Texto: Javier Capapé.
Fotografías: Marigorta/La Viejita.
Como un artista en el alambre, haciendo piruetas imposibles, cual atrevido funambulista, pero dentro de su hogar, en medio del estudio de grabación. Así se nos presenta Fabián D. Cuesta en la portada de “Estar Fuera”, su regreso tras siete años alejado de los focos. Este disco es, como siempre que volvemos sobre los pasos del músico leonés, un abrazo cálido, un suculento manjar que paladeamos unos pocos afortunados, esos pájaros errantes que, como él, encontramos en la sutileza y la palabra precisa el lugar al que siempre volver. Un artesano de la emoción, un cancionista más que un cantautor, que da siempre mucho más de lo que espera a todo aquel que se acerca a su órbita.
Así, en comunión con estas diez canciones que son diez retazos de una vida que se nos ofrece sin cortapisas, encontramos a Fabián en esta entrevista que, aún con la distancia de por medio, se nos muestra tan cercano como si estuviéramos compartiendo mesa juntos. Ese encuentro cara a cara llegará, seguro, pero mientras tanto, esta familia de El Giradiscos que tanto le aprecia saboreó al calor de sus sinceras palabras un emocionante recorrido por el espíritu que recorre este delicado álbum que, con sus familiares armonías y su cercanía al pop, sin alejarse del paisaje característico del folk que siempre le ha acompañado, ha encontrado un merecido hueco dentro de nuestras vidas para llenar de eternidad cada instante.
Teníamos muchas ganas de hacerte esta entrevista desde hace mucho tiempo. Por mi parte siempre has sido un referente y tu música me ha acompañado en momentos vitales muy importantes, pero no quiero hablar de mí, quiero empezar preguntándote por cómo te sientes después de estos años de más recogimiento desde que lanzaste tu último álbum.
Fabián: Muchas gracias. Me alegro mucho de que mis canciones te hagan, por lo menos, algo de compañía.
Estos años han sido extraños. He pasado momentos complicados en lo personal; lo cuento un poquito en la carta que acompaña la descarga del disco. Esta vez me costó algo más retomar las ganas de volver a grabar; aunque suene ya muy lejano, creo que la pospandemia contribuyó bastante, y hasta hace relativamente poco no he logrado estabilizar ciertas cosas. Ahora me encuentro bastante mejor.
Si echamos la vista atrás son más de veinte años de carrera. ¿Qué balance haces de los mismos?
Fabián: Yo empecé a tocar y a grabar discos porque me hacía feliz, y durante muchos años, lo he sido haciendo esto. Siete discos de los que me puedo sentir orgulloso son un buen balance de todo este tiempo. Otra cosa es el negocio, la gente que lo lleva y se nutre de él, ver cómo funciona realmente y cómo produce un público totalmente orientado hacia otro sitio.
Ha habido cosas buenas y cosas malas, pero, afortunadamente, todo lo que tiene que ver con mis canciones es positivo.
“Siete discos de los que me puedo sentir orgulloso son un buen balance de todo este tiempo”
Volviendo al tiempo de espera querría preguntarte por el proyecto “#ExplicarLosPájaros”. Nos quedamos con ganas de que se materializara en un disco o que hubiera habido más colaboraciones para ver crecer tu carrera. ¿Cuál era el principal motivo del proyecto? ¿Realmente quedó truncado o su concepción pasaba por lo que finalmente fue?
Fabián: La cosa era realmente esa, hacer un single por cada disco editado hasta el momento junto con algún compañero o compañera ilustre de profesión. Barruntamos la posibilidad de fabricar un vinilo y hacer una pequeña tirada con aquellas canciones, pero se quedó en los singles digitales. Aquello fue en plena pandemia; una forma de seguir haciendo cosas en un momento en el que no se podía tocar y tenías que ir al estudio de grabación (cuando se podía), con una mascarilla.
Las canciones funcionaron bien en las redes, y le agradezco de corazón a mis compañeros y compañeras que se prestasen a hacerlo.
Tu nuevo disco se llama “Estar Fuera”, muy en la línea de ese retiro en el que se han convertido estos años en los que no te hemos visto tan activo. ¿Responde a este motivo?
