Rincón del Arte Nuevo, Madrid. Domingo, 18 de octubre del 2026.
Por: Guillermo García Domingo
Fotos: Marián Bujanda Bravo.
Antes de empezar el concierto Chencho escribió sin pretenderlo la crónica del mismo. Al llegar los primeros asistentes al lugar en el que estábamos citados nos recibió mientras comentaba que el Rincón del Arte Nuevo, en una de las calles más antiguas de Madrid, donde iba a tener lugar su concierto, se parecía a uno de tantos garitos del Greenwich Village de Nueva York. Lo que sucedió poco después en esta encantadora gruta con aspecto de conciliábulo para melómanos desesperados no hizo sino confirmar lo que nos había dicho en la antesala: un concierto medio desenchufado que recordó a esos conciertos, a menudo espontáneos y secretos, que en los años sesenta cambiaron el rumbo de la música popular.
No sin cierta sorna Chencho ha bautizado esta pequeña gira madrileña de tres conciertos como “residencia”, emulando a otras “residencias” que todos conocemos a la fuerza pues atraen la atención de los grandes medios. El primer capítulo tuvo lugar la tarde del domingo, por fin de otoño, y estuvo dedicado a las “canciones emblemáticas”, y así fue puesto que escuchamos “Una buena noche”, “Y entonces lloré” y “Noche americana”, genuinos y deslumbrantes astros del universo chenchista. Pertenecientes a sus tres discos publicados hasta el momento, que estuvieron debidamente representados además de las mencionadas arriba por “Un hit” (la primera canción que degustamos), “Una muchacha rural” o “Radio Fun Club”, por decir algunas.
Como el último disco “Be my baby” ya se vislumbra y el pasado viernes, de hecho, fue difundido el adelanto de este nuevo trabajo, “Amor”, este tema fue interpretado por Chencho sin el concurso de su inseparable colega Israel Diezma. Esta balada extraordinaria, cantada a una marcha más lenta que en el estudio y sin el groove que con tanto acierto subraya su letra excelsa, como es costumbre ya en el músico sevillano, no desentonó sino todo lo contrario con el repertorio de la noche, así que habrá que considerarla a partir de ahora como una canción emblemática más.
A diferencia de otras “residencias” a Chencho le sobran los vatios que otros malgastan. Como él mismo se encargó de decir en varias ocasiones, doce cuerdas, la suma de las cuerdas de su acústica y las de la guitarra eléctrica prodigiosa de Israel Diezma, su propia voz y un foco bien orientado, son suficientes para convencer a los que nos presentamos a la llamada a las 18 horas debajo del viaducto de la calle Bailén. Las canciones, a causa de su valor intrínseco y la autenticidad de los que las defendían, se hicieron sitio con naturalidad en el interior de los que tuvimos la suerte de asistir a la convocatoria del maestro. En nuestros “adentros” se quedaron a vivir por tiempo indefinido. Antes de interpretar “El mar y la nada”, esa que empieza diciendo “los niños a lo lejos hacen castillos de arena”, Chencho se refirió a ella como una suerte de estampa de Sorolla. Uno de esos cuadros al natural que pintaba el artista valenciano, afincado en Madrid, en la playa de la Malvarrosa. El disco “Meridiano de Greenwich” (2024) huele a salitre del mar Cantábrico. Más adelante llegó el turno de “Una playa cantábrica” y “Sal de tu piel”, dos “marinas” pintadas por Chencho en directo. Sin embargo, nosotros nos encontrábamos a cientos de kilómetros de cualquier mar. Esto denota la capacidad evocativa de las composiciones de Chencho.
Chencho tiene callos en los dedos de componer y tocar, pudimos verlos, y también se oía el chirriar de las cuerdas cuando los dedos se deslizaban, y el sonido de los pedales apretados por el guitarrista Israel Diezma, quien, como un guardagujas, cambiaba las vías e iba apostillando el paso del tren de “medio tiempo” que conduce el artista andaluz. El concierto no fue, en absoluto, de menos a más, la inspiración se coló entre los dos músicos desde el inicio, pese a que apenas había sitio, y allí permaneció ante el silencio reverencial de unos parroquianos, que ya eran chenchistas antes de entrar, y los que no lo eran, a buen seguro que salieron de la cueva encalada del Rincón siéndolo.
Chencho Fernández vive en las antípodas de las modas. Mientras que algunos necesitan amplificar la mentira y artificiosidad de sus propuestas musicales, Chencho se sirve de la desnuda verdad de sus canciones para conquistar terreno poco a poco, velada a velada. La siguiente cita será el 15 de noviembre, en el mismo lugar y a la misma hora con el propósito de “profundizar en el repertorio”, y después de lo visto, ya no hay excusa para faltar.





