Edi Clavo: “Actualmente veo el rock un poco muerto, quizás sea un buen momento para que surja alguien interesante y arrase”


Por: Javier González. 

Foto: Edi Clavo. 

Edi Clavo es un hombre cortés, elegante y certero. Sigue siendo el mismo tipo que robaba todas las miradas en aquellas fotos en blanco y negro de la primera etapa de Gabinete Caligari. Allí nos interpelaba con chulería, descaro y altivez, mostrándose como el batería más macarra del foro, un título que nadie ha tenido bemoles a arrebatarle todavía. Créanme, basta con escuchar la forma con que remata cada frase para darse cuenta que lo suyo tiene la impronta madrileñísima y castiza de orgulloso hijo del foro, puro descaro lleno de soltura y sin atisbo de impostura, capaz de cautivar a cada fraseo por  rotundidad estética. 

Vive apartado de la labor musical desde hace demasiados años. Disfruta retirado en sus cuarteles de invierno de la calidad de vida que ofrece la sierra madrileña, abandonando el refugio en contadas ocasiones, casi siempre con alguna excusa musical. Algo que ha vuelto a ocurrir por partida doble, puesto que acaba de entregarnos un nuevo nuevo libro, “Suite Nueva Ola”, donde enmarca con exactitud fotográfica el período musical de finales de los setenta en nuestro país, presentando en primera persona el desembarco de un nuevo paradigma que removería los cimientos de una sociedad que todavía luchaba por escapar del blanco y negro político, y la reedición de “Al Calor del Amor en un Bar” (Warner), una de las grandes obras firmadas por Gabinete Caligari, que lleva circulando unas cuantas semanas en una nueva presentación en formato vinilo que no hace sino elevar la belleza de un disco que siempre fue mucho más que una simple colección de canciones. 

Sin duda dos buenas excusas para descolgar el teléfono y mantener una nueva e interesante charla con un mito de nuestro rock and roll. Quien nos lea habitualmente ya lo sabrá, pero en esta casa somos profundamente admiradores de Edi Clavo. Y más si cabe en estos tiempos convulsos, de aires impostados e ídolos de tercera categoría aptos para el niño y la niña, donde cada vez más a menudo el cuerpo pide un chispazo de autenticidad rockera, con toque cultureta y aires mesetarios. Eso sí, se sobrentiende, siempre con un fino toque de elegancia y decoro. 

¿Qué tal, Edi? ¿Cómo la vida desde tu privilegiado retiro en la sierra madrileña? 

Edi: Sigo dedicado a mis elucubraciones mentales y literarias. Estoy tranquilo pasando mucho tiempo en mi casa, donde lo veo todo desde la distancia, aunque de vez en cuando bajo a Madrid y me meto en la verdadera selva. 

Vuelves a la actualidad gracias a un nuevo libro, “Suite nueva ola”, donde nos hablas en primerísima persona del cambio de paradigma que supuso el final del “Rollo” y el paso progresivo a la “Nueva Ola”. ¿En qué momento y de qué forma comienzas a pensar en la posibilidad de hablar de este libro? 

Edi: Al acabar el libro anterior, “Viva el Rrollo!”, centrado en la época de mitad de los años setenta, me di cuenta que había una agujero temático sobre “Nueva ola madrileña”, ya que no está muy estudiada ni comentada, cosa que no ocurre con “La Movida” de los años ochenta, que sí está documentada con cientos de artículos y libros. Era ese período anterior, centrado en los años 79-80, el que me interesaba estudiar y clarificar. Fui protagonista en aquel tiempo por lo que aprovechando mis conocimientos me parecía una buena idea investigar sobre aquel período de la historia del rock en nuestro país. 

“El negocio actualmente es más visual que musical” 

Tengo que felicitarte porque en la lectura se percibe que hay un gran labor documental y de investigación, donde se nota tu vena de historiador. 

