Por: Juanjo Frontera.
Sin duda, el término “prolífico” se inventó para gente como Willy Vlautin. Tras su imponente trayectoria como líder de los añorados Richmond Fontaine se convirtió en un importante novelista (algunas de sus obras, como "The Motel Life" o "The Night Always Comes" han sido incluso llevadas al cine), pero a pesar de ello decidió no dar carpetazo a su faceta musical y dar forma a un proyecto centrado en la extraordinaria voz de Amy Boone, vocalista a la cual conoció cuando giraba como voz de apoyo durante la gira de presentación del álbum "Post To Wire".
Desde entonces, The Delines ha sido un vehículo más para que Vlautin escriba su particular retrato de la clase trabajadora americana. Al igual que en sus novelas, su “post-western” o “realismo sucio” es descarnado pero, en el caso de su faceta musical, además juega con las texturas que logra con su súper banda (a Boone y él se suma gente tan prominente como Cory Gray, Freddy Trujillo o Sean Oldham) para favorecer su narrativa. De esta forma sus discos se convierten en películas para tus orejas. Y casi todas, dignas de Oscar.
Su anterior trabajo, el celebrado "Mr. Luck & Ms. Doom", aparecía justo un año antes del que nos ocupa y nació de un ruego que Amy le hizo a Willy, respecto a si podría escribir una canción de amor en la que no muriera nadie al final y la pareja pudiera seguir viviendo su amor en paz al final del tema. Por eso les salió un disco en el que, aunque los personajes vuelven a ser perdedores, gente prácticamente desahuciada, encuentran a través del amor y la compañía un halo de esperanza que nunca habían tenido en anteriores álbumes del grupo.
En ese sentido, The Set Up funciona como una especie de “reverso tenebroso” del anterior. Para empezar, su sonido no es tan amable. El country soul canónico deja paso a un lado más experimental, centrado en unas trompetas ocasionales que proporcionan un halo de jazz que lo cubre todo de bruma. Boone, además, recita pasajes en clave spoken word con esa voz que es igual de profunda cuando habla que cuando canta. Todo está dirigido a producir esa sensación de nocturnidad, de inquietante vigilia, que uno tiene en cuanto suena la primera parte de la canción titular, que abre el álbum.
“The set up” se divide en tres partes distribuidas a lo largo del disco y es, por tanto, el hilo que enlaza la trama. Un argumento que está centrado en el abrumador uso de opiáceos por la clase trabajadora americana. Se administran para tratar cualquier dolencia y son un síntoma de anestesia social que Vlautin entiende promovida por las autoridades para mantener a la gente atada y adormecida. Aquí retrata como siempre vidas vacías que se ven metidas debajo de la alfombra para que no molesten al retrato de una América ideal que -está demostradísimo- ni existió ni existirá jamás.
Además de la canción titular, la que dio el pistoletazo de salida al proyecto fue la desoladora “Walking with his sleeves down”, una canción que Vlautin presentó a la banda mientras grababan su anterior disco y que quedó fuera, pese a la genial interpretación que de ella hizo Amy al piano y voz, por no responder al concepto que regía en "Mr. Luck & Ms. Doom". Eso hizo que la idea de un nuevo proyecto casi coetáneo germinara y que un año después tengamos este nuevo trabajo que, por supuesto, ha mantenido en esa mencionada canción la estremecedora interpretación de la vocalista.
Pero no todo es desolador en un disco cinemático que juega con diferentes texturas para contar su relato: por ejemplo, “The meter keeps ticking” resulta hasta alegre, pese a la oscuridad de esa letra sobre la angustia económica; como también resulta relajada y pastoral, en su onda gospel, “Dilaudid Diane”, un efecto similar al que el deep soul de “The reckless life” produce. Todas ellas pugnan con piezas más arriesgadas e instrumentales, como “Jumping on Madras”, “Getting out of the ward” o la final “The last time I saw her”, que son las que dan a este trabajo esa bruma jazz y cinematográfica tan adecuada para ilustrar las historias noir que en él se cuentan.
Un disco, nadie lo niega, más complejo de escuchar que el anterior u otros de la banda como "The Imperial" o "The Sea Drift", pero profundamente interesante y representativo del enorme talento de una banda que empieza a ser uno de los secretos mejor guardados del panorama internacional. Si nunca los han escuchado o visto en directo (toda una experiencia), quizá ésta no sea la puerta más accesible a su universo, pero eso no quita para que estemos ante uno de esos discos que cualquier persona con “sentido y sensibilidad” -que diría Austen- no debería dejar pasar este año. Absolutamente magistrales, como siempre.



