The Flamin' Groovies: Legendarios pese a todo


Sala Upload, Barcelona. Miércoles, 2 de septiembre del 2026. 

Texto y fotografías: Àlex Guimerà. 

Una de las bandas más infravaloradas en la historia del rock es, sin duda, The Flamin' Groovies. A pesar de haber surgido en 1965, en pleno apogeo de la San Francisco más psicodélica y florida, prefirieron abrazar el rockabilly de la década anterior. Unos años después, en pleno surgimiento del punk, ellos seguían llegando tarde a las modas para descubrir la "British Invasion" y rendirse de igual forma a los Beatles y a los Rolling Stones. Aunque su verdadero sello de identidad siempre fue la energía arrolladora de sus actuaciones y el poder de sus guitarras. Pioneros del garage rock, abrieron caminos para el proto-punk y para el power pop. Sin embargo, y a pesar de estar viva aún la formación, no gozan del reconocimiento y seguimiento merecidos actuando, al menos siempre que pasan por nuestras ciudades, en salas pequeñas salvando sus dos presencias en el Azkena, en donde los avispados organizadores les dieron el espacio merecido. 

Para este septiembre, la gira de los Flamin' celebra los más de sesenta años de su fundación y los 50 de la publicación de su emblemático disco "Shake Some Action" (1976). Una banda original de la que sin embargo únicamente se mantiene su líder y alma Cyril Jordan , que se acompaña por los miembros "sobrevenidos": Tony Sales (desde 2017) a la batería -por cierto, hijo del bajista de Tin Machine -; Atom Ellis (desde 2019) a la guitarra solista, Sean Fitzsimmons, a la guitarra rítmica, y Miki Rogulj al bajo, estos dos últimos fichados hace apenas un par de años. O dicho de otro modo para que quede bien claro: los actuales Flamin' Groovies son básicamente la banda de Cyril Jordan.

Con todo, siempre se antoja una buena oportunidad reencontrarse con ese legado de guitarras y temazos que nunca hemos dejado de escuchar, por lo que acercarse hacia la sala Upload era una perfecta manera de arrancar el curso de conciertos, lugar al que accedimos por la puerta de atrás debido a la coincidencia del concierto de Julieta Venegas en el Pueblo Español.

Ciertamente el concierto estuvo bien, quizás sí que arrancó de forma irregular pero fue de menos a más, con una banda que le da la energía debida para defender bien el legado que representan. Porqué al fin y al cabo, los Flammin' Groovies actuales no dejan de ser una especie de banda de covers de la legendaria formación con uno de sus capitanes a bordo. Y hay que reconocer que el bueno de Cyril está bien para tener 78 años, que los hizo el día antes de su concierto en Zaragoza, por cierto. Cumplió dignamente con su desgastada voz en algunas canciones, nos recordó lo buen guitarrista que siempre ha sido (ojo a la guitarra transparente molona que lleva) y no dio pistas de pronta retirada de los escenarios. Pero la clave de todo al final es que el septuagenario se ha sabido rodear muy bien con ese cuarteto de músicos que imprimen la energía necesaria (y exigible para la banda), destacando a Tony Sales con su destreza e impacto desde la batería y su potente voz.

Así surgieron gemas del álbum cincuentón como "You Tore Me Down", "I' ll Cry Alone", “Please Please Girl” o esa versión de “Misery” de los Beatles tan acelerada. También escuchamos la guitarra hipnótica de “Between The Lines" o el empate entre los Fab Four y los Rolling Stones con “Yesterday’ s Numbers”, aunque fue significativo que abrieran con el rockandroll “Let Me Rock”. La tralla guitarrera, la batería a todo trapo y los juegos de segundas voces nos recordaron por qué nos tiene encandilada esta banda, que es de culto. Para la recta final la esperada "Shake Some Action" encadenada con "Teenage Head" y una "Jumpin' In The Night" que cerraron el set antes del bis -previo paso por el escenario del legendario fotógrafo local Flowers- con una arrolladora “Slow Death” que puso cierre a la escasa pero intensa hora y cuarto de concierto.

Un concierto que nos devolvió la certeza de que, sin importar las décadas, los parches o las mutaciones en sus filas, la leyenda sigue viva. Puede que sobre el escenario viéramos a una especie de banda tributo capitaneada por su último gran héroe histórico, pero cuando el motor rítmico rugió y las guitarras se encendieron, como lo hicieron en la pequeña Sala Upload, demostraron que el rock underground de culto no entiende de jubilaciones, solo entiende de actitud, de sudor y de esa incombustible necesidad de seguir buscando un poco de acción.