla y pendenciero, pero con un discurso y lírica propias que nos sedujo tiempo atrás, arrastrándonos por la nocturnidad que desemboca en los rincones insólitos del callejero de la capital andaluza, topándonos con el más bohemio de sus actuales exponentes y de paso con un cancionero tan apabullante como romántico, pleno de magnetismo.

Y ahí seguimos diez años después, dándole vuelta a “Dadá estuvo aquí”, recuperando viejas farsas de la cuna a la tumba, habitando durante cinco minutos sórdidos pasadizos entre páginas de Jean Genet y cerrando garitos en La Alameda de Hércules como escenarios principales en un viaje imposible que arranca en el Nueva York “lourrediano”, tiene transbordo en La Elipa y destino marcado hasta desembocar en puerto seco que remata en las lindes de la calle Feria, donde nos esperan “garçonnes”, muchachas rurales y “muñecas” de toda índole que nos harán caer rendidos presos de enamoramientos de una sola noche en madrugadas crapulosas, mientras al fondo de la barra, sepultado entre brumas de humo, alcohol y otras sustancias, Chencho apunta cada escena, conversación y letanía en su libreta, por si acaso las Musas deciden visitarlo a traición, estar preparado para musicarlo con la categoría con que solamente él puede hacerlo.

Dicen las malas lenguas que estas canciones volverán a sonar una noche más en Sevilla en apenas unos días, también que Chencho anda tocando con Sick Buzos y hasta hay quien afirma haberle visto encerrado en un estudio de grabación, quién sabe si preparando otro nuevo trabajo en solitario; inclusive hay quien dice que Muñecas de Calle Feria han cobrado vida, reuniéndose para ensayar, previsiblemente para preparar una hipotética tanda conciertos y hasta una reedición de su único y nunca editado trabajo, “En la Cresta del enrolle”. No negaremos la mayor, tanta información nos abruma, generando cierta ansiedad en nosotros. Tocará esperar y comprobar si los rumores son ciertos, o si, simplemente, todo fue producto de una mala resaca.

De momento, hemos decidido hablar con Chencho para que nos confirme tantas noticias y celebrar que “Dadá” vuelve a estar por aquí, paseando palmito al ritmo de unas canciones que nunca fueron éxito, algo que su fieles celebramos mirando con desdén, superioridad y altanería a todos esos estúpidos que malviven sin conocer la grandeza de sus letras. El próximo viernes, día 20, lo vuelve a presentar en Sevilla en la Sala X. 

Cuéntanos un poco cómo ha surgido la posibilidad de volver a darle una nueva vida a este disco que tuvo extrañamente dos publicaciones. Cuéntanos un poco cómo ha surgido la posibilidad de volver a publicar el disco de “Dadá Estuvo Aquí” 

Chencho Fernández: Sí, efectivamente, “Dadá estuvo aquí” es mi debut en solitario, bajo mi propio nombre. Y a mí me recuerda un poco a aquellas publicaciones literarias. Pertenece más al mundo de la literatura que al de la música en cuanto a su edición. Es como esas publicaciones de las que se edita una pequeña tirada, yo qué sé, en los años 20, de Kafka, y luego la publica Gallimard, y pronto se hace un poco más conocido. Algo así es lo que ocurrió con “Dadá”. Cuando empezamos a grabarlo no tenía sello, salté sin red, corrí ese riesgo. En ese momento irrumpió en el proceso de grabación mi viejo amigo Pepe Benavides, a la sazón, regente del ínclito Fun club, y me viene con la noticia de que estaba relacionado con Jordi Gil y Javi Mora. Y entonces aparecen por el estudio Javi Mora y Pepe Benavides para decirme que iban a fundar un sello “ex profeso”, nada más que para sacar el disco.

Entonces, pues, ante esa ambición, contesté encantado, tenía un sentido para mí especial, además, por tratarse de un club, un sitio, con un aura casi mítica aquí en Sevilla, musicalmente hablando. Una sala para conciertos, por antonomasia, de Sevilla, y además club de referencia, de encuentro para los parroquianos. Todo muy rockero y muy mojado en el “rock and roll way of life”.

Se presentó el sello, sacamos el sencillo, y esa fue su primera edición. También podemos hablar un poco de ello. Se publicó en formato CD, porque estamos hablando del año 2014, y esto ya nos lleva un poco a mirar el panorama del momento, no solo en Sevilla, sino en España. Entonces, el formato que se eligió fue el de CD, puesto que, en aquel entonces, todavía se pensaba que el CD, en 2014, tendría más predicamento. Tenía futuro todavía, parecía. Lo que ocurrió el año siguiente fue que el disco empezó a tener cierto eco entre bloggers y demás, sobre todo. Lo cual no dejó de sorprenderme. Yo no sabía realmente la suerte que iba a tener el disco, yo lo hice por convicción pura y dura. Y bueno, quiero decir que la acogida fue halagüeña. Además, entre un público melómano. Todo eso en el contexto de 2014, tú sabes, en una industria musical cambiante, bastante inestable. En cuanto al formato, desde luego, y en cuanto a, no sé, a aquello de la muerte del indie. Creo recordar que el panorama musical estaba bastante revuelto en España y, bueno, en ese contexto apareció el disco. Y con la suerte de que a través del boca a boca y tal, llegó incluso a Warner, la multinacional, Warner Music Spain. Me citaron en Madrid y en fin, mostraron interés en mí y en mi música, y en el disco en concreto.

