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Chris Deville: “La música indie. Una historia cultural”


Por: Àlex Guimerà. 

Significativo que el título original de este libro sea "Such Great Heights", como la canción de Postal Service. Y es que tanto la banda de pop electrónico como la otra banda de su factótum, Ben Gibbard (Death Cab For Cutie), son, según el autor, uno de los claros referentes en la evolución de la música indie americana de los últimos 25-30 años. Pues esta obra que presentamos repasa de manera muy exhaustiva la trayectoria de lo que conocemos como "música indie" desde finales de los noventa hasta la actualidad, eso sí, desde el punto de vista norteamericano. Que nadie se espere grandes referencias a las bandas británicas -fundamentales para entender la etiqueta-, ya que aunque se mencionan algunas, únicamente se hace desde la perspectiva de su impacto en los EEUU. 

El libro resulta muy entretenido e interesante para quienes manejen los nombres de las formaciones citadas, ya que repasa su incidencia en el mundillo, en una línea argumental que pone mucho hincapié en determinados hitos. Así relata el papel de la serie "Orange County", con su personaje Seth Coen, que encarnaba a un friki que tenía una banda de música indie, y con esa B.S.O. por la que transitaron The Shins, Spoon o Eels, y cómo no, la banda favorita de Seth: Death Cab For Cutie. Ese es el punto de partida de la tesis del periodista musical Chris Deville (director de la prestigiosa publicación Stereogum) para quien la música independiente pasó de ser algo residual o "escondido" a ser absorbido por el capitalismo y por los circuitos comerciales. 

Un libro que es un buen tratado del contexto y la evolución cultural del periodo mencionado y en el que no faltan análisis del impacto que en su día tuvo la plataforma de descargas ilegales de música Napster con el auge del MP3; del poder de los blogs al dirigir los gustos musicales del público; de cómo Pitchfork llevó al éxito a determinadas bandas y al ostracismo a otras; del impacto de la primera red social, My Space; de la llegada de Spotify... En definitiva un estudio sobre la evolución de las costumbres del consumo de música de los jóvenes.

También aparecen referencias a bandas como Arcade Fire, los Strokes, Interpol, TV On The Radio, Radiohead (de las pocas british que da relevancia, ya que si bien también habla de unos Mumford & Sons a los que no valora positivamente), Iron & Wine, Sufjan Stevens o Bon Iver. Una sucesión de capítulos que se centran en el renacimiento del rock desde Nueva York (Strokes, Yeah Yeah Yeas, LCD Soundsystem); la explosión del indie folk; la apertura y el abrazo del indie al Hip Hop o a lo que denomina el "Poptimismo", con aparición de figuras como Lorde o Lana del Rey.

Un interesante monográfico que, si bien profundiza y sabe de lo que habla con datos y referencias precisas, parece demasiado encorsetado en la visión yankee del tema y en algunas páginas puede llegar a ser tedioso y en otras dejarnos a medias en cuanto a información; pero a la postre un libro gratificante para aquellos seguidores de la música ávidos de ampliar su conocimiento.

Antonio Jesús García y Ramón García: “Fantasía Occidental: Silvio y Sacramento, rock bajo palio”


Por: Javier González. 

El pasado 1 de octubre se cumplieron 25 años de la muerte de Silvio Fernández Melgarejo. Figura sin par dentro de la escena musical estatal, venerado y amado sobre todo en Andalucía, la tierra que le vio nacer, donde su peculiar forma de ser le granjeó la condición de mito mucho tiempo antes de elevarse a los cielos para ocupar lugar en el panteón de rockeros ilustres, título otorgado por aclamación popular, sin la necesidad de que sus anárquicas giras visitaran lugares recónditos ni fueran dejando a su paso rimbombantes “sold outs”, demostrando que la autenticidad y el carisma natural pueden tener más peso en el imaginario popular que un puñado de frías cifras. 

Era por ello necesario acercarse en las últimas semanas al fenomenal libro firmado por Antonio Jesús García y Ramón García, “Fantasía Occidental: Silvio y Sacramento, rock bajo palio”, editado por Efe Eme, donde con acierto y un innegable toque de gracejo, se repasa la biografía del músico sevillano, centrándose en la génesis, desarrollo y posterior gira de la obra cumbre de su discografía, a la que se alude en el título del libro, perfecto complemento de aquel otro volumen, lejano en el tiempo, que rezaba, “Silvio, Vengo buscando Pelea”, escrito por Alfredo Valenzuela, que ya hiciera las delicias de todos lo que profesamos la fe de nuestro rockero más italianizante y cofrade. 

La obra no pierde la oportunidad de enfocarnos al grandioso Silvio en toda su andadura, desde los tiempos de los X-5, con los que atacaba versiones de The Shadows, una de sus grandes referencias, pasando por Los 5 Mercury, donde se referían a él como “un grandísimo batería, elegante y contundente”, con los que tuvo la oportunidad de hacer una estancia prolongada en el Hotel Carihuela Palace de Torremolinos, el Hamburgo español que posibilitó que muchos nombres míticos comenzaran a foguearse en actuaciones noche tras noche; tampoco deja de lado el posterior paso por los Murciélagos, donde coincidió con otra figura seminal como la de Gualberto García, rematando con su aparición en otros dos proyectos, estos sí más reconocidos históricamente como Gong y Smash, ejerciendo como bajista en los primeros y convertido en una suerte de percusionista/showman en los segundos, dando muestras de estar dejando atrás una supuesta timidez que jamás volvería a aparecer en escena y de un notable pulso cargado de swing de sangre ardiente. 

Ni tampoco mirará a otro lado a la hora de citar los grandes abismos que estuvieron a punto de acabar con su carrera, como cuando tras contraer matrimonio con Carolyn William, una aristócrata británica, y asentado en Marbella, comenzará a dilapidar el dinero de la asignación de esta, sonada es la anécdota de aquel viaje en compañía de un buen amigo donde se dedicó a coger vuelos sin abandonar los aeropuertos, conducta que acabaría provocando su divorcio y lo más doloroso para él, tener que alejarse para siempre de su hijo Samy, un golpe que sumado al posterior suicidio de su hermana en 1973 a punto estaría de acabar con la trayectoria musical de Silvio, hechos que bien podrían servir para dar respuesta al motivo de su carácter taciturno, depresivo y a ratos melancólico. 

Por suerte en su camino se cruzará con la figura de Pive Amador, quien organizará un homenaje a Silvio, donde éste ejercerá por primera vez como frontman, mientras va ganando confianza tocando junto a Luzbel hasta el punto de abandonar las baquetas, a las que pasaría el recientemente fallecido Antonio Smash y posteriormente el citado Pive, naciendo así Silvio y Luzbel con quienes grabaría “Al Este del Edén”, producido por el recientemente fallecido Ricardo Pachón, comenzando a engrandecer su leyenda en el marco de la “Gira Histórica”, en la que trabaría buena amistad con Kiko Veneno y María Jiménez, anticipando lo que vendría después con proyectos como Barra Libre, donde comenzó a ser mitificado en Sevilla, mientras en el horizonte aparecían unos Brigada Ligera que serían el germen ideológico y musical de los posteriores Sacramento, donde al genial olfato de Pive Amador, Juanjo Pizarro y Miguel Ángel Suárez, acabaría por sumarse Andrés Herrera “Pájaro”, en sustitución de Manolo Luzbel, convertido desde entonces en pieza capital de la ecuación. 

Y aquí es donde el libro adquiere una velocidad imparable, recogiendo la química de las sesiones, establecida a partir de las propias relaciones personales involucradas en dar cuerpo a “Fantasía Occidental”, así como un exhaustivo desglose de cada una de las fantásticas canciones que dieron cuerpo doctrinal a tan atemporal, magnifica y colosal obra, donde lo místico y lo profano se funden a las mil maravillas con un pie en la tradición y la vanguardia más anárquica con el innegable sabor de una Sevilla que actúa casi como parte indisociable de la grabación, pues se ve plenamente reflejada en cada fraseo y acorde, aportando tanto talento como chispa, desparrame y absoluta genialidad en una obra sin parangón dentro del rock patrio que solamente podría haberse gestado en la capital andaluza. 

¿Quién en su sano juicio sería capaz de juntar hoy en día a The Platters mientras se entonan los versos del místico San Juan de la Cruz? ¿Quién recogería la rivalidad histórica entre los dos clubes de la ciudad entendida con el desenfado y la ausencia de odios de Silvio a través de los ecos del rockabilly clásico de “His Latest Flame”? ¿Cuántos se atreverían a citar a “La Pura Concepción” en un tema? ¿Cuántas personas osarían adaptar un clásico a la manera más sevillana y cofrade posible, reconvirtiendo el “Stand By Me” en un “Rezaré” que eriza los sentidos y nos pone al borde de las lágrimas tanto a creyentes como a ateos? ¿Cuántos fotógrafos hubieran deseado tomar la instantánea de Silvio en blanco y negro de espaldas, mientras a su pies se congrega una multitud que parece aclamarlo como si fuera directamente “el Santo Padre” recién elegido tras un cónclave vaticano? 

