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Pepe Ferrández (Blue Unicorn): "Me siento muy libre sin tener mayores pretensiones que explorar mis límites"


Por: Kepa Arbizu 

Si la pandemia, y su obligado enclaustramiento, significó para muchos músicos un paréntesis -más o menos estático según los casos- deshecho con la llegada de los hábitos comunes ya sin carga vírica, para Pepe Ferrández, líder de los siempre añorados Dixie Town, fue el inicio de un nuevo proyecto en solitario. Así se debe entender Blue Unicorn, que en el presente suma ya el quinto capítulo, bajo el título "Played by Humans, Sung by Animals", de un trayecto que se escribe desde el estudio casero del compositor convertida en guarida desde la que invoca, rodeado de instrumentos y "cachivaches", la herencia de los sonidos afroamericanos a través de una puesta en escena orgánica en su grado máximo, devolviendo  la experiencia musical a su naturaleza más pura e íntima. Canciones, que en esta ocasión, se traducen como un paseo cronológico y casi enciclopédico a través de unos ritmos que van desde el gospel hasta el hip hop pasando por Marvin Gaye, Funkadelic o Prince. Una cartografía sobre la que hablamos con su máximo inspirador, quien abre las puertas de su gruta para poner voz, siempre portentosa, a ese ser mitológico llamado Blue Unicorn. 

Lo primero que me ha llamado la atención de este disco es la imagen de la portada, me ha recordado al “Underground”, de Thelonious Monk, no sé si es una asociación mía o habías pensado en ello… 

Pepe Ferrández: No me puede gustar más esa´comparación. Es una portada que me fascina probablemente y de manera subconsciente haya algo de eso. Hay cierto romanticismo en verse en un bunker buscando belleza. 

En el plano musical, y sabiendo que tus influencias, o parte de ellas, se remontan a la tradición de los sonidos americanos, he notado un concepto sonoro más expansivo hacia ritmos afroamericanos ligados al funk-soul, ¿tenías esa idea de centralizar alrededor de ese ambiente el disco? 

Pepe Ferrández: Para alguien que viene del blues y las raíces de la música americana en general, casi cualquier cosa que haga trasgredir los limites (risas), y al final uno acaba sonando a lo que escucha día a día y en los últimos tiempos mis influencias se han ampliado y han crecido. Hay un vínculo común que ha servido de guía, como comento en el texto de presentación del álbum, y es que mi "dealer" de vinilos ha cambiado radicalmente y está fuera del algoritmo, y eso me encanta. Hago referencia ello en el texto que seguro has leído de presentación del disco.

Hace tiempo que me cansé de la escalada esnob del precio de los vinilos, pero eso no quiere decir que no compre música como un adicto, es que simplemente he cambiado de "dealer". En un almacén de muebles, un rastro con antigüedades y decoraciones rústicas perdido en una carretera de pueblo en el noroeste peninsular encontré el tesoro de sierra madre. En una zona cerrada al paso con cacharros dispuestos para su clasificación y etiquetado había enormes estanterías de vinilos llenos de polvo y humedad. Llevo 4 años escarbando en aquella extraña colección para sacar a la luz todos los placeres culpables y grooves inconfesables que me han volado la cabeza en los últimos tiempos. Aquella colección estaba llena música disco de finales de los 70, Instrumentales de librería de los mejores cócteles de los 60, gemas de pop sueco, Joyas de Pub Rock, new Wave…y lo mejor de todo en un noventa por ciento música absolutamente desconocida y perdida en el tiempo y sobre todo al margen de los algoritmos (que es lo más interesante). Divas y divos todos ellos olvidados y fastuosos. 

Estas canciones me conectan especialmente con tu anterior EP, “Beyond Sight”, hecho de “descartes”, ¿sientes que el proyecto va cogiendo una identidad sonora hacia ese camino o es simplemente el reflejo de una época musical propia? 

Pepe Ferrández:  Esos descartes de "Nobody Loses All the Time" que se llamó "Beyond Sight" iban, como dices, en otra dirección. Se veía algo nuevo que necesitaba domar, con el uso de los sintes, las percusiones, el contrabajo…los pianos acústicos se abrían un montón de opciones que ofrecían la oportunidad de ofrecer mi propia versión de músicas que me encantan. Decidí abrir la puerta a todas ellas, pero pasadas por el tamiz de mi viejo blues y sin olvidar que las letras deben hablar de cosas importantes para uno mismo y que el objetivo es transmitir de un modo genuino tratando de no replicar clichés.

Siguiendo con las asociaciones/influencias, que un tema se titule “What’s Going On!”, y que Marvin Gaye deje su rastro en canciones como “Air”, ¿es también una coincidencia? 

Pepe Ferrández:  Vaya, ese es mi disco favorito de Gaye y para mi sin duda en el top cinco de los mejores discos de la historia de la música así en general. Si bien en "Air" pesan más otras influencias de la música negra como Shuggie Otis o Timmy Thomas, sí que hay en general un tono muy "What’s going on" en el disco en el sentido más lirico del mismo. Este álbum es el trabajo más pegado al mundo al que vivo que he grabado nunca, con canciones que hablan de los grandes dramas de nuestra sociedad como "Jesus is lord", un tema antibelicista con un marcado acento contra las guerras con la excusa de una religión mal entendida. Es un disco que me representa en la sociedad en la que vivo como lo fue aquel. 

En cuanto a "Air" es una canción muy distinta a lo que había hecho antes. Hace dos años tuve una operación de garganta que me dejó mudo algo más de un mes y cuando recupere la voz me sentía eufórico y decidí cantar casi toda esta canción en falsete real ( no hay filtros ni autotunes ni nada) y bueno, el resultado está ahí…Una toma, no me dio para más. 

En ese mismo sentido, el disco parece un viaje a las diversas épocas y estilos que se han nutrido de esa herencia afroamericana, que van desde el gospel hasta el funky ochentero pasando por el blaxploitation o el hip hop, ¿hay ese intento de cronología y/o biografía respecto a ese tipo de ritmos? 

Pepe Ferrández:  Todo lo que has dicho está en el día a día de lo que escucho y me fascina, y sinceramente son géneros que no me atrevía ni a acercarme, es una crónica sin pretenderlo. En mi casa se puede escuchar la música afroamericana con la profundidad de Gil Scott Heron o con la frívola mirada del Sylvester de mediados de los ochenta. 

Remontándonos hasta los orígenes pandémicos de este proyecto, ¿hiciste de la necesidad (no poder reunirse) virtud o era un planteamiento que ya barajabas?

Pepe Ferrández: El origen estaba marcado por toda esa época, pero por el camino me he encontrado a mí mismo fruto de aquello y creo que, aunque me plantee proyectos colectivos, el camino de Blue Unicorn no tiene vuelta atrás y siempre será donde más yo mismo me sentiré. La necesidad me ha forzado a aprender a tocar multitud de instrumentos y herramientas que me han abierto la mente y a incorporar un montón de técnicas de grabación y producción que me mantienen muy vivo. 

En esos primeros discos, prácticamente te encargabas tú de todos los instrumentos, un aspecto al que has ido sumando colaboradores paulatinamente, ¿era una manera de buscar soluciones a posibles limitaciones? 

Pepe Ferrández: Sí, obviamente mis capacidades en determinados instrumentos son limitadas y definitivamente para evolucionar he tenido apoyo de otros músicos en teclas, baterías y bajos, aunque en gran parte sigo ejerciendo de hombre orquesta con algo más de ayuda, lo que amplía mi paleta de colores.

Incluso en este disco tocas junto a los miembros de Dixie Town, tu extinta antigua banda, ¿estamos ante un caso aislado o una aviso de posibles proyectos de nuevo conjuntos? 

Pepe Ferrández: En principio se trata de un caso aislado, no hay intenciones de hacer nada como Dixie Town, aunque sí que estoy determinado a que mis amigos sigan ayudándome con el Unicornio.

Es evidente la diferencia que existe a la hora de tocar en un grupo y en solitario, ¿pero a la hora de componer, escribir, esa soledad cambia mucho el proceso?,

Pepe Ferrández: Bueno, en realidad yo llevaba la mayor parte de la escritura también en Dixie Town, pero es cierto que el no tener que ser fiel a nada (a veces ni a ti mismo) abre mucho, me siento muy libre sin tener mayores pretensiones que explorar mis límites. 

 Y esa suerte de control absoluto que tienes sobre este proyecto, ¿también impulsa a ser más autobiográfico e intimista en el tipo de historias? 

Pepe Ferrández: Cada vez algo más, sí, aunque echando la mirada atrás las letras de Dixie Town siempre han tratado cosas que eran intimas e importantes para mi:  "Every Father Son", "Letter to my Daughter" o "Useless Dog" o "Up" son claros ejemplos de ello. En este disco sigo ese camino y hay mucha intimidad en canciones como "Cheap Lovers" o "Pony Boy". 

Tus discos se graban en tu propio estudio casero, y no solo eso, sino que haces de ese ecosistema un tipo de sonido característico, amateurista, en el mejor sentido de la palabra, y radicalmente analógico, ¿es un regreso a la condición más humana de la creación musical? 

Pepe Ferrández: Amo el proceso, por eso lo hago. ¿Cuál es el interés en entregar una canción grabada sin pasar por todo ello? Para mí al menos carece de motivación, es como el sexo sin amor, llámenme ingenuo. Desde la escritura de la letra en el papel, hasta el olor de las válvulas, el ruido de la cinta, los errores y los aciertos…Ahí está el tema. Hace que cuando escuche esa canción recuerde de dónde viene todo y tenga un sentido. 

A los músicos de rock os tenemos asociados con rastreadores de instrumentos, como guitarras, bajos…. ¿En esta nueva condición de habitante de ese estudio casero, eres igualmente un perseguidor de “cachivaches” que te seduzcan? 

Pepe Ferrández: ¡Buff! Estoy totalmente colgado con los cacharros que nadie quiere. Encuentro en ellos mucha inspiración y mucha falta de espacio también… Sonidos determinados me llevan a lugares nuevos y me encanta, es como abrir una puerta. En este disco hay muchos teclados de juguete como el Casio Rapman que es la base rítmica de "Power", órganos caseros de los 70 como en el riff de teclado de "Flea Market Tape" y multitud de sintes olvidados. Trato de buscar la originalidad en los artefactos más que las señas de identidad más obvias.