Entonces, fue tal ese interés que terminaron, por así decirlo, fichándome y reeditando el disco, también en CD, con lo cual persiste la idea de que el CD tiene recorrido. Yo, en ambas ocasiones, con el Fun Club y con Warner, pues mencioné, digamos, que, bueno, oye, si puede ser vinilo, mejor. Además del digital, por supuesto, eso se da por hecho. Entonces, pues nada, se editaron ambas ediciones, una que, digamos, se comió a la otra, que fue la de Warner. El disco tuvo su proyección y demás. Pero, bueno, sobre todo el tema de streaming y las redes sociales y demás, porque, obviamente, la distribución no llegó a ser nunca, incluso siendo CD, demasiado amplia. Había mucha gente que me decía, gente cercana y otra que no conocía, pero que se había enterado de la publicación, y me preguntaban dónde lo podían conseguir. Y yo estaba bastante maniatado. Y eso era una cuestión de la distribución de Warner, que dejaba bastante que desear.

Yo comprendo también que la multinacional, que tiene muchísimos artistas, supongo que darán prioridad a uno en detrimento de otro. Pero, bueno, el caso es que todo eso, al pasar de los años, pues nos encontramos con eso, con seguir haciendo discos. Pero, entonces, con mi nuevo mánager, pues, surgió la idea de reeditarlo, la vieja idea de reeditarlo en vinilo, por primera vez, y eso es lo que hemos hecho. Y al final lo hemos conseguido, por lo cual estoy muy contento. Jordi Gil ha hecho la remasterización para el vinilo. Sabemos que sin el concurso de All La Glory, y por extensión su líder, Juano Azagra, es complicado pensar en tu carrera. ¿Qué influencia ha tenido en tu música esta banda superdotada? Sí, efectivamente. Bueno, es mi banda de acompañamiento, se puede definir así, con la que trabajo habitualmente, desde los albores de su misma creación, porque cuando empecé a trabajar con los músicos de la All La Glory, todavía no se llamaban así, no eran un grupo, en “Dadá estuvo aquí” están cuatro de sus cinco componentes. Estaban los cuatro. En ese momento que empezamos a grabar, creo que acababan de fundar el grupo prácticamente. Ya estaban constituidos como grupo. Quizá cuando terminamos el disco, pero era muy reciente, se formaron a la par de la grabación, más o menos. Con el guitarrista Israel Diezma, yo ya venía tocando desde hacía bastantes años, desde hacía cinco o seis años, o más quizás, antes de grabar el disco. Entonces, en torno a él es como yo monté la banda que iba a tocar en “Dadá”. Israel me dijo que estaba con Juano (Azagra) y ahí fue cuando entró Juan, a quien también conocía desde hacía 15 o 20 años, toda la vida. Éramos amigos. Pero confluyó eso, ellos se estaban montando como grupo y yo, al tirar de Israel Diezma, ya vino toda la banda detrás. Desde entonces son un pilar en mi trabajo, en mi sonido, porque son ellos los que están detrás de la grabación, si nos ceñimos a la grabación y también a los directos. En la inmensa mayoría de las ocasiones, en directo, aunque alguna vez, he tocado sin ellos, pero rara vez, desde los últimos años siempre lo hago con ellos. Y bueno, en las grabaciones de los tres discos publicados hasta ahora, están, sobre todo, en dos de ellos, que son “Dadá estuvo aquí”, y en el “Meridiano de Greenwich”, en las que se encargan absolutamente de todo, son la banda base. Incluso llegué a hablar con ellos de la posibilidad de poner el trabajo a nombre de los dos, de Chencho Fernández y All La Glory. Pero fueron ellos los que declinaron el ofrecimiento, aunque detrás de la grabación, están ellos, todos sus miembros, hasta Fran Pedrosa y Pilar Angulo. Este es un disco, “Meridiano”, el último que hemos publicado, es un disco de Chencho Fernández y All La Glory. ¿Qué ocurrió luego? Pues que poco después se disolvieron, eso es lo que ha ocurrido recientemente. Como tal, ya no actúan como All La Glory, y esto es algo que tendríais que preguntar más bien a ellos. Porque no sé exactamente los motivos que han llevado a que esto sea así. Yo con ellos tengo mucha química y también proyección e intención de seguir trabajando junto con ellos. Aunque no se llamen así, o se llamen como quieran llamarse, son ellos los músicos con los que he trabajado, tanto en estudio como en directo. Además de poder contar con algunos otros músicos, pero ellos son la banda base, también en el concierto que vamos a dar en Sevilla, en la Sala X. 

"Eso también merece un debate, si la movida era realmente madrileña o era española. Eso de la movida madrileña es bastante discutible"

Hace unas semanas Kike, el cantante de Vera Fauna, dijo que algunos barrios de Sevilla han dejado de sonar. ¿Crees que tiene razón, es algo que está sucediendo? No sé si tú estás de acuerdo con que se está transformando mucho tu ciudad. Si realmente crees que es cierto eso de que está dejando un poco de sonar Sevilla, tal vez porque se está perdiendo ese dadaísmo sevillano. Ya no están esos personajes que electrizaron la escena, y que aparecen en el disco, por cierto, como Silvio y otros personajes absolutamente irrepetibles. ¿Sevilla está perdiendo esa decadencia elegante que antes tenía? 