Entre todo lo mencionado, todavía quedará tiempo para pasear el relato por las siempre rocambolescas, inclasificables y espontáneas presentaciones en vivo del imprevisible Silvio, rescatando también declaraciones y palabras de grandes nombres que conocieron al de Los Remedios, de entre las que destaca el bello y sincero texto que aporta el carismático Alberto García-Alix, a colación de su primer encuentro y la posterior gestación del corto “No Hables Más de Mí”, que recomendamos encarecidamente vuelva a ser visionado para comprender la grandeza e ingobernabilidad del nombre que hoy nos ocupa. 

Un maravilloso y preciso relato, un precioso y sentido homenaje en toda regla a uno de nuestros grandes nombres y por encima de todo a una obra sin igual, a la que solamente se nos ocurre calificar, en la mejor tradición del mítico Silvio, robando unas frases que viene al pelo para definir a éste disco… ¿cómo era aquello? “Que estando la voluntad/ de divinidad tocada/ no puede quedar pagada/ sino con divinidad”. Izquierda atrás, todos por igual, vámonos a por una copita de coñac… ¡y a la diestra del cielo con Silvio! Eterno, inclasificable y único. Rey de reyes.

Manolo Tarancón: “The Dark Side Of The Moon. La Revolución Sónica de Pink Floyd”


Por: Txema Mañeru. 

La estupenda “Colección Elepé” de la editorial Efe Eme sigue sumando títulos de discos emblemáticos de bandas y solistas realmente históricos. ¡Y es que acaban de llegar el número 20! Si te pasas por www.editorial.efeeme.com, comprobarás que la colección comenzó con artistas y discos españoles, pero es que en la última decena y, sobre todo, en los últimos títulos, tenemos a clásicos absolutos como Bruce Springsteen, The Clash, Elvis Presley, The Who, Bob Dylan o Fleetwood Mac. La mayoría con discos clave tales como “London Calling”, “From Elvis To Memphis”, “Quadrophenia” o “Rumours”. Pero Bruce y Dylan con sorpresas en forma de títulos como “Darkness of the Edge Of Town” o “Slow Train Coming”.

Ahora vuelven a coincidir ambos hechos. Grupo histórico y su disco más representativo, aunque yo sea de los que prefiere el “Wish You Were Here” a “The Dark Side Of The Moon”. Pero este disco emblemático y su icónica portada bien merecían entrar en este selecto club. Además, con la firma del escritor y músico Manolo Tarancón. Yo le conocí antes como músico con discos tan importantes y recomendables como “Imperfectos” o “Historias Mínimas”. Ha sido también programador de conciertos y ha ideado interesantes ciclos musicales. Actualmente escribe regularmente en los siempre recomendables “Cuadernos Efe Eme”, además de en la página web de la editorial. También tiene un libro en la editorial como es “Conversaciones con Xoel López” de dicha colección en forma de entrevistas.

Lo curioso de este caso es que Pink Floyd no parecían, a priori, uno de los artistas clave para haber formado su background musical, que está más cercano, por ejemplo, a nombres como Bob Dylan, Neil Young, Tom Waits, Nacho Vegas o Quique González. Pero cuando leas estas 200 páginas, sobre todo si eres fan de los Floyd, comprobarás que controla perfectamente y ama la música de la banda. Su “Breve Introducción” no lo es tanto y ya marca las claves de lo que es la banda, el disco y su historia y trascendencia hasta la actualidad. El ve la génesis de este disco en el disco anterior, “Meddle” y en su legendario extenso tema, "Echoes".

En otros capítulos deja constancia de la importancia del estudio a la hora de grabar el disco y de su ingeniero de sonido, Alan Parsons. En otro destaca la creatividad de sus letras, extendiéndose con la temática de las mismas. Temática en la que entraba el tiempo, el dinero, la política, la muerte o la locura, hablándonos, incluso, de esa mítica visita por el estudio de Syd Barrett. Buena interpretación personal del disco y también valiente al analizar las referencias que tuvieron para crear el disco, entre ellas Bob Dylan y, sobre todo, The Beatles. Por supuesto que se analiza también la importancia visual del disco, así como la experiencia lumínica de sus conciertos. Por cierto, que en esta ocasión tenemos, incluso, mayor número de fotografías a lo largo de las páginas del libro. Manolo analiza también los “números” del disco y hasta se atreve a hablar del legendario concierto de Pompeya. Entra en las valoraciones de la prensa y repasa las más interesantes y completas reediciones ampliadas de la obra, además del disco original. No falta un repaso a lo que vendría después hablando del ya citado y loado “Wish You Were Here” o del también histórico y doble “The Wall”. 

Definitivamente estamos ante una inmersión completa en esta obra capital que marcó un antes y un después, no solo en su propia trayectoria, sino en la de la música rock en general. 45 millones de discos vendidos no son tampoco un dato sin importancia. La cantidad de bandas tributo sobre la banda es gigantesca y la mayoría tocan o han tocado este disco al completo. ¡Bienvenidos a la cara oculta de la luna y a sus particulares vistas!

Hans Laguna: “Yo siendo yo. El teatro de la autenticidad en las estrellas del pop”


Por: Juanjo Frontera.

Como muchos sabrán, Hans Laguna (Donosti, 1979) es músico y productor, responsable de discos tan notables como "Manual De Fotografía" (2016). Pero lo que ya no sabe tanta gente es que es licenciado en filosofía, con un doctorado en sociología, y profesor de pensamiento social en Barcelona. Todo ese alto nivel de conocimiento lo invierte, además, en escribir. Escribe mucho y muy bien. Además de artículos colaborativos en elDiario.es o ARA, ha cultivado una ensayística a menudo centrada en su especialidad, Frederick Nietzsche, pero también, desde no hace tanto, en la música. 

En este ámbito nos regaló el que es sin duda uno de los volúmenes más interesantes aparecidos en el panorama nacional durante los últimos años: "HEY! Julio Iglesias y la Conquista de América" (Contra, 2022) reveló a un autor muy inteligente, que sabe convertir el análisis más sesudo en una lectura apasionante y enormemente divertida. Se le devora, vamos. 

Y no es excepción a esta regla este breve librito que ha escrito para la estupenda colección Nuevos Cuadernos Anagrama. Se titula "Yo Siendo Yo. El Teatro De La Autenticidad En Las Estrellas Del Pop" y busca explicar un cambio de paradigma que consiste en que, de un tiempo a esta parte, lo que antes eran estrellas inalcanzables, manipuladas, fabricadas en cadena y totalmente alejadas de la realidad, ahora se ha convertido en un dechado de auto reivindicación que usa las historias personales, la búsqueda de la autoría en su obra y, en definitiva, la autenticidad de su discurso, para obtener la validación de un público que anhela encontrar reflejo, humanidad, en lo que antes era un dios todopoderoso totalmente fuera de alcance. 

La intimidad de "Brat", de Charli XCX, la espiritualidad de "Lux", de Rosalía, o la vuelta a las raíces de "Debí Tirar Más Fotos", de Bad Bunny, por sólo citar algunos ejemplos, no son sino manifestaciones de un “yo” que pugna con aquél “cualquiera” que el pop de antes vendía. Y es que nada vende más ahora que una historia personal que avale lo artístico. 

No nos engañemos, esto existía de siempre, en la cultura rock esa autenticidad ha sido siempre uno de los puntos fuertes que daban credibilidad a quien la esgrimía sin atisbos de postureo. A quien fallaba en el intento, traicionaba sus orígenes o impostaba su imagen, se le tildaba, directamente, de vendido o pastiche, con la consiguiente pérdida inmediata de seguidores y ventas. Pero en el pop o, digámoslo ya, el mainstream, la cosa era diferente: se vendía imagen, un producto de marketing que se ideaba en una oficina y tenía toda una cadena de producción detrás.

Todo esto ha cambiado ahora: las redes sociales han causado que todos “nos produzcamos”, con lo cual, buscamos algo diferente -la dichosa autenticidad- en aquellos que tomamos como referentes por ser personas de éxito y gran fama. Estamos cansados del maquillaje y queremos conocer, a ser posible a fondo, la vida de cada uno de esos ídolos: sus debilidades, anhelos, contradicciones o procesos creativos. Sentir que son humanos, como nosotros, y no dioses del Olimpo. 

De hecho, en eso del proceso creativo es donde reside una de las grandes claves de la autenticidad: la autoría, poder decir que esa canción que cantas es tuya. Algo que antes tampoco ocurría en la mayoría de fenómenos pop. Además de éste, Laguna destaca otros puntos cardinales, a modo de capítulos, sobre los que descansa este culto desenfrenado a lo auténtico que vive ahora el pop: autonomía, espontaneidad, autobiografía, vulnerabilidad, saber vender(se)…

En todos esos puntos se detiene el autor, con profusión de personajes tanto de la actualidad como del pasado, en un extraordinariamente documentado (como es costumbre en él) hilo argumental que está servido de forma amena y divertida. Y sin casi atisbo, por si fuera poco, de superioridad intelectual, esnobismo o pedantería. Digo casi, porque algo de eso hay, es inevitable, pero en ningún momento desvía la quirúrgica objetividad con la que Laguna atrapa en estas páginas algo que determina mucho más de lo que pensamos las maniobras y el devenir de la industria musical, así como de los artistas más poderosos del mundo. 00 Al final, la frase que lo resume todo (y titula este libro) la dijo Karol G en una entrevista concedida al New York Times con ocasión de la publicación de su disco “más personal”, "Mañana será bonito" (2023): “En este momento, los artistas se esfuerzan mucho por encontrar su concepto y ser muy experimentales. Y esa es una buena manera de hacer arte. Pero el concepto de este álbum es solamente yo siendo yo”. 