Hemos hablado de lo humano que hay en la música, en tus canciones a lo largo de este proyecto hay muchas menciones al error como aprendizaje. En ese sentido, herramientas como la IA, que parten de la idea de una perfecta ecuación, ¿tienen en ese aspecto precisamente su perdición, que no asume el error como base de la creación? 

Pepe Ferrández: No puedo estar más de acuerdo, quiero que mis artistas favoritos se comuniquen conmigo con sus canciones y yo con mis oyentes, es un acto de comunicación humana. Quiero oír, respirar, fallar y quebrarse a mis artistas de referencia y quiero mostrar, por esta misma razón, toda mi humanidad a la gente que se asome a este nuevo disco. Error humano, aprendizaje y comunicación. 

Respecto a la IA, ¿estás en contra en toda su extensión, también como herramienta puntual de acompañamiento para un recorrido creativo, o lo preocupante es otorgarle el dominio total del proceso? 

Pepe Ferrández: No estoy en contra de ninguna herramienta creativa en sí misma, estoy en contra de su aplicación como un todo alienante. Cualquier herramienta que mejore o fomente la comunicación de los mensajes y el arte humano es bienvenida, pero ojo, una herramienta, no un fin en sí misma. 

Alguna vez te he oído declarar que también intervino en la separación de Dixie Town que todo el esfuerzo, y la calidad, añado yo, no se veía recompensado con un apoyo en ventas ni entradas de conciertos, ¿Blue Unicorn te ha permitido en ese sentido de alguna manera sentirte menos presionado por ese tipo de cuestiones?

Pepe Ferrández: Sin duda, el no tener que confrontar lo que uno hace con ningún tipo de rendimiento “comercial” por pequeño que sea es liberador. Obviamente en el sentido de la comunicación que venimos hablando debe haber alguien al otro lado, pero en el contexto actual tener unos cuantos cientos de oyentes en el globo es accesible y eso ya me motiva a seguir escribiendo historias y formas. 

Vienes de una tierra donde se dice que las “meigas haberlas, haylas”, ¿podemos aplicar lo mismo algún día a este Blue Unicorn, o nunca saldrá de su escondrijo y lo veremos sobre un escenario?

Pepe Ferrández: "Nunca" es una palabra muy grande, pero de momento el unicornio esta contento siendo lo que es: un oscuro animal mitológico difícil de ver en constante búsqueda de la belleza.

Veintiuno: “Este disco se nutre de pillar a la banda en el momento del final de su adolescencia”


Por: Javier Capapé. 

La actividad de Veintiuno es frenética. La banda toledana lleva casi dos años inmersa en “La Balada de Delirio y Equilibrio”. Su disco más intenso y logrado. Una obra a la que no le sobra nada, pero a la que quizá le faltaba una última vuelta para revisitar sus mayores aciertos y dar cabida a nuevas vías de expansión. Eso es exactamente este “Último Baile”, una celebración y un resumen de todo lo vivido gracias a “La Balada”, de todo el camino recorrido en directo, con su público y, por qué no también, con sus propios creadores. Porque con este disco Veintiuno han crecido, se han hecho mayores, y con esta reinterpretación nos hacen a todos partícipes de ese ascenso, que es en sí mismo una manera de acumular experiencias que incluir en sus próximos bailes.

Conocíamos las interesantes canciones extra de este disco, como “Troya” o “Pide un deseo por mí”, pero el verdadero valor de este complemento de “La Balada” son sus revisiones, de las que se hacen cargo amigos de la escena como Rufus T. Firefly, Repion o Puño Dragón. A todos ellos les han dado carta blanca para introducir sus particulares arreglos en estas canciones y compartirlas con Veintiuno al cien por cien.

Junto a los cuatro miembros de la banda hablamos del proceso de creación de “El Último Baile de Delirio y Equilibrio”, que pone el broche a la historia que comenzó con una canción aparecida en su disco “Gourmet” allá por el 2018 y concluye con la fantástica sorpresa (solo en la cuidada edición física) que es “Magia Negra”, una canción de cierre y a la vez de esperanza, que pone los pelos de punta. No nos olvidamos de sacar a relucir el gran ascenso en directo del grupo, así como lo mucho que puede depararles el futuro, porque está claro que su viaje no ha hecho más que empezar. ¡Bienvenidos al último baile!

Hace unos meses, cuando hablé con Diego por la publicación de “Troya” me aventuré a decir que esto pintaba al “Último baile de Delirio y Equilibrio” por las siglas de los singles, entre otras cosas, pero Diego me dijo que nos contaríais más adelante, que ese no era el momento. Ahora, un poquito más allá de lo que nos decís en la nota de prensa, y aprovechando que puedo hablar con todos vosotros, me gustaría que nos explicarais cuál es el origen de este “Último Baile”. 

Diego Arroyo: No sé si te adelanté algo cuando hablamos de “Troya”, pero entonces estábamos perfilando y ultimando lo que iba a ser la reedición, ampliación y cierre de la historia de “La Balada de Delirio y Equilibrio”. Estábamos seguramente inmersos en ese momento, que por fechas debió ser entre marzo y mayo. Estábamos con todas las sesiones de grabación de todas las colaboraciones. Así que hemos cogido el material inédito en el que ya estábamos trabajando mientras perfilábamos “La Balada”, que al principio dudábamos de si podía tener cabida como una ampliación del disco, como un EP o como singles aislados, y al mismo tiempo hemos recogido una inquietud de la banda que era probar este repertorio, que consideramos que es el más heterogéneo y el que más se ha abierto en la historia de la banda, y ponerlo en boca de colegas a ver qué hacían con él. 

Intuyo que estaríais grabando en ese momento porque fue por esas fechas cuando hablamos, pero ya que ahora sí que se puede contar, me gustaría saber cómo fueron esas grabaciones con todas las bandas que colaboran y también de dónde sale la idea de hacer partícipes a estos amigos en concreto, a estos colaboradores. 

Pepe Narváez: La idea la teníamos hace tiempo, pero no habíamos encontrado el momento idóneo para hacerlo. Sí que es cierto que llevábamos bastante tiempo pensando que estas canciones habían evolucionado desde que hicimos “La Balada”, desde que las grabamos y presentamos hasta que empezamos a tocarlas en directo. Los temas cogen vida, los vemos desde otro punto de vista y, de pronto, vimos que teníamos la oportunidad de cerrar este capítulo con un doble vinilo, que Diego ha tenido la valentía de ilustrar a mano. Y además de eso, tenemos un montón de amigos con los que, por agendas o por suerte divina, pudimos encerrarnos a reabrir los temas desde cero, ver cómo era su propuesta artística y que nos dejaran meternos entre los huecos y hacer las versiones que ahora se pueden escuchar. 

“Tenemos un montón de amigos con los que, por agendas o por suerte divina, pudimos encerrarnos a reabrir los temas desde cero” 

Os confieso que cuando veo el setlist del disco, y descubro que están las nuevas canciones que ya conocíamos y que el resto son colaboraciones de otras canciones que ya estaban en “La Balada” me quedo un poco parado y me echa algo para atrás, pero luego, cuando me pongo a escucharlo, descubro que hay una libertad total, algo realmente nuevo e interesante. ¿Ha habido carta blanca plena para estos artistas que colaboran aquí? Porque al final es lo que realmente más nos llama la atención del disco. 

Diego: Yo quiero saber quién te echaba para atrás al leer la lista de colaboradores. 

No, no me echaba para atrás ningún artista. Lo que me echaba para atrás era pensar que las canciones que me faltaban por escuchar eran colaboraciones. 

Yago Banet: Ha habido carta blanca en cuanto a que cuando nos hemos encerrado con Repion, con Puño Dragón o con Rufus T. Firefly les hemos planteado que hicieran cada canción como si fuera suya. Con “Armadura”, por ejemplo, ha sido súper estimulante que Víctor Cabezuelo, que nos parece una gran entidad de la música de este país, se imaginase esa canción como un mix de Kevin Parker y Dua Lipa. 

Justamente “Armadura” es la canción que a mí más me vuela la cabeza porque Rufus T. Firefly también me encantan, pero es que además se la llevan totalmente a su terreno. Cuando escucho esa canción por primera vez es cuando pienso que en este “Último Baile” hay mucha tela. 

Rafa Pachón: Sí, de hecho nosotros siempre hemos sido fans del proyecto, lo seguimos desde el principio, hemos visto cómo han cambiado de miembros, cómo han sacado sus propios discos produciendo a su manera… hemos visto cómo han ido creciendo, al fin y al cabo. Muchas veces comentábamos que son un ejemplo de cómo tiene que llevar su carrera un grupo e intentar aguantar, porque es muy difícil tener un proyecto de música extendido en el tiempo. En el momento en el que Víctor nos comentó que tanto él como Julia se sumaban, porque en la canción hay también una parte de la batería que la grabó Julia, que consideramos que es la mejor batería que hay en España, nos hizo tanta ilusión que, como te ha dicho Yago, les dimos carta blanca absoluta para que hicieran lo que quisieran hacer y hasta donde ellos estuvieran dispuestos. 

Hay más cosas que me han encantado, aparte de esta canción, porque dándole vueltas a las versiones, por ejemplo, con Puño Dragón encuentro algo que me fascina y es el complemento de las voces. La de Diego, que es una voz mucho más sedosa frente a la crudeza de los asturianos. ¿Cuántas veces construís las canciones o los arreglos en base a esa parte vocal, que es el alma? 