Fabián: Sí, totalmente. El mundo de la industria nunca me ha pertenecido, y ahora mucho menos. Yo soy un señor al que le cuesta hacer los discos deprisa. Me tomo mi tiempo para terminar las canciones, reflexionar sobre ellas, y ofrecer un disco que me haga sentir seguro y orgulloso cuando tenga que cantarlo o me lo encuentre sonando por ahí.
Todo este tema de la inmediatez, no es que lo lleve mal, es que no lo llevo. Para mí estar fuera es lo normal. De vez en cuando me encuentro con gente que no lo entiende, que intenta darme consejos así como para petarlo, para “ser más famoso”. Supongo que es difícil de entender, pero no estoy en esa lucha.
¿Cómo has pasado este tiempo de espera y en qué momento decides volver a poner encima de la mesa nuevas canciones y compartirlas en forma de disco?
Fabián: Al principio seguí grabando cositas y produciendo temas de otros músicos, la mayoría de las veces en los Estudios Tripolares de Juan Marigorta, en León. Cada vez que terminábamos una sesión, él me insistía para volver a grabar canciones nuestras. De hecho, hay muchas cosas que se han quedado en el disco de una primera fase de grabación, de hace por lo menos tres años, que dejamos colgada porque yo no lo veía. Todo tenía que ver con mi estado de ánimo; hubo un momento en el que ni siquiera escuchaba música ni me apetecía hablar sobre ella, que es una de las cosas que normalmente más me gusta hacer. Las pelis, los discos y los libros a mí me salvan la vida; me encantan las historias, las palabras… y llegué a huir de todo eso, en especial de las canciones.
Poco a poco fui retomando las ganas, a agarrar la guitarra, a grabar en mi casa para después seguir en el estudio… y al final me encontré con unas cuantas canciones que me emociona escuchar, y más sabiendo todo lo que ha costado registrarlas.
“Hubo un momento en el que ni siquiera escuchaba música ni me apetecía hablar sobre ella”
En cuanto a la canción con la que lo abres, “¿Por qué tantos pájaros, Fabián?” te conviertes en narrador y protagonista de una colección de escenas que… ¿podrían ser tu particular forma de ver el mundo? En ella llaman la atención frases como “Todo lo he visto con los ojos de un pájaro errante”. ¿Has experimentado todo esto que narras en la canción de apertura o es solo una llamada de atención, una enumeración de lo que dejamos a nuestro paso?
Fabián: Sí, de hecho hay alguna autorreferencia, como lo de “el brillo después del incendio”. Cada verso está escrito desde la perspectiva de un observador, en este caso de ese pájaro errante con el que me identifico. Son escenas que cada oyente puede tomar como suyas, pero que he escrito mirándome desde fuera, como en una película, imaginándome observando cada momento.
En la canción que da título al disco cuestionas públicamente si creemos que te gusta estar fuera de este sistema. ¿Estás cansado de esperar una respuesta, un reconocimiento mayor?
Fabián: He llegado a la conclusión de que en este país y siendo como soy yo, es prácticamente imposible. Hay un montón de prejuicios por parte de un gran público (y de bastantes profesionales) del mundo alternativo, que solo con ver un nombre o la etiqueta “cantautor español” te descarta por completo. Y lo mismo pasa con el indie, que en realidad es el pop comercial ahora mismo. Yo me muevo en un terreno de nadie, con más matices, que quizá te lleve un poco más de trabajo desentrañar, pero creo que es más interesante. Afortunadamente, y durante todos estos años, he conseguido construir una comunidad de gente a la que le gusta mi forma de hacer las cosas, y cuando saco un trabajo puedo contar con que están ahí apoyando y deseando escuchar lo que tengo que decirles. Creo que ese es el logro más grande al que he llegado, y me siento muy agradecido por ello.
En estas nuevas diez canciones se reconoce tu inconfundible estilo, cada vez más cerca del pop que de la canción de autor con la que te diste a conocer, pero sin perder tus coordenadas. De todas formas, a mí me gusta reivindicar el pop como la grandeza de lo popular. ¿Qué es lo que podría definir mejor, a nivel sonoro, el conjunto de estas canciones?
