Foo Fighters: “Your Favorite Toy”


Por: Javier Capapé. 

Son ya treinta años en la brecha, pero “Your Favorite Toy” no viene marcado por esta efeméride, sirve más bien como punto y aparte que da forma a un nuevo comienzo. Tras el lamento que supuso “But Here We Are”, el primer disco del grupo tras el fallecimiento de su carismático batería Taylor Hawkins, el número doce de su carrera es una nueva puesta en marcha del engranaje más pesado y contundente de la banda liderada por Dave Grohl. Un nuevo motor que cabalga a lomos de Ilan Rubin, batería reclutado para la ocasión (tras la salida de Josh Freese que intentó llenar el hueco que había dejado Hawkins) que se ha encargado de marcar la base de este intenso álbum junto al carismático Grohl. Un disco urgente y rabioso, que nos devuelve a ese espíritu grunge bajo el que nació la banda y que consigue sonar plenamente creíble, algo a resaltar cuando llevas tanto tiempo en la brecha. Así, donde su disco anterior funcionaba como catarsis y recogimiento frente a la pérdida más grande que había asumido el grupo, “Your Favorite Toy” supone una vuelta a la confianza en ellos mismos, resaltando su vibración, rugido y aceleración al que han dado forma Nate Mendel, Pat Smear, Chris Shiflett y Rami Jaffee, junto a los ya mentados Grohl y Rubin. 

Con una producción que no esconde sus costuras, que va directa al grano y refleja su pulso espontáneo y atrevido, el grupo ha decidido disfrutar como si éstas fueran sus primeras canciones, dejando de lado las expectativas y lanzándose sin paracaídas. Con la inmediatez por bandera.

Grabado en tan solo tres semanas en casa de Grohl, con Oliver Roman como ingeniero, estas diez canciones están seleccionadas de entre más de cuarenta que tenía entre manos su líder. Canciones que respondían al deseo urgente de salir de estos años difíciles que habían vivido tras la pérdida de Hawkins y la gira de “But Here We Are”. Grohl lo tenía claro, quería hacer un disco que pusiera a los “Fighters” de nuevo en la brecha de la que partieron en su día, convertir estas nuevas canciones en clásicos y darle al acelerador. De hecho, casi ninguna de ellas baja la intensidad, si acaso levemente “Window”, pero desde la furia incontenible de “Caught in the Eco”, con ese “Do I? Do I? Do I?” lanzado de forma retórica para hacernos ver que nada les va a detener, dejan bien claro que a pesar de los años, no han perdido el punch. “Of All People” entrega unas guitarras punzantes y rabiosas, casi punk, como lo es también la canción titular, que no pierde esa energía potenciada además por la distorsión vocal, que agudiza su agresividad junto al rugido de las guitarras más grunge del lote.

El grupo no pierde en ningún momento sus estribillos épicos, como ocurre en “If you only Knew”, pero ante todo domina la furia y el ritmo frenético de temas como “Spit Shine”, que ruge hasta incomodar en sus ásperas estrofas, pero vuelve a brillar en sus estribillos. Foo Fighters controlan estas formas y nos recuerdan que ellos fueron responsables de levantar el vuelo en su día de un grunge herido de muerte para acercarlo al power pop y darle brillo. Eso es lo que nos viene a la cabeza al escuchar la menos agresiva y relajada “Unconditional” o la emotiva a la par que afilada “Child Actor”, que nos pone los pelos de punta repitiendo ese “Turn the cameras off” que consigue elevarla hasta una de las cotas más altas del álbum.

“Ave, Caveman” trata de mantener la mecha encendida en los últimos coletazos de este álbum que, tras poco más de treinta y cinco minutos, cierra con la esperanzadora “Asking for a Friend”. Frases como “Words I can use to lay your worry down” nos dejan muy claro que el combo de Seattle busca aplacar el daño a base de los potentes riffs y la épica bombástica que siempre les ha definido, y discos como éste nos demuestran que intención y cuerda no les faltan. Han podido echar el freno en los últimos años, pero su “juguete favorito” sigue siendo el mismo que les vio nacer.