La relación de Juanjo Ordás y Enrique Bunbury va mucho más allá de lo que uno puede esperar a simple vista del binomio periodista-artista, algo que intuíamos a tenor de la publicación de los ensayos “Bunbury Experimental” y “Bunbury. El mundo sobre el trapecio”, firmados con dedicación y profundidad por el periodista madrileño, los cuales tenían ya al músico aragonés como protagonista.
Sin embargo, gracias a “Bunbury: canciones desde El Puerto 2006-2011”, dicha percepción ha demostrado quedarse radicalmente empequeñecida, puesto que estamos ante una obra que solamente puede llevarse a cabo cuando entre las dos partes implicadas hay algo que va mucho más allá de una relación profesional. Y es que este nuevo volumen es un proyecto en el que se estuvo trabajando desde hace más de una década, hasta el punto de llegar a culminarse en un momento y forma que no convencieron del todo al propio Bunbury, quien, tras comunicárselo a Juanjo, prefirió dejar el texto guardado en un cajón que parecía destinado a un olvido del que sorpresivamente ha salido ahora con distinto envoltorio y totalmente reescrito.
La obra gira principalmente en torno a un período vibrante de la trayectoria de Bunbury, donde grabó álbumes de estudio que giraban en torno a la amplia etiqueta del rock americano más heterodoxo y fronterizo como “Hellville de Luxe”, “Las Consecuencias” o “Licenciado Cantinas”; también directos del calado de “Gran Rex” y proyectos comunes como “El Tiempo de las Cerezas”, donde mantuvo un pulso firme de canciones con Nacho Vegas, encontrando hueco a lo largo de esta etapa para volver por última vez con Héroes del Silencio en su aclamado “Tour 2007”.
Serán los citados trabajos los que ocupen el grueso de las preguntas y respuestas que nos acercarán al proceso compositivo y las vivencias del artista, pero también a los estudios de grabación y a las colaboraciones efectuadas a lo largo de los años; también a sus referencias y a la gestación de algunas canciones concretas, donde en ocasiones se afina hasta el punto de recordar cómo surgió un riff u otros arreglos, algo que hará las delicias de los fans más acérrimos, como seguro lo hará la presencia de pequeños “flashback” que nos harán volver a la Zaragoza de los años ochenta y a la ya citada gira de reunión de Héroes del Silencio, pasajes en los que salen a relucir confesiones y citas más que reveladoras que llenan la lectura de momentos muy emocionantes.
La importancia de ciudades como Zaragoza, Los Ángeles, Madrid y El Puerto de Santa María en la vida de Bunbury, las confesiones más íntimas sobre lo que debe ser una gira de conciertos, donde jamás se debe cometer el error de pasar más de dos meses fuera de casa o manejar un repertorio de casi sesenta canciones para evitar la monotonía sobre las tablas; la necesidad de contar con una banda que funcione como una santa hermandad o la trascendencia de controlar todo el proceso creativo sin que tu compañía de toda la vida se convierta en un manicomio y tu mánager en parte del problema.
Un fantástico tira y afloja, literal por momentos, donde dos tipos que se conocen al milímetro “divagan” sobre la carrera de uno de los nombres fundamentales del rock en español de los últimos cuarenta años, haciéndolo con la suficiencia perspectiva y madurez como para legarnos un manual sobre lo que es el proceso creativo y la posterior puesta en escena del resultado final en formato canciones frente a un público que normalmente no suele tener las mismas necesidades expresivas, ni el mismo enfoque que el artista al que idolatra y acude a ver en directo.
Cada página rezuma experiencia pura y dura, cada línea vale su peso en oro. De lo mejor que un servidor ha leído en los últimos tiempos. Palabra.



