The Jayhawks: "Sanctuary Park"


Por: Begoña Serralvo. 

Puede resultar un ejercicio de cierta responsabilidad enfrentarse al duodécimo álbum de estudio de una banda con cuatro décadas de carretera a sus espaldas y descubrir, una vez más, que toca ponerles un notable alto. Porque The Jayhawks siguen sin conocer el suspenso en ninguno de sus álbumes. No es de extrañar, ya que Gary Louris pertenece a esa estirpe de artesanos del pop americano que parecen haber firmado un pacto secreto con el calendario: pasan los años, cambian las modas, se oxidan algunas certezas y él continúa colocando melodías en su sitio con la precisión de quien lleva toda una vida haciéndolo.

En "Sanctuary Park", Louris parece mirar hacia atrás con serenidad, asumir el paso de los años y convertir esa perspectiva en una colección de canciones maduras, cálidas y extraordinariamente melódicas. Un disco que habla de segundas oportunidades, de memoria y de la inevitable necesidad de hacer las paces con uno mismo. Grabado en Toronto y concebido alrededor de un pequeño paraje real de Dundas, Ontario, "Sanctuary Park" vuelve a poner a Bob Ezrin y Brian Moncarz al frente de la producción, veintiséis años después de aquel luminoso "Smile". El resultado es un trabajo de acabado impecable, donde americana, folk-rock y ese power pop de guitarras luminosas que Louris lleva décadas reivindicando conviven con una naturalidad pasmosa.

Pero si hay algo que continúa siendo inconfundiblemente Jayhawks son sus armonías vocales. Louris, Karen Grotberg y Tim O'Reagan vuelven a entrelazar sus voces con esa precisión que parece tener el extraño poder de detener el minutero. Ocurre en la vivaz "Keeping Our Heads Above Water", un pequeño chute de optimismo pop que desprende una jovialidad casi insolente, y alcanza otra dimensión en "American Midnight", donde las guitarras estallan sobre un pulso que remite inevitablemente a los mejores R.E.M. La canción introduce, además, una lectura punzante de la convulsa realidad política estadounidense, aportando una sombra dentro del optimismo de los otros temas.

Una de las cumbres del álbum llega con "Mr. Lincoln", donde Tim O'Reagan asume el protagonismo para entregar una delicadísima filigrana acústica. El tema que da título al álbum endurece ligeramente el pulso con unas guitarras eléctricas más gruesas y ásperas, que acercan a The Jayhawks a ese Neil Young más rugoso y eléctrico. Un cambio de paisaje que no desentona dentro del conjunto y demuestra que, incluso cuando salen de su zona de confort, la banda sabe exactamente dónde poner cada pieza.

"Rowing the Boat" devuelve al grupo a un territorio más desnudo, con una delicada balada folk que funciona como un epílogo cálido y balsámico y deja el disco suspendido en un lugar especialmente hermoso. No hay este disco grandes giros estilísticos ni necesidad alguna de demostrar que todavía pueden sorprender. The Jayhawks conocen bien su terreno y siguen transitándolo con una solvencia envidiable.