 Diego: En el caso de la sesión con Puño Dragón ocurrió muy parecido a la de Rufus. Fue un campamento, unas jornadas de convivencias. Yo ya había cantado con Rafa (Tarsicio) y es cierto que por la idiosincrasia de mi voz y de la suya habíamos comprobado que quedan muy bien juntas. Ahí fuimos un poco zorros porque tú sabes de qué fuente beben sus sonidos las bandas que te flipan y dónde esos sonidos pueden enganchar con los tuyos. “Nuestra parte de noche” es una balada soul que puede conectar con mucha facilidad con referencias más o menos evidentes que tenemos en común Puño Dragón y nosotros. Pero claro, cuando yo estoy pensando en John Mayer, les paso la canción, y Rafa me dice que le recuerda a Gary Clark Jr. entiendo por dónde vamos a ir. Eso es justo lo que quería, pasarle algo con lo que vibrara. Así que nos sentamos con ellos una jornada de estudio a grabar desde cero la canción. Lo que hicimos fue ponernos a tocar juntos los músicos de las dos bandas y elegir qué tomas se quedaban. Fue una jornada particularmente estimulante, la verdad. 

También es muy estimulante “Mitología”. En ella Grande Amore da una vuelta de tuerca a la canción. Nuno Pico incluso produce también el tema y le da un aire totalmente nuevo. ¿Puede estar por ahí una nueva meta por explorar para Veintiuno? 

Pepe: Pues sí, la verdad es que ésta ha sido una de las grandes sorpresas de este flujo de trabajo. Darle las pistas a una persona que trabaja sola en su habitación y que nos mande el resultado directamente. Nuno nos dijo hacia dónde quería llevar el tema y nosotros pensábamos si sería capaz de hacerlo, pero vimos que sí que lo era, además de que el proceso ha sido precioso y el resultado es muy impactante. Creo que nos lleva a un sitio donde nosotros nunca hubiéramos llegado con nuestras herramientas. 

Aparte de la producción de Nuno en este tema, ¿habéis contado con más productores o habéis seguido con los vuestros de siempre, con Tato Latorre y Santos & Fluren? 

Yago: Tienes otros dos ejemplos de esto, como el remix de Dj Nano o el de Xas. La manera de currar con ellos ha sido muy parecida a la que hemos tenido con Nuno, de Grande Amore. Nosotros les hemos pasado las pistas y les hemos dicho que tenían el tema abierto y nos han ido pasando propuestas que, obviamente, nos flipaban. Cada una era más estimulante que la otra. Esa ha sido la manera de trabajar con ellos. 

Bueno, con Xas hay un poco de truco porque también es parte de la banda. 

Diego: Sí, es gracioso porque él conoce todos nuestros entresijos y sabe qué arreglos nos emocionan más. 

“El arreglo que escuchas es el año de rodaje que han tenido esas canciones” 

Hay dos canciones, como “Estarás” con Malmö 040, que casa más con vuestro pop épico, y “Perder los modales” con Repion, que tratan la canción con un punch mucho más potente. Siendo las que menos difieren, creo yo, del concepto de las canciones originales, aportan algo indefinido que las hace nuevas. Darme una pista de qué es lo que aportan realmente, más allá de esto que he podido apreciar. 

Diego: Aportan mucho porque no todo lo que se aporta es musical. Hay un montón de conversaciones y charlas con los colaboradores que te enriquecen y te dejan pensando tiempo después de que hayas terminado la grabación que son extramusicales y, a la vez, son musicales. No sé cómo explicarlo. Las dos canciones que has citado, en concreto, no solo se nutren de los colaboradores, se nutren también de que el arreglo que escuchas, que es lo que las diferencia de las versiones de “La Balada”, es el año de rodaje que han tenido esas canciones. “Perder los modales” ha sorprendido a mucha gente por lo rockera que suena, pero es que en el directo de Veintiuno suena así. Lo que pasa es que una vez la canción ha pisado un montón de escenarios, ha sido tocada en festivales, ha cogido músculo… volvemos a grabarla, evidentemente las hermanas Iñesta se suman a eso, pero partimos de la base de que le estamos dando muchísima cera en directo. Y con “Estarás” ocurre igual. Hemos regrabado las voces y parte de la batería, precisamente porque la canción ha ido mutando con el transcurso del tiempo. Es que desde que lanzamos “Estarás” hasta que ha salido “El Último Baile”, puede que haya habido sesenta o setenta conciertos. 

Precisamente ahora iba a preguntaros por los conciertos, porque ya conocíamos las canciones no reinterpretadas de “La Balada”, gracias a los adelantos del “Último Baile”, pero el otro día pude estar en el Vive Latino, en Zaragoza, y comprobé la potencia de vuestro directo, pero sobre todo pude ver que esas nuevas canciones, como “Troya”, ya son clásicos que casan perfectamente con lo anterior y han sido asimiladas por vuestro público. ¿Cómo sentís esas canciones funcionando en directo? 

Rafa: Esto es algo que venimos haciendo de una manera muy consciente desde que terminamos “El Arte de Perder” y empezamos a hacer “La Balada” y es que todo tuviera un carácter que se asemejara más a la banda en la que nos estábamos convirtiendo poco a poco. Veintiuno es un proyecto que ha girado mucho desde siempre, sobre todo en estos últimos cinco años. No hemos parado de girar y hemos tenido la suerte o fortuna de subirnos a muchos escenarios de festivales y poder tocar en muchas salas. Cada vez viene más gente a los conciertos y, al final, se crea una energía en nuestros shows de feedback del público o de cómo la gente recibe nuestra música, y eso va modificando la propia tocata y la forma de interpretar las canciones que nosotros siempre hemos tenido. Así que “La Balada” la grabamos a través de esa propia energía y filosofía, que fue como un paso más dentro de nuestro sonido, y “El Último Baile” todavía más, porque aquí hemos cogido canciones que estaban grabadas en “La Balada” de una manera y las hemos acabado interpretando de una forma mucho más rockera, mucho más enérgica. 

Hay una canción que es fantástica y me ha cautivado. Además no la tenemos en la versión digital, pero sí en el vinilo. Estoy hablando de la sorpresa de “Magia Negra”. No sé si me equivoco, pero parece que esta canción resuma todo el viaje que comienza desde que lanzáis la canción de “Delirio y Equilibrio” en el disco “Gourmet”. ¿Qué queríais plantear, un resumen de lo acontecido, un cierre o una puerta abierta a lo que queda por venir? 

Diego: Creo que todo el disco es un bucle cerrado, bueno no es un bucle, es una cinta de Moebius, porque si lo miras desde arriba parece que es un bucle, pero en realidad se está moviendo. Lo que intenta contar en la relación entre las dos personas que describe es un viaje que, con suerte, con fortuna y brindando al sol, no acaba, porque se acaban prometiendo un último baile con la esperanza de que ese último baile nunca llegue. Me alegra que digas que notas que es un broche o que es algo que se cierra porque esa era su voluntad. De hecho, provisionalmente esa canción se llamó durante muchísimo tiempo “El Último Baile” y el título existió desde antes de la canción. Lo que pasa es que hubo un día en el que sencillamente tenía la idea, que en el fondo es una idea muy deslabazada, de una colección de imágenes, de cosas que para mí conectan con el sitio donde vivo, con lo que yo espero, con lo que deseo y lo que me gustaría llevarme de una época que ha sido compleja para mí, así como la manera en la que quiero recordarla también. Eso es lo que para mí tiene de cierre esta canción. 

La verdad es que a mí me habéis conseguido emocionar mucho con esa canción. Me habíais emocionado mucho con otras, pero esta particularmente me ha encantado. Esa imagen de esperar ese último baile me parece una maravilla. 

Diego: Gracias. 

“Esta reedición dejará testimonio de cómo empezamos a tener la sensación de que nos hacemos mayores” 

Relacionándolo con esa canción, que es también como un regalo para aquellos que tienen la versión definitiva en doble vinilo, quería preguntarle otra vez a Diego por el diseño del disco, precisamente. Un diseño que hace todavía más especial esta edición física. ¿Cómo has dado vida a las carpas de la portada? ¿Qué es lo que quieres representar con ellas? 

Diego: Las carpas tienen muchos niveles de lectura. Uno es que de todas las imágenes que dibujé como boceto para “La Balada” las carpas han sido el motivo más recordado. Idea de nuestro mánager, que eso sí que conviene recordarlo. Cuando le conté la idea de dos personas que se están buscando me dijo que a él le llevaba muchísimo a la imagen de las dos carpas koi que nadan en círculos, pero no se tocan. Buscábamos imágenes duales y ésta fue la clave. Esa imagen ha ido cobrando fuerza, como las cosas que de pronto parecen explicar mejor de lo que tú puedas contar la idea que intentas transmitir. El diseño en concreto viene de una colección de dibujos muy heredera de pequeñas instantáneas de dibujo al natural, algunas lo son, de hecho, o son relecturas de dibujos al natural de sitios en los que he estado en los últimos años o de cosas que he visto. Imágenes que se me han quedado en la cabeza o que tienen que ver con las canciones. He tenido el tiempo y la fortuna de poder dibujarlas y eso es lo que ha acabado siendo el diseño. Al final este disco se nutre mucho de pillar a la banda en el momento del final de su adolescencia, ¿sabes? El grupo ha trabajado mucho estos dos años, muchísimo, más que nunca. Hemos aprendido muchísimo y este disco cierra una etapa en la que hemos ido como caminando a trompicones y corriendo como potrillos hasta llegar a un sitio en el que, de pronto, nos damos cuenta, cuando miramos atrás, de que hemos construido una identidad artística, sonora y visual, además de una manera de trabajar. Así que, si tenemos suerte, esta reedición dejará testimonio de eso, de cómo empezamos a tener la sensación de que nos hacemos mayores. 

Es inevitable preguntar ahora si al llegar el final de la gira, este “Último Baile” llega también a su final o si vais a estirar este “Mitología Tour” en América. 

Yago: Justo en noviembre volvemos a México. Empezamos ahí en febrero y este noviembre tenemos la gran fortuna de que un festival de Puebla se ha interesado por nosotros, así que aprovecharemos para hacer también una fecha en México. Sí, este disco nos ha llevado bastante lejos y queremos seguir experimentando por Latinoamérica. 

Imagino que cuando terminen esos conciertos de Latinoamérica se cerrará el capítulo. 

Yago: La sensación que tenemos la banda es esa. Como te ha dicho Diego, este sería el fin de la adolescencia de Veintiuno y huele a un cierre. Vamos a terminar los conciertos y supongo que nos pondremos a pensar en qué es lo siguiente que queremos hacer. 

