Fabián D. Cuesta: "Estar fuera"


Por: Javier Capapé. 

Oímos cantar a los pájaros y sabemos que vuelve a flotar en el aire la música del leonés. Fabián D. Cuesta ha estado mucho tiempo fuera, quizá por eso el título de su reciente colección de canciones sea “Estar fuera”. Dar valor a la retirada antes de la quema. Pero siete años han sido demasiados para los que amamos su música y su cálida voz. Hubo un amago de disco con colaboraciones que finalmente no se materializó más allá de los sucesivos singles que presentó junto a Iván Ferreiro, Andrés Suárez o Marwán. Ese “#explicarlospájaros” se quedó en eso, en un hashtag que nos hubiera encantado que llegase a materializarse en forma de disco físico (algo tal vez demasiado vintage para los nuevos hábitos de consumo) y a llevar a Fabián a otras cotas. Pero no fue así. En lugar de eso hubo tiempo para buscar su espacio y renacer, pero sin olvidarse de esos pájaros que han revoloteado siempre por su mente, que han dado sentido a sus canciones y emociones. De ahí quizá que la canción que abre este lote lleve por título “¿Por qué tantos pájaros, Fabián?”, planteando desde el primer momento un cara a cara con su público, una conversación cercana materializada en forma de canciones. Precisamente esta primera es perfecta como apertura porque condensa el espíritu lírico que suponemos ha acompañado a Fabián durante este tiempo. Un tema que entra lentamente. Suave, pero a la vez etéreo, y finalmente casi épico. Los teclados de fondo lo sostienen hasta que en el estribillo entra la batería, brillan las guitarras y crece el pop, aunque lo verdaderamente valiente reside en las confesiones de su letra. ¿Es esto lo que vive el propio músico leonés? ¿“Un sueño dentro de un sueño”? Más que un sueño parece ese “hilo invisible del arte” que tanto exige, pero muchas veces poco ofrece. Aunque la confesión va más allá, cuando hace referencia a esa posición desde la que lo contempla su autor: “Todo lo he visto con los ojos de un pájaro errante”. Fabián hace una enumeración de todo lo vivido, quizá desde lejos o como espectador, pero estando presente, como ese ave imbatible que tan bien le define.

El resto del disco se mueve más cómodamente entre las coordenadas que habitualmente le definen. Brillos pop con guitarras cristalinas, arreglos sutiles de eléctrica y pianos delicados, todo bajo su sedosa voz, que, definitivamente, es su instrumento más poderoso, el que habita sus canciones y las convierte en algo único. Los que conocemos a Fabián sabemos que ese es su gran valor, aunque lamentablemente sea desconocido por muchos. Eso es lo que sobrevuela también en muchas de estas canciones, el hastío de haber sido nombrado promesa en tantas ocasiones y no verlo cumplido, aunque eso no ha impedido que la música del leonés conserve su honestidad y buen hacer, porque otra cosa no, pero en esto hay pocos músicos en esta tierra que le superen.

Juan Marigorta vuelve a acercarse a Fabián para hacerse cargo conjuntamente de la producción en los Estudios Tripolares y la Viejita (además de encargarse de muchas guitarras y teclados), todo dentro del considerado hogar de este músico independiente. Junto a ellos, Pepe López en las baterías y percusiones y David Nieto al bajo. Un equipo sólido y compacto que crea un disco verdaderamente cohesionado y rico en matices donde predomina el pop desde el prisma del cantautor (menos americano esta vez). Hay canciones como “Tienes que bailar” o “Tarde de Junio” que no necesitan más que una acústica y un piano para alzar el vuelo y conmovernos. En otras, sin embargo, las guitarras eléctricas rugen con algo más de fuerza, como en “La noche es nuestra”, que cuenta con un estribillo de lo más pegadizo, o “El rayo que atraviesa la tarde” en la que la eléctrica camina desde el puente con mucha mayor presencia y hay incluso espacio para un breve solo. Pero donde más llama la atención el toque eléctrico es en “Desde las entrañas”, que empieza muy suave pero estalla al final entre distorsiones y ruidos, en lo que podría ser el mejor ejemplo de la transformación que no deja de mover a este músico. Por muy inmovilista que pueda parecerle a algunos, Fabián se nutre de miles de referencias que se vislumbran en su cancionero. De Tom Petty a Bruce Springsteen, de Quique González a Xoel López, con unas pinceladas de Ismael Serrano y hasta de Iván Ferreiro. Hay una línea que les une, pero multitud de variaciones que dan color a sus canciones.

Entre estas nuevas diez viñetas (o retales de su vida) que ha decidido lanzar únicamente a través de descarga digital y vinilo (a las plataformas de streaming irán llegando más lentamente) volveremos a emocionarnos con las armonías preciosistas de “El rayo que atraviesa la tarde”, en la que caeremos rendidos inevitablemente con versos como “Ojalá pudieras verlo igual que cuando estabas enfermo de amor (...) y presumías de cada espina” o “Todo lo que debo decir es todo lo que acabo guardándome”. Magia en lo cotidiano, el principal valor que enaltece sus composiciones. También conectaremos con las inquietudes de una generación a la deriva con “Estibadores en Baltimore”, que desde su luminosidad descarga infinitos dardos de realidad (“Trabajo de estibador para pagar el alquiler”) y poesía brutalista (“Sueño con tu boca desde el interior de una botella de plástico”). Encontraremos alguna aproximación al cancionero brasileño en “Lo mismo que yo” y volveremos a buscar el recogimiento más confesional en “Ser cualquier otra cosa”, con la que cierra, como casi siempre en sus discos, con la desnudez de la voz y la guitarra afirmando que “a mí me hubiera gustado ser cualquier otra cosa”. Quizá estar más dentro que fuera, como sugiere su canción titular, en la que desde su delicadeza lanza esa pregunta retórica que lo resume todo: “¿Crees que me gusta estar fuera?” Pues a decir verdad, aún sintiéndose fuera, al margen, Fabián, “ese chico tan alto para su edad, que cazaba libélulas, aunque fuera en los libros”, nos ha vuelto a regalar esa conexión única cargada de verdad que encontramos en su música, que a veces duele por ser tan directa y no teñirse con dulzuras. Sus versos arañan desde su intrínseca suavidad, pero nos hacen pisar tierra mojada y sentir que desde la integridad siempre se gana. Podemos estar fuera, pero nunca solos si contamos con la compañía de sus versos. ¡No vuelvas a tardar tanto, Fabián! Necesitamos el vuelo de tus pájaros y su preclara visión desde lo alto.