Por: Kepa Arbizu.
Fotografías: Cristina Jul.
Nada hay más loable y satisfactorio que partir sin restricciones en busca de los sueños propios, una determinación que sin embargo también conlleva el riesgo de no hallar en ellos las respuestas esperadas a nuestras ilusiones. Una incertidumbre que no detuvo a esta compositora madrileña, que abandonó su establecida vida para tomar destino a Estados Unidos, cuna de todos aquellos sonidos que siempre habían conquistado sus gustos. De ese tránsito, repleto de satisfacción pero igualmente de la desazón que genera habitar un nuevo espacio que muestra una cara quizás no tan idílica, se alimenta un nuevo trabajo, “Past Lives in California”, que se expresa más directamente ligado a la tradición rítmica americana. Un territorio hecho de raíces ancestrales dispuestas sobre un suelo de regusto intrigante y ambientación paisajística, un lugar por el que también caminan Tift Merritt, Joana Serrat (con la que además ahora comparte sello, Great Canyon Records), Sierra Ferrell o Midlake, y sobre el que ahora deposita sus fascinantes huellas una Juana Everett con la que hablamos sobre este excelente nuevo disco.
Musicalmente este disco me parece más ligado al sonido clásico americano. Más allá del aporte emocional que te han proporcionado los años que llevas viviendo en Estados Unidos, ¿en cuánto a ese aspecto sonoro también has ido interiorizando más la propia naturaleza de sus ritmos?
Juana Everett: Sin duda. En Los Angeles tuve la oportunidad de explorar varios géneros y distintos tipos de artistas, ya que la escena de allí es muy ecléctica y te permite escuchar propuestas de todo tipo, pero siempre he gravitado hacia las raíces y los sonidos más clásicos de la llamada Americana (Folk, Blues, Country…). Son estos con los que más me identifico de forma natural, y viviendo allí los he interiorizado a un nivel muy profundo.
Y el hecho de trasladarte de Los Angeles a Nashville, donde has grabado el disco, ¿crees que ha influido también en darle ese tono más campestre?
Juana Everett: Decidí ir a Nashville por motivos personales, ya tengo familia muy cerca, y porque siento mucha conexión con todo lo que artísticamente sale de allí. Quería empaparme de forma más cercana de todo ello. Era el paso más natural para mí, tanto a nivel personal como artístico; ¡y no me equivoqué!
Estamos ante disco muy variado, hay western, rock, canciones desnudas a piano e incluso acercamientos más contemporáneos en “Under The Covers”, no parece que sea de tu interés realizar un ejercicio de estilo únicamente…
Juana Everett: Para mí mandan las canciones por encima del estilo. El objetivo siempre ha sido la autenticidad, construir esos temas priorizando la emoción y lo que quiero contar a través de ellos. Me gusta la belleza de combinar estilos que se tocan y dialogan unos con otros.
Teniendo en cuenta esa variedad de ambientes, y tomando como ejemplo un tema como “One Million Dollars”, donde la ensoñación de atracar un banco adopta ritmos de western, ¿has buscado conscientemente hacer de cada canción una postal identificativa que cuente con una banda sonora afín a su temática?
Juana Everett: No fue una decisión consciente, pero sí creo que en los últimos años he comenzado a explorar otras identidades a través de la música, o quizás el propio concepto de identidad en sí mismo. He seguido componiendo mucho desde las experiencias personales, pero también me he dejado sentir de otras maneras, y he escrito mucho desde la empatía con historias y vidas que se han cruzado en mi camino y me han tocado de una manera u otra. Cuando empecé a mirar mi nuevo repertorio como un conjunto, vi que existía ese hilo conductor en el que cada canción parecía narrar una vida, real o imaginada, que de algún modo sentía mía.
¿No son las historias de este disco tan autobiográficas como se podría suponer?
Juana Everett: Aunque algunas historias no narran una realidad propia, la emoción sí que lo es. Por ejemplo, en “One Million Dollars”, lo cierto es que nunca me he visto al borde de cometer el crimen que describo (Risas), pero si he sentido esa desesperación, ese hartazgo con el mundo, esa rabia y esa necesidad de rebelión. Algunas de estas emociones no están socialmente aceptadas en las mujeres, pero necesitaba sacarlas, quizás desde otra versión de mí misma.
El disco se abre con la nostálgica “Bring Me Back”, ¿se trata más de una añoranza sentimental o geográfica?
Juana Everett: Diría que es más sentimental, es una nostalgia por un tiempo en el que las cosas eran más sencillas, en el que sólo me ocupaba del presente y las pequeñas cosas me producían una satisfacción enorme. Hay mucha sabiduría en la infancia. “Bring Me Back” trata de reconectar con esa perspectiva de la vida, pero tiene esa gota de nostalgia, sabedora de que algunas cosas nunca vuelven.
Creo que por encima de todo este es un disco donde se refleja la obstinación por oponerse a los malos tragos y poner en primer término seguir el propio camino. ¿Es ese el ánimo que ha dominado a la hora de componer este trabajo?
Juana Everett: Creo que ese es el ánimo que domina toda mi vida, (risas). He vivido muchos cambios, muchos capítulos inesperados y giros en el camino. Me he preguntado mil veces qué estoy haciendo, pero siempre trato de aferrarme a mi intuición, y a saber que esta vida es mía y he de vivirla como yo crea, aunque me equivoque.
A lo largo de los temas también aludes a ciertos arquetipos sobre el imaginario estadounidense que desde fuera tenemos, ¿tu propia experiencia y estas canciones tienen algo también de esa desmitificación de determinados conceptos e ideas?
