Alejandro Santoyo: "Creo en las canciones y en el amor tanto como en el poder destructivo de nuestra especie"


Por: Kepa Arbizu.
Fotografías: Carmen Felipe.

Siempre es reconfortante, y elogiable a partes iguales, encontrarse con un joven compositor capaz de encarnar a la perfección el legado del rock de autor. Una herencia que el albaceteño Alejandro Santoyo ha asimilado en beneficio propio a través de diversos, aunque hilvanados bajo un tono común, escenarios expresivos. El último, y posiblemente más entonado, da forma a su nuevo disco, "Al otro lado de la épica", un trabajo intimista y de detallistas texturas instrumentales, gracias en parte a la presencia y utilización de hasta nueve músicos diferentes. El resultado es un excelente álbum donde la emoción escoge como vehículo composiciones que funcionan como narraciones, un álbum de fotografías diseñado bajo la sutilidad y el corazón. Sabedores de que su nombre cada vez se percibe más incrustado en un árbol genealógico de firmantes ilustres, llámense Chencho Fernández, Lapido, Quique González o Diego Vasallo, hablamos con el artífice de un disco que, lejos de la mercadotecnia artificial, palpita sensibilidad y talento. 

Cuatro años separan tu anterior disco de estudio, “El corazón es un órgano de fuego”, del actual, “Al otro lado de la épica”, ¿ese intervalo revela el mucho tiempo de gestación que ha llevado este nuevo trabajo o responde más a imponderables que han postergado su publicación? 

Alejandro Santoyo: Diría que ambas... Los ensayos nos han llevado mucho tiempo porque justo al comienzo de estos me fui a vivir a Valencia, mientras que el resto de músicos están en Albacete. Para más inri, la grabación y las mezclas las hemos hecho en Madrid, en Metropol Studios. Algunas cosas se grabaron en Baboon Records (Albacete) y en los estudios caseros de algunos músicos participantes (en Ayora y en Chinchilla de Monte-Aragón) pero, como digo, casi todo se ha hecho en Madrid. Como entenderás, todo esto, junto a la cantidad de músicos y las exigencias de las canciones tanto en términos de producción como a nivel de duración, han hecho que se demore tanto. Sumado, dicho sea de paso, a mi absoluta falta de interés en ir de prisa o agobiar a mis compañeros y compañeras. 

 Cuando canciones se van macerando durante cuatro años, ¿van mutando y alterando sustancialmente su forma original o ésta se mantiene y es cuestión de perfilarla y cincelarla? 

Alejandro Santoyo: En mi caso se ha mantenido. La mayor parte de las canciones fueron escritas en 2022, “Caballos perdidos” creo que la escribí con dieciocho o diecinueve años y, desde entonces, he realizado un trabajo (excesivo) de maquetación en el que produje los temas y compuse los arreglos con un teclado o lo que tuviera a mano en casa. Sí que es cierto que junto a Sergio Jiménez de Metropol Studios realizamos algo de preproducción y, durante la grabación, tuvo unas cuantas buenas ideas que han enriquecido las canciones, pero manteniendo su forma original todo el rato. La dedicación y la profesionalidad de Sergio y del personal de Metropol Studios han sido imprescindibles para este proyecto. 

En medio de ambos trabajos publicaste el directo “Fieles y malditos”, un formato que habitualmente se suele utilizar para marcar diversas etapas en una carrera de larga trayectoria, ¿cuáles fueron tus motivaciones para dicho trabajo? 

Alejandro Santoyo: Quizás para quien no conozca Albacete oír hablar de su Teatro Circo no le diga nada, pero es un edificio patrimonio histórico inaugurado en el siglo XIX y una auténtica joya arquitectónica. Un teatro con arquerías neoárabes que también puede ser adaptado para espectáculos circenses y de los que hay creo que menos de diez en el mundo. La cuestión es que me parecía que no había que desperdiciar la ocasión que nos brindó el festival de videopoesía Maldito contratándonos. Alguien en mi situación no suele poder autogestionar la producción tanto a nivel burocrático como económico que requieren sitios así, por lo que aproveché la oportunidad para registrar algunos temas en vídeo y audio. 

Respecto a tu álbum de estudio predecesor, este disco es mucho más intimista, menos directo pero mucho más emocionante y detallista, ¿esa morfología sonora es reflejo del tipo de sentimiento que querías trasladar con el disco? 

Alejandro Santoyo: Lo que tenía claro era que la producción iba a ser más completa que en el anterior, donde hay elementos que a veces aparecen sin estar del todo integrados en la canción. Ya sabía por dónde quería ir pero no sabía cómo. Para este álbum decidí generar todas las capas que me apeteciera. Implementar atmósferas y elementos que conformaran un disco rico y detallista, como bien dices. Otras cosas se me escapan o las dejo al azar, pero a nivel sonoro sí que tenía muy claro lo que quería. 

