Enrique Bunbury: “Me toca aventurarme a otros nuevos territorios por explorar”


Por: Javier González. 
Inspiración: Javier Capapé y Jorge Bravo Crespo “El Gurú”. 
Fotografía portada: Jose Girl.

El viaje de Enrique Bunbury parece no tener fin. Siempre en la búsqueda de esa Ítaca infinita que es su trayectoria musical, donde la sensación de haber transitado mil vidas distintas es más que patente; tal y como demuestra un extenso y rico cancionero, donde nunca ha titubeado a la hora de abordar géneros que fueran más allá de cualquier convencionalismo comercial. 

Buena muestra de ello son sus dos últimos trabajos, “Cuentas Pendientes” y el recientemente estrenado, “De un siglo anterior”, donde el aragonés se ha lanzado de lleno a investigar las posibilidades sonoras de la música de raíz hispanoamericana, firmando discos hermanados por una misma pulsión creativa, a los que diferencia el enfoque instrumental, pero que parecen seguir una línea común, gracias a unos textos que se mueven entre lo poético y una expresión profundamente llana y sincera, de las que se mete por dentro y que sienta a las mil maravillas a unas canciones que miran al pasado y al presente, sin dejar de lado el futuro y mostrando una conciencia social que nos habla de un mundo en tránsito hacia otro nuevo estado, al menos según la percepción de su autor. 

Nos recibe en un céntrico hotel capitalino, perfectamente ataviado para la ocasión, guardando los viejos cánones estéticos del rock and roll, hoy cada vez más en desuso, dejando claro que cada parte de este antiguo ceremonial tiene una clara importancia. Su mirada transmite viveza y la inquietud de un tipo listo, sus formas son exquisitas, le sentimos relajado y a gusto, percepción que nos confirma en la entrevista, donde no faltarán las bromas y alguna que otra confesión que va más allá de lo estrictamente promocional. Es Enrique Bunbury, el mayor exponente de nuestro rock, ahí es nada. Casi no nos damos cuenta, pero ya está inmerso en una nueva etapa, acercándose a otro polo, en pleno desplazamiento, nos lo confirma poco después. La misma arrancará con “Nuevas Mutaciones Tour”, gira en la que volverá a dejar constancia de que sobre las tablas muy pocos le hacen sombra. Las tablas son su palacio, allí se siente el rey, asegurando grandes shows plenos de teatralidad. Permítanme un consejo, yo de ustedes no me lo perdería. 

Vienes de un disco como “Cuentas Pendientes”, un claro acercamiento a la raíz hispanoamericana. ¿Cuánto hay de continuismo con este “De un siglo anterior”? ¿Pueden ambos discos formar un tándem indisoluble en tu esfuerzo por acercarte a los ritmos latinos más puristas? 

Bunbury: En esa pregunta veo dos respuestas. Una que estaría concentrándonos en que este disco efectivamente es pariente cercano del anterior por su cercanía en el tiempo, el hecho de estar enfocados claramente hacia el folclor y la música de raíz hispana y latinoamericana; y además el haber contado con los mismos músicos grabados en el mismo estudio… también hemos tenido las mismas cocineras haciéndonos la comida (risas). De alguna forma, pertenecen a un ciclo común que con “De un siglo Anterior” se cierra. El motivo de haberme quedado un rato más en esta etapa es precisamente por el gusto y la emoción que supuso para mí encontrar un equipo con estos músicos de distintos lugares y la premura que tenía por no irme a otro lugar. Me apetecía quedarme un rato más en este territorio antes de mi siguiente paso que evidentemente va en una dirección completamente distinta. Giraré 180 grados. Sabía que eso iba a ocurrir, pero pensaba que era un poco injusto abandonar este territorio tan rápidamente. Y creo que sí, estos dos discos forman un equipo. A lo largo de mi carrera ha habido momentos en los que ha habido un periodo en el que hay trabajos que están de alguna manera emparentados. Podría citar a los discos del Huracán Ambulante, “Pequeño” y “Flamingos”, “Hellville Deluxe” y “Las Consecuencias”, que también tienen un parentesco, como ocurre con “Posible” y “Curso de Levitación Intensivo”, y estos dos. Hay momentos en los que se puede decir, aquí hay un periodo en el que han pasado cosas que tienen que ver con el álbum anterior. 