Fabián: Pues no sabría decirte. Es un poco lo que te comentaba antes… si una canción funciona mejor solo a guitarra y voz, no voy a complicarla a nivel de producción. Y lo mismo me pasa con los temas más trabajados a nivel de banda; si me imagino un montón de guitarras y una batería potente y creo que eso es lo que mejor le va a funcionar, es así como la voy a grabar. En definitiva, es la canción la que manda siempre. Un término con el que estoy más a gusto que con el de cantautor (aunque no tengo ningún problema con él), es el de cancionista. Hace años tuve la suerte de hacer una pequeña gira por Colombia, y la gente de por allí lo utilizaba bastante. Parece que ahora es un término que también se usa aquí, y ya te digo, creo que es donde mejor podría encajar yo.
“Es la canción la que manda siempre”
Cuentas con una banda muy cercana (Pepe López y David Nieto), además de con tu inseparable Juan Marigorta en la producción. Con él te repartes también la mayoría de los instrumentos. ¿Cómo ha sido, una vez más, trabajar en casa, desde La Viejita y Estudios Tripolares, y junto a tu mano derecha?
Fabián: Sí, y Alfredo González, que esta vez solo pudo grabar unos coros en una canción, pero que es una parte muy importante de mi banda en directo.
Como el proceso de grabación fue tan extenso, no me planteé ir a ningún otro sitio. De hecho, muchas de las cosas que hay en el disco las grabé en mi casa. Un montón de guitarras y pianos, “Ser cualquier otra cosa” con Alfredo… Luego las llevaba al estudio y las mezclábamos, seguíamos grabando… lo que fuera. Mi ánimo no daba para mucho más en aquellos momentos, y encontraba en las sesiones de grabación un espacio seguro que podía controlar y que me alejaba de pensamientos raros. Todo quedó en casa, porque además, es que Juan vive literalmente en el portal de al lado, y el estudio está a unos diez minutos andando desde nuestras casas. Es algo que necesitaba hacer así.
¿Crees que la cercanía de grabar desde León y de afrontar tu carrera lejos de Madrid le da más sentido a tu independencia? ¿Has pensado alguna vez salir de esa zona de confort?
Fabián: No sé si le da más sentido, pero es la realidad. Yo soy de León y hago canciones. Es cierto que el hecho de vivir a 350 kilómetros de una industria te resta posibilidades de destacar en ella, pero es que yo estoy fuera, y siento que es donde debo estar.
“Yo estoy fuera, y siento que es donde debo estar”
Todo en tus producciones es muy artesanal, cuidando todos los detalles y dedicando tiempo a aquellos que se acercan a ti. ¿Ha sido esta la intención para decidirte a lanzar el disco fuera de las plataformas habituales?
Fabián: En parte sí. Siempre me he considerado más un artesano que un artista, y esa es la diferencia clave en estos tiempos de inteligencia artificial, de productos vacíos. Yo ofrezco a mi público una colección de canciones cada cierto tiempo; el “producto” siempre ha estado ahí, lo que ha cambiado es la forma de acceder a él. Recuerdo hacer tiradas de mil cedés y venderlos todos en pocos meses aun en los albores del streaming, del todo gratis. Luego nos dijeron que nuestro trabajo encontraría mejor acomodo y distribución en plataformas de libre acceso, argumentando que valdría la pena por la repercusión y la difusión que iban a tener nuestras canciones, pero lo cierto es que para lo único que ha valido ha sido para devaluarlas, para degradarlas a “contenido”.
En tiempos de consumo rápido y donde los discos parecen pasar más desapercibidos, ¿qué sentido le das a la obra en conjunto?
Fabián: Bueno, cada uno es hijo de su tiempo. Sí, es verdad que todos hemos crecido escuchando singles en la radio, pero sabías que ahí había algo más, que era el adelanto de algo grande. Entonces, te arriesgabas e ibas a la tienda de discos a por tu ejemplar, y era en ese momento cuando descubrías la obra al completo, cuando te sumergías en todo aquel mundo que te ofrecía alguien que había hecho el esfuerzo de construirlo.