“No sé qué haremos en el futuro, pero lo que sí sé es que estaremos trabajando”

Si la adolescencia ha dado esto, el paso a la juventud puede dar algo también muy bueno, esperemos. 

Pepe: Efectivamente. Siempre decimos que una cosa es parar de tocar y otra parar de trabajar. Somos unos locos empedernidos de esto y estamos siempre con un pie en el presente y otro en el futuro, así que no sé qué haremos en el futuro, pero lo que sí sé es que estaremos trabajando. 

Si ya no hay “Delirio y Equilibrio”, aunque los sigamos teniendo en nuestras cabezas, ¿en qué estáis pensando ahora después de este año tan intenso? 

Diego: En cuándo terminamos de tocar para estar con la familia. 

Rafa: A nivel creativo todavía es pronto como para pensar en algo que pueda ser el siguiente paso, aunque evidentemente Diego sea una persona que siempre está alimentándose de la realidad que le rodea, de las películas que ve o los libros que lee. Eso es como algo constante en él, pero creo que todos necesitamos terminar esta etapa y dedicarle tiempo a otras cosas que son muy importantes, porque al final llevamos girando sin parar mucho tiempo y seguro que también va a ser muy beneficioso para el siguiente disco que hagamos respirarlo, pensarlo, ensayar juntos y dedicarle el tiempo que muchas veces no hemos tenido para otros trabajos de la banda. 

Bueno, igual nos habéis dejado miguitas en el camino que no sabemos y luego dan forma a ese disco. Igual en estas canciones ya hay algo del siguiente. 

Diego: No se sabe. 

Os deseo lo mejor en México con el fin de la gira. Enhorabuena por esta edición del disco, que me ha cautivado de verdad, y a Pepe en especial porque me enteré el otro día que vas a ser padre. 

Pepe: Muchísimas gracias. 

Que os vaya muy bien con todo lo que viene por delante. Gracias a todos. 

Diego: Gracias. Un abrazo

Teenage Fanclub: "Intentamos actuar por instinto y hacer lo que queremos"


Por: Àlex Guimerà. 

Muchos grupos miden su éxito en estadios llenos y presencia en los medios, luego hay otros como los Teenage Fanclub cuyo éxito se puede medir por el respeto y la devoción tanto de sus seguidores como de sus compañeros de profesión. En la década de los noventa fueron considerados al unísono, por figuras de la talla de Kurt Cobain o los hermanos Liam y Noel Gallagher, como "la mejor banda del mundo". Sin embargo los escoceses han sabido esquivar las trampas de la fama y la nostalgia masiva para construir disco a disco una de las trayectorias más honestas, sólidas y bellas del pop de los últimos años.

A las puertas de publicar su esperadísimo decimotercer álbum de estudio, "Do Not Dare To Dream" (Merge Records), y en plena cuenta atrás para una completísima gira que los llevará a recorrer 12 ciudades el próximo mes de octubre, nos sentamos a charlar con Raymond McGinley, guitarrista fundador de la banda y uno de sus compositores históricos junto a Norman Blake y Gerry Love.

FECHAS, CIUDADES Y SALAS DE LA GIRA ESPAÑOLA: 04 de octubre de 2026 San Fernando (Cádiz) Real Teatro de Las Cortes / 05 de octubre de 2026 Sevilla Sala Custom / 06 de octubre de 2026 Granada Teatro Caja Granada/  07 de octubre de 2026 Murcia Sala Mamba! (Las Noches del Malecón) / 09 de octubre de 2026 Santiago de Compostela Sala Capitol / 10 de octubre de 2026 Oviedo Kuivi Almacenes / 11 de octubre de 2026 Bilbao Kafe Antzokia / 12 de octubre de 2026 Zaragoza Jardines de Invierno / 14 de octubre de 2026 Pamplona Zentral 15 de octubre de 2026 Madrid LAB The Club / Wagon / 16 de octubre de 2026 Valencia Sala Moon / 17 de octubre de 2026 Barcelona Razzmatazz 2 

Han pasado más de 30 años desde que os juntasteis en Bellshill. Cuando escucháis hoy vuestros primeros trabajos como "A Catholic Education", ¿reconocéis a los músicos que grabaron aquello o os sentís como personas completamente diferentes? 

Raymond McGinley: Creo que cuando escuchamos "A Catholic Education" —o cuando yo lo escucho, que no es muy a menudo—, recuerdo que al grabarlo simplemente intentábamos hacer lo nuestro y ser nosotros mismos; lo hicimos en cierto modo aislados. No habíamos dado conciertos; queríamos grabar el disco y lanzarlo después, de modo que la banda ya existiera para entonces. Y lo que hacemos ahora es prácticamente lo mismo. Así que esas personas suenan, ya sabes, un poco diferentes. 

Grabamos "A Catholic Education" hace ya 37 años. Pero en cuanto a nuestro enfoque de entonces y el de ahora, simplemente hacemos lo que nos apetece. Eso sí, lo que nos apetecía hacer en 1989 es ligeramente distinto a lo que nos apetece hacer en 2026. Pero reconozco perfectamente a esas personas, porque al volver a escuchar lo que hicimos hace tantos años no me parece un mundo ajeno. Simplemente suena a que estábamos haciendo... a que seguíamos haciendo lo nuestro, lo que hacemos siempre. Hacemos lo que nos apetece en cada momento sin cuestionarnos si es lo correcto, o si deberíamos probar otra cosa; intentamos actuar por instinto y hacer lo que queremos. Eso es lo que hicimos entonces y, en realidad, es lo que seguimos haciendo ahora. 

"Bandwagonesque" os situó en el mapa mundial de la música independiente en 1991, compitiendo en las listas del año incluso con el "Nevermind" de Nirvana. ¿Sentisteis en algún momento que el éxito de ese disco fue una bendición o una presión añadida para el futuro de la banda?

Raymond McGinley: Bueno, con "Bandwagonesque" entramos en un mundo de expectativas diferentes, sobre todo en Norteamérica; estábamos en el mismo sello discográfico que acababa de publicar "Nevermind" de Nirvana, y creo que Sonic Youth también estaba allí. Existía la expectativa de que bandas como la nuestra podían vender millones de discos. Así que, para algunos de los que rodeaban a la banda, la situación se veía así: es mejor que tu sello espere que vendas millones de discos a que no vendas nada, ¿sabes? Supongo que es la situación que uno preferiría. Pero nos desconcertaban un poco algunas de esas expectativas y lo que ocurría a nuestro alrededor. Fuimos a "Saturday Night Live", lo cual estuvo genial, pero para nosotros era simplemente un programa de televisión del que nunca habíamos oído hablar. Y luego te decían: "Hay 20 millones de personas viéndolo en directo en Norteamérica». Nosotros pensábamos: "Bueno, es solo televisión, ¿no?". Nos lo tomábamos con calma, sin darle demasiadas vueltas. No sentíamos tanta presión. Simplemente teníamos mucho trabajo. Y cuando de repente la gente empieza a tratarte de forma muy distinta —me refiero al público que conoces en los conciertos, cuando parece que eres una banda más grande y la gente reacciona ante ti con una especie de admiración reverencial—, resulta un poco extraño. Eran cosas nuevas a las que debíamos adaptarnos en aquel momento. Pero, personalmente, disfrutaba de lo extraño que resultaba todo aquello. No sentí presión alguna. 

En vuestros inicios formasteis parte de una escena escocesa increíble junto a bandas como The Vaselines, BMX Bandits o The Pastels. De Glasgow también eran Texas, Jesus & Mary Chain o Wet Wet Wet. Luego han aparecido bandas como Belle & Sebastian, Travis, Camera Obscura,... De hecho con Belle and Sebastian compartís bajista, Dave (McGowan), que por cierto hace poco los ví en mi ciudad, y vuestro baterista Francis (Mc Donald) es el mánager de Camera Obscura. 

Raymond McGinley: Sí, es cierto...

¿Qué tiene Glasgow para que surjan tantas bandas capaces de crear tantas melodías atemporales?

Raymond McGinley: Supongo que hay algo en Glasgow, tal vez una sensación de que formar una banda es algo natural. Simplemente hacerlo. Creo que a la gente le gusta la idea ese concepto frente al del genio individual o algo así. A la gente le gustaba la Velvet Underground, igual que en todo el mundo, y la tenía idealizada, pero también seguían a The Beatles, The Rolling Stones y cosas por el estilo. Creo que siempre ha habido esa inclinación natural entre mucha gente que conocemos a decir: "Oye, vamos a formar una banda y hacer algo", pero también a hacer algo en conjunto, a poner algo en marcha con otras personas. 

Porque una de las cosas más importantes para nosotros era simplemente meternos en la parte trasera de una furgoneta e irnos de gira. Francis grabó el primer álbum y luego tuvo que irse a la universidad y entró Brendan O'Hare en el grupo. Entonces, Norman, Brendan, Gerry y yo nos metimos de gira y empezamos a recorrer el Reino Unido y Europa. Y todos estaban listos para la acción. Creo que todos queríamos hacer algo, pero el motivo era precisamente ser una banda; haciendo cosas juntos nos sentíamos bien. Y queríamos que la banda fuera una banda, en todo el sentido de la palabra. No es como en esos grupos donde hay una persona especial y los demás quedan desenfocados al fondo de la foto o algo así. A nosotros nos gustaba, y lo sigue haciendo, que la personalidad de cada uno desempeñe un papel en la música que creamos y en cómo nos presentamos en el escenario. Y nos sentimos bien al hacerlo. Pero, por la razón que fuera, mucha gente en Glasgow compartía también ese deseo de formar una banda y... ya sabes, a veces es simplemente la idea de estar en un grupo, sin que necesariamente hagas gran cosa de cara a los demás. Quieren recorrer el planeta entero, tal como hicimos nosotros.

Desde el principio de Teenage Fanclub establecisteis una dinámica democrática de composición entre tu, Norman y Gerard. ¿Cómo ha funcionado y protegido esa fórmula la salud interna del grupo a lo largo de las décadas? 

