Dura Calá: “Somos unos macarras haciendo música”


Por: Javier González. 

Fotografías: Madarli.

El buen rock destilado en la selva de asfalto que crece a orillas del Manzanares siempre ha tenido un componente callejero, visceral y macarra. Muchas son las formaciones que han dado forma a dicho estilo, recordando en un rápido ejercicio a nombres mayúsculos como los de Cucharada, Leño, Ramoncín o Burning, bandas y solistas que abrieron un camino posteriormente recorrido con gran acierto y personalidad por otras como Gabinete Caligari y Los Enemigos, ampliando con su legado una vereda fértil que hoy día parece seguir generando nuevos proyectos que desde un personal discurso buscan perpetuar una extirpe que ya abarca varias décadas de historia. 

Si en estos últimos tiempos desde estas páginas hacíamos un hueco para hablar de bandas jóvenes como BRAVA y Los Jaleo, hoy nos toca ocuparnos de otros paisanos, vecinos ilustres del foro como Dura Calá, proyecto formado por viejos secundarios del panorama quienes semanas atrás editaron su primer trabajo, “¡Ay!”, una buena colección de canciones en las que juegan con acordes tomados del flamenco, entremezclados con blues y rock, dando forma a un universo dramático, oscuro, canalla y carcelero, donde también hay hueco para los corridos mexicanos y la cumbia, mostrando una baraja de cartas más que llamativa, capaz de encerrar muchos ases bajo la manga. 

Desfilamos entre castizos y orgullos por la Albufera de Vallecas para encontrarnos con Kash, vocalista de la banda, para que nos hable un poco más de cerca de esta auténtica sobrada cheli, repleta de espíritu y alma cañí llamada Dura Calá

Vayámonos a la noche de los tiempos si te parece. Dura Calá es un proyecto formado por una serie de nombres con sobrada experiencia que ya han militado en distintas bandas dentro del panorama estatal. ¿De dónde venís cada uno? ¿De qué forma sentís la necesidad de juntaros para dar forma a un proyecto tan particular como este? 

Kash: Nosotros somos mercenarios, llevamos muchos años de un lado a otro, tocando en otros proyectos. Llegó un punto en que nos generaba satisfacción económica, pero artísticamente no nos llenaba. Todo empezó como broma, me puse a trastear con unas referencias cercanas al folclore, ya que nos gusta mucho el flamenco, unido con un poco de rollo bluesero y rockandrolero. Grabé una demo guarra que le pasé a Dani, el batería, al que había conocido en otros “proyectos mercenarios”, y me dijo “habría que montar una banda porque mola que te cagas”. Entre broma y broma, lo montamos. Se lo seguimos enseñando a otros colegas del mundillo y se quisieron sumar al proyecto, formándose la banda. Todo fue producto de una casualidad bastante chula. 

“Nos hemos permitido investigar con escalas flamencas y ritmos rumberos, mezclándolas con herramientas más cercanas al rock clásico” 

La banda tiene una forma de escribir que oscila entre la poética callejera que no esquiva temáticas crudas y el amor romántico, mientras que musicalmente la paleta de sonora sabe moverse entre el rock afilado y otras sonoridades más tradicionales e inclusive por momentos festivas, tal y como mostráis en “Macarena”. ¿Cómo de complicado es unir tantos universos en un solo disco? 

Kash: Creo que hemos encontrado el sonido más que buscarlo. En mi caso soy compositor y por primera vez me deje fluir para ver qué pasaba, quería llegar a un punto que me molase, encontrarme cómodo con las letras que nos representasen en el lenguaje, sin rimbombancias extremas, ni querer pintarnos de otra cosa. Al estar más acostumbrados a componer rock and roll, stoner y blues nos permitimos investigar con escalas flamencas y ritmos rumberos, mezclándolas con nuestras herramientas más cercanas al rock clásico, cuando descubrimos que nos molaba, sentimos que aquello nos representaba. 