Sobre lo que hay de cierto, de auténtico, o de maniobra, de pérfida patraña, en ese “yo siendo yo” es sobre lo que gira este excelente y excitante librito de bolsillo que se lee en un suspiro y es, fácilmente, de las lecturas más inteligentes que te meterás entre pecho y espalda si le hincas el diente. Te sentirás más auténtico, eso seguro.

Quico Rivas: “Lo que dura una canción”


Por: Javier González. 

Escrita allá por 1980, pero publicada recientemente, “Lo que dura una Canción” es la novela iniciática de Quico Rivas, crítico de arte, comisario de exposiciones y escritor, entre otras mil pieles más. Algo que muestra bien a las claras su archivo personal, custodiado con celo entre la Biblioteca del Museo Nacional y el Centro de Arte Reina Sofía, a la espera de la visita indiscreta de investigadores y fisgones que busquen información y detalles acerca de versos sueltos de nuestra cultura más desconocida, aquella que no goza de eco mediático, ni con el favoritismo partidista, ni tan con luces de neón costeadas con dinero público. 

Aunque referirse a “Lo que dura una Canción” como un libro es jugar al reduccionismo más hiriente. En su favor podríamos hablar de esta narración como una suerte de espejismo, e inclusive del eco de una voz lejana que rumorea sobre la existencia de un oasis situado en mitad del páramo tardofranquista, donde una serie de circunstancias político-sociales hicieron germinar un sueño imposible cuyo epicentro tuvo lugar en Sevilla, ciudad que tras los Pactos de Madrid, firmados en 1953 entre las autoridades de nuestro país y Estados Unidos, se aprovechó de su cercanía respecto a las bases americanas, disfrutando de un intercambio cultural que removería los cimientos de la capital andaluza, dando paso a un terremoto underground cuyas consecuencias todavía podemos sentir en la música que actualmente se factura en la ciudad del Guadalquivir. 

Una sacudida ibérica, exótica, utópica y de corta vida que apareció en un lugar insospechado como reverberación del año 68, al más puro estilo de una supernova fugaz, cuya realidad resulta dudosa, pero que sin embargo existió, siendo tan certeras las pruebas del suceso como lo son las páginas de esta novela tan altamente disfrutable que pasea por los recuerdos,  divagaciones, vivencias y emociones del propio Quico Rivas, pero en la que también cobran especial protagonismo las andanzas de su amigo del alma, el viajero Fali, y la presencia ficcionada de su frontman favorito, Carlos Pinball, vocalista y líder de Los Flippers, principal trasunto de tandas y tantas bandas que llegaron a rozar el éxito con la yema de los dedos, para a renglón pasar a engrosar el más glorioso de los olvidos en la memoria de nadie. 

Sobre esta potente e interesante base, que el bueno de Quico cose con total acierto, se cimenta la obra, pues aquí hay un relato que se desarrolla entre lo cierto y la ficción, las situaciones y ubicaciones presentadas se muestran reales, aunque ciertos nombres jueguen al despiste, tomando retazos de historias que entremezclan a distintos personajes, bandas y vivencias, cuyas andanzas tendrán reposo por el barrio de Triana y Santa Cruz, la discoteca Dom Gonzalo, los jardines de Murillo y el Parque de María Luisa, inmortalizado por Smash, presentes en el relato, en su gloriosa “Glorieta de los Lotos”, escenarios donde la juventud, melenuda, hippie y grifota, sueña, ama y hace el amor libremente, bebiéndose el espejismo de acracia en largos y lisérgicos tragos mientras dura una fiesta, que como se muestra hacia el final de “Lo que dura una Canción”, no tuvo continuidad real en el tiempo, desvaneciéndose como el alba de la mañana, pero perviviendo en el espíritu y en el alma interna de una ciudad que hoy en lo musical sigue teniendo ecos de dicha pulsión creativa psicodélica.

Como apunte curioso debemos comentar que “Lo que dura una Canción”, tiene parada y fonda en otro de los grandes mitos que comienza a asomar su patita en este período sesentero; evidentemente nos referimos a la presencia de Silvio Fernández Melgarejo, el que fuera integrante de Gong y Smash como batería, antes de comenzar su particular y peculiar singladura bajo su propio nombre. Algunas de sus historias aparecen, noveladas o no, a lo largo de estas páginas, complementadas en una preciosa y precisa introducción por la firma de Fran G. Matute, conocedor de las andanzas de esta etapa y de la vida y obra de Quico Rivas, quien ya estampara su sapiencia en el fenomenal “Esta vez Venimos a Golpear”, que gira también sobre este período, al que se sigue dotando con brillantez de una literatura que bien merece un momento único de nuestro rock más libertino y que ahora ve engrosar sus filas con una novela escrita en primera persona, valiente y vital, que nos recuerda que los sueños de juventud merecen ser vividos con entusiasmo y sin medida, porque aunque la terca realidad acabe por imponerse, no hay nada más bello que dejar por escrito que lo que una vez ocurrió fue real y caló profundamente, legando para siempre una huella eterna de la que nuestra escena actual sigue bebiendo con ansia.

Tracey Thorn: "My Rock And Roll Friend"


Por: Juanjo Frontera. 

Viniendo de la mano de un hombre, esto va a parecer frívolo, oportunista, hasta pueril. Pero la verdad es que ya era hora de que un libro así fuera escrito. El anterior traducido al castellano de su autora, Tracey Thorn (Everything But The Girl), titulado "Otro Planeta" y editado aquí por Alpha Decay, ya fue todo un alegato sobre lo que representaba para una mujer abrirse paso en el mundo de la música en un tiempo, los años ochenta del siglo pasado, en que nada sobre la faz de la tierra ponía fácil ese objetivo. 

Pero este que ahora publica la siempre recomendable editorial Liburuak, y que relata la relación de su autora con otra de las mujeres que en el sobrepoblado Londres pop de los ochentas intentó ser tomada como música seria y no como “la chica en la banda”, es aún más necesario. Su protagonista es Lindy Morrison, batería de una banda liderada por dos hombres de carácter fuerte que no dejaban espacio para nadie más.

The Go Betweens fueron una maravilla, nadie lo duda. Un secreto a voces que con los años se ha hecho hueco en el corazón de muchos fans de la música, tanto los de entonces, como los de ahora. Pero ella tuvo que conformarse con ser el secreto más anodino dentro de ese secreto. Y esta es su historia. O mejor, la historia de la preciosa relación de amistad entre ella y Tracey. 

Evitaré aquí usar las palabras “sororidad”, “empoderamiento” o “resiliencia”, que empiezan a parecerme algo redundantes cuando se tratan estos temas, y hasta un poco insultantes para la inteligencia, si me apuran. Pero no dejaré de usar “feminismo”, palabra y concepto que muchos querrían tirado a la basura y que libros como éste, tanto situados en contexto como aplicados a los tiempos que corren -no tan diferentes de aquellos, por desgracia- ponen de manifiesto que de eso nada, que ahora hay que ser más feminista que nunca y que en este mundo de hombres descerebrados, de autoritarismo, de guerras gratuitas y de vuelta al medievo, o tenemos claros los conceptos o estamos más perdidos que Travolta en uno de sus memes.

Ya les anticipo que para un fan de The Go-Betweens al uso, o más bien uno que haya comprado el concepto de la banda como “una alianza entre dos amigos”, este no va a ser el libro más confortable para leer. Los de Brisbane han sido una de las bandas más mitificadas, con los años, que han existido jamás en eso que un día se dio a conocer como indie rock. Y su historia, su leyenda, ha sido construida a partir de sus dos compositores principales y cantantes, Grant McLennan y Robert Forster, pero olvidando, o relegando a un segundo (o tercer) plano, a la mujer que con su empuje y ritmo les ayudó a funcionar como banda, Lindy Morrison. 

Tal como la describe Tracey aquí, Lindy siempre fue un carácter fuerte, seguro de sí mismo, hasta excesivo. Y eso, tratándose de una mujer, nunca fue cómodo. Incluso para dos chicos pálidos, románticos y sensibles como Grant y Robert, que para distanciarse de otras bandas querían a toda costa una mujer en la suya, pero que en cuanto esa mujer quiso ser tomada como algo más que un objeto decorativo, empezaron a verla como un estorbo. Y sí, eso vale incluso para Robert, que fue su pareja durante varios años. Por tanto, el concepto de la banda tal como lo conocemos habitualmente, no sale muy bien parado, tenganlo en cuenta. 

Tracey y Lindy se conocieron en 1983: “Cuando la vi por primera vez encima de mi hombro en el espejo del camerino vi un contorno, dibujado a grandes rasgos. Sin detalles, sin contradicciones. A esta guerrera, que parecía abalanzarse para salvarme, yo iba a utilizarla como armadura. Me lanzaría a la batalla llevándola ante mí como un escudo de oro”. 