Edi: Pretendía hacer un libro desde la experiencia personal, pero utilizando las herramientas del historiador. Todo lo que aporto está contrastado con datos y fechas, pero también aporto mi trayecto personal, relacionado con la música que escuchaba en el 77-78, mientras muestro como fui variando mis gustos y preferencias en el 79, con el cambio de paradigma que vino tras el punk y el asentamiento de la nueva ola, así como su traslación a España, algo que fue muy importante porque fue el cimiento que dio paso a “La Movida”. 

“Ver a Ramones y Blondie te invitaba a rescatar tu perfil de músico de rock” 

La obra comienza con tu viaje a Wuppertal, una visita al extranjero en el que tú percibes ese cambio de tendencia que estaba asomando. ¿Qué supuso aquel viaje para ti? 

Edi: Tenía la idea de que el rock se cimentaba en Rolling Stones, Beatles, Led Zeppelin y Deep Purple, sin embargo, a través de una serie de acontecimientos de aquel período me di cuenta de que todo estaba cambiando. Al principio era un poco refractaria a tal cambio, pero todo cambió después de ver en unos cuantos programas de televisión a Ramones y Blondie. Me di cuenta de que el cambio de paradigma no solamente era válido, sino que también me daba la posibilidad de tocar en un grupo. No podía tratar de tocar como Genesis y Mahavishnu Orchestra, ya que eran músicos con unas capacidades que estaban a mil años luz de nosotros. Al ver a Ramones y Blondie te dabas cuenta de que eso sí podías hacerlo de alguna manera, lo que te invitaba a rescatar tu perfil de músico de rock. 

“El concierto homenaje a Canito fue el acto fundacional de La Movida” 

El libro continúa con tu vuelta a Madrid donde hablas del concierto homenaje a “Canito”, el momento iniciático de lo que posteriormente sería llamado “Movida Madrileña”. ¿Cuál era el sentir que te invadía aquella noche tan especial? 

Edi: Estaba oyendo la radio en mi casa, inicialmente daba la sensación de que se trataba de uno más de los conciertos que había en ese momento en la ciudad. Era un concierto benéfico, no había entradas ni nada por el estilo, pero me pareció importante acercarme para ver qué era lo que se cocía allí. Cogí la moto y me acerqué. Al llegar me sorprendió la gran cantidad de gente que había, piensa que el aforo normal de las actuaciones solía ser de unas cien personas. De pronto había como ochocientas o mil personas lo que era muy sorprendente. La gente que nos juntamos allí éramos los que escuchábamos la radio y en cierta manera creíamos que estaba surgiendo una nueva escena. Aquella noche nos juntamos los mil del inicio, fue el acto fundacional de lo que luego se llamó “La Movida”, pero por entonces era la nueva ola. Era una escena que superaba al “Rollo”, al rock catalán y al sinfónico que ya estaban muertos. Aquella noche del concierto de Canito ha quedado como un hito histórico porque fue la primera noche donde nos juntamos todos. 

“Éramos gente joven con carencias técnicas evidentes, pero con mucho descaro” 

Y a partir de ahí comienzan a aparecer una serie de nombres y lugares que hicieron posible otro Madrid y otra España. ¿Qué fue lo que hicieron posible? 

Edi: Fueron las que posibilitaron el cambio del paradigma. Terminaron con todo lo anterior y fueron los pioneros de la nueva ola madrileña, porque todos eran grupos de Madrid. La radio fue muy importante para este cambio, pero Onda2, que era la única que conectaba con lo que pasaba en Londres y Nueva York, solamente se escuchaba en Madrid, todavía no existía Radio3. Era una escena muy localizada que nadie pensaba que llegaría a ser lo que fue más tarde. Éramos gente joven y con carencias técnicas evidentes, pero con mucho descaro. Esa es un poco la historia.

“Jesús Ordovás siempre ha tenido la capacidad de ver por dónde irían los tiros de la siguiente hornada” 

Hablas de la radio, donde sobresale con luz propia el nombre del gran Jesús Ordovás. 

