Bonnie "Prince" Billy: "We Are Together Again"


Por: Begoña Serralvo. 

Will Oldham vuelve en 2026 con nuevo disco, "We Are Together Again", bajo el pseudónimo de Bonnie “Prince” Billy, y tras el lanzamiento el pasado año de un álbum más clásico y orientado al country como "The Purple Bird" (2025). Oldham regresa pisando el territorio donde mejor se mueve: el de la fragilidad expuesta, el del folk que parece a punto de deshacerse, y el de las letras existenciales.

Pero cuidado: no hay aquí romanticismo de cabaña ni retorno idealizado. Lo que propone es algo mucho más incómodo. Un disco que habla al mismo tiempo de la necesidad de permanecer en comunidad, pero sin sonar del todo acompañado, invocando lo colectivo desde una sensación persistente de soledad y no como refugio. El formato casi conversacional está así justificado: temas que se construyen más a base de preguntas que de ideas o pensamientos cerrados. Teóricamente encaja; en la práctica, más se queda en esbozo, en intuición no desarrollada.

Musicalmente, la apuesta por los orígenes es evidente: arreglos que entran y salen sin pedir permiso, instrumentación delicada —flautas, cuerdas, algunos vientos— y una producción que rehúye de cualquier pulido excesivo. La lentitud y la flauta de "Why Is the Lion" dibujan un instante de calma introspectiva, mientras que el cierre, con "Bride of the Lion", se adentra en sombras con guitarras densas que dan peso a la sensación de final ineludible. Entre medio, "Vietnam Sunshine", con la colaboración de Sara Louise Callaway, aporta luz con sus vientos, y "Strange Trouble" condensa angustia existencial en cada acorde y silencio. En "Hey Little", Bonnie “Prince” Billy reflexiona sobre la paternidad con una ternura frágil, y "All the Things We Could Do", con las tres vocalistas de Duchess en la mezcla, introduce un contrapunto coral que acentúa la sensación anteriormente mencionada de comunidad que atraviesa todo el disco.

El problema es que no siempre funciona. A veces, la acumulación de ideas y emociones no termina de cristalizar en imágenes concretas, y eso, en un artista capaz de escribir con una claridad emocional devastadora, se siente como una renuncia parcial. Aun así, hay algo que sostiene el conjunto: una honestidad difícil de impostar. Cuando el disco acierta —en la apertura y el cierre que dialogan entre sí, en alguna balada que apenas levanta la voz— recuerda por qué Bonnie “Prince” Billy sigue siendo una figura singular.