Tu forma de cantar también ha mutado en más sutil, menos rasgada, ¿en ambos registros te sientes igual de cómodo o sientes como más natural alguno de ellos? 

Alejandro Santoyo: La verdad es que ha sido algo no premeditado, fruto de la llegada de nuevas referencias musicales a mi vida, supongo, como Lambchop, Rafa Berrio y cosas así. Y también de escucharme más y mejor durante el proceso de preproducción. He intentado prestar más atención a cada frase. Creo que a nivel vocal tengo mucho que aprender y mejorar. No obstante mi rotura es natural, no puedo evitarlo, incluso a veces se me rompe hablando. Es algo que me ha acompañado de forma natural y que estará siempre ahí. Me alegra que destaques esa sutileza porque siempre estoy en lucha con mis nervios y es algo que intento medir a la hora de tocar y cantar, ya que es fácil que se refleje ahí. 

Las canciones de este disco, o al menos la mayoría, rompen un poco el esquema de canción pop al uso , ya sea por su extensión o la falta de un estribillo como tal, ¿ha prevalecido un aspecto más narrativo a la hora de componer frente a otras consideraciones?

Alejandro Santoyo: Sí. Durante el desarrollo de este disco y en su gestación quedé eclipsado por los minutajes largos de temas narrativos. Discos como “Truelove’s gutter” de Richard Hawley o “Rough and rowdy days” de Dylan me engancharon. También descubrí la figura de Daniel Lanois, un tipo atrevido con unas ideas fascinantes. Tiendo desde mis inicios a crear canciones sin estribillo o en las que una frase repetida aparente serlo. Manda la canción y a veces uno tiene que arriesgar. Un músico debe ser generoso con la música para que ella lo sea con él, me lo ha enseñado Jorge Ilegal en la distancia y lo he visto de cerca en otros músicos mayores que yo. He concebido algunas canciones desde planos conceptuales exigentes con el público y con nosotros mismos. Desgraciadamente, enfermé un par de días durante la grabación. La tensión me hizo colapsar físicamente mientras grabábamos la canción que da título al disco. Cada grabación es un aprendizaje acojonante sobre uno mismo y quienes te rodean. 

Canciones como “La bomba que colme el vaso” me parecen una obra maestra en todos sus sentidos, con esa naturaleza casi de epopeya, ¿son composiciones que salen casi del tirón o se va configurando a través de la suma de ideas? 

Alejandro Santoyo: Gracias por tus palabras, Kepa. En mi caso, y si está en un disco, es porque ha ido compuesta del tirón con pequeños ajustes posteriores, a veces más retoques y otras menos -las menos-. No guardo canciones descartadas pasado un tiempo. Después de cuarenta y cuatro canciones publicadas (en solitario y con Gerba Monkey) he aprendido que cuanto más reescriba una canción o le inserte según qué piezas como si de un Frankenstein se tratara, la naturalidad y la frescura se van perdiendo. No obstante, esta canción no habla sólo de una cosa. En ella hay varias ideas preponderantes que reflejan el concepto de “Al otro lado de la épica”.

Quizás la excepción a ese tono más intimista sea la rockera, con ese tono abrasivo a lo Neil Young, de “Esperando a nadie”, ¿esa parte más furiosa es consustancial a tu naturaleza aunque en momentos prevalezca ese tono más intimista? 

Alejandro Santoyo: Absolutamente. Ciertas expresividades no se pueden conseguir tocando flojito y, además, los equipos que más me gustan funcionan bien cuando están calientes y a un volumen alto. A veces cuando voy a ensayar me doy el gusto de poner mi amplificador al máximo para sentirme vivo. El ruido penetra dentro del cuerpo y provoca estimulaciones físicas y psíquicas tremendas. Es un placer catártico. Luigi Russolo lo explicó muy bien. A mi me gusta el rock y el rock’n roll, es mi identidad. De ahí viene todo lo demás y no al revés. Así que sí: el ruido y la furia son imprescindibles para mí. 

En el disco has contado con hasta nuevo músicos diferentes, ¿es consecuencia de los problemas de unir calendarios, una forma de recalcar el espíritu colectivo del disco o la búsqueda de los ingredientes exactos que pedía cada tema? 

Alejandro Santoyo: Más bien lo último. Decidí lanzarme a la piscina y experimentar qué pasaba si intentaba materializar todo lo que sonaba en mi cabeza. Unas cosas las tenía más claras y otras no tanto, pero lo que sí sabía era lo que no quería. 

Con esa presencia de diversos músicos, ¿las canciones han sido también moldeadas por su presencia o tenias claro el carácter de cada una y ellos han seguido esos planes? 