Edi: Jesús Ordovás fue un personaje fundamental. Siempre ha tenido la capacidad de ver por dónde irían los tiros de la siguiente hornada. En los años setenta era un visionario del “Rollo” y más tarde, hacia finales de la década, lo fue de lo que ocurría en cualquier esquina de Madrid. De hecho, fue al primero al que escuché decir la palabra “movida” en su programa de radio relacionada con conciertos de rock. 

“Alaska y Radio Futura eran una marcianada, no tenían nada que ver con lo que había en España en aquel momento” 

Hay mucho cariño y respeto en tus palabras hacia Alaska y Radio Futura, parte de los primeros grupos de la nueva hornada en fichar por multinacionales. 

Edi: Sí, fueron los primeros junto a Zombies, Los Secretos y Nacha Pop, pero Alaska y Radio Futura a mí me parecían muy novedosos, más diferentes que los demás. Nacha Pop y Los Secretos seguían una cierta tradición de pop-rock, pero Alaska y Los Pegamoides y Radio Futura eran una marcianada, no tenían nada que ver con lo que había en España en aquel momento. 

“Vivíamos un período con mucha efervescencia, estábamos todos absorbidos por el rock” 

Grupos míticos todos ellos que convivían con otros “wannabes”, bandas y solistas que buscaban alcanzar su quince minutos de fama efímeros como Ella y Los Neumáticos, banda que formaste como intento de alcanzar la cima, dejando clara la efervescencia de un período único en nuestra historia. 

Edi: Al ver que Alaska y Los Pegamoides, Zombies y Los Elegantes salían adelante, hice lo posible por tener mi grupo. De hecho, antes de eso, ya había tocado en Rigor Mortis con Jaime Urrutia y Ferni Presas en 1977, pero aquel era un grupo del “Rollo”, no tenía nada que ver con lo que se cocía en el 79. En el 79, Jaime y Ferni tocaban en Los Drugos que tenían más que ver con el punk. En el 79 busqué a gente, encontré a Lars Mertanen y formamos Ella y Los Neumáticos, donde posteriormente cantó Christina Rosenvinge. Era un período con mucha efervescencia, estábamos todos absorbidos por el rock, siempre nos ha gustado y ha sido una pasión para la gente de mi entorno. El tema “wannabes” hace referencia a gente que quería ser estrella del rock. Es un término que viene de Inglaterra, se usa bastante, viene a decir “querer ser”. Alaska quería ser, llegó a ser y es. O Santiago Auserón. En ese momento era gente que luchaba desde la nada, desde el underground. Nosotros luchábamos por llegar a ser con Ella y Los Neumáticos, en ese momento no pudo ser, así es la vida. Ocurrió en la siguiente hornada con Gabinete Caligari. 

“Robert Gordon e Ian Dury te hablaban el lenguaje del rock, la gente quería canciones de tres minutos”

Hay una doble contraposición que utilizas con toque magistral para hablar de las características del período. Me refiero al enfoque que muestras del concierto de Lou Reed en Usera frente al de Los Ramones en Vista Alegre; y también al enfoque que otorgas a la muerte de Lennon frente al concierto de Ian Dury and the Blockheads, un bolo que mucha gente cita como mítico. 

Edi: Es la contraposición que me interesaba. Lou Reed parecía un artista acabado en aquel momento, nunca lo ha estado, porque siempre ha sido un creador con mucha categoría, pero es lo que tienen las modas. Su momento culmen ya había pasado y venía a España a hacer caja. Además, se equivocaron de lugar con el evento y el concierto fue un desastre. Sin embargo, Los Ramones dieron un concierto espectacular y vinieron en su mejor momento. Son dos maneras de ver la historia del rock. Ian Dury fue uno de los primeros conciertos grandes de la nueva ola, su repertorio se basaba en canciones cortas y te hacían bailar. Y sin embargo, Frank Zappa en aquella época era un coñazo, no entendías nada. Otro que también te hacía sentir muy bien era Robert Gordon que como Ian Dury te hablaba el lenguaje del rock and roll. La gente quería las canciones de tres minutos y no solos de batería de diez minutos. 

