The Replacements: "Tim (Let It Bleed Edition)"


Por: Artemio Payá

Grata noticia la que recibimos los “Matsheads” cuando se informó que la maquinaria de rescate se había vuelto a poner en marcha con los de Minneapolis. Hace tres años ya hicieron lo propio impartiendo justicia con “Don’t Tell a Soul”, para mi gusto un trabajo menor de The Replacements pero que estaba repleto de canciones espectaculares lastradas por unas mezclas que no le hacían justicia (tampoco esperen objetividad en estas líneas). No sólo eso, sino que el material extra era igualmente jugoso (su etílica sesión con Tom Waits) como un pletórico concierto incluido en la edición. Un año más tarde decidieron hincarle el diente a “Pleased to meet me”, con más de una golosina en los extras que acompañaban y que venían envueltos en una bonita edición repleta de profusas notas interiores. 
No voy a entrar a debatir en este punto si es necesario que un disco suene diferente a como ha sonado en los últimos 35 años, pero la cuestión es que desde mediados de septiembre tenemos entre manos “Let it Bleed”, fruto del retrabajo que se ha llevado a cabo con la que para muchos (me incluyo) sea su obra maestra: "Tim". La música nos ha vuelto a transportar a 1984, año en el que se estaba fraguando el caldo de cultivo previo al boom de la música independiente que marcaría el final de la década y el comienzo de la siguiente: Sonic Youth ya repartían distorsión a tutiplén, REM había despuntado con “Murmur” y sus vecinos Hüsker Dü habían puesto en circulación el no menos sensacional “Zen Arcade”. Replacements por su parte estaban considerados “the next big thing”, eran el próximo caramelito de las grandes discográficas puesto que ya su anterior LP , “Let it be”, había conectado de maravilla con el público joven y “Unsatisfied” se estaba convirtiendo en un himno generacional. Y no sólo eso, sino que tenían un punto más comercial que los citados Dü, aunque en su contra jugaba su reputación de chavales desharrapados y borrachuzos entre los que se encontraba un niñato de 18 años que llevaba empuñando el bajo desde los 13 por los más granados escenarios de los Estados Unidos.

Es más, cuando Peter Jesperson, mánager y gerente la discográfica Twin/Tone decidió invitar a la flor y nata de la industria para ver quién se llevaba el gato al agua con un concierto en el CBGB decidieron boicotearse, llegar mamados y ponerse a destrozar versiones. Solamente hubo dos personas que vieron madera en ellos: Alex Chilton y un A&R de SIRE, que decidió convencer a Seymour Stein para que acudiese a otro concierto suyo en Nueva York para ver a estos chavales de los que tanto se hablaba. El olfato de Stein casi nunca fallaba y decidió apostar por ellos sin pestañear como había hecho anteriormente con The Ramones o Madonna el año antes. 

Lo primero que hicieron fue ponerse manos a la obra con un Alex Chilton, ídolo de Paul Westerberg , que acababa de salir de su retiro y que resultó el productor elegido para la ocasión, juntándose con ellos en Minneapolis para trabajar en los primeros esbozos de las canciones. Aquí encontramos (también disponibles en la reedición de 2008) algunos de los resultados de la unión, con mención especial para “Can’t Hardly Wait”, un tema que Westerberg llevaba en la cabeza desde hace tiempo y que intentaron en acústico, en eléctrico y hasta con violoncello. Finalmente, el que iba a ser el hit del disco, quedó aparcado hasta que Jim Dickinson le diera forma añadiendo vientos y cuerdas, pero esa sería otra historia. También trabajaron en “Letf of the Dial”, otro clásico del grupo y un homenaje a las radios universitarias que les habían aupado desde la independencia mezclado con el dolor de una relación a distancia. Uno de los temas producidos por Chilton acabaría en "Tim", pero la colaboración no fue más allá, aunque no se iban a olvidar de él como lo atestigua el tema homenaje que quedó alojado en “Pleased to meet me”. 

La gran diferencia en este “Let it Bleed” con respecto a “Tim”, y su principal atractivo, son los remezclas de todo un veterano como Ed Stasium , que retoma el trabajo del productor original del disco, su colega Tom Erdelyi (AKA Tommy Ramone). Las canciones siguen siendo las mismas, es decir que no había milagros que hacer, pero ahora los temas brillan mucho más, se hacen más ricos en matices y suenan con mucho más punch que en el disco original, que quedó algo lastrado por una masterización que ahogaba el sonido. Algún solo que había quedado enterrado aparece como un destello para darle luz y empaque a todo el conjunto. Siempre fueron una banda de rock americano con espíritu punk, una banda que era capaz de contar historias que llegaban al corazón, pero sin perder las raíces de la calle, y es en “Tim” donde este punto medio fue perfecto. Las tonadas siguen siendo las mismas y la calidad está ahí: joyas que te hablan al oído como “Kiss me on the Bus”, “Waitress in the sky”, “Hold my Life”, la mencionada “Left of the Dial” y por supuesto dos historias atemporales: “Bastards of Young”, su himno a una juventud desencantada ( Los que más nos aman son los que dejaremos descansar / Y visitar sus tumbas durante las vacaciones en el mejor de los casos/ Los que menos nos aman son aquellos por quienes nos morimos por complacer ) y el certero retrato del alcoholismo siguiendo a un habitual de la barra (“Here comes a Regular”). Cualquier banda mataría por alguno de estos temas y si además hay alguien que los canta como Westerberg, miel sobre hojuelas. 

Empaquetado todo en una cuidada edición con extensas notas interiores a cargo del escribano oficial de la banda (Bob Mehr), el lote cuenta además de los remezclas (en vinilo y CD) un disco con las mezclas originales remasterizado, las mencionadas sesiones con Alex Chilton y un directo en enero del año 86 en el Metro de Chicago. Eran los últimos momentos en el grupo de Bob Stinson y se nota que van con cuchillo entre los dientes, repasan el mentado “Tim” y además actúan como un huracán espoleado por himnos como “I Will Dare” o “Color me Impressed”, únicamente respirando para una rendida “Unsatisfied” y con un Westerberg desgañitándose en cada tema mientras pasan por encima de sus propios temas o de versiones de KISS, Stones, Sham 69, The Novas o The Beatles. Es un buen recuerdo, pero lejos del sensacional directo de la misma gira grabado en el Maxwell (editado hace algunos años) y que cuenta con mucho mejor sonido.

Un poco más arriba me preguntaba si era necesario este tipo de ediciones, pero no seré yo quien emita el veredicto, esto decía Patterson Hood hace unos días en redes sociales: “El sonido de mierda de "Tim" literalmente me cambió y salvó la vida, pero la nueva mezcla de Ed Stasium es como si alguien hubiera quitado la almohada del altavoz. "Tim" siempre ha sido mi favorito, aunque me gustara más el sonido de "Let it be". Esto es una obra maestra”. Poco más que añadir, aunque sigamos guardando como oro en paño el disco con un con el encanto imperfecto del sonido original tal y como vio la luz en 1985, estas canciones se merecían una segunda vida.