Hans Laguna: “Yo siendo yo. El teatro de la autenticidad en las estrellas del pop”


Por: Juanjo Frontera.

Como muchos sabrán, Hans Laguna (Donosti, 1979) es músico y productor, responsable de discos tan notables como "Manual De Fotografía" (2016). Pero lo que ya no sabe tanta gente es que es licenciado en filosofía, con un doctorado en sociología, y profesor de pensamiento social en Barcelona. Todo ese alto nivel de conocimiento lo invierte, además, en escribir. Escribe mucho y muy bien. Además de artículos colaborativos en elDiario.es o ARA, ha cultivado una ensayística a menudo centrada en su especialidad, Frederick Nietzsche, pero también, desde no hace tanto, en la música. 

En este ámbito nos regaló el que es sin duda uno de los volúmenes más interesantes aparecidos en el panorama nacional durante los últimos años: "HEY! Julio Iglesias y la Conquista de América" (Contra, 2022) reveló a un autor muy inteligente, que sabe convertir el análisis más sesudo en una lectura apasionante y enormemente divertida. Se le devora, vamos. 

Y no es excepción a esta regla este breve librito que ha escrito para la estupenda colección Nuevos Cuadernos Anagrama. Se titula "Yo Siendo Yo. El Teatro De La Autenticidad En Las Estrellas Del Pop" y busca explicar un cambio de paradigma que consiste en que, de un tiempo a esta parte, lo que antes eran estrellas inalcanzables, manipuladas, fabricadas en cadena y totalmente alejadas de la realidad, ahora se ha convertido en un dechado de auto reivindicación que usa las historias personales, la búsqueda de la autoría en su obra y, en definitiva, la autenticidad de su discurso, para obtener la validación de un público que anhela encontrar reflejo, humanidad, en lo que antes era un dios todopoderoso totalmente fuera de alcance. 

La intimidad de "Brat", de Charli XCX, la espiritualidad de "Lux", de Rosalía, o la vuelta a las raíces de "Debí Tirar Más Fotos", de Bad Bunny, por sólo citar algunos ejemplos, no son sino manifestaciones de un “yo” que pugna con aquél “cualquiera” que el pop de antes vendía. Y es que nada vende más ahora que una historia personal que avale lo artístico. 

No nos engañemos, esto existía de siempre, en la cultura rock esa autenticidad ha sido siempre uno de los puntos fuertes que daban credibilidad a quien la esgrimía sin atisbos de postureo. A quien fallaba en el intento, traicionaba sus orígenes o impostaba su imagen, se le tildaba, directamente, de vendido o pastiche, con la consiguiente pérdida inmediata de seguidores y ventas. Pero en el pop o, digámoslo ya, el mainstream, la cosa era diferente: se vendía imagen, un producto de marketing que se ideaba en una oficina y tenía toda una cadena de producción detrás.

Todo esto ha cambiado ahora: las redes sociales han causado que todos “nos produzcamos”, con lo cual, buscamos algo diferente -la dichosa autenticidad- en aquellos que tomamos como referentes por ser personas de éxito y gran fama. Estamos cansados del maquillaje y queremos conocer, a ser posible a fondo, la vida de cada uno de esos ídolos: sus debilidades, anhelos, contradicciones o procesos creativos. Sentir que son humanos, como nosotros, y no dioses del Olimpo

De hecho, en eso del proceso creativo es donde reside una de las grandes claves de la autenticidad: la autoría, poder decir que esa canción que cantas es tuya. Algo que antes tampoco ocurría en la mayoría de fenómenos pop. Además de éste, Laguna destaca otros puntos cardinales, a modo de capítulos, sobre los que descansa este culto desenfrenado a lo auténtico que vive ahora el pop: autonomía, espontaneidad, autobiografía, vulnerabilidad, saber vender(se)…

En todos esos puntos se detiene el autor, con profusión de personajes tanto de la actualidad como del pasado, en un extraordinariamente documentado (como es costumbre en él) hilo argumental que está servido de forma amena y divertida. Y sin casi atisbo, por si fuera poco, de superioridad intelectual, esnobismo o pedantería. Digo casi, porque algo de eso hay, es inevitable, pero en ningún momento desvía la quirúrgica objetividad con la que Laguna atrapa en estas páginas algo que determina mucho más de lo que pensamos las maniobras y el devenir de la industria musical, así como de los artistas más poderosos del mundo. 00 Al final, la frase que lo resume todo (y titula este libro) la dijo Karol G en una entrevista concedida al New York Times con ocasión de la publicación de su disco “más personal”, "Mañana será bonito" (2023): “En este momento, los artistas se esfuerzan mucho por encontrar su concepto y ser muy experimentales. Y esa es una buena manera de hacer arte. Pero el concepto de este álbum es solamente yo siendo yo”. 

Sobre lo que hay de cierto, de auténtico, o de maniobra, de pérfida patraña, en ese “yo siendo yo” es sobre lo que gira este excelente y excitante librito de bolsillo que se lee en un suspiro y es, fácilmente, de las lecturas más inteligentes que te meterás entre pecho y espalda si le hincas el diente. Te sentirás más auténtico, eso seguro.