091, embrujo granadino en la noche madrileña


Explanada multiusos de Arganzuela, Madrid, sábado 10 de octubre de 2026. 

Texto y fotos: Javier González. 

Rock de altura el que pudimos disfrutar el pasado sábado dentro de las celebraciones de la Hispanidad 2026. Un evento para el que realmente se han programado pocos conciertos interesantes pensados para los amantes de la buena música, por suerte entre los escogidos se encontraba el de 091, una de las bandas favoritas de muchas de las personas que hacemos posible El Giradiscos, por lo que no dudamos en acercarnos hasta la vieja ribera del río Manzanares para ver una vez más cómo se lo montaban en vivo los miembros de uno de los proyectos míticos de la escena estatal.

La realidad es que por cuestiones que no vienen a cuento llegamos al recinto con el tiempo justo para colocarnos y presenciar el espectáculo de los granadinos, lamentando amargamente habernos perdido las evoluciones en directo de Los Nikis de la Pradera, el proyecto country que capitanean parte de los miembros activos de Los Nikis, el grupo más gamberro, punk y divertido de nuestra música, cuyo último trabajo, “Llorica”, recomendamos escuchar encarecidamente. 

A las 21:00 en un alarde de puntualidad las luces se desvanecieron, dando paso a los cinco forajidos más elegantes del rock patrio. Escrupulosamente vestidos de negro asomaron Tacho González, Jacinto Ríos, Víctor Sánchez, José Ignacio Lapido y José Antonio García, saludando espartanamente al respetable, antes de que el bueno de Tacho comenzara a aporrear sus timbales invocando a los “2.000 Locos”, dejando claro desde el primer instante que su maquinaria sigue perfectamente engrasada; sin solución de continuidad apelaron a los sin nombre, a los dueños de sus propios sueños y de una ilusión a prueba de bombas, a los llamados a luchar para sobrevivir, reclamando su orgullo en “Zapatos de Piel de Caimán”.

Tomaron nuestras manos para traernos a su presente más reciente, el que representa su fenomenal último trabajo “Espejismo Nº9”, sacando a relucir joyas como “No Tiene sentido Escapar”, la cañera “Nadie quiere oír tu Llanto” y la muy bluesera e inquietante “Dormir con ojo Abierto”, momento en el que ya teníamos más que claro que la dupla Lapido-Sánchez estaba tocada por la gracia de los dioses en la noche de autos, proponiendo afilados riff que tenían efectiva contrarréplica en las manos de Tacho y Jacinto, haciéndonos olvidar que nuestra querida “Comunidad de Madrid” había decidido rebajar el presupuesto de contratación apostando por menos vatios de potencia de los recomendados -¡puro PP, vaya!-, haciendo que por momentos no se pudiera identificar a la perfección la voz de un José Antonio que en lucha contra los elementos, cantó sin fallar ni una nota, regalando las habituales dosis de carisma y chulería innata a las que acostumbra en cada uno de sus pasos sobre el escenario. 

Nos invitaron a “El Baile de la Desesperación”, celebrada por el respetable capitalino, quizás viéndose reflejados en frases como “Si en el cruce de caminos/ falla tu orientación/ Luis Candelas es mi amigo/ pregúntale la dirección”, rotunda y cañera en contraposición por la belleza cadenciosa de “Ven Vestida de Nube”, otra de sus joyas más recientes, y “Algo Parecido a un Sueño”, con la que cerraron el intercambio de clásicos por novedades, sabedores que el tiempo apremiaba, para comenzar a centrarse en parte de las glorias más mayúsculas con las que han jalonado su brillante trayectoria a lo largo de décadas de esforzado desempeño. 

Aceleraron de una forma magistral con “Este es Nuestro Tiempo”, donde cantan aquello que ahora suena tan premonitorio de “presiento un futuro imperfecto”, “Huellas”, con Lapido sacando prácticamente fuego a las cuerdas de su guitarra; antes de bajar un poquito la pulsión con el tono crepuscular de otra de las favoritas de la casa como es “Esta Noche” y su extensión en el marco existencial poético de “Otros como Yo”, perfectos anticipos del subidón que supusieron “La Calle del Viento”, con ese particular tono burlón y socarrón, pura mala follá granadina “made in Lapido”, con el que cantan a la derrota, y el punk-rock a modo de collage vanguardista que encierra “Qué fue del siglo XX”, un tema que solamente podría escribir un amante de la historia como José Ignacio. Tras la misma abandonaron el escenario Tacho, Jacinto y Víctor, dejando solos en el escenario a los dos frontman principales de la banda para hacerse cargo del momento más emotivo de la noche. 

Ahí estaban los dos, mano a mano, Lapido parapetado tras su guitarra acústica y José Antonio tirando de armónica para atacar con emoción “La Canción del Espantapájaros”, recordándonos a todos que se pueden “fingir sonrisas en la desolación”. 

Sabíamos que el final estaba cerca, sobre todo cuando José Ignacio arrancó a su guitarra la fenomenal introducción de “La Torre de la Vela”, donde todos los amantes de la serie b, la gente con los corazones destrozados, los desheredados y los soñadores en general, nos cobijamos para encontrar al calor de los 091 parte de nuestras almas extraviadas, seguida de otros guitarrazos inconfundibles plagados de wah-wah, aquellos que marcan el comienzo de “La Vida que Mala es”, desatando una fiesta entre el personal mientras los cero disfrutaban al interpretar uno de sus mayores hits, sobre todo José Antonio golpeando con suma destreza su ya habitual cencerro, mientras danzaba como poseído de un lado del escenario antes de lanzarnos al viento un salmo que jamás debemos olvidar: “Dios aprieta pero no ahoga/ sé que esa es la verdad/ nos ponen suave el nudo en la soga/ nos dejan abierta la puerta de atrás/ me lo dijo la mujer del dueño donde iba a trabajar/ tú, como tu padre, nunca fuiste bueno/ mal trigo, mala harina, mala harina, mal pan”, antes de recoger una cerrada ovación por parte de los fieles de una banda que, una vez más, y ya van demasiadas, volvió a sembrar de embrujo granadino la noche madrileña.

A la salida, sin apenas tiempo para pasar por el camerino ni recomponerse, los miembros de la banda saludaban a un nutrido grupo de fans que buscaban recuerdos en forma de fotos y firmas en algunos Lps. Sin duda un pequeño-grande detalle que muestra a las claras la grandeza de los andaluces, pero que sobre todo nos habla del grado de idolatría y fervor popular que han recogido los 091 a lo largo de los años. Grandes entre los grandes. Y no somos pocos los que lo corroboramos.