Especial David Bowie por el décimo aniversario de su fallecimiento


Por: Àlex Guimerà. 

Han pasado ya diez años desde que David Bowie nos dejó, y parece que fue ayer. No alcanzamos a poder describir y calificar lo que su figura supuso para la música y para el arte en general. Lo que si podemos afirmar es que fue uno de los mayores genios artísticos de nuestros tiempos, un cerebro sin igual para anticiparse en la evolución de la música, pero también un talento de las artes escénicas, la moda o el cine. 

Rockero referente para distintas generaciones y pionero de distintos géneros musicales, su visión para estar en la vanguardia sonora fue algo único. Además tuvo la magia de ser un músico que gustaba a todo el mundo, llegando a ser el favorito de gente con gustos musicales totalmente opuestos, lo que nos confirma que existieron distintos Bowies de diferentes sensibilidades. Por todo eso, desde aquí queremos repasar sus etapas, con sus distintas caras y discos en un pequeño repaso a la inabordable trayectoria de un tipo tan singular como a veces indescriptible. 

EL JOVEN MOD 

Sus primeros pasos en la música estuvieron ligados al saxofón, instrumento que comenzó a estudiar bajo la tutela de Ronnie Ross, un prestigioso músico de jazz de la época. Esta formación lo llevó a interesarse inicialmente por artistas como Charles Mingus y John Coltrane, pero también por el rockabilly de Chuck Berry, Elvis o Little Richard. Pronto pasó a formar parte de diferentes bandas, entre ellas The Konrads, The King Bees (que más tarde se convertirían en Davie Jones and the King Bees), Lower Third o The Riot Squad. Con el tiempo, el joven Davy Jones empezó a adquirir mayor protagonismo dentro de estas formaciones, impulsado por una marcada obsesión por alcanzar la fama. Esto lo llevó a adoptar el nombre artístico de David Bowie, con el fin de evitar confusiones con el cantante de The Monkees.

En ese momento, sus principales influencias procedían de las nuevas bandas británicas como The Beatles y The Rolling Stones, así como del Rhythm and Blues estadounidense. A su primer sencillo, “The Laughing Gnome”, le siguieron otros como “Rubber Band” o “The London Boys”. Sin embargo, no fue hasta 1967 cuando publicó su primer álbum de larga duración, homónimo, que pasó prácticamente desapercibido a pesar de estar repleto de canciones de pop británico con influencias del music hall y la psicodelia. 

EL CANTAUTOR FOLK ESPACIAL 

Viendo que su etapa de músico mod no iba a ninguna parte el joven Bowie se reinventó en un trovador folk con pintas hippies y letras que versaban sobre las conquistas del espacio. La canción "Space Oddity" rompió moldes y sigue sonando actual a pesar de los años, ya que es un perfecto reflejo de los sueños estelares de la humanidad. Un disco y un álbum con prominencia de las guitarras acústicas, las enseñanzas del folk de principios de los sesenta y la introducción de elementos de la psicodelia. De esa época es también otra de las canciones imprescindibles de su carrera como "The Man Who Sold The World", que tituló un disco en el que Bowie reunió a una banda de rock y en el que buscó acercarse al rock siendo la antesala de su salto hacia los sonidos glam.

ZIGGY STARDUST / ÉPOCA GLAM 

Sin duda ésta es su época dorada, o al menos una de ellas. El nacimiento de un subgénero fundamental del rock y de un movimiento cultural coincidió con el nacimiento de la estrella que fue David Bowie. Bajo los influjos de su amigo Marc Bolan, el definitivo abrazo del rock de nuestro protagonista vino acompañado de una estética provocadora y la ambigüedad sexual como bandera. Apoyado por una banda de lujo liderada por el virtuoso guitarrista Mick Ronson, el músico encontró un sonido impecable a la vez que potente y sobre todo una forma de expresarse que le permitió alcanzar el éxito que tanto se le había resistido a lo largo de los años.

De esta etapa tenemos discos como "Hunky Dory" que nació de la visita de Bowie a los EEUU y cuya portada andrógina escondía varios éxitos como "Changes" o la emotiva "Life On Mars?" y sendos temas dedicados a la Velvet Underground ("Queen Bitch"), Andy Warhol y a Bob Dylan.

Tras la fama del disco vino la transformación del cantante en su alter ego Ziggy Stardust y de su banda en The Spiders From Mars ( el propio Ronson, Trevor Bolder al bajo y Mick Woodmansey a la batería ) para publicar una auténtica obra magna. Un álbum conceptual que narra la historia de un extraterrestre bisexual que viene a la Tierra a salvarla. El disco, además, estaba pensado para su interpretación en directo para la que eligió cuidadosamente el maquillaje y la indumentaria. Las canciones venían influenciadas por los héroes del rock de Bowie como la Velvet, T. Rex o los Stooges, con temas imprescindibles en su carrera como "Starman", "Ziggy Stardust" o "Five Years" y una acogida de los jóvenes fans que encumbraron al músico en los altares del culto pop.

De esa época tenemos aún las grabaciones de los inigualables conciertos de la gira de Ziggy Stardust, sus apariciones en el Top Of The Pops, el single "John I' m Only Dancing" y las producciones de un Bowie tocado por los dioses en "All The Young Dudes" de Mott The Hopple y sobre todo en "Transformer" de Lou Reed.

Tras "matar" a Ziggy la vida continuó con otro superéxito "Aladin Sane", repleto de hits de glam rock como "Drive-In Saturday", "Let's Spend the Night Together" de los Stones y "The Jean Genie", con la icónica portada del retrato de Bowie con la cara pintada por un rayo azul y rojo. En aquel mismo año sacó a la venta "Pin Ups", un maravilloso compendio de versiones de temas favoritos de los sesenta del cantante remozados por su portentosa banda rock, temas de los Kinks, Who, Pink Floyd o Yardbirds que suenan a las mil maravillas. La etapa glam la cierra "Diamond Dogs" otro disco conceptual, en este caso basado en la novela de George Orwell "1984" con el éxito "Rebel Rebel" a bordo y una portada con el cantante mitad hombre mitad perro cuya exposición de los genitales caninos dio problemas con la censura. 

