Entrevista: Fito & Fitipaldis


“Sin la banda yo no podría hacer todo lo que hago”

Por: Sergio Iglesias

Estaba claro que el nuevo disco de Fito & Fitipaldis iba a ser uno de los acontecimientos musicales del año y eso se nota cuando empieza la promoción. La cita para la entrevista, en esta ocasión, era en Bilbao, en un hotel céntrico donde el músico bilbaíno nos esperaba, como siempre, con una sonrisa radiante de oreja a oreja. Tras un fuerte y sincero abrazo, vamos posponiendo el momento de hablar sobre el disco, para charlar sobre el barrio y sobre cómo ha cambiado todo y cómo pasa el tiempo… en fin, de lo que hablamos ya a estas edades. Pero, una vez que nos metemos en harina y empezamos a hablar de su nuevo trabajo, la ilusión se torna en emoción al contarnos cómo se siente: “Como tardo tanto en grabar discos, me encanta esta sensación de ser siempre amateur”… Fito en estado puro.  

Siete años han pasado desde tu anterior disco de estudio, Huyendo conmigo de mí. ¿Cuesta cada vez más que llegue la inspiración, después de tantos años al pie del cañón?

Esta vez tengo una pequeña excusa de un año por el COVID, pero no libro (risas). Para empezar, yo creo que no hay ninguna fórmula mágica para esto, pero, además, hay otras cosas, empezando por mi propia incapacidad para producir más, no creo que, en ese sentido, sea un tipo muy rentable (risas). A mí me encanta tocar y lo hago todos los días, pero ponerme en serio a ordenar todo el material que tengo acumulado, y decir “quiero hacer un disco con todo esto que tengo aquí desparramado”… eso ya me cuesta más.

Por otra parte, yo tengo mi vida hecha: tengo mi casa, me encanta estar con mis hijos, me encanta escuchar y hacer música, los coches las motos y con eso no necesito más. Todo eso, en cuanto empiezo a preparar el disco, se va a tomar por el culo porque cuando estoy con un proyecto, no puedo estar con nada más, no se me quita de la cabeza y no lo puedo compaginar con una vida cotidiana, no sé hacerlo de otra manera que no sea estando 24 horas al día en ello. Cuando estoy haciendo el disco no puedo saber nada de nadie, se me olvida el mundo; el hecho de componer, además, es de un narcisismo increíble… “¿la guerra de Irak? no estoy para eso” (risas), son cosas que luego las pienso y hasta me avergüenzan. 

¿Y cómo sabes cuándo es el momento de sacar el disco?

Yo siempre tengo ideas porque, si no, sería imposible juntar diez canciones, y tengo una libreta con frases sueltas y ciertas músicas y sé que con eso puedo sacar un disco. Pero hay un momento en que hay que parar y ordenar todo ese material y, como te digo, es un momento que siempre intento retrasar, porque cuando empiezo, todo lo demás se va al carajo. 

Así que, cuando estás tan ilusionado con lo que tienes y ves que ya merece la pena y te emociona, es cuando ya lo quieres sacar, porque ves que tienes algo que quieres cantar a los demás. 

Al final, yo estoy tocando la guitarra todos los días y tengo muchísimas melodías, pero cosas que esté deseando compartir o que me definan como persona y quiera mostrar, no tengo tantas. 

Otra cosa graciosa que me sucede es que, cuando tengo una armonía o algo que me suena bien, lo grabo en el móvil y es flipante, porque el teléfono es un cabrón y te dice cuando lo grabaste, así que ahora cojo una canción de las nuevas y voy buscando y me voy hasta tres años atrás y es como “¡qué ilusión!, de esto que no era nada más que un terreno para explorar, han salido estos temas”. 

Así que, me parece muy importante esa parte lúdica de ir al local a tocar porque sí, con la excusa de que te has comprado un ampli nuevo o porque quieres sacarte una canción que te ha gustado…  yo no abro la puerta del local porque vaya a hacer un disco, la abro porque me gusta tocar la guitarra y ya está. La forma de luchar para mantener eso es seguir sintiéndote  como un amateur, que es lo que me pasa a mí con cada trabajo que saco… tener siempre la sensación de que no voy a ser capaz de hacer un disco, y cuando lo hago es como “¡¡¡Dios mío, lo he hecho!!!”. 

