Por: Kepa Arbizu.
Fotografías: Aitor Uve.
Dando continuidad a una estirpe que tiene como episodios previos a Burgas Beat o La Cosecha Roja, el también crítico musical Carlos Rego hace de su actual proyecto, Tesouro, otro vehículo que entiende a la perfección que la melodía pop se puede rastrear en diversos ámbitos, sea la new wave, el rock americano o el Paisley Underground, enclaves que visitan las canciones de un nuevo trabajo, "No centro do mundo", que se perfila bajo un resultado sobresaliente. Una colección de composiciones que, alrededor de un concepto vitalista y reflexivo, presentan a la banda en un momento de forma tocado por una especial sinergia entre sus miembros, otorgando al álbum una comunión entre guitarras y armonías con destino a recorrer las diversas aristas que identifican y definen a este "tesoro" al que no no nos resistimos a interrogar sobre sus misterios.
“No centro do mundo” es el segundo disco largo de vuestra trayectoria, en la que también se incluyen varios EPs, ¿qué tiene que suceder para decantaros por publicar un álbum u otro formato, es una cuestión solo del número de canciones o debe de haber un concepto global detrás?
Carlos Rego: Algunos de los singles que hemos publicado son simplemente adelantos de un LP; otras veces alguna canción que pensamos debíamos grabar antes de meternos con un disco entero; otro EP fue por ejemplo una recopilación de encargos que nos han hecho para participar en recopilatorios… Yo sigo pensando que el LP es la mejor forma de presentar una colección de canciones, de hecho, sigue siendo la manera de juzgar la obra de los grupos, haya un concepto o no detrás. A los singles se les hace menos caso. Al menos, en ese mundo antiguo en el que nos movemos nosotros.
Este es un disco que me transmite una amable melancolía, y lo hace desde diversos ángulos, da la sensación de que a través de estas canciones habéis buscado abarcar todo vuestro clima sonoro, desde el más intimista y evocador hasta el más impetuoso, no sé si era una cuestión predeterminada…
Carlos Rego: Continuando con lo que comentaba anteriormente, el concepto como tal no existe en este disco, al menos conscientemente, pero sí la intención de presentar todas nuestras caras. Somos un grupo tradicional, pero eso no quiere decir que no nos gusten muchas músicas diferentes. Nos gusta que las canciones suenen diferentes entre sí, que haya variación de sonidos y estados de ánimo.
En esa disputa entre etiquetas globales, muchas veces el uso de la electricidad parece el detonante para diferenciar entre pop y rock, en vuestro caso siempre, ya sea con más fuerza o intimismo, parece que vuestra meta es priorizar y encontrar la gran melodía.
Carlos Rego: Dar con una melodía clara, reconocible y, a poder ser, emocionante, es clave, pero a veces hay que saber apartarse y optar por reducir la riqueza melódica y apostar por una cierta inmediatez, menos rica y más intensa. Eso sí, solo una buena melodía no hace buena una canción, la letra y el envoltorio musical importan casi tanto.
Quizás ese sea el contexto de, por ejemplo, la “costelliana” “Revisando os danos” o el crepitar de las guitarras a modo de Crazy Horse en “Tus llamadas”.
Carlos Rego: Precisamente de eso te hablaba... “Revisando os danos” no es muy brillante melódicamente, pero esa letra no lo necesita y tiene otras cosas, fuerza, electricidad, que encajan mejor. “Tus llamadas” tiene las dos cosas, creo. Las guitarras sí están muy inspiradas en Crazy Horse, pero es que la melodía parecía pedirlo a gritos.
Me llama la atención que son, salvo alguna concreta excepción, las canciones cantadas en galego de este disco las que exhiben su carácter más bucólico y onírico, ¿hay una parte inevitablemente más paisajística cuando aflora la lengua gallega?
Carlos Rego: Podría ser, pero tampoco es algo premeditado. Es cierto que es un idioma muy ligado a lo rural, pero ya hace años que eso está cambiando. Aunque lo hablo y escribo habitualmente, siempre me costó componer canciones en gallego. Hice algún intento en Cosecha Roja y nunca quedé contento, y hasta Tesouro no encontré la manera. De todas formas es algo muy instintivo, depende de cómo surja la primera línea de la letra. En este disco hay más canciones en gallego, en el siguiente podrían ser todavía más, pero también menos, no hay planes preconcebidos.
Y hablando de “periferias”, hoy en día, en esta llamada aldea global donde se acortan los intermediarios, ¿sentís que estar en Galicia, fuera de la órbita de los (epi)centros desde los que se maneja la situación, llámese Barcelona o Madrid, sigue significando para el ámbito musical residir en la periferia y quedar relegado?
Carlos Rego: No tengo ni idea. Ya te digo que incluso aquí en Galicia, estamos en la periferia, pero a estas alturas es algo que ya no nos preocupa. Seguimos nuestro modesto camino y procuramos caminarlo de la mejor manera posible.
¿Dirías que, aunque está clara vuestra filiación con los sonidos anglosajones, ser de Galicia, en vuestro caso, ha supuesto teñir esos sonidos de una marca identificativa?