Raymond McGinley: Al principio, cuando Brendan se unió a la banda, la situación era tal que también él formaba parte esencial en ella; los cuatro estábamos y nos considerábamos socios en igualdad de condiciones en todo el proyecto. Eso le incluía a él, no éramos solo tres. Discutíamos las cosas, compartíamos la toma de decisiones y todo ese tipo de cuestiones. Creo que parte de ello consistía simplemente en reconocer que, en aquel momento, nadie cobraba ni nada por el estilo. Todos habían sacrificado sus vidas para meterse en la parte trasera de una furgoneta, salir a tocar donde fuera y entregarse por completo al proyecto. Así que pensamos que debíamos compartirlo todo, ya que cada uno estaba invirtiendo su vida en ello. 

Ahora las cosas son algo diferentes, en el sentido de que trabajamos con personas que tienen otros proyectos en marcha. Básicamente, somos Norman y yo quienes componemos las canciones y organizamos los asuntos de la banda. Supongo que como has dicho Francis tiene sus propios proyectos, Dave toca con Belle and Sebastian y Euros Childs, y ellos tiene su propia trayectoria. Pero para nosotros es importante que la música que hacemos —tanto por parte de Euros, Dave y Francis como de Norman y yo— refleje la personalidad de todos los implicados. 

Cuando estamos en el estudio, todos aportan su talento musical al conjunto de la obra. Y, al escuchar el resultado, lo que busco —tanto antes de entrar a grabar como después— es percibir la personalidad de quienes han participado. Sin duda, hoy en día puedo apreciar eso, por ejemplo, en la interacción entre Euros y Dave: ambos tocan de forma muy melódica. Euros no se limita a tocar acordes en el teclado; crea contramelodías. Y Dave también lo hace con el bajo. Hay mucho movimiento melódico y cosas así, y la forma en que Francis toca la batería no es mecánica; él toca con sentimiento, con swing. Y, al igual que en el primer álbum, simplemente queríamos sonar como personas expresándose, sin obsesionarnos con cosas como "éstas son mis ideas" o "tienes que hacer lo que yo diga". Sé que hay bandas que tienen esos problemas, pero nosotros intentamos evitarlos. Lo logramos creando un ambiente en el que, cuando estamos juntos, todos se sienten libres de decir lo que piensan y de expresarse musicalmente. Y cuando digo "decir", me refiero a que la mayor parte ocurre a través de la música, no de las palabras. No es que alguien diga: "Creo que debería tocar esto en esta canción"; simplemente empezamos a hacerlo. Simplemente nos ponemos a tocar y las cosas surgen solas.  Así que sí, para nosotros es importante que, si la música va a valer la pena, surja de la personalidad de cada uno de los integrantes. 

De la distorsión ruidosa y fuzz de los primeros años pasasteis a la artesanía pop resplandeciente de "Grand Prix" (1995) y "Songs from Northern Britain" (1997). ¿Fue un cambio consciente o simplemente la consecuencia natural de haceros mejores músicos? 

Raymond McGinley: Nunca hubo un cambio de estilo consciente. Como decía antes, simplemente hacemos lo que nos apetece en cada momento. Y tal vez otra cosa que influyó fue que, al principio, cuando intentábamos grabar guitarras con un sonido más limpio, no sonaban tan bien; quizá porque no sabíamos muy bien cómo hacerlo. Pero con el tiempo fuimos encontrando formas de sacar más riqueza a esos sonidos limpios, formas que creíamos que funcionaban. Y, de nuevo, no fue algo premeditado. Simplemente nos dirigimos hacia un sonido que, sin llegar a estar totalmente saturado, conservaba cierto grado de distorsión o empuje. Además, estábamos usando cosas diferentes. Pero también sentíamos que la potencia —y el impacto de la música— no tenía por qué provenir necesariamente de un sonido ruidoso o saturado. Se puede lograr esa misma potencia a través de la interpretación o de la forma en que tocas la guitarra. Supongo que la fuerza también puede surgir de la melodía, de la letra de la canción o de otros elementos. Es un tipo de impacto diferente. Así que creo que empezamos a buscar un impacto distinto: uno que naciera más de la expresión humana que del tono en sí. Pero nunca nos cerramos a nada. Si hiciéramos otro álbum y compráramos pedales de fuzz nuevos, por ejemplo, y pensáramos: "Me encanta este pedal, quiero usarlo en todo". Pues eso es lo que haríamos.

Durante los años 2000 con discos como "Howdy!" o "Man-Made", vuestro sonido se volvió más reflexivo y acústico. ¿Cómo recuerdas esa etapa vital en comparación con los agitados noventa? 

Raymond McGinley: Cuando hicimos "Manmade" —y por aquella época— la sensación era buena, la verdad, porque estábamos con Creation Records, al menos en Europa. Empezamos con Paper House Records para el primer álbum y luego estuvimos con Creation Records hasta el álbum "Howdy". Para cuando llegamos a "Howdy", Creation ya había cerrado y terminamos trabajando con la gente de Sony, que se había quedado con el negocio de Creation, por así decirlo. Fue una situación un poco extraña porque tratábamos con gente que no conocíamos, aunque muchos de ellos eran muy amables y todo eso. Pero la situación resultaba un poco rara. Así que, una vez que terminamos nuestra relación con Sony y estábamos preparando "Manmade", volvimos a la dinámica de grabar un álbum y luego publicarlo. Básicamente, volvimos exactamente al mismo método que usamos para "Catholic Education". Por ejemplo, con "Manmade", nosotros mismos pagamos la grabación. Fuimos a Chicago y trabajamos con John McIntyre en su estudio. Actuábamos por nuestra cuenta, sin depender de las expectativas de nadie. Una vez terminado el álbum, simplemente hablábamos con gente y les decíamos: "Oye, hemos hecho este disco, ¿os interesaría publicarlo?". Eso fue lo que hicimos con Merge Records en Norteamérica en aquel entonces; ahora trabajamos con ellos en todo el mundo. También hablamos con gente de Vital Distribution y nos dijeron que sí, que lo publicarían. Fue una buena sensación porque todo era muy sencillo; no es que tuviéramos el control absoluto, pero cuando trabajas con personas que tú has elegido —y que te han elegido a ti—, la vida es más fácil. 

Con el álbum anterior, la etapa de "Howdy", la relación surgió un poco por inercia, ¿sabes?, y por eso resultaba algo extraño. Con "Manmade", sentíamos que habíamos recuperado una vida más sencilla en cuanto a cómo interactuábamos con el mundo exterior y todo eso. Fue una sensación agradable. Lo pasamos muy bien en Chicago grabando aquel disco durante un invierno muy frío; creo que fue en 2004. 

Unos años más tarde, en 2018, la salida de Gerry supuso un punto de inflexión significativo para la banda y para los fans. ¿Cómo afectó su marcha a la dinámica creativa de Teenage Fanclub y cómo redefinisteis el camino a seguir? 

Raymond McGinley: Bueno, obviamente, cuando Gerry dejó la banda ten en cuenta que habíamos trabajado con él desde 1989; así que llevábamos casi 30 años trabajando juntos. Como es lógico, eso iba a afectar a la dinámica. Y esto se relaciona con lo que decía antes sobre nuestra forma de trabajar: las personalidades son importantes. Cuando la gente trabaja como nosotros lo hacemos, todos los presentes —y todos los miembros de la banda, estén o no allí físicamente— influyen no solo en el sonido, por así decirlo, sino también en la forma en que interactuamos entre nosotros. Así que, evidentemente, eso tuvo su impacto. Pero, una vez que supimos que Gerry quería dejar la banda, decidimos volver rápidamente al estudio para crear material nuevo de inmediato y ver cómo funcionaba esta nueva etapa. Queríamos tener canciones nuevas listas para tocar en cuanto empezáramos a dar conciertos sin Gerry. No queríamos que nos vieran simplemente como una banda del pasado o un grupo nostálgico; nos consideramos una banda actual. 

Por eso fuimos a un estudio en Hamburgo en enero de 2019. Gerry se marchó, creo, en noviembre de 2018; así que, apenas seis semanas después, volvimos al estudio para retomar la creación de música nueva. Contamos con Euros para los teclados, y David pasó de los teclados al bajo, ya que él es bajista. Simplemente nos ponemos a trabajar en canciones nuevas y material inédito, tal como siempre lo hemos hecho. Y pensamos: "Oye, sí, esto se siente realmente bien". 

Hemos vivido cómo cambian las dinámicas; ya nos pasó en los inicios, cuando pasamos de tener a Francis en la batería a tener a Brendan. En nuestro primer álbum, algunas canciones las tocó Francis y otras Brendan. Si las escucho, me suenan completamente diferentes. Incluso hay temas que Brendan volvió a grabar después de que Francis los hubiera hecho originalmente. La sensación general es distinta. No es cuestión de si es bueno o malo; simplemente es así. Hemos pasado por muchas cosas. Hubo una etapa en la que Brendan no estaba y entró Paul; luego Paul siguió en la banda y Francis también estaba... Hemos atravesado varios cambios. Pero con quien más tiempo hemos estado es con Gerry. Sin embargo, somos personas optimistas. Y esta banda que hemos construido a lo largo de los años es el mundo en el que vivimos a la hora de crear música juntos. Así que simplemente mantuvimos el optimismo y nos enfocamos en lo siguiente: "Vale, ¿qué viene ahora?". Y aquí estamos, en esta nueva realidad. Simplemente afrontamos la situación en la que estamos. 

Este próximo 9 de octubre publicáis un nuevo trabajo, "Do Not Dare to Dream", que hemos podido escuchar y nos parece una maravilla. Un disco lleno de sensibilidad ideal para detener el tiempo y degustarlo, y para mi uno de los mejores discos pop de los últimos años. ¿Qué nos puedes contar del nuevo álbum? 

