Madness: "Theatre Of The Absurd Presents C'Est La Vie"


Por: J.J. Caballero

¿Un grupo como Madness haciendo un disco conceptual en pleno siglo XXI? Sí, es posible; y además está plenamente justificado. El caso de la banda de Cricklewood, un pequeño área industrial londinense, sigue siendo único y casi digno de estudio. Cuarenta y cuatro años tocando y divirtiéndose juntos, sin hacer demasiado caso de los vaivenes de la industria y la escena del pop internacional, los sitúan por encima del bien y del mal alcanzando el estatus de clásicos inmarcesibles capaces de hacer canciones de largo recorrido, acercándose y alejándose a placer de aquella inovidable “One step beyond” que aún suena en cadenas de radio "oldies" y fiestas populares de todo tipo y condición. El sarcasmo y el aire festivo y algo gamberro de su propuesta original se abre ahora a las contradicciones propias del paso del tiempo y los continuos replanteamientos vitales y artísticos que, sin embargo, no les han hecho abandonar la senda de la coherencia y la personalidad que siempre les acompañaron. Presentar un trabajo como “Theatre of the absurd presents C’est la Vie” es a estas alturas un ejemplo de osadía y seguridad en sí mismos. De la empresa salen reforzados y completamente indemnes, autoproduciéndose y sonando más pop de lo que parece a la vez que expandiendo una marca sonora que conservan y actualizan sin complejo ni deriva aparente.

Los temas que plantea y nos hace replantearnos esta función de music hall –ópera pop tampoco sería un término descabellado- en varios actos cuyo maestro de ceremonias es el gran Martin Freeman, encargado de los interludios y presentaciones entre los cortes, viran desde la radiografía al estado británico en clave festiva de “C’est la vie” o “What on Earth is it (you take me for)?”, a la manera descreída de un Ian Dury o de unos Kinks eternamente comprometidos con la causa, hasta la crónica certera de “Set me free (let me be)” y la mirada funky y acelerada para contar cosas importantes en “If I go mad” o “Run for your life”, donde alertan de una guerra inminente que quién sabe si ya ha comenzado, si echamos un vistazo rápido a las noticias en portada o a las eternas tensiones del mapa político internacional. Siempre con la voz justita de Graham ‘Suggs’ McPherson oteando el horizonte de las desdichas propias y ajenas para darles una pátina de autenticidad saliéndose de un guión que en verdad ellos nunca dejaron escrito. El bajo de Lee Thompson apuntala el galope de “In my street”, una de las piezas más canónicas del clásico sonido Madness, lo mismo que “Baby burglar”, con su metáfora perfecta con un ladrón de bebés para explicitar algo mucho más grave, o ese “Theatre of the absurd”, toda una declaración de intenciones de la melancolía que exhala la mayoría de unos temas en los que los miembros de la banda se presentan como meros actores en un tiempo del que son lúcidos testigos pero al que no pertenecen por voluntad propia. Hasta se atreven a retratar, no sin cierto pesar, las consecuencias de la era Covid y sus efectos en “Lockdown and frack off” con un poso melódico poco menos que inédito en su amplísima producción. Poderes fácticos y tácticos atribuidos a gente que sabe cómo y cuándo hacer uso de ellos.

Con un trabajo así de denso, divertido y perfectamente estructurado, Madness reivindican un concepto que siempre les perteneció, el del teatro del absurdo que ya popularizaran Samuel Beckett y otros ilustres dramaturgos hace un siglo, y dejan para mejor ocasión las conjeturas que podrían hacerse respecto a su longevidad artística. De momento este nuevo rol parece gustarles demasiado, y a quienes aún los tenemos el alta estima tampoco nos parece nada equivocado