Cómo cambia la perspectiva cuando es la de una mujer. Por eso este relato, realizado por una música sobre otra música, por una mujer sobre otra mujer y por una amiga sobre otra amiga, es tan importante, porque desvela muchas cosas sobre cómo nosotros, los hombres, hemos sometido su identidad durante años a ser las musas, las amantes, las madres o las meras ejecutantes de nuestras ideas. Y ni en este caso, ni en otros muchos, esto es así. En absoluto: todas tienen una historia que contar tan sólida como la de cualquier persona del sexo opuesto. Y eso es lo que demuestra este libro, que no lo había dicho todavía pero tiene un título chulísimo, que parafrasea una canción de The Go-Betweens: "My Rock’n’Roll Friend". Canción compuesta por Robert, por cierto.

Thorn se centra sobre todo en la historia de The Go-Betweens, sobre cómo intentaron buscar, sin éxito, un reconocimiento en vida que vieron concederse a muchos compañeros de generación sin tantos méritos. Su supervivencia precaria en el Londres de los primeros ochenta, con Lindy limpiando casas para pagar un alquiler al que sus dos compañeros de piso y banda raramente contribuyen. O todas las tensiones que hubo que afrontar al final de su andadura cuando Lindy dejó a Robert y también Grant se emparejó con Amanda Brown, otra de las miembros del grupo, hasta que todo saltó por los aires y ellos dos empezaron a contar la historia por su cuenta. 

Pero también nos habla de la infancia de Lindy, de su adolescencia, de su madurez y de la profunda amistad que, con distancias y distanciamientos por medio, las ha unido a Tracey y a ella hasta el día de hoy. Habla de detalles íntimos, de muchos hechos que hasta ahora se desconocían de ella y que construyen a la perfección la visión de su persona como alguien tremendamente fuerte y con una indudable capacidad de superación y liderazgo. Un ejemplo, en definitiva, en el que muchas pueden verse reflejadas. Una historia que cuenta la de muchas mujeres en el mundo del rock. 

Está escrito, además, con la habitual pericia de esta excelente cantante y compositora metida también a periodista y escritora desde hace años. Y puede considerarse un buen complemento a los también excelentes y autobiográficos "Bedsit Disco Queen" (2013) o "Another Planet" (2016), en los que también reivindica la figura de la mujer en la música desde su experiencia. Al fin y al cabo, ella es también, en parte, la protagonista de este necesario y más que recomendable libro. 

Tom Doyle: "Running Up ThaT Hill - 50 Miradas a Kate Bush"


Por: Txema Mañeru. 

Hay muy poca bibliografía sobre Kate Bush y eso es algo bastante injusto, dada su calidad y su bien labrado prestigio, aunque siempre algo en la sombra y oculta del gran público. Se ha subsanado para bien con la publicación de esta obra del prestigioso Tom Doyle (tiene biografías destacadas de Paul McCartney o Elton John, entre otros), cuyo original se publicó hace ya 4 años y que ha tenido una magnífica traducción por parte de Patricia González Barreda. Fue libro del año para medios tan prestigiosos como The Times o Uncut, entre otros. 

Kate, fue con tan sólo 19 años, la primera mujer en ser número 1 en el Reino Unido. Comenzó ayudada por un músico del prestigio de David Gilmour (Pink Floyd), pero se ha ayudado de otros muchos músicos de prestigios y sus opiniones pasean a lo largo de las 364 páginas del libro. Dicho número 1 lo consiguió con la inolvidable "Wuthering Heights". No se dejó llevar por la fama y llegó a rechazar importantes giras y entrevistas. De ahí su bien merecido enigma. Enigma que finalizarás, en parte, con la lectura de este gran libro al que se acercarán muchos seguidores de “Stranger Things”. Pero ella es mucho más que eso. “Nunca quise ser famosa. Mi deseo no era ser famosa. Mi deseo era hacer un disco. Eso es algo muy diferente a querer ser famosa”.

Luego, con sus 10 discos, muy diferentes y todos por encima del notable, lo ha sido bastante, aunque siga siendo una gran desconocida. El libro no sigue la habitual estela cronológica, pero no nos importa. Arranca el libro con el capítulo “Vuelve a La Palestra” en la que nos habla de su destacado regreso de 2005 con el doble disco estupendo “Aerial”. El final es para “Strange Phenomena” y todo el revuelo creado en torno a la serie “Stranger Things” que le devolvió a las primeras planas. Con una mágica canción que no es banda sonora, sino un elemento narrativo esencial de la serie. 

Hay más revelaciones en capítulos como “Yo Antes Era Kate Bush” o “The Ninth Wave”. Por supuesto no faltan ricas páginas sobre “The Dreaming”, en un rico capítulo titulado “Un Disco No Comercial”. Aparecen muchas opiniones propias y ajenas relacionados con el hecho de rehusar la fama. Así hay dos capítulos titulados como el grupo de Johnny Lydon (Rotten), Public Image Limited que tienen que ver con esa postura anti fama que siempre tomó. Otro divertido capítulo es “¡Oh, Me Acabo de Correr!”. Ya hacia el final llegan “The Ultimate Kate Bush Experience…” y otro titulado “KT”, que se ha convertido en su distintivo símbolo y que se nos explica de dónde proviene.

Finalmente este libro consigue unir a los devotos originales que vivieron su debut con 19 años o la magia de “The Dreaming” y a la nueva generación que subió la colina con “Stranger Things”, revelando por fin algunos de los ángulos más desconocidos de una de las mujeres más esquivas del pop, aunque su arriesgada música ha viajado en varias ocasiones mucho más allá. La historia se estructura a partir de sus propias conversaciones con la artista y de los recuerdos de quienes la han acompañado en su viaje. Aparecen opinando familiares, pero también destacados colaboradores como John Carder Bush, Youth (Killing Joke) o, los ya citados, David Gilmour y John Lydon. ¡Artista compleja, rompedora y realmente brillante!

Guardianes de la cultura popular: “Dickens y Prince”, de Nick Hornby.


Por: Guillermo García Domingo.

El escritor de “Alta Fidelidad” es un narrador visceral que en este ensayo poco o nada académico vuelve a desplegar esa narrativa apasionada que representa su seña de identidad. Cuando escribe sobre lo que le gusta, ya sea la música o el Arsenal no hay quien se resista a su escritura.

Esta vez su pasión arrebatadora se presta a desentrañar el secreto (común) de dos genios que no se conocieron, el escritor británico Charles Dickens y el músico de Minneapolis, Prince. O tal vez ambos gigantes artísticos sean la excusa verosímil para escribir persuasivamente sobre sus intereses culturales. Porque este libro no versa exclusivamente sobre estas dos personalidades sino sobre la capacidad que las obras culturales tienen para otorgar sentido a nuestras vidas, que seguramente serían erráticas y absurdas si no fuera por lo que han hecho músicos como Prince, y libros como los que escribió Dickens y otros narradores del siglo XIX. Así que este ensayo es también un libro sobre el propio Hornby y la influencia que la música y la literatura ejercen sobre las mujeres y los hombres contemporáneos. 

No obstante, Hornby cumple de forma satisfactoria con el propósito inicial y consigue comparar ambas trayectorias. Tuvieron infancias y adolescencias más que problemáticas y sufrieron la escasez de recursos económicos. Son artistas populares, “guardianes de la cultura popular”, sostiene Hornby, puesto que “se puede argumentar que se hicieron famosos “por” su pobreza, no a pesar de ella… aprendieron a expresarse, y a expresar las vidas que habían llevado de formas que tenían sentido para millones de personas: personas que habían compartido sus experiencias, o que ya no parecían querer escuchar a aquellos que habían llevado una vida más privilegiada”. 

Los dos tenían prisa, fueron precoces a la hora de demostrar su talento desbordante, tan voraces como en su vida amorosa y sexual, ¡a lo largo de toda su vida! Prince dejó un número ingente de canciones grabadas, desvela Hornby. El secreto de su voracidad creativa no dependía de su innegable talento, como acostumbra a pensar incluso la mayoría de la crítica, debido a la influencia de la teoría romántica del genio individual, sino sobre todo de su inusual y descomunal capacidad de trabajo. No se refiere Hornby con esto al tiempo que pasaban componiendo, grabando y escribiendo. Es lo que “consumían”, aquello de lo que se alimentaban lo que les ofreció una fuente inagotable de ideas y caminos artísticos que recorrer por sí mismos: “no son las diez mil horas de práctica lo que cuenta; quizá son las diez mil horas de consumo”.

Otro de los puntos más destacados de este original libro es que los dos artistas tuvieron que defenderse ante las prácticas extractivas y abusivas de la industria cultural (estadounidense), los editores a la otra orilla del Atlántico se apropiaron de los libros de Dickens sin ningún pudor, es un latrocinio bien conocido, esta batalla por la propiedad intelectual también fue emprendida por Prince, y no siempre resultó bien entendida ni siquiera por sus seguidores. 

Con permiso del autor de “Fiebre en las gradas” añadiría otra característica compartida por ambos: son escritores/músicos de otra época, Prince del siglo XX y Dickens del anterior, que, sin embargo, tienen una vigencia absoluta en nuestro tiempo actual. Su pervivencia no solamente es colectiva, patrimonio de la cultura popular, sino que tienen la virtud de instalarse en el interior de cada uno para siempre. Ningún ser humano debería esperar a leer y conocer a “David Copperfield” mientras escucha “1999” o “Sign o' the Times”, ¡qué suerte poder hacerlo a la vez!