Raymond McGinley: Bueno, en cuanto al nuevo álbum, empezamos a grabarlo este año, a finales de enero, en un estudio llamado Black Bay Studios; está muy al noroeste de Escocia, en una de las islas más remotas, concretamente en una pequeña isla situada al otro lado de esa otra isla mayor, llamada Great Bernara. Siempre estamos buscando nuevos lugares a los que ir. Dejamos bastante trabajo pendiente para cuando llegamos al estudio, como terminar canciones y cosas por el estilo. Así que queremos que el lugar elegido tenga cierto impacto en el sonido del disco. Y creo que el sonido de un disco es algo fortuito, en cierto modo. Tienes una idea de lo que vas a hacer, pero más allá de lo que pienses, las cosas surgen como surgen, ¿sabes? Y pasamos una buena temporada allí, un par de semanas. Además, creo que cuando nos disponemos a grabar un disco, no tenemos una idea exacta de cómo será el resultado; yo aún no sé cómo son las canciones de Norman porque no están terminadas, y él tampoco sabe cómo son las mías. Tampoco sabemos qué sentiremos todos una vez que entremos en el estudio. Así que nos gusta arriesgarnos y ver qué pasa. Estamos satisfechos con el resultado final. Creo que hay arreglos de teclado muy buenos en este disco. Creo que Euros tocó partes de sintetizador y pequeños detalles... musicalmente, hay cosas muy buenas. Y, en cuanto a las letras, supongo que Norman y yo simplemente intentamos expresar cómo nos sentimos en ese momento concreto. Pero sí, estamos bastante contentos con cómo ha quedado todo.

El título "Do Not Dare to Dream" ("No te atrevas a soñar") suena a la vez a advertencia realista y a una ironía melancólica. ¿De dónde surge esta frase? 

Raymond McGinley: Bueno, a Norman se le ocurrió eso porque —no sé si a vosotros os pasa lo mismo- aquí vemos muchas cosas tipo meme, o esos cartelitos inspiradores que dicen «vive, ríe, ama» o «atrévete a soñar»... ya sabes, esa especie de mensaje insulso de «piensa en positivo y todo se hará realidad»...Ya sabes, ese tipo de cosas. No fue idea mía; fue de Norman. Él decía que esas cosas de «atrévete a soñar» son un poco ridículas. Así que la idea es más bien «no te atrevas a soñar». Pero también creo que los títulos de los álbumes deben tener un efecto que permita a la gente proyectar sus propios pensamientos en ellos; que signifiquen lo que cada uno quiera que signifiquen. Por eso conviene que sean un poco enigmáticos. Creo que el título de un álbum no tiene por qué significar algo concreto; basta con que transmita una cierta sensación que acabe asociándose al disco. Piensa, por ejemplo, en un álbum como "Man Made" o algo así. No recuerdo exactamente el proceso mental; creo que fui yo quien propuso llamarlo "Man Made". Pero el título transmite una cierta atmósfera, una sensación propia del disco. Así que sí, al final el título se convierte en una especie de lienzo en blanco donde la gente proyecta su propia interpretación de lo que significa. 

Leía hace poco el músico argentino Fito Páez que decía en contra del abuso de las tecnologías algo así como que si hubiera un apagón, la mayoría de discos y música desaparecerían. Vuestro nuevo disco es fundamentalmente acústico ¿Es una vuelta a los orígenes de la música? 

Raymond McGinley: La era moderna de la música grabada ha sido en realidad un periodo muy breve dentro de la historia de la creación musical humana. Es como... bueno, la gente —y quizá siempre haya sido así— tiende a pensar que nuestra época es la más importante y que lo verdaderamente relevante ocurre ahora. ¿Cómo podría haber existido algo antes de que las cosas fueran como son hoy? La música grabada no lleva tanto tiempo entre nosotros; bueno, supongo que ya se acerca a los cien años o algo así. Pero, comparado con los miles de años que llevamos haciendo música, es casi nada. Así que, pase lo que pase, la gente seguirá haciendo música, ya sea como lo hacemos ahora, o simplemente entre amigos o familiares tocando unos para otros, o de cualquier otra forma. 

Al hacer este disco queríamos que sonara natural, porque actualmente es muy fácil crear un álbum con solo pulsar un botón y dar una instrucción; la tecnología genera música que, si quieres, suena perfecta. Así que ya no tiene mucho sentido buscar eso. La máquina ya puede crear un disco perfecto a base de un pastiche de todo lo que se ha hecho anteriormente. 

Este próximo mes de octubre hacéis una gira española por hasta 12 ciudades, terminando en mi ciudad Barcelona el día 17. ¿Qué tiene nuestro país a diferencia de otros países como Francia o Alemania que tanto éxito tenéis? 

Raymond McGinley: Estamos muy contentos con eso, la verdad. Hemos conocido a gente estupenda a nivel local, con quienes trabajamos. Pero creo que hay algo que se remonta a nuestros inicios; creo que la primera vez que tocamos en España fue con Nirvana, allá por 1992. Y, por lo general, siempre hemos sentido una buena conexión con el público; nos ha parecido un público muy entendido a la hora de captar la música, pero también muy entusiasta, sin pretensiones ni aires de grandeza, lo que permite que la gente se exprese con total libertad. Nos encanta esa sensación de comunidad, esa percepción de que algo especial está a punto de ocurrir en la sala. Y ojalá siga así por mucho tiempo. Nos fascina. 

Tenéis un público fiel que os ha acompañado durante más de tres décadas. ¿Cuál es el secreto para mantener la frescura y la honestidad en el escenario sin caer en la mera nostalgia? 

Raymond McGinley: Bueno, una de las cosas que hacemos conscientemente es tratar de evitar caer en demasiada nostalgia. Creo que estamos contentos siendo quienes somos ahora. Es decir, estaría muy bien tener 37 años menos, como en 1989. Pero sería un poco triste intentar ser aquellas personas siendo quienes somos ahora. Y cantar las canciones antiguas está bien, pero también queremos hacer temas nuevos; nos gusta avanzar un poco. Para nosotros, es una sensación mejor intentar ser nosotros mismos ahora, haciendo lo que queremos hacer en este momento. Preferimos eso, integrar todo lo que hemos hecho y que todo forme un todo coherente, a simplemente decir: "Oye, el grupo se separó hace 20 años y nos hemos reunido porque alguien nos ofreció mucho dinero para celebrar la época de principios de los 90", o algo así. No pretendo faltar al respeto a nadie que haga eso; todo el mundo tiene que ganarse la vida. Y quién sabe, puede que llegue un momento en el futuro en el que acabemos haciendo eso durante una temporada. ¿Quién sabe? Pero, mientras podamos, preferimos ser nosotros mismos ahora. Nos gusta grabar discos nuevos y nos gusta tocar las canciones de siempre. No hay ninguna etapa de nuestra historia de la que nos avergoncemos. Creo que nos mantenemos frescos simplemente haciendo siempre lo que queremos y lo que nos apetece hacer. Nunca —o más bien, tratamos de no hacerlo— cuestionamos nada en absoluto. 

A menudo se os etiqueta como los herederos del power pop de Big Star o The Byrds. ¿Os sentís cómodos con estas etiquetas hoy en día o creéis que encasillan vuestra música? 

Raymond McGinley: Bueno, el término power pop no significa tanto para mí como para mucha gente; ya sabes, el género en sí no suele tener tanta importancia. Creo que el primer concierto al que asistí fue de Todd Rundgren —bueno, era Todd Rundgren's Utopia—; a Todd Rundgren se le consideraría más tarde una especie de icono del power pop o algo así, pero aquel concierto de 1977 pertenecía más bien a la era del rock progresivo, aunque él seguía tocando temas muy cercanos al pop. Sin embargo, la etiqueta power pop a veces hace que algunos de los discos de las bandas que has mencionado —digamos, los de The Byrds o... ya sabes, siempre decimos que es curioso que sean bandas cuyos nombres empiezan por "The": The Byrds, The Beach Boys, The Beatles, Badfinger, etcétera— parezcan más grandes y ricos de lo que el término power pop sugeriría, en mi opinión.

Cada persona tiene su propia manera de describir lo que le gusta en cuanto a música y demás; personalmente, el tema de los géneros siempre me ha resultado un poco confuso. Yo tiendo a pensar que cada disco es diferente; cada álbum de The Beatles es distinto, y lo mismo ocurre con los de The Byrds, así que me resulta difícil ponerle una etiqueta concreta a cualquier cosa. 

Mirando hacia el horizonte, después del lanzamiento del disco y de completar la gira ¿qué le queda por cumplir o experimentar a Teenage Fanclub? 

Raymond McGinley: Lo único que nos queda por lograr y experimentar es simplemente más de lo mismo, siempre y cuando tengamos ganas y nos sintamos bien haciéndolo. Ya sabes, puede llegar un momento en el que digamos: "Bueno, ¿sabes qué? Ya he tenido suficiente de esto". Pero por ahora no es así; seguimos disfrutándolo y queremos seguir sintiendo eso... quienes grabamos discos sentimos una especie de necesidad extraña de crear algo que se convierta en un disco que otros escuchen, y esa sensación persiste. No se siente como una obligación ni como algo que hacemos por dinero; simplemente es nuestra vida y es lo que hacemos. Si esa sensación cambia, probablemente dejaremos de hacerlo, pero de momento no es así. Ese día llegará, claro, en algún momento —ya sea por accidente, por elección propia o ajena, por azar o lo que sea—, pero ahora mismo estamos disfrutando del momento, de hacer lo que hacemos y de ser quienes somos.

Mateo Ortega: "Grabar este disco era una cuestión de necesidad"


Por: Kepa Arbizu.

En las cuevas del Sacromonte no hay pintados viejos mamuts, ni escenas cotidianas de vivencias ancestrales, sin embargo entre sus surcos, como si de los de un disco de pizarra se tratase, habita un universo de historias en forma de canciones. Un ritual sonoro de comunicación entre generaciones que si tuvo al flamenco como “idioma oficial”, el paso de los años ha convertido a Granada en uno de los exportadores más prolíficos y talentosos de figuras que han jugado también con las guitarras eléctricas para entonar su propio relato. Habitante de ese inacabable mapa artístico, Mateo Ortega, hasta este momento en compañía de su banda The Sugar Daddies con la que añadir a la multicultural tierra andaluza el acerbo afroamericano más puro, se presenta ahora en solitario (o al menos así aparece en el título de su primer álbum, “Things Left To Say”) para convocar una mayor amplitud de registros ligados, eso sí, a esa tierra fértil que es el ecosistema norteamericano: “Disfruto mucho tocando blues y dejándome imbuir por las dinámicas que se generan, es un lenguaje que me apasiona, pero empecé a escribir un montón de canciones y necesitaba darles salida, y en mi cabeza sonaba otro tipo de paisaje sonoro más cercano a géneros como el country, el rock o la americana”. Un paso acometido desde su propia intimidad pero que pronto se iba a vincular decisivamente al destino de otros nombres.