Todo ello expresado con un lenguaje que me gusta mucho, Edi. Cada frase es un directo al mentón, no exento de verdad y ciertos quiebros líricos de gran calidad. 

Edi: Me gusta cómo defines mi estilo. Hay quiebros líricos, acidez y un cierto sentido del humor. Estoy de acuerdo. 

“Grasa y otros materiales nobles”, “Electricidad Revisitada”, “Camino Soria” y “Viva el Rollo! Una crónica de rock y rollo en la España de 1975”, complementados ahora con “Suite Nueva Ola”. ¿Podemos hablar ya una más que asentada carrera como escritor, sobre todo en lo que al rock en nuestro país y sus circunstancias se refiere? 

Edi: Me siento cómodo escribiendo, me divierte y me gusta. Además, sin falsa modestia, es un tema que manejo y controlo. Lo conozco en profundidad. Me siento cómodo escribiendo sobre rock. 

¿Queda alguna aventura literaria más que contar en una posible próxima obra? 

Edi: No lo sé, tengo algunas ideas. Nunca se sabe si van a fructificar. Ya te digo, estoy cómodo. Me parece una actividad que puedo hacer en mi casa, a mi ritmo, sin tener que ir a ningún lado para desarrollarla. 

También en estos días ha visto la luz la reedición de “Al Calor del Amor en un Bar”, trabajo de cuya edición se cumplen 40 años. Una obra que es palabras mayores de nuestro rock, pero que, sin embargo, siempre he pensado que es el menor entre todos vuestros discos mayores. ¿Lo ves así? 

Edi: Sí, es un trabajo que iconográficamente es muy potente y contiene una canción que es buenísima. Eso hace que el disco brille, pero, tienes razón, el resto de canciones no lo hacen tanto. Quizás sea por la producción, el sonido y el propio momento; o porque no hay ninguna que destaque como “El Calor del Amor en un Bar”. Quizás todas ellas se quedan oscurecidas por el brillo del tema estrella del álbum. 

“La portada de “Al Calor del Amor en un Bar” refleje lo que era el Madrid de la noche, las fiestas, las copas y los baretos” 

Es uno de los discos de nuestra historia que bien merece pararse en su portada, trabajo de otro buen amigo, un camarada querido y añorado como es tu íntimo Pepe “El Hortelano”. ¿Qué puedes decirnos que no se haya dicho de la misma? 

Edi: La portada refleja perfectamente lo que era Gabinete Caligari. También lo que era el Madrid de la noche, de las fiestas, las copas y los baretos. En definitiva, de “La Movida”. Por eso pusimos esta portada, una portada fallera. Pepe era un personaje fallero, era en sí mismo como una falla de Valencia. A nosotros, que éramos más adustos, nos sirvió para darnos un impulso de color que está muy bien. También representa muy bien el espíritu de la canción “El Calor del Amor en un Bar”, música e imagen encajan perfectamente. 

Cerrado por una contraportada obras de otro mito y amigo como el gran Alberto García-Alix. De la misma siempre me ha llamado la atención la máquina de disco del fondo y su particular colección de singles. 

Edi: Era el jukebox que había en un bareto de Malasaña, una especie de puticlub que abría por la tarde. Tenía esas canciones de Rocío Jurado, Sotelo y Manzanita, lo que escuchaban en ese tipo de antros. No era un sitio fino ni chic. Era un lugar muy muy cutre. Te ponían cubatas de Pepsi-cola con ron. 

Como hemos comentado, para mí es un trabajo colosal, con un single muy potente, claro y directo, parte del imaginario colectivo estatal que ensombreció el resto de la colección. Sin embargo, contiene gemas como “El Último Tranvía” y “Malditos Refranes”, que también son temazos. 