Josele Santiago: “Desde el jergón”


Por: Kepa Arbizu. 

La propia naturaleza de un libro de memorias cuenta con una particular elasticidad cronológica, ya que, aunque escrito en el presente, mira al pasado mientras se propulsa hacia el futuro, donando unas huellas que podrán ser recorridas por generaciones posteriores. Un legado que, en el caso de la banda Los Enemigos, no se verá necesitado de Mesías que, provenientes desde la otra orilla del calendario, reivindiquen una obra que, afortunadamente y gracias a sus méritos propios, siempre ha estado considerada, con argumentos artísticos más que sobrados, como una de las representaciones más importante del rock hecho en castellano. Pero bajo toda trayectoria colectiva y creativa existe siempre el relato personal, y por lo tanto sujeto a subjetividad, de cada uno de sus protagonistas, siendo uno de ellos, probablemente el principal en en el caso de la formación madrileña, Josele Santiago, quien a través de “Desde el jergón” difumina cualquier frontera que divida en dos cuerpos independientes al individuo y al creador, presentando un único organismo que cuenta con un nutriente esencial e irrenunciable: las canciones.

Aunque por puridad genérica no nos encontramos ante una autobiografía, ya que estas páginas ilustran casi en exclusividad la época musical de su protagonista y no existe un alcance global, sin embargo durante el itinerario seleccionado contemplaremos leves destellos de remotos episodios de infancia y/o juventud que, bajo la fórmula de su admirado Jim Thompson, completan y añaden tonalidades a una narración que posa su primer pie en 1985, cuando Artemio Pérez y Roberto Arbolea se citan con Josele Santiago, un púber guitarrista con miedo escénico, al que invitan a tomar parte de su grupo, Los Enemigos. Nacían así unos fieles moradores de un microuniverso llamado Malasaña que escogieron atravesar pernoctando, y amaneciendo, entre sus castizos locales con suelo de serrín y alejados de las pasarelas de modernidad desde las que se podía vislumbrar hasta la Vía Láctea. Barras de bar beodas en las que celebraban el salto al vació pero también una confraternización, oficiada entre ritmos vehementes, con asiduos clientes como Kike Turmix o Julián Hernandez (Siniestro Total), convertidos desde ese momento en camaradas de agitación. Unos enclaves de los que brotaron muchas leyendas, algunas cercenadas por la sobreexposición a los instintos, y otras, como la aquí expuesta, y pese a sus perceptibles cicatrices, superviviente a esa voraz dieta de inmediatez.

Una regresión, con horizonte en el presente, entregada entre referencias musicales (el “Fun House" de los Stooges cual Sancta Sanctorum y los Kinks como imagen de la máxima virtud) o literarias (de la viscosidad de Bukoswki al simbolismo luciferino de Baudelaire) y variopintas reflexiones esparcidas con naturalidad. De la política a las cuitas sentimentales, las cavilaciones se vuelven masivas cuando atañen a la irracional -pero trascendental- liturgia del hecho creativo, al que cuestiona su denominación como poesía para quien, como en su caso, necesita del sustento melódico en calidad de pieza fundacional. Y es que aunque es bien cierto que un excepcional escritor de canciones no tiene que destacar necesariamente en una disciplina sin el abrigo de las armonías, este libro derriba esa máxima, porque Josele Santiago es capaz de trasladar su idiosincrasia sonora a la condición de esta obra, dotándole de virtudes sinónimas y logrando así que esta lectura contenga el arraigo castizo como lenguaje motor de una expresividad que, aunque no pierde su acento socarrón, hinca los dientes en terreno dramático, proponiendo una sonrisa que se retuerce con gesto estremecedor.

Incluso el propio desarrollo estilístico de este libro parece mimetizarse con el expuesto por la discografía “enemiga”, estando ambos inicios más cómodos en un espacio burlón y derivando, paulatinamente, en un paisaje más doliente. Antes de llegar ahí, el rhythm and blues que dominó su debut, "Ferpectamente", previo paso por el triunfo en el concurso Villa de Madrid o compartir cartel con Wilko Johnson o Dave Edmunds, y “Un tío cabal” sirven de maravilloso prólogo para una historia que, ya sin Artemio y con  Fino Oyonarte  y Chema "Animal" Pérez  como integrantes y Lalo Cortés a modo un mánager que ejerce de padre protector, avistó un paraíso eléctrico entre una escenografía etílica y hedonista. Suponía el fin de una adolescencia que combatía la congoja existencial con risas y decibelios y el principio de una suerte de profesionalización que daba paso a “La vida mata”, que ya desde su publicación se presentía como el resultado de un sonido, mucho más perfilado y expansivo que sus predecesores, vehiculado por un lenguaje asombrosamente identificativo y llamado a inscribir el rock con letras de alta literatura. La frustración y el malestar, una vez más, en este caso provenientes de los suburbios emocionales de ese Madrid engalanado de frívola Transición, hacían hervir la sangre creativa.

Un repertorio concebido entre las noches infinitas de una recién estrenada década de los noventa en las que resuenan los bombardeos sobre Irak y por las que arrastran su sombra también Eduardo Haro Ibars o Leopoldo María Panero. Todo, por supuesto, tarareado al son de una banda sonora hecha de glam, Leño, Dr. Feelgood, Mermelada o Eddie & The Hot Rods. Vigilias artísticas firmadas por una prosa convertida en idioma de unos personajes que, aunque anónimos, comparten el menú de su firmante, cada vez peor combinado entre drogas, alcohol y ansiolíticos. Un estado de inquietud que a pesar de dar como fruto el más popero y hasta luminoso disco, “La cuenta atrás”, sigue horadando la salud, sobre todo mental, de un compositor al que a las sombras propias se le suman los fallecimientos cercanos de sobre todo su inseparable Lalo. Defunciones que ponen de riguroso luto el abrasivo trabajo de  “Tras el último no va nadie”, cincelado con riffs y letras rocosas como el frío mármol sobre el que descansan los difuntos y el desgarrado lamento de quienes deben conjugar su pérdida. Un anhelo que la formación madrileña, que integra poco a poco Manolo Benítez, un verso discordante en esa unión familiar, atraviesa con largos silencios y un manto negro que les arrebata cualquier atisbo de ilusión. 

Esquelético, casi sin dientes y repleto de heridas que delatan las huellas de autolesiones, Josele es la imagen de la caverna anímica en la que se encuentra un grupo que sin embargo musicalmente se yergue orgulloso en una época por la que ya asoma el indie y las modas quieren imponer su dictadura. El cuarteto es capaz de aglutinar los diferentes gustos de sus integrantes en una excelsa conjunción de acentos con un destino único. Una trayectoria que su siguiente parada está lejos de los estudios de grabación o los escenarios, se trata de un centro de desintoxicación donde el cantante y guitarrista decide interrumpir su descenso al abismo. Las noches y sus demonios se transforman en caminatas y juegos en el frontón, un interludio necesario para que la banda no descarrile del todo. Paréntesis que se rompe en forma de una imparable efervescencia por volver a componer y tocar, un ansia que engendra, grabado en un caserío de Gipuzkoa, “Gas”, un rotundo regreso al mundo de los vivos que sin embargo es también el prólogo al resquebrajamiento de una unidad fraternal donde su cantante se ahoga en interminables giras y percibe su presencia como un mero atrezo, maridado en alcohol, en la disciplina de la banda. Grietas insuperables que hacen de “Nada” la última firma colectiva, por el momento. A pesar de su categórico título, todavía quedaba algo, mucho, más bien, que vivir conjuntamente. 

Antes de esa resurrección, tras un necesario hiato “enemigo”, previo paso de la publicación del directo “Obras escocidas (1985-2000)”, la carrera en solitario de Josele se puso a andar con el magistral "Las golondrinas etcétera". Un trabajo tras el que se escondía una complicada nueva situación, que si bien aportaba esa necesidad de airear su entorno era imposible no sentirse amordazado todavía a esa disciplina del rock. Unas cadenas que se desvanecerían gracias al gusto por sonidos acústicos que van a ir dominando sus trabajos posteriores. Sin embargo, quizás nadie puede escapar de lo que verdaderamente es, y el rugido eléctrico, que ya comienza a asomar en el sobresaliente "Lecciones de vértigo", pide paso en el cerebro de un compositor que hace de la posibilidad de reunirse con sus viejos compinches una realidad. Una ceremonia de reunificación celebrado el festival Actual de Logroño en 2012 y que se oficia en el estudio de grabación a través de "Vida inteligente". Regreso al rock químicamente puro al que solo le falta tomar una decisión altamente postergada, la salida de Manolo Benítez, quien nunca ha congeniado con el compositor ni ha aceptado la relación "consanguínea" de la banda, para dejar paso a, éste sí, un “hermano, David Krahe. Una nueva formación que, tras el trabajo en solitario “Transilvania”, acuña su último disco hasta la fecha, un "Bestieza" que representa ese aire fresco que, entre achaques y obstáculos, respira una urgente necesidad de atronar. 

