Rendidos por “Knock Out” ante “A palos”, el disco recién publicado de Puño Dragón.


Por: Guillermo García Domingo. 

He perdido el tiempo dudando acerca de dónde situar a los integrantes de Puño Dragón, ¿son de Asturias? ¿Han sido adoptados por Madrid? Cuando la respuesta se encontraba muy cerca, solamente había que prestar atención a sus canciones: su territorio no es otro que el del rocanrol. En un plazo de menos de tres años esta banda ha ofrecido nada menos que tres discos pródigos en canciones y sensaciones más que convincentes. Puño Dragón no se anda con experimentos y transita por el “camino de baldosas amarillas” que conduce al país del rock. Es un camino que no tiene pérdida. Y lo hacen porque quieren, puesto que no les falta el cerebro, ni el corazón ni el coraje que echaban en falta el espantapájaros, el hombre de hojalata y el león cobarde de Oz respectivamente. 

Este disco publicado el viernes pasado ha sido compuesto colectivamente en la carretera durante la gira del disco anterior, y es una apuesta demasiado seria para no ser tenida en cuenta después de la credibilidad que obtuvieron gracias a “Juegos violentos” y al primer disco de Puño Dragón que se llamaba como la banda. En su disco de debut estaban ya incluidas las características definitorias de su propuesta. El anterior protagonismo de la voz de Jano Diaz (líder de Drugos en la actualidad) fue sustituida por la de German Mingote, y el testigo de la guitarra de Jano, ese reto era todavía más difícil, también lo tomó el mismo Germán, que hace lo que se le antoja en los trastes de su guitarra eléctrica. Desde entonces no han perdido un ápice de su intensidad original, porque a esta banda le gusta el peligro, lo que se manifiesta en todas y cada una de las canciones, incluso cuando la bestia de Rafa Tarsicio Fernández, la otra voz del grupo, se aquieta engañosamente, aunque cualquiera es capaz de intuir que no será por mucho tiempo. Casi tan alto como Joey Ramone, Rafa tiene más cosas en común con el vocalista de los Ramones: no ahorra ni una gota de sudor, saliva y pasión en sus interpretaciones. La intensidad es innegociable y no decae desde “De tó se sale” hasta “Subir el puerto”. Lo que les diferencia de los Ramones y sus diferencias internas irreconciliables es la cohesión de esta banda, que salta a la vista y el oído: los citados vocalistas y guitarristas, junto a Manu Huertas (batería), Rubén Loro (teclados), a los que se ha sumado Julián Seijas al bajo, han sabido reunirse en torno al fuego primordial de las canciones que no se olvidan. 

Puño Dragón, por lo tanto, no dispone de una sino de dos voces sobresalientes y complementarias, que mantienen una alternancia excitante que alcanza su apoteosis en “Todos los charcos”, aunque dejan su sello en todos los temas. La de Mingote es grave y elegante, mientras que Rafa tiene en sus cuerdas vocales un verdadero lanzallamas abrasador. Quien se arriesga a escucharla en un sitio reducido, una sala o un club, sufrirá una experiencia física inolvidable, la voz de Rafa sube inmediatamente la temperatura del ambiente y provoca el erizamiento del vello de la piel. Lo he comprobado por mí mismo. Quien albergue alguna duda que acuda a los conciertos de la gira con los que nos amenazan.

Hay filos cortantes en todas las canciones, en las letras y en las notas; es rozarse con ellas y sangrar de verdad. Es fácil imaginarse los debates en el seno del grupo con ocasión de la elección de los singles de adelanto, porque las 12 canciones eran susceptibles de ser elegidas. A menudo demasiados discos disimulan su debilidad a fuerza de insistencia mediática, y se sostienen sobre dos o tres temas que actúan como señuelo, y el resto se deshacen en la primera escucha. Los miembros de Puño Dragón levantaron tres cartas en los últimos meses, aunque podrían haber ganado la partida igualmente con otras tres cartas distintas como “Solía hacerlo mejor”, cuya vacilación en el inicio de algunos versos es extraordinaria, lo que la convierte en una exhibición de estilo y “deje” rockero; la garra de “Obvio que sí” o “Mañana es hoy”, un ejercicio de fraseo, como los que llevó a cabo Andrés Calamaro en el memorable y doble “Honestidad Brutal”, que se desboca en un estribillo a garganta descubierta. No hay nada que hacer contra un jugador dispone de 12 cartas imbatibles.

Los primeros compases de las canciones no diré que son inofensivos, porque no lo son, pero tantean el terreno antes del clímax del estribillo que llega sin avisar como mandan los cánones del rocanrol. Es el patrón que sigue “Fogonazo rápido” que pasa con naturalidad del “medio tiempo” que borda mejor que nadie Quique González a un estribillo arrollador, o el siguiente corte, la tórrida “Suaave”, en la que la banda utiliza el brillante recurso de omitir deliberadamente un verbo, que le pone en bandeja al oyente, un guiño formidable hacia los que están al otro lado escuchando. 

“Si ves que no respondo” es un remanso necesario después del viaje salvaje de “Cuchillo de rayo de luna”, de título apropiado para un romance nocturno y lorquiano que solamente podía encauzarse a través de un R&B febril. No queda otra, a continuación, que detenerse en este lago de Enol para refrescarse y verse reflejado en las aguas sosegadas de “Si ves que no respondo”, una canción de carácter reflexivo sobre el cuidado que merecen las personas que se encuentran perdidas en la oscuridad de la depresión y la anhedonia. Puño Dragón ha elegido ir contracorriente y ascender hacia el curso alto del río en busca del manantial del rocanrol. La segunda cara del disco, lejos de ser un descenso, continúa mirando hacia arriba en las últimas canciones asturianas. Sin embargo, “Hasta que salga el sol” podría hacer las delicias de cualquier “garito” de Nueva Orleans. Los dedos del prestidigitador de Rubén Loro suben y bajan por las teclas de su piano adueñándose de la canción. “Y cómo sabe!”, demuestra que el Puño Dragón sabe también acariciar las cuerdas de las guitarras y hacer vibrar las emociones. El himno de Asturias, pasado por el tamiz de Puño Dragón y el rocanrol, suena revitalizado en “Subir por el puerto”, y de paso la banda no pierde la ocasión de explicar las razones por las que han cambiado el asfalto de Madrid por las montañas de Asturias. ¿Quién no lo haría? 

Después de estos 12 golpes es imposible permanecer en pie, indemne ante la pegada de Puño Dragón. Es una dulce derrota caer a sus pies, pues antes de perder la consciencia el último pensamiento que pasa por la cabeza es que el rock and roll tiene sentido y relevo gracias a Puño Dragón.