Edi: “Malditos Refranes” es tras “El Calor del Amor en un Bar” la que tuvo más éxito. Y también la otra que comentas, “El Último Tranvía”. Son las tres que más destacan del disco, pero no tuvieron mucho recorrido. Realmente son temas que tocamos poco, son canciones que en el repertorio nunca llegaron a asentarse. 

¿A qué crees que se debió? 

Edi: Es verdad, son buenas canciones, pero no tuvieron su momento. Piensa que el siguiente disco fue “Camino Soria”, que se llevó todos los reconocimientos y premios habidos y por haber, por lo que las canciones del disco anterior quedaron opacadas. Las que tocábamos en directo eran una mezcla de los grandes éxitos anteriores, eso provocó que de “Al Calor del Amor en un Bar” solamente se tocara el single, nada más. Es curioso porque creo que es un trabajo que posibilitó otras cosas. 

Siempre he pensado que la melancolía emocional de “Rey o Vasallo” anticipa “Camino Soria”, y los aires nocturnos de “Las dos Caras del Mar” bien podría reflejarse en “Privado”, mi segundo álbum favorito de Gabinete. 

Edi: Sí, esta última que comentas se parece un poco a “Mi Buena Estrella”, es el estilo de las baladas de Gabinete Caligari. 

Esta reedición me ha servido para volver a acercarme a este disco que me sabía de memoria, pero ha sido ahora cuando he reparado en la cantidad de arreglos circenses que contiene. 

Edi: Es un trabajo donde Jesús N. Gómez utilizó muchos teclados. Dirigió la producción casi con “manu militari”, nosotros apenas intervenimos. Hay detalles y tonos que tienen un aire circense, por los teclados, que eran casi colchones, y los arreglos de metal que tienen ese sonido. Hay un aire festivo y circense. Es verdad todo lo que comentas. 

“Tras “Al Calor del Amor en un Bar” comenzaron los cantos de sirena de las multinacionales” 

Es un trabajo que en sí mismo encierra un montón de detalles. Entre ellos que es el último disco grabado con DRO-Tres Cipreses. ¿Supuso el fin de la ingenuidad del rock de nuestro país? 

Edi: Sí, claro. Nosotros sabíamos que en cada disco íbamos evolucionando. Era un disco de DRO, que promocionó DRO y que nos hizo tener más de ochenta actuaciones. Éramos conscientes de que teníamos un potencial superior que DRO no podía ofrecernos. Al acabar la gira, aunque el siguiente disco era para DRO en un principio, puesto que lo teníamos firmado, Pito, nuestro mánager, nos comenzó a hablar de que había llamadas de grandes discográficas: EMI, Warner, Polygram y Virgin, etc. Estaban los cantos de sirena de fondo, como ahora con Julián Álvarez, que se lo quieren llevar Barcelona y Arsenal. Nos pasó lo mismo. Empezaron los cantos de sirena de las multinacionales y nosotros lo sabíamos.

“Ulises Montero nos hacía ser mucho mejor grupo” 

También es el último en el que por desgracia colabora el que para mí siempre ha sido y será el cuarto Gabinete, hablo del enorme Santiago Ulises Montero. ¿Cómo era Uli? ¿Crees que la trayectoria de Gabinete hubiera sido distinta de no haber fallecido? 

Edi: Santiago Ulises Montero, famoso en el mundo entero. Ulises ya había tocado con otros grupos anteriormente, Los Amantes de Teruel y Los Coyotes, pero con nosotros hubo una comunicación y compenetración bastante potente. En el escenario nosotros éramos bastante secos y él nos hacía ser mucho mejor grupo. Tras su muerte, Francis aportó mucho, pero Ulises era mucho Ulises sobre el escenario. No creo que hubiéramos tirado por otros derroteros, sinceramente. Nosotros tres teníamos todo muy claro. Ulises era un complemento perfecto, pero también un tío muy serio, nunca se entrometió en lo musical. Se compenetraba con nosotros, pero nunca quiso meter baza en lo musical ni en la dirección del grupo. Era un compañero muy adecuado para potenciar al grupo en directo. 

