Jorge Drexler levanta la prohibición de bailar al público madrileño en el Movistar Arena


Movistar Arena, Madrid. Sábado, 26 de septiembre del 2026. 

Texto: Guillermo García Domingo. 

Fotografías: Marián Bujanda Bravo. 

La gira “Taracá” ha devuelto al cantautor uruguayo desde Latinoamérica a su casa, a la ciudad a la que llegó en 1995, animado por la invitación que le había hecho Joaquín Sabina. Siempre cuenta este episodio a propósito de “Pongamos que hablo de Martínez”, pero esta vez lo hizo cuando llegó el momento de interpretar “Cuando cantaba Morente”, ya que al poco de llegar a Madrid acompañó a Sabina a un concierto en Granada y esa misma noche conoció en el Sacromonte al maestro flamenco. 

Quién le iba a decir a Drexler que, 30 años después, él mismo ofrecería un concierto como el del sábado, en el que durante la parte central se convirtió de nuevo en ese buscavidas que llegó a la ciudad con su petate y dentro de él sus canciones, subido en una pequeña tarima, en medio del público, con la única compañía de su voz o si acaso de su guitarra, sobre la que cantó a capela “Las palabras”, “Guitarra y vos” con el acompañamiento de una asombrosa caja de ritmos electrónica, y “Al otro lado del río”, casi como lo hizo en aquella inolvidable entrega de premios de los Oscar en la que previamente le habían impedido cantar en el escenario este tema formidable dedicado a Ernesto Guevara antes de transformarse en el Che. Drexler canta incluso cuando habla, el “spoken word” posee a fin de cuentas su propia musicalidad. El público a través de una aplicación escogió “La trama y el desenlace”, y un Drexler magnánimo, como acostumbra, fue más allá y regaló además “La milonga del moro judío”, inspirada en los versos de Chicho Sánchez Ferlosio. Parece más lejana e imposible que nunca esta fábula sobre el entendimiento intercultural por culpa del genocidio que está perpetrando en Gaza el gobierno sionista. A continuación llegaron “Inoportuna” y “Soledad”, delicadísimas creaciones del compositor, que resultaron todavía más estimulantes gracias a la contribución del contrabajo de Alejandra López, y el vibráfono de Eva Catalá en “Amar y ser amado”.

El propósito de su disco y de esta gira, en la que los ritmos del Cono Sur y africanos, a través del cauce de los tambores del candombe uruguayo, tienen tanto protagonismo, era que tuviéramos la oportunidad de bailar pese a que el ambiente social y político de la ciudad no era el más propicio para ello. Los derroteros de las giras y los de las ciudades donde recalan a veces no coinciden. Y el pasado sábado la capital estaba convulsionada, bajo los ecos todavía de los sucesos acaecidos durante la semana y los manifestantes tomaban, a la misma hora del concierto, la emblemática puerta del sol para reclamar una solución urgente a la situación insostenible de la vivienda. Si alguien podía lograr que bailaremos era Jorge Drexler, persuasivo como pocos. Y de veras que lo consiguió en un espectáculo mestizo y emocionante. Aunque la ciudad que evocaban las palabras que escribió para un homenaje a la ciudad junto a Ketama ya no la reflejan de modo fidedigno. Como él mismo dijo con otra intención: “Es un privilegio vivir en Madrid”. Pues eso mismo está sucediendo. Literalmente. La habitabilidad hospitalaria ha sido sustituida por la hostilidad económica. 

Drexler no sólo está dotado de sensibilidad, también llama la atención su inteligencia. El concierto estuvo plagado de aciertos. Uno de ellos es que no alargaron las canciones más de lo necesario para que otras tuvieran cabida. La gira de “Tinta y Tiempo” destacó por su diseño fascinante. En esta nueva gira Drexler (y el director artístico/productor Carles Campi Campón) ha insistido en seguir los pasos de David Byrne y los Talking Heads en un show que integra perfectamente las proyecciones de vídeo en blanco y negro, la propia música, y la posición y el movimiento de los músicos. En ningún otro concierto, en un recinto tan difícil de gestionar, el sonido había sido tan excelso gracias a la labor de los técnicos de sonido y de los propios instrumentistas, cada uno con sus propios proyectos musicales, tal y como recordó el propio Jorge. Las canciones de este artista son idóneas para las voces femeninas como hemos podido comprobar en muchas ocasiones, y también durante el concierto. Eva Catalá (Percusión y vibráfono), Alejandra López (Contrabajo y voces), Miryam Latrece (Voces y samplers), y Flor Gamba (Voces y guitarra) hicieron suyas las canciones de Drexler.

En la primera y la tercera parte del concierto, en el escenario principal, el cantante nos invitó a un festival rítmico cuyo anfitrión eran los instrumentos de percusión. Dio comienzo la fiesta con los temas de “Taracá”, “Toco madera” “¿Cómo se ama?” “¿Hay alguien A.I.?”, siguieron otros de su amplio repertorio. La parte final, fue inaugurada con “Movimiento” y su oportuno mensaje: “Yo no soy de aquí, pero tú tampoco”, “Universos paralelos”, y “Tocarte”, en la que se acordó de Pablo Pablo, un prometedor artista que participó con C. Tangana en la creación de este tema, y que además es su hijo. El maestro Fernando Ramírez dirigió la rueda de candombe que improvisaron en el escenario cuando llegó el momento de “Tambor Chico”. Pero tuvo especial importancia, “Ante la duda, baila”, durante la cual Drexler en un estrado leyó algunas de las prohibiciones que han restringido el baile a lo largo de la historia. Aunque todavía quedaba por escuchar “Todo se transforma”, esta canción resumió por sí sola el sentido del concierto: el baile como desafío y liberación en un tiempo ominoso.