Agnes Obel: “The Meaning Of Flowers”


Por: Juanjo Frontera. 

Todo cambia, todo se mezcla. Por ejemplo, hace unos cuantos años hubiera sido impensable para un medio como este hacer una reseña de un disco publicado por Deutsche Grammophon. Ya saben, la disquera alemana dedicada tradicionalmente a publicar música clásica y referencia indiscutible en ese campo. Con su etiqueta amarilla y sus diseños característicos, sus referencias poblaban aquellos casetes que nuestros padres, enemigos acérrimos de nuestro gusto rockero, escuchaban en el coche para cebar nuestra angustia. 

Quién nos iba a decir que hoy día estaríamos hablando de un disco editado por dicho sello. Y sobre todo, que ese disco sería de pop. O un crossover de clásica con pop, para ser más exactos. Con él la noruega afincada en Berlín Agnes Obel regresa tras seis años de silencio al mundo de la música grabada. Durante ese período se ha dedicado a ser madre, criar a su hija -a quien dedica este trabajo- y a disfrutar de su hogar, desde el que también ha urdido, interpretado y producido ella misma este conjunto de canciones tan etéreo y sugerente. 

Etérea. Esa es la palabra. Si acudimos a la RAE significa algo vago, sutil, vaporoso o perteneciente al cielo y al éter. Y es lo que mejor define lo que suena aquí. Un espacio sonoro donde el misterio, la introspección y la nocturnidad (fue grabado exclusivamente durante las noches) coexisten dando forma a algo realmente hermoso, que sitúa al oyente en un estado de ánimo muy determinado. Entre el sosiego y la exploración espiritual. 

"The Meaning of Flowers" es todo menos una colección de canciones al uso: un tratado de botánica mística y filosofía doméstica. Si en "Myopia" (2020) la compositora nos encerraba en los oscuros laberintos de la duda, aquí deja entrar una luz, algo tenue, pero luz al fin y al cabo. Y es que el concepto que maneja es muy diferente: el nacimiento de su hija la ha llevado a la contemplación de la vida que brota. Para ello se ha apoyado en las lecturas de Emanuele Coccia y su "La Vida De Las Plantas", los escritos sobre natalidad de la filósofa Hannah Arendt, o la obra de Enheduanna, la autora más antigua conocida en la historia documentada . El resultado es un invernadero sónico donde cada arreglo parece crecer de forma orgánica, estirándose hacia la luz.

Musicalmente, el disco es un prodigio "do it yourself". Desde su estudio casero, Obel ha optimizado al máximo todos los elementos con que contaba: el piano, que en sus primeros trabajos era omnipresente, aquí se diluye entre sintetizadores, voces distorsionadas, muestras digitales y cajas de ritmos que flotan como el éter, con ayuda, eso sí, de algunos colaboradores que han aportado instrumentos de cuerda, lap steel, armonio, flauta, saxofón o percusión.

Pero el verdadero triunfo aquí radica en el tratamiento de la voz. Agnes Obel ha sido capaz de deconstruir la suya para integrarla como un instrumento más entre todas las capas que dan forma a la enrevesada arquitectura de este álbum. Usa técnicas de pitch-shifting para alterar el tono de sus cuerdas vocales, desdoblándose en un coro espectral que contribuye a esa sensación de zozobra brumosa y nocturna que cubre todas las pistas, sobre todo en cortes como el single "Laymelli", un tour de force de seis minutos que arrulla nuestro oído como una imposible nana fantasmal.

Son casi 52 minutos de una tensión suspendida que, lejos de fatigar, hipnotiza. El regreso de Agnes a la casa de la etiqueta amarilla tras seis años de hiato no es un capricho de virtuosa ni un ejercicio de pedantería neoclásica. Es la confirmación de que la vanguardia y la belleza de la apertura emocional pueden coexistir sin disputas. "The Meaning of Flowers" es un disco bello, maduro e inspirador que exige apagar pantallas, atenuar las luces de la habitación y entregarse a una escucha casi ritual. Agnes Obel ha firmado, sin hacer ruido y desde la penumbra de su estudio, un testimonio conmovedor de lo que es abrirse a la vida de manera incondicional.