Revolver: “LA 03010”


Por: Javier Capapé. 

Pisamos terreno conocido, pero nos gusta. Volver a las coordenadas de la música de Revolver es sentirnos seguros. Rock de factura clásica, de manual, pero siempre convincente. Carlos Goñi no pretende ofrecernos lo que no es. Lleva bastantes años asentado en la misma senda. Desde que reforzase su formato trío con aquel fantástico directo “Enjoy”, ha ido incorporando algunas pinceladas menos puristas a su rock (sirva de ejemplo el exquisito “Capitol”), pero ante todo ha predominado la potencia y la electricidad en sus reivindicables “Babilonia” o “Adictos a la Euforia” (e incluso en su más reciente disco de versiones ajenas “Playlist”). Este “La 03010” (el vigésimo segundo de su amplia trayectoria) sigue por ese camino. Nos ofrece una buena dosis de rock and roll sin experimentos. Directo a la yugular. Canciones con una buena dosis de afiladas guitarras y una contundente sección rítmica. No importa si los desarrollos de sus canciones son largos o si el disco excede por mucho los estándares actuales de duración. Por delante está lo que la canción necesita, junto a unas letras que se detienen en la exploración de nuestros sentimientos a través de historias ajenas, pero que si les prestamos la suficiente atención lograrán cautivarnos como si formáramos parte de las mismas.

En el caso de este disco las historias de sus letras giran en torno a un protagonista de nombre Marcial Cuartero (hasta tres canciones lo llevan por título), pero que bien podría ser el mismo Carlos Goñi, ya que las experiencias de éste son, en parte, paralelas a las que pudo vivir él mismo desde su infancia hasta su primera explosión de juventud, marcada tanto en el disco, como en la vida de Goñi, por un concierto de Bruce Springsteen en su gira “The River”. El propio músico de origen madrileño se ocupa de la producción de uno de sus discos más personales y se rodea de Miguel Giner a la batería, David Samaniego al piano y teclados, Alfred Lorente en el bajo, y Carlos Máñez, Ferrán Verdú y Manu Pardo a cargo de la sección de metales. Unos músicos que reman en la dirección correcta, esa que marca el rock de la vieja escuela, con un pie en los sesenta y otro en el nuevo country o Americana.

Pero vayamos a la esencia de esta historia. A sus canciones. “Marcial Cuartero I” da el pistoletazo de salida a este disco denso con una canción en la mejor línea del rock de autor. Una canción que va tomando cuerpo progresivamente mientras entran los instrumentos llevándonos a los primeros años sesenta. Cuenta los inicios de la historia del protagonista o foco de la obra mientras sus versos se llenan de referencias. No tarda en llegar una de las más contundentes de la colección. “Aquellos días” gira en torno a la añoranza, pero sin pesares, buscando lo positivo. En una línea directamente emparentada con “Born to Run” (hasta en la forma de buscar las bajadas y subidas de intensidad) nos muestra las mejores cartas del alicantino de adopción y se graba rápidamente en nuestra piel (por algo fue escogida como carta de presentación).

Encontramos también esas canciones en las que Goñi recita más que canta, mostrando una gran solvencia avalada por cuarenta y cinco años de carrera desde que arrancara con Comité Cisne. “Mis asuntos y batallas” tiene ese perfil arrastrado mientras los versos recitados nos vuelven a llevar a pasajes nostálgicos donde nos narra todo tipo de vicisitudes del protagonista global de la obra. Aunque para recitado el de “No practicar esgrima con pistoleros”, cuyo rock de carretera muestra un gancho tan adictivo e intrigante como su propio título. “Mundos paralelos” arranca como la plegaria de un predicador para luego tornarse en una ranchera de libro, y la segunda que lleva por título a Marcial Cuartero nos seduce con su sencillez acústica interpretada con el aura de un club de carretera. Como si se encontrara cara a cara con su público, sin adornos ni nada que nos despiste.

“Pelea entre dos frentes” y “El último Bucanero de San Blas” son dos de las más intensas del lote. La primera es un rock de la vieja escuela con un buen riff que nos lleva casi de persecución, con mucha urgencia (de hecho hasta se escuchan sirenas para narrar la supervivencia de barrio como concepto), y en la segunda son los metales los que llevan el riff en un rock de la escuela de Jerry Lee Lewis, contando también con un piano de lo más interesante. Con ellas llegamos hasta el tercer corte dedicado directamente al héroe del disco, esta vez en forma de country ligero en cuyo eje se encuentra el concierto de presentación de “The River” en Barcelona. ¿Es Marcial Cuartero el que habla o el propio Carlos Goñi? Esta misma pregunta planteábamos antes, pero es algo que inevitablemente nos viene una y otra vez a la cabeza al escuchar el disco en su orden lógico. Porque puede ser un disco de singles (ahí está como ejemplo la adictiva “Lo mejor de mí”, que a buen seguro se convertirá en imprescindible en su gira), pero como su propio autor decía es más correcto entenderlo como “el musical de una vida en una hora”. Por eso mismo “King’s Road” vuelve a recopilar la vida de Marcial con el paso de los años (preciosa esa imagen tan críptica que se refleja en el verso “desde el día que quemamos en la playa los querernos y quereres”) y “Como una margarita entre adoquines” deja un regusto de historia abierta con el amor de su vida. Sí, volvemos a repetir que ésta es la historia de Marcial Cuartero, pero también de los personajes que quedan ligados a ella. Protagonistas de algunas de las canciones y guía de la propia secuencia de este disco que puede entenderse como la montaña rusa emocional experimentada por un joven de barrio (el título “LA03010” hace referencia al barrio alicantino de Los Ángeles cuyo código postal son los números que nos desconcertaron al saber por primera vez de este álbum) desde su infancia hasta las puertas de su vejez. Persiguiendo los mismos sueños, atrapado por las mismas personas y aprendiendo de cada herida. Por todo esto es quizá más fácil analizar o entender esta obra desde su lírica (y encontrar así todo su sentido) que desde su instrumentación, que como decíamos antes, se mueve en las mejores coordenadas del rock tan bien manejado por el responsable de Revolver, que tras más de treinta y cinco años sumido en este proyecto, no es solo un clásico de nuestro panorama, es la vida misma hecha canción para toda una generación de fieles al sonido áspero y aguerrido proyectado por su telecaster.