The Divine Comedy, el elegante idioma del pop


Sala Apolo de Barcelona, Festival Mil·leni. Jueves, 5 de marzo del 2026. 

Texto y fotografías: Àlex Guimerà. 

Uno de mis festivales musicales favoritos de Barcelona es el Mil·leni, que en su 27ª edición continúa trayéndonos propuestas idóneas para los mejores paladares. Como The Divine Comedy, que si bien en la ciudad los hemos podido disfrutar en anteriores ocasiones en inmejorables aforos, como el Palau de la Música, el Audiori o los jardines del Palau de Pedralbes, no nos los quisimos perder en la Sala Apolo. Y es que la banda liderada por Neil Hannon ofrece un elegante pop de cámara con esas influencias de la música clásica, del cine y de los aromas grandilocuentes de Scott Walker, al que uno no logra resistirse.

Por si fuera poco, en la presente gira están promocionando su maravilloso último álbum (el número 13 de su discografía) "Rainy Sunday Afternoon". Un melancólico trabajo que, grabado en los mismísimos estudios Abbey Road, se revela entre lo mejor de su larga trayectoria y que se aleja de recientes experimentos con sintetizadores y otras aventuras del bueno de Neil.

Con la sala a rebosar, Hannon apareció luciendo un elegante traje, camisa oscura, gafas de sol y un sombrero, acompañándose de cinco músicazos (teclados, bajo-contrabajo, violín, guitarra, batería y acordeón). Un set instrumental que fue capaz de llenar esos espacios mágicos que la trabajada producción de estudio de sus canciones parecen imposible de reproducir en vivo. Y así es, como desde el minuto uno del show, el sexteto musical nos envolvió en dulces melodías, ritmos trepidantes y esa voz de barítono del cincuentón que tanto alcanza la calidez en sus tonos bajos como la emotividad cuando aborda las tonalidades elevadas.

Para el arranque tres de sus nuevas canciones: la melódica “Achilles”, la sombría “The Last Time I Saw The Old Man” y la que titula el álbum con esas letras tan maravillosas que nos tiene acostumbrado el de Irlanda del Norte. Aunque fue “Norman and Norma” el primer gran momento del concierto, con el público recibiéndola con entusiasmo. Tras ella, Hannon nos advirtió que iba a tocar una canción “muy muy muy muy antigua”, concretamente “Your Daddy’s Car”, del álbum “Liberation”, cuya narrativa cotidiana y humorística refleja perfectamente el espíritu del grupo. Uno de mis momentos favoritos llegó de la mano de “I Want You”, “A Lady of a Certain Age” y “Songs of Love”, que encadenadas una tras otra llenaron el auditorio de romanticismo con su espléndida delicadeza y sensibilidad. También me gustó “At the Indie Disco”, para la que Hannon nos mandó hacia “una discoteca del norte de Europa”, y con la que levantó definitivamente la energía de la sala.

Pero, sin duda, el momento mas recordados del bolo llegó con “Mar-a-Lago by the Sea”, cuya introducción fue sensacional con el crooner presentando a cada uno de sus músicos mientras les preparaba su cocktail o bebida favorita, gracias a un improvisado carro-bar. Al terminarla, nos advirtió que iba a ponerse rockero antes de que escucháramos “Bad Ambassador”, una pieza que siempre me ha recordado al gran Jeff Buckley

Para la recta final reservó a algunos de sus mejores clásicos: “Becoming More Like Alfie”, “Generation Sex” y “National Express”, piezas emblemáticas y dinámicas con las que los ritmos frenéticos y la rica pero no cargada instrumentación llenaron la sala de baile y alegría. Aunque Neil ya nos lo había anticipado, se reservó tres piezas para el bis, una “Our Mutual Friend”, con la que bajó del escenario para cantar y bailar entre el público, una delicada e íntima “Invisible Thread” y el cierre apoteósico con los redobles de “Tonight We Fly” y esa sensación de euforia que pocas canciones son capaces de crear.

Un final para el concierto de The Divine Comedy que nuevamente resultó una auténtica experiencia audiovisual, con dosis adecuadas de teatralidad, melancolía, sentido de humor y melodías perfectas, logrando que sigamos adorando a este tipo único en su especie.