“Lo más inmediato no va a ser estrictamente latino, va a tener un carácter más amplio” 

El disco se grabó en un breve lapso de tiempo con respecto a “Cuentas Pendientes”, según tenemos entendido. ¿Qué diferencias encuentras en el método entre ambos? ¿Quizá las diferencias las encontremos más en la forma de encarar las guitarras, que son aquí más fronterizas y donde las eléctricas se dejan notar más? 

Bunbury: Bueno, ha ocurrido y yo lo he abrazado de alguna manera. Las canciones pedían este sabor más fronterizo, este extra de guitarra eléctrica e incluso la aparición de sintetizadores, que no hay en el disco anterior, y de alguna manera apuntan a que lo que viene ahora: la gira. Lo más inmediato no va a ser estrictamente latino, va a tener un carácter más amplio, mucho más amplio que lo que habita en este álbum. 

“Con el título me apetecía hacer referencia a este tiempo bisagra que estamos viviendo” 

De lo que no queda duda es que ya desde su propio título el álbum resuena evocador y poético y sobre todo más si cogemos ese título y lo comparamos con estos vientos confusos que andamos viviendo. Me apetecía preguntarte, uno, ¿si ese título es una pequeña referencia a buscar en el pasado la pureza ya no sólo de estos estilos, sino quizá de un mundo que estamos viendo desvanecerse? Y también, en cierta manera, ¿si es una pequeña reivindicación de toda esa trayectoria y esos pasos que has ido recorriendo ya desde hace tiempo? 

Bunbury: Bueno, me gusta toda esa reflexión que has hecho. En realidad, para mí era un juego en el que me parecía evocador hacer referencia a este tiempo bisagra que estamos viviendo, en el que todavía recordamos cosas del siglo anterior que se están llevando definitivamente y que a lo mejor generaciones inmediatas no vivirán nunca más. Hablo de distintas formas de entender la vida y hasta qué punto los cambios tecnológicos pueden trastornar nuestra forma de asomarnos a la misma. Entonces, me parecía que musicalmente también hay una cantidad de géneros y de músicas que me han apasionado, que todas provienen del siglo anterior, y que pueden ser las bases de lo que viene ahora, pero también se pueden desvanecer y evolucionar hacia lugares que ya ni reconozcamos. 

“El motivo de haberme quedado un rato más en esta etapa es por el gusto y la emoción que supuso para mí encontrar un gran equipo de trabajo” 

A nivel de letras, vuelves a entroncar a esa etapa que comenzó con “Pequeño”, donde los mensajes son claros y concisos, circunstancia que aprovechas para dar tu mirada sobre la vida, hablar de experiencias y vivencias, sin dejar de lado la reivindicación y la crítica social, muy visible en “Peor que como Estamos”, una línea que musicalmente arranca en “Avalancha”, por cierto, todo desde un enfoque poético y bastante llano, que suena de lo más sincero. 

Bunbury: Bueno, te agradezco mucho tus palabras, la verdad. La verdad es que viviéndolo desde dentro tengo una forma de encarar los textos distinta en diferentes momentos de mi carrera, igual que ha ocurrido en “Pequeño”, “Flamingos” y “El viaje a ninguna parte”. En esos discos hubo una mirada hacia las canciones que no había aparecido nunca en Héroes del Silencio y luego en otros trabajos he tenido una mirada más social como en “Palosanto”. Has nombrado “Avalancha”, pero también creo que hay álbumes como “Levitación”, o incluso en “Expectativas”, donde aparecen esas canciones sociales. Creo que es una mirada que no he abandonado del todo, que sí aparece de vez en cuando, si sale una de esas canciones, no las cierro la puerta. No diría que este disco tenga un concepto, como puede haber en otras ocasiones en alguno de mis álbumes, pero sí creo que he sido muy libre a la hora de escribir y he dejado que hubiera canciones que hablaban de mí en el presente, pasado y el futuro; también de otras personas que no soy yo y de una mirada al exterior del mundo que nos ha tocado vivir. En ese aspecto estamos ante un trabajo muy abierto que tiene muchas temáticas, pero que no tienen por qué estar entroncadas entre sí. Has citado “Peor que como Estamos”, una canción que obviamente no tiene nada que ver con “La Voz”, por ejemplo, o con “Un par de acordes, una mentira y la redención”, pienso que son composiciones que tienen otros intereses, cada una totalmente distinta. En cuanto a mi forma de escribir, creo que tuve una etapa más de línea clara, que podría ser la de “Pequeño”, y desde “Hellville Deluxe” he ido más o menos alternando y utilizando una línea en la que hay un lenguaje poético y un lenguaje que entremezcla lo llano con lo literario. 