Juana Everett: Absolutamente. Creo que una de las lecciones más valiosas de vivir en Los Angeles ha sido la caída de sus mitos. Darme de bruces con las ilusiones fabricadas y observar las cosas tal y como son me ha ayudado a aterrizar en el mundo de otra manera, y a vivir mi camino en la música de forma más auténtica, más verdadera y fiel a mi misma. Hay un dicho que dice “Don’t meet your heroes”, y yo digo “meet them!” Date cuenta de que son personas como tú, con sus más y sus menos, sus errores y sus golpes de suerte. Hay algo liberador en esa experiencia.
El disco ha sido producido por Alex Muñoz, otro madrileño afincado en EEUU que como tú fue allí en busca de su sueño musical, ¿esa condición y la lógica cercanía emocional con tu experiencia ha influido en la decisión de contar con él o ha sido resultado exclusivamente de una cuestión musical?
Juana Everett: Por supuesto que todo eso ha influido, cuando decides vivir tu vida, ésta te pone en el camino a quien debes encontrarte. Desde el principio sentí una gran conexión personal con Alex. Tuvimos infancias muy cercanas, y fuimos a conocernos muchos años más tarde a miles de kilómetros de nuestra ciudad natal. Fue en el lugar adecuado, en el momento adecuado. Desde el principio supe que tenía que trabajar con él, que él entendería a nivel profundo mis canciones. Y así fue.
Cada uno de tus dos discos cuenta con un plantel de músicos distintos, ¿es consecuencia de la casualidad y las posibilidades surgidas en cada momento o refleja una preferencia por buscar un acompañamiento acorde con lo que te pide cada disco antes que tener una banda de apoyo fija?
Juana Everett: Siempre me ha parecido preciosa la idea de una banda fija, un grupo de amigos que son casi tu familia, pero cuando llevas una vida medio nómada como la mía, resulta bastante difícil. Cada momento y cada disco me ha llevado a rodearme de un equipo diferente, y me siento enormemente afortunada por todas y cada una de las personas que han puesto su granito de arena en mis canciones. Tengo la suerte de trabajar con gente a la que admiro mucho, y espero seguir haciéndolo, sean los mismos o vayan cambiando. La vida dirá.
Del mismo modo, vuelves a contar con colaboraciones de renombre, en este caso Dylan LeBlanc y Nicki Bluhm, ¿qué pretendes obtener cuando piensas en algún nombre para que participe en alguno de tus temas?
Juana Everett: Pretendo darle a cada canción todo lo que se merece, y por supuesto siempre trato de rodearme de talento al que admiro y del que quiero aprender. Creo que las colaboraciones de Dylan en “Whatever It Takes” y de Nicki en “What A Swell Party” son muy naturales, porque cada uno de ellos empatiza con la temática de cada canción. Lo vimos muy claro. Y para mí no hay nada tan satisfactorio como que músicos y profesionales a los que respeto profundamente quieran formar parte de mi trabajo. Contar con Dylan y Nicki ha sido un regalo enorme, y un gran chute de autoestima.
Si tenemos en cuenta que el tema “What a Swell Party” comienza reflejando el cansancio de la gran ciudad y la necesidad de volver a la naturaleza, y que el disco tanto en forma como en fondo resulta muy visual, ¿son los paisajes un elemento tan importante para tu inspiración y para tu propia vida como parece desprenderse de este disco?
Juana Everett: Desde luego que sí. Tengo una memoria muy visual y acudo mucho a paisajes, colores y elementos visuales para inspirarme. Con este disco me he dado cuenta más que nunca de esto, por eso he querido acompañar varios de los temas con videos que reflejan estos imaginarios. Siento que hay elementos muy cinematográficos en mis canciones y ha sido muy bonito poder recrear algunos de estos mundos. ¡Os animo a verlos en mi canal de YouTube!
“Donde todo se queda” es la única canción interpretada en castellano, y también a piano, ¿utilizar tu idioma materno es sinónimo de que pretendes contar algo especialmente íntimo y trascendental?
Juana Everett: No necesariamente. En mi casa siempre estuvo muy presente también el inglés y para mí es una lengua tan íntima como el castellano. Mi forma de escribir es muy íntima en general, y me siento más cómoda escribiendo en inglés porque es la lengua que mejor fluye en el género al que me dedico. A veces el castellano se abre paso en mis composiciones, pero no siempre funciona. En el caso de “Donde Todo Se Queda” fluye bien porque al ser un tema lento, se crea el espacio que creo las palabras necesitan.
Teniendo en cuenta que has residido y desempeñado tu carrera musical tanto en España como en EEUU, ¿son muy diferentes las condiciones y la propia naturaleza de ese ámbito musical en ambos lugares ? Y ¿con cuál te quedarías?
Juana Everett: La industria musical en general está más desarrollada en EEUU, eso es indudable. En España están avanzando muchas cosas, pero no existe mucha red y seriedad en las escenas más independientes. Creo que esto también tiene que ver con la cultura global de cada país. El americano está mucho más acostumbrado a la música en directo, a pagar 15 dólares una noche cualquiera por ver a un artista que no conoce, sólo por curiosidad. Hay un respeto más profundo hacia la profesión. Me da rabia decirlo, pero es así. En España gustan mucho los festivales y la fiesta, pero no hay tanta curiosidad por la labor del “cantautor”, de los contadores de historias en forma de canciones. No es una tradición cultural tan arraigada como en EEUU. Y en cuanto a los estilo a los que me dedico, hay muchísimas más propuestas allí, claro, por eso me fui.
Hay un dicho popular que dice ten cuidado con lo que deseas porque podría hacerse realidad, según tu propia experiencia ¿qué le dirías a esa frase?
Juana Everett: Le diría: mientras tengas claro lo que quieres, no tengas cuidado. Ve a por todas. Esta vida es tuya.