PLASTIC SOUL 

David Bowie puso fin a su época glam en 1974, cambiando de banda, yéndose de gira americana del "Diamnod Dogs" e instalándose en Los Angeles para impregnarse de la música negra. De este modo, en 1975 se fue a Filadelfia para gravar "Young Americans" un disco de clara influencia Soul, con críticas al american way of life y en el que se incluyó un tema coescrito con John Lennon "Fame", con la que consiguió su primer número uno en los EEUU. De esa época también son conocidos los desórdenes financieros, abusos con las drogas y controvertidas apariciones en los medios públicos. Con "Station To Station" Bowie hizo un giro hacia el funk sin olvidar el soul en un disco en el que creó otro alter ego "The Thin White Duke" y con el que volvió a girar por medio mundo.

TRILOGÍA BERLINESA 

Exhausto de los excesos de su etapa angelina, Bowie decidió refugiarse en el Berlín Oeste en plena Guerra Fría para impregnarse de las nuevas tendencias musicales y artísticas del momento e intentar, a la vez, desintoxicarse de su adicción a la cocaína. Además de compartir piso con Iggy Pop (a quien producirá dos discos) y descubrir a los padres de la electrónica Krakftwerk y Neu!, entabló amistad con el ex Roxy Music Brian Eno y con Robert Fripp (King Crimson), con quienes compartió visiones progresistas del rock. Bajo la producción del primero (también con presencia de Tony Visconti) registró tres formidables discos "Low", "Heroes" y "Lodger" que son conocidos como la "Trilogía Berlinesa". Con ellos giró hacia sonidos muy experimentales, oscuros, en los que abusaba (en el buen sentido) de los sintetizadores y los efectos electrónicos, añadiendo unas guitarras arrebatadoras a cargo del propio Robert Fripp. También pasó de los excesos del glam y del plastic soul a una austeridad y sobriedad compositiva con mirada hacia la música oriental (japonesa, árabe,..). El resultado lo encontramos en canciones como "Sound And Vision", "The Secret Life Of Arabia", "Look Back In Anger" o "Heroes" que se ha convertido en un auténtico himno intergeneracional. Entremedio una gira que dio lugar al disco "Stage". Berlín es, sin duda, una de las etapas cumbre de la carrera del londinense.

ART-ROCK 

Con un solo disco Bowie se puso a la delantera de los movimientos New wave que azotaron junto al punk el rock a finales de los setenta principios de los ochenta. Se trata de "Scary Monsters" (1980) con el que nuevamente se reinventó y alcanzó un sonido moderno a la vez que comercial. La novedad fue el uso de los sintetizadores y de unos rítmicos punteos de guitarra de Robert Fripp (también participó a la guitarra Pete Towshend). El tono teatral rescatado del glam junto con esa experimentación, vinieron acompañados de unos videoclips impactantes en los que los colores y las luces se difuminaban. En la exitosa "Ashes To Ashes" recuperaba al Major Tom de su primera época y comenzaba a cautivar a una juventud en una década en la que se convertiría uno de sus iconos.

SUPER ROCK STAR 

Con las notables ventas de "Scary Monsters" junto con su colaboración con Queen en el single "Under Pressure" en 1981, Bowie arrancó los ochenta siendo una auténtica celebridad. Pero sobre todo lo fue tras la publicación del disco "Let's Dance" (1983) y su eclosión con los tres singles despampanantes: la que titulaba el disco , "China Girl" prestada de su amigo Iggy y "Modern Love". El larga duración se convirtió en disco platino y en el más vendido de su carrera, situándolo como uno de los iconos de la época junto a Michael Jackson, Prince o Madonna. Con ese pop comercial bailable que marcaría la década y a sus jóvenes, el disco tuvo continuidad con "Tonight" (1984) en el que colaboraba una Tina Turner también en boga, y que promocionó con una larga gira y con impactantes videoclips y provocativas letras. Con mayor participación en el cine con películas como "Laberinto" o "Absolute Beginners", esta última apoyada por un sencillo de primera. De esta etapa también destaca la revisión de "Dancing In The Street" de Martha & The Vandellas que hizo con su reencontrado Mick Jagger, un video y una canción que arrasó comercialmente en 1985.

TIN MACHINE 

Para evitar la acomodación y el estancamiento de la fama de los 80, Bowie funda esta banda junto a Gabrels Reeves ( guitarra), Tony Sales ( bajo) y Sales Hunt (batería) estos dos últimos a quienes conoció por haber trabajado con ellos en el disco de Iggy Pop "Lust For Life" (77). Con dos discos en el mercado "Tin Machine" (89) y "Tin Machine II" (91), la banda ofrecía un rock americano politizado muy a la onda de la época. Guitarras rudas, letras afiladas y una potente sección rítmica. Según el propio Bowie la banda le impulsó hacia la década de los noventa.

EXPERIMENTACIÓN EN LOS 90 

Los 90 fueron para Bowie un periodo de descubrimiento de nuevos horizontes musicales y si se nos permite de pérdida de conexión con el gran público. Comenzando por "Black Tie White Noise" (93) de sonidos electrónicos (más Jazz, bases Hip-hoperas, ...), seguido por el indie de "Buddha Of Suburbia" (95) y el rock industrial de "Outside" (95) producido por Brian Eno y para el que se acompañó de los americanos NIN en su gira de promoción. Sin apenas descanso en 1997 repitió productor para gravar "Earthling", un disco con elementos de electrónica y de drum' n bass. La mente del genio no descansaba lo que plasmó en unos álbumes que merece la pena repescar.

LA VUELTA AL POP 

Con la entrada del nuevo milenio el genio quiso volver al pop lo que hizo de un modo maduro y elegante. Con el maravilloso "Heathen" (2002), además de significar la vuelta de Toni Visconi desde "Scary Montsers" - ya no le abandonaría en sus siguientes discos -, el cincuentón quiso tratar de modo críptico el tema del terrorismo post-11 s y la degradación de la humanidad. Sin apenas descanso sacó "Reality" que navegaba en la misma dirección y que vino acompañado de su última gran gira de conciertos. En esos discos, además, versionó a clásicos del rock como George Harrison, Neil Young, Jonathan Richman o los Pixies y colaboró con músicos como Dave Grohl y (otra vez) con Pete Towshend. 