“En este disco hemos establecido una relación vital muy importante con los músicos” 

El primer lanzamiento de esta colección fue “La Voz”, una canción que ponía de frente el color vocal como motor de tu obra. ¿Tienes la misma sensación que nosotros al escucharla? ¿Cómo has llevado a cabo esta prioridad de estilo a la hora de afrontar la producción junto a Ramón Gacías?

Bunbury: No, la verdad es que no tengo la misma percepción (risas). Para mí “La Voz” es una canción muy importante, por eso la pusimos ahí en frente,  la lanzamos a los leones injustamente, despistando un poco al personal, en un momento en el que quizás otra canción podría haber abierto mejor el disco. Es un corte con el que tengo una vinculación personal especial, pero eso tiene que ver más con una cosa emocional que con lo que tú hablas, que está relacionado con la producción y con el enfoque de los arreglos. En este disco, junto con el anterior, e incluso con “Greta Garbo”, lo que he buscado en todo momento ha sido establecer una relación vital muy importante con los músicos, el que las cosas estuvieran ocurriendo de forma conjunta. De hecho, he evitado precisamente que la voz fuera una cosa independiente del contexto musical cuando estábamos grabando, al hacerlo estaba cantando en el mismo lugar que el guitarrista, el contrabajista y el pianista, todos haciendo un círculo, mirándonos y siguiendo la canción. Estamos ante unas composiciones en las que precisamente lo que hemos buscado es la conjunción musical y el estar tocando todos a la vez y siguiendo la dinámica. Es cierto que ellos me siguen a mí en la dinámica, sobre todo cuando levanto la canción y ellos tienen que venir conmigo, pero no me gustaría verlo como una canción en la que la voz está separada de la banda. 

“En el arcén” hay tango, donde no sé si me recuerdas a los clásicos argentinos del género e inclusive a nuestros enormes Malevaje, donde impartía magisterio Antonio Bartrina, te acercas a la chacarera en “La Cima”, al corrido en “Peor que como estamos”, e incluso a la zamba en “Zamba para olvidar”. Sabemos que el continente americano es muy rico musicalmente hablando, pero ¿qué crees que te queda por explorar de allí? ¿Qué otros estilos dentro de ese espectro te motivan para seguir explorando? 

Bunbury:
Para mí Bartrina y Malevaje han sido muy importantes. Primero porque creo que Antonio Bartrina es un gran cantor, para empezar, y segundo porque uno de los primeros tangos que canté, digamos públicamente, fue “Confesión”, que lo escuché por primera vez en mi vida en la versión de Malevaje. 

“Reconozco la impronta de Malevaje y Antonio Bartrina” 

Un grupazo en toda regla que reunía a gente de Los Coyotes, además de contar con un mito como Edi Clavo, buen amigo nuestro. 

Bunbury: Exacto, con Edi Clavo. Reconozco la impronta de Malevaje y de Antonio. Él abrió para mí la puerta del tango. He tenido la fortuna de encontrarme y cruzarme con él en alguna ocasión y cantar a altas horas de la madrugada juntos.

“Me toca aventurarme a otros nuevos territorios por explorar” 

Me he desviado un poco de la pregunta, pero todo sea por recordar a grupazos como Malevaje. Donde íbamos, ¿qué parte del cancionero latinoamericano te queda por explorar? ¿Qué espinita clavada tienes? 

Bunbury: Digamos que ya me voy de aquí, creo que he cumplido con mis cuentas pendientes. Me toca aventurarme a otros nuevos territorios por explorar y, ¿volveré a hacer un disco latino? Es probable que no, es probable que no. 

