Torpedo Party: Unión y reunión de una escena en llamas


Sala Ambigú Axerquía, Córdoba. Viernes 30 de octubre del 2026. 

Texto: J.J. Caballero. 
Fotografías: Mar Portal. 

La idea de dar cobertura escénica a las bandas y artistas recientes incorporados al catálogo de una discográfica, en este caso además de nuevo cuño, rondaba en la cabeza de los responsables de Magnetic Pie Records, el sello cordobés más arriesgado e implicado en los avatares de los grupos locales –abierto también a fichajes de las más diversas procedencias-, casi desde el comienzo. Implicados en la producción y promoción de los directos correspondientes, para esta Torpedo Party, un curioso pero ajustadísimo nombre de guerra para la fiesta de presentación en la sala Ambigú Axerquía, se asociaban con El Submarino, otra aventura de ojalá que brillante porvenir que prioriza la actitud independiente y la gestión con las instituciones en pos de un objetivo común para músicos, promotores, salas y medios: Dar cabida y difusión, en la mayoría de casos mucho más escasa de lo que debiera, a una serie de propuestas que están revitalizando la ciudad en los últimos tiempos, de momento con más ilusión que repercusión. Era una ocasión perfecta para celebrarlo y hacer de la puesta de largo oficial de ambos proyectos algo distinto y necesario. Vaya por delante el agradecimiento por hacernos partícipes de todo ello a los amigos y allegados que hacen posible que sigamos soñando con un futuro, y por qué no con un presente, mucho más despejado de obstáculos y libre de ataduras creativas. Al menos que no se diga que no lo estamos intentando.

Tony Tunait, un espécimen personalísimo y casi un universo en sí mismo, abrió la fiesta con la excusa de presentar “ReCreo”, un disco largo grabado con medios y conciencia del nicho que puede ocupar su música, más cerca de un Kiko Veneno de barrio que de las grandes expectativas que la nueva rumba puede cubrir en los tiempos que corren. A pelo, con voz, guitarra eléctrica, gafas de sol nocturno y sombrero fronterizo, fue apenas el entrante sonoro para un menú variado, corto en aditivos y salpimentado con especias de procedencia conocida y digno de ser degustado en pequeñas e intensas dosis. Tal era la intención del evento, y a ello se entregaron sus protagonistas.

El turno de Migue Pérez, alma mater de El Submarino, no podía ser sino al frente de una banda cada vez mejor armada y con más recursos para solidificar su directo. Volpina, con la consabida y efectiva fórmula de guitarras, bajo y batería, se escora en su nuevo vestido eléctrico hacia un power de musculosa base rítmica, en lo cual tiene mucho que ver el sonido de la Gibson y una nueva vuelta a las canciones que los sitúan en primera línea del pop local. La más reconocible, “Tampoco es para tanto lo nuestro”, fue secundada por las no menos icónicas “La reina del Ambigú” –con el guiño correspondiente a la casa que los acoge con más amor-, “San Miguel alto” y el consabido homenaje a sus dioses Teenage Fanclub con la habitual versión de “Sparsky’s dream” y la consiguiente alegría del oyente cercano. 

Todo ahora contribuye a la sensación de que los temas a punto de ver la luz los harán un poco más relevantes, y quienes ya apreciamos las virtudes de su debut “Lecciones de vuelo” no podremos estar más contentos con ello. Lo mismo que del extraordinario primer disco de Nine Fifty Seven (por si alguien no lo saben, justamente ese, el 957, es el prefijo telefónico de la provincia de Córdoba: Orgullo y clase), grupo encabezado por la voz y el pelazo de Jennifer Baena y la apuesta personal de Jordi Arranz, de quien podríamos decir que ha sido y es uno de los mejores guitarristas de la ciudad y parte del extrarradio. Su onda cercana al hard rock y el stoner de los noventa sitúa “Las apariencias”, su primer disco, en un lugar bastante diferente al del resto de los comparecientes. Combinan castellano e inglés y fluyen en un conglomerado no por sobradamente conocido menos atractivo. “Solo te pido” es seguramente uno de los grandes temas grabados por una banda local en este último trimestre de 2026, y aunque hay detalles por pulir, los escasos directos que aún les contemplan les proporcionan el suficiente aval para confiar en sus poderes durante bastante tiempo. Frescura e inspiración, la clave de muchas cosas.

Paul Barham tiene en The Varlets una banda de acompañamiento más que fiable. El británico más cordobés del mundo venía de la escena punk de sus dominios e intentó abrir el mismo melón hace unos años al frente de Aspidistras, pero el paso del tiempo y el propio bagaje le hicieron virar al rock orientado al blues o, dicho en términos más asequibles, a un pop rock de autor cuya esencia se ha convertido casi en marca. Temas de corte clásico como “The thing about Charles”, por citar sólo uno de los mejores, no definen un sonido más expandido de lo que parece, pero sí definen la base de una propuesta abierta a ambiciones mayores, que son las que merece un músico de recorrido tan amplio como su humildad.

Irene Espejo, o Mirror, como ella prefiere que llamen a su proyecto, sabe que el pop delicado de espectro limitado y sensaciones nada pasajeras, suele dejar poso en los apasionados de la música sin etiquetas ni prejuicios. Lo que hace no es música triste como puedan pensar algunos, sino un viaje ansioso por experimentar y fluir en temas de corte íntimo y brazos abiertos a la divagación instrumental. Entre guitarras y teclados, recorre un camino propio en el que enredarse con músicos de parámetros similares como los integrantes de Chitón, de nombre explícito debido a su condición puramente instrumental, amigos y compañeros de batallas, con quienes revisó unas “Perlas ensangrentadas” bañadas en pop atmosférico y sensualidad contenida, para luego convocar a la jam session a su (y nuestro) querido Mike Sun y meterse en las pantanosas aguas que suelen surcar Flaming Lips con su enorme “Yoshimi battles the pink robots”. 

Así, a base de combos improvisados y con el factor sorpresa como titular, se fueron sucediendo las asociaciones escénicas en las que cualquier cosa podía suceder. Y sucedió que los propios Chitón ejercieron de banda de acompañamiento del citado Barham en un viaje psicodélico al mismo centro del “Revolver” de los Beatles con una grandísima versión de “And your bird can sing”; pero también ocurrió que Jubilee, más exactamente su líder Pedro Cantudo, querían decirnos que acaban de publicar su retorno discográfico después de unas largas y nos consta que forzosas vacaciones, y una de las mejores formas de demostrarlo era pedirle al propio Mike Sun que se quedara con ellos en el escenario –el resto de la banda eran el grueso de los extintos, maravillosos y aún por reconocer Limousine, otro de los grandes nombres de la escena oculta- para atacar por la retaguardia el “Thirteen” de Big Star y moldearlo a sus formas, que no son para nada las mismas ni tienen por qué serlo.

Así concluyó, sin contar las vicisitudes de la fiesta de prolongación, otro encuentro que no era sino un reencuentro feliz con las gentes que hacen posible que esto funcione. Raras veces se podría dar en otro lugar o en cualquier circunstancia diferente un clima de concordia, unión y sentido de la colectividad como en estos eventos que afortunadamente empiezan a prodigarse en la apretada agenda de una ciudad en constante ebullición. A su conclusión, la Torpedo Party no hizo más que comenzar. Y nosotros iremos allá donde nos lo requieran sus responsables, la próxima vez y todas las demás.