FIN DE CARRERA Y EPITAFIO 

Después de diez años de silencio y gravado de forma clandestina apareció en 2013 "The Next Day" un disco que fue muy bien acogido y que llevaba de portada un collage con la del lejano "Heroes". En él, el Duque Blanco repescaba sus distintas sonoridades de sus etapas, reflexionaba sobre el paso del tiempo y la melancolía de mirar hacia atrás - recuerdos explícitos a su época berlinesa inclusive-. Un inteligente y ambicioso disco de rock hecho desde la vejez asumida de un mito que se mostraba cercano a la vez que algo oscuro y enigmático. Sin apenas descanso, y coincidiendo con su 69º cumpleaños nos llegó la publicación de "Blackstar" (2016) acompañado de unos enigmáticos videoclips y de un sonido electrónico, jazzistico y krautrock. Aunque sólo con su fallecimiento tres días después pudimos comprender que ese álbum se trataba de un auténtico canto del cisne con el que este Artista (con A mayúscula) se quiso despedir y afrontar su paso al otro estado. Lleno de pistas y elementos crípticos, su adiós discográfico fue su enésimo toque de genio yéndose de una forma memorable. 

LAS OTRAS CARAS DE BOWIE NO MUSICALES 

EL ACTOR CAMALEÓNICO 

La música de David Bowie siempre vino acompañada por su vertiente teatral y escénica, en especial en su época glam con su personaje Ziggy Stardust pero también con el payaso de "Ashes To Ashes"; mostrando una vis interpretativa en los conciertos a lo que añadió incontables y radicales cambios de look. Su interés por la interpretación le llevaron a finales de los sesenta a tomar clases con el profesor de teatro vanguardista Lindsay Kemp (quien más tarde diera clases a Kate Bush) aprendiendo arte dramático y mímica, que tanto usó en sus directos. Todo ello le llevó además a hacer cierta carrera en el cine en donde destacan papeles como Andy Warhol ("Basquiat"), Poncio Pilato ("La última tentación de Cristo"), un extraterrestre ("El hombre que cayó en la Tierra"), el Rey de los Goblins ("Dentro del Laberinto"), un vampiro ("El ansia")... Trabajando además con grandes directores como Christopher Nolan, Martin Scorcesse, David Lynch (en "Twin Peaks", la película) o "Tony Scott". 

Principales películas: 

- El hombre que cayó a la tierra (1976) 

- Feliz Navidad, Mr Lawrence (1983) 

- El ansia (1983) 

- Cuando llega la noche (1985) 

- Dentro del Laberinto (1986) 

- Absolute Beginners (1986) 

- La última tentación de Cristo (1988)

-  Zoolander (1991) 

- Encadenadamente tuya (1991) 

- Twin Peaks: el fuego camina conmigo (1992) 

- Basquiat (1996) 

- El secreto de Mr. Rice (2000) 

- El truco final (2006) 

EL PRODUCTOR DE ÉXITOS 

Otro de los grandes talentos de David Bowie estaba en los mandos de los estudios de producción. Si bien muchos de sus discos fueron producidos o coproducidos por él con la ayuda de su íntimo Toni Visconty (productor también de T. Rex), del alquimista Brian Eno (en su etapa de Berlin y en los 90), de Ken Scott (en la época glam) o en los 80 de Nile Rodgers (también de Madonna, Daft Punk o Duran Duran), también produjo discos para otros músicos relanzando sus carreras y ayudando a crear auténticas joyas del rock. Es el caso de los Mott The Hoople de Ian Hunter con "All The Young Dudes" para quienes compuso y cedió el homónimo tema de enorme éxito, en el mismo bendito año del Ziggy Stardust 1972. Un año después se encargó de mezclar el "Raw Power" de los Stooges por orden de la discográfica Columbia, quien quiso depurar el sonido de los de Detroit. Con su líder, Iggy Pop, volvió a los estudios en 1977 para producirle sus dos exitosos álbumes "The Idiot", "Lust For Life" y en 1987 para un disco menor "Blah Blah Blah". Con la Iguana además mantuvo una colaboración a lo largo de sus carreras cediéndose temas recíprocamente para sus álbumes.

Aunque si tenemos que destacar un trabajo tras los cristales de Bowie, este es in duda alguna el "Transformer" de Lou Reed, un disco total y una de los mejores tratados rock de los setenta que relanzó la carrera del neoyorquino tras la Velvet Underground. También en el bendito año 1972. 

EL AMANTE DE LA MODA Y DEL DISEÑO

La pasión de David por el diseño se remonta a la década de los 60, cuando estudió en la Escuela de Arte de Bromley de Londres, donde tuvo de profesor a Owen Frampton (padre del músico Peter Frampton), quien le introdujo en el arte moderno. En aquel centro, además, estudió tipografía y maquetado, lo que le ayudó a participar activamente en el diseño de las portadas de sus discos. Para ello colaboró con gente como George Underwood - amigo de infancia, responsable de que Bowie tuviera los ojos de distinto color, tras lanzarle una piedra -, Brian Duffy, el belga Guy Peellaert o en sus últimos discos con Jonathan Barnbrook. El resultado unas portadas, algunas de las cuales son auténticas referencias pop, y de las que Bowie tuvo mucho peso en su elección y diseño. Hablamos del rayo en la cara de "Aladdin Sane", el cómic de "Diamon Dogs", el expresionismo alemán de la fotografía de "Heroes" o el minimalismo simbólico y contemporáneo de "Blackstar". 

En el ámbito de la moda, Bowie siempre buscó rodearse de los diseñadores más vanguardistas y pioneros para avanzarse a las vestimentas de sus épocas. Ejemplo lo encontramos con su colaboración con Kansai Yamamoto cuando a principios de los setenta rompieron con la sastrería occidental en plena era glam, al introducir elementos de la vestimenta japonesa, la confusión de géneros e introducción de nuevos conceptos de color y de volumen. O cuando el sastre londinense Freddie Buretti, trabajó con Bowie en la confección de los trajes de la etapa del Thin White Duke, aportando una estética minimalista y de elegancia masculina reinterpretada. 