Con mi manera de editar este último disco, quise retomar de verdad aquella forma de hacer las cosas. Lancé un single en streaming, y la gente que quiso comprar el disco pudo hacerlo desde el primer día. En este momento, un mes y medio después, doscientas personas han comprado el disco y solo hay dos canciones liberadas en plataformas. A la gente que no conoce el negocio le puede parecer poco, pero es una buena cifra (prácticamente no se venden discos físicos), sobre todo teniendo en cuenta la nula promoción y la escasa exposición mediática. Yo creo que ha sido todo un éxito.
En “El rayo que atraviesa la tarde” cantas: “Todo lo que debo decir es todo lo que acabo guardándome”. ¿Guardas mucho más de lo que muestras en tus canciones? Porque con ellas podríamos pensar que te muestras entero, pero ¿quizá sugieres más de lo que pueda parecer en un primer momento?
Fabián: En las canciones suelo vaciarme; más bien, hablo de todas las cosas que deberíamos decir, o decirnos, y que nunca tenemos el valor de compartir. También pasa que, en las propias canciones, sugieres cosas o trasladas ideas que no son literalmente lo que estás diciendo. Ese es el poder mágico de la música, creo yo.
En la canción citada, así como en “Estibadores en Baltimore” o “La noche es nuestra” encontramos ese estilo tan personal tuyo, marcado por la suavidad instrumental junto a unas letras intimistas y tu voz cálida, que siempre deja espacio para conmovernos. ¿Son los mejores ejemplos en este disco del costumbrismo folk pasado por el filtro popular que, en este momento, nos recuerda más que nunca al mismísimo Tom Petty?
Fabián: Creo que sí, que el poso folk americano siempre está ahí, y en el momento en el que meto unos sintetizadores, guitarras saturadas y una batería potente, entramos en un plano más popero, rockero, o como lo quieras llamar. Tom Petty era maravilloso, así que muchas gracias por el cumplido.
Exploras también la vertiente brasilera en “Lo mismo que yo”. ¿Qué música te ha inspirado para añadir esto en tu coctelera?
Fabián: Pues esa canción en concreto nació de un riff de guitarra, jugando con ritmos sincopados y acordes de jazz. Es una cosa que me gusta mucho, tocar la guitarra simplemente para pasar el rato. Lo que quería hacer, una vez que la tuve maquetada, era pasarla por ese filtro pop del que me hablabas antes, y al final salió una canción muy elegante, como de otra época, a medio camino entre Brasil y el pop europeo que me gusta mucho.
No olvidas tu vena más íntima y directa en canciones como “Tienes que bailar” o “Ser cualquier otra cosa”. ¿Son una manera de no olvidar nunca de dónde vienes?
Fabián: Las canciones nacen así; normalmente con una guitarra acústica, con un piano y con la voz. Las hay que, cuanto más las vistes, peor quedan. Estas dos me daban esa vibra, funcionaban mejor con poquitas cosas, aunque “Tienes que bailar” también engaña un poco en ese sentido, porque tiene acústicas, piano, sintetizadores, bajo y coros. Es un juego de sutilezas, también.
“En cuanto a las canciones, no hay límites; son ellas las que me los marcan, en caso de que existan”
A pesar de todo esto, no nos olvidamos de la experimentación que se respira en “¿Por qué tantos pájaros, Fabián?” o la electricidad que transforma “Desde las entrañas” en su parte final. Desde luego, no eres alguien que se acomode, a pesar de que algunos puedan pensar en ti simplemente como un músico de la escena del cantautor tradicional. ¿Qué es lo que más te mueve para seguir en la brecha, la emoción primigenia o la experimentación con la que dar rienda suelta a todo lo que puedes llevar en tu cabeza? ¿Te pones algún límite o barrera?
Fabián: La gente que piensa eso, probablemente no ha escuchado mis discos; es un poco de lo que hablábamos antes. Ves un nombre en la portada, y ya tienes la etiqueta puesta.00
En cuanto a las canciones, no hay límites; son ellas las que me los marcan, en caso de que existan. Cuando me planteo grabar un tema, simplemente quiero que funcione. Todo esto es subjetivo, claro; que funcione para mí, para mi equipo y para mi banda.