Vosotros definís el sonido de la banda como “Macarreo madrileño”, una etiqueta que os acerca al cine quinqui, representado por nombres como José Antonio de la Loma y Eloy de la Iglesia, y a otras bandas de dicho universo, cuyo primer nombre citaría a los insignes Burning, aunque musicalmente pienso que os movéis en otros parámetros. ¿No tenéis cierto miedo a que el término acabe pesando mucho y condicionando a la banda?

Kash: El término surgió porque nos preguntaban qué estilo hacíamos y al haber tanta amalgama, como bien has comentado tú, que no nos atrevíamos a decir uno concreto. Quizás si digo rock, algún seguidor del rock clásico nos diga que no. Por nuestro respeto al flamenco nunca diríamos que lo es, pero si lo dijéramos nos dirían “estáis flipados”. Finalmente, nos dimos cuenta que éramos unos macarras haciendo música y de Madrid, así que “Macarreo madrileño” está bien para que la gente lo escuche y saque su propia conclusión. No queremos que nos limite ni pese. Es una descripción amplia sobre algo que nos hace sentir cómodos. Se puede ver como que nos limita, pero, al contrario, mientras que lo que saquemos nos mole y tenga el punto macarra, seguirá valiendo. Nuestro objetivo es hacer lo que nos mola, cuando y como nos mola. Creemos que es un concepto guay que no nos obliga a cumplir ninguna expectativa concreta. 

“Nuestras historias están basadas en lo que nos ha pasado y hemos vivido” 

Os habéis dado cuenta que alrededor de las canciones que conforman vuestro debut, “¡Ay!”, sobrevuelan las sombras de “la trena” y “la muerte” de la misma forma. ¿A qué se debe? 

Kash: Creo que nuestras historias están basadas en lo que nos ha pasado y hemos vivido. La muerte es un tema recurrente, se trata de un miedo principal, sobre todo si llevas cierto tipo de vida lo ves más de cerca. Hemos tenido amigos y experiencias que nos han llevado a plantearnos estos temas. Y con la trena pasa lo mismo. Hemos tenido la suerte que hemos acabado haciendo música, algo mucho más sano. Al final siguen siendo temas que nos han llamado, ya que, por un caso u otro, nos han tocado de cerca. Escribimos sobre lo que sabemos y conocemos. Nunca fue buscado, pero es cierto, son dos temas principales del disco. 

“Madrid es una ciudad que te da todo y a la vez te lo quita” 

“La Condena” habla de Madrid como la capital de la farra, pero también comentáis textual que las “almas en pena cumplen la condena de vivir aquí”, vuestra particular adaptación del “Madrid me mata”, entre rock cañero y amagos de pasodobles. ¿Echáis de menos la antigua visión más canalla y callejera de la capital? 

Kash:
Creo que sigue estando, según a quién preguntes Madrid no ha cambiado tanto. Hay tanta gente que adora Madrid como aquella que lo odia. Es una ciudad que te lo da todo y te lo quita, sobre todo en función del día, las decisiones que tomes o la suerte que tengas. No es que hubiera un deseo de reivindicación expresa, pero sí que es cierto, como te decía antes, que es parte de lo que nos sale hablar, puesto que son historias cercanas y que nos han tocado. 

“En Vallecas las cosas se ven y no se esconden”

Vaya pasada de canción y que vacilona resuena “Tío Pepe”, donde acabáis desembocando en La Albufera de Vallecas, un barrio hacia al que sentís una especial vinculación. ¿Por qué? 

Kash: Hemos echado mucho tiempo en Vallecas. El batería sigue residiendo allí, personalmente pasé mucho tiempo en el barrio, lo sigo considerando casa. Es un sitio donde, a diferencia de otros barrios, salvando excepciones, claro está, las cosas se ven y no se esconden. La mayoría de estas historias vienen de un período que pasamos allí y nos gusta ponerlas en el contexto, aunque no hagamos referencias a calles concretas ni personas. 

