Sienna: “LINCE”


Por: Javier Capapé. 

Por si alguien todavía no lo sabe, Alejandro Ruiz es Sienna. Un artista valenciano que, tras casi diez años a bordo de este proyecto, nos presenta ahora su cuarto largo: “LINCE”. Detrás del nombre de Sienna se esconde un proyecto de música pop escorada hacia la electrónica y lo alternativo que se hizo valer tras el reconocimiento de su disco “Trance”, un trabajo experimental y temático que giraba alrededor del concepto de la enajenación. Ahora, con “LINCE”, en mayúsculas, como queriendo gritar cada título del mismo, se inspira en la figura de este animal como símbolo de instinto y de la capacidad de encontrar luz en la oscuridad. No sé si Alejandro Ruiz se identifica con estos animales, pero lo cierto es que en este disco ha conseguido obedecer ciegamente a su instinto para presentar una colección de canciones muy inspirada y llena de luz. Hay dolor en el mismo, y rabia también, pero se supera tras el “trance” por el que pasamos al escuchar estas doce canciones. 

Con estas composiciones, Sienna ha evolucionado hacia un sonido más contemporáneo, electrónico quizá, pero sin perder sus hechuras pop. Si con “Trance” había conseguido una mayor presencia en los escenarios y un reconocimiento más amplio (de hecho su canción “Esto no es el cielo” formó parte de la cabecera de una popular serie televisiva), con “LINCE” apuesta por ese salto definitivo gracias a contar con el respaldo de Universal Music y Pink House Management, pero sobre todo por saber que cuenta con una colección más que solvente de temas que no van a dejar indiferente a nadie.

Hay un nombre que me viene a la cabeza muchas veces cuando escucho estas canciones. Es el de Carlos Ares. Y no me viene de forma peyorativa, sino todo lo contrario. Las líneas de convergencia entre ambos hacen sumar enteros a las canciones del valenciano, sin lugar a dudas. Ha recogido algunos de los tics del gallego y los ha remozado con su particular estilo. Hay menos folk en Sienna, lo suyo es el pop, pero sabe empaparse de lo que le rodea para presentar un producto propio realmente sugerente.

Desde “Valor” ya notamos que este disco tiene un espíritu diferente. Que está hecho para acompañarnos por mucho tiempo. Una canción atemporal y de mensaje universal que va de la pureza acústica del principio a la potencia eléctrica desde el segundo estribillo. Hay quiebros directos y mensajes lanzados como dardos. Una buena muestra de lo que nos espera en este viaje que, inmediatamente, se va hacia un rock más acelerado e incisivo con “Afilado”. En ésta, la voz de Alejandro se clava, suena muy cortante e incisiva, y en su forma de modularla podría llevarnos hasta León Larregui, de Zoé.

Estas doce canciones, que se degustan en un suspiro, no dejan ese punto medio entre la electrónica y lo más acústico. Así nos encontramos con “Cemento”, que tiene un toque más experimental pero sin perder su suavidad. También arranca suave “Esto mata a cualquiera”, pero se torna hacia al pop más desgarrado desde su estribillo, recordándonos a las producciones del baezano Alis.

El equipo con el que ha contado Sienna para dar estos matices más contemporáneos a sus canciones está compuesto por Lagu, mano derecha del valenciano y responsable de guitarras, bajos y baterías en muchas canciones, además de Sean Marholm y Liam Garner. Los tres asumen tareas de producción además de programar los temas y tocar multitud de instrumentos para darles el necesario toque orgánico. Eso es algo que se percibe muy claramente en “X los siglos de los siglos”, muy sutil al principio para entrar con secuencias que acompañan a las acústicas desde la segunda mitad. Quizá al final quede algo saturada, pero el intento de sonar más cercano y real está presente, algo que encontramos con más acierto si cabe en “Loco”, una de las mejores de la colección. Aquí Sienna saca su vena de cantautor melódico sosteniéndose con lo justo. Hay que decir que desprovisto de efectos, que están muy presentes en muchas canciones, suena increíble, por lo que se constata que sobreproducir no siempre es lo que mejor puede sentar a las canciones, algo que le pasa a “Bendice” y que le hace perder atractivo. Ésta es más pesada y con un groove muy potente. Sienna canta con garra y claramente se sale de las formas del resto por su dureza, pero se queda en un experimento sobreproducido que ni encaja en los ochenta ni en la deriva de este siglo.

Todo suena mucho mejor cuando apuesta por compartir protagonismo con voces femeninas. Alba Morena le acompaña en “A.P.D.L.P.” (“A pesar de la pena”) y La María hace lo propio con “València”, una canción en la que desaparece la rabia, aunque instrumentalmente es muy intensa, y se podría percibir como un homenaje a su hogar. La María aporta su deje, emparentado con la mismísima Rosalía, en valenciano. Una canción con la que el disco cierra y en la que se mezcla lo heredado con lo nuevo.

Pero no pensemos que Sienna prefiere la contención, porque entre estas canciones se esconde también la fiera que llevamos dentro, como ocurre con la canción titular, donde nos atrapa un arpegio limpio de eléctrica mientras va sumando cuerpo con la rítmica, o “Garra”, más sucia y garagera y con una guitarra eléctrica muy en consonancia con el título. Se sale de la tónica pop predominante, aunque conserva formas contenidas a pesar de querer ser más dura, algo que también se percibe en “Te veo venir”, con un riff muy interesante, menos pop, aunque su fuerza sea ligera en el fondo, llevándonos a las formas mainstream de Dani Fernández. El despecho es la base, pero con cierto toque edulcorado.

A pesar de algunos pasajes mejorables, “LINCE” nos deja muchas más alegrías que sinsabores. Su autor tiene claro que éste es su momento y sabe aprovecharlo. Refresca el pop de raíz y lo envuelve con una pátina entre rock y vanguardia que le hace sumar. Estoy seguro de que con este disco tendremos cada vez más presente a Sienna. Su propuesta es fácil de abrazar, pero a la vez exige oídos bien abiertos y sin prejuicios. Esta vez ha cantado a esa capacidad de sobreponernos tras la dureza del camino que todos podemos encontrar en ese animal que llevamos dentro. Él desde luego que sabemos que lo ha encontrado en ese lince, único y enigmático, una fiera que, lejos de amilanarse, resplandece e incita a levantarse tras cada golpe.