Carlos Rego: No lo sé. Aunque, sin ser expertos, nos gusta el folk y la música tradicional y algunas sonoridades se puedan colar, nuestra formación musical es indudablemente anglosajona. Lo que quizá sí nos marca, si no a nivel musical sí en cuanto al espíritu del grupo, es ser de Ourense, una ciudad muy particular que siempre ha estado al margen de la centralidad musical gallega, siempre más centrada en Vigo, A Coruña o Santiago, una periferia dentro de la periferia a la que no se hace demasiado caso. En los últimos años, también es una ciudad decadente en lo cultural, aunque con propuestas puntuales que tratan de mantener un latido subterráneo y testarudo, y lo consiguen sin tratar demasiado a los poderes públicos.
Además del tono musical, la mayoría de las canciones giran en torno a la reflexión sobre la búsqueda de lo esencial, de sentir que uno ha encontrado el camino que debe recorrer, en este caso ajeno a la inmediatez y el trasiego al que invita la vida en la actualidad.
Carlos Rego: Has dado en el clavo. Ese es uno de los temas del disco, visto a posteriori. Supongo que la búsqueda de tu sitio en el mundo, más allá de carreras musicales, o literarias u otras chorradas poco importantes, un sitio físico y mental en el que estar a gusto, es una de las cosas más importantes en la vida de una persona. En eso estamos y sobre eso cantamos, cierto.
Ese tránsito hasta alcanzar esa actitud de reposo reflexivo, tal y como se deriva de “La sombra de lo que fuimos”, no parece que haya sido un camino exento de muchos baches y golpes, ¿cuesta media vida casi comprender el camino que uno anda buscando?
Carlos Rego: Los baches y los golpes son comunes a todos. Yo soy un tipo bastante afortunado, pero eso no quita para que haya perdido a personas muy cercanas desde bastante joven, por ejemplo y sin abundar mucho en el asunto, y eso tiene un gran reflejo en las canciones. De cómo aceptes los baches y los golpes depende tu bienestar mental, y si tienes suerte y sigues cumpliendo años, puedes y deber ir aprendiendo a afrontarlos.
De hecho percibo, quizás erróneamente, que estamos ante un disco que a su manera me resulta muy terruño, ¿ese sentimiento de apego a Galicia es también parte de ese proceso de “centrarse en el mundo”?
Carlos Rego: Más que a Galicia o incluso a Ourense, ese centro del mundo se refiere al lugar que ocupas en él. Se puede vivir apartado y al mismo tiempo sentir que ese lugar es para ti el centro del mundo, porque es el lugar en el que desarrollas tu actividad vital, que tu vida puede ser completa y satisfactoria sin necesidad de estar donde se supone que pasan las cosas.
Hoy en día se habla mucho de salir de la zona de confort, vuestra música, y la actitud que desprende por ejemplo la letra de “Aprendiendo el oficio”, donde habláis de “adaptar la rutina a mi ritmo vital”, parece ir en dirección contraria...
Carlos Rego: Absolutamente, eso de salir de tu zona de confort siempre me suena a cháchara de charlatanes, de gente que quiere venderte otra vida, o que quiere echarte la culpa de tus problemas. Lo mismo que lo de las “experiencias” que te venden los restaurantes chic, las agencias de viajes, el enoturismo, la inmersión en el rural… Una manera más de quitarte la pasta a cambio de humo. No es cuestión de vivir como una ostra, claro, pero yo necesito rutina, una rutina que me guste, por supuesto. Si no hay rutina no puedes romperla, que también está muy bien.
Hay varias adaptaciones de poemas en el disco, ¿eran textos que os gustaban pero que sobre todo encajaban perfectamente en el sentido global del disco o incluso fueron ellos los que instigaron la idea central del álbum?
Carlos Rego: En realidad, busco inspiración en donde puedo. No soy muy prolífico escribiendo letras y si puedo aprovechar algo que leo o escucho y me gusta, lo aprovecho. A veces es una línea que da pie a una letra, en esta ocasión fueron un poema de Karmelo Iribarren que adapté y amplié con su beneplácito, porque podría haberlo firmado yo sin problema, y otro de Lois Pereiro que llevaba muchos años intentando musicar y al fin di con la forma. Pero claro que encajan con algunos de los temas de mis canciones, como encaja perfectamente el poema al que puso música Dani, “Silencio de Ourense”, que encontró en el catálogo de un festival de poesía y del que no hemos podido averiguar el autor.
También te dedicas a la crítica y literatura musical, ¿sientes que cuando estás sumergido escribiendo un libro ese contenido se traslada, incluso involuntariamente, a la hora de componer, o son dos ejercicios totalmente independientes?
Carlos Rego: Pienso que no. Me gusta mucha música diferente a la que hago, y suelo escribir sobre cosas que no tienen nada que ver con Tesouro. Creo que uno no hace la música que quiere, sino la que puede, y que las limitaciones tienen casi tanta importancia como las capacidades.
Supongo que ese pausado y reflexivo caminar sobre el que reflexiona el disco también influye en las expectativas musicales, ¿cuáles son las aspiraciones que bajo esa mirada habéis depositado u os gustaría alcanzar con este trabajo?
Carlos Rego: La primera y más importante, quedar satisfechos con el resultado, hacer justicia a las posibilidades que veíamos en las canciones, y eso creo que lo hemos conseguido. Con gran ayuda de Manu Sanz, por cierto. Después, gustar a los que lleguen a oírlo, que se hable bien del disco y defenderlo bien en directo. No es fácil que alcancemos un público masivo, pero significa mucho que los que nos escuchen disfruten del resultado. Por lo demás, de "Aquí conmigo" ya no nos quedan copias, así que aspiramos a despachar la (modesta) tirada de "No centro do mundo".