Porque si es su efigie, retratado en la portada con la serena profundidad que todo songwriter adopta frente a su entorno, la que luce huérfana en la presentación de su álbum, muy al contrario la gestación, y desarrollo definitivo, de este trabajo no puede ser entendida sin la presencia de Javi Puertas (Ramblin’ J. Gates), al que no cuesta bautizarle, dado su alto porcentaje de responsabilidad en buena parte del resultado, como mitad del proyecto: “Javi y yo somos amigos desde hace muchos años, y hace ya unos cuantos decidimos juntarnos y tocar a dúo. En este disco tenemos varias canciones firmadas por los dos y el resto las hemos arreglado conjuntamente”. Un proceso decidido a cincelar unas composiciones que adoptan un encomiable embellecimiento surgido tras el cristal donde se dirime el arte entre regletas, botones y pistas, un espacio dominado por el bajista de la más que recomendable banda The Fixed Trio, acreditado como productor pero sobre todo último eslabón para lograr una condición orgánica pero acicalada con esa sutilidad y tacto que hace a los pequeños frascos de aroma convertirse en un suculento deleite olfativo: “De casualidad, Sergio escuchó un fragmento de una de las canciones que ha terminado en este disco, y me preguntó que si era mía, porque le flipaba y quería saber si me gustaría grabarla con él; cosa que por supuesto me apetecía. Así que lo que comenzó siendo únicamente quedar para registrar una canción, terminó siendo el álbum al completo y el resultado final que ahora se puede escuchar”. Cruces de caminos, a veces casuales, otros consensuados, que terminan tomando una ruta común, en este caso dictada por las coordenadas donde la tradición se expresa pura y sin aditivos. Quizás por eso, precisamente, en sus manos, y sin la necesidad de artificios que las transformen en un ejercicio de consumo más, reluce con la identidad de quien es sabedor de estar hablando su propia lengua.

Vocablos, grafías e historias que han pasado de garganta en garganta; de Dylan a Townes Van Zandt; de Willie Nelson a JustinTownes Earle. Todo un continuo histórico al que rinde pleitesía el granadino pero al que se adscribe no disimulado entre réplicas o clichés, sino blandiendo la única herramienta con la que se conquista o se naufraga: las canciones. Y aquí las hay de muchos tipos, desde rastreadoras del verdín de los más ortodoxos ritmos campestres, como asumiendo la ocupación de trovador folk, hasta envites que buscan su fuerza en los pedales y la distorsión. Escenarios por los que nunca está de más cruzar abrazados bien fuerte el santoral que cada uno lleva bajo el brazo, por eso la personal, y roquera, adaptación de “Dublin Blues”, firmada por Guy Clark, es una luz hacia uno de sus inspiraciones pero también la necesidad de patentar su legado bajo un ADN particular: “Queríamos hacer una versión de alguna de nuestras referencias, pero también queríamos aportar algo nuevo sobre esa interpretación original”. Un recorrido perfectamente compensado y equilibrado en su clásica ascendencia que incluso se da algún capricho a la hora de hacer despuntar su más que evidente variedad. Una curiosidad, oculta y ajena a cualquier desvarío estilístico, que hace de “Blue”, gracias a unas bases rítmicas que laten con la sensual protuberancia del funky, una sábana de satén tendida sobre el agreste campo estadounidense: “Es uno de los temas a los que más cariño le tenemos, además durante la grabación acabó convirtiéndose en algo totalmente diferente a lo que teníamos en la cabeza”. Las sinergias y las miradas cómplices siempre han sido un perfecto salvoconducto para abandonar el camino trazado y llegar a un paraíso del que no se había oído hablar. 

Casi a modo de hilo argumental común, cada pieza del álbum se comporta como un lamento afligido por la pérdida de ese suspiro romántico que, aunque extinto, sigue generando una onda expansiva llena de recuerdos y agujas sentimentales. Traslación de una herida universal que sin embargo en su enunciación transita un verbo de sincera congoja que delata los tintes biográficos que se esconden tras él: “Tanto Javi como yo escribimos de nuestras experiencias personales”. Un desconsuelo por esas fotografías que ya solo pueden ser contempladas en la memoria que, a modo de excepción, encuentra en el intenso y eléctrico “The Devil Walkin´ by My Side”, un espacio para la redención y la progresiva construcción de un horizonte despejado de nubarrones en forma de ramalazo enérgico: “De alguna manera es el punto de inflexión de la temática, nosotros teníamos en mente cuando la escribimos artistas como Marcus King o Chris Stapleton y ese sonido de country-rock pesado”. Nombres referenciales en la interpretación presente de la tradición del rock de raíces, incluido su característica e identificativa aptitud para que sus voces ejerzan como narradoras de historias, una virtud asumida igualmente por Mateo, que incluso en “Cigarettes in the Car (Close to Me, Pt.2)” observa, dando continuidad a un tema aparecido en su anterior trabajo grupal, una mismo instante desde ópticas divergentes: “Nos pareció divertida la idea de que surgieran dos sentimientos diferentes sobre una misma canción. Quizás en especial en ese tema nos centramos más en el aspecto narrativa del mismo, aunque se podría decir que se trata de un aspecto que impregna todo el disco”. Cantar y contar en un mismo verbo, esa cualidad a la que tienen acceso aquellos privilegiados que, guitarra en mano, ponen sentido o descifran sus propias experiencias.

Presencias ausentes que no solo competen a esa esfera romántica, tan dada a deshilacharse y transformarse en canciones, porque como indica el explícito título de “Grandadd.s Song”, algunas de las ramas del árbol genealógico del autor desaparecidas han tenido cabida en este excepcional repertorio: “Sin duda mi abuelo Manuel ha sido una referencia para mí y para toda mi familia como ejemplo de libertad individual y de pensamiento, una persona curiosa y llena de energía hasta el último momento de su vida, quería que hubiera un hueco para él”. Cantos de emocionante nostalgia que nunca acaban su recorrido, cuando son tratados con la excelencia aquí presente, en las pistas de un disco, alargando su existencia también en el contacto más cercano con el público, un sentido alojado habitualmente sobre los escenarios pero que en esta ocasión tiene una introducción a esa confraternización a través de la presentación de unas piezas audiovisuales, bajo el nombre de “Live Sessions”, que anticipan ese calor de los pequeños recintos: “Queríamos llevar a directo el disco y ver cómo podía funcionar, y la verdad es que estamos muy contentos con el resultado”. Un prólogo a la salida en carretera que nunca ha sido fácil, si la baremamos en términos cuantitativos, para una escena hecha de diminutos pero satisfactorios puntos de encuentro: “El circuito que circunda este género en España no es de masas, pero sí de muchos pequeños festivales y salas en los que nuestra música puede ser tratada con cariño, sabemos a lo que hemos venido y nuestra expectativa es gozar tocando nuestras canciones”. Calor y acogida que debería desbordarse para recibir a un disco de grandes dimensiones artísticas, aunque la realidad hace tiempo que decidió circular ajena al talento: “A día de hoy, si lo que quieres es hacer dinero con algo parecido a lo que hacemos nosotros, dedícate a tocar versiones de rock”.

“Things Left to Say” discurre con naturalidad, como el reflejo de quien interpreta una banda sonora íntimamente ligada a su persona. En este sobresaliente trabajo no hay imposturas, es una relación pura y talentosa con ese lenguaje de raigambre americana que atraviesa las décadas en una constante regeneración de su poder de atracción. Mateo Ortega y Javi Puertas hacen de esos ritmos que han escrito la historia del rock el vocabulario necesario para contar su historia, una propia que al mismo tiempo es universal. Como alude el título de este trabajo, siempre hay cosas imprescindibles dignas de ser dichas que, si no fuera por álbumes como éste, acabarían por disolverse entre el infinito: “Grabar el disco era una cuestión de necesidad, tanto para Javi como para mí, necesitábamos redimirnos de nuestras experiencias y convertir en belleza aquello que te ocurre en la vida”.

Eneida Fever: "Creo que parte del éxito del Magic in the Air fue no limitarnos a canciones antiguas, sino dar esas pinceladas modernas y mezclar estilos"


Por: Àlex Guimerà.

Tres décadas después de que una joven Eneida Fever decidiera transformar sus madrugadas en un refugio para los seguidores del universo "Sixties", The Magic in The Air Club vuelve a demostrar por que es una pieza imprescindible en el mapa sentimental de la Barcelona musical. Lo que empezó una noche de otoño de 1996 en la legendaria Sala Magic del Born se convirtió a lo largo de más de diez años en una auténtica trinchera sonora y plural. Por el escenario y la cabina de DJ pasaron nombres internacionales como Bronco Bullfrog, The Woggles o Frank Popp, además de bandas y figuras nacionales indispensables como Sidonie, Elephant Band o miembros de Los Flechazos y Rinôçérôse. Un cruce de caminos donde convivieron en perfecta armonía el soul, la psicodelia, el beat, el funk y el pop más aperturista, siempre con la mirada puesta en la década de los sesenta.

Ahora, para conmemorar este 30 aniversario tan especial, el club desvela una programación a la altura de su legado. La celebración arrancará el viernes 16 de octubre, con una Warm-Up Party de entrada gratuita en Casa Sidral. Esta primera cita estará amenizada por las sesiones de verdaderos veteranos y DJs vinculados a aquella movida, como Tormento, DJ Leperico y Adrià Gual, ideales para ir calentando motores. El plato fuerte llegará el sábado 17 de octubre en la Sala Upload. Para esta segunda jornada ya se habían anunciado la presencia de los franceses The Falken's Maze junto a Los Retrovisores, y justo se acaba de confirmar la tercera banda que no podía ser otra que los mismísimos Sidonie. Además, la velada contará con una alineación de DJs estelar encabezada por figuras de la talla de Eddie Piller (Acid Jazz Records), Roch "Da Mod" Vidal, Miguel Velacoracho, Carles Armengol, Belle de Jour y, por supuesto, los DJs originales de la casa: Edu Domingo, Marc Argenter y la propia Eneida Fever.