Otro tema muy crudo que habéis creado es “Fuego y Cristal”, una dura historia de extrarradio sobre adicciones y vidas en la penumbra de las drogas, que toca muy dentro a todos los que nos hemos criados a las afueras de cualquier urbe. 

Kash: Si la escuchas, parece una película de Eloy de la Iglesia, que decías tú antes. Es un tema que me toca bastante, está basado en una historia que viví de cerca. Personalmente, pensaba que esto eran movidas dejadas atrás en los ochenta, pero un día te das cuenta que le ocurre a alguien que está a tu lado, entonces ves que es un problema latente, aunque no sea tan sonado. Es un homenaje a una persona que por fortuna sigue entre nosotros. Es un tema que nos tocó de cerca y así salió. 

Vuestra amplia paleta sonora tampoco le tiene miedo a mirar al otro lado del Atlántico, algo muy potente en canciones como “La Suerte”, de las mejores del álbum, por cierto, donde hay sonidos cumbieros y un imaginario lírico que retrotrae al universo mexicano. ¿Cómo surgió un tema de estas características? 

Kash: Hay una cosa que nos mola mucho decir sobre Madrid: “todo lo que mola de aquí no es de aquí”. Es una gran urbe donde coincide mucha gente con influencias muy diversas. Al final en un barrio de Madrid puedes oír chotis, cumbia, pero también a Camarón conviviendo con Metallica. Es música con la que nos hemos criado y también nos gusta el corrido mexicano que se acerca a las historias que nos gusta contar. Nos apetecía explorar esta vereda. Nos gusta experimentar con músicas que nos gusten, somos muy eclécticos. Vamos probando y si la cosa cuadra, no le damos muchas vueltas. En nuestro caso, si lo sentimos auténtico y nos suena bien, tiramos sin miedo. 

“Al leer el poema “Reyerta” pensé qué estaba escrito para nuestro universo” 

En “Reyerta” hacéis vuestro un poema del maestro Federico García Lorca, hablando de un duelo de navajas que personalmente, pese a ser decididamente más cañera, me recuerda a “Tango”, una composición de una temática similar, que no igual, de los enormes Gabinete Caligari. ¿Qué os llama tanto la atención de esta lírica castiza, cañí y oscura de una España tan rural y cañera? 

Kash: Supongo que en los ochenta estaba más al orden del día, en las noticias aparecían más este tipo de historias. Nosotros no vivimos los ochenta, pero por contexto, tras leer y ver, parece que era más común. Ahora me estoy leyendo “Macarras Interseculares”, el libro de Iñaki Domínguez, y creo que entre Madrid y Nueva York en los ochenta con los “Warriors”, no hay mucha deferencia. En aquel momento estaba revisitando “Romancero Gitano”, al leer el poema “Reyerta”, pensé que estaba escrito para nuestro universo. Nos ha tocado ver cosas parecidas en el Puente de Vallecas y nos surgió una sensación de cercanía ante un poema más antiguo, pero no desfasado. Hay una parte muy gráfica, donde llega la Guardia Civil y vienen a decir “son los de siempre, ni lo miramos”. Tiramos de otra broma al ponerle música, funcionaba y para adelante. 

“Como influencias te citaría a Pata Negra y Veneno” 

Por cierto, ya que hemos citado Federico. ¿Qué otros autores de nuestra lengua, ya sean músicos o poetas, forman parte de vuestro imaginario? 

Kash: Bueno, realmente la banda somos seis miembros, así que imagino que cada uno te comentaríamos nombres distintos. Lorca por supuesto, que me flipa. El flamenco ha bebido mucho de él. Soy muy fan de la ficción. Me gustan autores que se separan de este universo como Carlos Ruiz Zafón, que ya ves tú que tiene que ver, pero tiene mucho de poético. En cuanto a grupos te citaría a Pata Negra y Veneno, para nosotros fueron precursores del rollo que hacemos. Mezclan folclore con influencias de fuera. Si escuchas el primer disco de Veneno, que en su día pasó casi desapercibido y hoy es mítico, toda una referencia. Se ve que mezclaban el flamenco con el “Animus” de Pink Floyd. Sus letras se mezclan entre cachondeo y sus movidas, dejando la enseñanza de que no hay que tomarse las cosas tan en serio, algo que nos gusta bastante. Nos alejamos de lo solemne por algo real. 