Posteriormente vino “Camino Soria”, ya con EMI, lo que supuso el mayor cénit creativo no solo de la banda, sino, en mi opinión, de todo nuestro rock, donde incluisteis “Tócala, Uli”. 

Edi: Esa canción, “Tócala, Uli”, es de las mejores de Gabinete.

Ahora que se utiliza tan a la ligera el término independiente, sabedor como eres de que la verdadera independencia en este país arranco con Tres Cipreses, DRO y GASA. ¿Cuánta gracia te produce la utilización de dicha etiqueta de forma gratuita y partidaria? 

Edi: No sé mucho al respecto, la verdad. Cuando nosotros empezamos, arrancaron los grupos independientes, luego a finales de los ochenta se hacían llamar “indies”, pero quizás la generación siguiente, como suele ocurrir siempre pasaba de la anterior. Puede que la actual tampoco tenga ni idea de que hace treinta o cuarenta años existían compañías independientes y que fue algo que volvió a ocurrir con la explosión del grunge. Son períodos que se repiten y no hay que darlo más importancia. Actualmente veo el rock un poco muerto, quizás sea un buen momento para que surja alguien interesante y que arrase. Hay otros movimientos y géneros más en auge que llaman la atención de las masas. Es el momento idóneo para que salga un gran grupo de rock.

“El envoltorio de Rosalía y Bad Bunny es alucinante, pero luego abres el paquete y la música es bastante floja” 

Vosotros erais populares, culturetas y chuletas sin impostura. Dotados de calle y una identidad propia. ¿Qué opinas de la negación de la cultura musical como herramienta de reivindicación? ¿Qué te parece la actual idolatría de ídolos de barro? 

Edi: El negocio actualmente es más visual que musical. Lo importante es el envoltorio y no el fondo. Si te fijas detenidamente el fondo es bastante malo. El envoltorio de Bad Bunny y Rosalía es alucinante, de auténtico lujo, pero luego abres el paquete y la música es bastante floja comparada con la de otras épocas. 

Tú eres historiador del arte. ¿Crees que hace falta un Caravaggio que reivindique el rock and roll? 

Edi: Claro. Los momentos de decadencia son perfectos para que haya un buen grupo de rock en español o internacional que reivindique la fuerza del género.

¿Qué pasó con aquel proyecto sobre iconografía de las portadas musicales en que anduviste trabajando? 

Edi: Era una tesis doctoral, pero quedó en stand-by. Básicamente porque era mucho trabajo y realmente tenía un enfoque académico. Podría haber tenido repercusión académica, pero no creo que hubiera interesado al gran público. Es más interesante hacer algo divulgativo que algo semiótico. Lo dejé porque no me merecía la pena hacer tanto trabajo. 

De ti tenemos noticias de cuando en cuando, pero de tu hermano del alma sabemos poco. ¿Qué tal está Ferni? 

Edi: Vive entre Madrid y Santander, cerca de la playa. Está bien y muy tranquilo, dedicado a sus libros y a su cine. Es un poco como John Deacon de Queen, que además también es bajista. 

¿Qué le queda por hacer al gran Edi Clavo? 

Edi: Tengo un par de ideas en la cabeza. Cuando acabe esta temporada de calor haremos una presentación del libro en otoño. Quizás al terminar los vapores de esta edición puede que me enfoque en preparar otro tipo de libro. Tengo en mente escribir algo relacionado con el mundo de las motos, toca cambiar de temática. Esperaremos con impaciencia el siguiente capítulo, amigo. 

Ha sido un placer como siempre. 

Edi: Seguiremos impartiendo doctrina y contando nuestra historia, básicamente para que nos la pise nadie.