Cuéntanos qué papel o qué influencia ha tenido Quique González en este nuevo trabajo.

Es muy sencillo. En una puta crisis de estas que todos tenemos, de que tienes miedo a escribir y que sientes que no vas a ser capaz de hacer otro disco, tuve además una crisis de valores de llegar a decir “¿por qué seguir en esto si ya he hecho lo que tenía que hacer?”. Sentía que no merecía la pena seguir buscando expresarme con la música y que podía hacer otras cosas, porque veía que ya tenía una edad y podía hacer lo que me diera la gana. 

Hasta que, de repente, un día llega a mi casa un disco de Quique, creo que Delantera mítica, lo pongo y, después de escuchar las dos primeras canciones, me digo: “¡Yo soy tonto, si no hay nada mejor que esto!”. En ese momento, me di cuenta de que, aunque me gusten las motos, los coches o cualquier otra cosa, no hay nada comparable a esto.

Quique es un puto genio escribiendo y cada frase suya es una joya. Me quedé tan impresionado y me revolvió tanto aquel disco que empecé a escribirle una carta que empezaba con un “No estaba yo para canciones…”. La carta ya tenía estrofas y versos, porque yo no sé escribir de otra forma, y todo eso me sirvió como guía para lo que luego acabó siendo el tema «Cada vez cadáver», que fue el que me impulsó a escribir. Por eso elegí ese single que, realmente, es un “antisingle”, para presentar el disco, pero es que, si no es por esa canción, no existiría este disco. Así que, efectivamente, Quique es muy culpable de esto que estamos presentando ahora. 

En cuanto al sonido, lo primero que se nota es que os ha salido un disco más negro que otras veces…

… O igual es en el que menos lo hemos disimulado (risas). Pero sí es cierto que nunca había hecho una canción como «Cada vez cadáver» y, a lo mejor en otro disco, habría salido de otra forma… simplemente, esta vez nos ha salido así.

De todas formas, yo suelo hablar con Javi (Alzola) y con Carlos (Raya) y les digo que, a mí, lo que siempre me ha gustado es la música negra. Antes me gustaba sobre todo el blues, pero ahora me gusta todo: funky, soul… e incluso hip hop. Desde crío lo primero que me gustó fue Elvis y esas cosas que escuchas en casa, pero enseguida descubrí a Chuck Berry. Después el blues de John Lee Hooker o BB King y, de repente aparecía Taj Mahal y decías “hostia, esto es lo de siempre, pero no es lo mismo…”; más tarde, como músico empecé a escuchar George Benson, el jazz… Aunque nunca haya ido por ahí, todo lo que me ha interesado o sobre lo que he indagado, siempre tenía un folk negro, siempre era música de raíz negra. 


Hablando de las letras, y ya desde los singles de presentación, se percibe un cierto pesimismo, que no sé si está relacionado con un momento vital concreto o con que, simplemente, te han salido así… 

Sí, son letras más serias. Es verdad que, habitualmente, cuando veo que algo me está saliendo muy serio, intento suavizarlo con alguna frase más cómica como para destensar, o intento mezclar letras serias con músicas más alegres.

Pero la verdad es que yo no pienso tanto las cosas, sino que me salen ahí. 

Sí que esta vez había un sentimiento grupal, cuando lo estábamos haciendo, de que era un disco muy serio, e incluso la guitarra de Carlos es más pesada y oscura. También he pensado mucho las frases y canto en tonos más graves… quizá todas esas cosas juntas sí desvían el disco a ese lado más serio. 

Para que te des cuenta, cada vez que ensayamos «Morir cantando», con esa guitarra de Carlos,  que es como un puto demonio, y yo por encima con una acústica tocando con todo mi alma, cuando terminamos, la sensación es de no poder tocar nada más después de esto; y lo que no sé es dónde colocarla en un concierto, porque es algo tan serio que dices “¿y ahora qué coño te voy a contar?”.

Pero, qué mejor contrapunto a todo esto que acabar con esa versión del «Transporte» de Jorge Drexler ¿no?

(Risas) Sí, era como para dejar un buen sabor de boca después de toda la oscuridad anterior.