¿Qué grado de cercanía sentís hacia otros proyectos como los de DMBK o nuestros paisanos de BRAVA y Los Jaleo? 

Kash: Conocemos a BRAVA y Los Jaleo, son directamente hermanos. Nos flipan. Con Los Jaleo compartimos local y proyectos a parte. Cuando arrancamos con esta movida, hablamos con ellos para tomar una cerveza, queríamos comentarles que nos veíamos en el mismo universo, que no había bandas así en Madrid y que molaría juntarse para hacer cosas. Me parecen exponentes muy guapos de una imagenería propia y auténtica. Los Jaleo nos flipan. Los Derby también nos gustan, fueron una de las razones principales por las que empezamos esto. A día de hoy, son una banda que sale de los huevos, como quiere y suena así, se les ve reales y funcionan pareciendo reales. Uno de nuestros sueños es tocar con ellos. Es increíble lo que hacen. Nos quitan el miedo sobre qué hacer y qué no. 

“Lo que antaño era mainstream, hoy es nicho” 

Abogáis por unas letras y una estética de otro tiempo, sobre todo en las referencias que manejáis. ¿Qué pensáis de la música que hoy en día consume la gente en su mayoría? 

Kash: A nosotros nos puede gustar más o menos, en nuestro caso menos, pero siempre ha sido así. Es una conversación recurrente en la banda. Si observamos la historia de la música, la pasta se pone en aquello que devuelve la inversión a la industria. En los ochenta el rock daba pasta y salían miles de bandas haciendo lo mismo, ahora pasa por otros estilos. Todos hemos pasado por distintas fases. Ahora pensamos que hay de todo y enriquece en ciertos aspectos. Es igual de válido. Nos puede dar pena, nuestras influencias y estilos van por otro estilos, que quizás no nos queden lejos. Nosotros en “Matadora” nos hemos acercado a la cumbia. Esto es lo que hay, no queda otra. Es algo natural. Lo que antaño era mainstream, hoy es nicho. No podemos controlarlo, por desgracia. 

Vuestros dos primeros bolos en Vallecas generaron un revuelo inusitado. ¿Cuál creéis que puede ser el encaje de Dura Calá en el peculiar universo de la música de nuestro país? 

Kash: Dimos un par de buenos bolos en “Godfather”. Estamos encantados. Era algo que no nos planteábamos para un primer concierto, creíamos que vendrían nuestros quince colegas. Quizás tenga que ver con que a nuestro batería le gusta más la noche que al camión de la basura, fue poniendo las demos por donde salía. Hubo cierto boca a boca y a la gente le ha molado. Al menos la que llenó el “Godfather”. Seguimos encajándolo. Estamos muy agradecidos. Nos ha dado un refuerzo positivo para hacer lo que nos gusta y que la gente siga llenando las salas por donde pasemos. 

¿Qué perspectivas tenéis de gira para los próximos meses? 

Kash: Estamos empezando a salir de Madrid. Nos sorprende meter cincuenta personas en otras provincias. Llevamos muchos años currando de esto. Sabemos que hay que ir con cabeza y somos conscientes que toca picar piedra. De momento nada ha salido a pagar. Este veranos tocaremos en festivales pequeños con toda la solana. Después del verano seguiremos recorriendo salas pequeñas y metiéndole curro para que sea lo que tenga que ser. El único concierto que podemos anunciar es el Centenera Rock en Cáceres. En noviembre iremos más al norte también por salas. No podemos anunciar cosas más concretas hasta que lo hagan los organizadores. 

Mil gracias, Kash. Lo hemos pasado fantástico hablando contigo. Seguiremos la pista del “macarreo madrileño” de Dura Calá. 

Kash: Ha sido un placer. Muchas gracias por el espacio.