Bowie siempre estuvo atento a los avances de la moda, cuidó mucho su imagen y fue un asiduo a los desfiles de moda, siendo también modelo para muchas marcas. Pero sobre todo sus distintos estilos, sus reinvenciones y sus personajes han tenido un impacto muy importante en el mundo de la moda, lo que ha propiciado que algunos de sus trajes se hayan exhibido en los principales centros y museos de moda de todo el mundo. 

Velada de irresistible “Rot” en la Joy


Teatro Joy Eslava, Madrid. Jueves, 8 de enero del 2026. 

Texto y fotografías: Guillermo García Domingo 

(Ariel) Rot es sinónimo de rock en nuestro país. El músico lleva muchos meses repasando por las salas el disco “En vivo mucho mejor”. El pasado jueves recaló en Madrid en el marco del Festival Inverfest y en el recinto con forma de concha teatral de la Joy, una sala realmente singular, idónea para la propuesta del argentino, entre otras cosas porque el guitarrista vive en Madrid desde hace casi cincuenta años. Así lo cuenta en “El vals de los recuerdos” que abrió el recital. Seguramente debido a ello su cancionero evoca en muchas ocasiones los rincones de esta ciudad y en este concierto no faltaron “Bruma en la Castellana” ni “Geishas en Madrid” que sonaron esplendorosas, por cierto. 

Esta canción a la que acabamos de referirnos no estaba en el álbum grabado en directo en Galapagar en 2001, y es que el guion del concierto del jueves no siguió exactamente la pauta del disco. De hecho se quedaron fueron el medley y las canciones de Tequila, y la versión de “El pistolero”, sí que se acordó, en cambio, de su etapa de Los Rodríguez: “Dulce condena”, “Me estás atrapando otra vez”, “La milonga del capitán” y “Mucho Mejor”. ¿Qué levante la mano quien pueda reprochar algo a cada una de estas canciones ya legendarias e inagotables? 

Suponemos que por culpa de esta rememoración de canciones noventeras, alguien poco precavido se acordó de Andrés (Calamaro) sin venir a qué, pero fue contestado inmediata y contundentemente por un tipo que exclamó con mucha razón, “¡Qué dices, loco!”. Porque Rot tiene argumentos de sobra para reivindicarse, sus discos en solitario y las canciones que estos contienen en lugar de perder lustre lo ganan con el paso de los años: estuvieron presentes “El mundo de ayer” (ausente en el disco), o “Adiós Carnaval”, que acreditaron que no solamente fueron dos discos de estudio, “Hablando solo” y “Cenizas en el aire”. “Vicios caros”, merece una mención aparte, está en lo más alto. Hubo que pedir un silencio reverencial a algún despistado cuando Rot anunció las primeras notas de este tema.

He leído recientemente una afirmación atribuida al filósofo griego Anaxágoras: “el hombre piensa porque tiene manos”. El desempeño de las manos en la guitarra ha debido de contribuir a exaltar la inteligencia de este icono del rock. En la entrevista que le hicimos al músico para nuestra revista hace algo más de un año brilló la afilada inteligencia, cada pregunta era devuelta mejorada por la respuesta de Ariel Rot. El rock ha sacado partido de esta interacción entre las manos y las seis cuerdas. Nadie mejor que Rot ejemplifica este idilio. A diferencia del último concierto al que asistí de Rot en la sala But, esta vez la guitarra elegante del artista, una Fender Telecaster maravillosamente elocuente, ejerció un papel solista más acentuado, y no porque no tenga confianza ciega en el otro guitarrista que le acompañaba, Ricardo Marín, quien además ya le escoltaba en el concierto en el barrio de Tribunal. El estilo de “brazos caídos” de Ariel que recuerda a Keith Richards es inconfundible, y despertó la admiración del público que llenaba la sala y que se distribuyó en sus tres pisos. Junto a ellos estuvieron sobre las tablas Tito Dávila a los teclados, Toni Jurado a la batería y Reguilón al bajo. En su día Ariel Rot recurrió a The Attractions de Elvis Costello para grabar “Hablando solo”. Esta banda con el paso del tiempo se ha convertido en algo muy parecido a aquella y el talento de Rot cada vez se parece más al del británico. Son elegantes incluso cuando tiene que dar por concluida una canción. Ahora es a mí a quien le corresponde terminar esta crónica. 

La Banda Trapera Del Río: “Mentemblanco”


Por: Txema Mañeru. 

A lo largo de todo el aún reciente 2024 el potente sello catalán Kasba Music se pegó dicho año completo sacando un LP en vinilo cada mes. Celebraban así, tal y como empezaron, editando vinilos veinte años después de su creación como sello. Pues bien, han seguido publicando algunos de sus más especiales discos, bien sea en su apartado más punk-rock o bien en el más abundante con algunas de las mejores bandas de mestizaje. De hecho, han caído en pocos meses algunos de grupos básicos de finales de los 70 y primeros 80 como sucedió con los seminales La Banda Trapera del Río o con Cicatriz.

Ahora reeditan el tercer disco de los catalanes, “Mentemblanco”, que no fue debidamente recibido en su día, quizás por esa portada muy pop de Miguel Ángel Martín que realmente no pegada ni con sus autores, ni con el contenido del disco. Ahora celebran el 30 Aniversario de su publicación, a través de Munster Records, y lo hacen, además, con una edición muy especial que subsana dicho error. El diseño de portada a modo de collage es mucho más cercano al punk-rock urbano que facturaban la formación. Las chulas fotos con las que además cuenta son del también desaparecido Xavi Mercadé, fotos a las que se añaden llamativos recortes de prensa de la época en que sucedió todo. Algo que también ocurre con la edición casi simultánea del estupendo mini LP de su cantante, Morfi Grei, “Tiempo Perdido En La Memoria”, que recoge el legendario EP de 5 canciones de 1984, “Aliento de Noches”, al que se añaden 8 temas en directo de ese mismo año, también con buen sonido. Uno de ellos totalmente inédito y una excelente toma del histórico "Ciutat Podrida" de La Banda Trapera. El sonido ha sido también bien remasterizado para la especial ocasión por Aurelio Morata (Los Rebeldes) y con la portada a cargo de su otro guitarrista, junto al Tío Modes, Xavier Julià. Siguiendo con vinilos y punk clásico, verás que si pasas por www.kasbamusic.com han reeditado los dos discos más importantes de Cicatriz, incluido su doble “En Directo”. La guinda la pone el directo del 2025 en vinilo blanco de la Steve Ignorant Band, cantante de los anarquistas Crass. ¡Y en vinilo transparente el estupendo “Rincones de Nadie” de la revelación del año, Periferia!