C.F.: Yo no estoy de acuerdo. Bueno, hay unos cambios generacionales que sí veo que están ocurriendo. Es decir, a Silvio, a esos los llamamos nosotros los “antiguos”. Los “antiguos” están ahí, son Smash y otros, sobre todo aquello que fue la piedra filosofal del rock en Sevilla. “Pájaro” es una figura fundamental porque es el heredero natural y directo de todo aquello. Sevilla tiene una escena bastante viva desde que yo empecé a tener contacto con la escena musical. Era bastante joven, como a finales de los ochenta. Ya habían pasado varias cosas. El llamado rock andaluz, hecho por Triana. El rock más progresivo, como Imán, un grupo bastante prominente durante los setenta, sobre todo. Lole y Manuel, también flamencos. Pata Negra, por supuesto, y Kiko Veneno. Cuando yo llegué eran como los más pujantes, a finales de los ochenta. Y luego está la época dorada de Silvio. Tampoco soy conocedor en profundidad. Silvio era el epítome del artista underground que se conocía en Sevilla. En Sevilla era muy activo. Lo fabuloso de Silvio es que fue a Madrid a la movida, digamos que viajó a la movida madrileña. Eso también merece un debate, si la movida era realmente madrileña o era española. Que es lo que al final se está viendo, porque Siniestro Total eran galegos, o Ilegales, del tristemente fallecido Jorge Martínez, que Dios o el diablo, o ambos, lo tengan en su gloria. Loquillo tampoco era de Madrid y fue allí. Eso de la movida madrileña es bastante discutible. Aunque bueno, como sello, como nombre, marca comercial, pues supongo que como todas marcas comerciales, sería útil en su momento y ya está. Pero bueno, Silvio va a Madrid y ya es un señor entrado en edad, se encuentra con todos aquellos jóvenes inquietos y entonces en Madrid no encuentra muy buena comprensión y acogida, y se vuelve a Sevilla diciendo que prefiere ser “un rey en un reino de taifas a ser uno más en la capital”. Y entonces, pues, efectivamente, se metió en lo que él llamaba el “triángulo”, que se ha venido a llamar el “triángulo silviano”, formado por Huelva, Sevilla y Cádiz. No se movía de ese “triángulo”.

Ya nunca más salió en su vida de esas tres provincias. Eso es Silvio, un caso muy particular. Silvio aquí en Sevilla a estas alturas es poco menos que venerado, como una especie de santo patrón del rock local. De todas formas, esta etiqueta es algo que a mí no me convence demasiado. Hay mucha gente que se adhiere a eso del rock sevillano, pero el rock sevillano no es más que la versión de aquí, de Sevilla, que puede haber en cualquier otro sitio. Habrá rock segoviano, y habrá rock vigués, y habrá rock santanderino, no lo sé.

Entonces no es más que una forma de llamar a una escena sevillana. La escena sevillana es una escena, desde mi punto de vista, y desde mi vivencia, bastante viva. Nosotros tenemos ahora, por ejemplo, los Derby Motoretta, o los mismos Vera Fauna que tú has mencionado, y algunos más. Los Fusiles, también. Incluso van surgiendo nuevas bandas. Hay un caldo de cultivo, y algunas de ellas eclosionan con éxito. 

"A Las Muñecas de la calle Feria nos da igual lo que diga la realidad, nosotros estamos en Nueva York, y así actuamos"

Y de entre todos esos, sobresale ese “rara avis” que es Chencho Fernández, y que tiene su propia escuela musical. Nosotros hemos trazado un paralelismo entre el señor Lou Reed y los New York Dolls, y por esa vereda te metes en La Elipa y terminas en la Alameda de Hércules escuchando a Chencho Fernández en el Fun Club. 