“Se podría hacer un recopilatorio con las canciones finales de los discos de Bunbury” 

Cierras el disco con “Un par de acordes, una mentira y la redención”, una canción epistolar, casi una constante para terminar tus álbumes, en un movimiento que bien podría decirse que arrancaste con “Y al Final” en “Flamingos”, pareciendo encerrar un significado a modo de firma final para tus álbumes. ¿Qué importancia le das a estas canciones de cierre como una forma de recapitular las intenciones de tus discos? 

Bunbury: Me gusta mucho buscar la narrativa interna del álbum. Hay veces que compongo una canción y veo claramente que tiene que abrir o cerrar un trabajo. En este caso, “Un par de acordes, una mentira y la redención”, sabía que era la que iba a cerrar. Tiene esta característica de cómo decirlo, es capaz de acabar a modo de resumen, o como moraleja o epílogo. Llevas razón en que lo he utilizado en varias ocasiones y te diría que incluso hay una serie de… bueno, pienso que se podría hacer un recopilatorio con las canciones finales de los discos de Bunbury. Creo que tendrían su propio carácter y que se podría hacer un recopilatorio en el que todas esas composiciones podrían ir juntas. Tendría un sentido no conceptual. 

“Nuevas Mutaciones Tour, no es el tour de este álbum, es otra cosa” 

Te estamos dando ideas (risas). Fíjate, yendo más allá, esta canción no sé si admite más lecturas. Tiene unos aires circenses capaz de conectar con el Huracán Ambulante, no sé si es un guiño, una casualidad o una manera inclusive de llevarnos directamente al sonido que a lo mejor va a impregnar este “Nuevas Mutaciones Tour”, que tienes por delante. 

Bunbury: No necesariamente porque el “Nuevas Mutaciones Tour”, cosa en la que estoy insistiendo, no es el tour del álbum. Es un tour que viene después de este trabajo, pero es otra cosa. Va a haber canciones de este trabajo, sí, pero también va a haber temas de “Expectativas” y de otros discos. Digamos que mi visión cara a este tour tiene más que ver con la banda que hemos creado y las posibilidades de esa banda, a partir de ahí, miramos a todo este repertorio, y creo que lo interesante es que vamos a rescatar temas que no hemos tocado nunca en directo. Canciones que hace muchos años que no tocamos y muchas de los últimos diez años, porque he sacado muchos discos últimamente. En definitiva, el sonido del tour no va a ser eso. La banda será una mezcla del Huracán Ambulante junto a parte de Los Santos Inocentes. 

Además, fichas a una nueva pieza, Josemi Sagaste, aragonés como tú, que ha sido habitual del equipo de trabajo de Joaquín Sabina. Entonces, como también en el equipo tenemos a Javier Capapé, que otro paisano tuyo, me decía, “hazle una pregunta con un toque nacionalista aragonés”. ¿Por qué entra en el equipo? ¿Qué aporta Josemi? 

Bunbury: Bueno, te podría decir que a Josemi le busco porque necesitaba un saxofonista. No sabía que era de Ejea de los Caballeros. Me comentan que podría cuadrar muy bien para la banda, que hablará con él, y cuando le llamo, claro, él está todavía con el tour de Sabina y me da un poco de cosa decir: “oye, supongo que esto te pilla fatal, ¿no?”. Finalmente, le llamé, no sé dónde estaba, creo que andaba en Latinoamérica y claro, luego cuando nos conocemos es cuando empiezo a descubrir que primero, es de Ejea, segundo, que la gira de Sabina termina en noviembre, y que él, después de 20 años, se queda sin banda… además de que le viene perfecto decir: “bueno, termino con Sabina, entro en Bunbury”. Luego me comenzó a comentar: “que yo estuve en Ixo Rai!”, y digo: “joder, Ixo Rai!”. Hay muchas conexiones, cercanía y bueno, él es un multiinstrumentista. Quiero decir, no entra solo como saxofonista, toca acordeón, clarinete, flauta, etc. 

Hay una cosa que, nosotros que somos de otra, generación hemos vivido. Hablo de aquel período en que la crítica negaba tu talento y decía, eso sí, que eras muy trabajador. Afortunadamente hace ya tiempo que lo del talento también lo tienen claro, ya que a todo el mundo le quitarse el sombrero y reconocerlo hasta a los que no eran partidarios de tu música… 

Bunbury: ¿Ahora qué hacen? ¿Me niegan lo de trabajador? (Muchas risas). 

