Sala El Sol, Madrid. Martes, 13 de octubre del 2026.
Texto y fotografías: Begoña Serralvo Titos.
Han pasado por un lustro de silencio discográfico, desde que publicaron "Espacios Infinitos" (2021), quince años desde que no se prodigaban en salas, y eso se pilla con ganas.
El público de la Sala Sol fue el elegido para la presentación del octavo álbum de estudio de Lori Meyers, "Disonancia". Lo que sobre el papel se anunciaba como un encuentro íntimo de formato reducido acabó convirtiéndose en un concierto con todas las de la ley: una velada generosa en minutos, potencia y sudor que certificó sin duda el regreso de la banda a su hábitat natural, aquel en el que las barreras se difuminan y el rock se siente directamente en las sienes.
Se hicieron de rogar los de Loja, una hora de espera, pero compensaron con creces en un concierto enérgico con un vitalista Noni al frente bajándose del escenario para mimetizarse con la marea de fans, paseando por la pista, atravesando público y móviles.
Tras un brevísimo respiro para tomar aire, los granadinos se marcaron un bis demoledor en estallido definitivo con los primeros acordes de "Emborracharme". Venían ya de dar casi cincuenta minutos sin tregua, encadenando un clásico tras otro para cerrar la fiesta en la cumbre: la atmósfera pop perfecta de "Luces de neón", la rabia eléctrica de su reciente "Mala follá" y, su clásico atemporal, una coreada "Hasta que salga el sol" que no se prodiga mucho en sus setlists, entre otros.
Una noche redonda en la que Lori Meyers demuestra no solo que ha vuelto con un disco valiente bajo el brazo, sino con hambre de sala. Perfecta combinación.