C.F.: Creo que has seguido el itinerario correcto. Me halaga, y al mismo tiempo me quito el sombrero. Sí, los Burning, por supuesto, forman parte de mi educación sentimental, sin duda alguna. Y también me gusta eso que decís del dadaísmo. No se me había ocurrido esa nueva sección del dadaísmo. Está bien periodísticamente que lo mencionéis. Ya te digo, sí, es una confluencia de cosas que me lleva a cada vez a entender mejor lo que estoy haciendo. El grupo Las Muñecas de la calle Feria, por ejemplo, tiene un ADN así. Los miembros de las Muñecas tenemos mucha imaginación, inducida, a veces, por la droga, otras por... no sé, porque nos hemos caído en la marmita (risas).Tenemos mucha imaginación. Yo con Las Muñecas he vivido a veces como si estuviéramos mirando alrededor y nos diera igual lo que dijera la realidad. Que nosotros estamos en Nueva York, ¿vale? Y al que nos diga lo contrario le diremos que no estamos de acuerdo. En lo que a nosotros respecta estamos en Nueva York, y ya está, pues así actuamos. Y entonces es como una especie de viaje astral, en la historia y en el espacio. El mismo nombre, incluso, cuando lo fundamos, no te diré bajo los efectos de qué droga, pero me acuerdo, todos nos acordamos de aquel día, porque entre otras propiedades de esa droga no afecta demasiado, o afecta beneficiosamente a la memoria, por lo que veo. Y entonces lo fundamos, y oye, “¿qué nombre nos ponemos?” Pues estábamos ahí hablando de referencias, en un bar, el Vizcaíno, en la calle Feria, así que dijimos, pues Las Muñecas de la calle Feria. Así fue. Sí, es un ADN muy neoyorquino. Sí, entonces por esa fecha salió “Por favor, mátame”, sobre la historia oral del punk. Está muy bien hecho, a partir de testimonios. Ese libro echó por tierra la falsa idea de que el punk es de origen inglés. Fue un libro importante por eso. Vamos a ver, a ver si nos enteramos ya de que el punk era una cosa que sucedió en Nueva York. Sí, en Estados Unidos, sucedió en Nueva York, ¿sabes? Y luego ya, pues, se extrapoló a otros lugares, gracias a aquel mánager que hizo de puente, Malcolm McLaren. Y aparte hay una sensibilidad especial, ¿no? Los Ramones siempre hablan, sobre todo Joey, decía que el punk no tenía nada que ver, o bueno, o tiene poco que ver con eso que entendían en Londres y tal, que era ese de pegarse, lanzarse escupitajos y partirse la boca y todas esas cosas. El punk era otra cosa. Era una rebeldía, propia del rock and roll. Ellos mismos hablan en sus letras de volver, de salvar al rock and roll, de tanta inmundicia, de tanto horterismo. Los Ramones son como la esencia. Pero venía, pues, de Television, de los Dolls, de la Velvet, de la escena de Nueva York, ¿no? Y La Muñecas, pues, también nos sentimos herederos de ello, aunque hayamos nacido en otra parte del Atlántico y nos lo creemos a pies juntillas. Y ya te digo, además si nos ayudamos de ciertas sustancias, pues, el sueño se hace realidad.  

A través de Patti Smith también llegó la poesía, el simbolismo a Nueva York, el simbolismo francés. “Dadá estuvo aquí” es un disco muy afrancesado. Es un disco que recuerda la “chanson française”, Brassens o Boris Vian. Se puede observar en la “mala leche” de las letras. Por ejemplo, en “El rayo a punto de caer”, llevada de la mano de ese bajo extraordinario y tu fraseo que es puro Burning. También puede comprobarse la influencia francesa en “Este matrimonio no casa”, aunque en este caso, los dardos mordaces van dirigidos a ti mismo, lo que te honra. Y “Si alguna vez mueres joven”, soberbia. 

C.F.: Sí, sí, sí. Muy acertado, por tu parte, sí. Bueno, para mí la figura francesa por antonomasia es Serge Gainsbourg. Su “cicerone” fue Boris Vian, precisamente. Sí. Boris Vian era un tío muy curioso, también me gusta mucho. Era un tío que escribía novelitas muy irreverentes bajo un pseudónimo. Y él estuvo en esa eclosión de la nueva “chanson”, después de Edith Piaf, que también me encanta. Y eso era en los 50, mucho antes de las revoluciones posteriores. En la posguerra y además está muy ligada al movimiento existencialista y Juliette Gréco en París, pues ahí surge. También la Nouvelle Vague. Es un momento, digamos, regenerador de la posguerra en Francia, que regenera todo el tejido cultural de Francia que después se convirtió en el rock que, en los 60 también tuvo mucha fuerza entre los franceses, como Johnny Hallyday. Era una industria que le miraba de tú a tú a la anglosajona. Lo que pasa es que los anglosajones son como son. Y ellos son los mejores propagandistas de su propia industria. No se puede competir con ellos. En España, también, esta misma mañana escuchaba a Los Brincos, que aunque adolecen de cierta cursilería, la sociedad estaba infantilizada con Franco, musicalmente son muy interesantes. Son muy beat. Si fueran británicos serían famosísimos. Pero son buenísimos. Entonces, en Francia, España, había una cultura pop. Ahí están los albores de la cultura pop. A mí me gusta pisar en ellos. Porque ya sabes lo que dice ese viejo axioma, que para transgredir hay que tener un pie en la tradición y otro en la vanguardia, si quieres. Pero desde luego no olvidar la tradición, de dónde se viene. 

Se nota especialmente la influencia en la “La garçonne”. Esta historia narrativa, casi todas lo son en la que aparece Jean Genet, escritor maldito. Es quizá la más francesa, juega también con la ambigüedad sexual del personaje. 