Un buen motivo para charlar con su impulsora, Eneida Fever, con quien echamos la vista atrás para recordar cómo nació este hito del underground barcelonés y repasar la historia de un espacio que no solo creó clubbing, sino una auténtica comunidad. 

Tenías apenas 19 años cuando impulsaste Magic in the Air. ¿Qué te llevó en 1996 y a esa edad tan joven a crear un espacio dedicado a los sonidos de los años 60 en plena década de los 90? 

Eneida Fever: Empecé porque mi hermano mayor, que me lleva ocho años, era mod y escuchaba muchísima música. En casa me machacaba mucho con eso, así que desde muy pequeña me empezaron a gustar los años 60; escuchaba sus discos y leía sus fanzines. A partir de los 16 años empecé a ir a Barcelona y me escribía con otro mod de allí, Alberto Valle, que también hacía un fanzine. A raíz de esto encontré a mi grupo de gente más afín. Yo soy de Sant Cugat y allí lógicamente no existían los mods, así que tenías que ir a la gran ciudad a buscar a tu gente.

Empezamos a ir a fiestas y a conciertos, sobre todo a la Sala Magic, que era el lugar del circuito por donde pasaban todas las bandas Sixties. Cuando acababan los conciertos, la música de la sala pasaba a ser de los 70. Aunque el corte no era tan bestia, te quedabas con ganas de seguir la fiesta. Recuerdo haber ido con mi pequeña maletita de singles a pedirle al DJ si podía poner tres o cuatro temas. Hasta que al final me lo planteé en serio, fui a hablar con Javi de la Sala Magic y le dije: "Mira, me llamo Eneida, tengo esto en mente: quiero hacer una sesión una vez al mes, traer una banda de fuera o nacional y luego pinchar". Me vio tan jovencita y con tanto morro que apostó por mí. Me dio un sábado al mes con la condición de "tú taquilla, yo barra". Así de fácil fue. En octubre acababa de cumplir los 19 años, la verdad es que viéndolo ahora es bastante impresionante. 

¿Cómo recuerdas la escena nocturna general de Barcelona a mediados de los 90? ¿Veías un vacío claro? 

Eneida Fever: No, la verdad es que había una evolución tremenda. Cada fin de semana teníamos actividades: si no eran fiestas, eran conciertos. Nos movíamos muchísimo y dentro del circuito mod todo el mundo estaba informado de lo que se hacía. Además, coincidió con la época del britpop, por lo que se mezclaba la gente que escuchaba pop actual muy ligado a los 60 con los de la escena tradicional. Luego empezó la época del clubbing en Barcelona; recuerdo que cuando acabábamos el Magic in the Air nos íbamos al Nitsa a bailar tecno. Había mucho compañerismo entre las distintas escenas. Hacíamos la ruta: Sidecar, Magic, Apolo, New York... Había muchísima actividad, cada fin de semana era salir. 

El nombre del club viene de la Sala Magic, pero ¿recuerdas cuándo se te ocurrió la idea concreta del nombre?

Eneida Fever: Quería que la palabra Magic estuviese porque era el nombre de la sala, pero que a la vez se relacionara con los años 60. El nombre viene por la canción Magic in the Air del grupo The Attack. De hecho, ahora que Guerssen Records celebra su aniversario, ha reeditado esa canción en single y en la fiesta vamos a sortear tres copias. 

Justo te iba a preguntar si había alguna canción o grupo que fuera el símbolo del espíritu del club... 

Eneida Fever: ¡Pues ya la tienes! The Attack y su Magic in the Air. 

El club ha sido un referente de los sonidos mod, garage, soul y psicodelia de los 60. ¿Hubo alguna evolución en la selección musical a lo largo de los años sin perder la esencia? 

Eneida Fever: Sí, de vez en cuando metíamos canciones de la época moderna. Habíamos pinchado a Kula Shaker, algo de Stone Roses o el remix superpsicodélico de "Kelly Watch the Stars", de AIR. Mezclábamos música actual con los años 60. Creo que parte del éxito del Magic in the Air fue no limitarnos a canciones antiguas, sino dar esas pinceladas modernas y mezclar estilos. No éramos un club exclusivamente de garage; también poníamos discos de soul o northern soul. Íbamos jugando con todo. 

Tras años de noches pinchadas y conciertos, ¿cuál es el recuerdo más surrealista o emotivo que guardas? 

Eneida Fever: Recuerdo una vez que volvía en verano para la primera fiesta de septiembre y la banda contratada me dejó colgada a última hora. Tuve que buscar sustituto a toda prisa y llamé a Marc de Sidonie, que en esa época eran un cuarteto y hacían psicodelia densa. Aceptaron superrápido. Hice un cartel nuevo con una foto de George Harrison haciendo un gesto y Marc estaba felicísimo. Lo recuerdo con mucho cariño.

Otro momento fue cuando trajimos a Bronco Bullfrog, una banda inglesa. Hicimos un sold out absoluto. Hice algo que ningún promotor hace: darles más dinero del pactado porque pensé que se lo merecían. El mánager se quedó flipando. Javi, el del Magic, me dijo: "Esto no se hace, los acuerdos son acuerdos", pero yo me quedé muy satisfecha. Había sido un éxito y la banda era parte de ello. 

Muchos clubes nocturnos son efímeros, pero el vuestro ha creado una comunidad entre distintas generaciones. ¿Cuál crees que es el verdadero impacto de Magic in the Air? 

Eneida Fever: El impacto fue esa mezcla de estilos que abarcó a un público más amplio. Además, la gente ligada a la escena mod/sixties de esa época luego ha seguido en la industria musical haciendo cosas muy potentes. Por ejemplo Xoel López comenzó con nosotros tocando con su segunda banda Elephant Band, o la periodista de El País Mònica escudero quien había pinchado allí. Los de Sidonie venían al Magic in the Air, los Dorian venían, Dani Poveda (director del Vida Festival) venía y tocó allí... La gente que salimos de esa escena hemos aportado un sentido crítico muy enriquecedor a la industria. Magic in the Air unió a gente de distintas escenas, desde el britpop hasta la electrónica. 

Al margen del impacto en Barcelona, ¿crees que ayudó a tender puentes culturales a nivel internacional o con otras ciudades? 

Eneida Fever: Sí. Yo hacía un fanzine en inglés llamado Fever (de ahí mi apodo, Eneida Fever) y lo enviaba por toda Europa. Mi misión era informar fuera de nuestras fronteras sobre lo que pasaba aquí: festivales, lanzamientos, conciertos, catálogos. Fui de las primeras en salir a pinchar fuera en una época en la que la gente no viajaba tanto porque ir a Londres era carísimo. También vendía casetes en festivales internacionales; hacía unas llamadas Olé Tapes, con temas de grupos españoles de los 60, y en los festivales de Italia se vendían como churros. 

A raíz del club también surgió un sello discográfico con el mismo nombre. ¿Cómo se gestó? 

Eneida Fever: Lo del sello realmente no va tan ligado al club, sino a la agencia Fever Productions. Veíamos que teníamos bandas a las que hacíamos la promo pero no tenían respaldo discográfico. Por eso, junto con Pablo, creamos el sello. Le puse el nombre Magic in the Air simplemente porque me encantaba cómo sonaba, pero funcionaba de manera independiente al club. 

Para la celebración del 30 aniversario habéis preparado eventos en salas como Upload y Casa Sidral. ¿Cómo habéis concebido la programación?

Eneida Fever: Quería que hubiese una conexión entre lo que fue el club y la actualidad. Por eso he traído bandas como Los Retrovisores, que son de la generación posterior y no vivieron el club porque eran niños. Me hacía ilusión esa conexión con bandas que podrían haber tocado en el Magic in the Air pero que en su día no existían. Además, ¡Laura, la nueva saxofonista de Los Retrovisores, nació en el 96! En cuanto a DJs, quería a gente mítica que pinchó en el club, como Eddie Piller (capo de Acid Jazz Records), que es el DJ de fuera que más veces pinchó allí, o Miguel Vera Colacho de Madrid. Y a la vez, invitar a gente que nunca pinchó en la época, como Tatiana (Belle de Jour), para hacerlos partícipes. 

Cuando llegue el día del evento, ¿qué sentirá la Eneida de hoy al reencontrarse con toda esa gente?

Eneida Fever: Estoy muy emocionada. Antes no me ponía nerviosa al organizar las fiestas, pero ahora es un formato más grande con muchas bandas y DJs, así que hay mucho trabajo de producción. Es un reencuentro para celebrar lo bien que lo pasamos. En el 96 no había móviles ni internet tal como lo conocemos hoy; trabajábamos con otra ilusión y quiero revivir eso. Vendrá gente de fuera de Barcelona y de España. ¡De hecho, hoy me llegan las camisetas del aniversario! Cumplir tres décadas es un hito. 

¿Tenéis pensado darle algún tipo de continuidad al club o se quedará en citas puntuales? 

Eneida Fever: El club como tal duró unos 10 años, aunque ha dejado una marca muy profunda. Mucha gente me propone darle continuidad ahora con el 30 aniversario, pero creo que es mejor mantener ese buen recuerdo y cerrarlo aquí. Quizá hagamos un 35 o un 40 aniversario... ¡si llegamos vivos! 

Por último, si pudieras dedicarle unas palabras a la gente que pisó la pista de baile a lo largo de esos años, ¿qué les dirías? 

Eneida Fever: Les diría que muchísimas gracias por todo el apoyo y el cariño. Al anunciar esta fiesta me he dado cuenta del impacto que tuvieron aquellas noches en tanta gente. Pasaron infinidad de DJs y bandas fantásticas, pero nada habría sido posible sin el público. Esta fiesta es un homenaje a todos ellos y a lo que construimos juntos. Me hace muchísima ilusión volver a verlos a todos en la pista.