Por: Nuria Pastor Navarro.
La “coincidentia oppusitorum” es, como puede deducirse por su nombre, una coincidencia de opuestos. Algo así como un oxímoron, una unión de elementos o atributos contrarios. En estos casos, los antónimos son capaces de convivir de la mano: eternidad y finitud, luz y oscuridad, inocencia y atrevimiento. Grandes artistas han conseguido alcanzar esta “coincidentia oppositurm” en su arte, y un gran ejemplo de ello es la joven Melanie Martinez, que regresa con su nuevo álbum “HADES”.
Como una especie de Alicia en un retorcido País de las Maravillas, Melanie se sirve de melodías e iconografías infantiles para retratar los aspectos más sórdidos de la sociedad. Y es que su peculiar estilo pastel es algo que ha acompañado a la cantante desde sus inicios, allá por 2012, en el programa estadounidense de “La Voz”. Aunque Martinez fue eliminada varias rondas antes de la final de su temporada, este episodio supuso el descubrimiento casi mundial del talento de la artista. Apenas dos años después firmaba con una discográfica, lanzando el sencillo debut “Dollhouse”.
Para entonces, el sonido particular de Melanie y su potente imagen daban la vuelta al mundo ganándose el apoyo de miles de fans. Un peinado bicolor, una estética infantil fuera de lo común, letras inquietantes con melodías adorables… Quedaba claro que esta chica tenía mucho potencial.
El lanzamiento de su primer álbum, “Cry Baby”, en 2015 consolidó su hueco en la industria. La generación de jóvenes de la era “Tumblr” recibió con los brazos abiertos la historia que Martinez narraba en el disco: Cry Baby, su sensible protagonista, se enfrentaba a diversos problemas sociales con su particular forma de ser. Canciones como “Mrs. Potato Head”, “Alphabet Boy” o “Carousel” lanzaban ácidas críticas a temas como la obsesión por la perfección estética, la meritocracia o los círculos viciosos, todo salpicado por colores pastel, fascinantes personajes y nanas infantiles.
Melanie decidió continuar la historia de Cry Baby en sus dos siguientes álbumes: “K-12” (2019) y “Portals” (2023). En ellos la joven pasaba por una peculiar escuela e incluso moría para retornar en forma de hada al más puro estilo fantástico. Martinez lanzó hasta un largometraje que retrataba la historia de “K-12” a través de los vídeos musicales. Su creatividad no conocía límites, y nada se le quedaba en el tintero. La corrupción de los poderosos, los trastornos alimenticios, el machismo y la misoginia, el bullying y hasta la adicción a las redes sociales; la artista no perdonaba a la hora de criticar y denunciar en sus temas.
Tras ocho años, la aventura de Cry Baby llegó a su fin y el desconcierto de los fans era palpable. ¿Qué tendría preparado Melanie después de semejante viaje? ¿Se mantendría fiel a su estilo? ¿Seguiría haciendo música? Por fortuna, las respuestas han llegado de la mano de un nuevo álbum que, además, forma parte de un doble proyecto. “HADES” representa la distopía, retratando la más cruda y cruel realidad, mientras que el próximo álbum encarnará la utopía, según ha explicado la artista a través de sus redes. Aun así, la parte que tenemos por el momento tampoco es escasa: “HADES” nos presenta ni más ni menos que dieciocho canciones.
“GARBAGE” es la encargada de abrir la dolorosa historia del disco con un repaso del desastre que es la sociedad actual. Con un ritmo que cabalga entre una película bélica y un cuento de hadas, se menciona la violencia, el colapso del medio ambiente o el extremismo político. Desde luego, la artista deja claro que este álbum va más allá de ser simple música.
Con una suave transición, pasamos a escuchar “IS THIS A CULT?”, una historia de rebelión femenina contra aquellos que pretenden controlar a las mujeres, y “POSSESSION”, que sigue en la misma línea criticando las relaciones tóxicas a través de la delicada voz de Melanie. A lo largo de la hora y diez que dura el álbum, la artista se desquita con numerosas problemáticas actuales. Los hombres performativos en “WHITE BOY WITH A GUN”, el capitalismo salvaje en “MONOPOLY MAN”, los estándares de belleza en “WEIGHT WATCHERS” y “UNCANNY VALLEY” o la pobreza en “GUTTER”; como siempre ha hecho, Martinez convierte su arte en un arma de comunicación y protesta cargada de simbolismo y profundidad.
También deja espacio a temas más cercanos a su persona, como la dura verdad tras la fama, la presión social o el amor hacia una persona emocionalmente inaccesible. “AVOIDANT”, “DISNEY PRINCESS” o “MONOLITH” aportan esa chispa más intimista al trabajo. Y es que, a pesar de representar una distopía, Melanie da algunas pinceladas de optimismo a su manera. El álbum se despide con “THE LAST TWO PEOPLE ON EARTH”, que explora esa búsqueda del lado bueno de las cosas. Aunque todo se esté desmoronando, aunque sea el fin del mundo, siempre nos quedará el amor como forma de resistencia, y la cantante lo defiende a capa y espada.
Musicalmente, “HADES” es capaz de reflejar el gran bagaje de la artista y, a su vez, reinterpretarlo. Melanie consigue mantenerse fiel a su esencia y estilo tan característicos, pero también innova. Deja atrás los ritmos infantiles y los moldea con una nueva forma, más atrevida y variada que antaño. Temas como “GRUDGES”, que habla sobre los conflictos interpersonales, o “THE VATICAN”, una brutal crítica a la religión como elemento de control, se acercan a géneros como el rock o el tecno mientras la cantante explora su voz como nunca antes.
Melanie ha cambiado, ha crecido, ha evolucionado, pero no ha dejado de ser la ingeniosa artista que conocíamos. “HADES” es un disco muy completo, variado al igual que potente, quizá algo largo, pero igualmente sólido y disfrutable. Sin dejar atrás su aire de muñeca de porcelana algo siniestra, Martinez se reinventa y, a su vez, conecta con sus trabajos anteriores.
Al igual que Alicia cuando atravesó el espejo, Melanie regresa a su propio País de las (distópicas) Maravillas para dar todo el arte que lleva en su interior, sin olvidarse jamás de la curiosa “coincidentia oppositurom”.