C.F: Sí, sí. Esa canción la compuse cuando yo vivía en Barcelona. Y la compuse allí, vivía en el Raval, en lo que se llamaba el barrio chino. Es donde vivió también Jean Genet. Jean Genet tuvo un periplo en el que recaló en muchos países europeos. Lo cuenta en “Diario de un Ladrón”, la vida en el barrio chino. Era un lumpen absoluto. Era uno de los barrios más conflictivos y peligrosos. Lo impresionante de Jean Genet es que es una figura, por otro lado, adscrita a la tradición francesa, y sus personajes totalmente marginales que más adelante se erigen en grandes artistas. Es lo que pasó con François Villon. François Villon era un personaje en la Edad Media que tiene un poema famoso que se llama “El ahorcado”, en el cual se ríe la autoridad, porque François Villon era un proscrito, estamos hablando del siglo XV, al que la autoridad perseguía sin cesar y al que jamás conseguían detener. Y se vio con la soga al cuello en numerosísimas ocasiones y en todas se libró de la horca, de la muerte, se burló de la muerte. Y era poeta, digamos, y está en la fundación de la mismísima nación francesa, como el Conde Lucanor y Jorge Manrique. Si hablamos de la historia de la literatura francesa, siempre hay muchos marginados que son grandes artistas, como Rimbaud. Genet seguía esta tradición de haber estado en la cárcel, era un ladrón, porque él era huérfano, y estaba en las calles de París, lo que luego también retrata un poco Truffaut en “Los cuatrocientos golpes”. Esos niños pícaros, que no han visto el mar todavía, que viven en París, en los barrios bajos. Esta canción “La garçonne” se mueve un poco por ahí. 

"Hay canciones que puedo hacer en días o incluso en meses. Y hay otras canciones que puedo hacer en minutos. "Una buena noche” es una de ellas"

Estas canciones hacen de contrapunto a Sevilla. Porque el disco es muy callejero, incluye muchas experiencias en la noche, incluyes muchas citas de lugares y demás, y salas de concierto. “Meridiano”, en cambio, el más reciente, es más íntimo e introspectivo.

C.F.: Sí. El disco tiene como telón de fondo Sevilla. Es un disco muy nocturno. 

Chencho, hay una canción a mí que me mata. Tiene su propia atmósfera y crea su tiempo y su lugar, me refiero a “Una buena noche”. Da igual lo que esté haciendo, siempre me hace llorar. Es una canción que crea su propio mundo. Yo la suelo escuchar en el coche. Igual en el coche te da una cierta intimidad, te puedes permitir llorar a tu antojo. Es una canción tan hermosa. La música es el líquido en el que flota la letra. Pero después la letra posee una graduación muy alta. Es una canción perfecta. 

C.F.: Me encanta la descripción que habéis hecho. “Una buena Noche” es una canción que desde el primer momento despertó una atención extra en comparación con las otras, para mi sorpresa, porque la hice de “una tacada”. En mi caso, hay canciones que están, digamos, hechas a fuego lento. O están ahí, como flotando, y yo las capturo. Hay canciones que puedo hacer en días o incluso en meses. Y hay otras canciones que puedo hacer en minutos. Esta es una de ellas. “Una buena noche”.

Es una canción que hice justo después de que me ocurriera lo que cuento en la canción. Lo que retrata es una Nochebuena, un día tan especial en la tradición católica y en nuestra sociedad. Ese día yo me encontraba solo en una isla. Que es Lanzarote. Yo vivía allí. Y la compuse allí. Y entonces describo un poco un sentimiento que me surgió aquella noche. Y regreso de esa andanza que describo y escribo inmediatamente la canción. Y eso fue lo que ocurrió con esa canción. “Una buena noche” en lugar de “nochebuena”. 

Además se prolonga mucho. El puente musical en el que te dejas mecer por la canción se alarga. Es una maravilla. Yo la escucho hasta el final. Confieso que este disco lo escucho del tirón. Es una canción detrás de otra. No elijo las canciones. Porque no sabría cuál elegir. Es verdad que tengo predilección por esta. 

C.F: Yo creo que esta prolongación es el “quid” de la cuestión. Yo tiendo a ser intuitivo, ¿no? Más que cerebral, a la hora de componer y también a la hora de registrar. Diré de ella que también fue muy especial el momento en el que registramos la toma en concreto. Porque está hecha al final de una jornada bastante extenuante. Y fue Jordi, el productor, el que insistió en que siguiéramos. Estábamos bastante reventados. Y entonces a base de forzar, de insistir, pues sacamos ese jugo. Y salió la toma que finalmente se registró. En cuanto a la longitud final. Es exactamente lo que tú has dicho. Es un tiempo que sirve para ahondar en la herida, dicho de forma un poco más dramática. Hay que dejar que fluya. Está en sintonía con el “flaneur”, el paseante francés que recorre la ciudad por la noche. 

A estas alturas de la entrevista estamos rendidos a Chencho, a su genio y sabiduría musical, por eso las siguientes preguntas ahora tienen que empezar a orientarse a la recreación en directo de “Dadá estuvo aquí”, y también nos gustaría saber si ese rumor de una posible reunión de “Las Muñecas de la calle Feria” tiene algo de real. 

C.F.: Pues mira, Javi, Guillermo, ¿sabéis qué? Eres muy perspicaz, ¿eh? Porque mira, te diré que sí. Las Muñecas dejamos en su momento la actividad del grupo y tal, pero seguimos viéndonos, somos amigos y coincidimos en muchas ocasiones por aquí y por allá. Y siempre estamos barajando la idea de reunirnos. Pues este año lo hemos hecho. Es decir, que ya estamos ensayando. 