Al revés, porque tu ritmo de trabajo sigue sin decaer. Inclusive cuando tuviste los problemas de salud con el directo, seguiste ampliando tu legado por otros senderos y menos ahora que los conciertos vuelven, con giras un poquito más controladas, con menos fechas, pero con más intensidad si cabe. Pero bueno, a lo que iba. Estás anunciando que tienes otro proyecto en la cabeza, del que entiendo que todavía no habrá ni maquetas ni nada al respecto. Así que vamos a hacer una cosa que a lo mejor no se debía hacer. ¿Qué pinta tienen las nuevas canciones? 

Bunbury: Buena pinta. (Más risas)

“Lo que tengo delante es la gira y un próximo disco” 

¿Tienes pensado publicar algún otro libro de poemas, con el que ampliar tus referencias bibliográficas? ¿O te has planteando si ha llegado el momento de que en vez de que los demás se dediquen a contar la vida, obra y milagros de Enrique Bunbury seas tú quien tome la palabra? Se me viene a la cabeza Javier Corcobado con su “La música Prohibida” que está brutal. 

Bunbury: El de Corcobado me lo regalaron. Me gustaría seguir publicando, pero para eso debería de escribir. Veremos si me sale algo. Por ahora el tema que tengo delante es la gira y un próximo disco que ya veremos para cuándo entro a grabarlo. 

“Ya tocará pensar en el trabajo de despedida, pero no ahora” 

Aquí tocaremos madera porque no es cuestión de incitar a la parca, pero la realidad es que todos vamos cumpliendo. Sabiendo que nos adentramos en el último acto, viendo como Neil Young, Van Morrison o Dylan, siguen firmando grandes obras, pero a la vez todos tenemos el corazón encogido por las pérdidas de Robe y sobre todo del grandioso Jorge Martínez. No sé si tienes la sensación de que los discos que hay que ir entregando no permiten pasos en falso.

Bunbury: No estoy pensando en esos términos. Lo que sí que estoy pensando es que te puedes permitir hacer un disco que sea considerado por otros como un traspiés, o que no sea un trabajo tan interesante. Hago los discos por intereses míos particulares, entonces lo que sí que pienso es que precisamente porque muy probablemente me quedan menos álbumes por delante que por detrás, necesito que los discos que haga nazcan de una pasión y un interés verdadero, y que el contexto exterior de lo que esté ocurriendo musicalmente en el mundo me la traiga el pairo. Sigo mi camino, estos son mis intereses, ojalá coincidan con alguien más y haya alguien ahí detrás que coincida conmigo y que comparta estas pasiones. Ahora mismo estoy con esta visión de discos que musicalmente habiten un territorio concreto, ya hice discos mucho más heterodoxos como “Flamingos”, en los que cabía un poco de todo musicalmente. Cabía el rock and roll, el vals, música árabe, electrónica y muchas más cosas. Ahora intento que un disco tenga una coherencia interna y eso es en lo que estoy, pero ya me tocará el trabajo de resumen y de despedida, pero no es ahora. 

“Me gustan Alcalá Norte y Depresión Sonora. El disco de Løse, el grupo de Diego Vasallo, es brutal” 

Vamos a echar mucho de menos a Robe y Jorge, pero tú que eres un ávido oyente, todo un apasionado. ¿Qué grupos actuales te están llamando la atención y cuáles crees que pueden ser los que cojan el testigo de todo lo que habéis hecho, los grandes de nuestra música? 

Bunbury: Bueno, es que depende de cómo lo veas. Quiero decir, puedo disfrutar mucho de un artista, pero que ese artista luego no tenga una carrera importante. Una cosa es que a mí me transmita algo y otra cosa es que luego tenga una exposición y una amplificación. A mí me gusta Alcalá Norte, por ejemplo, o Depresión Sonora, y no sé si van a ser luego tan importantes como Extremoduro, o se van a quedar en grupos underground. Eso, ni lo sé, ni es mi interés cuando escucho la música. El último del grupo de Diego Vasallo, Løse, me encanta. Es brutal, me encanta ese disco.