El grado de crudeza y la garra que sabían desplegar en directo está presente en este disco por medio de clásicos como ese "Yonky Palace" que abre la cara B, con poesía de la calle como la del propio Robe Iniesta, o esa "Aluminosis Corporal" que destrozó tantos cuerpos y mentes, comenzando por los suyos propios con esos arrebatos hard-rock. Ese arranque con el tema "Mentemblanco" hacía alusión a como despertaban tras noches llenas de locura. Pero es que estos precursores del punk, más caóticos que nadie, también supieron “madurar” algo en su sonido y así nos entregaron algunos temas lentos que siguen emocionando como esos "Besos Higiénicos" o "En La Boca Del Lobo", de nuevo con sus toques heavy. Temas con los que no les importaba explayarse algo más. 

Sus letras y sus vidas fueron realmente viscerales y es normal que se hable de que nacieron como malditos. Ahora resucitan hasta aumentando su grado de malditismo ya que nacieron del polvo de un borracho y del coño de una puta…, y de ahí esa suciedad de "Sabanas Sucias". Siempre es buen momento para regresar a sus crudas historias (sí, auténticos himnos de barrio que luchaban contra el sistema establecido) y a su, más rugosa aún, música. De paso recordar al Tío Modes, en su mejor momento, o al propio Morfi, que estaba en llamas, siempre será una sensación agradable para aquellos de dicha época que aún viven, pero también para otros mucho más jóvenes que se han ido enganchando por la leyenda y por el devenir de sus propias vidas. Una reedición de un histórico disco de puta madre que acaba con ese "De Ruta Madre". ¡No dejes tu mente en blanco y vuelve a reconectarte de vez en cuando con los de Cornellá! ¡Y con todos los vinilos que han sacado los de Kasba en los últimos meses no queda duda de que “El Punk No Ha Muerto”!

Nick Cave & The Bad Seeds: “Live God”


Por: Javier González. 

Vaya por delante que uno se enfrenta al nuevo artefacto de Nick Cave & The Bad Seeds con cierto escepticismo, básicamente porque este “Live God”, extraído casi en totalidad de su actuación en París en noviembre de 2024, no deja de ser uno más de los álbumes en directo de lo que ya es un amplio catálogo de grabaciones en vivo firmados por los australianos, con la particularidad de que aquí se hace una parada significativa en los temas del que representa el último disco de estudio de la banda (“Wild God”), complementados por un puñado de clásicos imperecederos y mayúsculos que, sin embargo, no ocultan la sensación de que la verdadera magia de Nick Cave y sus muchachos reside en la fuerza que destilan sobre las tablas, lugar en que muestran el carácter chamánico, volcánico, indómito y redentor de una propuesta difícilmente trasladable en su totalidad a los surcos de un vinilo. 

Dicho esto, tampoco voy a negar la mayor, “Live God” es un disco muy disfrutable, qué duda cabe. Contiene un conjunto de temas potentes, interpretados brillantemente tanto en lo musical, sabida es la prestancia y versatilidad instrumental de The Bad Seeds, como en lo relativo a la interpretación vocal, donde Nick Cave sigue aportando carisma, teatralidad y amplias dosis de dramatismo a sus sangrantes textos, arropado por unos coros que balancean y acunan las melodías con sumo cuidado, elementos que sientan a las mil maravillas no solo a las composiciones más pretendidamente “celestiales” sino también a aquellas que presentan texturas más crudas o desnudas. 

Se abre monumentalmente con las instrumentadas “Frogs” y “Wild God”, cuya segunda parte resuena como si estuviéramos en mitad de un juicio divino, apenas un instante antes de abrirse para nosotros las mismísimas puertas del baptisterio de Florencia, apeladas por Miguel Ángel como dignas “del paraíso”, amplificadas por una sutil, aunque no carente de pegada, “O Children”, en todas ellas el trabajo de Warren Ellis y las coristas, Janet Ramus, T Jae Cole, Subrina McCalla, Miça Towsend y Wendi Rose, es inmejorable. 

La tensión y el nervio propio de épocas pasadas queda recogida en “From her to Eternity”, contrastando con la sutileza celestial de “Long Dark Night” y “Cinnamon Horses”, volviendo a subir el carrusel de las emociones con la mesiánica y tormentosa “Tupelo” que precede a las notables “Conversion”, “Bright Horses”, con la fenomenal y desgarradora intro a cargo de Mr. Ellis, “Joy” y “I Need You”, tan dolorosa y certera como siempre. 

El medio tiempo de “Carnage” antecede a una “Red Right Hand” que pese a haberse popularizado hasta el exceso sigue representando uno de los grandes momentos de los conciertos de Nick Cave, tan solo con escuchar la participación del público se entiende que sigue conservando todo su carácter sacro, tensión y oscuridad hasta romper en ese maravilloso solo “sin punteo”, un crescendo que continua con “White Elephant” y “O Wow O Wow” (How Wonderfull she is, una composición en apariencia menor dedicada a Anita Lane, pero que encierra un sincero agradecimiento y un profundo amor para quien fuera pareja y luz que guiaba los inseguros pasos del bueno de Nick

La ceremonia va tocando a su fin con una notable revisión de “Papa Won´t Leave you”, la inevitable “Into My Arms”, interpretada tan solo a piano y voz, recogiendo toda la delicadeza de esta monumental pieza, y cerrando con la góspel “As the Waters Cover the Sea”- 

Como ya se ha comentado con anterioridad, “Live God” es un bonito y disfrutable directo que verdaderamente no aporta gran cosa a la discografía de Nick Cave and the Bad Seeds, si acaso su principal virtud radica en ponernos los dientes largos mientras descontamos días en el calendario antes de la próxima visita de la banda a nuestra país, la cual tendrá lugar en el verano de 2026 en el marco de Mad Cool Festival, será allí donde podamos ver fundirse la oscuridad más densa con la luz celestial y observar obnubilados una vez más como nuestro querido Nick se muestra sobre las tablas como el animal de escenario que verdaderamente es. Lo dicho, la espera será larga, pero ni cotiza que merecerá la pena.

