Muse: “Will of the People”

 
Por: Javier Capapé

Matt Bellamy no nos engaña. Por más que lo intente se le ven de lejos sus intenciones. Esas que intentan traernos de nuevo a los Muse más inspirados. Pero no, parece que esos Muse no volverán. Se quedaron ya muy lejos, entre "Black Holes and Revelations" y "The Resistance". Después ya nada ha sido igual, por mucho que lo hayan intentado con discos temáticos comprometidos con el legado de la humanidad como "The 2nd Law", arengas revolucionarias que invocaban a su pasado más guerrero como "Drones" o pseudo-modernismos pasados de rosca como "Simulation Theory".

El noveno disco de Muse nos lo han vendido como la vuelta a su lado más crudo, una reconciliación con sus seguidores más puristas, sobre todo después del descalabro de su predecesor. Y en las formas o hasta en su primera escucha así nos puede parecer, pero sinceramente creo que a Bellamy se le ha agotado esa chispa que le distinguía del resto de los mortales en su último lanzamiento. Le falta credibilidad. No basta con subir la distorsión y los decibelios, tampoco basta con emular a su añorado Freddie Mercury. A "Will of the People" le falta alma, aunque a pesar de ello consiga destacar entre las últimas propuestas de los británicos.

El tema que da título a esta colección es contundente y está muy politizado (en una línea temática ya explorada anteriormente por el trío). Conducida por esos coros casi automatizados y esas guitarras cortantes junto a la voz de Matt Bellamy que va de un filtro a otro. La melodía, sin embargo, parece demasiado ligera, no encaja bien con esa contundencia que quieren mostrar en la primera muestra del disco. Como la mayoría de los temas del mismo es conciso y directo. Tres minutos son suficientes, pero casi se hacen largos en esta ocasión.

"Compliance" es más ochentera, con esos teclados que recuerdan al hard rock para todos los públicos de Bon Jovi o Deff Leppard. Se queda como muchos de sus últimos singles, en un quiero y no puedo, en un intento de volver a engancharnos con un single autocomplaciente, pero que no llega a ser efectivo más allá de media docena de escuchas. Es una de las canciones del disco que más entronca con su predecesor y quizá por eso no termina de encajar con sus más fieles seguidores, pero para eso viene el piano que introduce "Liberation", al estilo de los Queen más épicos (hasta en los coros parece que estén presentes Brian May y Roger Taylor). Una balada que consigue estremecernos por momentos y hacernos ver que aún queda algo de esos Muse enamorados de las melodías clásicas que nos engancharon a comienzos del nuevo milenio.

"Won't stand down" destaca como single potente, sin fisuras. Uno de los más duros y metaleros de todo su repertorio. Demasiado pesado en su ejecución, pero es lo que se esperaba como revulsivo a sus anteriores propuestas más electrónicas. Es la que más parece sacada de "Showbiz" u "Origin of Symmetry". Su fuerza desbocada contrasta totalmente con la suavidad de "Ghosts (How can I move on)". Delicada y preciosista. Eso sí, una canción que podría firmar Bellamy en un disco en solitario perfectamente, pues a sus compañeros ni se les intuye. Aún así brilla por su interpretación sentida a la par que perfeccionista, todo lo contrario a "You make me feel like it's Halloween", un compendio de guitarras y sintes que parece sacado de una película de terror adolescente de los ochenta, pero es por eso mismo que gana enteros y engancha, aunque por momentos pueda parecer una pantomima. Tan divertida como transgresora. Tan tarareable como contundente, pero ante todo arriesgada y sin complejos (hasta con Michael Jackson y su "Thriller" podría haber encajado como fiel compañera).

"Kill or be killed" sí que es heredera directa (aunque hábilmente actualizada) del sonido de los primeros álbumes de Matt Bellamy, Dominic Howard y Christopher Wolstenholme. Épica desgarradora para corear en un estadio hasta la saciedad, pero sin perder sus toques metaleros. Para arder mientras su solo de guitarra nos recuerda que Bellamy sigue siendo uno de los músicos más virtuosos de entre sus coetáneos. Seguidamente, "Verona" tiene un desarrollo in crescendo que nos va atrapando, gracias entre otras cosas a la interpretación contenida de Bellamy, y cuenta con las guitarras más cristalinas del lote, que da gusto escuchar tras tanta distorsión. Sin duda es una de las canciones más inspiradas del disco, dejando claro que la segunda parte del mismo les ha quedado más lucida a pesar de no mostrar tanta garra. Aquí suenan más firmes y creíbles, algo que también pasa con "Euphoria", que es como la segunda parte de su gran éxito "Time is running out" pero subido de vueltas. Y aunque las referencias sean demasiado claras, nos gusta. Eleva la épica del conjunto para demostrar que su fórmula clásica es lo que verdaderamente funciona en Muse. Una canción de estadio de los pies a la cabeza, concluyendo con la crudeza de "We are fucking fucked", la más garajera de todas. Más creíble que los que han sido singles de este mismo disco para representar su espíritu, que va desde el reconocimiento de la situación social actual pasando por la sumisión, para desembocar en la revolución y la liberación de las masas.

No estoy seguro de que la "voluntad de los fans" de Muse fuera exactamente este disco, que ellos mismos definen como un grandes éxitos pero con canciones nuevas, aunque es un disco que a pesar de sus defectos consigue una cierta reconciliación con este trío que siempre nos había convencido entre sus proclamas y sus guitarras y que llevaba un tiempo dejándonos algo desconcertados. No es un disco brillante. Más bien es modesto. Pero bastante más acertado de lo que podíamos esperar de la banda de Devon, aunque esta afirmación la tengamos más clara conforme avanzan las pistas y el grupo ofrece su cara más clásica (por llamar de alguna manera al estilo que enarbolaron en sus asombrosos primeros discos).

"Will of the People" probablemente se olvide pronto (o al menos hasta que su sucesor nos haga volver a afirmar que Muse ya no son los mismos de antes), pero mientras tanto nos dejará algunos buenos momentos, quizá algo forzados, pero que puedan recordarnos a su faceta más clásica, por interpretación e intención. Pero no nos engañemos, como decía al principio, no busquéis a los Muse que elevaron el rock de estadio hasta casi los cielos con ese directo grabado en Wembley en 2007 que fue "Haarp". No busquéis al Bellamy más certero. Buscad al que se adapta a los nuevos tiempos para intentar seguir trascendiendo entre las nuevas hordas de metaleros con alma, pero con algunas canas de más, inversamente proporcionales a la agudeza sonora que le caracterizaba en sus años de gloria. Y a pesar de todo, estos son los mejores Muse que el 2022 podía darnos. Sin duda.