A finales de enero estuvimos hablando y hemos concretado. Es una reunión sólida. Porque ya tenemos nosotros cuidado de no dar pasos en balde, ¿no? Entonces, te digo que sí, que Las Muñecas nos hemos reunido. Ahora, ¿qué es en lo que estamos? ¿Cuál es nuestro objetivo? Fundamentalmente, reeditar el disco que hicimos, el disco homónimo, estamos haciendo gestiones en esa dirección. Y la idea es, cuando lo reeditemos, presentarlo en directo. Y en segundo lugar, quizá sea pronto para ir diciéndolo, pero bueno, si queréis decirlo, por mí, sin problema. También estamos componiendo para un nuevo disco. Las muñecas de la calle Feria nos hemos reunido de nuevo, reeditaremos el disco homónimo y estamos componiendo un nuevo disco. 

"La Alameda en Sevilla fue el barrio que resistió la entrada de los fascistas en el 36 en Sevilla, un barrio resistente a la autoridad, muy popular y cultural"

¡Qué bien! ¡Qué maravilla! Chencho, oye, ¿y lo de Madrid? ¿Qué pasa? ¿Y acudir a otras ciudades y moverte un poco más? A ver si vas a ser como Silvio. 

C.F.: No, qué va, qué va. No, es mi caso. Ya te digo que... Silvio, digamos, es una figura que forma parte de la tradición de Sevilla, pero también de España. Si haces rock y eres de Sevilla, pues siempre se te pregunta por Silvio porque es como una figura que salta a la vista. Un personaje misterioso, porque también Sevilla es una ciudad muy propensa a esas cosas. Es como una figura casi divinizada. Yo no estoy de acuerdo con eso, porque soy bastante laico. Pero bueno, es un personaje que está ahí, y aparte tiene su calidad. Me gusta esta figura, unas cosas más que otras, pero no más que otras cosas a nivel local, a nivel nacional o a nivel internacional. En fin, es un clásico, como Germán Coppini, por ejemplo.

Yo estoy deseando hacer gira, hicimos una presentación de “Meridiano de Greenwich”. Después de la pandemia, me he encontrado con que el panorama del circuito de sala se ha complicado. Sí. Más de lo que era antes de la pandemia. Por lo menos esa es mi percepción, a partir de lo que veo en mi entorno. No sé si es porque hay menos público, o porque el público está más enfocado a los festivales, o otras cosas. Entonces, el circuito de salas lo veo bastante tocado. Y entonces, aventurarse es difícil. El alquiler de las salas ha subido exponencialmente. Entonces, fletar un grupo, con su furgoneta, los instrumentos y tal, se hace un poco difícil teniendo en cuenta la logística de la que dispongo.

A mi modo de entender, está relacionado con una promoción adecuada antes de ir a cada sitio, por lo menos para asegurar cierta garantía de que no “palmas” nada. Y luego, también, está supeditado a tener una continuidad. Por ejemplo, si vas Sevilla a Madrid, luego tienes que volver… Es más fácil, quizás, si empiezo con un concierto en Toledo, o Córdoba antes de Madrid. Concatenando así algunos conciertos más, para que salga más rentable el desplazamiento. Pero, bueno, dicho esto, Madrid es un lugar al que hay que ir. Si pudiera iría a Madrid, al menos dos veces por año. Hay mucha oferta cultural. Allí no se quema la escena. Por ejemplo, aquí en Sevilla, tengo mucho cuidado de no tocar demasiado, porque puede suceder que ocurra eso, quemar la escena. Si tocas todos los meses, o tocas demasiado, aunque, ya te digo que Sevilla está bien. Está bastante bien en cuanto a público, en cuanto a salas, en cuanto a infraestructuras, de acuerdo al tamaño de la ciudad, claro. Considerando el tamaño de la ciudad, es bastante pujante. Es fluctuante, pero se mantiene ahí. Sobre lo que decía antes Kike, yo lo conozco, por cierto y conozco mucho a Jaime Sobrino, el bajista. Sí, nos conocemos, somos parroquianos en algunos sitios y nos encontramos. Por ejemplo, la Alameda, ya sabéis que es un barrio, para entendernos, quizás como algo equivalente a Malasaña. Un barrio musical, ¿no? Un barrio muy musical. Un barrio muy cultural, y alternativo. Y francamente rebelde contra la autoridad y demás. La Alameda fue el barrio que resistió la entrada de los fascistas en el 36 en Sevilla. En Sevilla, la historiografía está muy interesada en decir que en Sevilla “pasaron” y la ciudad cayó casi sin resistencia, esa es un poco la leyenda. Y no fue así. Les costó bastante tiempo entrar en Sevilla, porque era como la aldea de Astérix y Obélix, o sea, que de ahí no nos movían. Y fue así bastante tiempo. Les costó bastante entrar en todas las zonas de San Luis, de la Alameda, de la Macarena. Esa zona dio bastante batalla. Y entonces, la Alameda es un barrio muy popular, y muy presente culturalmente desde siempre. Desde la Alameda salieron, por ejemplo, hace un siglo, o sea, en los años 20, del siglo XX, cuando estaban los cafés cantantes, Manolo Caracol, y otras muchas figuras del cante. El mercadillo del jueves en la Alameda es el mercadillo urbano más antiguo de Europa. Se celebra ininterrumpidamente desde entonces. Y también la Alameda es un bulevar que ha permanecido así, inmutable desde el siglo XVI. Es el bulevar abierto y urbano más antiguo de Europa. Más antiguo que los de París y más que los de cualquier otro sitio. La Alameda es un sitio muy especial. Y lo sigue siendo. Ahora la amenaza se llama gentrificación, que es lo que ocurre en otros sitios. Pero ahí resiste también. 

