Define la R.A.E. “Órdago” como “envite en el que se apuesta un juego en su totalidad”, un término que resuena a declaración de intenciones por parte de una súper-banda curtida en miles de noches de rock como son Corizonas. Y la realidad es que cuando se acciona el “play” para enfrentarse a estas diez nuevas composiciones, solamente hacen falta unos pocos acordes y un puñado de frases para darnos cuenta de que no hay impostura, ni asomo de brindis al sol por parte de unos de nuestros forajidos favoritos de la escena estatal al escoger dicha palabra para titular su cuarto disco. Seamos directos, Corizonas han facturado el mejor álbum de su trayectoria, tanto en el apartado lírico como en lo tocante a la paleta musical escogida para darlo forma, que ahora se nos presenta no solamente acertada, sino amplia, heterodoxa y en la que sobresale con mayúsculo entusiasmo un rock de sangre caliente de clara raigambre hispánica, perfecto complemento a una canciones en las que muestran coraje y corazón, además de un más que notable acierto.
Hay un latido existencial en esta colección, propio de aquel que sufre las consecuencias del seísmo descontrolado que vive el mundo, pero también una actitud combativa y rebelde, propia de quien se resiste a dejar de alzar la voz en mitad de la tormenta, elementos que asoman muy bien en las vigorosas y guitarreras “Una y Otra Vez”, en la que cantan: “nunca fuimos millonarios con una causa que apoyar”, un tortazo sin mano que resuena bien fuerte en la cara de las élites, y “Futuro Ahora”, donde la sombra del mejor rock americano y del maestro Tom Petty asoman con certeza, siempre desde el particular prisma y regusto de David Krahe y Rubén Marrón, excepcionales en su afilada labor, y la genial base rítmica de otros dos colosos llamados Javi Vacas y Roberto Lozano “Loza”, mientras Javier Vielba nos lo canta con la destreza y la solvencia habitual; manteniendo su presencia al otro lado del charco con “Caramelo Envenado”, pero desde una vertiente más fronteriza y latinizada que por momentos nos retrotraen también al imaginario de Javier Corcobado y del tristemente desaparecido recientemente Víctor Coyote, atacando una letra plena de dramatismo y toque canalla que podrían haber firmado los mejores Gabinete Caligari, abrazando el amor, la luminosidad y el optimismo desde una vertiente más pop con “Nuevo Mundo”, entre guitarras cristalinas y una batería disfrutona, antes de lanzarse en brazos del “Swining London” que asoma en “Karma”, otra de esas canciones llenas de experiencia vital y un toque de ajustada psicodelia, donde condimentan todo con enormes dosis de elegancia, y en “Principio y Final”.
La segunda cara se abre con una vacilada en toda regla con su adaptación del “Tú me Dejaste de Querer”, original del C. Tangana, dejando atrás las referencias a sonido “Caño Roto” que presenta en “El Madrileño”, transformándola en una composición que se mueve a caballo entre el rock fronterizo y que a su vez bebe directamente de la herencia de los grupos de pop españoles de los sesenta como Los Brincos, una querencia que no sorprenderá a los seguidores de la banda que ya ha adaptado anteriormente temas como “Piangi con Me”, popularizada por The Rokes, o “Malditos Refranes”, de los ya referidos Gabinete Caligari, bordean el sentimiento coplero en la maravillosa y poética “Espejito, Espejito”, donde el espíritu de Corcobado asoma de nuevo en una de la composiciones más rotundas del minutaje.
Hacia el final nos sorprenden con la muy americaniza “Tren de Largo Recorrido”, una reflexión sobre el bagaje, la experiencia, sobre la vida y quién sabe si también acerca de esta carrera hacia adelante y sin descanso llamada rock and roll que estos veteranos de la escena conocen a la perfección, una temática que también se roza en la coda final, “Sangre en el Cuchillo”, pero con un mensaje mucho más beligerante para despedir este mundo en ruinas con valentía, mucho twang y una nada velada amenaza, porque tras una vida en la carretera y décadas de música a su espalda, Corizonas no solo conocen el valor de la experiencia, sino que tienen el poder y la fuerza necesaria para apretar los puños y facturar uno de los grandes discos del año en nuestro idioma.