Puede que “Desde el jergón” sea un libro al que todavía le falten páginas por escribir, aquellas que tengan que dar fe de las nuevas andanzas de Josele Santiago, pero su punto final encapsula una maravillosa radiografía de quien ha llegado hasta aquí no solo cargado de una obra imponente, sino capaz de manejar los efectos de esa determinación por escribir cada momento presente entre llamas. Fruto de esa naturaleza pirómana, estas memorias deben ser añadidas entre lo más granado de su hoja de méritos, por contenido y continente, ya que ha logrado trasladar sus virtudes musicales a una hoja en blanco que se lee con el estremecedor gozo que se entonan sus característicos ritmos. Parafraseando a una de sus mejores composiciones en solitario, "El lobo", este madrileño ha ejercido la profesión de bailarín al que no puede embestir el frío, y por eso decidió arder repetidamente. Unas ascuas que han logrado regenerarse constantemente para perfilar a una de las figuras claves del rock en castellano, un enamorado de la inmolación existencial que ha negociado con el precipicio su supervivencia a cambio de permitirle habitar en sus canciones.

Bob Stanley: "Let’s Do It"


Por: Juanjo Frontera. 

A Bob Stanley no se le puede pedir más. No sólo es parte integrante (y fundamental) de uno de los mejores tríos de pop que ha dado la música británica, Saint Etienne, sino que además es un excelso divulgador musical. Compilaciones para sellos como Ace o Cherry Red, en solitario o a pachas con su compinche Pete Wiggs (también de SE) son auténticas delicias tanto para completistas como neófitos. No se pierdan "The Daisy Age" (Ace, 2019), "The Tears Of Technology" (Ace, 2020) o "Tea & Symphony - The English Baroque Sound" (Ace, 2020). por poner sólo unos pocos ejemplos. 

Y por supuesto, esto no acaba ahí, además es productor, multiinstrumentista y, "last but not least", escritor. De hecho, con esta última faceta ha dejado una huella indeleble en el género de la literatura pop al producir uno de los tomos fundamentales para entender tal término en todo su esplendor. "Yeah! Yeah! Yeah!" se publicó en 2013 (en España editó Turner en 2015) y traía consigo la particular y enciclopédica visión de un amante del pop como pocos ha habido en este mundo. Un trazado exhaustivo, pero personal y, precisamente por eso, altamente interesante, desde los orígenes del pop moderno, más o menos en 1952, hasta el momento de edición del libro.

Un manual que debería estudiarse en los institutos y sin el cual ninguna colección seria de tratados sobre música está completa. Un libro que saciaba incluso al más exigente y que es tan definitivo, que lo único que se le puede añadir son sucesivas revisiones conforme van pasando años y añadiendo acontecimientos a la historia. Pero ¿Qué pasaría si rebobinamos un poco más? Si echamos la vista atrás hasta el momento en que realmente se originó todo. 

Cuando apenas se había inventado el gramófono, no había radio y el mundo de la canción era un territorio por explorar. Excavar ese ámbito es algo profundamente ambicioso que nadie, o casi nadie, se había atrevido a hacer. Realmente, hay pocos ejemplos, como la crónica sobre el negocio de la música desde sus orígenes remotos "Ta-Ra-Ra-Boom-De-Ay", de Simon Napier-Bell (2014), o "A History Of Popular Music Before Rock Music", de Piero Scaruffi (2007), pero ninguno tan exhaustivo ni abarcando tantos géneros como este Let’s Do It que de la mano de Stanley llegaba en 2023 y ahora publica en nuestro país Liburuak. "Let's Do It" no es para cualquier paladar. Es para quien tenga ganas de profundizar, de cavar bien hondo en los cómos y los porqués de algo como la música pop, que guarda en sus orígenes muchas explicaciones. Pero claro, no puede esperarse que la música de la que se habla aquí, que abarca swing, jazz, cabaret, blues o canción romántica, guarde una relación directa con la de The Beatles, The Byrds, Jackie de Shannon o Roxy Music. Este es otro mundo, o mejor dicho, el mismo mundo, pero antes. 

Aunque, lo que sí que es seguro, es que aún no siendo para nada aficionado a la música de George e Ira Gershwin, Cole Porter, Frank Sinatra, Louis Armstrong, Irving Berlin, Nat King Cole o Peggy Lee, quien se adentre en estas páginas no dejará de asombrarse. La prosa de Bob Stanley es de alta calidad literaria: sabe mantener un ritmo ágil, que nunca aburre ni resulta rimbombante, es como el mejor de los profesores y sabe emplear los trucos suficientes, sacando de la chistera un anecdotario que nunca se utiliza a la ligera, para captar nuestra atención en los momentos clave.

Destapa además los detalles de la personalidad de los personajes más importantes como si los hubiera conocido. Tratándolos con cariño, pero con firmeza y con la lejanía suficiente como para que la probable adoración por un gigante no nuble la vista respecto a unos defectos que también formaron parte, por qué no, de su música. 

De esta forma va desgranando todo lo acontecido a ambos lados del atlántico. Aunque su eje es eminentemente norteamericano, debido al dominio de Tin Pan Alley, él le da su protagonismo también a la vieja Europa e Inglaterra, dando presencia a personajes de suma importancia como Django Reinhardt, Marlene Dietrich, Vera Lynn, Al Bowlly o Edith Piaf. 

Pero claro, impera América: una de las cosas que hace aquí Stanley soberanamente bien es reflejar el trazado de cómo ésta adquiere su hegemonía. Desde la popularización de la música grabada y la creciente importancia del formato canción, en detrimento de la ópera u otros formatos más antiguos, vemos como el ragtime de Scott Joplin o el Tin Pan Alley de Irving Berlin se van imponiendo a través del music-hall para pronto impregnarse de negro con el fundamental nacimiento del jazz en Nueva Orleans y el surgimiento de figuras como Louis Armstrong, que hacen que esto sea ya imparable. 

Surgen los verdaderamente grandes: los crooners como Bing Crosby y Frank Sinatra. Fred Astaire y las salas de baile. Duke Ellington, Billie Holliday,el Cotton Club y la primera escena jazz, el rhythm and blues, el hillbilly, el folk, el la exótica y, por el camino, la aparición mastodóntica del disco de larga duración y el auténtico pop, con músicos como Peggy Lee, Dean Martin, Anita O’Day. Sin olvidar por el camino muchos personajes secundarios que tuvieron también su importancia pero el tiempo ha olvidado, como las Boswell Sisters, Jeri Southern o Billy Eckstine. Todos ellos dan forma a un gran fresco que Stanley pinta con cuidado de orfebre, con profusión de datos, pero sin que corramos riesgo de atragantarnos en ningún momento.

Cuenta así, de forma absolutamente magistral, una historia realmente apasionante que puede que no se asimile de la misma forma que cuando se lee sobre lo que uno conoce e idolatra, pero sin duda ayuda a comprender muchas cosas y sobre todo, es un verdadero gozo. La existencia de este tomo es el perfecto apéndice, o más bien, precuela, a algo tan perfecto como fue "Yeah! Yeah! Yeah!" y, si me apuran, también algo que funciona de forma independiente. En todo caso, otro libro esencial para cualquier estantería que quiera saber de música.

Mariano Peyrou: "Free Jazz. La música más negra del mundo"


Por: David Vázquez. 

Mariano Peyrou, músico y profesor de Historia del Jazz y de Estética de la Música en el Centro Superior Música Creativa de Madrid, desgrana una de los subgéneros del jazz más abstrusos de la música moderna. En el ensayo explica estructuras y diferencias respecto a otros movimientos jazzísticos, para quienes ya escuchan el género y quienes no. Acompañando el texto de una lista de canciones que desfilan entre las páginas. Si bien habla con conocimiento musical, "Free Jazz" (Anagrama) también relata el nacimiento, el auge y la caída del movimiento, por momentos llevándose el foco más que el subgénero, cuya ironía fue que el éxito de audiencia o éxito comercial se diese entre las élites intelectuales blancas. De ahí el subtítulo La música más negra del mundo. El recorrido llega hasta 1967 con la muerte de Coltrane, gigante del jazz que respaldaba a esos jóvenes revolucionarios, supuso un terrible golpe y la sentencia de muerte de este estilo.

Establece el autor argentino una contraposición entre el jazz europeo, las músicas europeas, y sus diferencias con la música negra: La jerarquía que separa lo culto de lo popular. Para ello, parte de la premisa para explicar el conflicto ante la pregunta de ¿qué es ser negro (en lo musical)? Aunque la idea no tiene una respuesta categórica, existe una clara diferenciación entre la existencia y la música, por lo que una banda sonora siempre suele ir ligada a una experiencia personal. Y es en este contexto, debido a las paradojas que se plantean, estas resultan un pilar más que interesante, traduciéndose en los planos y las conversaciones entre músicos como si fueran uno: la comunión. Porque como indicaba Kepa Arbizu: "Todo grupo de personas que expresa una profunda afición por una disciplina creativa determinada comparte ciertos códigos de lenguaje que, como si de un ritual secreto se tratase, adquieren significantes sólo descifrables por ellos mismos."

Partiendo de la cita de Archie Shepp, quién afirma que “La cultura y la música negra son esencialmente improvisatorias”, Peyrou se centra en la asimetría y lo imprevisible del free jazz, a diferencia de géneros más directos con estructuras más férreas. Sin perder el contesto social, donde los músicos se desarrollan teniendo en cuenta la escasez de espacios para cantar y bailar y el limitado acceso a instrumentos musicales. En esta cartografía, que al igual que cualquier hoja de ruta une puntos de lógica cercanía.