Teniendo en cuenta tu estética, tus letras, que ya te estás convirtiendo en una leyenda, la sabiduría musical que atesoras y lo persuasivo que eres al hablar de música y otros asuntos culturales, ¿has pensado en escribir un libro que cuente tu historia?

(Risa) No lo sé, pero es posible, sí, 

Muy recientemente tu oficina nos ha enviado la versión de Spanish Bombs que has realizado…

Efectivamente, queremos relanzarlo porque se cumple el 90 aniversario de la sublevación militar. Sí. Y por esta razón nos ha parecido bien hacer una campaña de relanzamiento de este tema. 

Ha sido un placer muy grande poder hablar contigo, Chencho, tu música nos entusiasma, ¡no podemos elegir entre tantas buenas canciones! En nuestra revista estamos rendidos a ti, y nos consta que hay muchos aficionados que también lo están. Esperamos que vayan al próximo concierto en Sevilla, en la sala X, el día 20 de febrero. 

Os lo agradezco mucho. Me siento muy halagado. Ha sido un placer hablar con vosotros. Ya nos conoceremos personalmente. Un abrazo. 

El placer ha sido nuestro, Chencho. Claro que sí, nos conoceremos. Un abrazo muy grande. Mucha suerte.

Celtas Cortos celebra 40 años "contando cuentos"


El grupo vallisoletano de folk y rock Celtas Cortos ha comenzado una pequeña gira estatal para celebrar sus cuarenta años como banda. A las diez fechas anunciadas hay que restar la de Bilbao, cancelada por "problema logísticos".

Durante el show sonarán canciones de sus inicios (incluso de cuando era un grupo totalmente instrumental), de apreciados trabajos como "Tranquilo majete" o "Tienes la puerta abierta" y llegando a algunas de sus últimas composiciones, publicadas recientemente. Sus miembros originales prometen mucha diversión: “Queremos devolverles todo su apoyo en estos años con un concierto inolvidable en el que, al menos durante dos horas, podrán olvidar sus problemas. El público es el que ha hecho posible que lleguemos hasta aquí”, añaden Jesús, Alberto y Goyo. 

A continuación las fechas de la gira: 

21 de febrero: Gijón – Gijón Arena. 

27 de febrero: Zaragoza – Pabellón Príncipe Felipe. 

28 de febrero: Pamplona – Navarra Arena. 

14 de marzo: Barcelona – Sant Jordi Club. 

20 de marzo: Murcia – Sala Mamba. 

11 de abril: A Coruña – Coliseum. 

18 de abril: Valladolid – Pabellón Polideportivo Pisuerga.

091, forajidos eléctricos en el baile de la desesperación


La Riviera, Madrid. Sábado 14 de febrero de 2026. 

Por: Javier González. 
Fotografías: David Barranco. 

Todo comenzó como si de un western de la factoría Sergio Leone-Ennio Morricone se tratase, como no podía ser de otro modo. Introducción instrumental y luces que se desvanecían, mientras de fondo iban apareciendo cinco siluetas curtidas, embutidas con ropajes en los que predominaban las tonalidades negras, colocándose y buscando dominar sus instrumentos, mientras abajo, a pocos metros del escenario, una Riviera a reventar esperaba a que diera inicio un show de lo más esperado por un público venido desde distintos puntos de nuestra geografía, reunidos en la madrileña sala con el único objetivo de disfrutar en directo del arranque de gira del mejor grupo granadino de la historia: 091

Los cero demostraron desde el inicio que juegan en otra liga en lo que a simbolismo y letras se refieren, arrancaron con “2000 locos”, quién sabe si haciendo un guiño y jugando con el aforo que roza el recinto capitalino, enardeciendo a su público, a aquellos que mantuvieron el fuego sagrado de la banda vivo en su ausencia y que ahora, maniobra de resurrección mediante, siguen ahí, tras las huellas de los nazarís, predicando la palabra y balanceándose en el alambre al ritmo de sus gloriosas tonadas. Continuaron como una apisonadora, tónica que mostraron durante toda la noche, cantando a los reyes que no reinarán en “Zapatos de piel de Caimán”, con versos tan ejemplificantes como aquellos que dicen “lo tendréis, sí, todo a vuestro alcance, pero nada os pertenecerá”, algo que anticiparon hace demasiados años, antes de que el capitalismo salvaje destrozara todo a su paso, dejando clara su faceta más visionaria. 