Jorge Drexler está a otro nivel, es inalcanzable y, al igual que lo que te decía de Quique González, yo quiero que estén ahí y disfrutarlos porque lo que nos mantiene vivos es eso: flipar con un disco y decírselo a todo el mundo. Eso es lo bueno de la música. 

Yo estoy todo el rato escuchando música menos cuando estoy preparando el disco, y podría hacer muchísimas versiones. Esta de Drexler es del disco Eco, de hace más de 15 años, y la tenía pensada desde hace tiempo. Siempre la cantaba como si fuera una ranchera y les propuse a los “Fitis” prepararla así y fue realmente sencillo, porque todos la pillaron rápido. En ese momento, estaba escuchando mucho a Charley Crockett y me obsesioné con él, y tiene un rasgueo especial para acústica que utilicé para este tema. 

Drexler es un virtuoso, es como el ingeniero de la música, está en otro escalón y yo lo veo como un semidios de la música y por eso, me daba un poco de pánico convertir en una ranchera un tema suyo,  porque parece que todo lo que él hace es sencillo, pero no lo es en absoluto.

Volviendo con la parte más oscura del disco, ¿fue intencionado grabar tus voces tan crudas como vemos, por ejemplo, en «Cielo hermético» que, quizá, puede ser el ejemplo más claro de esto?

Sí, totalmente. Ya en el confinamiento, la grabé en ese tono y así se quedó. Yo no tengo el vozarrón de Johnny Cash y no estoy acostumbrado a cantar  tan grave, pero teníamos claro que queríamos que la voz sonara seria. Aunque tengo la voz más aguda, cada vez me gusta más cantar tranquilo y relajado, y esta era la oportunidad de hacerlo, también por la temática de la canción.

De nuevo habéis grabado en directo y todos juntos. ¿Es ésta la manera en que os sentís más cómodos?

Hay millones de formas de grabar un disco, y nosotros lo hacemos así porque nos hemos dado cuenta de que nuestra música suena bien cuando tocamos en directo, y también porque tenemos el privilegio de poder hacerlo en un estudio con esa capacidad y los medios técnicos necesarios para ello. 

De todas formas, la forma de grabar no hace que un disco sea mejor o peor, pero nos parece la manera más real de hacerlo, porque las canciones tienen que ser lo que son sin arreglos excesivos. El rock, el pop, el blues… al final son una guitarra acústica y tú cantando, el resto es tener buenos músicos, arreglos y lo que quieras. 

Otra cosa que me pasa a mí es que, ya en mis primeros discos, desde Platero, no disfrutaba del estudio y no me gustaba grabar, así que, esto de hacerlo así es como celebrar que vamos a grabar un disco. Yo no soy responsable de si gusta o no… pero sí soy responsable de que se disfrute la grabación. El disco tiene que ser una ceremonia y vamos a pasarlo de puta madre.

Todo esto es posible, gracias al camino de años y años que lleváis recorridos juntos la banda y tú ¿no?

Hombre… sin la banda yo no podría hacer todo lo que hago. A veces, tengo la sensación de que se me ocurre cualquier tontería y tengo a estos para hacerlo magnífico, y yo no he hecho nada. Tengo confianza absoluta en ellos y, si creo que una cosa va a salir es por ellos, no por mí.

Para terminar, llevamos una hora hablando del disco, pero esto no tiene ningún sentido sin el directo… 

Eso es. Realmente, lo peor de la pandemia para nosotros no fue retrasar el disco, el gran bajón fue no salir porque, para nosotros, sacar el disco es la excusa para salir de gira. Tenía mucha ilusión, por un lado, porque por fin voy a salir de gira con Coki (Giménez), extraordinario como músico y como persona, y porque, además, vamos a ir con Morgan, que nos encantan y con quienes tenemos una relación buenísima, porque también hemos trabajado juntos. Soy muy fan y la mayor ilusión que tenía era estar con mi banda y con ellos cenando, comiendo juntos, compartiendo las cosas… y encima sé que van a hacer que mi concierto sea mejor. Yo nunca diferencio entre telonero y concierto principal, todo es uno y, por eso, siempre llevo bandas que me encantan y gente con la que disfruto estando cerca de ellos.