En esta ocasión, el libro rezuma pasión, bajo una narrativa formal, más bien profesional. Pese a su brevedad en términos de páginas, requiere de tiempo para ir escuchando y descubriendo, si no se conocen, a los artistas, LP y canciones citadas, así como de un pequeño conocimiento del género en cuanto a estructura.

Si bien, el objetivo es, además de trasladar y exponer la historia de este subgénero, aprender a apreciar una propuesta musical inusual pero estimulante, áspera pero altamente creativa, proporcionando al oyente la libertad de escuchar desde otro lugar. Sin embargo, una vez finalizada la lectura, la sensación que produce es la falta de una conclusión final para cerrar, ya sea un resumen de las características del subgénero o sobre el contexto socio-histórico.

Benoit Clerc: “Prince: la historia detrás de sus 684 canciones” y otras maravillas de BLUME


Por: Javier González. 

Juntar los nombres de Benoit Clerc y BLUME es sinónimo de tener entre manos algo realmente ambicioso, un axioma que hemos ido aprendiendo a fuerza de ver cómo funcionaba esta maravillosa unión en anteriores obras que, bajo similar título, abordaban el cancionero de bandas y solistas de gran calado internacional del estilo de Queen, Metallica y David Bowie, cuyo último capítulo tiene como protagonista a Prince, en lo que parece ser una suerte de órdago en toda regla, dada la capacidad compositiva que siempre mostró el genio de Minneapolis al que ahora se disecciona a las mil maravillas en éste maravilloso volumen de excepcional presentación y pretensiones enciclopédicas sobre una de las figuras más personales de la música contemporánea. 

Ante un trabajo de tal magnitud y ambición, la labor de tratar de aportar un mínimo de luz sobre un libro indispensable para fans de Prince se torna casi imposible, puesto que se trata de un extenso repaso a toda su trayectoria, atendiendo a las labores compositivas de temas míticos, obras mayúsculas y joyas ocultas que riegan una trayectoria que nació a finales de los setenta, cuando firmó su primer contrato discográfico con Warner Bros hasta su trágica muerte acaecida en 2016. Año a año, canción a canción, trazando un listado de colaboraciones y atendiendo a la amplia paletas de sonoridades que con sumo gusto siempre supo colar en sus composiciones el alumno más aventajado de Little Richard. 

Casi 650 páginas repletas de información detallada que ayudarán a comprender una de las mentes creativas más intrépidas, personales e interesantes de nuestra historia musical reciente, un festín para los sentidos digno de melómanos con tiempo libre y ganas de sumergirse en una historia simplemente apasionante. 

Y en otro ámbito que va más allá de lo estrictamente relacionado con la música, conviene no pasar de largo sobre otras de las novedades que semanas atrás han dejado en las librerías de todo el país desde BLUME, puesto que libros tan recomendables como “Cultura Skateboard”, firmado por Morgan Bouvant y Sébastien Carayol, y la novela gráfica “1984”, creada a partir del original del siempre reivindicable George Orwell, adaptada e ilustrada por Matyás Namai, bien merecen hacer una pequeña parada sobre las mismas. 

La primera vuelve a tratarse de un volumen enciclopédico de fenomenal factura que aborda distintos aspectos del “mundo skate”, desde su nacimiento y evolución, pasando por la importancia de diversas figuras y marcas de ropa que han ayudado a configurar una filosofía de vida netamente urbana, callejera y contemporánea, en el marco de una obra atemporal y desenfada que mucho nos tememos servirá como disfrutar para algún que otro rockero, a la cabeza se nos vienen sin ir más lejos los nombres de Fernando Pardo de Sex Museum y Los Coronas, o del mismísimo Javier Corcobado, quien en sus años mozos fue una de las primeras figuras de éste deporte en nuestro país.

Por el contrario, la adaptación de “1984” parte de un clásico de nuestra literatura que describe a la perfección una sociedad totalitaria que ya no nos parece propia del futuro, ni de una distopia alejada de la realidad, sino propia de un presente donde los políticos juegan con las cartas marcadas buscando socavar las libertades del pueblo, ejerciendo el poder desde la atalaya propia de su casta, bajo la defensa de ideales tan altos como falsos y con el apoyo de militantes borregos tanto en las mal llamadas izquierdas como en las derechas. Esta nueva adaptación, se nos presenta arropada por unas ilustraciones plenas de crudeza y belleza, que dotan al emotivo texto de un cierto regusto siniestro, que le sienta como anillo al dado en su cometido de recordarnos que hoy más que nunca “El Gran Hermano” nos vigila bajo un cada vez más dubitativo manto democrático. Ojalá esta reivindicación de alguien que vivió en sus carnes la falta de libertad de los regímenes soviéticos como Orwell tenga su continuidad en otras obras adaptables como bien podría ser “Homenaje a Cataluña”, un canto de libertad anarquista con el que muchos seguimos emocionándonos años después de haberlo leído por primera vez, pese a saber de antemano que la historia, como tantas otras, acabaría en tragedia.

Simon Goddard: "Ziggyología: La Breve Historia de David Bowie y Ziggy Stardust”


Por: Txema Mañeru. 

Realmente nos encontramos ante la “Enciclopedia” sobre el legendario disco de Bowie, “Ziggy Stardust”. Para muchos su mejor disco y desde luego que el más influyente y decisivo en su trayectoria. Obra clave del glam-rock, aunque a mí casi me gusta más aún el “Hunky Dory”. Me encanta el consejo que pone su editorial, Ondas del Espacio: “Para leerse a máximo volumen”. Entre las 350 ricas páginas, tenemos un capítulo de 16 totalmente fotográfico titulado “Como Se Crea a Un Hombre de las Estrellas”. Entre sus buenas fotografías en blanco y negro con varias, por supuesto, del propio Bowie, tenemos también a músicos como Little Richard, Vince Taylor, Iggy Pop, pero también a Andy Warhol, el vaquero Stardust o Alex y sus otros compañeros de “La Naranja Mecánica”. También la calle que aparecía en la portada del disco o la cabina telefónica de la contraportada.

El original en inglés se publicó en 2013 y la buena traducción actual la ha firmado Javier Peleteiro, todo envuelto en tapas duras y preciosa portada. Goddard es autor de otro destacado libro publicado en Ondas del Espacio. Te hablamos de “The Smiths 1982-87. Canciones Que Te Salvaron La Vida” que recibió inmejorables críticas muy justificadas. Es un experto en Bowie y se nota, siendo creador de la serie “Bowie Odissey” y siendo considerado “Bowie Odissey 70” el libro del año para el Sunday Times. 

Aquí tenemos la guía completa sobre cómo David Bowie dio forma a uno de los personajes más famosos de la historia del rock, Ziggy Stardust. El libro aparece ahora en castellano cuando se cumplen diez años de su muerte, aunque Bowie sigue más vivo que nunca. Su primera “muerte” fue mucho antes, cuando acabó en pleno directo con Ziggy Stardust, el mayor invento de la historia de la música pop, el dios del rock que vino de las estrellas, y que impactó al joven Bowie como un rayo caído del cielo.

Estamos en realidad ante 2 libros en uno para saber quién era realmente Ziggy Stardust y conocer de dónde venía. Luego también tenemos la explicación de por qué tuvo que matarlo. El Libro I se titula “El Advenimiento delo Hombre de las Estrellas” y el Libro II, “La Tierra Bajo El Hombre de Las Estrellas”. Entre medias ese ya citado capítulo fotográfico para saber cómo se creó el personaje. Esta es una obra de arqueología pop suprema, desentrañando todas las influencias que dieron vida a Ziggy, desde Elvis y Little Richard hasta Iggy Pop, desde el kabuki hasta Kubrick y “La Naranja Mecánica” y desde H. G. Wells hasta Holst. Un drama épico y breve con su agitada permanencia entre nosotros.

En el magnífico Prefacio Goddard nos explica que esta es la historia de cómo Ziggy entró en la cabeza de Bowie y de lo que ocurrió una vez allí. Es, sobre todo, la historia de Ziggy Stardust, pero solo a veces la de David Bowie. Dice que este libro fue escrito por amor y eso se nota al leerlo, como ratifica un buen Prólogo con cita amplia de Arthur C. Clarke. El Epílogo finaliza diciendo que todos estamos hechos de polvo de estrellas y que todos somos Ziggy Stardust. También nos cuenta lo que les sucedió a todos los músicos y artistas que estuvieron relacionados con tan magna obra. La puedes leer oyendo el disco de Bowie, pero también la buena versión que hicieron del mismo nuestros Capsula. ¡Ziggy Plays Guitar…!

Malcolm Scarpa: “Malcolm’s Not My Name”


Por: Txema Mañeru. 

En los últimos tiempos el bueno de Malcolm ha pasado a menudo por éstas, tus páginas de El Giradiscos. Él ha sido siempre un artista y una persona muy impulsiva en ciertos aspectos de la vida, y hasta compulsivo, sobre todo, a la hora de crear. Después del anterior festín de inéditos, “Malcolm Meets Scarpa” (Gaztelupeko Hotsak), tenemos esta tanda más grande aún con más calidad y mejor sonido. ¡Un festín para sus selectos seguidores!