En tus redes estuviste también algo escondido. No mostrando en estos años nada más allá de alguna nueva versión o la presentación del libro que recopilaba las letras de tus canciones. ¿Son estas letras lo que verdaderamente quieres que perdure, lo que queda por encima de todo lo superfluo?
Fabián: Bueno, mi trabajo en general. Todo lo demás, a nivel de redes, no tiene demasiado sentido para mí, la verdad. Estoy en ellas porque es la única manera de relacionarme con mi público, y me encanta compartir con ellos las canciones o cualquier cosa relacionada con ellas, pero no sé hasta qué punto es interesante que comparta cualquier otra faceta de mi vida. Cuando tengo más actividad profesional, publico un montón de cosas, pero si no tengo un nuevo disco o conciertos, mis redes están algo paradas, y claro, eso el algoritmo no lo perdona.
Quizá por esa menor presencia tuya en la exposición pública, ¿crees que las redes nos despistan más que promover el chispazo y lo verdaderamente emocional que persigues como artista?
Fabián: Sí, creo que sí. Yo estoy encantado de responder a todo el mundo, y la gente que me escribe preguntándome dudas acerca de las canciones sabe que es así, pero no sé… a mí saber lo que desayuna Jeff Tweedy me da un poco igual, y creo que desvirtuaría el rol que quiero que tenga esa persona que admiro como escritor de canciones. Sin ser yo un flipado de la vida, y sin creer que estoy por encima de nada, creo que es bueno conservar cierta mística.
¿Tienes preparada una gira para presentar este trabajo por nuestra geografía?
Fabián: No tengo preparada una gira como tal, pero sí habrá conciertos. Solo voy a tocar en lugares donde me sienta realmente a gusto, donde traten bien al músico y al sonido, y donde no te cobren por tocar. Es complicado, pero todavía quedan sitios así.
Con el contacto con tu público en los conciertos, ¿conseguirás estar más dentro que fuera, a pesar de salir de tu hogar? O quizá, como decía Antonio Vega, ¿tu lugar está en cualquier sitio? Siempre y cuando te lleven tus canciones…
Fabián: Lo dijo el maestro Antonio y tenía razón. Hay veces que la conexión con la gente que te va a ver es tan bonita que te sientes como en casa.
¿Tendremos formato banda en alguna de tus presentaciones en vivo?
Fabián: Por lo menos en León sí tocaremos todos juntos. Más allá de eso, es bastante complicado, incluso vendiendo tickets, salir a la carretera con todo el equipo. Ojalá se dé en más sitios, pero así está la cosa en nuestro país. Quizá por eso tantos grupos tiran de festivales, aunque, en su mayoría, tampoco compensa.
¿Qué es lo que más valora un músico como tú, que se mueve más cerca del romanticismo que del placer efímero que nos proporciona un FAV en redes?
Fabián: Yo valoro que la gente escuche. Cuando alguien se toma un poco de tiempo para escuchar, para dejar que las canciones entren, normalmente, esa persona se compra un disco, o viene a un concierto, o, por lo menos, guarda esas canciones en un lugar especial de su memoria. Lo revolucionario hoy es escuchar.
Hemos hablado mucho de esa sensación de retiro, de desconexión, de “estar fuera”, pero gracias a ello nos has vuelto a regalar unas canciones llenas de vida y experiencias que brotan de veras en la comunión con el público. Nos encanta tenerte de vuelta y volver a sentirnos interpelados por tus canciones, así que para concluir esta pequeña charla, nos gustaría que nos dijeras qué es lo que más valoras de tu tiempo “fuera” y qué es lo que más te emociona de volver a estar “dentro”.
Fabián: Pues muchas gracias, de corazón.
De este tiempo fuera me quedo con, quizá, haber aprendido a mirar las cosas desde un lugar distinto, a convivir un poco mejor con la incertidumbre. Siempre quieres tener el control, intentar tener certezas para poder escribir desde la verdad, pero eso casi nunca ocurre. Y de volver a compartir canciones, me emociona comprobar que todavía encuentran gente al otro lado. Después de tantos años me parece un milagro, y una prueba de que, quizá, ellos y yo hemos hecho las cosas bien.