Alejandro Santoyo: Prácticamente han seguido mis indicaciones en lo que a tipo de arreglos y sonidos se refiere. Sospechaba que como son buenos músicos iban a entender lo que buscaba en cuanto les dirigiera un poco y les enseñara mis referencias. La verdad es que he quedado muy contento y, no sólo eso, sino que han mejorado las canciones. Algunos de ellos hicieron algunos aportes sublimes que se han quedado. 

Hay una frase que cantas en “Danza macabra” que me parece especialmente significativa y representativa del sentido conceptual del disco, en la que dices, "gris con un toque de color será nuestro reino", ¿son estas canciones una forma de buscar color entre la incertidumbre y la resignación? 

Alejandro Santoyo: Bueno, vivimos una etapa de decadencia, el fin de una época, como es bien sabido. Europa, aunque no expira, se derrumba y es una esclava al servicio de los yankis y de sus amiguitos sionistas. Mi generación y las posteriores estamos bien jodidas. Supongo que las canciones y el arte en general son una forma de buscar color, como bien dices, dentro de toda esta basura que vivimos. Yo me esfuerzo por encontrar el color cada mañana en la calle, en el autobús, en la frutería… hay que intentarlo y hay que ser fuerte. Creo en las canciones y en el amor tanto como en el poder destructivo de nuestra especie. 

A lo largo de las letras hay referencias a lugares concretos, a familiares a historias cotidianas, ¿es el disco especialmente autobiográfico y casi un álbum fotográfico propio? 

Alejandro Santoyo: Sí. Es un disco muy personal y por eso creo que no está entrando solamente con una primera escucha, sino que necesita tiempo para ser asimilado. Siempre he pensado que me gustaría ordenarme la vida en discos, es decir, conformar una vida paralela a la mía en mi discografía. Puede sonar pretencioso pero lo siento así. Llevo subiendo a escenarios desde que tenía diez años pero desde que grabé mi primer disco a los diecisiete he sentido que lo que más deseo es hacer canciones y grabar álbumes. 

También pareces trenzar una mirada intergeneracional, donde conectas el paso del tiempo en tu propia persona con épocas pasadas, parece un retrato universal de la supervivencia y la dignidad de la gente humilde a lo largo de la historia.. 

Alejandro Santoyo: Has dado en el clavo respecto al eje conceptual del disco. No sé si yo lo habría explicado mejor. La vida real, para mí, está al otro lado de la épica. Es erróneo confundir la sencillez con lo banal. El rock está saturado de una épica de postín -esas Lentejuelas que cantaba Barricada- y también hay un sector de nuevos folcloristas que más bien parecen arlequines trasnochados. Hablan de las vidas de nuestros abuelos como si hubieran sido el Carnaval de Cádiz cuando vivieron las mayores putadas que te puedas imaginar. Algunos de ellos, claro, no todos, como bien sabemos. 

Teniendo en cuenta el título del disco, me resulta paradójico que musicalmente hay un componente majestuoso y épico en su naturaleza, ¿era una forma de devolver esa épica (sonora) a quienes la existencia se la ha robado? 

Alejandro Santoyo: Sinceramente, no ha sido algo premeditado. El planteamiento sonoro del disco ha dado lugar a ello, supongo. Bienvenido sea. Es bonito pensar eso que comentas de devolver cierta épica a todas esas vidas anónimas. Yo espero hacer más llevadera la existencia a las personas que quieran escuchar mis canciones. 

Todo el aspecto lírico del disco me parece impresionante, juegas con el costumbrismo, las referencias musicales-literarias y un propio sentido poético, ¿eres especialmente minucioso y perfeccionista a la hora de buscar las palabras exactas?

Alejandro Santoyo: Gracias. Soy minucioso, sí. En los libros y en los discos que me gustan los detalles son importantes y marcan la diferencia. Creo en el poder de la intertextualidad y en la escasez -casi diría inexistencia- de la originalidad. Las palabras no son sólo palabras y aunque nos acompañen a diario no debemos obviar sus vidas pasadas. El silencio también ha sido importante en este disco y creo que no debe perderse de vista. 

Teniendo en cuenta que toda carrera musical es un constante aprendizaje, y dada tu juventud, ¿sientes que cada paso que das es toda una nueva lección y que este disco habría sido imposible hacerlo unos años antes sin todo las enseñanzas que has ido recopilando? 

Alejandro Santoyo: Totalmente. Uno construye una carrera musical con coherencia y no solamente con ruido y furia pero, sobre todo, con buenas canciones. Estamos aquí por las canciones. Debe haber un equilibrio, una armonía. Las carreras que más me gustan, con sus deslices, han sido fieles a una forma de hacer las cosas y a unos principios. Pensar que tienes poco que aprender es de una osadía estúpida. Creo que lo más importante es, aunque sea doloroso a veces, ser fiel y no engañarse a uno mismo. Seguiré con las orejas bien abiertas.