Era mucho más grande que la repercusión popular que tuvo en su momento. Sigue demostrándolo años después de su prematuro y triste fallecimiento. Un músico y prolífico creador que tocó rock, cabaret, pop, country, ragtime, folk, tango y mucho blues, pero cuidando siempre mucho sus melodías y las historias que nos contaba en sus ágiles y muy variadas canciones. Hace poco más de 2 años, su hermana Rosa, recuperó 30 temas inéditos (22 en la cuidada edición en vinilo) para el citado “Malcolm Meets Scarpa”.

En estos dos años también hemos tenido reediciones remasterizadas y ampliadas (2 de ellas con 4 compactos y una con 3 y más de 80 temas con muchas buenas tomas en directo) de sus tres primeros y muy destacados discos, “Malcolm Scarpa”, “My Devotion” y “The Road Of Life Alone”. Todas ellas en cuidadas ediciones 30 Aniversario con amplios libretos y tiradas limitadas, publicadas por Caballero Reynaldo Producciones Psicotrópicas. Artefactos que han pasado también por nuestras páginas. Pues bien, ahor, hay que sumar a esta rica avalancha de material (con muchos inéditos) los 64 temas inéditos de este “Malcolm’s Not My Name” (Scarpa Rose Marie) con cuidada edición y elaboración a cargo de su propia hermana. Casi 2 horas y media de canciones.

El primero de los compactos se titula “Malcolm Completo” y trae 30 temas inéditos con originales composiciones mayormente de los 80. Además, con varios de ellos cantados en castellano, algo bastante sorprendente pues siempre publicó mayormente temas en inglés e instrumentales. Algunas joyitas, entre ellos, como "El Muñeco", la distendida "La Baldosa", "Enamorado de Una Cupletista", el cachondeo swing de "La Madam", "Yo Sé Echar Champán" o el puro blues del Delta de "Merino’s Blues", que son ideales para apreciar mejor su variedad de letras que juegan con la ironía, pero que, otras, tienen mayor profundidad y con muchos detalles descriptivos. Mucha variedad también instrumental, como siempre, y muchas joyas desconocidas. 

Comienza con "Second Fiddle", tema marca de la casa con aire a los Beatles más psicodélicos. Preciosa melodía y coros encontramos en "Nata Recording Data" meintras brillan instrumentales como el muy relajante y melancólico "Habitación 503". ‘Dreamin’’ es de las mejores y es para soñar realmente con esa melodía hermosa. "Quasimodo" resulta espeluznante y sobrecogedora, para mí se puede considerar su propia "The House of Risin’ Sun". El violín destaca en su "¡Tango!" y "Open The Window" contiene una destacada guitarra con un vibrante ritmo country. "Lady Of My Dreams" supone un canto tierno y romántico.

El segundo compacto se titula “Jacquelines, Lorelei y Otras Hierbas” y se va hasta los 34 temas. Arranca con un goloso inédito de The Jacquelines titulado "Stranger In My Arms", una absoluta preciosidad romántica. Además encontramos maquetas del inédito “Lorelei” que tristemente no pudo publicarse. "Why Does Love Have To Be So Cruel" es una preciosidad lenta y melódica que te recuerda al mismísimo Roy Orbison. Sonidos eléctricos y psicodélicos comparecen en "It’s All A Cham"mientras que en "Susan" se presentan bajo un lento pop que se mueve entre Syd Barrett y los Moody Blues. Nos vuelve a traer a la mente a Barrett o a Robyn Hitchcock con estupendas melodías como las de "A Party For Losers" o la final y romántica "Baby It Must Be Love", con sus voces dobladas. Volvemos a disfrutar de algunos de sus característicos y breves instrumentales, en los que demuestra que era un fantástico guitarrista, como "Black Garden’s Rose", "Treasure Of Love Part. 1" o "Flashes of Beauty". La mayoría de temas están sacados de una casete titulada “Into Something Good” con pocos temas por encima de los 3 minutos, pero con alguna excepción señalada como "I Can’t Get Out Of My Dreams".

Todo lo encontramos en un chulo y cuidado formato digibook y con un precioso y completísimo libreto de 28 páginas. Tras un buen texto de presentación de Rosa, tenemos un resumen explicativo de algunas de las canciones. Luego llega la parte más divertida del libreto con el explicativo título de “Alguna Historieta y Un Inventario de Ocurrencias”. Algunas de ellas realmente para partirse la caja. ¡Su sentido del humor era también original y espectacular! Ejemplo: “Bogart y Lauren Bacall hacían buena pareja, pero Bogart con Lauren Postigo hubiera sido brutal”. Los créditos quedan algo cojos pues se desconoce quién tocó algunos instrumentos. Otra buena idea es la aparición de un código QR para acceder a sus muy especiales letras. Entre los agradecimientos músicos muy importantes de ayer y de hoy como Luis González (Caballero Reynaldo), Flaco Barral, Ñaco Goñi o Iñigo Bregel, entre otros.

Prácticamente al mismo tiempo la Editorial Desacorde ha publicado el segundo libro de Malcolm, con el título “Memorias de Pepe Guinea”. Escritos inédito con su particular estilo y con el que ya sorprendió en su anterior libro, “¿Qué Te Debo, Jose?”. Frases lapidarias, pensamientos más o menos absurdos, ocurrencias varias, chistes (algunos cojonudos como los que aparecen en el libreto del doble compacto) y comentarios de todo tipo, aunque nunca absurdos, a pesar de su apariencia. Combinar su lectura con la audición de muchos de estos destacados temas inéditos será una gran experiencia para los exquisitos seguidores del bueno de Malcolm. ¡Era grande y sigue demostrándolo 3 años después de su prematuro fallecimiento!

Ian Gittins: “The Cure: un sueño perfecto”


Por: Javier González. 

Querido lector, reserve un día concreto aislado del mundanal ruido para sumergirse en esta aventura de extrarradio londinense donde los sueños y las pesadillas se funden para dar como resultado una trayectoria tan sinuosa como sobresaliente.

La historia no es muy distinta a la de otros postadolescentes enamorados del punk, el terremoto que asoló a finales de los años setenta Inglaterra para mostrar a una inmensa mayoría de chavales sin futuro que no era necesario ser un virtuoso de la técnica musical para tener una banda con la que poder subirse a los escenarios y lanzar incendiarias plegarias, ante el panorama desolador de un mundo en llamas donde el paro y los conflictos laborales eran cosa habitual. 

Y como tantos otros británicos del momento en esa tesitura se encontraban Robert Smith, Lol Tolhurst y Michael Dempsey, quienes junto a su viejo conocido Porl Thompson, formarían Malice para más tarde, sin la compañía del citado Porl, dar vida a Easy Cure acortado posteriormente a The Cure, arrancando de ese modo la historia de una de las grandes bandas de la música contemporánea internacional. 

En estas páginas se desmenuza con sumo detalle desde la prehistoria de The Cure hasta el antes de ayer más reciente del grupo. Asistiremos a la formación y ascenso de la banda de rock gótico más influyente de todos los tiempos, también a la génesis de unos primeros trabajos que ya contenían gran parte de su imaginario lírico y musical, los cuales fueron recibidos con cierta tibieza por la prensa especializada del momento, quienes los tildaban de pretenciosos, pero que sin embargo iban calando poco a poco en un público cada vez más mayoritario. Todo ello hasta llegar a su posterior “Disintegration”, la obra cumbre con la que los escépticos no tuvieron más remedio que agachar las orejas y aplaudir a rabiar un disco monumental; sin dejar de lado la travesía del desierto de comienzos del siglo XXI, donde la banda parecía cansada, desnortada y sin ideas interesantes para plasmar en nuevo material,  quizás por ello el revuelo y parabienes obtenidos por en su último y exitoso “Songs of a l ost World”, com el que  han demostrado que su legado sigue vigente, así como su capacidad para facturar trabajos capaces de dejar sin aliento al más pintado. 

Todo ello arropado por un desarrollo milimétrico de cada uno de sus trabajos, desmenuzados y dotados de un contexto que nos acerca al momento vital de la banda tanto en el proceso de gestación como de grabación, lleno de detalles históricos, vivencias y experiencias, pero también malos rollos, broncas millonarias y reconciliaciones tan humanas como sencillas entre viejos camaradas, sabedores que las coyunturas concretas de giras, ensayos y noches químicas y etílicas no deben hacer olvidar las tardes de ensayos adolescentes, remando juntos en pos de una ilusión propia de tres chicos imaginarios. Y sí, cómo no, todo ello regado por un lujoso catálogo de detalles donde se relatan los excesos típicos del rock, amplificados aquí hasta el extremo con escenas a mitad de camino entre lo sórdido y lo descacharrante.

En definitiva, otra obra más disfrutable de principio a fin, que además cuenta con una cuidada edición, aportando una serie de fotografías que harán las delicias de todo buen aficionado, algo que, por otra parte, en la editorial Blume suele ser marca de fábrica en cada una de sus cuidadas y siempre interesantes ediciones.

Ian Gittins firma un fenomenal “The Cure: un sueño perfecto”, que mucho nos tememos también será un regalo perfecto para melómanos empedernidos amantes de las oscuras pesadillas que rondan por la cabeza del señor Robert Smith.