Sala Luis Galve del Auditorio, Zaragoza. Domingo, 8 de marzo de 2026.
Texto y fotografías: Javier Capapé.
Con el Inverfest dando sus últimos coletazos en Zaragoza, Fetén Fetén arribó en la ciudad del cierzo para alumbrar la tarde del domingo con su atractiva propuesta instrumental, que mezcla como pocos cultura, fiesta e historia popular. El dúo castellano formado por Jorge Arribas y Diego Galaz nos brindó un repertorio cargado de instrumentales que desplegaron todo el atractivo de la tradición musical de este país haciendo un recorrido por nuestra música popular rodeados de curiosos instrumentos y un lenguaje cercano y cargado de buen humor.
Venían sin apoyo vocal, únicamente provistos de sus múltiples instrumentos y su buen hacer, por lo que más que lanzarse con sus “Cantables” lo hicieron con “Bailables”, regalándonos una buena dosis de pasodobles, valses, jotas, mudanzas y hasta algún chotis. Su maestría como grandes multiinstrumentistas se hizo notar desde los primeros pasos sobre el escenario interpretando un elegante foxtrot entre las cuerdas del violín de Galaz y el acordeón de Arribas. Esos fueron sus instrumentos de base, pero a partir de ahí nos mostraron todo un repertorio de “cacharros” sonoros de lo más variopinto. Desde una flauta de hueso de ala de buitre con la que interpretaron su “Pasodoble huesudo” a una combinación de botella de anís y pajita de plástico con la que nos brindaron su particular homenaje al Nuevo Mester de Juglaría.
Nos descubrieron que fue el acordeón el que trajo los bailes agarrados a España, y bajo su embrujo nos invitaron a su particular “Merienda cena”. El serrucho de origen americano vistió “Vals para Amelia”, que en su día Diego compuso para su madre, después de que dibujase el sonido de las gaviotas con su violín. También se dejó ver en varias ocasiones sobre el escenario una zanfona. Confieso que es un instrumento que me vuelve loco, y con la interpretación de una rogativa tradicional de los campesinos de Valladolid para pedir agua, el músico burgalés afincado en Atapuerca nos ofreció uno de los momentos más sentidos de todo el concierto. El sonido de la zanfona me estrechó el corazón, pero también lo hizo esa reflexión que nos dejó este dúo sobre cómo la gente del campo conectó con la esencia de la música desde la antigüedad componiendo melodías preciosas sin saber solfeo. Porque la música es algo que, ante todo, se siente. Por eso mismo, con ese mismo sentir y delicadeza, y teniendo a la zanfona como protagonista, afrontaron la marina “Miña terra no corazón”, que en su día publicaran en “Melodías de Ultramar” dedicada para los que buscaron y todavía buscan una mejor vida en el extranjero por su familia, aunque la pierdan en el intento.
Y es que en las canciones de este dúo hay mucha conciencia social y conocimiento de la historia de la que se nutren sus composiciones, aunque sin olvidar ese puntito de humor tan necesario, al que también ayudó el uso de sus instrumentos “accidentales” que fueron presentando uno a uno. Las cucharas y la silla de camping convertida en flauta con la que interpretaron una mudanza, la gaita fabricada con una bolsa de vino y boquillas de pruebas alcoholemia que sonó a las mil maravillas en su particular homenaje a Agapito Marazuela (folclorista segoviano al que recordaron como un cruce entre Mozart y Hendrix), o la escoba y el recogedor de supermercado que condujeron los vientos entre tonadas que recorrieron camino entre Burgos y Salamanca. Si con el violín o la zanfona es Diego Galaz quien nos sorprende, con todas estas flautas caseras, así como con el acordeón que da la base a la mayor parte de las canciones, es Jorge Arribas quien nos conquista. Un dúo particularmente inquieto que no pone límites a la música y al placer de encontrarla en todo lo que nos rodea. Por eso hacen de cada elemento arte y de cada momento de sus singulares conciertos un paseo por la mejor tradición convertida en melodías adictivas.
Para su actuación en la Sala Luis Galve tuvieron un invitado muy especial. Un músico que reivindicaron como uno de los grandes estudiosos de nuestro folclore y música popular. Con Fernando Pérez a la guitarra hawaiana interpretaron su “Jota del Wasabi”. La jota como parte de nuestro folclore y el wasabi como esa fusión tan necesaria entre culturas, a la que en este caso se le unieron los sonidos hawaianos de la guitarra comentada para redondear un tema que nos hizo caer en la cuenta que hacer folclore también es reivindicar la patria. “Las banderas no van a ningún sitio sin folclore, que es muy diverso, pero con más denominadores comunes que disputas”. Sabias palabras del que parecía en todo momento el maestro de ceremonias Diego Galaz, pues de su boca salieron la mayor parte de estos discursos que nos interpelaban, más allá de los sonidos convocados sobre el escenario del auditorio.
Los “Fetén” dijeron que amaban la cultura de este país y por eso nos invitaron a viajar de Galicia a Guipúzcoa pasando por la Ribera del Duero con “Fandangos y Txalupas”. Y viajando llegamos hasta Madrid con “Dame una cita”, un chotis que interpretaron entre el público con el famoso violín con gramófono inventado a principios del siglo pasado para amplificar el sonido de este instrumento en las actuaciones al aire libre. Nos llevaron también hasta Portugal pasando por León y casi al finalizar la actuación terminamos en Europa del Este con la zíngara “He visto un oso en los Cárpatos”.
No se olvidaron de agradecer a los organizadores del Inverfest por llegar a tanta gente con su música desde que les abrieron las puertas del Circo Price en Madrid, y con esta cita maña cerraron una larga gira que también han compartido con Fito Cabrales como las últimas incorporaciones de su banda en el “Aullidos Tour”. Dos músicos incansables, atrevidos y polifacéticos que demostraron saber llevar como nadie la mejor tradición de la música popular que despierta conciencias a todos los rincones.