Alice Wonder: "Soulost"


Por: Javier Capapé. 

Poner un nombre a este disco puede no ser una tarea sencilla, pero es inevitable que despierte nuestros sentimientos más profundos al escucharlo. “Soulost” es el nuevo trabajo de la madrileña Alice Wonder tras pasar un tiempo detrás de los focos desde su participación en el Benidorm Fest de 2023 con ese torrente emocional que fue “Yo quisiera”. Justo cuando la artista lograba cierto reconocimiento, cuando su nombre empezaba a ser conocido por un público más que considerable, tuvo que dar un paso atrás y repensar toda su carrera. Sin embargo, ese parón que pudo haber terminado en una marcada crisis se convirtió en el germen para que naciera de su interior su disco más atrevido y vital. Una colección de canciones que no responden a ningún plan específico, pero que se convierten en un viaje cuyo protagonista último es ella misma. Un canto a la reafirmación y al amor propio. Un manual de supervivencia frente al dolor y la sinrazón que pasa desde el enamoramiento a la caída y el renacer como parte de una celebración trascendental.

Alice Wonder se consolida con su tercer largo como una artista que no obedece a las reglas. Más bien se las salta sin tapujos en defensa de una autenticidad a prueba de bombas. Está claro que no está atada a nada ni a nadie. Habrá tenido que luchar con muchos fantasmas para lograrlo, pero sin duda su seguridad ha salido reforzada y buena muestra de ello es un disco que obedece a su propio instinto y da salida a sus verdaderas necesidades. Sin duda es una de nuestras artistas más libres y auténticas y este disco es su mejor muestra.

En estas canciones canta en inglés o castellano, como le brota, y sus pistas se enumeran como capítulos de una misma experiencia vital. Las catorce canciones de “Soulost” pueden leerse como indican sus títulos o como sugieren los subtítulos o aclaraciones unidas a los mismos. De hecho, si nos dejamos guiar por estas aclaraciones que funcionan como manual de instrucciones, veremos que su protagonista pasa por distintas fases que conducen de la traición, tras el enamoramiento, a la ascensión y la celebración del amor propio, como antes apuntábamos. Fases con las que todos podremos sentirnos identificados, pues son sentimientos universales plenos y compartidos. Por otra parte, si miramos estos cortes desde sus provocadores títulos podemos sentir cierto desasosiego que juega con el despiste, pero lograremos encontrar esas mismas sensaciones a flor de piel sugeridas en los subtítulos. Todo encaja cuando leemos “3n3mY” unido a “traición” o “Ru(i)na” con “chaos”, por poner sólo dos ejemplos. Podemos jugar con esto y ya de por sí el disco será atrayente, pero si entramos en su interior os aseguro que se convertirá en algo increíble. Una auténtica sorpresa emocional que le da todo el sentido a este “alma perdida”.

Con la pregunta lanzada al vuelo “?do you love me¿” abrimos este universo, esta caja de pandora que pone su pica en este tema de título retorcido y aromas soul. Tras éste, el disco va creciendo como si no encontrase límites canción a canción. Las reminiscencias de partida, esa pregunta lanzada al aire sin respuesta, nos lleva al despertar de Ali, al subconsciente de nuestra protagonista para inundar de ruidismo y efectos un tema cósmico, cuyo paralelismo con el subconsciente al que hace referencia le viene como anillo al dedo a estos sonidos, y que explota con la energía de “LaDrogaMásSuaveDelMundo”, que se refiere a esos momentos tan potentes donde el enamoramiento inunda nuestro ser. Podremos equivocarnos (ya vemos que compara este estado con una droga), pero nos proporciona una adictiva y dulce sensación en la que podríamos permanecer eternamente. Aunque sabemos que ese sentimiento es finito y que la traición acecha con esa “3n3mY”, que vira hacia un sonido más orgánico y pop de estribillo desgarrado, como la propia sensación que representa, ejemplificada a la perfección en el profundo grito de Alice que precede al solo de guitarra distorsionado y el último estribillo lanzado a bocajarro. La soledad es lo que se siente a continuación entre los armónicos de la guitarra y los quiebros rítmicos casi cercanos al trip-hop de “My dying sun”, acompañados de arreglos de cuerda para resaltar este abandono. Es nuevamente una canción que refleja con total pureza el sentimiento que pretende mostrar desde su título. Alice se quiebra y nos duele como si fuéramos nosotros mismos los protagonistas que ven como ese sol yace y se oculta.

Decepción y caos. La desdicha convertida en grito en la más urbana del lote, una “Tormenta” que es rabia explosiva tras haber vivido la “Ru(i)na”. En esa línea cruda e incómoda sigue “Fake Alas” que supone el fin, la muerte desde la que renacer, por eso, de manera serena entra “Jazmín” como un mantra recitado. Hay símbolos de la ascensión (“la gravedad a mis pies”) y de un nuevo amanecer, pero sin tratar de evitar el dolor de la pérdida (“los que te añoran te anhelan”). Por eso, el siguiente paso lógico nos lo trae la ya mentada ascensión en “frictionless (tu alma)”. Se despoja el alma del cuerpo y comienza una nueva oportunidad, un renacer con “Ave”, en la que vuelve el pulso y las teclas y no hay nada que pare a Alice. Este renacer se siente como una rave contenida que mantiene ese espíritu de celebración en la intensa “Lapislázuli”. 