Nos trajeron a su glorioso presente de la mano de la bella y crepuscular “No tiene sentido escapar”, el arrebato punk de la malencarada “Nadie quiere oír tu llanto” y el peligroso blues pantanoso “Dormir con un ojo abierto”, extraídas todas ellas del actual “Espejismo Nº9”, que con tanto acierto como parabienes reseñó en estas páginas días atrás nuestro compañero Kepa Arbizu, para cerrar la tanda con una muy celebrada “El baile de la desesperación”, donde la potente base rítmica de Jacinto Ríos al bajo y Tacho González en la batería daban sustento a unas guitarras furiosas y vibrantes, capitaneadas por el maestro Lapido y el nuevo fichaje, Víctor Sánchez, quien se estrenaba en directo con la banda, cumpliendo el sueño adolescente de tocar con la mejor formación de su provincia por fin, su cara durante toda la velada lo delataba. 

El intercambio de clásicos por novedades continuó funcionando con equilibrio gracias a “Ven vestida de nube”, una delicada tonada con la que demostraron que si en la rotundidad pocos les igualan también saber moverse y bailar con tino entre pequeños matices, y “Algo parecido a un sueño”, apelando a lo onírico tan presente en la prosa “lapidaria”, defendida con prestancia vocal y toda la chulería del mundo por José Antonio García, cuyo magnetismo y carisma permanece intacto, sin necesidad de alardes ni rastro de histrionismo, puesto que solo su presencia, estética y forma de moverse dan para convalidar un máster en “rock and roll actitud”. 

Perteneciente a “La otra vida”, rescataron la muy buena “Leerme el pensamiento”, a la que siguieron “Un hombre con suerte”, brutal cómo sonaba ese wah-wah, y la cañera “Sigue estando de nuestro lado” que celebramos con alegría, mientras repetíamos su letra a voz en grito. 

Nos pusieron el nudo en la garganta desde los primeros acordes de “Cómo acaban los sueños”, una de las mejores letras de la factoría de los cero, aderezada por una melodía frágil que se deja guiar entre la soledad, el simbolismo y la más pura crudeza, a punto estuvimos de estallar cuando llegó su punto culminante, solo recordar el fraseo de José Antonio eriza el vello; a continuación sonó la revolucionaria “Antes de que salga el sol”, demostrando que las novedades de éste último trabajo son tan buenas que no desentonan entre sus imperecederos clásicos, porque tras ella lo que vino fue una incesante lluvia de temas míticos que dieron paso a un estallido que arrancó con “La noche que la luna salió tarde” y “Otros como yo”, poco que añadir al respecto de las mismas que no hayamos dicho ya. 

Fue entonces cuando Lapido nos regaló su ya mítica entradilla en falso, señal inequívoca de que una vez íbamos a subir a lo más alto de “La torre de la vela”, convirtiendo el recinto madrileño en una pista de baile repleta de actitud y corazones destrozados, antes de que las guitarras rugieran feroces con “La calle del viento”, con la que dieron por finalizada la primera tanda de la actuación. 

Pasados apenas unos míticos José Antonio y José Ignacio volvieron a aparecer sobre las tablas, parapetados tan sólo por armónica y guitarra acústica respectivamente para atacar una desnuda y emocionante adaptación de “La canción del espantapájaros”; ya con todo el grupo sobre el escenario sonó una imperial “Este es nuestro tiempo” y una fulgurante “Huellas”. 

Nos dejaron una semillas de esperanza con la genial “Esta noche”, antes de vestirse de nuevo con sus galas más punk y echar un vistazo atrás para preguntarnos “Qué fue del siglo XX”, regalándonos no solo una colección de imágenes de lo más imponente, sino también una interpretación llena de alma y virtuosismo, fue la penúltima canción en sonar antes de que Lapido buscara con la mirada a Tacho, señal inequívoca de que cerrarían con “La vida que mala es”, con la banda disfrutando a tope y cantando a pleno pulmón aquello de “eeeeeee La vida… eeeee que mala es” a coro con el respetable, mientras el Pitos se contoneaba de un lado a otro del escenario antes de dictar sentencia: “Dios aprieta, pero no ahoga/sé que esa es la verdad/ nos ponen suave el nudo en la soga/ nos dejan abierta la puerta de atrás/ me lo digo la mujer del dueño donde iba a trabajar/ tú, como tu padre, nunca fuiste bueno/mal trigo, mala harina, mala harina, mal pan”, segundos antes de dejar el micro abierto para que “2000 locos” dieran su réplica en una sola voz “Que mala es, que mala es, que mala es….ueeeeeeeeee”. 

La ovación para la banda fue cerrada, rotunda y totalmente merecida; los cero, tan parcos en palabras como es habitual, lo decían todo con sus caras de satisfacción, agradeciendo la fraternidad, vehemencia y militancia de un público que siempre ha tenido a los granadinos como una de sus bandas de cabecera, sabedores de la calidad existencial que encierran sus textos, la sinceridad de una propuesta sin fisuras en lo musical y la autenticidad y actitud a prueba de bombas, modas y otras trampas dentro de la industria con que siempre se han guiado estos forajidos eléctricos durante décadas. 091 llevan cuarenta años poniendo música al baile de la desesperación, tomándose su labor con la misma ilusión, seriedad y calidad con la que un día nos enamoraron para siempre, algo que nunca podremos agradecer como merecen. Su música, imperecedera y mayúscula, es parte de nuestra banda sonora vital, ligada a momentos únicos y a personas que llevamos en el corazón, algo que solo consiguen hacer los más grandes, categoría que, por supuesto, los cero ocupan con absoluto mérito.