Andrés Calamaro: “Razzmatazz” (En Directo)


Por: Javier González 

Desde hace unos meses podemos disfrutar a través de diversas plataformas de “Razzmatazz” (En Directo), un trabajo que recoge la actuación que Andrés Calamaro realizó en la mítica sala barcelonesa (y en otros puntos de nuestra geografía, tal y como se especifica en el libreto del Cd) allá por 2010, en el marco de la gira presentación de su trabajo “On the Rocks”, editada ahora en formato físico por Warner, doble vinilo y Cd; una colección de canciones que nos muestra la forma en que se las gastaba por aquel entonces el genio bonaerense en vivo, algo que ya hemos comprobado merced a otros trabajos suyos de diferentes épocas tanto en solitario (“Pura Sangre” y “El Regreso”) como en compañía de amigos de la grandeza de Enrique Bunbury (“Hijos del Pueblo”) o Fito Cabrales (“2 Son Multitud”); otra muesca más en el revólver de la prolífica colección de trabajos con que Andrelo riega el mercado cada año para disgusto económico de sus más fieles seguidores.

Una de las grandes verdades que se puede decir sobre Calamaro es que es un volcánico escritor canciones al que es complicado seguir el ritmo de producción, la particularidad que nos lleva a hacer escala en este “Razzmatazz” es la facilidad que ha tenido para atraparnos desde la primera escucha, algo realmente complicado de ocurrir con los álbumes en vivo, pues pocos hay que puedan hacer ensombrecer una grabación de estudio. 

Nuestra atención no se ha fijado tanto en el set list, pues ya se sabe, Andrés tiene tanto dónde elegir que siempre echaremos algún himno a faltar, sino por el hecho de encontrar todas las virtudes que nos han hecho seguir su trayectoria desde casi la tierna infancia, rastreando por su pasado, loando su época dorada y rascando siempre cosas positivas en cada uno de sus álbumes, salvo alguna que otra cantada difícil de asimilar para rockeros militantes que fruncen el ceño y expresan su queja ante ciertas sorpresas, aún a sabiendas que estamos ante una personalidad insobornable que siempre hará lo que le venga en gana, rompiendo esquemas y cualquier idea preconcebida que podamos tener. Vamos, otro de esa sana calaña de creadores, minoritarios en el panorama, al que el término artista no le viene grande. 

Para empezar, nos damos de bruces con la que de largo es casi nuestra alineación favorita de cuantas han acompañado a AC. Incrustaremos aquí una breve anécdota personal muy clarificadora a este respecto, pidiendo perdón al lector de antemano. Con diez años, este que suscribe, ya era fan de Los Rodríguez, sobre todo de su vocalista principal, perdonen el pecado ustedes, pero glorificar a Ariel Rot, reconocer las cualidades de Germán Vilella y, sobre todo, hacer hueco en el santoral a mi amado Julián Infante, costó algo más de tiempo. Pecados de infancia que espero sean condonados el día que me juzguen por última vez antes de pasar a la siguiente fase. 

Más tarde, con el corazón hecho añicos por el final de la banda, tardé nada y menos en caer arrastrado ante su nueva etapa en solitario. Poco resta que añadir que no se haya dicho sobre “Alta Suciedad” (1997) y el colosal “Honestidad Brutal” (1999), dos álbumes que marcaron a una generación, situando a Andrés en lo más alto de nuestro escalafón rockero patrio (sí, este tipo nació en Buenos Aires, pero es un madrileño de la calle Pez, algo que es sabido por todo buen aficionado que se precie). 

Puede que el ejemplo más clarificador del estatus que ostentaba Calamaro en aquellos instantes venga dado por los siempre denostados 40 Principales con aquel magnífico “Básico”, cuya banda soporte ya conformaban dos tipos que aparecen también en este directo como son José Niño Bruno” y Candi Caramelo, ejerciendo de fenomenal sección rítmica en una presentación que una generación entera hemos devorado hasta la saciedad a lo largo de los años, donde también era parte fundamental otro noble republicano de nuestra ciudad como el añorado Guillermo Martín, al que en este directo sustituyen a la perfección Julián Kanevsky, el propio Andrés y un mago muy respetado, habitual en estas páginas, como Diego García (sí, “El Twangero”), quienes imparten magisterio a las seis cuerdas durante todo el directo, en una formación que completa Tito Dávila, nombres mayúsculos todos ellos que dotan a este “Razzmatazz” de un encantó poco casual en este tipo de álbumes y de un sonido que es poco menos que espectacular. 

Continuaremos resaltando el acertado arranque con “Madame Razzmatazz” un ejercicio para destensar dedos, un rock tenso que sirve para aplacar los nervios del arranque, mientras te induce a pensar que no, este no es un directo de relleno más, el “Walk of Life” de Dire Straits convertido en “Salud, Dinero & Amor”, la calidez asomando en “Carnaval de Brasil”, el funk violento de “Más Duele”, la pretendida languidez y decadencia presente en “El Día de la Mujer Mundial”, los cuchillos afilados en “All You Need in Pop”; el brillante ejercicio de amor y espinas que supone “Por Mirarte”, la lágrima asomando al escuchar “La Mirada del Adiós” y “Mil Horas”, el wah-wah anunciando “Nunca es Igual” empastada con el “Get Up, Stand Up”, la musculosa “Revolución Turra”, mejorando la original, la ironía mezclada con franqueza de “Voy a Dormir/ Socio de la Soledad”; dejando para el final “Mi Enfermedad”, con polémica incluida con el público que vale su peso en oro, la explosión punk de “Palabras Más o Menos” (que en el formato Cd es el tema con que se cierra), así como el homenaje stoniano “Jumpin Jack Flash” y el rotundísimo cierre que supone “El Salmón”, digna fotografía de lo que es Calamaro, reconociendo pecados y reivindicando su personalidad, pese a quien pese. 

Las razones explicadas arriba deberían ser suficientes para, cuanto menos, dar una escucha a este trabajo, pero todavía falta un último motivo de peso para lanzarse en sus brazos sin remisión. A este “Razzmatazz” conviene acercarse, simple y llanamente, porque viene firmado por un genio real, canalla, imperfecto, bocazas y sin igual. Un tal Andrés Calamaro que en esta grabación interpreta los temas sobresalientemente, como pocas veces le hayamos escuchado, y que, además, volvemos a repetir, pisa dos o tres charcos en la grabación que solamente él tendría valor de pisar, llegando a encararse con el respetable y siendo pitado por verter sus opiniones. Y es que en este punto del camino, donde la figura de los creadores y artistas se difumina, pensando más en los números que en el valor de aquello que van a expresar, donde muchos tienden a la corrección para no molestar, hay que poner en valor a aquellos artistas que no se esconden y piensan lo que dicen. Ya habrá momento de confrontar opiniones con ellos, desde la calma, con un café por medio, tendiendo puentes y a través del diálogo, pero, por favor, que nadie deje de expresar su opinión por más que no sea la que queremos oír. 

Y si se trata de cosas que sí queremos y debemos escuchar, desde aquí lanzamos una apuesta ganadora, “Razzmatazz” (En Directo), por obra y gracia de Andrés Calamaro, donde el genio y su banda muestran la combinación ganadora en una perfecta amalgama de crudeza, pegada y elegancia, que bien puede representar el mejor live de toda su carrera editado hasta la fecha.