Finalmente, todo este torrente desemboca en “Beso..,” una canción pura y muy emotiva, con unas guitarras suaves que nos hacen sentir ese amor, que es final y principio de todo, como la estrella que al contemplarla nos deja en calma y paz en la sencilla “El Despertar”, el broche que necesitaba este bucle perfecto, esta historia de aprendizaje y superación, este renacer vital que en lugar de dejar nuestra alma perdida, como podría sugerir el título global de la colección, la recompone y guía hasta este alma nueva, renovada. Por eso, y tras todo el viaje, lo que ha podido agitarte el disco, te deja en calma al final. En paz con uno mismo, que es como debió sentirse la inclasificable artista al poner punto y final a estas canciones, al encontrarles todo el sentido que andaba buscando y ponerles las palabras precisas y el vestido sonoro más apropiado. Porque consuelan a la par que desgarran, siempre con la sonoridad adecuada para lograrlo, encajando con el ánimo que requieren y las sensaciones que persiguen.

Para ello Alice ha coproducido el disco junto a Mr. Monkey y también ha contado con la ayuda de un viejo conocido, Ángel Luján, en “LaDrogaMásSuaveDelMundo”, “My dying sun” y “Fake Alas” (las que aparentan una forma de single más clara). Junto a ellos se ha rodeado de programadores e ingenieros como Matteo Novi, Julio Gómez, Slatin, Shlomi Weinberger y Hadren. Un plantel de lo más variopinto para una empresa que requería tener siempre presente la libertad y la búsqueda de lo que necesitaba cada canción, sin ceñirse a ningún estilo concreto y sin importar los caminos a los que les llevaran para conseguir dotar a este alma de alas y dejarla volar, reencontrar ese alma perdida y reconectar con ella para darle luz. Y entre todo ello, mucha mística a la vez que realidad y pies en la tierra, porque Alice sabe reconocer lo que es ascender desde lo más bajo y terrenal, el camino completo que hoy ya es nuestro gracias a estos catorce catárticos capítulos. Una experiencia en sí misma, un recorrido de conocimiento y autodescubrimiento personal. Un viaje a lo más profundo de nuestra alma.

Reedición de “Let It Be”, de The Replacements. “Los sustitutos” son realmente insustituibles.


Por: Guillermo García Domingo. 

En el último disco de estudio de Lucinda Williams, “Stories From A Rock N Roll Heart” (2023), está incluida una canción extraordinaria, “Hum´s Liquor”, dedicada a Bob Stinson, que fue guitarrista solista de The Replacements. Su hermano Tommy Stinson, bajista del mismo grupo, canta junto a Lucinda. La caída en desgracia del guitarrista tiene que ver con lo que se vende en la licorería a la que alude la canción. Es una tienda de Mineápolis, que existe, igual que existió el malogrado Bob Stinson, fallecido en 1995. Si queda alguna duda, la reedición de “Let It Be” las despejará. La salida del grupo del genial guitarrista en 1986 supuso el principio del fin de la banda, aunque, dos años antes, grabaron “Let It Be”, el disco que recientemente Rhino/Warner ha remasterizado y renovado con el mismo resultado exitoso que lograron al hacer lo mismo el año pasado con “Tim”, el disco que grabaron, en realidad, un año después de aquel, en 1985.

La visibilidad omnipresente de los grupos que han triunfado internacionalmente puede inducirnos al error. Solamente un puñado de bandas han disfrutado de un perdurable reconocimiento que ha traspasado varias generaciones. Algunas de las mejores bandas que han existido no han tenido el éxito que tal vez merecían. Una de ellas es esta banda de Mineápolis. Esta remasterización de “Let It Be” contribuirá a que no se los trague el tiempo, al mismo tiempo que este disco reclama su lugar entre los mejores de las últimas dos décadas del siglo XX.

La nueva producción libera el poder de sus guitarras, a las que se había adherido algo indefinible que las sofocaba. Algo similar le sucedía a la voz de Paul Westerberg. La base rítmica no ha sufrido cambios significativos, sigue siendo una bestia de dos cabezas: el citado Tommy Stinson al bajo (su etapa en Guns N' Roses es ineludible) y Chris Mars a la batería. Si ya se trataba de un disco merecedor de estar en la lista de los “1001 Albums You Must Hear Before You Die”, ahora tal vez esté entre los 50 mejores. 11 contundentes razones apuntalan esta apuesta. El corte más popular, “I Will Dare”, tal vez sea la punta del iceberg. Las diez restantes son todavía mejores. La reedición incluye muchos más canciones, 53, nada menos, distribuidas en tres partes, la primera es el álbum en sí, despojado de ese ruido que le impedía despegar; tomas y descartes de la grabación en la segunda parte, y alguna rareza que no hay que perderse como la versión de “Heartbeat, It's A Lovebeat”, y para el final un concierto en Chicago, que si bien se escucha con cierta sensación de lejanía, impidiendo que lo disfrutemos en su esplendor sí que contribuye a poner en entredicho la mala fama de sus intervenciones en directo. 

La experiencia juvenil ha sido evocada una y otra vez por la música que surgió para nombrarla, el rocanrol. Sin embargo, no tantos han sido capaces de dar con el secreto de ese período de la vida que resulta desconcertante para los adultos. Uno de los que sí que lo hizo con notable acierto fue Paul Westerberg, el vocalista y compositor de esta banda de Minneápolis. Había motivos para estar enfadados, además. ¡gobernaba Reagan! No lo olvidemos. Musicalmente The Replacements están en la esquina en la que desemboca la calle de Los Ramones, Johnny Thunders y los Stones, que dejan de ser tan influyentes y dejan paso al pospunk de Pixies y la pujanza del grunge. En este disco hay de todo un poco, desde su “corner” los “sustitutos” controlan ambas calles. 

El análisis individual del disco es todavía más favorable que la visión conjunta. La rítmica de “Favourite Thing” es apabullante, las notas respiran sin atropellarse, al contrario de lo que sucede en “We´re coming out”, donde la dicción atropellada, el grito perentorio y liberador son muy reconocibles, al igual que “Tommy Gets His Tonsils Out”, es el punk rock acelerado que no tiene rival. En “Androgynous” vuelven a expandir las notas gracias al piano que toca Westerberg en este tema formidable, una enmienda formidable al conservadurismo intolerante y el binarismo estrecho. En “Black Diamond” demuestran que ni el heavy se les resiste. “Gary´s Got a Boner” es un rocanrol clásico, desinhibido como su título, durante el cual vuelve a brillar Bob Stinson. El dúo formado por “Unsatisfied” y “Seen Your Video” encumbra a este disco, las dos disponen de sendas introducciones maravillosas, protagonizadas ambas por Bob Stinson, quién si no, la voz de Westerberg es inconmensurable en la primera. La segunda está llena de sorpresas y bucles insospechados en cada escucha. “Sixteen Blue”, no sabría decir por qué, recuerda a nuestros castizos Burning y ese vínculo resulta tan alentador. Es un tema grandioso, que pone de manifiesto que la banda sabía conducirse en todos los ámbitos, no eran una panda de jóvenes atribulados. “Answering Machine” convoca de nuevo a las guitarras dirigidas con determinación y a la voz llevada al límite para decir adiós en este disco del que nadie puede despedirse del todo.

Un año después estos chavales continuaron asombrando a otros chavales con “Tim”. A comienzos de la siguiente década de los noventa, como si ya hubieran cumplido su función, los “Mats”, como les llaman sus fans, desaparecieron discretamente. Pese a ello, “Los sustitutos” no han dejado de ser, en realidad, insustituibles.

Sidonie: “Catalan Graffiti”


Por: Àlex Guimerà. 

Si una cosa tenemos clara a estas alturas es que los Sidonie siempre han hecho lo que les ha dado la gana. Y eso tiene un gran mérito ya que el próximo 2027 -si nada se tuerce- llegarán hasta los 30 años de exitosa carrera musical. Una trayectoria en la que comenzaron cantando en inglés con discos como el formidable "Shell Kids", de 2003, y que han ido consagrando interpretando en castellano con nueve álbumes, algunos de los cuales han marcado el indie en el idioma de Cervantes. Pero ellos son de Barcelona y catalanoparlantes, por lo que ahora se han tirado de lleno a la piscina cantando en su lengua materna, en una época en la que la música en catalán va por otros derroteros distintos al rock o pop-rock que ellos suelen manufacturar. Ahora lo que se lleva en aquel idioma son los sonidos urbanos, la pachanga, la rumba catalana o en algún caso el folk-pop. Lejos quedan los años dorados del denominado "Rock català" con nombres como Sopa de Cabra, Sau, Lax' n Busto o Els Pets, banda ésta última que aún da de qué hablar y que en cierto modo está emparentada musicalmente con nuestros protagonistas. 

Por todo eso, el salto del duodécimo disco de la banda es con doble mortal. Algunos incluso les han tildado de que su giro ha sido motivado por subvenciones de la Generalitat. Nada más lejos de la realidad: simplemente Sidonie ha sacado este disco en catalán porqué les apetecía. Que es lo que siempre han hecho, desde saltarse las limitaciones de escenario en el concierto de los Stones en el Wanda Metropolitano, hasta titular sus discos con nombres como "La peor banda del mundo" o "El regreso de Abba" . Y su enésima versión ha sido muy bien acogida por los que no viven en Catalunya y no entienden el catalán pero que demuestran mente abierta y entienden que el arte está por encima de lenguas y de fronteras.

Pero al margen de todo, me atrevería a decir que el trío ha publicado si no su mejor, si el que es uno de sus mejores álbumes de toda su amplia carrera. Finos en composición y esmerados en el estudio, el disco es un maravilloso tratado pop-rock de melodías infalibles, letras inspiradas e instrumentación detallista. Por si fuera poco, el título hace referencia a la película de George Lucas "American Graffiti", con la que recreó la escena rockabilly de los años cincuenta, y la portada es un guiño a la Velvet Undergorund. Todo eso lo podemos observar de inicio con esa guitarra afilada de "Et puc odiar molt més" y su tono post-punk en el que la letra de desamor convive con una melodía vitalista. "Cançons que maten", "Sé" o "Ovni 84" me recuerdan a lo que suele hacer uno de los grandes compositores tapados del rock en catalán, Joan Masdéu, lo digo sobre todo por el pop colorido y luminoso al puro estilo Teenage Fanclub

"Ets Itàlia" arranca muy a lo Echo & The Bunymen, melancolía y triunfalismo de la mano de esas guitarras sensacionales que marcan el tono de la canción. "Sismología" es otra pieza pop pluscuamperfecta que bebe del pop británico de los ochenta (Smiths, Jesus & Mary Chain...) Pero si hablamos de referencias al pop inglés del disco, no podemos dejar de hablar del maravilloso homenaje a la mejor banda de la historia, con esa letra divertida rubricada con el estribillo de "no puedo estar contigo porque no te gustan los Beatles" adornada con el juego de voces al puro estilo de los Fab 4, las palmas de "I Want I Hold Your Hand" y los "yeah Yeah Yeah" de "She Loves You". 

La balada retro llega con la pegadiza "Boda" con toda la delicadeza vocal y la letra ingeniosa. "Mentida" es puro power pop con arranque muy fifties. Encontramos más guiños al pasado con la final "Baby, Baby" cuyo crescendo nos lleva directos hacia Phil Spector , demostrándonos de nuevo el poder hipnótico del pop. En cambio la triunfal "Aquesta nit es la nit" es quizás la canción que mejor encaja con el anterior trabajo del combo, "Marc, Axl y Jes" (2023).

En cualquier caso, si no entiendes el catalán, o bien nunca has sido fan de la banda, te recomiendo que te quites de encima los prejuicios y abraces este "Catalan Grafitti" ya que sus notas se te pegarán a los oídos divinamente. Estamos ante un gran disco en el que la madurez de sus autores, sus influencias musicales y su actitud rockera (que parece que nunca se va a acabar) han dado lo mejor de sí para quedar plasmado en los surcos de un vinilo que es puro pop atemporal.